{"id":15837,"date":"2025-04-14T16:25:57","date_gmt":"2025-04-14T20:55:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15837"},"modified":"2025-04-14T16:25:57","modified_gmt":"2025-04-14T20:55:57","slug":"relatos-ineditos-de-jose-luis-vasquez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/relatos-ineditos-de-jose-luis-vasquez\/","title":{"rendered":"Relatos in\u00e9ditos de Jos\u00e9 Luis V\u00e1squez"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">De una a otra lejan\u00eda<\/h3>\n\n\n\n<p>Sentado en esta piedra, silbando, intento algo de compa\u00f1\u00eda, rodeado de dos silenciosos amigos. A la derecha, un altivo \u00e1rbol copudo, que me ofrece su sombra; al otro lado, uno m\u00e1s cercano, en posici\u00f3n de candelabro, con los brazos verdes suplicando al cielo por una misericordia de lluvia. En mis alforjas, una pareja de conejos y una lapa, con el relleno de vituallas montaraces; un escu\u00e1lido bot\u00edn para una casi in\u00fatil semana en lejan\u00eda de la familia. Deber\u00e1n conformarse el trip\u00f3n y la mujer, que ahora se alejar\u00e1 m\u00e1s de mi, porque cada d\u00eda de menos le sirvo, sobre todo a partir de aquel disparo furtivo que me refil\u00f3 los calzones.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de partir, de un certero tajazo de machete le arranco un brazo al amigo verde, para beberme su sangre, que me resulta tan p\u00e1lida como \u00e1cida. <\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda con su noche me cuesta llegar hasta el portal de mi casa, que cuando no era rengo me tomaba un cuarto de jornada, nom\u00e1s. Qu\u00e9 le puedo hacer, ahora marcho as\u00ed, disminuido. Han sido cinco d\u00edas de lejan\u00eda, que ahora sustituir\u00e9 por otra, la que va para tres a\u00f1os, desde cuando el compadre la jerr\u00f3, al confundirme con un venado agazapado, a pesar de mis gritos de advertencia. \u201cFue por mi sordera\u201d, declar\u00f3 arrepentido en la comisaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Al entrar silencioso, poco antes del alboroto de los gallos, mi mujer sale en medio camis\u00f3n y me proh\u00edbe con las manos, porque casi ya ni me habla, que entre al cuartucho matrimonial; para que no despierte al trip\u00f3n, supongo. Con la mirada de arrecho le recuerdo que no me gusta que duerma as\u00ed con el muchacho, que ya va siendo un hombrecito y pudiese percibir aquel olor; el que antes nos hac\u00eda hervir la sangre, pero que ahora ni un suspiro nos arranca.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s arrecho me pongo, cuando con su mano temblorosa deja caer caf\u00e9 caliente, casualmente sobre la pierna renga. Me levanto de la mesa, pero ella me cierra el paso hacia el cuarto y me empuja hasta el patio, para que remoje los calzones in\u00fatiles en la ponchera.<\/p>\n\n\n\n<p>Caminando a la letrina escucho el ronquido del chavalo, al que supongo le ha cogido un gran pest\u00f3n. Me asomo por una rendija en la ventana de madera, para ver como mi mujer esta sacudiendo, con sus largos cabellos pegados a la cara, a un cuerpo de hombre en calzoncillos, quien apenas mueve los brazos, preso de un evidente fastidio.<\/p>\n\n\n\n<p>Con una calma que no hubiese cre\u00eddo posible en mi persona, me regreso; saco el machete de la faltriquera y con el tranco m\u00e1s rengo que nunca, penetro al cuarto; la empujo a ella pa\u2019fuera, para que con los brazos que me gritan no me impida iniciar la faena. Un solo tajazo me basta. Envuelvo la cabeza en una colcha, la lanzo sobre mi espalda y, dibujando una zigzagueante raya roja sobre el suelo, atravieso la cocina del rancho. De medio lado, apenas veo a mi mujer, que llora recostada sobre la mesa, y aprovecho para decirle a viva voz, sin el molesto dialogo de brazos: \u201cDej\u00e1 dormir hasta tarde al trip\u00f3n, para que no vea reverberar desde el piso a la sangre de su padrino\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Rumbo a la comisaria, con mi caminar rengo y con la arrepentida cabeza golpe\u00e1ndome una posadera, voy sintiendo a esta nueva lejan\u00eda que me arropa, que de seguro ser\u00e1 la mayor de todas ellas, la definitiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La victoria de Samotracia<\/h3>\n\n\n\n<p>Disp\u00e9nsenme se\u00f1ores, por hablarles en este c\u00f3mplice chuchutear de ni\u00f1os; pero no quiero que me descubra mi se\u00f1ora, cont\u00e1ndoles sobre un asunto tan intimo, el que a punto estoy por confiarles. Es un relato propio de aquellos tiempos de anta\u00f1o, del acn\u00e9 y otras tantas inseguridades con nuestros cuerpos, acciones y pensamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>La bautizamos de aquella manera, Samotracia, desde que por primera vez la vimos entrar a nuestro sal\u00f3n. Su rostro oculto por un cabello largo, ondulado y abundante, que asomaba la man\u00eda de quedarse detr\u00e1s de sus pasos, bordando un par de deshilachadas alas. Bajo su falda escolar se insinuaban unas portentosas piernas y, por supuesto, un distintivo signo: la ausencia de su brazo derecho. S\u00ed, era un \u00e1ngel de un solo brazo, que para colmo era bastante peque\u00f1o, si lo compar\u00e1bamos con el resto de su anatom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En poco tiempo Sami se apoder\u00f3 de nuestro sal\u00f3n, convirti\u00e9ndose en la l\u00edder absoluta, la madrina en todos los torneos y reina de las fiestas estudiantiles del liceo. Ya no pod\u00edamos vivir sin ella, sin su aprobaci\u00f3n de diosa greco-romana.<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestra clase todo marchaba bien, sobre todo por la protecci\u00f3n de nuestro \u00e1ngel encarnado; pero el para\u00edso se nubl\u00f3 poco tiempo despu\u00e9s que nos asignaron un nuevo instructor de deportes, del cual no hab\u00edamos tenido durante el primer lapso. Era un hombre rubicundo, relativamente joven y guapo, que deslumbr\u00f3 a todas las chicas del sal\u00f3n, incluyendo a nuestra Samotracia. El adonis lleg\u00f3 con mucho \u00edmpetu y organiz\u00f3 varios equipos deportivos, de los cuales ten\u00edamos el deber de pertenecer al menos a uno y el derecho de jugar hasta en tres de los deportes disponibles. Yo escog\u00ed los tradicionales: basquet, volibol y futbolito; porque esa era mi fortaleza, me defend\u00eda muy bien con los deportes.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ch\u00e9vere con el Profe de deportes, hasta que empez\u00f3 a ignorar con mucha evidencia a Samotracia, impidiendo su inclusi\u00f3n en cualquier equipo. No conoc\u00edamos sus motivos, solo quiz\u00e1s le ca\u00eda mal su gran entusiasmo, que rivalizaba con el suyo.<\/p>\n\n\n\n<p>La situaci\u00f3n con el instructor empez\u00f3 a hacer mella en el especial empuje que ten\u00eda nuestra amiga y comenzamos a verla, por primera vez, sin \u00e1nimos, muy melanc\u00f3lica. Para mi, debo confesarlo, aquella perturbaci\u00f3n result\u00f3 en una estupenda oportunidad para acercarme a Sami, porque al alejarse de la turba que siempre la segu\u00eda, me dio el chance de conversar m\u00e1s con ella y conocer algo de sus intimidades. De esa manera me enter\u00e9 que Samotracia hab\u00eda nacido como todos nosotros, con sus cuatro miembros; pero en una travesura de ni\u00f1a, resbal\u00f3 de la rama de un mamonero y qued\u00f3 colgando sobre una cerca de p\u00faas, y debieron amputarle un brazo. Compensando aquella falta, desarroll\u00f3 las dem\u00e1s partes de su cuerpo, sobre todo a las poderosas piernas, que hac\u00edan que su brazo izquierdo pareciese m\u00e1s peque\u00f1o de lo normal, una ilusi\u00f3n comparativa. Con el transcurrir del a\u00f1o escolar, Samotracia se alej\u00f3 cada vez m\u00e1s de sus camaradas, pero a la par se acercaba m\u00e1s a mi, lo cual me complac\u00eda mucho, pero me creaba un sentimiento de culpa, una sensaci\u00f3n de ser un aprovechado.<\/p>\n\n\n\n<p>No soportando el peso del innoble sentimiento, tom\u00e9 el valor de conversar de muchacho a hombre con el profesor y le ped\u00ed una explicaci\u00f3n de su actitud hostil hacia mi amiga. \u00c9l, que era bastante alto, pos\u00f3 su fornido brazo sobre mi espalda y me condujo en un paseo, atravesando el campo de f\u00fatbol.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hijo, cuando uno se enamora, no ve las dificultades y esa es una de las causas de la decadencia de nuestra sociedad actual.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero Profe. \u00bfPor qu\u00e9 le tiene tanta tirria? D\u00e9jela que se inscriba en alg\u00fan equipo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfNo me estas escuchando, carajito? Por causa del amor se esta degradando la raza humana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Profe, yo solo quiero que usted le de una oportunidad a Sami.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mijo. Cada vez que le damos un chance a un discapacitado, que nos enamoramos y le entregamos la oportunidad de reproducirse, ellos esparcen sus taras entre nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Profesor, Sami naci\u00f3 completica, pero perdi\u00f3 el brazo en un accidente, cuando ni\u00f1a. <\/p>\n\n\n\n<p>Al escucharme decir aquello, el instructor se sob\u00f3 la barba, tom\u00f3 la carpeta de gancho que siempre cargaba bajo el sobaco, para empezar a revisar los listados, y me dijo: \u2014Me quedan solo cupos en ping-pong, porque nadie se inscribe, al no haber mesas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1An\u00f3tenos ah\u00ed, Profe! Y me saca del volibol.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Okey, muchacho, pero t\u00fa seras el responsable. Antes, debo darles mi aprobaci\u00f3n, as\u00ed que ma\u00f1ana temprano me traes a \u201ctu novia\u201d, para una evaluaci\u00f3n psico-f\u00edsica.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda terminado de decirme el profesor las buenas nuevas, cuando sal\u00ed corriendo, atraves\u00e9 la cancha de f\u00fatbol, el estacionamiento de veh\u00edculos, el port\u00f3n de la escuela y las siete cuadras; para llegar a casa de Sami, porque sab\u00eda que esa noticia la iba a curar de todo el rosario de malestares que la ten\u00edan postrada desde hacia m\u00e1s de una semana.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la madre de Samotracia me permiti\u00f3 entrar al cuarto, porque era una dama muy liberal, encontr\u00e9 al \u00e1ngel adormilado sobre el respaldar de su cama, acurrucado entre sus alas. No recuerdo sus primeras impresiones a mis buenas noticias, porque ella se levant\u00f3 como un resorte y yo me entretuve con la visi\u00f3n, a trav\u00e9s de la trasparente bata de dormir, de las hermosas piernas de pandepalo, que tanto se me insinuaban en el colegio, asomadas a su diminuta saya a cuadros.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, el profesor fue bastante rudo con Samotracia, tanto que me hizo llorar a mi. Le gritaba como en el ejercito, le dec\u00eda que su minusval\u00eda ser\u00eda un obst\u00e1culo que har\u00eda imposible su carrera deportiva, porque su cuerpo nunca encontrar\u00eda el equilibrio m\u00ednimo necesario. Sami permanec\u00eda estoica, con una cara de piedra que me asustaba; la que incluso mantuvo durante las pruebas f\u00edsicas, que incluyeron saltos, volteretas, plongeones, estiramientos en c\u00fabito supino y otras actividades de dif\u00edcil ejecuci\u00f3n, inclusive para mi, que era un buen atleta juvenil. Al terminar su evaluaci\u00f3n, el instructor me arrastr\u00f3 hasta su cub\u00edculo, se encerr\u00f3 conmigo y me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Muchacho, te felicito; \u201ctu novia\u201d es la mejor atleta que me ha tocado evaluar. Desde la semana entrante deber\u00e1s acompa\u00f1arla en el Club de Amigos, donde les voy a reservar una mesa por tres horas diarias. Nos veremos all\u00e1 tres d\u00edas a la semana, incluyendo los s\u00e1bados. Participar\u00e1n en individual masculino y femenino y en dobles mixtos. Quiero que sean los campeones juveniles del estado, para llevarlos, si dios quiere, a los juegos nacionales del a\u00f1o entrante.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquellos d\u00edas de pr\u00e1ctica fueron de los m\u00e1s duros que hab\u00eda tenido, pero de los m\u00e1s felices. Mi mayor dificultad era concentrarme, por que mis ojos siempre iban detr\u00e1s de las piernas de Sami, m\u00e1s cuando empez\u00f3 a utilizar los ajustados chores rojos del uniforme. Tanto me distra\u00eda, que el profesor ten\u00eda que despertarme con un golpetazo en la cabeza, cada vez que herraba un lance. La \u00fanica dificultad que se le presentaba a Samotracia, era de orden reglamentario, porque ella no pod\u00eda \u201cpresentar\u201d al rival la bolilla en la planta de su mano, como lo exige las normas; pero acordaron una excepci\u00f3n, para que ella la sostuviese equilibrada en una cara de la raqueta.<\/p>\n\n\n\n<p>En los juegos estudiantiles Sami fue la estrella. A mi me eliminaron en las primeras rondas del individual masculino. En dobles mixtos llegamos a semi-finales, pero perdimos por culpa m\u00eda. No llegaba ni de cerca a su nivel. Ella sali\u00f3 campeona del individual femenino y despu\u00e9s que le entregaron la medalla de oro, la levantaron los muchachos del liceo, mont\u00e1ndola en una plataforma de refrescos, para pasearla sobre el improvisado trono, por todo el gimnasio deportivo. Ella luci\u00f3 grandiosa, arropada con la t\u00fanica hecha con las banderas del colegio y del estado, y con su \u00fanico brazo apuntando al infinito, con su raqueta roja como saeta. En la foto que sali\u00f3 en primera plana del peri\u00f3dico local, se asemejaba a una hermosa estatua griega, aquella diosa infalible en los libros de educaci\u00f3n art\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p>Bueno, eso era todo lo quer\u00eda contarles. Les dejo, porque mi mujer me apura, para que salgamos a trotar con nuestros hijos morochos, Samotracia y David juniores, los nov\u00edsimos campeones estatales de ping-pong.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-luis-vasquez-silva-por-si-mismo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De una a otra lejan\u00eda Sentado en esta piedra, silbando, intento algo de compa\u00f1\u00eda, rodeado de dos silenciosos amigos. A la derecha, un altivo \u00e1rbol copudo, que me ofrece su sombra; al otro lado, uno m\u00e1s cercano, en posici\u00f3n de candelabro, con los brazos verdes suplicando al cielo por una misericordia de lluvia. 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