{"id":15783,"date":"2025-04-09T11:21:39","date_gmt":"2025-04-09T15:51:39","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15783"},"modified":"2025-04-09T11:23:02","modified_gmt":"2025-04-09T15:53:02","slug":"segun-pasan-los-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/segun-pasan-los-anos\/","title":{"rendered":"Seg\u00fan pasan los a\u00f1os (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Israel Centeno<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>La expedici\u00f3n de los mu\u00f1ecos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La gente vive para encontrar un tesoro. Ahora estoy m\u00e1s all\u00e1 de la pretensi\u00f3n de hacerlo. Hoy me hundo en una poltrona y no dejo que ning\u00fan sobresalto me haga creer en las oportunidades. Enfermo y despojado de referentes, he tomado con calma el dictamen, no hay asideros, me resumo a esperar y fumar, beber y salir por las noches a pervertirme, estas son las divisas que poseo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la casa de mis abuelos todo era diferente, yo ten\u00eda quince a\u00f1os y andaba descarriado. El desorden era el estado natural de las cosas. Siempre he pensado que la anarqu\u00eda se expresaba sin env\u00e9s en aquel lugar. Cada cual era lo que deseaba ser, por lo menos as\u00ed lo cre\u00edamos, hab\u00eda una especie de consenso, no \u00e9ramos iguales a las dem\u00e1s familias. Desde que mi abuelo nos prohibi\u00f3 asistir a las clases de religi\u00f3n, comenzamos a sentirnos diferentes. Ven\u00edan las monjas y nos exim\u00edamos de sus horas llenas de patra\u00f1as y mandamientos. Siempre quise ir a clase de religi\u00f3n y estuve a punto de comulgar en secreto, pero si algo estaba claro en aquella \u00e9poca era que si bien no ten\u00edamos normas, dictaba sobre nosotros un anatema, nos tiranizaba el anticlericalismo de mi abuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>No \u00e9ramos ateos, como se nos acusaba en clase. Para nada, en mi casa se cre\u00eda en el esp\u00edritu. Nos pas\u00e1bamos la vida pensando en los esp\u00edritus, ven\u00edan hermanos y se reun\u00edan a hablar de sus vidas anteriores y de veintinueve misioneros que habr\u00edan de transformar al mundo. Eran comunes para nosotros las sesiones en las cuales se manifestaban grandes personajes a trav\u00e9s de un m\u00e9dium. Mi abuelo siempre recalcaba que no era un espiritista de embelecos, su espiritismo, a pesar de las contradicciones que acarrea tal afirmaci\u00f3n, era racional, cient\u00edfico y las sesiones se realizaban dentro de las m\u00e1s estrictas consideraciones y reglamentos para evitar la impostura y el folklore. Nada de im\u00e1genes ni de ron, ni de mutaciones tras las cuales aparece la fisonom\u00eda de un indio. S\u00f3lo la rueda de hermanos sentados en torno a la m\u00e9dium, como si la estuvieran velando, mientras ella declamaba con solemnidad. Manejaba austeramente su posesi\u00f3n, parec\u00eda recitar sentencias trascendentes e invitaba a seguir caminos de encomio. Siempre cre\u00edmos que la m\u00e9dium no dec\u00eda nada en concreto, parec\u00eda que se hab\u00eda le\u00eddo p\u00e1ginas de autores positivistas y que en oportunidades tomaba un verso de Dar\u00edo y una frase de V\u00edctor Hugo y las lanzaba al ruedo para convocar a los hermanos a luchar por una verdad y una luz imposibles de constatar, pero bastaba s\u00f3lo que dijera luz y verdad para que aquellas almas transidas suspiraran ruidosamente como si acogieran un llamado superior. Cada cual interpretaba su luz o su verdad. Siempre el tono fue apocal\u00edptico, eso nos llev\u00f3 a sumarnos a la creencia de un inminente cataclismo que habr\u00eda de partir al \u00c1vila en dos. Ese d\u00eda ser\u00eda de justicia, ser\u00eda terrible, entrar\u00eda el mar y barrer\u00eda a los hombres, el cataclismo universal se concretaba en Caracas, que luego de haber sido destruida junto con la iglesia, se ver\u00eda impuesta de reivindicaciones merecidas.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, \u00e9ramos comunistas. La casa de mis abuelos estaba sumergida permanentemente en un estado de agitaci\u00f3n. Se imprim\u00edan peri\u00f3dicos contra el clero y a su vez una c\u00e9lula del partido escond\u00eda armas o maquillaba reuniones. De esta manera se juntaron mis t\u00edas con una fauna de revolucionarios que les llenaron el vientre de hombres nuevos; y de mujeres, por qu\u00e9 no. Tuvimos m\u00e1s de siete allanamientos y presenciamos varias persecuciones por los techos de la casa. No es congruente ver sobre una mesa un libro de Joaqu\u00edn Trincado al lado de las propuestas filos\u00f3ficas del camarada Mao, ni pensar que el materialismo dial\u00e9ctico tuviese relaci\u00f3n con la vida eterna y continuada. Supimos de las prisiones y de los asesinatos, siempre dec\u00edan que hab\u00edan asesinado a \u00e9ste o a aqu\u00e9l. A mi primo mayor le partieron la boca como castigo ejemplar cuando pregunt\u00f3 si \u00e9ste o aqu\u00e9l no hab\u00eda asesinado a alguien. Las personas de la cuadra nos se\u00f1alaban como comunistas, todos conocimos los calabozos de la polic\u00eda pol\u00edtica, era natural pensar que nuestro tel\u00e9fono estuviese intervenido y que siguieran viniendo al mundo hombres y mujeres nuevos. As\u00ed llegamos a ser una familia numerosa, por el regusto de los camaradas en los cuerpos de nuestras t\u00edas, al final todos tuvimos un padre com\u00fan, un padre tan abstracto como la luz y la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esa \u00e9poca conoc\u00ed a Adela, era una hermana espiritista extra\u00f1a, ven\u00eda de Coro y siempre sus brazos estaban llenos de alhajas y se arreglaba sobre su cabeza un mo\u00f1o alto. Ella vivi\u00f3 muchos a\u00f1os, nunca su cara cambi\u00f3 de expresi\u00f3n, sus ojos brincaban un poco, sonre\u00eda de buena gana, ten\u00eda una risa entera y dura como su rostro. Ella nunca se iba de la casa, nos acompa\u00f1\u00f3 hasta que se hizo muy vieja, su mundo era realmente ajeno, en ocasiones le silbaba a entidades invisibles y dec\u00eda que ten\u00eda comunicaci\u00f3n directa con los hermanos superiores de otros mundos. Ella no era comunista, eso implicaba otro anatema. Le ten\u00eda pavor al comunismo, dec\u00eda que aquello no era sino una promiscua relaci\u00f3n de igualdad. \u00bfPor qu\u00e9 se qued\u00f3? Por qu\u00e9 le tra\u00eda caramelos a la perra de mi abuela? \u00bfPor qu\u00e9 hablaba con mis t\u00edas sobre la imperiosa necesidad de no andar llenando de hombres nuevos al mundo? Su marido construy\u00f3 la parte alta de la casa, la hizo m\u00e1s grande para extender los l\u00edmites de la comuna.<\/p>\n\n\n\n<p>No solamente ven\u00edan comunistas y espiritistas. Los amigos de mi t\u00edo, que andaba en otra onda, ya instalaban sus b\u00e1rtulos en los pisos superiores. Era un grupo de muchachos que exploraba el mundo de la psicodelia y el ocio, pasaban los d\u00edas jugando pelota de goma en la calle, golpeando tacos en el billar de Blanco, reun\u00edan dinero para comprar una bombona de an\u00eds, llevaban el pelo largo y no escuchaban guarachas ni salsa. Usaban pantalones comprados en Carnaby Street y fumaban marihuana a discreci\u00f3n. Ellos me iniciaron sexualmente en el lavandero. Recuerdo que le quitaron la camisa a la mujer de servicio y dejaron sus tetas al aire, jugaban con sus pezones, los lam\u00edan, le sembraron las manos debajo de las faldas y fue cuando me llamaron, me dec\u00edan que oliera, que tocara la corona negra, que sintiera su tibieza, todos se re\u00edan. La mujer no dejaba de restregar la ropa en la batea mientras la mojaban con sus lenguas. Aun cuando amo a una mujer siento que su genitalidad se expresa entre los olores del jab\u00f3n de lavar y el \u00e1cido humor de las latas de sardinas. \u00c9ramos todos los que est\u00e1bamos, caricaturas de <em>hippies<\/em>, revolucionarios que quer\u00edan a nuestras t\u00edas, uno que otro loco que se hab\u00eda incorporado al baile y los embriones del futuro; nos mir\u00e1bamos con recelo y hasta con desprecio, pero en definitiva conviv\u00edamos, unos intercambiaban patadas por el culo, otro amagos y amenazas, los dem\u00e1s trat\u00e1bamos de hacer la vista gorda a escenas de abandono y asomos de abusos sexuales.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en la parte de debajo de la casa continuaron sesionando los hermanos espiritistas. Adela persist\u00eda y no se fue. Se qued\u00f3 incluso cuando nos vimos obligados a mudarnos a un apartamento.<\/p>\n\n\n\n<p>En el apartamento se comprimi\u00f3 la convivencia, muchos embriones se fueron con las t\u00edas que estabilizaban sus vidas, otros nos quedamos. En ese momento lleg\u00f3 Juan. Hab\u00eda estado en la monta\u00f1a, hab\u00eda subido a uno de los tantos frentes guerrilleros y hab\u00eda marchado hacia alguna parte, su marcha fue siempre en c\u00edrculo y con miedo. No sent\u00eda temor a las balas de los soldados, ni a los enfrentamientos con los adversarios, s\u00f3lo les tem\u00eda a sus camaradas.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan estudiaba ingenier\u00eda en la universidad. Su bachillerato, a pesar de que el pa\u00eds pasaba por una turbulencia pol\u00edtica, fue afortunado; se gradu\u00f3 con buenas notas y se abstuvo de militar en ninguna organizaci\u00f3n pol\u00edtica. As\u00ed sali\u00f3 con honores. Contaba que su primer error consisti\u00f3 en mudarse a las residencias universitarias. Ha debido continuar con sus padres porque nadie escapaba en aquella \u00e9poca a ser captado por una c\u00e9lula del partido comunista.<\/p>\n\n\n\n<p>Le toc\u00f3 compartir su habitaci\u00f3n con dos compa\u00f1eros que militaban en el partido, dos personas cuya tarea consist\u00eda en mantener en estado de agitaci\u00f3n los pasillos de la universidad. Juan no se dio cuenta de ello, pero lo vigilaban y le hablaban mucho de la necesidad de mantener la boca cerrada, pues al delator no se le trata con consideraciones. Ya compart\u00eda secretos; fue dejando a un lado la carrera y asisti\u00f3 a los c\u00edrculos de estudio. Se daba por entendido que <em>El Capital<\/em> era un asunto que se aprend\u00eda con la pr\u00e1ctica. Dos o tres conceptos elementales sobre lucha de clases eran suficientes. No hab\u00eda tiempo para demasiada teor\u00eda y s\u00ed mucho trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>En un principio empapelaban una y otra vez la universidad, las consignas cambiaban de un d\u00eda a otro. Hab\u00eda que tapar la propaganda del enemigo y empapelar con insidia, eso formaba la voluntad. Era necesario formar la voluntad, por eso le aconsejaron que abandonara a Margarita. Juan quer\u00eda a Margarita, era una muchacha que estudiaba odontolog\u00eda. Iban con frecuencia al cine, tomaban helados en Castellino y se acostaban, cuando en el cuarto de la residencia no estaba montada una reuni\u00f3n. El disfrutaba con Margarita, ella ten\u00eda el cuello largo y la sonrisa blanca, el pelo corto y las orejas peque\u00f1as, era flaca. Les contaba a los amigos que no sab\u00eda si ella ser\u00eda la mujer de su vida, si terminar\u00edan cas\u00e1ndose, si tendr\u00edan hijos o viajar\u00edan a Europa. A Margarita le gustaba Par\u00eds. En aquel momento \u00bfa qui\u00e9n no le gustaba Par\u00eds? A ella no le atra\u00eda la din\u00e1mica del movimiento estudiantil, eso era algo circunstancial, le dijo una tarde a Juan mientras tomaban unas cervezas. Las ciudades van m\u00e1s all\u00e1 de las circunstancias o del momento hist\u00f3rico, acot\u00f3. Por ejemplo, una tarde en Montmartre, una misa en Notre Dame o en Sacr\u00e9 Coeur, un oto\u00f1o en el Louvre. Eso bast\u00f3 para que se definieran todas las expectativas de Juan. La tom\u00f3 de la mano y la condujo al ba\u00f1o de mujeres, all\u00ed interpuso su cuerpo entre la puerta y el lavabo, forcejearon un rato y termin\u00f3 sac\u00e1ndole las pantaletas, con resentimiento y violencia la fusil\u00f3 y la dej\u00f3 a un lado.<\/p>\n\n\n\n<p>Era lo correcto, le aplaudieron, le ped\u00edan detalles. Juan s\u00f3lo se limitaba a fumar y tomar ron. No se puede tener una novia con pretensiones tan desentonadas. Esa noche celebraron y tocaron la puerta a unas compa\u00f1eras, pusieron m\u00fasica y llenaron la habitaci\u00f3n de humo, convirtieron a la noche en una bulla insurgente, en un delirio. As\u00ed llegar\u00eda el d\u00eda y continuar\u00edan las jornadas, ten\u00edan responsabilidades y ya no se daban a basto en la ciudad, pues los otros sub\u00edan a la monta\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan se cre\u00eda capaz de encontrar el tesoro. Una tarde de ocio nos pusimos a hablar con la hermana Adela. Hab\u00eda envejecido y hac\u00eda mu\u00f1ecos con hojas de ma\u00edz. Esos mu\u00f1ecos, seg\u00fan ella, ten\u00edan vida propia, les preguntaba sobre sus asuntos y aseguraba obtener respuesta de Zebul\u00f3n, Astrulio, Manas\u00e9s o Cistilia. Al principio nuestra relaci\u00f3n con la hermana Adela fue un juego, and\u00e1bamos ociosos, en ocasiones carg\u00e1bamos un rifle de balines y le dispar\u00e1bamos a las nalgas de las muchachas que jugaban en la cancha de voleibol frente al balc\u00f3n del departamento, est\u00e1bamos dispuestos a prestarle atenci\u00f3n a los nimios y diversos asuntos de la vida. Entonces le segu\u00edamos el juego a la hermana con lo de las existencias en otros mundos, habl\u00e1bamos como si los maestros espirituales nos hubiesen pose\u00eddo y cre\u00e1bamos batallas c\u00f3smicas en mi cuarto. La hermana sent\u00eda estar al frente de una legi\u00f3n de luchadores que implantar\u00eda el reino del espiritismo en el universo.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo transcurr\u00eda dentro de los par\u00e1metros que, hasta entonces, resultaban normales en la casa, pero una tarde las cosas cambiaron mientras ve\u00edamos el futuro en el espejo. Hab\u00edamos preparado el espejo con mucho cuidado, lo guardamos de la luz solar cubri\u00e9ndolo con un trapo negro y lo enterramos por tres d\u00edas. Al traerlo al dormitorio, encendimos una vela blanca y lo descubrimos. Como era de esperar, ni Juan ni yo vimos nada, se reflejaban las caras de los tres, todos llev\u00e1bamos pa\u00f1oletas amarradas a la cabeza, hab\u00eda sido una exigencia de la m\u00e9dium. \u00bfY entonces? Le inquirimos. Sus ojos comenzaron a dar brinquitos, a aclararse, los ten\u00eda amarillos y verdes y brincaban, arrugaba su ce\u00f1o y se concentraba. En esos momentos su cara era inescrutable. \u00bfNo lo ven? Grit\u00f3 de pronto. \u00bfNo lo ven? \u00a1All\u00ed est\u00e1! Nosotros le preguntamos qu\u00e9 estaba all\u00ed, continu\u00e1bamos viendo nuestras cabezas cubiertas por pa\u00f1oletas. \u00a1All\u00ed est\u00e1n los tres hombres del general Falc\u00f3n! Miren: bajan los ba\u00fales, el negro Benito va con ellos, van en arreo de mulas. Ella dijo que hab\u00edan salido de La Vela de Coro. El general Falc\u00f3n, antes de marchar sobre Caracas en el siglo pasado, mand\u00f3 enterrar un tesoro en Paraguan\u00e1. Es cierto, de todas maneras me lo cont\u00f3 mi abuela, dijo la hermana. Antes de que ca\u00f1onearan La Vela y el general se preparara para retomarla, decidi\u00f3 enterrar el tesoro de la Federaci\u00f3n en un lugar seguro. Mand\u00f3 a su segundo, el negro Benito, a esconderlo en el Barbasco, pero una vez elegido el lugar, y luego de haber cavado un s\u00f3tano que frisaron y cubrieron con calicanto, uno de los tres hombres, tras darle la espalda al negro Benito, se volte\u00f3 y lo degoll\u00f3. El negro cay\u00f3 al fondo, sin tiempo ni siquiera de soltar el resuello, los otros llevaron sus manos a la cintura y empu\u00f1aron sus sables, pero recibieron cada uno la descarga de un pistoletazo que les marc\u00f3 la frente. Ortiz, as\u00ed se llamaba, lo s\u00e9, no es un recuerdo, lo s\u00e9, dijo la hermana Adela. Ortiz se llamaba el hombre que le rob\u00f3 el tesoro al general Falc\u00f3n. Nadie sabe c\u00f3mo termin\u00f3, anduvo huyendo por el desierto entre las tunas, comi\u00f3 con los indios, no fue visto nunca m\u00e1s entre criollos hasta el d\u00eda en que lo encontraron al pie de un card\u00f3n, con seis pu\u00f1aladas en el pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>De inmediato, Juan y yo descubrimos nuestras cabezas. Ya empez\u00e1bamos a creer que no se trataba de una jugarreta m\u00e1s. No exist\u00edan indicios para que no lo fuera, pero la hermana Adela era de Paraguan\u00e1 y pod\u00eda estar manejando recuerdos. \u00bfHasta qu\u00e9 punto no ser\u00e1 una tomadura de pelo? Pregunt\u00e9. Ya que le hemos tomado tanto el pelo a ella, ahora ella nos lo toma a nosotros. Se supone que esa era la din\u00e1mica. Decidimos otra sesi\u00f3n, con lectura del vaso de agua. Buscamos velas y esperamos la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de leer sobre la mediumnidad y sus leyes, de recitar un Padrenuestro espiritista, de encomendarnos a los gu\u00edas y protectores, casi le gritamos a la hermana para que comenzara. En nuestra sesi\u00f3n nadie declamaba ni hablaba de cataclismos. Tampoco se habl\u00f3 de caminos, de luz o de verdad. Nos pusimos las pa\u00f1oletas y miramos todos al vaso de agua, un vaso de agua cristalina en la cual se reflejaba el \u00f3valo luminoso del fuego, un fuego no abatido, aureolado de azul. El agua era un elemento claro, quieto, casi muerto, el agua era un elemento contenido, sin ondas, s\u00f3lo m\u00ednimas part\u00edculas se suspend\u00edan frente a nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1All\u00ed est\u00e1n! Nos asust\u00f3 la hermana. \u00bfQui\u00e9nes? Preguntamos. \u00a1Los hombres! \u00bfLos del general Falc\u00f3n? Volvimos a preguntar. \u00a1No! \u00a1Son los hombres del pirata Morgan!<\/p>\n\n\n\n<p>Juan y yo nos miramos, pensamos que la vieja nos tomaba por idiotas. Miren, susurraba, est\u00e1n en Punta Macolla, la nave est\u00e1 anclada fuera de la bah\u00eda, pero all\u00e1 viene el capit\u00e1n Morgan.<\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n Morgan hac\u00eda bogar a sus hombres hacia la playa, ven\u00eda de Maracaibo, acababa de saquear a la ciudad. Desembarcaron y fueron conducidos por un baquiano hasta el monte del Barbasco, en donde se hallaba construida una gruta de calicanto en la cual esconder\u00edan los tesoros, o mejor dicho, reposar\u00edan los enterradores y se guardar\u00eda el tesoro. Morgan sali\u00f3 del agua, un hombre de su confianza, al llegar a punta Macolla tom\u00f3 el bote, Morgan le dijo que \u00e9l guardar\u00eda su secreto y que bien sab\u00eda que guardar silencio era guardar la vida, as\u00ed se adentr\u00f3 al mar mientras un marino rezagado de la tripulaci\u00f3n le abr\u00eda el vientre en canal al baquiano.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed est\u00e1 el tesoro en el Barbasco, dijo la hermana y nos lo se\u00f1alaba, nosotros continu\u00e1bamos mirando el agua contenida, muerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan y yo discutimos. No s\u00e9 en qu\u00e9 momento nos tomamos el asunto en serio, no s\u00e9 por qu\u00e9 cre\u00edmos que en un punto entre Jadacaquiba, el Cabo de San Rom\u00e1n y el Barbasco se encontraba enterrado el tesoro. Yo, porque hab\u00eda crecido en un ambiente en el que es f\u00e1cil cultivar el escepticismo, Juan porque ven\u00eda de una formaci\u00f3n marxista. Le dimos varias vueltas al asunto y llegamos a pensar que el tesoro exist\u00eda y la hermana s\u00f3lo transmit\u00eda algo que hab\u00eda escuchado cuando ni\u00f1a; en los vasos y en los espejos quedan atrapados los recuerdos. La hermana continuaba hablando con sus mu\u00f1ecos o con Piopipar, un maestro superior encarnado en p\u00e1jaro. Insist\u00eda en que todo era cierto, y lo que nos llam\u00f3 la atenci\u00f3n fue su empe\u00f1o en que deb\u00edamos viajar a desenterrar el tesoro cuanto antes.<\/p>\n\n\n\n<p>El Barbasco es un monte dif\u00edcil, la gente se pierde y da vueltas sobre sus huellas y si encuentra el lugar que busca, de alguna manera lo vuelve a perder, es como la vida. Empezamos a estudiar mapas, visitamos la zona, vimos al Barbasco, una mara\u00f1a de vegetaci\u00f3n hiriente y espinosa en la cual uno puede perder la orientaci\u00f3n. Preguntamos a los campesinos y ellos nos reafirmaron la leyenda de un tesoro oculto en el monte. No hab\u00eda que inventar m\u00e1s, deb\u00edamos equiparnos e ir tras \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo ten\u00eda mis dudas, nunca hab\u00eda estado en el monte, la hermana se empe\u00f1aba en acompa\u00f1arnos. Es imposible, le dijimos. S\u00f3lo Piopipar conoce de vuelos, nos advirti\u00f3 la hermana Adela. El m\u00e1s seguro era Juan, a quien pod\u00eda catalogar de veterano. Mientras prepar\u00e1bamos el viaje, me cont\u00f3 sobre su experiencia en las monta\u00f1as de El Bachiller. Ya se hab\u00eda acabado la acci\u00f3n en la universidad y Juan hab\u00eda participado en dos asaltos a bancos, pusieron bombas cerca de la embajada norteamericana y se involucr\u00f3 en la planificaci\u00f3n de un secuestro. S\u00f3lo le quedaba un camino, la polic\u00eda lo persegu\u00eda y era hora de subir al monte. Adem\u00e1s se avecinaba una ofensiva. Dur\u00f3 cuatro d\u00edas, junto a otros compa\u00f1eros, en dar con el campamento, era monta\u00f1a tupida y llov\u00eda permanentemente. En el campamento no reinaba el mejor de los \u00e1nimos, hab\u00edan llegado unos camaradas internacionalistas que conduc\u00edan las operaciones, trataban de imponer disciplina a la guerrilla y evitar su desmembramiento. Juan ya conoc\u00eda cuentos sobre la disciplina, supo lo del suicidio de una comandante en Lara, luego de haber procurado el fusilamiento de otra compa\u00f1era que se hab\u00eda acostado con el jefe pol\u00edtico del destacamento. Juan ten\u00eda miedo, llov\u00eda persistentemente y el grupo se mov\u00eda de noche. Armaron una emboscada, ven\u00edan los soldados del ej\u00e9rcito, un peque\u00f1o convoy, los internacionalistas miraron a los comandantes venezolanos del frente guerrillero y \u00e9stos los retaron, les iban a demostrar el valor del hombre nuevo y salieron al camino, dieron el pecho, todos, internacionalistas y nacionales salieron al camino y comenz\u00f3 el tableteo de los fales, las explosiones de las granadas, un muerto, otro muerto, un jeep quemado, la copa de un \u00e1rbol en llamas. Los comandantes e internacionalistas fallaron la emboscada. Es muy dif\u00edcil fallar una emboscada cuando no la han delatado. \u00bfPor qu\u00e9 hab\u00edan fallado? \u00bfPor qu\u00e9 hab\u00edan matado o detenido a la mitad del grupo? Juan siempre estuvo seguro de que fue una cuesti\u00f3n de orgullo. Los comandantes quer\u00edan demostrarles a los internacionalistas que las bolas del hombre nuevo estaban entre sus piernas, no en las de ellos, y convirtieron lo que deb\u00eda ser una emboscada en un enfrentamiento. Seg\u00fan los cl\u00e1sicos que se han escrito sobre guerra de guerrillas, \u00e9sta debe evitar por todos los medios el enfrentamiento. Al reagruparse continuaban hablando de una emboscada fallida, de falta de disciplina, ya en la ciudad el partido estaba dividido, en el monte tambi\u00e9n, en el comando hubo quien trat\u00f3 de echarle la culpa del fracaso a problemas ideol\u00f3gicos, a la baja moral, entonces, en El Bachiller comenzaron los fusilamientos. Cuenta Juan que dorm\u00eda con el fusil montado y en el pecho, no se iba a dejar matar; porque si de fusilar se trataba, \u00e9l los ejecutar\u00eda primero. Ya no hab\u00eda nada que hacer, no ten\u00eda alternativas, gritaba en medio de las tempestades y se tapaba los o\u00eddos cuando se llevaban al de la guardia anterior acusado de dormirse o de robarse un pote de leche condensada.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche decidi\u00f3 desertar. Eso pasa en los mejores ej\u00e9rcitos, me dijo, por qu\u00e9 no iba a pasar con nosotros, si no hubiese desertado me matan, no estaba con los suyos, all\u00ed las purgas eran continuas, Salt\u00f3 de la hamaca, se intern\u00f3 en la noche y se fue desasiendo de su indumentaria, la poca que le quedaba. Lo \u00fanico que mantuvo hasta el final fue el fusil, pas\u00f3 d\u00edas comiendo ra\u00edces y hierbas, eso era un laberinto, c\u00f3mo le voy a tener miedo al Barbasco. Las quebradas estaban crecidas, las culebras brincaban de las ramas como mosquitos, y los campesinos que lo ve\u00edan, de inmediato tomaban sus machetes y daban gritos. Nunca pens\u00f3 que iba a salir de \u00e9sa, estaba flaco, la fiebre lo paralizaba en su huida. Era sensato huir, irse de la vida, sumirse en la fiebre. Entonces una certeza, un sue\u00f1o, la caricia del ala de un \u00e1ngel le hizo sentir que de alguna manera encontrar\u00eda la forma de poder contar sus aventuras, pero cu\u00e1l aventura, el ala o la certeza lo cobijaban, pas\u00f3 un r\u00edo en el que perdi\u00f3 su fusil y de all\u00ed en adelante anduvo guiado por una sola sensaci\u00f3n, la de su fiebre, pens\u00f3 que as\u00ed se debieron sentir quienes estuvieron picados por la fiebre del oro, ahora \u00e9l estaba arrastrado por la fiebre del oro, querer vivir puede ser fiebre o puede ser oro. Lleg\u00f3 a una carretera pavimentada y se le atraves\u00f3 a un cami\u00f3n. El conductor, en vez de entregarlo, le dio de comer y de beber, le compr\u00f3 ropa, le alcanz\u00f3 un dinero para que tomara un autob\u00fas y llegara hasta donde ten\u00eda que llegar.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, me dijo, \u00bfqu\u00e9 me salv\u00f3? La fiebre del oro. Hasta ahora me he mantenido vivo para cobrar mi oro, la vida le tiene guardado un tesoro a cada uno de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Preparamos detalladamente la expedici\u00f3n; seg\u00fan nuestros planes, no deber\u00eda ser muy complicado el asunto, se trataba sencillamente de buscar una tumba de calicanto en el Barbasco.<\/p>\n\n\n\n<p>Paraguan\u00e1 es \u00e1rida, solitaria y confusa, es una pen\u00ednsula casi redonda. Por ella transitamos y dormimos al viento bajo las noches m\u00e1s completas, esf\u00e9ricas y estrelladas que pueda concebirse. Eran parecidas a las noches de un c\u00f3mic. Bajamos de cabo San Rom\u00e1n y montamos campamento a las orillas de una acequia de invierno. Por los datos de la hermana y de los campesinos, la tumba de calicanto estaba al sur de Punta Macolla. Entonces, nuestro radio de b\u00fasqueda se comprim\u00eda lo suficiente como para explorarlo en poco tiempo y dar con ella. En principio no nos separar\u00edamos, llev\u00e1bamos br\u00fajulas, cada tarde nos reunir\u00edamos en la acequia de invierno y volver\u00edamos al campamento, no deb\u00edamos dormir fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer d\u00eda estuvo lleno de entusiasmo y hallazgos. Conseguimos dos o tres construcciones de calicanto en forma de c\u00famulos, luego dimos con un lugar donde hab\u00eda tres fogatas indias, m\u00e1s adelante nos tropezamos con una caverna en el horadado suelo. Decidimos regresar para evaluar la excursi\u00f3n, al d\u00eda siguiente tratamos de dar con los t\u00famulos de calicanto, ten\u00edamos la ropa sucia, la piel pegajosa, perdimos todo el d\u00eda buscando los t\u00famulos. En su lugar encontramos s\u00f3lo una fogata india, no nos explicamos d\u00f3nde hab\u00edan ido a parar los t\u00famulos habiendo tomado las previsiones para encontrarlos de nuevo. Volvimos al campamento, ahorr\u00e1bamos agua y com\u00edamos dos veces al d\u00eda, apenas tom\u00e1bamos caf\u00e9 y nos sum\u00edamos en un sue\u00f1o absoluto. Salimos de nuevo y no dimos ni con los t\u00famulos de calicanto ni con las fogatas indias, ni con las otras se\u00f1ales. Ya la tierra hab\u00eda formado una capa de arcilla sobre nuestras caras, las manos estaban inflamadas por el calor y ten\u00edamos las pesta\u00f1as y cejas grises. No tom\u00e1bamos demasiada agua, entonces volvimos al campamento con los labios hechos jirones. As\u00ed anduvimos sin sacar nada en limpio durante una semana. Est\u00e1bamos perdidos en medio de un mar de tunas, los cabritos nos hac\u00edan compa\u00f1\u00eda, no eran referencia, todos eran negros o blancos y gritaban como demonios. Mi \u00e1nimo estaba por el piso, se lo dije a Juan, quien ya no ten\u00eda rostro, era una pieza de arcilla, roja y cuarteada. Me respondi\u00f3 que no pod\u00edamos dejar este asunto as\u00ed, que \u00e9l ya hab\u00eda desertado una vez, que estaba seguro, que hab\u00eda se\u00f1ales que lo probaban, por ejemplo, los t\u00famulos de calicanto y las fogatas indias, las grutas en la tierra, esas cosas que aparecen y desaparecen a pesar de haberlas dejado se\u00f1aladas, no eran gratuitas. Me afirm\u00f3 que ten\u00eda una teor\u00eda, que pod\u00eda parecer alocada, pero que si no hab\u00eda l\u00f3gica en la b\u00fasqueda, no deb\u00edamos andar buscando nuestro asunto con l\u00f3gica. La hermana Adela ten\u00eda raz\u00f3n, esto es cosa de muertos, hay dos tesoros, el de los piratas y el del general Falc\u00f3n. Los ayudantes no eran enterrados \u00fanicamente para que guardaran un secreto, \u00e9l hab\u00eda so\u00f1ado con Ortiz y vio c\u00f3mo de su pecho agujereado sal\u00eda un hermoso p\u00e1jaro, no me supo decir qu\u00e9 clase de p\u00e1jaro, era un p\u00e1jaro enorme y volaba y volaba sobre el Barbasco, \u00e9l hab\u00eda sentido los aleteos. Ortiz le hab\u00eda dicho que sigui\u00e9ramos al p\u00e1jaro, el p\u00e1jaro nos indicar\u00eda d\u00f3nde estaban las dos tumbas de calicanto con nuestros tesoros enterrados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1No entiendes, carajo, cada hombre tiene un tesoro en esta tierra!<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed salimos antes de que terminara de levantarse el sol. Yo me sent\u00eda in\u00fatil, repet\u00eda una historia b\u00edblica, daba pasos en c\u00edrculo en el desierto y fue entonces cuando me di cuenta de que la tierra prometida me estaba negada. Ya \u00e9ramos hombres de arcilla, sobre nuestra ropa y nuestra piel se hab\u00eda formado una gruesa y quebradiza capa roja, \u00e9ramos aridez y yermo en el paisaje y en el paisaje como los t\u00famulos de calicanto y las fogatas nos mov\u00edamos. \u00c9ramos paisaje. Vag\u00e1bamos y viv\u00edamos entre iguanas y chivos, las culebras dejaban sonar sus cascabeles sobre nuestras manos, las espinas se cuidaban de nuestro paso.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no hay nubes en el cielo, pero Juan sigue un aleteo, un fuerte y absoluto aleteo que lo hace desbocar sobre las espinas. Yo le doy la espalda sin ning\u00fan dilema, no corro mientras lo abandono, mi paso es tranquilo, s\u00f3lo escucho en la inmensidad la voz de Juan:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Piopipar! \u00a1Piopipar! \u00bfEst\u00e1s por ah\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La casa verde<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>No digas que fue un sue\u00f1o<\/em>. K. Cavafis<\/p>\n\n\n\n<p>Uno conoce a alguien y sabe que no le hablar\u00e1 jam\u00e1s en la vida. Funciona como la qu\u00edmica, el sexo, las perversiones. Antonio se convirti\u00f3 en una referencia por motivos peregrinos. La fama de pistolero, la amargura de sus sentencias, aunque \u00e9stas fueran irrelevantes y su rostro; el sudor, la hirsuta barba, su insistencia en llevar abrigo en pleno mediod\u00eda, me hicieron marcar una obsesiva distancia que se tradujo finalmente en un sutil inter\u00e9s. Yo me dedicaba a la rese\u00f1a de libros y le\u00ed un cuento largo que le publicaron en una editorial alternativa. De nuevo, pese a estar ante un texto meritorio, sent\u00ed que se activaba un detalle desagradable, una fisura. Rese\u00f1\u00e9 su cuento para una revista de econom\u00eda, la rese\u00f1a fue favorable, mis amigos me acusaron de pretender ser ir\u00f3nico. Dijeron que no sab\u00eda manejarme con los afectos y que hasta disfrutaba con el ensa\u00f1amiento. Nadie se maneja bien con los afectos y mi sa\u00f1a tiene un sentido que se aplica a la ambig\u00fcedad de la figura. Yo no pod\u00eda dejar de frecuentar los lugares que \u00e9l frecuentaba, de interesarme por sus mujeres, sus opiniones sobre la vida y la muerte, y si me lo encontraba, le hac\u00eda un gui\u00f1o, intentaba la cordialidad o intercambiaba palabras casuales. El nunca supo lo de la rese\u00f1a en la revista de econom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>No lo vi de nuevo y he comenzado a sentir los estragos de la ausencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Me cont\u00f3 Manuel que lo hab\u00eda dejado el viernes luego de vagar toda la tarde por los bares del Este de la ciudad. A Antonio s\u00f3lo le gusta beber en bares del Este. S\u00f3lo le gusta beber en los bares chinos del Este, agreg\u00f3. Siempre dice que no sabe beber sino en barras donde un dios rojo y azul de alguna manera lo observa.<\/p>\n\n\n\n<p>Andaba mal, sabes, me cont\u00f3 sobre La Casa Verde. Yo de inmediato cre\u00ed que se trataba de la novela, pero me dijo que hab\u00eda estado all\u00ed, yo le segu\u00eda la corriente, pero me grit\u00f3, casi escup\u00eda mi cara, Piura queda a la vuelta, all\u00e1 en la esquina; sonre\u00ed, no te r\u00edas, pendejo, La Casa Verde est\u00e1 ac\u00e1 en la esquina y dudo que pueda sobrevivirla.<\/p>\n\n\n\n<p>Antonio al final no ment\u00eda. Llev\u00f3 a Manuel, siguiendo una sencilla ruta de bares, hasta una calle en la cual efectivamente, una casa de tapias verdes y techumbre de zinc se levantaba sobre truncos palos de eucalipto. Vamos a tomar unas cervezas. No entraron a La Casa Verde, sino a la barra de un bar, justo al lado. Manuel, tras pedir una ronda, le pregunt\u00f3 de qu\u00e9 se trataba aquello.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un burdel, bebi\u00f3 a pico de botella, una arruga fina y persistente le cruz\u00f3 la mejilla, el fr\u00edo le recorr\u00eda el es\u00f3fago y el sudor perlaba su frente, de qu\u00e9 te extra\u00f1as, g\u00fcev\u00f3n, hay putas al lado, putas baratas, eso hay que celebrarlo de alguna manera. Al final no hay que viajar al Per\u00fa ni desenmara\u00f1ar los recuerdos de un escritor para que la realidad te d\u00e9 uno de esos carajazos que suele dar.<\/p>\n\n\n\n<p>Manuel me dijo m\u00e1s tarde que al principio se hab\u00eda confundido un poco, en realidad era extra\u00f1o eso de encontrar la casa Usher y participar en su ca\u00edda, pero burdeles hab\u00eda en todas partes, verdes y s\u00f3rdidos, novelescos, qu\u00e9 otra cosa son los burdeles. Yo disent\u00eda, he conocido lugares demasiado pat\u00e9ticos en los cuales se le contin\u00faa poniendo precio al culo. En realidad lo que le extra\u00f1\u00f3 a Manuel fue que Antonio le afirmara que no sobrevivir\u00eda a la casa verde. Desde alg\u00fan tiempo dec\u00eda que su vida ten\u00eda ya el punto final, que no aguantaba m\u00e1s el orden de una ma\u00f1ana, que no vivir\u00eda de nuevo otro desorden nocturno. Su vida hab\u00eda sido construida de noche, desde los lejanos a\u00f1os de la clandestinidad de su padrastro. En su intento por darle continuidad a un estilo subversivo, la noche fue un tinglado, de noche todos los gatos son pardos, dec\u00eda el abuelo, de noche se iba a una reuni\u00f3n en un caf\u00e9 del Centro Plaza para planificar el secuestro del Rey de las Telas.<\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda era un recuerdo. Antonio lo recordaba como secuencias circunscritas a su primera infancia, y ese recuerdo era mirarse sentado frente a la puerta de su casa, en aquel tiempo, alta y azul, majestuosa, a pesar de levantarse en medio del pasaje de un barrio miserable de Caracas. En aquel pasaje hizo las pocas cosas que pudo hacer de ni\u00f1o, jugaba pelota de goma, patinaba hasta dejar en sus pies la sensaci\u00f3n de haber quedado desplaz\u00e1ndose sobre ruedas por la eternidad, mont\u00f3 bicicleta y se mare\u00f3 uno que otro fin de a\u00f1o junto a los amigos. Robaban las bebidas de las mesas y se iban por las calles y largaban alaridos, \u00e9l era una aviesa criatura: recuerda su primera cerveza. Un domingo, el novio de una t\u00eda abri\u00f3 la maletera del auto y Antonio descubri\u00f3 que guardaba latas de cerveza en una cava. Tom\u00f3 una, la destap\u00f3 y dej\u00f3 que reventara en su cara la espuma fr\u00eda. La lami\u00f3 y la bebi\u00f3 como un lobezno. La escuela y algunos ratos en la playa se confundieron con aquella temporada en la casa de una t\u00eda en la provincia. Todo se verti\u00f3 all\u00ed, en una ebanister\u00eda donde trabajaba un robusto alem\u00e1n que roncaba por las noches como un puerco y que hablaba con nudos en la lengua, no por desconocimiento del idioma; sufr\u00eda una extra\u00f1a enfermedad, eso le dijeron, nadie supo explicar qu\u00e9 demonios le hab\u00eda pasado en la lengua a su t\u00edo de Bavaria. Ten\u00eda la cara redonda y un bigotito corto parecido al de Hitler; siempre imagin\u00f3 que el esposo de la t\u00eda no era otro que un criminal de guerra; esa man\u00eda de mi familia de ponerse al margen, de pensar que era bueno no ser normal; en esos momentos, Antonio alzaba la botella y se felicitaba ante todos los borrachos de la barra por esa especie de romanticismo empedernido.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fondo de la ebanister\u00eda estaba el patio y en medio un cerezo que se desnudaba insidiosamente. Las gallinas y la garza junto a los montones de gaseosas siempre heladas en una nevera exclusiva para las gaseosas, fueron los destellos de ese orden del cual quedar\u00eda excluido, repite y brinda, por la idea tan putamente deliciosa de esta vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso no era nada especial. Perder un d\u00eda el sentido del orden le pasa a todo el mundo, dijo Manuel a Antonio, no es como para que me traigas a este sitio y me hables de que ya se te agot\u00f3 el cartucho de balas, que no puedes continuar escribiendo, pero Antonio puso algo en la rocola y vino ba\u00f1ado en l\u00e1grimas. Cont\u00f3 que hab\u00eda montado muchas veces la pistola, que le ense\u00f1aron a calzar el carro a los trece a\u00f1os, que su sue\u00f1o en alg\u00fan momento fue asesinar a un enemigo, entrar abruptamente a un banco y robarlo, alguna vez crey\u00f3 que se preparaba para eso, para caerle a tiros a las patrullas en medio de una virulenta manifestaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Record\u00f3 que mucho despu\u00e9s de haber salido de la casa de su t\u00eda, luego de vivir la vida revolucionaria de su padrastro y de los compa\u00f1eritos de partido de su padrastro, \u00e9l milit\u00f3 de veras. Siempre hubiese querido ir al monte a matar soldados o participar en asaltos comando en las ciudades, pero cuando me toc\u00f3 a m\u00ed, dijo, ya todo ven\u00eda de vuelta, no hab\u00eda lucha armada ni sentido de revoluci\u00f3n; sin embargo, persistente en esa man\u00eda escrupulosa de ponerme al margen de la ley, mand\u00e9 todo al diablo y me fui a militar en un barrio: hac\u00edamos de todo en los barrios, los compa\u00f1eros de la universidad iban a vender el peri\u00f3dico del partido y se asombraban de que los malandros, los matones de esquina, el Cara \u2018e Co\u00f1azo, Cabilla o el mismo Nectario les compraran el panfleto: son todo un \u00e9xito las batidas de los domingos rojos, hasta los lumpen se interesan por nuestras cosas, les comentaban luego los camaradas de la facultad de humanidades, que terminaban cosechando entre lecturas de Benedetti, o entre las notas de la Nueva Trova Cubana, las h\u00famedas totonitas de la extrema izquierda. Lo que nunca les contamos a nuestros compa\u00f1eros que versificaban al montevideano, es que la noche anterior a Cara \u2018e Co\u00f1azo o a Nectario tres pendejos del barrio les hab\u00edan metido las pistolas en la boca para garantizar un buen comportamiento y el \u00e9xito de la jornada revolucionaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 ten\u00eda que ver la pistola, saber halar el carro, poner o quitar resortes, limpiar con aceite los canales y percutores, pasar un seguro o estar al margen de las cosas con La Casa Verde? Llegu\u00e9 a preguntarle a Manuel. Vainas de borracho, me dijo, con ganas de largar la noche y terminar pagando por soltar el esperma dentro de un pocillo sobre una cama de mala muerte; sin embargo, me he empe\u00f1ado en creer que Antonio se la pas\u00f3 con un amago de hacer cosas, eso dec\u00eda. Yo hubiese sido un h\u00e9roe o un buen tirador, en ocasiones me imaginaba vestido con mallas medievales y una ballesta entre las manos, pero la historia se agot\u00f3, ya no pod\u00eda pensar en la gente miserable por redimir, hubiese podido ser un gran corredor de autos, pero me estrell\u00e9 en una curva en Chuao y no pude comprarme otro carro, se imagin\u00f3 corriendo mundo y hasta perpetrando alg\u00fan tipo de tarea en un comando terrorista, pero, sonre\u00eda, no hab\u00eda llegado muy lejos, nadie pod\u00eda llegar muy lejos, los que lo hacen son ilusorios o ilusiones, ponle el nombre que quieras, la gente da pasos y cree que camina largos trechos y de repente se ve tomando en el mismo bar y hablando la misma pendejada.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo un momento en el cual mi rama son\u00f3, yo sent\u00ed el crujido, dijo Antonio. Andaba flaco y ojeroso pero ten\u00eda una remota euforia con eso de estar al lado de La Casa Verde. Manuel lleg\u00f3 a creer que andaba enfermo, todo su pesimismo radicaba en eso, en saberse enfermo, a pesar de sus desmanes, no le iba mal, era un buen creativo en una agencia de publicidad, escribi\u00f3 un solo cuento que aun le celebran en los c\u00edrculos literarios; pero en las vidas las ramas se quiebran, entonces surge el dilema de pasarla o terminarla, tal cual lo hab\u00eda le\u00eddo.<\/p>\n\n\n\n<p>Era de noche. La casa de mi t\u00eda estaba iluminada. Al entrar nos encontramos con los muebles patas arriba, y unos hombres trajeados de negro me tomaron por un brazo y me sacaron a un peque\u00f1o auto, me separaron de mi mam\u00e1, todo fue vertiginoso, estaba preso, ten\u00eda ocho a\u00f1os. Aquellos hombres eran los malos, al fin hab\u00edan llegado los malos a nuestra casa y sacaban sus armas y acabaron con el d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Antonio fue de nuevo a la rocola y puso un bolero, el tema era de mal gusto hasta para una mesonera, yo sab\u00eda que no era amigo del bolero que pon\u00eda, lo detestaba y eso le causaba un rec\u00f3ndito placer, me contar\u00eda Manuel m\u00e1s adelante, se empe\u00f1aba en armar un drama, la casa verde al lado y nosotros bebiendo mucho; fue entonces cuando me dijo que estaba enamorado, pero si \u00e9l no se enamoraba de nadie, as\u00ed dec\u00eda, en una ocasi\u00f3n tuvo un rollo con una ni\u00f1a de la Escuela de Periodismo, se la pasaban juntos, se los ve\u00eda en las tascas o adormecidos en las barras de los bares chinos, hasta pretendieron irse a Boa Vista tras pedir un carro prestado, quer\u00edan vivir en ese pueblo, yo les solt\u00e9 que los pueblos de frontera son infames. Irma sonre\u00eda y me hac\u00eda gestos c\u00f3micos, se guindaba al cuello de Antonio, le lam\u00eda la cara, perd\u00eda sus finos brazos entre su camisa y empezaba a besarlo con agresividad, yo ladeaba el rostro, no me gustan las exhibicionistas, se lo dije mientras orin\u00e1bamos y esa fue la \u00fanica vez que me levant\u00f3 la mano, pero la dej\u00f3 caer sobre la loza del ba\u00f1o. Respir\u00f3 profundo, su pecho iba y ven\u00eda como un oc\u00e9ano, est\u00e1bamos encerrados y se puso a re\u00edr, se puso a re\u00edr a carcajadas, a todas las mujeres les gusta que las vean meterle mano a su hombre, continuaba ri\u00e9ndose, todas terminan mostr\u00e1ndose a los otros, esa es la verdad, se acuestan con quien las ve, las huele o las escucha en el momento en que aman. Fue al lavamanos y abri\u00f3 el grifo, se ech\u00f3 abundante agua en el pelo, parec\u00eda que sudaba, ped\u00eda perd\u00f3n y me repet\u00eda que todas las mujeres eran as\u00ed, que no hab\u00eda vuelta, que en realidad no amaba a Irma, \u00e9l no iba a amar nunca a ninguna mujer, fue en ese momento cuando volte\u00f3 y me mir\u00f3 extraviado. S\u00f3lo se dejan amar los h\u00e9roes, es su lujo.<\/p>\n\n\n\n<p>Salimos a la barra y comenz\u00f3 a jugar con Irma, le preguntaba qu\u00e9 pretend\u00eda ella con eso de irse a Boa Vista. \u00bfEsperaba encontrar mucho oro? \u00bfTraer mucho oro? En Boa Vista no hay oro ni nada que refulja, y le pregunt\u00f3 de nuevo para qu\u00e9 co\u00f1o viaja una mujer y lanz\u00f3 una carcajada, estaba fuera de si: \u00a1Para dar el culo! Vino el silencio, las interpretaciones, los lugares comunes que presuponen el disgusto. Ya Irma no me miraba como antes, se ajustaba la blusa con vuelitos de marinero. Tampoco miraba de frente a Antonio, quien rompi\u00f3 el silencio con otro grito: \u00a1Para Brasil, para ese maldito pueblo de frontera, te vas a ir sola, puta del co\u00f1o! Y abandon\u00f3 el bar corriendo. Esa noche Irma y yo la pasamos bien. Hay quienes no ignoramos las revanchas.<\/p>\n\n\n\n<p>No supimos nada de Antonio por d\u00edas, no fue a trabajar a la agencia, no se le vio sentado en el caf\u00e9 de siempre, rastreamos los bares chinos del Este de Caracas; Irma, luego de ir a la morgue y a los hospitales, comenz\u00f3 el gran drama, iba a la casa de la mam\u00e1 y le suplicaba que no se lo escondiera, que ella andaba mal y se disculpaba conmigo, dec\u00eda que aquella noche estaba demasiado frustrada y borracha para pensar nada claro, nos suplicaba a los amigos que por favor le dij\u00e9ramos que lo esperaba, que no entend\u00eda nada de la vida o del amor. Esa mujer empezaba a molestarnos, la elud\u00edamos, una tarde me cit\u00f3 a una barrita china y me dijo, Antonio est\u00e1 aqu\u00ed, ya ha vuelto al trabajo. Se tom\u00f3 dos cervezas en silencio y se fue, m\u00e1s nunca supe de ella. Era espigada, blanca como una porcelana h\u00fangara, bella.<\/p>\n\n\n\n<p>Antonio hab\u00eda regresado. Estuvo en Boa Vista, lleg\u00f3 hasta Salvador do Bah\u00eda, hab\u00eda viajado y contaba toda suerte de aventuras, hab\u00eda decidido que en vez de llevarse a una mujer a un lugar, es mejor tra\u00e9rsela. Y as\u00ed lo hizo. Se trajo a una mujer que nunca amar\u00eda. Desde el comienzo los amigos tuvimos las m\u00e1s amplias libertades con ella. Luego se sabe lo que hizo Antonio, dej\u00f3 a la brasile\u00f1a por una enfermera y a la enfermera por una vendedora de ropa \u00edntima, y de all\u00ed en adelante cabe decir que su vida ni siquiera fue promiscua y descuidada, sencillamente estaba desprovista de historia. Eso es lo mejor que le puede suceder a uno, prescindir de las historias de amor, son un fastidio. Fue entonces cuando me cont\u00f3 Manuel que le dijo Antonio que su padrastro llevaba la foto de la mam\u00e1 en la cartera una tarde cuando intentaron detenerlo, \u00e9l lanz\u00f3 la cartera al piso y dispar\u00f3 tantas veces como balas ten\u00eda en su arma, la carg\u00f3 y se fue corriendo entre autos y personas y disparaba, nunca supo cu\u00e1ndo dej\u00f3 de disparar. Yo vi el cad\u00e1ver del hombre, me dijo, ten\u00eda varios tiros en el cuerpo, los polic\u00edas me pegaban la cara al vidrio que separaba al muerto de nosotros y me gritaban que eso lo hab\u00eda hecho mi papito. Call\u00e9, me preguntaron cosas, la polic\u00eda pregunta cosas, pero yo s\u00f3lo recordaba los muebles patas arriba, cre\u00eda escuchar al viejo b\u00e1varo de lengua tartamuda responder algunas preguntas a gritos, me pareci\u00f3 un viejo idiota en aquel momento, mi mam\u00e1 esposada, mis hermanos encerrados en un cuarto y todos terminamos con nuestros culos en una comisar\u00eda de Caracas. Esa era la parte prescindible de la historia, me dijo, o sea, ser\u00eda ideal podar de ripios una historia personal como se despoja a un poema, esa parte de la historia no ha debido ocurrir nunca, ese era el punto que me hubiese reservado. En realidad no te entiendo, dijo Manuel, no hab\u00eda nada que entender en la vida de un hombre contest\u00e9 yo, y le pregunt\u00e9 qu\u00e9 ten\u00eda que ver todo esto con la casa verde y eso de que Antonio estaba enamorado.<\/p>\n\n\n\n<p>Me mir\u00f3 como a un idiota y se encogi\u00f3 de hombros, entonces fue cuando Antonio me tom\u00f3 de un brazo y me solt\u00f3 que iba a entrar por esa puerta, me se\u00f1al\u00f3 la entrada de la casa verde: finalmente se justificar\u00eda, ten\u00eda dos d\u00edas intentando penetrar a su chica, s\u00ed, su chica, <strong>\u00e9sta<\/strong> s\u00ed era su chica, como dicen los gringos, pero no me funciona este asunto y se agarr\u00f3 la entrepierna, porque t\u00fa sabes, a pesar de lo que te he dicho, cuando uno llega a esta edad y se confronta con un mundo que no se corresponde contigo, se debe sentar cabeza y hacer un punto bien definido en el papel, pero tambi\u00e9n se te debe parar la verga cuando las circunstancias lo exigen. \u00bfQu\u00e9 quer\u00eda decir con todas aquellas im\u00e1genes de borracho? No me lo preguntes. Me cont\u00f3 que adentro lo esperaba la mujer con quien se ir\u00eda de una buena vez, trataba de hablar como si armara un di\u00e1logo de una vieja pel\u00edcula, que ya conoc\u00eda, la conoc\u00eda mucho, era como si fuese su primera y lejana novia, un reencuentro. \u00bfEst\u00e1s seguro? Le pregunt\u00e9 por decir algo, hab\u00eda ido a la cama ya dos veces con ella, es la gloria, no es que tenga un cuerpo contundente, te lo dije, no la he podido penetrar, o s\u00ed, s\u00f3lo un poquito, no s\u00e9 bien, he visto chocar mi barriga con su vientre, tiene un aro en el ombligo y un tatuaje en la ingle; pero no la he podido cargar como se debe, es por eso de la edad y el alcohol, ella es joven, flaca, las tetas ya caen y a pesar de ser muy blanca tiene los pezones renegridos, pero es bonita, he rozado mi cara con la suya y es sutil, \u00bfsabes lo que es sutileza? Me pregunt\u00f3. Yo tampoco. Uno se la pasa buscando mujeres intensas, bellas, inteligentes; mujeres que se saben vestir y que pueden causarte un dolor de pecho al mostrarte la dentadura, pero si una mujer roza su mejilla a la tuya y es como una brisa, comprendes que siempre va a ser tersa, te das cuenta de que el amor no tiene muchas letras y que no reviste a un conjunto de huesos. Manuel, le tengo miedo a los huesos, me dijo y todos perderemos finalmente la piel.<\/p>\n\n\n\n<p>Pidi\u00f3 la cuenta y una cerveza para m\u00ed. Iba a entrar. Se arregl\u00f3 la camisa, se ajust\u00f3 el cierre de los pantalones y se pas\u00f3 la mano por el pelo, no volte\u00f3 a verme, se fue como un cobarde.<\/p>\n\n\n\n<p>Temprano en la ma\u00f1ana supe que se hab\u00eda matado.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/israel-centeno\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Israel Centeno La expedici\u00f3n de los mu\u00f1ecos La gente vive para encontrar un tesoro. Ahora estoy m\u00e1s all\u00e1 de la pretensi\u00f3n de hacerlo. Hoy me hundo en una poltrona y no dejo que ning\u00fan sobresalto me haga creer en las oportunidades. 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