{"id":16099,"date":"2025-05-12T15:18:04","date_gmt":"2025-05-12T19:48:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16099"},"modified":"2025-06-06T10:07:38","modified_gmt":"2025-06-06T14:37:38","slug":"aqui-no-ha-pasado-nada-como-testimonio-guerrillero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/aqui-no-ha-pasado-nada-como-testimonio-guerrillero\/","title":{"rendered":"\u201cAqu\u00ed no ha pasado nada\u201d como testimonio guerrillero"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Adlin Prieto Rodr\u00edguez<\/h4>\n\n\n\n<p>Aparece la primera edici\u00f3n de <em>Aqu\u00ed no ha pasado nada <\/em>(1972) de \u00c1ngela Zago \u2014texto que inicia el proyecto escritural de la autora\u2014 bajo el sello editorial S\u00edntesis Dosmil.<sub><sup>1<\/sup><\/sub> La primera edici\u00f3n apareci\u00f3 en mayo de ese a\u00f1o; luego se sucedieron ediciones en julio y agosto del mismo a\u00f1o, en mayo del 73 y julio del 75. La \u00faltima edici\u00f3n data de 1990. El libro circul\u00f3 en Chile, Argentina y M\u00e9xico, y el tiraje de sus distintas ediciones tuvo un alto consumo por parte de los lectores venezolanos \u2014fue un <em>best-seller <\/em>nacional\u2014. Fue traducido al italiano y al alem\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Este texto, editado en la d\u00e9cada posterior a la insurrecci\u00f3n armada que estall\u00f3 en Venezuela en los 60\u2019s, parece seguir la direcci\u00f3n del <em>compromiso pol\u00edtico con objetivos revolucionarios <\/em>(Liscano, 1995: 83) y adscribirse a la tendencia de <em>la narrativa inspirada en los temas de la lucha armada <\/em>(Jaff\u00e9, 1991: 51-52).<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan la autora \u00e9ste es un libro \u201c\u2026estrictamente personal&#8230;\u201d pues son sus \u201c&#8230;experiencias en las guerrillas en los a\u00f1os 1964 y 1965\u201d y agrega que \u201c[e]s necesario hablar de las guerrillas porque es una experiencia que mucha gente parece haber olvidado. Es m\u00e1s, hasta los mismos partidos de izquierda parece que se olvidaron de esa \u00e9poca\u201d (Zago, 1972. Contraportada de la 2\u00aa ed. de <em>ANPN<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Estos factores \u2014su \u201cadscripci\u00f3n\u201d a la <em>narrativa guerrillera<\/em>, su \u201cmanifiesta\u201d <em>voluntad de testimoniar<\/em>, su \u201cmarcado\u201d <em>compromiso pol\u00edtico<\/em>, el relato de la \u201c<em>experiencia personal\u201d <\/em>de la autora durante su militancia en la guerrilla venezolana y la \u201cnecesidad\u201d de traer al presente lo acontecido\u2014 aunados a la vinculaci\u00f3n del texto con la <em>tradici\u00f3n testimonial venezolana <\/em>\u2015inaugurada por la revista <em>Rocinante <\/em>(1968-1971) y continuada por algunas editoriales, sobre todo por Fuentes\u2015 y a su inclusi\u00f3n en el corpus testimonial <em>ad hoc <\/em>de John Beverley (1987a: 153),<sup>2<\/sup> hacen pensar que responde al fen\u00f3meno latinoamericano del g\u00e9nero testimonial.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordemos que en los a\u00f1os 60\u2019s del siglo XX, las luchas insurreccionales libradas intermitentemente en muchas regiones latinoamericanas \u2014algunas prolongadas hasta nuestros d\u00edas\u2014 se tradujeron en textos con <em>funci\u00f3n testimonial<\/em>, que recibieron ladenominaci\u00f3n de testimonios guerrilleros. Dichos textos registraron y configuraron \u201ctextualmente\u201d \u201c\u2026la suerte hist\u00f3rica de una empresa planificada, desde que se la emprende, hasta que vence o fracasa\u2026 Narran el desarrollo de un plan de acci\u00f3n dirigido a transformar una realidad social\u201d (Duchesne, 1992: 82). El primer testimonio guerrillero, del per\u00edodo se\u00f1alado, <em>Pasajes de la guerra revolucionaria <\/em>(1969) de Ernesto Che Guevara, se public\u00f3 primero por partes en un semanario de las Fuerzas Armadas Cubanas, <em>Verde Olivo<\/em>, como texto de formaci\u00f3n hist\u00f3rica y pol\u00edtico-militar (Duchesne, 1992: 83). Igual relaci\u00f3n guardaron casi todos los testimonios guerrilleros con la teor\u00eda general de la lucha armada revolucionaria para la Am\u00e9rica Latina contempor\u00e1nea.<sup>3<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>De todos los <em>testimonios guerrilleros <\/em>latinoamericanos del siglo XX, los m\u00e1s abordados han sido aquellos donde \u201c\u2026el autor-narrador que escribe en primera persona, es tambi\u00e9n un actor-narrador, que se plantea el problema de configurar la acci\u00f3n en tanto protagonista y relator a la vez\u201d (Duchesne, 1992: 86). De ah\u00ed que, como vimos, <em>Pasajes de la guerra revolucionaria <\/em>(1969), <em>La guerra de guerrillas <\/em>(1969) y <em>Diario de Bolivia <\/em>(1972) de Ernesto Che Guevara; <em>Los d\u00edas de la selva <\/em>(1980) de Mario Payeras y <em>La monta\u00f1a es algo m\u00e1s que una inmensa estepa verde <\/em>(1982) de Omar Cabezas Lacayo sean los <em>testimonios guerrilleros <\/em>latinoamericanos contempor\u00e1neos m\u00e1s le\u00eddos por estar relacionados \u2014o m\u00e1s bien porque han sido relacionados\u2014 con los planteamientos de la Organizaci\u00f3n Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) y por ver en ellos la expresi\u00f3n del \u201cproceso revolucionario\u201d desarrollado en Am\u00e9rica Latina.<sup>4<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>En este marco donde los textos mencionados: responden a la intenci\u00f3n de un <em>sujeto <\/em>de \u201c\u2026narrar para s\u00ed la serie de acciones a trav\u00e9s de las que incursiona en la historia para transformarla en proyecto consciente\u201d (Duchesne, 1992: 86); son utilizados institucionalmente para cimentar determinados valores; aparecen en el mercado editorial en un lapso breve y respondiendo, aparentemente, a las necesidades de ese mercado; es publicado en Venezuela <em>ANPN <\/em>(1972) de \u00c1ngela Zago.<\/p>\n\n\n\n<p>El car\u00e1cter testimonial le ha sido otorgado a este texto porque se ha cre\u00eddo que \u201c&#8230;\u00c1ngela Zago, nunca eligi\u00f3 como eje estructural de su lenguaje la ficci\u00f3n, de aqu\u00ed que en su escritura la memoria, el recuerdo, la resonancia de la vida pasada y la actual se manifiesten a trav\u00e9s de\u2026\u201d la palabra (Sch\u00f6n, 1997). Porque este relato apareci\u00f3 \u201c\u2026en el contexto de una crisis de representatividad de los viejos partidos pol\u00edticos, incluso los de la izquierda\u201d venezolana (Beverley, 1992: 16), porque parece \u201cdesenterrar\u201d una historia reprimida por la oficial y \u201carticular\u201d la memoria colectiva de una minor\u00eda desplazada (Barnet, 1987). Relata una \u201cexperiencia personal significativa\u201d, est\u00e1 escrito en primera persona, e \u201cintenta\u201d cederle espacio en el texto al <em>otro <\/em>\u2014a los personajes subalternos que tradicionalmente han sido excluidos del discurso oficial como la mujer, el campesino, el ni\u00f1o\u2026\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Es importante se\u00f1alar que, aparte de los aspectos mencionados, la adscripci\u00f3n al g\u00e9nero testimonial se debe al empleo de paratextos que var\u00edan de edici\u00f3n en edici\u00f3n. En el caso de la primera, la nota editorial de la contraportada que lo emparenta con \u201c&#8230;la literatura latinoamericana contempor\u00e1nea, que se nutre, como pocas, de la realidad testimonial de nuestros pueblos y de nuestros autores\u201d (<em>ANPN<\/em>, 1972). De la segunda a la quinta, se incorporan fragmentos de las rese\u00f1as publicadas sobre el texto que contin\u00faan la afiliaci\u00f3n al fen\u00f3meno testimonial latinoamericano iniciada en la primera edici\u00f3n. En estas ediciones se incluyen una serie de fotograf\u00edas que establecen, por un lado, una identidad entre los personajes y el sujeto real \u2014es el caso del Comandante Argimiro Gabald\u00f3n \u201c&#8230;un personaje que refuerza la moral\u201d (ANPN: 88) que \u201c&#8230;sale del mito y entra en la realidad: es humano\u201d (ANPN: 76) (Ver anexos, pp. 101-102); del Comandante Zapata a quien el 13 de diciembre se le escap\u00f3 un tiro y mat\u00f3 al Comandante Argimiro Gabald\u00f3n (Ver anexos, p. 103)\u2014 y entre el personaje protag\u00f3nico, Morela, y la autora del texto, \u00c1ngela Zago, al presentar una foto de \u00e9sta portando su uniforme de guerrillera durante su participaci\u00f3n en el Frente (Ver anexos, pp. 105-106); y, por otro, una voluntad de verdad un efecto de veracidad para que el lector acepte \u201c&#8230;lo narrado <strong>como <\/strong>una verdad y no <strong>como si <\/strong>fuera verdad\u201d (Ach\u00fagar, 1992: 63); pues, \u201c&#8230;una imagen fotogr\u00e1fica es una prueba irrefutable\u201d de que algo ha acontecido (Freund, 2001: 186). En la \u00faltima edici\u00f3n hasta la fecha, la sexta, publicada en 1990, se conservan a\u00fan las fotograf\u00edas presentes en las ediciones anteriores y se incorporan otras.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro aspecto importante para fijar la recepci\u00f3n del texto fue la motivaci\u00f3n escrituraria de la autora: \u201c<em>No intentaba hacer literatura y pens\u00e9 incluso que no causar\u00eda revuelo&#8230; escrib\u00ed para que la gente sepa lo que pas\u00f3. Mi motivaci\u00f3n fue pol\u00edtica, porque me pareci\u00f3 que en un momento dado, dentro de los sectores revolucionarios, se quer\u00eda olvidar lo vivido durante los a\u00f1os m\u00e1s violentos (1960-1968)\u201d <\/em>(s\/a, 1972d: 9).<\/p>\n\n\n\n<p><em>ANPN <\/em>ha sido catalogado como documento pol\u00edtico (Tello, 1972: 13), como un h\u00edbrido reportaje-ficci\u00f3n (Freilich, 1973: 216), como una \u201c&#8230;cr\u00f3nica intensa y prolija&#8230;\u201d del \u201c&#8230; tr\u00e1nsito guerrillero&#8230; y&#8230; de una generaci\u00f3n militante\u201d (Leal, 1972: 2), como una autobiograf\u00eda (Younaszai &amp; Fiterman, 1993: 153); pero, en general, como testimonio (Tello, 1972: 13; Lerner, 1972: 1; Freilich, 1973: 215; Madrid, 1974: 8; Ram\u00edrez, 1998).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta \u00faltima catalogaci\u00f3n ha sido la m\u00e1s respaldada por la cr\u00edtica. Sin embargo, el texto no se ajusta a la definici\u00f3n cl\u00e1sica del testimonio y su ubicaci\u00f3n dentro de las tipolog\u00edas existentes es un tanto engorrosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe destacar que cuando apareci\u00f3 el texto r\u00e1pidamente fue relacionado con el testimonio guerrillero y vinculado con la <em>tradici\u00f3n testimonial venezolana<\/em>, por algunos (Ram\u00edrez, 1998), <em>y continental<\/em>, por otros (Leal, 1972), e incluida en el corpus testimonial <em>ad hoc <\/em>de John Beverley (1987a: 153). Esto se debi\u00f3, aparte de los se\u00f1alamientos hechos anteriormente, por el tema del relato: el de la guerrilla; es decir, se construye un texto en donde se narran historias sobre guerrilleros.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, este relato se aleja de los testimonios guerrilleros continentales como <em>Pasajes de la guerra revolucionaria <\/em>(1963), <em>Diario de Bolivia <\/em>(1968), y <em>La guerra de guerrillas <\/em>(1969) de Ernesto Che Guevara; <em>Los d\u00edas de la selva <\/em>(1980) de Mario Payeras y <em>La monta\u00f1a es algo m\u00e1s que una inmensa estepa verde <\/em>(1982) de Omar Cabezas Lacayo; as\u00ed como tambi\u00e9n de los nacionales: <em>Donde los r\u00edos se bifurcan <\/em>(1965) y <em>Entre las bre\u00f1as <\/em>(1970) de Argenis Rodr\u00edguez; <em>Cinco comandantes <\/em>(1967) de Cristhian Loges y <em>Guerrilleros, cazadores y monta\u00f1as <\/em>(1971) de Jorge \u00c1lvarez Cardier por nombrar s\u00f3lo algunos. Y este alejamiento est\u00e1 dado por la construcci\u00f3n de un h\u00e9roe revolucionario otro, de un <em>sujeto redentor latinoamericano <\/em>(Rivas, 2005) femenino.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, en cuanto a la voz que narra la propuesta de Zago se distancia de los testimonios guerrilleros que la preceden. No es una voz masculina la que enuncia en primera persona el relato, sino una femenina \u2014Morela\u2014 que tambi\u00e9n se autorrepresenta como <em>un sujeto redentor<\/em>.<sup>5<\/sup> Sobre este punto volver\u00e9 m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>Las otras producciones narrativas de Zago han sido le\u00eddas del mismo modo. <em>Existe la vida <\/em>(1989) \u2014editado dieciocho a\u00f1os despu\u00e9s de <em>ANPN<\/em>, es la segunda publicaci\u00f3n de la autora; con ella obtuvo el Libro de Plata de la Editorial Planeta como el autor m\u00e1s vendido en 1990, a\u00f1o de la tercera edici\u00f3n del libro\u2014 y <em>Sobreviv\u00ed a mi madre <\/em>(1997) \u2014publicado ocho a\u00f1os despu\u00e9s de <em>Existe la vida<\/em>\u2014 cierran la historia de vida de Morela \u2014iniciada en <em>ANPN <\/em>(1972)\u2014 y las historias que ella cuenta.<sup>6<\/sup> El primer texto ha sido considerado <em>otro testimonio existencial <\/em>(Sch\u00f6n, 1991: 9), mientras que al segundo se le ha otorgado un <em>car\u00e1cter testimonial <\/em>(Rebrij, 1997); en otras palabras, las narraciones mencionadas han sido catalogadas en general como testimonios (Del Olmo, 1990: 6; Rebrij, 1997; Pantin y Torres, 2003: 900), probablemente porque se ha adoptado la recepci\u00f3n del primer texto aparecido a los siguientes. Sin embargo, tambi\u00e9n han sido consideradas novelas (Berm\u00fadez, 2002) con un fuerte tinte autobiogr\u00e1fico (Perdomo, 1991: 7).<\/p>\n\n\n\n<p>La presentaci\u00f3n de la historia fue editada fragmentariamente y con varios a\u00f1os de diferencia entre cada una de las entregas. La ficci\u00f3n est\u00e1 dividida en tres partes: <em>Sobreviv\u00ed a mi madre <\/em>(1997), <em>Aqu\u00ed no ha pasado nada <\/em>(1972) y <em>Existe la vida <\/em>(1989); en ellas se va contando el progresivo compromiso pol\u00edtico de la narradora protagonista, de sus hermanos y compa\u00f1eros desde la infancia de aqu\u00e9lla, pasando por su militancia en la Juventud Comunista, su participaci\u00f3n en la guerrilla venezolana hasta su regreso a la ciudad y su reinserci\u00f3n en la cotidianidad urbana.<\/p>\n\n\n\n<p>Los tres textos podr\u00edan ser considerados \u201ctestimonios\u201d <em>concientizadores<\/em>, <em>inmediatos<\/em>, <em>en s\u00ed <\/em>o <em>letrados<\/em>; pero, hay un detalle que nos lleva a pensar que no pertenecen \u201c&#8230;a la estirpe de los <em>testimonios aut\u00e9nticos<\/em>\u2026\u201d, como se\u00f1ala Rangel (1990): el hecho de que no haya ning\u00fan mediador entre el narrador- testigo y los lectores y el informante de la vivencia no sea un iletrado hace que <em>ANPN<\/em>, <em>ELV <\/em>y <em>SAM <\/em>no puedan ser considerados testimonios can\u00f3nicos, por lo menos no dentro de las tipolog\u00edas tradicionales propuestas hasta la fecha.<\/p>\n\n\n\n<p>No pueden ser ubicados en las tres primeras clasificaciones por el papel del mediador, ausente en los mismos. Ni en el <em>letrado<\/em>; pues, la palabra del yo es construida como una voz individual, sin la memoria de un <em>nosotros <\/em>militante, por lo que el testimonio pierde su fuerza ilocutiva y los textos se definen como una autobiograf\u00eda (Nofal, 2002: 103). Sobre este punto volver\u00e9 m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de todo esto, <em>ANPN <\/em>ha sido le\u00eddo como <em>una imagen narrativizada surgida en los avatares de la organizaci\u00f3n guerrillera, en el peligro de la lucha armada <\/em>(Jara, 1986: 2); como <em>el relato de una experiencia personal definida como memoria de una militancia <\/em>(Nofal, 2002: 13); como un testimonio de la lucha revolucionaria que \u201c&#8230;se refiere directamente a la lucha armada o&#8230; en t\u00e9rminos m\u00e1s generales, trata de las alternativas de la resistencia pol\u00edtica llevada a cabo por movimientos de liberaci\u00f3n nacional\u201d (Mora\u00f1a, 1997: 131). Es decir como un testimonio guerrillero. Por eso, en la contraportada de la primera edici\u00f3n de <em>ANPN <\/em>la Editorial S\u00edntesis Dosmil menciona que \u201c[l]a lectura de este libro permitir\u00e1 conocer y valorar los factores que determinaron la derrota del movimiento guerrillero venezolano de la \u00faltima d\u00e9cada\u201d (1972).<\/p>\n\n\n\n<p>La recepci\u00f3n pr\u00e1cticamente glos\u00f3 el texto: <em>ANPN<\/em>, \u201c\u2026un bello libro, hermoso por lo sincero, lo honesto y lo candoroso, \u00c1ngela Zago cuenta su gris aventura en las monta\u00f1as, luchando por algo en que ella firmemente cre\u00eda, como lo hac\u00edan casi todos los muchachos enguerrillados que pensaron que s\u00f3lo por la violencia ser\u00eda posible conquistar el poder para lograr el cambio social que Venezuela necesitaba\u201d (Tello, 1972: 13). Una \u201c&#8230;especie de diario de campa\u00f1a\u201d (Leal: 1972).<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1alamientos como los anteriores abundan no s\u00f3lo en los paratextos de las tres partes de la historia, sino tambi\u00e9n en las rese\u00f1as de las mismas y en buena parte de los estudios \u201ccr\u00edticos\u201d sobre dichos textos.<sup>7<\/sup> Lo que evidencia la aceptaci\u00f3n del contrato de lectura sugerido; es decir, la aceptaci\u00f3n del pacto de verosimilitud de la versi\u00f3n de los hechos narrados por Zago.<\/p>\n\n\n\n<p>El campo cultural del momento ley\u00f3 esta parte de la historia como un texto con <em>funci\u00f3n testimonial. <\/em>La recepci\u00f3n sigui\u00f3 los pasos del relato, pis\u00f3 sus sombras y silencios, dej\u00e1ndose hipnotizar por la <em>falacia representativa <\/em>construida en \u00e9l. Pero, adem\u00e1s lo inscribi\u00f3 en la tradici\u00f3n testimonial guerrillera continental al vincularlo directamente con los diarios de campa\u00f1a del Che aunque s\u00f3lo sea una variaci\u00f3n del modelo guevareano pues es una \u201c&#8230;<em>especie <\/em>de diario de campa\u00f1a\u201d (Leal: 1972. \u00c9nfasis m\u00edo).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta vinculaci\u00f3n que se establece entre la primera producci\u00f3n narrativa de \u201c&#8230;esta novel escritora, de quien puede esperarse mucho en el mundo de las letras americanas\u201d (Contraportada de la primera edici\u00f3n de <em>ANPN<\/em>, 1972) con el padre del testimonio guerrillero latinoamericano, Ernesto Che Guevara, por un lado prestigia su texto pues lo equipara de alguna manera con los de formaci\u00f3n hist\u00f3rica y pol\u00edtico-militar escritos por \u00e9l \u2014alej\u00e1ndolo de la genealog\u00eda testimonial local\u2014 y, por otro, lo emparenta con los planteamientos de OLAS. Pero, si se lee con detenimiento <em>ANPN <\/em>es f\u00e1cil notar que esa \u201cvinculaci\u00f3n\u201d con los escritos del Che es forzada.<\/p>\n\n\n\n<p>El texto, enunciado en la voz de la narradora-protagonista y en un lenguaje coloquial y nada elaborado, relata la participaci\u00f3n de una joven citadina en la lucha armada revolucionaria de la Venezuela de los 60, desde la renuncia a su vida urbana, el acatamiento de la decisi\u00f3n del Partido Comunista de enviarla al Frente Guerrillero Sim\u00f3n Bol\u00edvar, pasando por su iniciaci\u00f3n en las guerrillas, las actividades a realizar en el destacamento, las juntas con los camaradas, hasta regresar a la ciudad decepcionada del <em>proceso revolucionario<\/em>. La acci\u00f3n del relato se desplaza desde la ciudad, pasando por el Frente y los caser\u00edos campesinos de la zona. Oscila entre la rutina del guerrillero \u2014el aprendizaje de saberes relativos a la guerra y a la condici\u00f3n del estado, as\u00ed como de actitudes de convivencia general; el relacionarse con los campesinos y otros habitantes de la regi\u00f3n\u2014, y la historia de amor entre dos camaradas del mismo Frente con sus respectivas intrigas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que en <em>ANPN <\/em>la actividad guerrillera forma parte importante del soporte anecd\u00f3tico; pero, el hecho de que la acci\u00f3n del relato no se centre s\u00f3lo en ella, lo aleja de los textos fundacionales del testimonio guerrillero latinoamericano; a saber los escritos realizados por el Movimiento 26 de julio (1956-1959), entre los que se encuentran <em>Pasajes de la guerra revolucionaria <\/em>(1963), <em>Diario de Bolivia <\/em>(1968) y <em>La guerra de guerrillas <\/em>(1969) de Ernesto Che Guevara. Por ejemplo, el <em>Diario de Bolivia <\/em>(1968) presenta la estructura de un diario de campa\u00f1a donde se lleva \u00fanica y exclusivamente la relaci\u00f3n diaria de las actividades de la lucha armada: el desarrollo de la guerrilla y sus destacamentos \u2014preparativos, implantaci\u00f3n, defensa y ataque, multiplicaci\u00f3n de las columnas\u2014 y la configuraci\u00f3n del personaje guerrillero \u2014entrenamiento, iniciaci\u00f3n, pruebas definitivas\u2014. Sus 231 p\u00e1ginas est\u00e1n dedicadas a dar cuenta de la fundaci\u00f3n del destacamento guerrillero, liderado por Guevara, en el \u00d1acanhuazo con todo lo que ello implicaba: adaptabilidad al terreno, precariedad alimenticia, vivir a la intemperie, confrontar a los cazadores, captar la colaboraci\u00f3n de la masa campesina y comprometerlos con la lucha. La \u00fanica presencia de asuntos ajenos a \u00e9stos es la incorporaci\u00f3n a lo largo del texto de los cumplea\u00f1os de los familiares del Che como mera nota recordatoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de esta clara diferencia, el texto de Zago no presenta las caracter\u00edsticas propias de los discursos testimoniales guerrilleros que ser\u00edan, seg\u00fan Duchesne (1992), registrar y configurar textualmente \u201c\u2026la suerte hist\u00f3rica de una empresa planificada, desde que se la emprende, hasta que vence o fracasa\u2026\u201d y \u201c&#8230;el desarrollo de un plan de acci\u00f3n dirigido a transformar una realidad social\u201d (82).<\/p>\n\n\n\n<p>Otro punto en el que se distancia es la representaci\u00f3n del personaje femenino. Ante la representaci\u00f3n tradicional del personaje femenino guerrillero iniciada por Guevara \u2014como un ser <em>d\u00e9bil <\/em>carente de <em>las caracter\u00edsticas f\u00edsicas indispensables <\/em>para asumir la actividad guerrillera que debe estar confinada a la <em>tarea dom\u00e9stica <\/em>por ser m\u00e1s f\u00e1cil y cuya <em>extraordinaria importancia <\/em>est\u00e1 en facilitarle al guerrillero \u201c&#8230;sometido a las dur\u00edsimas condiciones de esta vida&#8230;\u201d (Guevara, 1973: 134) su estad\u00eda en la monta\u00f1a\u2014; Zago construye un sujeto femenino que no s\u00f3lo participa en la lucha armada, sino que tambi\u00e9n llega a ser responsable de un destacamento, alcanza el grado de Sargento Mayor y adem\u00e1s es la voz que narra el relato: Morela.<\/p>\n\n\n\n<p>Este personaje guerrillero femenino representado como peque\u00f1o burgu\u00e9s, estudiante y militante de un partido de izquierda (ANPN: 126-127) no se corresponde con la representaci\u00f3n guevareana del guerrillero, con el asceta, \u201c&#8230;especie de \u00e1ngel tutelar ca\u00eddo sobre la zona&#8230;\u201d, ser infatigable y nocturno, con salud de hierro, inmutable ante los asuntos que pudiesen desviarlo del ideal revolucionario (Guevara, 1975: 75-90). No se ajusta al <em>hombre nuevo <\/em>postulado por Guevara;<sup>8<\/sup> presente en los <em>testimonios guerrilleros <\/em>can\u00f3nicos como \u201c&#8230;la forma de una trayectoria de autotransformaci\u00f3n moral e ideol\u00f3gica manifestable en todas las dimensiones de la conducta\u201d (Duchesne, 1992: 107).<\/p>\n\n\n\n<p>El guerrillero en este texto no es uno de los tipos representativos del <em>hombre nuevo <\/em>y su <em>plus esfuerzo <\/em>no se evidencia en el sistema de conducta que se desprende del crecimiento del mismo ante la praxis revolucionaria. Por el contrario, es construido como un sujeto distinto que es capaz de sonre\u00edr, hacer bromas y enamorarse; al mismo tiempo que es capaz de asumir su rol de mando dentro de un destacamento. Por eso, Morela lejos de ser un hombre nuevo o su equivalente femenino es una <em>brave new woman <\/em>(Rodr\u00edguez, 1996: 163).<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien, tradicionalmente, los discursos testimoniales guerrilleros se elaboraron alrededor de la participaci\u00f3n p\u00fablica de los miembros del g\u00e9nero masculino, que pertenec\u00edan a un sector social espec\u00edfico, la participaci\u00f3n de la mujer en actividades cada vez m\u00e1s relacionadas con el espacio p\u00fablico \u2014maestras, parteras, vendedoras, artesanas, escritoras, compositoras e int\u00e9rpretes de alto nivel, entre otras actividades\u2014 oblig\u00f3 al sector letrado masculino a incorporar en su discurso a ese sector de la poblaci\u00f3n que estaba tomando terreno debido a su participaci\u00f3n efectiva en la construcci\u00f3n del espacio social. No obstante, la incorporaci\u00f3n de la figura femenina en el testimonio guerrillero obedeci\u00f3 a la necesidad de regular la participaci\u00f3n de este sujeto emergente, m\u00e1s que a la intenci\u00f3n de incorporarlo plenamente al imaginario como sujeto activo e independiente (Rodr\u00edguez, 1996), como se observa en los testimonios guerrilleros mencionados. De ah\u00ed que incluso en los testimonios producidos por mujeres, como el de Victoria Duno, privan <em>los guerrilleros <\/em>y la voz que enuncia es masculina generalmente.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de <em>ANPN<\/em>, la participaci\u00f3n de la figura femenina como sujeto emergente est\u00e1 regulada por la voz que narra. S\u00f3lo la narradora-protagonista es construida como un sujeto activo e independiente que se distancia del resto de las mujeres del relato. Distanciamiento que es dado en un principio por su rol de guerrillera; de ah\u00ed que la voz narrativa deje en claro que las guerrilleras son mujeres distintas porque no pueden \u201c&#8230;ser la mujer de nadie, porque las revolucionarias no se pueden ocupar de esas cosas\u201d (ANPN: 68) y permita que la madrina \u2014personaje femenino campesino que atraviesa casi todo el espacio de la ficci\u00f3n\u2014 diga \u201c\u00a1Ay, compadre!, es que usted no ve que esas <em>no son mujeres como nosotras<\/em>\u201d (ANPN: 68. \u00c9nfasis m\u00edo). La voz que narra, a lo largo de todo el relato, no establece alianzas reales con los personajes femeninos aunque se vincula de diversas maneras con ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un ejemplo es la relaci\u00f3n establecida con la maestra. El breve ingreso en la ficci\u00f3n de la maestra de El Olivo \u2014caser\u00edo larense que es construido como espacio central del relato en <em>ANPN<\/em>\u2014 es muy significativo. Ante el problema de la poca asistencia a clases de los ni\u00f1os y j\u00f3venes de la zona, la protagonista trata de solucionarlo directamente con la docente.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche Juancito, Diego y yo fuimos hasta la escuelita, y la maestra que ya nos esperaba, me hizo entrar al aula&#8230; Recorr\u00ed la peque\u00f1a escuela&#8230; La maestra me explic\u00f3 <em>todos los problemas que se presentaban; estaban a la vista<\/em>: poco espacio, sillas r\u00fasticas tra\u00eddas por algunos de los propios alumnos, agua en tinaja que no garantizaba ninguna sanidad, un pizarr\u00f3n peque\u00f1o, donde las letras no acaban de aparecer. Pero, sobre todo, lo m\u00e1s preocupante era que los ni\u00f1os no asist\u00edan a la escuela o si lo hac\u00edan, llegaban tarde y cansados, ven\u00edan de caminar kil\u00f3metros llevando a los hombres la comida. \u2018<em>Usted debe obligar a esta gente a que manden a los ni\u00f1os a la escuela<\/em>\u2019 (ANPN: 61. \u00c9nfasis m\u00edo).<\/p>\n\n\n\n<p>N\u00f3tese que la \u201cexplicaci\u00f3n\u201d dada por la maestra no hac\u00eda falta, pues \u201c&#8230;todos los problemas que se presentaban estaban a la vista&#8230;\u201d (ANPN: 61); por eso, es la mirada de la narradora la que establece el diagn\u00f3stico de la situaci\u00f3n y ante el \u201cclamor\u201d de aqu\u00e9lla asume la resoluci\u00f3n de las dificultades existentes, sobre todo <em>la m\u00e1s preocupante<\/em>: la inasistencia del alumnado.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta escena que narra la visita-diagn\u00f3stico de la escuela, se observa tambi\u00e9n la poca importancia que tiene el personaje de la maestra quien es an\u00f3nima, aparece s\u00f3lo una vez en la ficci\u00f3n y permanece silenciada, a pesar de ser un ente ficcional de raigambre en la tradici\u00f3n literaria venezolana, por cumplir el papel de mediadora entre la civilizaci\u00f3n y la barbarie. Pensemos en la maestra de la <em>I latina <\/em>(1922) de Jos\u00e9 Rafael Pocaterra, en la de <em>Casas muertas <\/em>(1955) de Miguel Otero Silva o en Mar\u00eda de los \u00c1ngeles de <em>Todos iban desorientados <\/em>(1951) de Antonio Arr\u00e1iz. La maestra es, dentro de esta tradici\u00f3n, antes que mujer la \u201ccivilizadora\u201d que lleva la luz al pueblo; pero, en un relato donde s\u00f3lo tiene espacio el yo, el sujeto civilizador que porta y distribuye el conocimiento \u2014entre otras cosas\u2014 es la voz enunciadora del relato.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso de Luisa, la mujer de Argimiro Gabald\u00f3n, es distinto. Al llegar ella \u2014 quien es \u201c&#8230;la compa\u00f1era de un Comandante guerrillero; no es del grupo de las otras. Del grupo de las que s\u00f3lo sirven para acostarse con ellos\u201d (ANPN: 100)\u2014, Morela expresa que \u201c&#8230;al fin ha conseguido una persona de&#8230;\u201d su \u201c&#8230;<em>mismo sexo y nivel <\/em>con la cual hablar\u201d (ANPN: 100. \u00c9nfasis m\u00edo). No obstante, el asumir a Luisa como \u201cinterlocutora\u201d con quien se comparte g\u00e9nero, proveniencia, estrato social y creencias es un mero gesto; pues en las cuatro p\u00e1ginas del texto donde este personaje apenas aparece s\u00f3lo \u201ctoma\u201d la palabra una vez y es para mostrar su descontento por el poco contacto que mantiene con el comandante y por la falta de privacidad que rodea su relaci\u00f3n marital (ANPN: 101). Esta queja \u201centendida\u201d por Morela, no tiene respuesta sino una justificaci\u00f3n: \u201c&#8230;la seguridad del Comandante&#8230; es lo \u00fanico que interesa\u201d (ANPN: 102).<\/p>\n\n\n\n<p>Otro ejemplo significativo del \u201cacercamiento\u201d a los otros personajes femeninos es el de Mar\u00eda. Ella es una de las mujeres que asisten a las reuniones organizadas por el Destacamento dirigido por la Sargento Mayor Morela (ANPN: 40) y que \u201c&#8230;participa de la vida guerrillera. Muchas veces se va al monte con la hamaca y duerme con&#8230;\u201d los camaradas (ANPN: 136). \u201cMar\u00eda es de las pocas campesinas que han estudiado hasta cuarto grado, o sea que es una chica culta\u201d (ANPN: 136). Seg\u00fan la voz que narra, ella y Morela son buenas amigas (ANPN: 136) y est\u00e1n unidas por un secreto: el idilio con unos guerrilleros (ANPN: 136). No obstante, la escueta representaci\u00f3n del personaje cuya presencia dentro de la trama es m\u00ednima, el mencionar su calidad de \u201cculta\u201d en relaci\u00f3n con el resto de los campesinos \u2014pero obviamente no con respecto a la voz que narra\u2014, el di\u00e1logo inexistente con \u00e9l \u2014en <em>ANPN <\/em>aunque Mar\u00eda aparece tres veces en la historia, en ninguna de ellas dialoga con la narradora\u2014, el \u201cjuego\u2019 de <em>make-up club <\/em>que hace la narradora al cortarle el cabello a la francesa y al maquillarla con base y todo para que Mar\u00eda tenga un aspecto de mujer de ciudad (ANPN: 136), hace evidente que no hay tal acercamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien en la segunda parte de la ficci\u00f3n no hay di\u00e1logo alguno entre estos personajes; tambi\u00e9n lo es que en la tercera, cuando Morela regresa a El Olivo sin \u201c&#8230;la ropa de kaki escondida, ni la botas, ni la chaqueta regalada por el camarada preso\u201d, sin pol\u00edtica que ofrecer y sin respuestas sencillas que dar (ELV: 82), este di\u00e1logo s\u00ed se establece aunque es uno muy particular. Luego de arribar al caser\u00edo y de encontrarse con la <em>mama <\/em>\u2014madre de Mar\u00eda\u2014, la voz que narra relata el encuentro con \u00e9sta: Sub\u00ed al monte a buscarla&#8230; Parece que se ha vuelto m\u00e1s peque\u00f1a y delgada&#8230; Cuando siente mis pasos, levanta la vista&#8230; Nos sentamos en las piedras e iniciamos una conversaci\u00f3n tonta y forzada, donde yo hac\u00eda las preguntas y ella respond\u00eda con una palabra o con frases cortas (ELV: 85-87).<\/p>\n\n\n\n<p>Este \u201cdi\u00e1logo\u201d es conducido por la voz que narra y ante \u00e9l la \u201cinterlocutora\u201d campesina se muestra \u201c&#8230;desconfiada. Fastidiada. Inconmovible\u201d (ELV: 87), hasta que le es cedida la palabra y le recrimina a Morela y lo que ella representa, el abandono del proyecto revolucionario y el olvido del pueblo:<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1 todo igual, \u00bfha visto alg\u00fan cambio? \u00bfEntonces, nosotros nos quedamos as\u00ed, y ya est\u00e1? Ustedes se van y aqu\u00ed no ha pasado nada. Aqu\u00ed seguimos con nuestra hambre, nuestras lombrices, nuestra miseria (ELV: 88).<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda deja ver que el sujeto popular, el pueblo, fue dejado de lado por el proyecto revolucionario. De hecho, nunca fue incorporado a \u00e9l. Los problemas de siempre siguen presentes y los guerrilleros s\u00f3lo dejaron una estela&#8230; Por eso, el cuerpo de Mar\u00eda muestra los rastros del hambre y de la miseria. Es \u201c&#8230;flaca, trigue\u00f1a y tiene la piel marcada por las picadas de los insectos&#8230; No tiene ning\u00fan brillo especial en la mirada. Tampoco tiene una sonrisa bonita, porque se le han picado los dientes\u201d (ELV: 88). Y Morela, \u201csu amiga\u201d, no tiene nada que ofrecerle (ELV: 88) ni siquiera el estuche de maquillaje para que cubra las huellas de la pobreza. La escena sigue y es la voz que narra quien la cierra al mencionar que \u201c&#8230;Mar\u00eda continu\u00f3 en el cuento. No supo que hab\u00eda finalizado. Se qued\u00f3 esperando el final feliz. Se encendieron las luces, y todos salimos de la sala del cine, menos ella\u201d (ELV: 91-92). Es decir, este sujeto es representado como una figura ingenua que sigue atrapada en ese mundo maravilloso que le ofrecieron los camaradas, <em>los redentores<\/em>, en donde ya no habr\u00eda ranchos sino casas, en donde el agua llegar\u00eda a trav\u00e9s de las tuber\u00edas, en donde ser\u00eda posible comer completo. Este personaje popular contin\u00faa atrapado en el espect\u00e1culo guerrillero, en ese mundo ficticio que le construyeron, en el discurso enunciado por los <em>sujetos redentores<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda no es el \u00fanico personaje campesino representado. De hecho, la representaci\u00f3n del <em>otro campesino <\/em>es bastante compleja y tiene serias y profundas implicaciones. Los pocos personajes populares que aparecen presentan trayectorias dispersas que muestran el poco espacio que ocupan y la poca importancia que se les da, en comparaci\u00f3n con la que tienen otros personajes m\u00e1s afines a la perspectiva de enunciaci\u00f3n de la narradora \u2015como Marcelo y el comandante Gabald\u00f3n\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed la voz narrativa al relatar su primer contacto largo con una familia campesina, con el abuelo y la abuela, antepone un comentario: \u201cLos campesinos son unos ni\u00f1os. Ingenuos, llanos, simples. Dicen exactamente lo que piensan\u201d (ANPN: 25). Dos p\u00e1ginas despu\u00e9s introduce \u201c&#8230;a la campesina m\u00e1s chiquita que jam\u00e1s haya existido&#8230; Tiene cara de india, y ve fijo a los ojos\u201d (ANPN: 27) seguidamente se establece un \u201cdi\u00e1logo\u201d entre Morela y esta campesina, la madrina:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 hace ujt\u00e9 aqu\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>-Yo creo que estoy para ayudarlos a ustedes. Sabe, es un poco dif\u00edcil de explicar. Nosotros queremos que ustedes no vivan as\u00ed como viven. Creemos que los campesinos deben ser due\u00f1os de la tierra que trabajan. Que aqu\u00ed haya agua, luz. Que los ni\u00f1os tengan escuelas. Que la gente no se muera de hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPa qu\u00e9 necesita un campesino tierra? Nosotros vivimos bien as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no creo que naiden quiera ayudar a un campesino, \u00bfpa qu\u00e9? (ANPN: 27)<\/p>\n\n\n\n<p>En este breve \u201cdi\u00e1logo\u201d se observa un distanciamiento entre la voz que narra y el personaje popular de la madrina. Este distanciamiento es ling\u00fc\u00edstico, por un lado, e intelectual y social por otro. El primero est\u00e1 dado por el uso de un lenguaje rural, del nivel formal inculto por parte de la madrina, caracterizado por la presencia de interjecciones populares, arca\u00edsmos y giros pertenecientes al habla del medio rural; mientras que la voz que narra emplea un lenguaje coloquial pero que forma parte del nivel informal culto del lenguaje. Tenemos pues a una voz que narra educada y culta y un personaje analfabeto con el que \u201cdialoga\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de la abuela y el abuelo, el distanciamiento tambi\u00e9n est\u00e1 presente. Ac\u00e1 el campesino es construido como alguien que debe ser conducido, guiado, cual ni\u00f1o; pues \u201c\u2026hay que ayudarlo t\u00e9cnica, econ\u00f3mica, moral y culturalmente (Guevara, 1975: 76). Y esta noble labor recae en los hombros del guerrillero representado como reformador social \u2014<em>sujeto redentor<\/em>\u2014 en el texto de Zago; de ah\u00ed que ante la presencia de \u201c\u2026unas mujeres extra\u00f1as en el caser\u00edo\u2026\u201d (ANPN: 41), la camarada Morela deba dedicarles una arenga a los campesinos porque \u201c\u2026no han llevado al rancho nada de comida para la semana\u2026\u201d (ANPN: 41) y \u201c\u2026se estaban ba\u00f1ando en los <em>bucos <\/em>con las del pueblo sin respetar a sus hermanas y madres\u201d (ANPN: 41).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSon ustedes los que van a hacer la revoluci\u00f3n? \u00bfCon qu\u00e9 moral cuentan para exigirles a los dem\u00e1s mejor comportamiento? \u00bfC\u00f3mo vamos a poder hablar ahora con los due\u00f1os de hacienda de lo que les deben, si ustedes no son responsables con su trabajo? (\u2026) Todos oyen con la cabeza baja, como quien oye un rega\u00f1o de su mam\u00e1 (ANPN: 41).<\/p>\n\n\n\n<p>La voz que narra, la <em>brave new woman<\/em>, la madre que \u201crega\u00f1a\u201d al <em>otro campesino <\/em>ani\u00f1ado es construida adem\u00e1s como la instauradora del orden en un espacio donde el caos reina \u2014el campo venezolano\u2014. En esta escena, Morela representa el esp\u00edritu y la conciencia y se enfrenta a la masa campesina que simboliza la sinraz\u00f3n y el bochinche.<\/p>\n\n\n\n<p>Generalmente, en este relato, los campesinos, que se pasean fugazmente por el espacio de la ficci\u00f3n destinado para ellos \u2014el caser\u00edo, el campo, las monta\u00f1as\u2014 y del cual nunca salen, son seres an\u00f3nimos cuya presencia dentro del texto es m\u00e1s bien un trazo; a pesar de \u201ccompartir\u201d las labores propias de la zona y de existir cierta familiaridad con la protagonista. As\u00ed lo hace saber la narradora:<\/p>\n\n\n\n<p>Lo nuevo que he aprendido es a sembrar ajos. Me hice amiga de un campesino alto y flaco que es callado, pero muy agradable. Juntos hemos hecho los surcos en la tierra, separado los ajos de la cabeza y luego sembrado las semillas (ANPN: 46).<\/p>\n\n\n\n<p>Este <em>campesino alto y flaco <\/em>que carece de nombre no vuelve a parecer dentro de la ficci\u00f3n \u2014como sucede con buena parte de los personajes campesinos del relato\u2014. En esta escena, ni siquiera se \u201cintenta\u201d entablar un \u201cdi\u00e1logo\u201d pues \u00e9l es <em>callado<\/em>; pero, lo m\u00e1s importante de la misma es el contacto de la narradora-protagonista con la tierra y la adquisici\u00f3n de un saber otro: el de la siembra. Vemos pues c\u00f3mo el campesino ocupa el lugar del mediador entre la tierra y los secretos de la misma, desconocidos para el letrado capitalino que enuncia el relato. No hay contacto m\u00e1s all\u00e1 de eso, el pueblo sigue siendo el objeto de fascinaci\u00f3n y extra\u00f1amiento del citadino que para relacionarse con lo tel\u00farico se acerca a ese otro an\u00f3nimo que siempre es mudo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las escenas anteriores resultan bastantes significativas; pues, dan cuenta del legado criollista y regionalista. Sobre todo, aquellas donde aparece representado el sujeto popular. \u00c9ste es construido dentro del relato, siguiendo las huellas de la representaci\u00f3n del mismo en la tradici\u00f3n anterior. Por un lado, la voz que narra hace alusi\u00f3n a sus costumbres, sus h\u00e1bitos y su habla; y, por otro, apenas lo presenta a grandes rasgos, lo que da una idea de masa y no de sujeto individual. Se trata, mayoritariamente de sujetos an\u00f3nimos, sin voz, sin ley que s\u00f3lo tienen cabida cuando el yo enunciador adquiere de ellos un saber otro, el de la tierra y sus caminos, o cuando se construye como el sujeto civilizador que lo guiar\u00e1 por la empresa guerrillera.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, algunos personajes individuales emergen de esta masa campesina sin rostro ni nombre \u2014es el caso de la abuela, la madrina, Mar\u00eda\u2014. De ellos el m\u00e1s significativo es Eulogio \u2014pe\u00f3n de una hacienda azucarera que no es comunista por tradici\u00f3n y comenz\u00f3 a militar con el trabajo de Morela (ANPN: 168)\u2014 quien aparece en la ficci\u00f3n durante la reuni\u00f3n del destacamento guerrillero con los milicianos ante la llegada del ej\u00e9rcito a la zona. \u00c9l y el padrino son los \u00fanicos que piden una mejor explicaci\u00f3n sobre el papel que les toca jugar ahora, sobre qu\u00e9 era lo que pod\u00edan hacer ellos \u00bfEnviar informaci\u00f3n? \u00bfHacer propaganda? \u00bfMantener la solidaridad? \u00bfMantener el correaje? (ANPN: 141).<\/p>\n\n\n\n<p>Eulogio asume como miliciano ciertas tareas, como la de informante-mensajero. Es \u00e9l quien da \u201clas noticias de las incursiones del enemigo\u201d (ANPN: 170) y de los estragos que hace, y quien entrega <em>los papelitos <\/em>del resto de los camaradas a la Sargento Mayor (ANPN: 175). Tambi\u00e9n es el que \u201c&#8230;sabe c\u00f3mo moverse&#8230;\u201d (ANPN: 155). Es el sujeto popular que conoce y puede distinguir el camino a seguir en el espacio inh\u00f3spito del campo venezolano y que gu\u00eda los pasos de la protagonista por un territorio desconocido a\u00fan.<sup>9<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Este baquiano de la zona y colaborador con el destacamento, despu\u00e9s de despistar a los cazadores llega al punto de encuentro con los camaradas y se queja ante la situaci\u00f3n del campesino; queja intervenida por la voz que narra:<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan sac\u00e1ndose las espinas y maldiciendo todas las tunas de la tierra, y a los hombres del gobierno que s\u00f3lo se ocupaban de su campo para venir a perseguirlo, pero que nunca antes pensaron que ellos se estaban muriendo de hambre, y ni siquiera se hab\u00edan preocupado de saber si a ellos les interesaba la pol\u00edtica, pero en cambio ahora, ahora que ten\u00eda amigos, verdaderos amigos, que hab\u00edan tra\u00eddo la ley a las tierras de nadie y se ocupaban de las grandes barrigas de los carajitos y de que uno, por lo menos aprenda a sab\u00e9 qu\u00e9 dice en esos libros malditos que ellos hacen pa\u00b4 ellos, porque pa\u00b4 nosotros no son, ahora precisamente ven\u00edan a cogerse por igual las mujeres y las arepas (ANPN: 154).<\/p>\n\n\n\n<p>Es la voz narrativa la que enuncia el desencanto de Eulogio aunque da cabida a una que otra expresi\u00f3n propia del habla campesina. Lo m\u00e1s interesante es que despu\u00e9s de este lamento la narradora-protagonista menciona que \u201c\u2026su rabieta lo que me ha dado es risa. Nunca lo vi hablar tanto y tan seguido. Tampoco pens\u00e9 que pudiera hacer todos esos razonamientos juntos\u2026\u201d (ANPN: 154). Eulogio no s\u00f3lo carece de voz propia, sino que su situaci\u00f3n es objeto de risa y burla para el yo enunciador del relato quien \u201crepresenta\u201d al campesino desde la subestimaci\u00f3n. Este \u201cdi\u00e1logo\u201d es uno de los pocos que la narradora transcribe entre ella y un personaje ajeno a su c\u00edrculo de amigos\/camaradas. No hay en el intercambio de palabras el menor signo de comprensi\u00f3n entre ambos. Pero la narradora ha escuchado lo que quer\u00eda o\u00edr en la \u201cvoz\u201d del sujeto popular: \u201c&#8230;los contrarrevolucionarios son todos unos co\u00f1o de madre y los camaradas puros h\u00e9roes\u201d (ANPN: 152).<\/p>\n\n\n\n<p>La voz que narra no es la \u00fanica que toma distancia y se burla del <em>otro campesino<\/em>, el resto de los personajes guerrilleros tambi\u00e9n lo hace. Faltando cinco p\u00e1ginas para el cierre de la segunda parte de la historia, la narradora despu\u00e9s de dar cuenta de su <em>posible salida<\/em>, de las recomendaciones de los camaradas para no ser delatada y de los encargos dados comenta: \u201cManolencho&#8230; se le ocurri\u00f3 echar un cuento donde un campesino llega a la ciudad y pide un perro caliente. Cuando se lo dan \u2014nunca antes hab\u00eda comido un perro caliente\u2014 pregunta: \u00bfno me puede dar otra parte del perro? <em>Todos nos re\u00edmos<\/em>\u201d (ANPN: 200. \u00c9nfasis m\u00edo). Se nota pues un distanciamiento evidente entre los personajes guerrilleros y los campesinos, ac\u00e1 los \u00faltimos son objeto del chiste de aquellos que, lejos de incorporarlos al proyecto revolucionario promulgado, los apartan de s\u00ed por no compartir con ellos nada distinto a la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Con estas escenas, la narradora construye un recuento de los sujetos del margen envueltos en la aventura guerrillera, a trav\u00e9s de una mirada siempre distante. En ellas, no hay una subalternidad discursiva. El escenario de la subalternidad es construido como un espacio vac\u00edo cuyos silencios, gesticulaciones, inflexiones y lenguas secretas, no despliegan estrategias de fuga y resistencia. En las mismas se observa, por un lado, el incumplimiento de la premisa de otorgarle la voz al otro, al sujeto popular, y, por otro, la clara continuidad entre este texto y las ficciones fundacionales criollista y regionalista.<\/p>\n\n\n\n<p>Como vemos, el sujeto enunciador del relato, lejos de representar a los otros, usurpa sus voces y construye uno donde el yo y la individualidad est\u00e1n en el centro de la representaci\u00f3n. Por lo tanto, este texto se aleja de la <em>funci\u00f3n testimonial <\/em>y se acerca m\u00e1s a la ficci\u00f3n. Precisamente, \u00e9ste es uno de los puntos de tensi\u00f3n presentes en el relato guerrillero de Zago.<\/p>\n\n\n\n<p>Como vimos <em>ANPN<\/em>, <em>ELV <\/em>y <em>SAM <\/em>comparten algunas de las caracter\u00edsticas del g\u00e9nero testimonial can\u00f3nico; a saber: est\u00e1 narrado en primera persona por un narrador que es a la vez protagonista y testigo de los hechos, pero, a diferencia de las condiciones del testimonio can\u00f3nico, que supone un narrador iletrado, el yo autorial es un escritor. No hay una entrevista oral previa a la escritura de los textos. El proceso de producci\u00f3n no involucra ning\u00fan sistema de grabaci\u00f3n de una voz y posterior simulaci\u00f3n de la oralidad inicial. \u00c1ngela Zago no representa una experiencia colectiva sino que construye un yo \u00fanico como forma natural de ingreso a un yo p\u00fablico. Aunado a esto, el hecho de que el sujeto que narra construya su representaci\u00f3n desde la tradici\u00f3n criollista y regionalista y no represente al sujeto subalterno desde la testimonial; permite ver un distanciamiento m\u00e1s de la matriz discursiva en la cual la recepci\u00f3n ha ubicado al relato.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, la ausencia de mediaci\u00f3n y la relevancia que cobra el protagonista o participante de los hechos narrados, convierte al testigo en sujeto y objeto de su propio discurso al mismo tiempo. Por lo que los otros no tienen cabida dentro de \u00e9l. El sujeto que narra da la espalda al otro, para mostrar la elecci\u00f3n de su subjetividad como espacio preferencial de su relato. Tambi\u00e9n est\u00e1 aqu\u00ed la evidencia de una elecci\u00f3n por parte del sujeto que enuncia de optar por un discurso distinto al testimonial, la elecci\u00f3n de centrar en el <em>yo <\/em>el relato y no en los <em>otros<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia construida por Zago, entendida como una narraci\u00f3n coherente de una secuencia significante y orientada de acontecimientos sucesivos, es definida como una <em>inversi\u00f3n a plazo <\/em>y como un <em>desplazamiento <\/em>en el espacio social; es decir, \u201c&#8230;en los diferentes estados sucesivos de la estructura de la distribuci\u00f3n de las diferentes especies de capital que est\u00e1n en juego en el campo considerado\u201d (Bourdieu, 1997: 82). As\u00ed, el relato de la historia de vida \u201cejemplar\u201d de este sujeto letrado es un recurso discursivo para abrirse espacio dentro del campo cultural de su momento, con el fin de afianzar y legitimar una voz autorial.<\/p>\n\n\n\n<p>De manera que lo que aqu\u00ed tenemos es un proyecto diametralmente opuesto, en t\u00e9rminos pol\u00edticos, al del testimonio; este sujeto quiere alcanzar la notoriedad autorial, quiere legitimar <em>su <\/em>voz. Parad\u00f3jicamente, lo hace a trav\u00e9s de la usurpaci\u00f3n del lugar del otro \u2014no de su voz, exactamente, porque los otros no hablan en su testimonio\u2014. Para decirlo de otro modo, de la usurpaci\u00f3n de un g\u00e9nero que supuestamente ser\u00eda el veh\u00edculo a trav\u00e9s del cual hablar\u00edan los que no tienen voz. Pero, a fin de cuentas \u00bfqu\u00e9 es el testimonio del letrado \u2014que ha sido siempre\u2014 si no una usurpaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez lo que hay que proponer, en realidad, es que el g\u00e9nero testimonial no ha obedecido nunca al supuesto proyecto de dejar hablar a los silenciados (ya lo dijo Spivak) y, de hecho, testimonios como los que escriben directamente los guerrilleros (es decir, relatos cercanos a las autobiograf\u00edas) son la prueba m\u00e1s clara de que \u2014desde el principio\u2014, el g\u00e9nero buscaba la legitimaci\u00f3n de una posici\u00f3n de sujeto en un campo cultural en el que otras posiciones estaban ocupadas por una tradici\u00f3n discursiva regionalista.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 De aqu\u00ed en adelante emplear\u00e9 las siglas <em>ANPN <\/em>para hacer referencia a <em>Aqu\u00ed no ha pasado nada <\/em>(1972).<\/p>\n\n\n\n<p>2 Seg\u00fan Beverley (1987a), \u201c\u00c1ngela Zago, <em>Aqu\u00ed no ha pasado nada<\/em>: la \u2018educaci\u00f3n sentimental\u2019 de una joven venezolana a trav\u00e9s de su participaci\u00f3n en la lucha armada de su pa\u00eds. Lleg\u00f3 a ser un best-seller en Venezuela\u201d (153).<\/p>\n\n\n\n<p>3 Al respecto ver Bambirria, Vania et al. (1971)<\/p>\n\n\n\n<p>4 Entre esos planteamientos est\u00e1n: la aserci\u00f3n de que existen las condiciones para una lucha para la toma del poder; el objetivo de transformar de una forma revolucionaria la sociedad, mediante ese poder; la proclama de la necesidad y el derecho de desarrollar la violencia revolucionaria como oposici\u00f3n a la violencia de la reacci\u00f3n; el rol catalizador de una avanzada de hombres resueltos y capacitados para liderar la lucha; y la incorporaci\u00f3n de los sectores explotados de la sociedad a esa lucha, concibi\u00e9ndose la guerrilla solamente como germen inicial (OLAS, 1967: 34-37).<\/p>\n\n\n\n<p>5 El hecho de que la voz narrativa de este relato guerrillero sea femenina, es muy significativo; pues, le da cabida dentro del mismo a una voz distinta a la del macho redentor o redimido. Y contrarresta la tendencia presente \u201c&#8230;en nuestras ficciones arraigadoras [donde] no hay lugar para un imaginario alternativo al del macho redentor o redimido. El macho ocupa el centro de todas nuestras ficciones&#8230; como si se tratara del \u00fanico modo de arraigo que somos capaces de imaginar\u201d (Rivas, 2005: 7). Pero, esta elecci\u00f3n de la voz que narra no es gratuita. Responde a una redimensi\u00f3n de la presentaci\u00f3n del h\u00e9roe revolucionario; ya no como <em>hombre nuevo <\/em>(Guevara, 1969), sino como una <em>brave new woman <\/em>(Rodr\u00edguez, 1996) que construye una f\u00e1bula revolucionaria autorreferencial para posibilitar la legitimaci\u00f3n de una posici\u00f3n de sujeto femenino letrado (Ver Parte I, pp. 35-36 ).<\/p>\n\n\n\n<p>6 De aqu\u00ed en adelante me emplear\u00e9 las siglas <em>ELV <\/em>para referirme a <em>Existe la vida <\/em>y <em>SAM <\/em>para <em>Sobreviv\u00ed a mi madre<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>7 Por ejemplo, sobre <em>ANPN <\/em>se ha dicho que es un \u201c\u2026libro subversivo de\u2026 una gran ternura\u2026 semejante a una gran emoci\u00f3n contenida, como cuando uno tiene un hijo y no quisiera darle mayor importancia al asunto\u201d (Camacho, 1972: 39). Mientras que de <em>SAM<\/em>, \u201c\u2026es uno de los pocos libros que existen en la actualidad y que asumen la responsabilidad de exponer a la dignidad como condici\u00f3n y est\u00edmulo para que el pueblo transforme su lamento de pobreza y abandono en una decorosa acci\u00f3n que, originada a trav\u00e9s de \u00e9l mismo, obtenga una vida valerosa y abundante, semejante a la de nuestra hermosa naturaleza de samanes, acacias, araguaneyes y una invalorable cantidad de especies\u201d (Sch\u00f6n, 1997).<\/p>\n\n\n\n<p>8 Aunque esta propuesta es de Guevara, Omar Cabezas le dedica las reflexiones m\u00e1s detenidas.\u201cEl hombre nuevo&#8230; est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del hombre, m\u00e1s all\u00e1 de la lluvia, m\u00e1s all\u00e1 de los zancudos, m\u00e1s all\u00e1 de la soledad. El hombre nuevo est\u00e1 ah\u00ed, en el plus esfuerzo. Est\u00e1 ah\u00ed donde el hombre normal empieza a dar m\u00e1s que el hombre normal. Donde el hombre empieza a dar m\u00e1s que el com\u00fan de los hombres. Cuando el hombre empieza a olvidarse de su cansancio, a olvidarse de \u00e9l, cuando se empieza a negar a \u00e9l mismo\u2026 el Frente tiene que ser una organizaci\u00f3n de hombres nuevos que cuando triunfen puedan generar una sociedad de hombres nuevos\u2026\u201d (Cabezas, 1982: 106).<\/p>\n\n\n\n<p>9 El gu\u00eda\/baquiano es un personaje que est\u00e1 presente dentro de la tradici\u00f3n narrativa latinoamericana desde el <em>Facundo <\/em>de Sarmiento; tambi\u00e9n puede verse en <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em>, <em>Don Segundo Sombra <\/em>y <em>La Vor\u00e1gine<\/em>, las tres novelas can\u00f3nicas de la tierra. Su presencia en este relato es un legado de la tradici\u00f3n criollista.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/adlin-prieto-rodriguez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Fragmentos del trabajo titulado: <em>Del testimonio a la autobiograf\u00eda: \u00c1ngela Zago y su proyecto de escritura<\/em>, presentado por la autora ante la Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar para optar al t\u00edtulo de Magister en Literatura Latinoamericana<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Adlin Prieto Rodr\u00edguez Aparece la primera edici\u00f3n de Aqu\u00ed no ha pasado nada (1972) de \u00c1ngela Zago \u2014texto que inicia el proyecto escritural de la autora\u2014 bajo el sello editorial S\u00edntesis Dosmil.1 La primera edici\u00f3n apareci\u00f3 en mayo de ese a\u00f1o; luego se sucedieron ediciones en julio y agosto del mismo a\u00f1o, en mayo del [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":16100,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16099"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16099"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16099\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16363,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16099\/revisions\/16363"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16100"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16099"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16099"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16099"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}