{"id":15690,"date":"2025-04-03T14:52:37","date_gmt":"2025-04-03T19:22:37","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15690"},"modified":"2025-04-06T13:49:12","modified_gmt":"2025-04-06T18:19:12","slug":"la-ciencia-de-la-caballeria-andante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-ciencia-de-la-caballeria-andante\/","title":{"rendered":"La ciencia de la caballer\u00eda andante (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Freddy Castillo Castellanos<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Ortega y Gasset y la democracia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tomo un libro de la biblioteca y busco unas p\u00e1ginas le\u00eddas hace mucho tiempo. Son unos p\u00e1rrafos sobre la democracia que he estado recordando estos d\u00edas y que probablemente mi memoria ha erosionado un tanto. Los leo ahora con igual admiraci\u00f3n, pero con menos aprensiones que la primera vez. Recuerdo que en esa oportunidad me querell\u00e9 con el autor, no por sus reflexiones discutibles y espl\u00e9ndidas, sino por cierto retint\u00edn aristocr\u00e1tico que cre\u00ed percibir en sus giros m\u00e1s punzantes. Pero el tiempo pasa y la relectura me permite ahora el deleite pleno al que antes me negu\u00e9. Hoy puedo apreciar la faena completa sin que me incordien algunas frases deliberadamente encarnizadas contra el \u201cplebeyismo\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Disfruto de las ver\u00f3nicas y de las banderillas a media vuelta, de los enga\u00f1os, quiebros y pases de muleta, as\u00ed como de la infalible estocada a toro recibido que pone fin a una p\u00e1gina radiante. Sin duda, me gusta la tauromaquia literaria que este autor ejerc\u00eda con estilo inigualable. Con ella podr\u00eda dar por satisfecha mi sana exhumaci\u00f3n bibliogr\u00e1fica, pero hay algo m\u00e1s. Hay una meditaci\u00f3n pol\u00edtica y social que me atrae por su intemporal beligerancia. Podr\u00eda citar&nbsp;<em>in extenso<\/em>&nbsp;para compartirla con los lectores, pero tal vez sea m\u00e1s apropiado tratar de resumirla. Lo hago.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor escribe en 1916 y lamenta el descenso de la cortes\u00eda que Europa ha venido padeciendo. Se siente acosado por la indecencia, las discordias y los linchamientos. Valora y defiende la democracia, pero recusa la generalizaci\u00f3n brutal y autom\u00e1tica de las barbaridades. Considera que tener iguales derechos no comporta haber alcanzado id\u00e9nticas cualidades personales. Se adelanta en varios a\u00f1os a Enrique Santos Disc\u00e9polo y escribe su propio&nbsp;<strong><em>Cambalache,<\/em><\/strong>&nbsp;porque est\u00e1 convencido de que no es lo mismo \u201cser derecho que traidor\u201d y que nada mejor para la justicia que discurrir en el desafiante terreno de la diversidad. No pierde de vista la degeneraci\u00f3n en que se puede incurrir cuando la democracia no est\u00e1 acompa\u00f1ada de un esfuerzo educativo que vaya m\u00e1s all\u00e1 de las proclamas de que todos somos \u201ceducados\u201d, \u201clicenciados\u201d o \u201cdoctores\u201d. Sabe que la cultura no la otorgan los t\u00edtulos y que las virtudes no se adquieren en las filas del sectarismo pol\u00edtico. Percibe la crisis que adviene cuando la gente se percata de que los decretos de \u201cfelicidad\u201d son ilusorios. Advierte, adem\u00e1s, que el desenga\u00f1o reforzar\u00e1 a los resentidos que no pueden adquirir ni talento ni sensibilidad ni delicadeza, por fuerza de resoluci\u00f3n alguna. Los ve como periodistas, profesores y pol\u00edticos, sin moral y sin luces, integrando con sus reconcomios funestos el Estado Mayor de la Envidia. La secreci\u00f3n de los enconos pasa a ser, seg\u00fan nuestro autor, lo que en su tiempo llamaban \u201copini\u00f3n p\u00fablica\u201d o lo que algunos estimaban como \u201cdemocracia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ortega, porque de \u00e9l se trata, amonest\u00f3 temprano a los fan\u00e1ticos de todo pelaje. Sab\u00eda que de la intolerancia a los desmanes no hab\u00eda m\u00e1s que un paso y que la falta de discusi\u00f3n malogra los proyectos de cambio. Quince a\u00f1os despu\u00e9s del referido art\u00edculo fue un entusiasta del proceso republicano, pero tambi\u00e9n una de las primeras voces cr\u00edticas cuando la voluntad de no convivir encendi\u00f3 la refriega entre los suyos. Un d\u00eda lleg\u00f3 a afirmar: \u201c\u00a1No es esto! \u00a1No es esto!\u201d. Y lo dijo a tiempo. Lastimosamente nadie lo escuch\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Puedo seguir estando en desacuerdo con Ortega en muchas cosas, pero declaro que cualquier similitud que alguien encuentre en las l\u00edneas anteriores con algunas realidades actuales, no es pura coincidencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>La veneraci\u00f3n de las astucias<\/em><\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El tenaz sindicato de lectores anti-Nu\u00f1o, que acostumbra expresarse mediante irritadas cartas al diario El Nacional, tiene ahora la oportunidad de su vida: un blanco de casi trescientas p\u00e1ginas con abundante tela que cortar, denominado borgeanamente&nbsp;<strong><em>La veneraci\u00f3n de las astucias<\/em><\/strong>&nbsp;(Monte \u00c1vila Editores, 1990). En \u00e9l encontrar\u00e1n los citados agremiados material propicio para ejercer su oficio predilecto: disparar contra el fil\u00f3sofo y rescatar de sus garras \u2013su pluma- algunas creencias heridas, ciertos \u00eddolos ofendidos y una que otra ideolog\u00eda lacerada. No es permisible para esa aguerrida corporaci\u00f3n nacional la impunidad del iconoclasta que suele despertarlos de alg\u00fan bello sue\u00f1o o tirar de la mullida alfombra que pisan desde siempre. Si algo caracteriza a los integrantes del (co)mentado sindicato es la persistencia en la carencia absoluta de humor. Ni una pizca de \u00e9l, menos para re\u00edrse de s\u00ed mismos. Nada que los distraiga de la seriedad \u201cacad\u00e9mica\u201d o de los f\u00e9rreos \u201cprincipios\u201d seculares. Nu\u00f1o los saca de sus casillas (a las que terminan tozudamente por volver), no s\u00f3lo porque escribe lo que escribe, sino porque, adem\u00e1s, lo hace con gracia, con brillo expresivo impropio de los profesores de filosof\u00eda, casi siempre secos y acartonados.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>La veneraci\u00f3n de las astucias<\/em><\/strong>&nbsp;es una invitaci\u00f3n a pensar. Tal como su maestro Garc\u00eda Bacca afirm\u00f3 en el pr\u00f3logo del delicioso&nbsp;<strong><em>Elogio de la t\u00e9cnica<\/em><\/strong>, para unos resultar\u00e1 un aperitivo y, para otros, un insulto. Como todo libro escrito con inteligencia y agudeza, \u00e9ste de Nu\u00f1o es capaz de sacudir, de agradar, de seducir, de provocar y de dejarnos inermes ante algunos mitos.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un fil\u00f3sofo que vuelve su mirada cr\u00edtica al mundo cotidiano, no puede resultar anodino para ning\u00fan lector. Se le rechaza de entrada, para terminar doblegado por su lucidez o se le acepta desde el primer momento para disfrutarlo, aunque en alg\u00fan momento sintamos distancias menores con su pensamiento. En todo buen lector quedar\u00e1 el sabor inconfundible de una prosa que no nos da cuartel y que nos trata como si nosotros tambi\u00e9n fu\u00e9ramos Nu\u00f1o, detalle nada insignificante que debe agradec\u00e9rsele.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lejano eco del nombre de la rosa<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>Ortega invertebrado<\/em>&nbsp;son dos muestras de letal escritura, a trav\u00e9s de la cual se desmonta un culto de hoga\u00f1o y se derriba la vieja tradici\u00f3n encantatoria de un mec\u00e1nico orteguismo. Creo que no es tanto la disecci\u00f3n minuciosa empleada en los textos mencionados, sino el modo de demolici\u00f3n, mediante incisiones efectivas, lo que resulta suficiente para el desplome de las supersticiones atacadas. As\u00ed, celebro, por ejemplo, una frase como esta: \u201c\u2026gracias a Kafka por no parecerse ni por asomo al insufrible Brecht, tan directo, tan lleno de did\u00e1cticos y liberadores mensajes\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso que no es el admirable arte de injuriar, tan exaltado por Borges, arte oblicuo, semioculto o torvo, sino el dardo directo, certero, casi inclemente el que maneja Nu\u00f1o. La v\u00edctima pasa a ser otra, aunque no deje de ser tan bueno como dramaturgo ni empeore ni mejore como libretista de telenovelas, tal un caso reciente no incluido en el libro y que nos toca m\u00e1s de cerca que Brecht. El receptor del dardo, digo, se torna otro, porque cesa la veda en torno suyo. Nu\u00f1o nos ha recordado que es mortal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Diarios de escritura<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Visito de nuevo dos diarios de escritura. Se trata del registro de una lucha cotidiana por la poes\u00eda: tanteos, borradores, ideas, correcciones, idas y venidas. En fin, toda una agon\u00edstica. Uno de los diarios es de Carlos Barral, de la \u00e9poca en que escribi\u00f3&nbsp;<strong><em>Metropolitano<\/em><\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong><em>19 figuras de mi historia civil<\/em><\/strong>&nbsp;(<strong><em>Diario de Metropolitano<\/em><\/strong>). El otro es de Alberto Girri (<strong><em>Diario de un libro<\/em><\/strong>), escrito mientras compon\u00eda&nbsp;<strong><em>En la letra, ambigua selva<\/em><\/strong>.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Alguna vez pens\u00e9 que podr\u00edan ser \u00fatiles en un taller de poes\u00eda y los inclu\u00ed entre las lecturas a realizar. La idea era que los dos diarios dialogaran y que los \u201ctalleristas\u201d, por nuestra parte, trat\u00e1ramos de hacerlo con ellos. Todav\u00eda no he hecho ese taller, pero esta nueva relectura me indica que ese di\u00e1logo valdr\u00eda la pena. Son dos poetas aparentemente muy distintos, pero con visiones est\u00e9ticas que coinciden a veces en alg\u00fan punto. Uno est\u00e1 en Barcelona y comienza su largo periplo a mediados de los 50. El otro, en Buenos Aires, en 1971.<\/p>\n\n\n\n<p>Para prepararse, Barral piensa que debe imponerse una disciplina de econom\u00eda literaria y suprimir, por ejemplo, \u201ctodos los derivativos\u201d. As\u00ed lo anota el 11 de enero de 1955. Por su parte, Alberto Girri, el mismo d\u00eda (11 de enero), pero de 1971, piensa que las virtudes de la prosa pueden ayudarlo: \u201cverdad, desnudez, econom\u00eda, eficacia\u201d. Y a\u00f1ade: \u201cLa peculiar autenticidad de la buena prosa aligerando de divagaciones cualquier proyecto de poema, record\u00e1ndonos que el poema es, adem\u00e1s de un objeto, una experiencia moral\u201d.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, Girri trabaja el poema \u201cRelaciones con gemas\u201d. Para describir las gemas, se impone \u201cconcisi\u00f3n y rapidez\u201d y elige un modelo: determinada fase de \u201cTrece maneras de contemplar un mirlo\u201d, de Wallace Stevens. S\u00f3lo decirlo fue \u2013de alg\u00fan modo- resolver el texto y el c\u00f3mo hacerlo pas\u00f3 a ser contenido. As\u00ed, el d\u00eda 13 de enero transcribi\u00f3 su tramo final:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u201c<em>tantas son<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>las provocaciones que suscitan<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>cuantas las de considerar un mirlo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(trece, enumer\u00f3 Wallace Stevens,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>frecuentador de mirlos),<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>aunque las gemas no silben, no griten<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y su dureza y pureza atraigan por alusiones,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y nunca alcancen, como el mirlo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a fraguar una unidad con el hombre y la mujer<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El 16 de enero Carlos Barral escribe un d\u00edptico que le suena a Guill\u00e9n, por el uso de algunas palabras sin tradici\u00f3n po\u00e9tica: \u201csucesivos\u201d, \u201cincompleto\u201d. Le agrada la asociaci\u00f3n y afirma: \u201cMe parece perfectamente admisible\u201d. Aprecia algunas reiteraciones en su texto y se propone evitarlas. Uno piensa que el modelo Guill\u00e9n ser\u00e1 de gran ayuda. Tambi\u00e9n uno recuerda: recuerda la extraordinaria an\u00e9cdota de Guill\u00e9n en Barcelona, contada por Barral en&nbsp;<strong><em>Los a\u00f1os sin excusa<\/em><\/strong>.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Alberto Girri, el 16 de enero de 1971, se pregunta si no ser\u00eda ideal que no haya ning\u00fan t\u00e9rmino para designar lo que habitualmente llamamos poes\u00eda, como ocurre en la literatura china, \u201cseg\u00fan dice V\u201d. Encuentra que muchas de las virtudes supuestamente exclusivas de la poes\u00eda (ritmos, aliteraciones, repeticiones, polifon\u00eda) se perciben \u201caun en la m\u00e1s modesta de las traducciones, en textos como el&nbsp;<strong><em>Tao Te Ching<\/em><\/strong>\u201d y \u201cen mucha de la prosa de Borges\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Barral anota que sigue leyendo las&nbsp;<strong><em>Memorias<\/em><\/strong>&nbsp;de Retz y el&nbsp;<strong><em>Journal<\/em>&nbsp;<\/strong>de Gide. Escribe: \u201cPienso en la posibilidad de procurar hacerme una prosa como quehacer inmediato, sucesor de&nbsp;<strong><em>Metropolitano<\/em><\/strong>\u201d. Sin duda, esa anotaci\u00f3n puede leerse hoy como un primer anuncio del gran memorialista de&nbsp;<strong><em>A\u00f1os de penitencia<\/em><\/strong>,&nbsp;<strong><em>Los a\u00f1os sin excusa<\/em><\/strong>&nbsp;y otros formidables vol\u00famenes autobiogr\u00e1ficos. Es el 20 de marzo de 1955.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Alberto Girri, para un d\u00eda semejante del 71 tiene ya concluido otro poema&nbsp;&nbsp;Poco m\u00e1s tarde seguir\u00e1 anotando sus desvelos ante la \u201cprosa textual\u201d. Con esa expresi\u00f3n, por cierto, titular\u00e1 uno de sus textos sobre Mozart.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s (17 enero del 59) un recuerdo de \u201cvoyeur\u201d le permite a Barral, escritor lento, componer de un tir\u00f3n una pieza de 26 versos. No la juzga en su anotaci\u00f3n de ese d\u00eda, aunque diga que probablemente sea mala. Le a\u00f1ade un verso: el pen\u00faltimo, y cierra el comentario, diciendo: \u201cLo dejaremos dormir\u201d. Es nada menos que el estupendo poema&nbsp;<em>Ba\u00f1o de dom\u00e9stica<\/em>, cuyo final los lectores de Barral no olvidan, no olvidamos:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u201c<em>Su espl\u00e9ndido desnudo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>al que las ramas rend\u00edan homenaje,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>admitir\u00e9 que sea<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>nada m\u00e1s que un recuerdo esteticista.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero me gustar\u00eda ser m\u00e1s joven<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>para poder imaginar<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(pensando en la inminencia de otra cosa)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que era el vigor del pueblo soberano<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El 3 de mayo de 1971, al referirse a su poema sobre Holbein, Alberto Girri piensa que debe corregirlo y rememorar la claridad del dibujo, \u201cestrictamente concentrado en la observaci\u00f3n del modelo\u201d. A\u00f1ade: \u201cEl modelo de Holbein sigue viviendo porque encierra algo que vive por s\u00ed mismo, que no puede morir\u201d. El poema est\u00e1 concluido y este es su final:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u201c<em>Lo duradero es est\u00e1tico, s\u00f3lo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>el arte consigue el punto de equilibrio<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>entre una masa y su punto de apoyo<\/em>\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo ser\u00e1 ese el mismo punto de equilibro entre el recuerdo de Barral y la imagen espl\u00e9ndida que pervive en sus versos? Barral tard\u00f3 a\u00f1os. Girri ocho meses. En ambos, la llegada fue estupenda. Tambi\u00e9n lo fue, sin duda, el trayecto que registran sus diarios.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/freddy-castillo-castellanos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Textos seleccionados del blog: https:\/\/cabaldante.blogspot.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Freddy Castillo Castellanos Ortega y Gasset y la democracia Tomo un libro de la biblioteca y busco unas p\u00e1ginas le\u00eddas hace mucho tiempo. Son unos p\u00e1rrafos sobre la democracia que he estado recordando estos d\u00edas y que probablemente mi memoria ha erosionado un tanto. 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