{"id":15743,"date":"2025-04-06T19:12:59","date_gmt":"2025-04-06T23:42:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15743"},"modified":"2025-04-06T19:14:36","modified_gmt":"2025-04-06T23:44:36","slug":"la-guerra-de-zingg","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-guerra-de-zingg\/","title":{"rendered":"La guerra de Zingg (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Norberto Jos\u00e9 Ol\u00edvar<\/h4>\n\n\n\n<p>1941, Diciembre 01<\/p>\n\n\n\n<p>Palade\u00f3 un enorme buche de whisky y sinti\u00f3 un ardor riqu\u00edsimo. Luego aspir\u00f3 para refrescarse la tr\u00e1quea y trag\u00f3 la saliva que le quedaba repasando el sabor del alcohol.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSe\u00f1or Hans Larsen?\u2014lo interrumpi\u00f3 un mesonero que le not\u00f3 una mueca de disgusto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfS\u00ec?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo busca el se\u00f1or Werner Pruchtow \u2014dijo y esper\u00f3 a que le ordenara qu\u00e9 hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014D\u00edgale que pase. Tambi\u00e9n estoy esperando a otras personas. Apenas lleguen no me venga a preguntar nada, h\u00e1galas pasar y ya, \u00bfentendi\u00f3? \u2014dijo molesto por el calor.<\/p>\n\n\n\n<p>Se par\u00f3 de la barra y se fue a una de las mesas. Decidi\u00f3 quitarse el saco de dril blanco y acomodarse los tirantes. Se soplaba con el sombrero. Record\u00f3 que ese d\u00eda cumpl\u00eda diecisiete a\u00f1os de haber llegado a la ciudad. El viaje hab\u00eda sido largo y latoso. De Alemania a Italia, luego a Espa\u00f1a donde compr\u00f3 un billete de la l\u00ednea Ybarra para abordar el <em>Cabo de Hornos<\/em> y navegar directo a La Guaira. All\u00ed descans\u00f3 un par de d\u00edas y se embarc\u00f3 en el <em>Carabobo<\/em>, de la L\u00ednea \u00abD\u00bb Roja de Vapores, hasta el puerto de Maracaibo. Cuando apenas desembarcaba, sinti\u00f3 c\u00f3mo se lo tragaba el bullicio, el solazo y el calor\u00f3n del malec\u00f3n: vendedores de caf\u00e9, cacao, papel\u00f3n, conservas, tabaco, cuerdas, pl\u00e1tanos, carnes de ganado y un mont\u00f3n de cosas que no pudo reconocer, se le atravesaban y le ofrec\u00edan sus productos al verlo catirito, larguirucho y con buena pinta. El t\u00edpico extranjero al que hab\u00eda que sacarle alg\u00fan provecho, pensar\u00edan. Tan pronto logr\u00f3 salir del malec\u00f3n, empez\u00f3 a preguntar por el negocio de su compatriota Gustavo Zingg, \u00bfuna curtidur\u00eda?, \u00bfuna tener\u00eda?, algo as\u00ed. Tiene que ver con pieles, cueros, cosas de esas, zapatos, \u00bfme entiende?, hasta que alguien le dijo que era en la avenida Libertador.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue la primera vez que habl\u00f3 con Zingg. \u00c9ste se hab\u00eda mostrado amable, hasta feliz de ver a un coterr\u00e1neo reci\u00e9n llegado. Le pregunt\u00f3 por el camarada Werner Pruchtow y Zingg le explic\u00f3 la direcci\u00f3n. En esa ocasi\u00f3n, Larsen sopado aceptarle la invitaci\u00f3n a cenar, pero le prometi\u00f3 que pronto regresar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfA qui\u00e9nes pudo confirmar para la reuni\u00f3n, camarada Wemer? \u2014habl\u00f3 impaciente. Cruz\u00f3 las piernas sin dejar de soplarse con el sombrero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Viene el c\u00f3nsul Hartwig von Jess, Heidenreich, Bruno Kaselom, Van Dissel Rhode, Hans Zittelosen, Gustavo Zingg, Hartmann, Pfeiffer, Kurt Schanz, Walter Behling y Karl Vot, todos los que me dijo, camarada Larsen.<\/p>\n\n\n\n<p>El sombrero era insuficiente pum espantar el calor y el sopor que lo fustigaban. Se levant\u00f3 de la mesa tipo Viena y se detuvo frente a la ventana. Ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que los ventiladores del techo s\u00f3lo estaban revolviendo el fuego que flotaba en el bar. Pruchtow lo miraba en silencio desde la barra, saboreando una limonada. Larsen cerr\u00f3 los ojos y se le vino a la cabeza la imagen de Rita, su perfume, y hasta crey\u00f3 estarla acariciando. Pero ten\u00eda que esconder sus sentimientos, no era conveniente que Rita llamara la atenci\u00f3n m\u00e1s de la cuenta, por eso se le ocurri\u00f3 decir que era su hermana. De todas maneras, ella permanecer\u00eda recluida, si as\u00ed pod\u00eda decirse, en la Casa Gustloff, concentrada en su misi\u00f3n, hasta que tuviera que irse a la Colonia Tovar y finalmente de vuelta a Berl\u00edn. Y cuando Larsen pensaba que ese d\u00eda estaba cada vez m\u00e1s cerca, lo invad\u00eda un maldito escozor que lo pon\u00eda de malas. Mascullaba que Rita apenas hab\u00eda llegado y que era demasiado pronto para marcharse. Record\u00f3 la carta donde ella le anunciaba que llegar\u00eda a Maracaibo el 31 de julio de 1941. Y a\u00fan lo desencajaba la emoci\u00f3n que a duras penas logr\u00f3 disimular ese d\u00eda frente a Pruchtow:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acaba de llegar un vapor, camarada Larsen. Est\u00e1 atracando en el muelle.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1l?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>El Progreso<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ese es. La doctora Rita Hausschild descendi\u00f3 del Progreso y camin\u00f3, sonriendo, directamente hasta Larsen, dej\u00f3 las maletas sobre las tablas del muelle y lo abraz\u00f3 con fuerza. Not\u00f3 a Pruchtow y supuso que acompa\u00f1aba a Larsen: \u00ab\u00a1 Heil Hitler!, \u00bfcamarada&#8230;?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Werner Pruchtow, Doctora, para servirle. Perm\u00edtame llevarle su equipaje.<\/p>\n\n\n\n<p>La Doctora agarr\u00f3 a Larsen por el brazo y se dej\u00f3 llevar hasta el Packard de 12 cilindros que les hab\u00eda prestado Da Costa G\u00f3mez para la ocasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfMe conseguiste las muestras y los equipos que te ped\u00ed, Hans? \u2014dijo la Doctora sosteni\u00e9ndose el sombrero con la mano\u2014. \u00a1Maneje m\u00e1s despacio, camarada Pruchtow, que me voy a quedar sin sombrero! \u2014grit\u00f3 sin molestarse.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Claro Rita, t\u00fa sabes que s\u00ed. No fue nada f\u00e1cil. Esta es una ciudad peque\u00f1a y casi todo el mundo se conoce, as\u00ed que imag\u00ednate lo dificultoso del asunto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nunca es f\u00e1cil, Hans, por grande o peque\u00f1o que sea el lugar. A\u00fan en Dachau y en Auschwitz ha sido un dolor de cabeza, la gente siempre desconf\u00eda, pero las \u00f3rdenes hay que cumplirlas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQuieres comer algo, Rita? \u2014le pregunt\u00f3 Larsen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, gracias. Vamos a ver los expedientes de esas muestras, por favor. Luego nos vamos a tu casa, \u00bfest\u00e1s de acuerdo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Como t\u00fa quieras, Rita. Vamos a la Casa Gustloff, camarada Werner, con las previsiones de siempre \u2014le orden\u00f3 Larsen tomando de la mano a la Doctora y sonriendo satisfecho\u2014. Nos deja en el sitio y se puede retirar. No olvide devolverle el carro al se\u00f1or Da Costa G\u00f3mez y le da las gracias en mi nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Larsen sali\u00f3 de la Tener\u00eda de Zingg rumbo a la casa de Pruchtow en la calle Ciencias. El peso de la maleta, y la candela que le calentaban las suelas de los zapatos iban a matarlo. Estuvo tentado a comprar un vasito de hielo rallado, mutado con extra\u00f1os l\u00edquidos de colores, pero prefiri\u00f3 esperar a llegar a la casa de Pruchtow y que \u00e9ste le diera m\u00e1s bien un poco de agua fresca, y as\u00ed conversar lo que quedaba del d\u00eda y la noche entera, si era preciso, hasta ponerlo al tanto de la delicada misi\u00f3n que les hablan asignado:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00d3rdenes directas del Partido, camarada Pruchtow, pero no debemos revelar esto a nadie. Poco a poco lo iremos haciendo a saber a cada uno de los compatriotas que gane&#8230; No debemos precipitamos. No importa cu\u00e1ntos a\u00f1os nos tome, pero con paso firme, \u00bfentiende, camarada? \u2014le mostr\u00f3 sus credenciales y Wemer apenas se lo cre\u00eda. Pens\u00f3 que eran fanfarronadas patri\u00f3ticas y nada m\u00e1s, pero ahora lo ve\u00eda distinto, la cosa parec\u00eda seria y hasta peligrosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiempo despu\u00e9s comenzaron a visitar, de a uno, a todos los alemanes de la ciudad. Al cabo de un a\u00f1o los hab\u00eda conocido a todos, y hasta pudo ir a comer en casa de algunos varias veces y entrar como Gerente General en la Cervecer\u00eda de Maracaibo, gracias a la ayuda de su compatriota Otto Gerstt. Era la mejor manera de ganarse la vida mientras llegaba la hora anhelada. Pero esas visitas, esas conversaciones un tanto ambiguas, le permitieron hacerse una idea m\u00e1s o menos clara, de qui\u00e9nes pod\u00edan ser ganados para la tarea que el Partido le hab\u00eda encomendado. Eligi\u00f3 s\u00f3lo a once. Ir\u00eda trabaj\u00e1ndolos sin prisa, y en el momento adecuado los invitar\u00eda a una reuni\u00f3n de amigos, quiz\u00e1s, en el Club Alem\u00e1n de Maracaibo, un lugar muy agradable, recuerda que dijo al conocerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Unos minutos despu\u00e9s de la llegada de Pruchtow, aparecieron juntos, Hartwig von Jess, Pfciffer y Gustavo Zingg. Y cuando al fin estuvieron todos, Larsen mir\u00f3 a los once hombres, sin contarse \u00e9l ni Pruchtow, y fue directo al grano en un perfecto y nost\u00e1lgico alem\u00e1n: \u00abQuiero agradecerles la molestia que se han tomado en venir a esta reuni\u00f3n, camaradas. A todos los conozco desde hace bastante, y s\u00e9 que les preocupa lo que est\u00e1 sucediendo en Alemania, hemos hablado muchas veces de ello. Tambi\u00e9n s\u00e9 que cada uno hace lo que puede, a su modo, por ayudar a nuestros hermanos en las penurias que ya sabemos provoca la guerra. Sin embargo, camaradas, he recibido, desde hace un par de semanas, una tarea muy especial por encargo de nuestro glorioso Partido: he sido nombrado <em>Landeskeisleiter<\/em> para este pa\u00eds. Por ello me he reunido con el <em>Gauleiter<\/em> Margiere, en Caracas, y estamos coordinando el trabajo para ejecutar con \u00e9xito las \u00f3rdenes que ha girado el Tercer Reich para Venezuela, y concretamente para Maracaibo \u2014Larsen hizo silencio un instante y tom\u00f3 un sorbo de whisky antes de continuar\u2014. Pero todo esto no ser\u00e1 posible sin la participaci\u00f3n de ustedes. Estoy consciente de la disyuntiva que tendr\u00e1n que afrontar, pero es hora de que pongamos nuestro amor por la patria, por Alemania, por encima de todo y de todos&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Hartwig von Jess levant\u00f3 la mano:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMe parece que todos los presentes somos alemanes, sin duda alguna; a pesar de la distancia, camarada Larsen \u2014dijo Hartwig tambi\u00e9n en alem\u00e1n\u2014. Sin embargo, no veo, o no entiendo c\u00f3mo podemos nosotros, desde aqu\u00ed, colaborar con el Tercer Reich. Enviamos alimentos, medicinas y hasta dinero, es lo \u00fanico que podemos hacer por nuestros compatriotas. Porque a pesar de que este pa\u00eds es neutral, hay muchas trabas para la correspondencia, \u00bfme explico, camarada Lamen?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Por supuesto, camaradas! No se impacienten, por favor. Ya vamos al punto. Esc\u00fachenme: llevamos dos a\u00f1os y cuatro meses en guerra y sus d\u00e1divas demuestran, no lo voy a negar, sus buenos sentimientos, pero no es suficiente para Alemania. Ni se trata de eso&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Hartwig von Jess apur\u00f3 un sorbo de caf\u00e9, pero tuvo que soplarlo antes. Descans\u00f3 la taza sobre el platico, sin soltarla, y cruz\u00f3 las piernas mirando al techo de la glorieta del jard\u00edn. Trataba de recordar el orden del discurso de Larsen para exponerle a Zingg su opini\u00f3n, quien apenas termin\u00f3 la reuni\u00f3n, discretamente, lo invit\u00f3 a cenar en su Quinta El Palmar para intercambiar impresiones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Estamos en una posici\u00f3n muy dif\u00edcil, Gustavo \u2014dijo resignado\u2014. Yo no s\u00e9 qu\u00e9 hacer. Y en mi caso creo que es peor por ser el c\u00f3nsul. Me parece que lleg\u00f3 la hora de decidir si somos alemanes o no, aunque te suene melodram\u00e1tico, \u00bft\u00fa qu\u00e9 piensas?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No lo s\u00e9, Hartwig, pero de verdad tengo mis dudas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es l\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero no son dudas en ese sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te entiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDe verdad nos convienen los planes de Larsen?, \u00bfo del Tercer Reich? \u2014dijo deteniendo la taza de caf\u00e9 frente a su boca, sin quitarle los ojos de encima al c\u00f3nsul\u2014. Mira. Hartwig, tenemos que ser pr\u00e1cticos y evaluar nuestras verdaderas posibilidades. Piensa en esto: \u00bfde qu\u00e9 nos sirve ser alemanes entre alemanes? En cambio, ser alemanes en esta ciudad es, de por s\u00ed, una ventaja. \u00bfMe entiendes?<\/p>\n\n\n\n<p>Hartwig lo mir\u00f3 sin decir nada. Tom\u00f3 otro sorbo de caf\u00e9. Estaba nervioso, dubitativo. Hasta consternado se dir\u00eda. Se par\u00f3 y camin\u00f3 hasta el borde de la glorieta. Se volte\u00f3 y lo observ\u00f3, ahora sin ninguna expresi\u00f3n en el rostro y le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Jam\u00e1s pens\u00e9 que fueras as\u00ed, Gustavo. Te estoy hablando de nuestro pa\u00eds, de nuestra patria, y t\u00fa me sales con semejante retah\u00edla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te pongas sentimental. \u00bfO es que te vas a tragar toda la porquer\u00eda que nos dijo Larsen hoy? \u00bfNo te das cuenta de lo que pasa? Lo de la patria son puras patra\u00f1as. La patria, Hartwig, somos nosotros, nuestras familias, nuestras empresas. Lo dem\u00e1s es una mentira bonita, amigo, \u00bfentiendes? Si el Tercer Reich se apodera de esta ciudad de qu\u00e9 nos servir\u00eda. Ser\u00edamos uno m\u00e1s del mont\u00f3n. Yo prefiero ser alem\u00e1n entre esta gente, que alem\u00e1n entre alemanes. A lo primero le hemos sacado bastante provecho, lo otro nos perjudicar\u00eda terriblemente. Adem\u00e1s, Hartwig, \u00bfno has pensado en nuestras familias? \u00bfC\u00f3mo crees que nos tomar\u00edan cuando vieran a nuestras esposas? \u00bfQu\u00e9 oportunidades crees que puedan tener nuestros hijos? S\u00e9 que lo que estoy diciendo es duro, pero no te creas que no lo he meditado. Desde que empez\u00f3 la guerra, no pienso en otra cosa. \u00bfSabes que la supuesta hermana de Larsen, la doctora Rita Hausschild, la envi\u00f3 el Instituto de Biolog\u00eda Racial a estudiar la bastardizaci\u00f3n de los alemanes que vivimos en este pa\u00eds. Creo que ya lo hizo en la Colonia Tovar, ahora nos toca a nosotros. \u00bfEntiendes lo que eso significa, amigo? Yo s\u00e9 que t\u00fa ignoras esto, porque te atienes a la informaci\u00f3n oficial del consulado, pero yo tengo mis propios informantes. Y te puedo asegurar, Hartwig, que la cosa est\u00e1 muy mal, m\u00e1s de lo que te puedes imaginar. Nuestro futuro no es nada halag\u00fce\u00f1o, pero ya he pensado algunas alternativas, y si me haces caso, si conf\u00edas en m\u00ed, te puedo ayudar con mucho gusto.<\/p>\n\n\n\n<p>Hartwig se dej\u00f3 caer en la silla agobiado. Se sinti\u00f3 inc\u00f3modo por lo que le hab\u00eda dicho a Gustavo hac\u00eda rato, pero pareci\u00f3 convencerse ante la seguridad con la que le hablaba.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te escucho \u2014dijo Hartwig termin\u00e1ndose el caf\u00e9\u2014, s\u00f3lo espero que tengas raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No podemos irnos a Alemania \u2014dijo Gustavo mir\u00e1ndolo a los ojos. Cogi\u00f3 aire, cruz\u00f3 las piernas y tom\u00f3 el \u00faltimo sorbo de caf\u00e9\u2014. Nuestras familias ser\u00edan mal vistas. Esa maldita campa\u00f1a de la pureza racial nos condena de entrada. Tampoco podemos irnos a ning\u00fan pa\u00eds de Europa, Hartwig, porque la situaci\u00f3n es la misma o peor. S\u00f3lo nos queda Am\u00e9rica. Sin embargo, Estados Unidos entra en la guerra en cualquier momento, as\u00ed que los alemanes ser\u00e1n hostigados all\u00ed tambi\u00e9n. En total, s\u00f3lo nos quedan los pa\u00edses del sur, y te puedo asegurar que irnos a cualquiera de ellos es como quedarnos aqu\u00ed. No vale la pena huir porque en verdad no tenemos escapatoria. Visto as\u00ed, amigo, el problema a resolver no es el lugar, sino la estrategia que podamos adoptar \u00bfMe sigues?&#8230; Bien, tenemos que ayudar a Larsen, discretamente, hacerle creer que estamos convencidos de su proyecto, por si acaso ese asunto llegara a prosperar, pero al mismo tiempo debemos colaborar con las autoridades venezolanas y hasta con las naciones aliadas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfNo es un plan demasiado peligroso, Gustavo? \u2014interrumpi\u00f3 Hartwig preocupado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Claro que s\u00ed, pero no tenemos alternativa. El asunto es que no podemos confiar en mucha gente. Aun as\u00ed, el siguiente paso es traspasar nuestras empresas a un amigo de extrema confianza y, por supuesto, que sea venezolano. Me parece que no ser\u00eda tan enredado si se quiere, y bueno, vender aquellas donde sea muy complicado el asunto&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfTienes idea de lo que est\u00e1s diciendo? \u00bfAcaso crees que ser\u00eda tan tonto para hacer algo semejante?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hartwig, Hartwig, esc\u00fachame, por favor \u2014lo interrumpi\u00f3 Gustavo tratando de calmarlo\u2014. Yo s\u00e9 que en el pasado hemos tenido diferencias, y est\u00e1s en tu derecho al desconfiar de m\u00ed, yo lo s\u00e9, pero esta coyuntura es otra cosa, ambos estamos en la misma posici\u00f3n. Debemos dejar todo a un lado y ayudarnos. Tenemos que confiar uno en el otro, Hartwig, s\u00f3lo as\u00ed nos salvaremos de toda esta locura. Tienes que creerme&#8230; s\u00f3lo podemos quedarnos con lo indispensable para sobrevivir.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfAhora vas a pedirme que renuncie al Consulado y al Partido?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No tienes opci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo piensas evadir el acoso si te ven como C\u00f3nsul y Jefe del Partido Nazi en Occidente? Ser\u00edas el primer condenado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabes lo que significa para m\u00ed? Es un sacrificio muy grande, Gustavo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo s\u00e9, Hartwig, pero de eso se trata.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY t\u00fa qu\u00e9 har\u00e1s?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acabo de vender mis acciones de la Cervecer\u00eda Zulia. Son otros tiempos, Hartwig. Si no lo entendemos lo vamos a perder todo \u2014Gustavo call\u00f3 unos segundos y Hartwig empezaba a ceder\u2014. Habl\u00e9, tambi\u00e9n, con el ministro \u00daslar Pietri, t\u00fa sabes que somos amigos, y \u00e9l se ha comprometido a brindamos toda la protecci\u00f3n que le sea posible. No suena muy convincente, pero yo s\u00e9 que lo har\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La cena est\u00e1 lista \u2014interrumpi\u00f3 Teresa con su elegancia natural\u2014. Contin\u00faan su pl\u00e1tica con el postre \u2014dijo mientras los escoltaba al comedor principal, pero justo antes de sentarse a la mesa, apareci\u00f3 el joven chofer de la oficina del consulado para informarle a Hartwig que lo llamar\u00edan en media hora de la embajada alemana en Caracas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Disculpen esta inoportuna situaci\u00f3n, pero tendremos que compartir la cena en otro momento, de todas maneras les estoy muy agradecido por sus atenciones. Perd\u00f3neme usted, se\u00f1ora Teresa, por este desprecio involuntario, pero le corresponder\u00e9 debidamente, se lo prometo. Gustavo \u2014dijo con la certeza de que a\u00fan faltaba mucho por hablar\u2014, volver\u00e9 tan pronto pueda para que concretemos lo que me has explicado \u2014Gustavo y Teresa lo acompa\u00f1aron hasta la puerta donde lo aguardaba el carro del consulado listo para partir.<\/p>\n\n\n\n<p>Hartwig se arrellan\u00f3 en el puesto de atr\u00e1s del veh\u00edculo. Pens\u00f3 si ser\u00eda cierto que Zingg se hab\u00eda desprendido de la cervecer\u00eda. Eso era f\u00e1cil averiguarlo, pero recomendarle que renunciara al Consulado y a la jefatura del Partido era una locura.<\/p>\n\n\n\n<p>Recost\u00f3 la cabeza al vidrio de la puerta. Apoyado en el pasamano, se sostuvo la barbilla y record\u00f3 la Asamblea General de la Cervecer\u00eda de Maracaibo celebrada trece a\u00f1os atr\u00e1s:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No tenemos otra opci\u00f3n, se\u00f1or Par\u00eds \u2014dijo Hans Larsen con un gesto de verg\u00fcenza\u2014. La Cervecer\u00eda Zulia se ha apoderado pr\u00e1cticamente de todo el mercado. Su factor\u00eda es de primera, la nuestra es muy obsoleta y lamentablemente no tenemos el capital necesario para instalar una nueva y poder competir. Ellos s\u00f3lo necesitan nuestro nombre y lo que queda de nuestro prestigio. Cuando salgamos del mercado la Zulia se posesionar\u00e1 f\u00e1cilmente, as\u00ed que lo m\u00e1s inteligente que podemos hacer es fusionamos y salvar nuestros capitales. No veo otro camino m\u00e1s seguro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El se\u00f1or Da Costa G\u00f3mez, Franz Budel, R\u00e9gulo March y yo votamos a favor de la fusi\u00f3n \u2014dijo Hartwig resigando.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No es tan sencillo \u2014interrumpi\u00f3 Pablo Andemos. Nuestro capital est\u00e1 suscrito en catorce millones y el se\u00f1or Zingg s\u00f3lo nos reconoce seis. Insiste en que nuestros activos est\u00e1n extremadamente depreciados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, pero su capital es de apenas cuatro millones y medio y est\u00e1 preciando sus activos en siete millones para ser \u00e9l el accionista mayoritario \u2014dijo Hartwig indignado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si no aceptamos nos llevar\u00e1 a la ruina, se\u00f1ores \u2014insisti\u00f3 Larsen fastidiado\u2014. Entiendan, y suena denigrante decirlo, pero es casi una d\u00e1diva del se\u00f1or Zingg.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Una humillaci\u00f3n! \u2014agreg\u00f3 con amargura Hartwig antes de levantarse y dejar la reuni\u00f3n votada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1or&#8230; \u2014dijo por segunda vez el joven chofer del consulado, pero Hartwig no lo escuch\u00f3\u2014. Se\u00f1or c\u00f3nsul \u2014insisti\u00f3 por tercera vez\u2014. Llegamos, se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Hartwig entr\u00f3 al consulado y esper\u00f3 inquieto la llamada, sea como sea le desagrad\u00f3 dejar plantado a los Zingg cuando se dispon\u00edan a cenar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfS\u00ed&#8230;? \u2014dijo con el auricular en posici\u00f3n cuando son\u00f3 el tel\u00e9fono\u2014. \u00a1Ah, gusto en saludarlo, camarada Margiere! \u00bfA qu\u00e9 debo el honor de su llamada?<\/p>\n\n\n\n<p>Hartwig no pod\u00eda creer lo que estaba escuchando. No s\u00f3lo se le descompuso el rostro, el tel\u00e9fono le temblaba en la mano. Colg\u00f3 y apenas se pudo sentar. Pens\u00f3 en silencio casi media hora, entonces se puso en pie y le orden\u00f3 al chofer que lo llevara de vuelta a la casa de Gustavo Zingg.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Voy a renunciar al consulado y al partido, Gustavo \u2014dijo Hartwig alterado en el umbral de El Palmar. \u2014\u00bfQu\u00e9 ha pasado?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Me ha llamado el <em>Gauleiter<\/em>, Margiere, para algo ins\u00f3lito \u2014dijo llev\u00e1ndose una mano a la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vamos, Hartwig \u2014lo interrumpi\u00f3 Gustavo tratando de controlarlo\u2014. \u00bfQu\u00e9 puede ser tan terrible que no hayamos pensado ya? \u2014a\u00f1adi\u00f3 para tratar de soslayar el asunto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, Gustavo \u2014dijo ahora apesadumbrado\u2014. A pesar de todo lo que hablamos yo no terminaba de creerte, guardaba la esperanza de que te equivocaras, pero por desgracia no es as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El <em>Gauleiter,<\/em> Margerie, me ha ordenado colaborar con la doctora Rita Hausschild. Debemos realizarle \u00abpruebas m\u00e9dicas\u00bb a todos los alemanes residentes en la ciudad y a sus familiares. Quienes se nieguen pueden perder hasta la nacionalidad alemana, as\u00ed sea por nacimiento, \u00bfpuedes creerlo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Lo que te dije! \u2014exclam\u00f3 Gustavo de tal forma, que Hartwig no sab\u00eda si se alegraba por haber acertado en sus maquinaciones, o era producto de los mismos nervios.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero si\u00e9ntate, Hartwig \u2014dijo ahora pensativo\u2014. Creo que las cosas van a cambiar dr\u00e1sticamente en cuesti\u00f3n ele horas, y debemos prepararnos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Para m\u00ed cambiaron ya, Gustavo, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s quieres?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Falta lo peor. Esto apenas comienza \u2014dijo vehemente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 puede seguir ahora?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La persecuci\u00f3n del gobierno, por ejemplo. Pero somos amigos. Muchos de esos pol\u00edticos est\u00e1n all\u00ed por nuestra ayuda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eso no servir\u00e1 de nada cuando los norteamericanos comiencen a presionarlos. En ese momento nuestros enemigos aprovechar\u00e1n la oportunidad para desplazarnos de los negocios que les interesan.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero t\u00fa dijiste que el ministro Uslar Pietri\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00c9l nos ayudar\u00e1, cumplir\u00e1 su promesa hasta donde le sea posible, Hartwig; pero no pudra comprometerse mas all\u00e1 de lo prudente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY entonces?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Entonces procedemos de acuerdo a la que hemos hablado, Hartwig. No hay alternativa, ni tiempo que perder&#8230;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/norberto-jose-olivar\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Norberto Jos\u00e9 Ol\u00edvar 1941, Diciembre 01 Palade\u00f3 un enorme buche de whisky y sinti\u00f3 un ardor riqu\u00edsimo. Luego aspir\u00f3 para refrescarse la tr\u00e1quea y trag\u00f3 la saliva que le quedaba repasando el sabor del alcohol. \u2014\u00bfSe\u00f1or Hans Larsen?\u2014lo interrumpi\u00f3 un mesonero que le not\u00f3 una mueca de disgusto. \u2014\u00bfS\u00ec? \u2014Lo busca el se\u00f1or Werner Pruchtow [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":15744,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15743"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15743"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15743\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15747,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15743\/revisions\/15747"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15744"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15743"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15743"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15743"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}