{"id":15854,"date":"2025-04-15T17:53:04","date_gmt":"2025-04-15T22:23:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15854"},"modified":"2025-04-21T14:45:24","modified_gmt":"2025-04-21T19:15:24","slug":"etapas-literarias-silencioso-intervalo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/etapas-literarias-silencioso-intervalo\/","title":{"rendered":"Dos etapas literarias y un silencioso intervalo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Oscar Sambrano Urdaneta<\/h4>\n\n\n\n<p>Los relatos de Julio Garmendia se corresponden con las dos etapas de su vida en Caracas: la primera entre 1917 y 1924, la segunda de 1939 a 1977. Entre una y otra se interpone un per\u00edodo de m\u00e1s de quince a\u00f1os desde 1924 hasta 1939, del que muy poco se sabe, excepto que residi\u00f3 en Par\u00eds y G\u00e9nova, ciudad esta \u00faltima en la que fue c\u00f3nsul, y que viaj\u00f3 por varios pa\u00edses europeos. <\/p>\n\n\n\n<p>A partir de 1917 se da a conocer en diarios y revistas de Caracas con audaces narraciones<sup>1<\/sup>, sorprendentes en un veintea\u00f1ero que se ha propuesto marcar distancia con cierta literatura folletinesca por entregas, introduciendo en sus relatos temas, personajes y ambientes nada convencionales, tratados con visi\u00f3n de humorista, un poco de sorna y mucha imaginaci\u00f3n, elementos con los que contribuye a trazar caminos nuevos a la narrativa hispanoamericana, apegada en aquella hora a la est\u00e9tica modernista y al realismo criollista<sup>2<\/sup>. <\/p>\n\n\n\n<p>En 1924 se traslada a Roma para asistir a un congreso internacional acerca de emigraci\u00f3n e inmigraci\u00f3n, materias relacionadas con el cargo que ha obtenido en el Ministerio de Fomento, muy probablemente por mediaci\u00f3n de su influyente padre<sup>3<\/sup>. Cumplida aquella misi\u00f3n oficial, el novel cuentista decide no regresar, y elige a Par\u00eds como nueva residencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Este salto al vac\u00edo tiene de positivo la renuncia voluntaria a un destino burocr\u00e1tico ajeno a su vocaci\u00f3n, contrario a sus expectativas de escritor. Albergo el convencimiento de que Garmendia se alej\u00f3 de Venezuela teniendo entre sus razones principales la de no convertirse en t\u00edtere del gomecismo. Si se hubiera decidido por lo contrario habr\u00eda retornado, y con el apoyo pol\u00edtico de su progenitor le hubiera sido f\u00e1cil escalar posiciones ventajosas en el gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p>A cambio de la libertad que gana alej\u00e1ndose de la sobreprotecci\u00f3n y asumiendo las riendas de sus actos, el joven Garmendia debe pagar el precio que cobra el alejamiento de una tierra en la que nada le falta, adaptarse al cambio de vida en ciudades extra\u00f1as, sortear las dificultades de un extranjero entre gentes poco comunicativas, con las cuales no tendr\u00e1 otra opci\u00f3n que llevar una existencia m\u00e1s o menos solitaria. Esto \u00faltimo no debi\u00f3 incomodarlo, porque desde su primera temporada caraque\u00f1a ya se le conoc\u00eda como adicto a la soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>La prolongada residencia en el extranjero no cambi\u00f3 sino que acentu\u00f3 esta forma de ser. Un cronista del diario <em>El Heraldo de Caracas<\/em>, hacia 1939 o 1940 public\u00f3 la siguiente confidencia: \u201cGarmendia nos ha confesado que muchas fueron las tardes oto\u00f1ales que en Par\u00eds le vio la gente pasearse melanc\u00f3lico e inexpresivo, con su encadenado perrito pekin\u00e9s, que fue, ha sido y ser\u00e1 una de las pasiones m\u00e1s hondas e inolvidables de su vida andariega, solitaria<sup>4<\/sup>\u2026\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s del regreso a Caracas, se manten\u00eda en la misma t\u00f3nica, seg\u00fan se desprende del siguiente di\u00e1logo con la periodista Teresa Alvarenga:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014A usted siempre se le ve como un escritor aislado, solo, que no pertenece al mundo en que se desenvuelve todos los d\u00edas, a quien uno apenas se atreve a acercarse y me dec\u00eda que es tal vez porque usted no est\u00e1 totalmente aqu\u00ed.<br>\u2014S\u00ed, hay algo de eso; pero no es eso al mismo tiempo. Creo que fundamentalmente viene de la forma de mi esp\u00edritu, alejado de ruidos y figuraciones. Yo tiendo a evitarlo, no por rechazo, sino porque es algo inherente a mi persona. En Europa me comportaba hasta peor, puesto que all\u00e1 ten\u00eda menos conocidos.<br>\u2014\u00bfEs usted un hombre solo o m\u00e1s bien prefiere la soledad?<br>\u2014Yo amo la soledad. Encuentro una afinidad con ella. La soledad a mi manera de ver es importante y la base para muchas cosas, sobre todo me refiero a los escritores.<\/em><sup>5<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>En estas condiciones existenciales transcurren quince a\u00f1os y medio. Finalizando 1939, lo preocupa seriamente la amenaza que representa la Segunda Guerra Mundial, por lo que considera oportuno repatriarse. El estado emocional que le produce el reencuentro con su pa\u00eds, es el est\u00edmulo que da inicio al segundo tiempo de su narrativa.<\/p>\n\n\n\n<p>Los a\u00f1os que pas\u00f3 inmerso en la refinada sociedad europea, en un paisaje que variaba a cada estaci\u00f3n, lo han condicionado para redescubrir y disfrutar de la luminosa naturaleza venezolana, del atractivo de costumbres que ten\u00eda casi olvidadas, del ingenio y la expresividad de la gente com\u00fan, de la ebullici\u00f3n de un mundo joven, desordenado, pintoresco, y con mucho encanto.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto hace el milagro de que el narrador despierte de su larga hibernaci\u00f3n y se entusiasme con el universo al que realmente pertenece, pero que adem\u00e1s se regocije ante el hallazgo de lo que siendo local es al mismo tiempo universal.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto hace que sean diferentes los relatos que escribe antes y despu\u00e9s de Europa. Los primeros son ajenos a la realidad venezolana, porque fueron intentos primerizos para diferenciarse de un localismo criollista intrascendente. Los segundos son frutos de alguien que ha descubierto la riqueza tem\u00e1tica dormida en las memorias de su infancia y de su juventud en el estado Lara, y las visiones de \u201clo real maravilloso\u201d que lo asaltan en su segunda residencia en una Caracas surrealista, ahogada en petrod\u00f3lares, condenada a un violento proceso de crecimiento y transformaci\u00f3n que no respeta nada, en el que un observador agudo como Garmendia, con pupilas entrenadas para comparar dos mundos, puede aprehender personajes ins\u00f3litos y sucesos desconcertantes.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta urbe enloquecida, ca\u00f3tica, arbitraria, el cuentista mantendr\u00e1 una existencia callada, serena, casi de asceta, marginada de compromisos sociales, desconocida para la mayor\u00eda de los pocos amigos con los que se encuentra de tarde en tarde. Su retraimiento voluntario, que no es ninguna novedad, confirma la imagen que ya se ten\u00eda de un personaje al que el imaginario colectivo hab\u00eda venido transformando en una especie de duende, que aparec\u00eda y desaparec\u00eda sin que nadie supiese a ciencia cierta d\u00f3nde estaba su vivienda, ni de qu\u00e9 se manten\u00eda, ni qui\u00e9n lo acompa\u00f1aba, ni aun si continuaba escribiendo, porque nada nuevo suyo aparec\u00eda en peri\u00f3dicos y revistas, y mucho menos en libros. As\u00ed transcurrieron treinta y siete a\u00f1os hasta mediados de 1977, cuando falleci\u00f3 en Caracas, a los setenta y nueve a\u00f1os, rodeado por el afecto y la admiraci\u00f3n de miles de lectores.<\/p>\n\n\n\n<p>LA CONCEPCI\u00d3N DEL CUENTO EN JULIO GARMENDIA<\/p>\n\n\n\n<p>Las innovaciones que este autor introdujo desde sus primeros relatos, \u00bffueron de un escritor intuitivo, o, por el contrario, se fundamentaron en una concepci\u00f3n racionalizada? La respuesta se halla en el \u201cEl cuento ficticio\u201d, segundo de los relatos en La Tienda de Mu\u00f1ecos. Fue escrito, seg\u00fan se comprob\u00f3, antes de 1921, lo que significa que desde muy joven Garmendia estuvo consciente del tipo de relato que mejor se aven\u00eda con su personalidad. Tambi\u00e9n tuvo claras las razones de su preferencia. Si a esto se a\u00f1ade que su temprana concepci\u00f3n le fij\u00f3 el rumbo a su cuent\u00edstica, se justificar\u00e1 una glosa de sus planteamientos en \u201cEl cuento ficticio\u201d, \u00fanicos con los que teoriz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El personaje que lleva la voz cantante se define como el representante actual de los h\u00e9roes del cuento inveros\u00edmil, y declara que su ideal es restaurarlos a su antigua existencia ficticia. Sabe que por ser un \u201creformador\u201d que viene a turbar la paz de la rutina, ser\u00e1 anatemizado con calificativos como \u201cloco, inexperto y utopista\u201d. Esto no lo arredra, por lo que procede a exponer con gran elocuencia y convicci\u00f3n su \u201cmanifiesto\u201d, empleando una dial\u00e9ctica que opone personajes \u201cperfectos, felices e inveros\u00edmiles\u201d, a \u201csujetos descompuestos\u201d que pecan por \u201cel absurdo de no ser absolutamente ficticios\u201d. Establece tambi\u00e9n distancias precisas entre los h\u00e9roes \u201cilusorios, fant\u00e1sticos, irreales\u201d y los devaluados personajes \u201cveros\u00edmiles y aun ver\u00eddicos y hasta reales\u2026\u201d. Asimismo se cuida de diferenciar, aun con antinomias, los altos m\u00e9ritos de las \u201caventuras verdaderamente imaginarias, positivamente fant\u00e1sticas, materialmente ficticias\u201d de las pobretonas \u201caventuras policiales de continuaci\u00f3n, falsos h\u00e9roes de folletines detectivescos, grandes personajes \u2018voluminosos\u2019, esto es, los que en gruesos vol\u00famenes se arrellanan c\u00f3modamente y a sus anchas respiran en un ambiente realista\u201d, los cuales en definitiva no pasan de ser \u201cficticios de toda clase y condici\u00f3n, extenuados, miserables y envejecidos despu\u00e9s de tanto recorrer la Realidad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 resta como elementos v\u00e1lidos para una nueva concepci\u00f3n del relato, si se hace abstracci\u00f3n de cuanto tiene de fin\u00edsimo humor una arenga que opone lo ideal a lo real, lo ficticio a lo verdadero, lo veros\u00edmil a lo inveros\u00edmil?<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que comenzar por reconocer que estamos ante un joven narrador, que reacciona contra cierta literatura menguada que tipifica en historias por entregas, protagonizadas por \u201cfalsos h\u00e9roes de folletines detectivescos\u201d, y en \u201cpersonajes voluminosos\u201d de novelas de un realismo desgastado, que poco o nada le dejan a la imaginaci\u00f3n. Su propuesta frente a esta literatura, si es que as\u00ed puede llam\u00e1rsela, consiste en restaurar la categor\u00eda est\u00e9tica de lo fant\u00e1stico, para que pueda resucitarse el cuento \u201cinveros\u00edmil\u201d, \u201cfabuloso\u201d, \u201cimprobable\u201d, \u201cilusorio\u201d, \u201cirreal\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 recursos ret\u00f3ricos emplea Garmendia para llevar a la pr\u00e1ctica su propuesta? Como ning\u00fan relato puede salirse de la realidad virtual que le es propia, ya sea veros\u00edmil o inveros\u00edmil, es s\u00f3lo en funci\u00f3n de esa realidad ficticia y \u00fanica, y de su semejanza o desemejanza con la realidad real, como este cuentista desarrolla su inventiva genial a trav\u00e9s de las siguientes tres combinaciones, la primera de las cuales, Personajes inveros\u00edmiles en ambientes inveros\u00edmiles, es la que m\u00e1s se aproxima a lo que m\u00e1s tarde se ha venido a llamar \u201crealismo fant\u00e1stico\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Es esta la combinaci\u00f3n que se advierte en sus relatos iniciales \u201cUna visita al infierno\u201d, \u201cHistoria de mi conversi\u00f3n\u201d y \u201cOpiniones para despu\u00e9s de la muerte\u201d. Tambi\u00e9n en \u201cEl cuento ficticio\u201d y \u201cNarraci\u00f3n de las Nubes\u201d, ambos de su primer volumen <em>La Tienda de Mu\u00f1ecos<\/em>. Sin abandonarla por completo en alguno que otro relato posterior, ante el temor de repetirse y volverse mon\u00f3tono, Garmendia prueba otra que le ofrece otras posibilidades al juego imaginativo y a la intenci\u00f3n festiva y sat\u00edrica. Se trata de yuxtaponer Personajes inveros\u00edmiles en ambientes veros\u00edmiles, esto es, elementos contrapuestos que parecieran excluirse, t\u00e9cnica que Garmendia pone en pr\u00e1ctica muy temprano, cuando faltaban algunos a\u00f1os para que se la conociese como \u201crealismo m\u00e1gico\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Este arreglo se constituy\u00f3 en lo que, desde mi punto de vista, es su aporte magistral a la narrativa breve. Se aprecia este fascinante acoplamiento a todo lo largo de su obra, desde <em>La Tienda de Mu\u00f1ecos<\/em>, pasando por <em>La Tuna de Oro, La hoja que no hab\u00eda ca\u00eddo en su oto\u00f1o, La motocicleta selv\u00e1tica<\/em>, hasta su obra cumbre, <em>El regreso de To\u00f1ito Esparragosa (contado por \u00e9l mismo)<\/em>, que comenz\u00f3 a escribir al final de la d\u00e9cada de los cuarenta y comienzos de los cincuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera combinaci\u00f3n posible, Personajes veros\u00edmiles en ambientes veros\u00edmiles, la m\u00e1s usual en la narrativa, tambi\u00e9n fue de su predilecci\u00f3n, pero comunic\u00e1ndole siempre un sesgo particular, una mirada extraordinaria de lo ordinario, gracias al humor y la iron\u00eda, que le impide caer en un neorrealismo intrascendente, y que Alejo Carpentier bautiz\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s con \u201clo real maravilloso\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie podr\u00eda poner en tela de juicio el hecho de que Julio Garmendia fue un innovador genial del relato breve. Sin embargo, lo tuvo sin cuidado la circunstancia de haberse adelantado a su tiempo, y de ser, sin propon\u00e9rselo ni haberlo insinuado nunca, antecesor de algunos de los mayores y m\u00e1s originales exponentes del boom de la narrativa latinoamericana en los a\u00f1os sesenta. Y as\u00ed lo testimonia su respuesta a la periodista que le pregunta: \u201cAlgunos cr\u00edticos juzgan que usted es un escritor que se anticip\u00f3 a su \u00e9poca, \u00bfqu\u00e9 le parece esta afirmaci\u00f3n?\u201d. Y la contestaci\u00f3n inmediata, sincera, reiterativa de Garmendia: \u201cEsa afirmaci\u00f3n es extra\u00f1a a m\u00ed, no la siento as\u00ed, siempre he vivido en un mundo aparte en el cual lo que escribo es perfectamente corriente. Esa idea es exterior a m\u00ed, no me toca de ninguna manera\u201d<sup>6<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Al margen de si se le reconoce o no el m\u00e9rito de ser uno de los primeros que a comienzos de la vig\u00e9sima centuria impulsaron la renovaci\u00f3n de la narrativa corta hispanoamericana, lo importante, lo definitivo, es que Julio Garmendia se abstuvo de trajinar la senda del realismo criollista, y esto le llev\u00f3 a explorar otras dimensiones en ese \u201cmundo aparte\u201d al que se refiere, un mundo suyo, a medio camino entre lo real y lo fant\u00e1stico, lo serio y lo risible, lo aparentemente ingenuo y lo ir\u00f3nico. Y una vez que lo encontr\u00f3, no se apart\u00f3 de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>HUMOR Y S\u00c1TIRA EN LOS RELATOS INICIALES<\/p>\n\n\n\n<p>Los cuentos iniciales de este autor novel se singularizan desde el comienzo, y lo presentan como un narrador fuera de lo com\u00fan que est\u00e1 poniendo en pr\u00e1ctica su particular est\u00e9tica. Estas verdades realzan sus cuatro relatos pr\u00edncipes: \u201cEl camino de la gloria\u201d (1917), \u201cUna visita al infierno\u201d (1917), \u201cHistoria de mi conversi\u00f3n\u201d (1918) y \u201cOpiniones para despu\u00e9s de la muerte\u201d (1922)<sup>7<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Coinciden los cuatro en referirse humor\u00edsticamente a ciertos asuntos ultraterrenos, con exacta dosis de gracia, in\u00e9dita hasta entonces en nuestras letras, salpicados con pizcas de iron\u00eda, aderezados con una discreta irreverencia que elimina cualquier regusto a guisos repetidos en nuestras mesas literarias. Escritos por un joven cuya edad iba de los diecinueve a los veinticuatro a\u00f1os, estos relatos parecieran salidos de la pluma de un consagrado que huye de lo manido alej\u00e1ndose del mundo terrenal, y que no conforme procura en el extraterreno lo anticonvencional, afinc\u00e1ndose en lo opuesto al lugar com\u00fan. De esta manera deslumbra y encanta con ingeniosas frases bis\u00e9micas, en las que salta la chispa del humorismo y de la iron\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los cuentos iniciales escritos por Garmendia, en el primero, \u201cUna visita al infierno\u201d<sup>8<\/sup>, se le advierte al lector que para ingresar al averno \u201ces preciso tener muy altos merecimientos, poseer muchos t\u00edtulos y haber hecho grandes cosas\u201d. Se trata de un sitio muy exclusivo, donde est\u00e1 reservado estrictamente el derecho de admisi\u00f3n. Es adem\u00e1s un lugar en el que tan alto grado de civilizaci\u00f3n se hab\u00eda alcanzado, \u201cque el infierno hab\u00eda venido a ser de varios pisos, rascacielos, conviniendo muchos gram\u00e1ticos infernales en pluralizar su nombre\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>A contrapelo de la idea tradicional que se tiene de Sat\u00e1n, el Diablo garmendiano encargado de recibir y acompa\u00f1ar al visitante, es un personaje amable, culto, educado, sol\u00edcito, en dos palabras, un sujeto excelente. Con progreso tan admirable y un cicerone de relevante urbanidad, es c\u00f3nsono que el visitante manifieste su obligaci\u00f3n moral de poner las cosas en su sitio: \u201cEl infierno \u2013asegura\u2013 no es esa horrible comarca fant\u00e1stica, de cromo, que llevamos en nuestra imaginaci\u00f3n desde ni\u00f1os. Es, por el contrario, uno de los puntos m\u00e1s avanzados del Universo entero, y aun podr\u00edamos considerarlo, en cierto modo, como colocado a la cabeza de la civilizaci\u00f3n del mundo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En tan favorable contexto se produce sin esfuerzo la ocurrencia burlona, gracias a que este maestro del doble sentido humor\u00edstico, le da un vuelco al significado peyorativo de la expresi\u00f3n \u201cpobre diablo\u201d, y la transforma en un halago: \u201cLos diablos son gente normal, inteligente y sin \u2018pose\u2019 alguna. Tanto me impresionaron la sencillez de sus costumbres y lo amable y correcto de sus procederes, que ahora, cuando tiene por casualidad alg\u00fan amigo la complacencia de llamarme pobre diablo, un elevado y puro sentimiento de gratitud viene a llenar mi coraz\u00f3n, sin que ning\u00fan medio me parezca suficiente a demostr\u00e1rselo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHistoria de mi conversi\u00f3n\u201d<sup>9<\/sup> es el reverso de \u201cUna visita al infierno\u201d. Se trata de una excursi\u00f3n al cielo, de la que el lector debe esperar sorpresas no menores que las ya recibidas en la tourn\u00e9e por el averno. En este relato, el protagonista no entra al Reino Celestial, porque a medio camino se cruza con San Pedro, cuya responsabilidad tradicional de conceder o negar el acceso al Reino Celestial, ha sido cambiada por la de un celador responsable de \u201cimpedirles la salida a los hijos ingratos del Se\u00f1or que quieren abandonarle en su Reino\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El mejor de estos primeros relatos es \u201cOpiniones para despu\u00e9s de la muerte\u201d<sup>10<\/sup>, obra maestra de la imaginaci\u00f3n, el humor y la s\u00e1tira. El ambiente es un lugar impreciso en el m\u00e1s all\u00e1; los personajes son un grupo de esp\u00edritus que indagan c\u00f3mo es la existencia en la Tierra, hacia la cual se dirigen, y otro esp\u00edritu, sin duda superior, que viene de la Tierra e informa a su manera, tom\u00e1ndose la libertad de opinar \u201cjustamente lo contrario de lo que all\u00e1 se cree\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Fundament\u00e1ndose en esta libertad de opini\u00f3n decididamente subversiva, el esp\u00edritu informante elige tres asuntos en los que centra su informe. El primero es el traje que usan los humanos, llamado \u201ccuerpo\u201d por el vulgo, y \u201ccarnal envoltura\u201d por los m\u00edsticos, originalmente fabricada de barro, hasta que \u201clos hombres aprendieron su industria, y esta vino a ser una de las m\u00e1s florecientes de la Tierra\u201d. El segundo blanco es una revaloraci\u00f3n negativa del \u201ctrabajo\u201d. \u201cConsiderad \u2013contin\u00faa diciendo el informante\u2013 que uno de los mayores atractivos que existen en la Tierra es el trabajo. Como vosotras no sab\u00e9is qu\u00e9 es el trabajo, os dir\u00e9 que es un monstruo abominable\u201d. Cierra sus informaciones aclar\u00e1ndole a los esp\u00edritus indagadores que el Creador no nos env\u00eda a la Tierra para trabajar, sino para descansar durante nuestra breve existencia terrena. Por el contrario, es en la eternidad cuando las almas no descansan como ordinariamente se cree, sino que deben laborar muy duro.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuarto tema es una reinterpretaci\u00f3n sat\u00edrica del origen de los enfrentamientos b\u00e9licos. Un esp\u00edritu pacifista como el de Garmendia, contrario a toda forma de violencia, aprovecha esta ocasi\u00f3n, como ya lo hab\u00eda hecho en otros relatos primerizos, para satirizar<sup>11<\/sup> al \u201cSupremo Dispensador de las Guerras\u201d, a quien le atribuye la iniciativa de enfrentar a muerte a los ej\u00e9rcitos para obtener gran cantidad de almas, destinadas a servir de mano de obra abundante. La soluci\u00f3n b\u00e9lica se pone en pr\u00e1ctica cuando el fallecimiento normal de los humanos es insuficiente y no cubre la cuota de almas obreras necesarias para atender los complejos trabajos del ultramundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es este el urticante ingenio garmendiano tal como se presenta en sus primeros relatos, pero que conserva y suaviza durante m\u00e1s de medio siglo \u2013es decir, por el resto de su vida\u2013. Este narrador anticonvencional, maestro del doble sentido, humorista e ironista a la vez, acompa\u00f1ado por una imaginaci\u00f3n que no se debilita, due\u00f1o y se\u00f1or de una prosa de temprana maduraci\u00f3n, alrededor de los a\u00f1os 19 y 20, escribe en Caracas los relatos que integrar\u00e1n su volumen consagratorio, La Tienda de Mu\u00f1ecos, editado en Par\u00eds a finales de 1927.<\/p>\n\n\n\n<p>LA TIENDA DE MU\u00d1ECOS<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Garmendia, alejado de Venezuela desde hac\u00eda m\u00e1s de tres a\u00f1os, al fin se decide a editar en Par\u00eds su primer volumen, no se atreve a salir solo a la palestra literaria. \u00bfTimidez ante un posible rid\u00edculo? \u00bfPresunci\u00f3n de lo que pudiera sucederle por ser un narrador protestatario? No podr\u00eda afirmarlo ni negarlo, pero lo cierto es que se hace acompa\u00f1ar por dos veteranos y respetados escritores, pertenecientes a generaciones anteriores a la suya: el ensayista y diplom\u00e1tico C\u00e9sar Zumeta (1863-1955), cifra brillante de nuestro positivismo, y el renombrado cr\u00edtico literario venezolano Jes\u00fas Semprum (1881-1931)<sup>12<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan puede se\u00f1alarse otra medida defensiva a priori, cuando en el relato \u201cLa Tienda de Mu\u00f1ecos\u201d, se acoge a un viejo recurso, y al abrir el volumen, lo primero que el lector encuentra es esta advertencia: <\/p>\n\n\n\n<p><em>No s\u00e9 cu\u00e1ndo, d\u00f3nde ni por qu\u00e9 fue escrito el relato titulado \u201cLa Tienda de Mu\u00f1ecos\u201d. Tampoco s\u00e9 si es simple fantas\u00eda o si es el relato de cosas y sucesos reales, como afirma el autor an\u00f3nimo; pero, en suma, poco importa que sea incierta o ver\u00eddica la peque\u00f1a historieta que se desarrolla en un tenducho. La casualidad pone estas p\u00e1ginas al alcance de mi mano, y yo me apresuro a apoderarme de ellas. Helas aqu\u00ed.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Regresando a sus prologuistas, Zumeta asienta esta frase que pasar\u00eda a ser emblem\u00e1tica: \u201cAl volver la \u00faltima p\u00e1gina se pregunta uno si no es Ud., mi querido Garmendia, el personaje del m\u00e1s inveros\u00edmil de los cuentos\u201d. Fue prof\u00e9tica esta visi\u00f3n del joven narrador, al que Zumeta apenas conoc\u00eda. Con los a\u00f1os, a su regreso a Venezuela, Julio acentu\u00f3 la imagen de personaje inveros\u00edmil que habitaba en Caracas, sin que nadie supiese a ciencia cierta d\u00f3nde ni con qui\u00e9n viv\u00eda, mucho menos de qu\u00e9 se sosten\u00eda, ni si continuaba escribiendo o hab\u00eda dejado de hacerlo. Fue en realidad un personaje educado, amable y escurridizo, que brindaba su confianza a muy pocos, y a nadie los detalles de su vida personal y literaria. De ninguna manera fue engre\u00eddo ni exc\u00e9ntrico, sino un escritor que no fue otra cosa que escritor, a quien el aislamiento y la vida austera le eran indispensables para salvaguardar la privacidad, y en consecuencia el libre albedr\u00edo, fundamentales para concentrarse en su actividad favorita y trascendente, que no fue otra que la de disfrutar escribiendo y reescribiendo sus relatos en la soledad de un cuarto de hotel de medio pelo, casi podr\u00eda afirmarse que para su propia complacencia, porque aparte de dos peque\u00f1os vol\u00famenes, nunca se interes\u00f3 en su publicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy pocos prosistas y poetas nuestros han disfrutado del privilegio de poder dedicarse a tiempo exclusivo a su mester. Lo m\u00e1s corriente es que quienes cultivan las letras se vean obligados a compartirlas con enajenantes obligaciones de trabajo, de las cuales Julio, por fortuna, estuvo exento desde que en 1936 se retir\u00f3 del Consulado en N\u00e1poles.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque todos estos rasgos de la personalidad y de la vida de Garmendia son ciertos, creo que Zumeta se refer\u00eda tambi\u00e9n a otra idea, m\u00e1s pr\u00f3xima al conocimiento de los textos narrativos que el joven cuentista le hab\u00eda remitido para conocer su opini\u00f3n. Lo que el veterano escritor afirm\u00f3, tiene que ver con las peculiaridades de un narrador que escribe a contrapelo de lo que era materia com\u00fan en el cuento y la novela a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Y en este sentido elogia que dentro del estilo solemne de aquella narrativa, Garmendia eche a volar la abeja de la iron\u00eda y del humor. Utilizando un ingenioso y exacto retru\u00e9cano, Zumeta define los cuentos de Garmendia como \u201cla enga\u00f1osa fantasmagor\u00eda de lo real y la generosa realidad de lo ilusorio y fant\u00e1stico\u201d. Y ya para concluir, sintetiza en esta brev\u00edsima sentencia cuanto se ha dicho y puede decirse en alabanza de los primeros relatos de Julio Garmendia: \u201cSustancia original en molde propio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas Semprum fecha el pr\u00f3logo en Nueva York, en 1925, un a\u00f1o antes de que Zumeta le remitiese a Garmendia la carta citada. Es improbale que se hubiesen comunicado y puesto de acuerdo, lo que hace m\u00e1s significativa la coincidencia en sus opiniones.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ya se observ\u00f3, Semprum inicia el pr\u00f3logo con una frase que se ha repetido muchas veces, y que en lo esencial coincide con las apreciaciones de Zumeta: \u201cJulio Garmendia no tiene antecesores en la literatura venezolana\u201d. En apoyo de tan contundente afirmaci\u00f3n, el cr\u00edtico se\u00f1ala que \u201cdurante un siglo nuestras letras han oscilado entre el lirismo delirante y et\u00e9reo y la m\u00e1s pesada chacota, sin conocer apenas los matices intermedios\u201d. Y a\u00f1ade: \u201cAqu\u00ed y all\u00e1 pueden recogerse algunas flores de iron\u00eda y de buen humor, que apenas alcanzan para formar un ramillete exiguo\u201d. Y ya para cerrar, este exacto juicio: \u201cLa fantas\u00eda de Garmendia denota poseer un \u00edntimo orden l\u00f3gico que le imprime a su producci\u00f3n cierta unidad intr\u00ednseca, la consistencia de una obra engendrada en la perseverante cavilaci\u00f3n, no fortuitamente concebida en intermitentes devaneos de fiebre literaria\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Para conformar La Tienda de Mu\u00f1ecos, de todos los relatos que hab\u00eda escrito antes de 1927<sup>13<\/sup> s\u00f3lo elige ocho, cifra por debajo de las posibilidades que tuvo de presentar un libro m\u00e1s voluminoso. Pero tanto en este primog\u00e9nito como en La Tuna de Oro, nunca consider\u00f3 el n\u00famero de p\u00e1ginas como factor importante<sup>14<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Habiendo sido escritos en los mismos a\u00f1os, los relatos de La Tienda de Mu\u00f1ecos muestran caracter\u00edsticas parecidas a las de los primeros cuentos publicados en El Universal. El mismo sentido del humor, la misma iron\u00eda, igual alejamiento del realismo criollista; y en todos, un castellano fresco y expresivo, cuidado con el mayor esmero. <\/p>\n\n\n\n<p>Tomo como referencia el famoso cuento que sirve de t\u00edtulo al volumen. A no dudarse, \u201cLa Tienda de Mu\u00f1ecos\u201d es lo que su nombre denota; pero la descripci\u00f3n que de los mu\u00f1ecos hace su moribundo due\u00f1o, los proyecta hacia una s\u00e1tira cuyo escondido aguij\u00f3n lacera a los juguetes con apariencia de abogados, militares, sabios, profesores, doctores, curas y monjas. Es as\u00ed como sinti\u00e9ndose morir, el due\u00f1o de La Tienda le dice a su ahijado y heredero: \u201cSe me nublan los ojos y confundo los abogados con las pelotas de goma, que en realidad est\u00e1n muy por encima de ellos\u201d. Observando luego a unos soldaditos de plomo, hace esta reflexi\u00f3n: \u201cA estos guerreros les debemos largas horas de paz. Nos han dado prosperidad. Vender ej\u00e9rcitos es un negocio ping\u00fce\u201d. Y mirando hacia una gran caja de cart\u00f3n que se encontraba arrinconada, comenta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEncierra precisamente gran cantidad de Sabios, Profesores, Doctores y otras eminencias de cart\u00f3n y profundidades de serr\u00edn que ah\u00ed se han quedado sin venta y permanecen en la oscuridad que les conviene. No cifres, pues, mayores esperanzas en la utilidad de estos Sabios. Son preferibles los Animales, y en especial te recomiendo a los Asnos, que en todo tiempo fueron fieles sostenes de nuestra casa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta misma manera festiva, el due\u00f1o contin\u00faa haciendo sus postreras recomendaciones y comentarios sobre otros mu\u00f1ecos, dej\u00e1ndole al lector perspicaz que perciba la sutil comparaci\u00f3n de lo que sucede en la tienda con lo que ocurr\u00eda en Venezuela, donde un caudillo combat\u00eda \u201clas hermosas ideas libertarias que prosperaban en el ambiente de los nuevos d\u00edas\u201d, e impon\u00eda \u201cel principio de autoridad y respeto supersticioso al orden y a las costumbres establecidas desde anta\u00f1o (\u2026) a fin de evitar la confusi\u00f3n, el desorden, la anarqu\u00eda, portadores de ruina as\u00ed en los humildes tenduchos como en los grandes imperios\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Este elaborado p\u00e1rrafo no habr\u00eda tenido funci\u00f3n si Garmendia no estuviese comparando sutilmente al due\u00f1o de la tienda con el mandatario que hab\u00eda instaurado en Venezuela un r\u00e9gimen autoritario, conservador, atemorizante y contrario a toda idea libertaria. \u00bfPuede dudarse de que el joven cuentista no estuviera aludiendo al gobierno autocr\u00e1tico del temible general Juan Vicente G\u00f3mez?<sup>15<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros relatos notables de La Tienda de Mu\u00f1ecos son \u201cEl alma\u201d, recreaci\u00f3n de la secular leyenda del Diablo y el Doctor Fausto, en la que lo novedoso que incorpora Garmendia es un Demonio t\u00edmido y caballeroso, interesado en comprarle su alma a un cristiano, que logra salvarse enga\u00f1ando al Diablo, al que le pide que le conceda el don de \u201cmentir sin pesta\u00f1ear\u201d. \u201cEl cuarto de los duendes\u201d, fresca narraci\u00f3n inveros\u00edmil, en la que recuerdos de infancia y de viajes, se materializan en traviesos duendecillos, de los cuales el lector no alcanza a saber si tienen existencia real, o si se trata de visiones enga\u00f1osas de alguien que ha consumido licor. \u201cEl difunto yo\u201d, original y humor\u00edstico desde la primera hasta la \u00faltima l\u00ednea, verdadero derroche de imaginaci\u00f3n y picard\u00eda sobre la ins\u00f3lita suplantaci\u00f3n que el \u201cotro yo\u201d hace del \u201cyo\u201d de un sujeto. Lo sigue de cerca la \u201cNarraci\u00f3n de las Nubes\u201d, en la que refiere las graciosas peripecias en el Pa\u00eds de las Nubes, de un sujeto arrebatado de la tierra tras unas enaguas, y devuelto a ella como un reci\u00e9n nacido. Cierro esta apretada rese\u00f1a con el relato originalmente titulado \u201cEntre ellos\u2026\u201d<sup>16<\/sup>. Como en sus mejores cuentos, este es uno de los m\u00e1s sorprendentes. Si el lector se asombra ante el discurso del librero y su compasi\u00f3n por todos los personajes desventurados que pululan en cuentos y novelas, mayor desconcierto habr\u00e1 de causarle el inesperado final, que convierte en una broma la grave y emotiva pr\u00e9dica del extra\u00f1o personaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Con La Tienda de Mu\u00f1ecos concluye el primer tiempo literario de Julio Garmendia. No volver\u00e1 a publicar una l\u00ednea hasta 1951 cuando aparece La Tuna de Oro, segundo y \u00faltimo de los vol\u00famenes editados en vida suya. Entre uno y otro transcurren veinticuatro a\u00f1os, en los que median las experiencias de una larga estad\u00eda en Europa antes del reencuentro con su tierra. Permanecer\u00e1 en Caracas hasta su fallecimiento, viviendo en hoteles sin otra ocupaci\u00f3n que sus relatos, reuni\u00e9ndose de tarde en tarde con muy pocos amigos, asistiendo \u00fanicamente a las memorables tertulias de la librer\u00eda El Gusano de Luz, ajeno a compromisos sociales, literarios o de cualquiera otra \u00edndole. Los treinta y ocho a\u00f1os que van de 1939 a 1977, se constituyen en la etapa m\u00e1s f\u00e9rtil y madura de su cuent\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p>SEGUNDA ETAPA<\/p>\n\n\n\n<p>Mantiene las caracter\u00edsticas que han podido apreciarse en la primera, pero incorpora otras, muy importantes, que le comunican nuevos rasgos a los relatos escritos despu\u00e9s de su regreso. Esto hace que parad\u00f3jicamente permanezca igual siendo distinto. Lo que Garmendia incorpora es el deslumbramiento que le produce el reencuentro con su pa\u00eds, y as\u00ed se lo confiesa a la periodista Teresa Alvarenga: \u201cPara un escritor en formaci\u00f3n como era yo, aquello [su permanencia en Europa] fue muy interesante, vi muchas cosas. Claro, al llegar aqu\u00ed me sent\u00ed un poco fuera de ambiente, pero eso, quiz\u00e1, contribuy\u00f3 a impresionarme, por ejemplo ese hotel [alud\u00eda al Pensilvania, referente del hotel La Tuna de Oro], y cosas de la naturaleza, del paisaje. Una ausencia larga lo predispone a uno para observar mejor ese choque que le produce la realidad\u201d. De seguidas, ante la pregunta de si el escritor sent\u00eda haberse reintegrado totalmente a su pa\u00eds, la respuesta sin titubeos: \u201cCreo que s\u00ed, y la prueba para m\u00ed es el libro La Tuna de Oro. Yo siento que por all\u00ed est\u00e1 presente el amor por la tierra, por los seres, por los animales\u201d<sup>16<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>LA TUNA DE ORO<\/p>\n\n\n\n<p>Los relatos de este volumen se originan en gran parte en las emociones y descubrimientos de quien regresa a su pa\u00eds, despu\u00e9s de una ausencia prolongada. El ausente que retorna ha visto grandes y peque\u00f1as ciudades, ha contemplado paisajes que en nada se parecen a los de su tierra y degustado frutas, que tampoco se asemejan a las que sol\u00eda paladear en su lejana hacienda natal. La gente con la que se ha cruzado es distinta, habla otras lenguas, viste y se conduce de manera diferente. La comida tiene otra saz\u00f3n. Casas, calles, plazas y avenidas son por entero diferentes a las que recuerda de Caracas o de Barquisimeto, y m\u00e1s a\u00fan de El Tocuyo. Ha tenido la experiencia de vivir las cuatro estaciones, extra\u00f1as a su tierra, donde el a\u00f1o se lo reparten el verano y los aguaceros. Ser\u00eda necedad atreverse ni siquiera a insinuar que nada de aquello le llamara la atenci\u00f3n a \u201cun escritor en formaci\u00f3n\u201d, esto es, a una mente joven, abierta a las novedades de una nueva y estimulante existencia. Pero tambi\u00e9n ser\u00eda inexacto suponer que la nostalgia no lo visitase, y que no extra\u00f1ara a las personas y los ambientes que lo hab\u00edan acompa\u00f1ado durante los primeros veinticuatro a\u00f1os de su vida<sup>17<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es comprensible que en los primeros momentos de su reingreso a Caracas, Garmendia se sintiera desambientado. La ausencia consecutiva de m\u00e1s de tres lustros que lo sit\u00faa fuera de contexto, haci\u00e9ndolo sentirse extranjero en su patria, le depar\u00f3 el contraste y la perspectiva para apreciar valores de su pa\u00eds, de los cuales probablemente no se habr\u00eda dado cuenta exacta, si no se hubiese alejado por tanto tiempo, no al menos con el sacudimiento emocional de quien recupera algo que le es propio, pero que casi hab\u00eda olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p>La incorporaci\u00f3n de elementos venezolanos \u2013caraque\u00f1os, m\u00e1s propiamente\u2013, es el rasgo m\u00e1s sobresaliente de esta segunda etapa. No se trata, sin embargo, de temas que correspondan a un neorrealismo criollista, en lo que respecta, por ejemplo, al ambiente, hu\u00e9spedes y servidores del hotel La Tuna de Oro, porque no es el acento \u201ccriollo\u201d, \u201cpintoresco\u201d el que se enfatiza en esta narraci\u00f3n, sino su admiraci\u00f3n ante personajes sui g\u00e9neris, interesantes no porque fueran vern\u00e1culos, sino porque se diferenciaban sustancialmente de los hu\u00e9spedes, mesoneros y camareras de los hoteles europeos.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el relato \u201cLa Tuna de Oro\u201d se origina en el redescubrimiento de gente venezolana muy peculiar, \u201cManzanita\u201d es resultante de su reencuentro con las frutas del tr\u00f3pico. Casi podr\u00eda asegurar que \u00e9ste se produjo en el viejo mercado caraque\u00f1o de San Jacinto, muy pr\u00f3ximo al hotel Pensilvania, donde Julio se aloj\u00f3 a su llegada del Viejo Mundo. Entre los recuerdos que conservo de aquel interesante mercado popular, se encuentran en primer t\u00e9rmino los aromas que impregnaban el sector donde se encontraban las frutas criollas. No me cabe la menor duda de que esta mezcla de olores es el referente principal del cuento \u201cManzanita\u201d, uno de los m\u00e1s celebrados y traducidos.<\/p>\n\n\n\n<p>En este relato, las frutas se comunican entre ellas mediante un lenguaje nuevo que Julio descubre, y que por su naturaleza olfativa pudiera llam\u00e1rsele odor\u00edfero. Cada fruta, admirablemente \u201cpersonalizada\u201d de acuerdo con su morfolog\u00eda, dialoga con las dem\u00e1s a trav\u00e9s de sus propios aromas. El tema central de estas pol\u00e9micas conversaciones versa sobre el malestar que afecta a uno de los miembros de la comunidad, una Manzanita Criolla desplazada por las Manzanas del Norte, que han pasado a ser las favoritas. Como en sus mejores cuentos, el mensaje connotado parece apuntar hacia un sentimiento nacionalista, que casi se aproxima a la xenofobia. Pero no es as\u00ed. Ya para concluir la historia, la Manzanita Criolla supera su complejo de inferioridad y siente l\u00e1stima por las Manzanas del Norte, al darse cuenta de que las extranjeras no pueden subsistir fuera del refrigerador. Solidaridad y compasi\u00f3n la sit\u00faan por encima de un mezquino sentimiento personalista. Es como si traslad\u00e1ndonos al plano de los humanos, dij\u00e9rase que por sobre razas, colores y nacionalidades priva la condici\u00f3n humana. As\u00ed la Manzanita Criolla, observando que algunas de sus parientes del Norte hab\u00edan sido arrojadas a la cesta de los desperdicios, pronuncia esta frase enaltecedora, que sintetiza lo m\u00e1s profundo o elevado del relato: \u201cDespu\u00e9s de todo son frutas como yo, hijas de la tierra y el sol, buscadas por los ni\u00f1os y los p\u00e1jaros\u2026 \u00a1Perecederas frutas como yo!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los restantes cuentos comparten con la mayor naturalidad realismo y fantas\u00eda. En \u201cEl m\u00e9dico de los muertos\u201d, Garmendia utiliza la visi\u00f3n del humorista para inventar una l\u00f3gica peculiar, siempre dentro del contrasentido. Si el m\u00e9dico de los vivos lucha por evitar que sus pacientes mueran, el m\u00e9dico de los muertos lucha por impedir que sus enfermos revivan. En \u201cLa peque\u00f1a inmaculada\u201d la muerte ronda a una joven devota. En \u201cLas dos Chelitas\u201d el tema es el de una negociaci\u00f3n entre dos ni\u00f1as hom\u00f3nimas, una rica y enfermiza, pobre pero saludable la otra. La Chelita rica trata de convencer a la Chelita pobre de que reciba todos sus juguetes a cambio de un sapo que es la mascota de la Chelita pobre, pero \u00e9sta se niega a aceptar la propuesta. El fallecimiento de la ni\u00f1a rica pone un conmovedor punto final al inocente regateo. \u201cGuachirongo\u201d, primero de los relatos inspirados en la tierra natal del escritor, es un personaje popular que deambulaba por las calles de Barquisimeto, seguido por unos cuantos perros, hambrientos como su due\u00f1o. Vende gritos y bailes a los muchachos. Un d\u00eda desaparece y se vuelve legendario al ser visto danzando entre las nubes de alg\u00fan crep\u00fasculo barquisimetano, siempre acompa\u00f1ado por sus fieles animales.<\/p>\n\n\n\n<p>Este segundo volumen fue el \u00faltimo que Garmendia entreg\u00f3 a las prensas. Vivi\u00f3 veintis\u00e9is a\u00f1os m\u00e1s, escribi\u00f3 numerosos cuentos, de los que nunca nadie supo de su existencia mientras \u00e9l vivi\u00f3, ni tampoco de su intenci\u00f3n de publicarlos. Este silencio cobra mayor significaci\u00f3n si se piensa que ya era un autor consagrado, con venta asegurada, como lo demuestran los tres libros p\u00f3stumos que hasta la fecha se han impreso: La hoja que no hab\u00eda ca\u00eddo en su oto\u00f1o (1979), La motocicleta selv\u00e1tica (2004) y El regreso de To\u00f1ito Esparragosa (contado por \u00e9l mismo) (2005).<\/p>\n\n\n\n<p>Y a\u00fan queda mucho material narrativo in\u00e9dito, que estamos en la obligaci\u00f3n de poner al alcance de los admiradores y estudiosos de la obra de Julio Garmendia, y como entrega a las letras en lengua espa\u00f1ola de uno sus m\u00e1s altos representantes dentro de la narrativa corta. Esto habr\u00e1 que hacerlo y pronto. Pero ya ser\u00e1 historia para otro d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>NOTAS<\/p>\n\n\n\n<p>1 Aparecieron en el diario El Universal de Caracas, en las siguientes fechas: \u201cEl camino de la gloria\u201d, 21 de enero; \u201cEl gusano de luz\u201d, 4 de mayo; \u201cUna visita al infierno\u201d, 30 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Adem\u00e1s de relatos, publica poemas, cr\u00f3nicas humor\u00edsticas y notas de cr\u00edtica literaria. Estos escritos se encuentran en el volumen Opiniones para despu\u00e9s de la muerte, compilaci\u00f3n, pr\u00f3logo y notas de Oscar Sambrano Urdaneta, Caracas, Monte \u00c1vila Editores, 1984.<\/p>\n\n\n\n<p>3 El titular de este Despacho, el abogado, historiador y pol\u00edtico Antonio \u00c1lamo, coterr\u00e1neo y amigo desde la infancia del padre del cuentista, se constituy\u00f3 en protector del joven intelectual, quien en reconocimiento le dedica su primer libro, La Tienda de Mu\u00f1ecos.<\/p>\n\n\n\n<p>4 Recorte sin fecha conservado por Garmendia entre sus papeles: debe haber sido publicado despu\u00e9s del retorno del escritor, esto es, hacia 1940 o 1941.<\/p>\n\n\n\n<p>5 Teresa Alvarenga, \u201cEntrevista a Julio Garmendia con motivo de hab\u00e9rsele otorgado el Premio Nacional de Literatura\u201d, El Nacional (Caracas), (8 de marzo de 1974).<\/p>\n\n\n\n<p>6 Entrevista grabada por Teresa Alvarenga. V\u00e9ase nota 5.<\/p>\n\n\n\n<p>7 Adem\u00e1s de estos cuatro relatos, Garmendia public\u00f3 \u201cEl gusano de luz\u201d (1917), \u201cLa guerra y la paz\u201d (1923) y \u201cLa joroba\u201d (1923).<\/p>\n\n\n\n<p>8 El Universal (Caracas), (30 de abril de 1917).<\/p>\n\n\n\n<p>9 Actualidades (Caracas), (10 de marzo de 1918).<\/p>\n\n\n\n<p>10 El Heraldo (Caracas), (19 de noviembre de 1922)<\/p>\n\n\n\n<p>11 \u201cEl gusano de luz\u201d (1917), \u201cLa guerra y la paz\u201d (1923), fragmento que corresponde a una primera versi\u00f3n de \u201cOpiniones para despu\u00e9s de la muerte\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>12 No se ha hecho desde entonces una sola reedici\u00f3n de La Tienda de Mu\u00f1ecos que no est\u00e9 precedida por la carta de Zumeta y el pr\u00f3logo de Semprum.<\/p>\n\n\n\n<p>13 Una primera versi\u00f3n del volumen La Tienda de Mu\u00f1ecos ya estaba concluida en 1921, tres a\u00f1os antes de que su autor viajara a Europa. As\u00ed lo comprueba una carta p\u00fablica dirigida a Julio Garmendia, por el poeta \u00c1ngel Miguel Queremel, publicada en el peri\u00f3dico El Eco de Caracas en noviembre de 1921, en la que da relaci\u00f3n de los cuentos que iban a constituir el primer volumen de este autor.<\/p>\n\n\n\n<p>14 De los relatos de Julio Garmendia que registra \u00c1ngel Miguel Queremel, no he podido ubicar el titulado \u201cLa isla perdida<\/p>\n\n\n\n<p>15 No obstante haber sido en Par\u00eds funcionario ad honorem de la Canciller\u00eda venezolana, y m\u00e1s tarde, c\u00f3nsul en G\u00e9nova hasta la muerte del dictador, pese a haber firmado un telegrama de felicitaci\u00f3n al general G\u00f3mez antes de su viaje a Europa, tengo el p\u00e1lpito de que su expatriaci\u00f3n voluntaria durante casi diecis\u00e9is a\u00f1os obedeci\u00f3 precisamente al deseo de distanciarse del r\u00e9gimen pol\u00edtico venezolano, por el horror que le inspiraba el regresar a Venezuela y tener que dedicarse \u201ca componer la historia, cr\u00edtica y pol\u00e9micas \u2018rotativas\u2019 de los futuros Emperadores nacionales, \u2018Gloria al Bravo Pueblo\u2019, etc., etc.\u201d. (Carta a C\u00e9sar Zumeta. Par\u00eds, 10 de junio de 1926).<\/p>\n\n\n\n<p>16 ver nota 5.<\/p>\n\n\n\n<p>17 La nostalgia de Julio por los a\u00f1os de su infancia en El Tocuyo, en la casa de su abuelo paterno Pap\u00e1 Rafael, y de su adolescencia en Barquisimeto, en casa de su abuela Celsa, est\u00e1 plasmada en dos de sus mejores poemas: \u201cQu\u00e9 de tiempo hace\u201d (1924) y \u201cEl jazm\u00edn\u201d (1919).<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/oscar-sambrano-urdaneta\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Fragmentos del pr\u00f3logo a la edici\u00f3n que hiciera la Biblioteca Ayacucho de \u00abLa tienda de mu\u00f1ecos y otros textos\u00bb (2008), de Julio Garmendia.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Oscar Sambrano Urdaneta Los relatos de Julio Garmendia se corresponden con las dos etapas de su vida en Caracas: la primera entre 1917 y 1924, la segunda de 1939 a 1977. 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