{"id":1567,"date":"2021-09-28T19:25:18","date_gmt":"2021-09-28T19:25:18","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1567"},"modified":"2023-11-24T18:37:54","modified_gmt":"2023-11-24T18:37:54","slug":"el-cristo-de-las-violetas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-cristo-de-las-violetas\/","title":{"rendered":"El cristo de las violetas"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Andr\u00e9s Eloy Blanco<\/h4>\n<p>Un patio de la casa de los Bol\u00edvar en Caracas. La escena se desarrolla en la esquina de uno de los corredores. A la izquierda una pared blanca, en la que se apoya una mesita agobiada de flores, que enmarcan una copia del Cristo de Guacara.<\/p>\n<p>Dos briseras para cirios le hacen guardia. Por el arcodel fondo se ve un patio con matas de granados. A la izquierda se prolonga elcorredor; un grave tinaj\u00f3n pegado a una columna; los personajes aparecen en la tertulia, en una rueda de sillas y mecedoras.<\/p>\n<p>DO\u00d1A MAR\u00cdA ANTONIA CLEMENTE, VALENTINA, DON FERNANDO y GABRIEL. Al levantarse el tel\u00f3n todos est\u00e1n como en un silencio triste y pensativo; as\u00ed permanecen durante varios segundos, hasta que se rompe el silencio:<\/p>\n<p>DO\u00d1A MAR\u00cdA ANTONIA. &#8211; \u00a1Por Dios, qu\u00e9 silencio! \u00a1Por qu\u00e9 hemos quedado as\u00ed?<\/p>\n<p>VALENTINA.- Culpa de Gabriel. Hijo m\u00edo, tus cuentos son m\u00e1s tristes que una urna. Hombre, no tiene gracia eso de venir a contarnos cosas malas a estas horas.<\/p>\n<p>GABRIEL CAMACHO.- No, no es el cuento&#8230; Es el aire que est\u00e1 triste. Es que todo est\u00e1 preparado para el quebranto. Ese cuento lo refiero yo en cualquier otro d\u00eday pasa sin hacer da\u00f1o; pero hoy est\u00e1 lloviendo pena.<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- \u00bfPena? Pena me da a mi don Fernando que viene aqu\u00ed a pasar un buen rato y se ha quedado el pobre con una cara de enfermo&#8230;<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Tiene raz\u00f3n Gabriel. Hay momentos en que la melancol\u00eda viene sin llamarla. Somos como los \u00e1rboles. Sombra y fruto tenemos, pero no siempre cantanlos p\u00e1jaros. Es el cielo quien nos manda el ave que viene alegre y la que viene triste. No es culpa nuestra&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Pero hoy es un d\u00eda en que han llegado los p\u00e1jaros cantando. Las noticias que usted nos ha tra\u00eddo son para estar de fiesta, don Fernando. Y quiera Nuestro Se\u00f1or que no cambien.<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Dios querr\u00e1 que no cambien. Mis noticias son buenas. El est\u00e1 mejor. Mejor, no m\u00e1s; no podemos pedir m\u00e1s por ahora&#8230;<\/p>\n<p>VALENTINA.- Estar\u00e1 cansado m\u00e1s que todo. CON FERNANDO (triste).- Cansado de todo&#8230; Cansado deb\u00eda estar desde hace tiempo. Cansado ha debido quedar en la noche\u00a0 del 25 de setiembre; cansado ha debido quedar desde las canalladas de Valencia; cansado ha debido quedar desde las traiciones de sus generales, cansado de C\u00f3rdoba, cansado de Lara, cansado de Santander; cansado de la incomprensi\u00f3n, cansado de su propia superioridad; s\u00ed&#8230;debe estar cansado&#8230; debe estar cansado hasta de no cansarse nunca&#8230;<\/p>\n<p>GABRIEL.- Pero no se cansa de so\u00f1ar y de predicar&#8230; y todav\u00eda dicen los traidores de aqu\u00ed que lo necesitan; todav\u00eda le quieren dar la presidencia, esa presidencia que lo est\u00e1 matando.<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Pero ya no le tendr\u00e1n. Su separaci\u00f3n de la pol\u00edtica es irrevocable. Est\u00e1 enfermo, est\u00e1 desilusionado. Ya no quiere vivir, sino dormir. Me dice que desde que sali\u00f3 de Bogot\u00e1 se prepar\u00f3 para juntarse con el mar. Y all\u00ed se est\u00e1 en Santa Marta como un fondeadero. Su larga carrera tormentosa es la de un r\u00edo claro y bravo. Ha repartido su caudal y ahora ha llegado al mar como a una mansa desembocadura&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- No, no&#8230; mi hermano se morir\u00e1 de pensar, mi hermano no descasar\u00e1 jam\u00e1s mientras viva&#8230; Yo lo conozco&#8230; ese r\u00edo no entrar\u00e1 suavemente en el mar. Lo abrir\u00e1 como una tormenta en su \u00faltima lucha por la justicia&#8230; Mi hermano morir\u00e1 como \u00e9l quer\u00eda morir, en una carga; s\u00ed, su tristeza es muy grande y muy rebelde y \u00e9l morir\u00e1 junto al mar y como el mar, don Fernando&#8230;<\/p>\n<p>VALENTINA.- No volvamos a ponernos tristes. Ya ves, mam\u00e1, que est\u00e1 mejor&#8230; Y el Cristo de las Violetas lo salvar\u00e1.<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- \u00bfCu\u00e1l es el Cristo de las Violetas?<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Ese, es una copia. El Cristo est\u00e1 en Guacara. Lo trajo de Italia el se\u00f1or Wallis. Es muy hermoso. Cuando fuimos a las minas le conocimos y nos gust\u00f3 tanto que mand\u00e9 hacer una copia. Y Luisa lo ha confirmado el Cristo de las Violetas. Ver\u00e1 usted: El Cristo tiene las manos, los pies y los labios como las violetas. La pobre ciega que no pod\u00eda admirarlo hac\u00eda que Valentina y Margarita se lo explicaran. Y entonces nos dijo: \u00abPues para m\u00ed se llama Cristo de las Violetas&#8230;\u00bb Y as\u00ed se qued\u00f3.<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- \u00a1Pobre Luisita! Parece mentira que unos ojos tan hermosos no tengan luz. Y d\u00edgame, do\u00f1a Mar\u00eda Antonia, \u00bfno se ha sabido nada de Avenda\u00f1o?<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Nada, cuando mi hermano sali\u00f3 para oriente, aquello era un desastre. Como todo el pueblo hu\u00eda, todo era confusi\u00f3n. \u00a1Ay!, \u00a1ese a\u00f1o 14 fue un mal sue\u00f1o! El Capit\u00e1n Avenda\u00f1o &#8211; \u00bfte acuerdas, Gabriel?- qu\u00e9 guapo hombre, gallardo y un jinete estupendo; el capit\u00e1n Avenda\u00f1o march\u00f3 de los primeros. Yo les hab\u00eda tomado ya cari\u00f1o a esas dos ni\u00f1as, y cuando \u00e9l me las confi\u00f3 las recib\u00ed con alegr\u00eda&#8230; Y no me he arrepentido hasta hoy. Y ve usted, son como mis hijas. Su padre, quien sabe d\u00f3nde habr\u00e1 ca\u00eddo de su caballo para no levantarse m\u00e1s. \u00a1Pobre patriota, que prob\u00f3 la peor parte de la patria en el peor de los a\u00f1os!&#8230;<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- S\u00ed recuerdo todo eso. Hicimos mil averiguaciones. El Libertador estaba desolado por la desaparici\u00f3n de su llanero.<\/p>\n<p>VALENTINA.- Y luego la desgracia de Luisa, tan r\u00e1pida, tan inesperada nos ha hecho quererla m\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- \u00bfEstaba enferma ya?<\/p>\n<p>VALENTINA.- No&#8230; estaba muy bien, muy alegre&#8230; una noche se acost\u00f3 como siempre y al d\u00eda siguiente nos llam\u00f3 llorando; estaba ciega, ciega sin saber por qu\u00e9. Lo \u00fanico que dice fue que tuvo un sue\u00f1o raro, as\u00ed como de llamaradas, de rel\u00e1mpagos, no s\u00e9; en fin, qued\u00f3 ciega la pobrecita&#8230; Y es tan dulce, tan piadosa, que ni se lamenta ya&#8230; vive sonreida&#8230; m\u00e1s llora Margarita de verla a ella ciega.<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Es lamentable, pero hermoso verlas a las dos. Cuando Margarita le vas sirviendo de lazarillo, m\u00e1s bien parece que fuera Luisa la que conduce a Margarita; porque la ciega vas sonriente y la otra lleva los ojos marcados de congoja&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- No ser\u00e1 eso s\u00f3lo el cavilar de Margarita&#8230;<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- \u00a1Hola, hola! \u00bfComo que hay algo m\u00e1s? \u00bfAmorcitos?<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Tal vez.<\/p>\n<p>VALENTINA.- No, mam\u00e1. Amorcitos, no; amor, acaso, pero honrado y paciente amor. Margarita nunca har\u00e1 lo que t\u00fa no apruebes.<\/p>\n<p>GABRIEL.- Eso es m\u00e1s complicado&#8230; A ver, Valentina; explica eso; creo que don Fernando es de la casa.<\/p>\n<p>VALENTINA.- No s\u00e9, yo nada s\u00e9&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Pues yo s\u00e9 muchas cosas, Valentina; yo s\u00e9 lo que no quisiera saber. Yo s\u00e9 que Margarita prefiere ahora ir a misa de ocho en San Pablo cuando antes prefer\u00eda la de seis en San Francisco. Yo s\u00e9 que Margarita ha descubierto que son muy bonitas las ma\u00f1anas del domingo por los lados de la Vega y que es muy piadosoacudir a la limosna de la tarde a la puerta de San Felipe&#8230; Yo s\u00e9 que ahora se pone muy bien el sol por La Pastora, y asoma muy bien la aurora por Cotiza. Yo s\u00e9 que Margarita se ha sorprendido de lo azul que es el cielo y de lo verde que es el campo&#8230; yo s\u00e9 que hay nubecillas en el cielo y pajarillos en el aire, y la ni\u00f1a Margarita en la ventana ha conocido a la luna del cielo&#8230;<\/p>\n<p>GABRIEL.- Total, la ni\u00f1a Margarita est\u00e1 enamorada. Mejor. La ni\u00f1a Margarita va a gozar por fin su pedazo de tonter\u00eda. No sabemos que somos tontos hasta que nos enamoramos.<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Pues a ti te dura, porque lo que has dicho es una tonter\u00eda.<\/p>\n<p>GABRIEL.- No lo niego. Pero \u00bfqui\u00e9n es el gal\u00e1n?, porque no creo que la ni\u00f1a Margarita se haya enamorado del cielo ni de las nubes&#8230;<\/p>\n<p>VALENTINA.- No hay nada todav\u00eda. Ella sabe muy bien que a mam\u00e1 no le gusta.<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Por algo ser\u00e1. \u00bfQui\u00e9n es \u00e9l?<\/p>\n<p>VALENTINA.- Juan Antonio Velasco.<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- \u00bfEse que llaman el espa\u00f1olito?. Es simp\u00e1tico ese muchacho&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Yo he so\u00f1ado siempre, don Fernando, en casar a las hijas de Avenda\u00f1o de acuerdo con lo que hubiera querido Avenda\u00f1o para ellas. \u00bfUsted cree que aquel hombre de los llanos, patriota enfurecido, que muri\u00f3 por su bandera, matado acaso por un espa\u00f1ol, habr\u00e1 visto con placer a su hija casada con uno de sus enemigos?. La hija del hombre que muri\u00f3 por Bol\u00edvar no puede salir de la casa de los Bol\u00edvar de la mano de un realista.<\/p>\n<p>VALENTINA.- No es realista, mam\u00e1; es espa\u00f1ol . La guerra ha terminado y \u00e9l es venezolano.<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- No, es espa\u00f1ol; es un agitador de la colonia; es un hijo espiritual de Jos\u00e9 Domingo D\u00edaz; es uno de los que gritaron por las calles celebrando la batalla del Calvario en el d\u00eda de Carabobo. Est\u00e1 tranquilo porque no lo han molestado; pero es un realista, es un hombre que odia a mi hermano y yo no le doy a mi hija. De la mata de granados que hay en mi patio no comer\u00e1 un solo grano la boca que pidi\u00f3 la muerte del hombre de mi casa.<\/p>\n<p>GABRIEL.- Juan Antonio Velasco, el espa\u00f1olito&#8230; \u00a1pobre Margarita!<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Juan Antonio Velasco, el espa\u00f1olito&#8230; \u00a1Pobre hermano m\u00edo, tan grande y tan amargo!<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Por amor, do\u00f1a Mar\u00eda Antonia, grande por amor, amargo por amor.. no lo olvide usted&#8230; Cuando vea usted llorar a Margarita, procure usted hacerla ni tan grande ni tan amarga&#8230;<\/p>\n<p>VALENTINA.- \u00a1Silencio! (Entran ri\u00e9ndose, Luisa y Margarita, cogidas de las manos).<\/p>\n<p>MARGARITA.- Valentina, Valentina, mira lo que nos traen. F\u00edjate, \u00a1qu\u00e9 naranjas!<\/p>\n<p>VALENTINA.- \u00bfQui\u00e9n vino?<\/p>\n<p>MARGARITA.- Pomarrosa. La vi de lejos, y por all\u00ed, por esos corredores, hemos pasado sin que ustedes nos vieran, no fuera que me quitaran las mejores. Pomarrosa viene cargada de cosas&#8230; \u00bfC\u00f3mo est\u00e1, don Fernando?<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Margarita, bien. M\u00e1s linda cada d\u00eda.<\/p>\n<p>LUISA.- \u00bfDon Fernando, est\u00e1 aqu\u00ed?<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Aqu\u00ed est\u00e1 Don Fernando, Luisita, mir\u00e1ndote esa cara de sol&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- No sea malo, Don Fernando, que si yo pudiera verlo sabr\u00eda que se est\u00e1 riendo de m\u00ed&#8230;<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Si pudieras verte t\u00fa misma, sabr\u00edas que no me estoy riendo. A ver. \u00bfqu\u00e9 les trajo Pomarrosa?<\/p>\n<p>LUISA.- \u00a1Pomarrosa! !Pomarrosa!, !pasa, ven! (Entra Pomarrosa fresca y jovial, con un cesto lleno de frutas y flores.)<\/p>\n<p>VALENTINA.- \u00a1Cu\u00e1ntas cosas!, y \u00bfD\u00f3nde encontraste tanto?<\/p>\n<p>POMARROSA.- De caminar tanto lo encontr\u00e9 todo&#8230; De Anauco arriba, helechos para do\u00f1a Mar\u00eda Antonia. Me ba\u00f1\u00e9. \u00a1M\u00e1s fr\u00eda que estaba l&#8217;agua!, se me encalambraban las canillas, ni\u00f1a. Pa eso las camin\u00e9 bastante hasta que revent\u00e9 por la Alcabala. Ven\u00edan esos carros de Petare que botaban las frutas; naranjas, dicen que de la Floresta, \u00a1y unos mangos hermosos, ni\u00f1a! Y son pa la ni\u00f1a Margarita las naranjas y pa la ni\u00f1a Valentina los mangos. Y por los laos del Rinc\u00f3n-\u00a1asina anduve- fue que jall\u00e9 las violetas pa la ni\u00f1a Luisita, que dan gusto. Me las quitaban por un tris. Por nada se me lleg\u00f3 uno y me quit\u00f3 un poco&#8230; uno que es teniente&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- \u00a1Ay Pomarrosa!, \u00bfle diste mis violetas?<\/p>\n<p>POMARROSA.- Un poco, ni\u00f1a Luisita, un poco no m\u00e1s&#8230; Fue porque me dio pena. Ust\u00e9 sabe que uno con los patriotas se ti\u00e9 que port\u00e1 bien; \u00bfgu\u00e1, y el patriotismo? adem\u00e1s&#8230; que yo le deb\u00ed algo.. Como \u00e9l me hab\u00eda dao unas violetas hacen d\u00edas, y a m\u00ed no me gusta quedarme con nada, fui y se las devolv\u00ed ahora. No vaya a crec\u00e9 el patriota&#8230;<\/p>\n<p>GABRIEL.- \u00a1Claro! No vaya a creer el patriota que t\u00fa te quedas con lo suyo, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>POMARROSA.- Asina es. Y yo soy asina. Cada vez que \u00e9l me da algo no se pasa una semana sin que yo le d\u00e9 aunque sea unas flores&#8230; No vaya a cre\u00e9&#8230;<\/p>\n<p>GABRIEL.- Eso es&#8230; No vaya a creer que a ti te hacen falta sus regalos, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>POMARROSA.- Asina es. Ust\u00e9 ve, estos claveles que tengo en la cabeza me los dio ahoritica. Yo soy asina; yo ma\u00f1ana o pasado le doy unas flores e un vasito \u00e9carato que yo hago muy bueno&#8230;, no vaya a cre\u00e9&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- \u00a1Cierto! Eres muy honrada, Pomarrosa. No quieres deberle nada al patriota, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>POMARROSA.- Tanto como nada no, do\u00f1a Mar\u00eda Antonia&#8230;, que \u00e9l no da pa que yo le pague; \u00e9l me da de su espont\u00e1neo; y \u00e9l es muy patriota pa cobr\u00e1; y hay cosas que no se pagan nunca; pero yo s\u00e9 como son los patriotas, do\u00f1a Mar\u00eda Antonia, que en la guerra se acostumbran a ersigu\u00ed y son muy ersigidores; por eso es que yo soy asina, pago ligero pa que no cobren dem\u00e1s. Asina es&#8230;<\/p>\n<p>(Entra Mercedes. Viene azorada, como con miedo.)<\/p>\n<p>VALENTINA.- !Mercedes, aqu\u00ed est\u00e1 mercedes! Pero \u00bfqu\u00e9 te pasa?, vienes como si te hubieran rega\u00f1ado en la calle.<\/p>\n<p>MERCEDES.- Buenos d\u00edas.<\/p>\n<p>GABRIEL.- \u00a1Otra que viene triste! \u00a1Hombre!, !no parece sino que todo el mundo hubiera escuhado hoy en el cuento que yo cont\u00e9!<\/p>\n<p>MERCEDES.- \u00a1Es que&#8230; hay un gent\u00edo en la calle! Estaban gritando y el tumultoes espantoso. Me dio un miedo&#8230;<\/p>\n<p>VALENTINA.- \u00bfSer\u00e1 algo grave?, \u00bfqu\u00e9 gritaban?<\/p>\n<p>MERCEDES.- Ni s\u00e9. Me dio mucho miedo. Cuando yo tengo miedo no oigo nada&#8230;<\/p>\n<p>MARGARITA.- \u00bfC\u00f3mo es el cuento, Gabriel?<\/p>\n<p>GABRIEL.- Cont\u00e9 el cuento de la india y el hijo de Vasconselos. El hijo del capit\u00e1n general se enamor\u00f3 de una india, pero su padre lo persegu\u00eda y declar\u00f3 un odio mortal a la muchacha. Era como un pleito de razas&#8230; Un d\u00eda la india dijo a su novio: \u00abMira, cuentan las leyendas de mi pueblo que dos amantes no llegan aser completamente uno del otro sino cuando la muerte los une\u00bb, y se tiraron los dos por la loma del Anauco que est\u00e1 detr\u00e1s de la casa de la Capitan\u00eda&#8230; Ya ves, es un cuento bien tonto&#8230;<\/p>\n<p>MARGARITA (triste).- \u00bfY eso ser\u00e1 cierto?<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- No, Margarita&#8230;, eso no es cierto&#8230; La muerte no junta a nadie&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- La muerte junta a los que deben juntar&#8230;, como la sombra&#8230;<\/p>\n<p>VALENTINA.- Dos amantes no llegan a ser completamente uno del otro&#8230;<\/p>\n<p>MERCEDES.- Hasta que la muerte los une&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- Hasta que la muerte los une&#8230;<\/p>\n<p>MARGARITA.- Hasta que&#8230;<\/p>\n<p>POMARROSA.- \u00a1Ay, mi madre&#8230; ! Si van a llorar me voy&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- No, ahora vamos a adornar la mesa con los helechos de Pomarrosa. Ya ver\u00e1 usted, don Fernando, qu\u00e9 tinajas me ha mandado el general Sucre. (Luisa, que iba a tomar las violetas, se detiene con un leve grito al o\u00edr estas palabras)<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Luisita, \u00bfqu\u00e9 tienes?<\/p>\n<p>LUISA.- Nada, nada, don Fernando, parece que algo pincha en estas violetas.<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- A ver&#8230; No, no hay nada que pinche, Luisita (bajo). No hay nada que pinche en las violetas, hija m\u00eda&#8230;, pero hay algo en la voz que duele un poco&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- No&#8230;, nada&#8230;, nada duele&#8230; P\u00f3ngame estas violetas en la mesita.Gracias&#8230;<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- (sin apartar la vistas de Luisita).- Dec\u00eda usted, do\u00f1a Mar\u00eda Antonia, que ha recibido unas lindas tinajas de Guayaquil. \u00bfHa sabido usted algo del general Sucre?<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- S\u00ed, ya debe haber llegado a Quito. Las noticias son malas; esas gentes de Pasto y esas gentes de Bogot\u00e1 no pueden ver al mariscal. Y es claro. El mariscal es Bol\u00edvar. Los Azuero y los Santander y los Obando no pueden vivir la misma vida de los Bol\u00edvar, de los Sucre y de los Urdaneta&#8230; Tengo un miedo a veces, don Fernando. Fuera de usted, Sucre y Urdaneta, no nos quedan diez amigos&#8230; Pero venga usted a ver las tinajas&#8230;<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Luisita, \u00bfduele todav\u00eda el pinchazo?<\/p>\n<p>LUISA.- No, don Fernando; pero \u00bfqu\u00e9 piensa usted?<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Nada, ni\u00f1a m\u00eda, nada. Pero estos ojos que han visto tan lejos y en tanta miseria oscura, c\u00f3mo no han de ver algo en tu vida tan clara y tan hermosa. Yo s\u00e9 muy bien, Luisita, que hay momentos que hasta las violetas tienen espinas&#8230;<\/p>\n<p>(Salen Don Fernando, Mar\u00eda Antonia, Gabriel, Mercedes y Pomarrosa.)<\/p>\n<p>VALENTINA (al verse solas).- Cuenta, cuenta&#8230;<\/p>\n<p>MARGARITA.- No, cuenta t\u00fa primero.<br \/>\nVALENTINA.- Pues nada, hija&#8230;, lo que hab\u00edamos pensado. A mam\u00e1 no le gusta. Habl\u00f3 muy claro. Dice que ella no le da su hija a un realista y que tu padre tampoco habr\u00eda consentido y que&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- Mi padre s\u00ed habr\u00eda consentido. Y do\u00f1a Mar\u00eda Antonia consentir\u00e1 tambi\u00e9n. Yo que soy ciega lo veo todo mejor que ustedes. Yo veo claro en el sentimiento de todos. Do\u00f1a Mar\u00eda Antonia es m\u00e1s buena que los santos y t\u00fa ver\u00e1s, t\u00fa ver\u00e1s. Cuando yo le hable no me negar\u00e1 nada&#8230;<\/p>\n<p>MARGARITA.- \u00bfQu\u00e9 sabes t\u00fa?<\/p>\n<p>LUISA.- Mira, Margarita, \u00bft\u00fa has visto nada m\u00e1s triste que una mujer llorando? \u00bfNo verdad? Pues fig\u00farate lo triste que ser\u00e1 una ciega llorando. Por eso, por no entristecer a nadie, estoy siempre sonreida. Pero c\u00f3mo ser\u00e1 de doloroso ver unos ojos que parece que no tienen luz y de pronto empieza a brotar de ellos unos hilos luminosos de una luz que no ha servido para alumbrar, para ver, pero sirve para rogar, para pedir y para decir a do\u00f1a Mar\u00eda Antonia: Margarita est\u00e1 enamorada y yo quiero que se case con su novio. Y entonces ella tendr\u00e1 miedo de que se vac\u00eden mis ojos, como dos vasos que s\u00f3lo sirven para llenarse de agua&#8230;,y entonces, sin vista y sin l\u00e1grimas, para qu\u00e9 van a servir&#8230; Ella har\u00e1 lo que yo le pida, porque no querr\u00e1 quitar a mis ojos el llanto que les queda, que es lo \u00fanico que les queda&#8230;<\/p>\n<p>MARGARITA.- No, no&#8230; Que t\u00fa vayas a estar llorando media vida para que yo&#8230;No&#8230; Yo le dir\u00e9 a Juan Antonio que no venga, que se vaya lejos&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- T\u00fa no le dir\u00e1s nada de eso a Juan Antonio. Porque yo le dir\u00e9 entonces que todo eso es mentira tuya y que do\u00f1a Mar\u00eda Antonia no quiere que \u00e9l se vaya&#8230; Oye, Margarita, nadie ve mejor ciertas cosas que los ciegos&#8230; Ustedes ven hacia fuera. Nosotros vemos hacia adentro&#8230;<\/p>\n<p>DON FERNANDO (entrando. Ellas se callan al verlo).- \u00bfPor qu\u00e9 se callan? \u00bfpor qu\u00e9 te callas Luisita? No vengan a decirle a un viejo rom\u00e1ntico que est\u00e1 de m\u00e1s aqu\u00ed. Mira, Margarita, eso que te est\u00e1 diciendo Luisa es lo cierto. No vayas a cometer la tonter\u00eda de decirle a Juan Antonio que se vaya. Hoy no lo quieren aqu\u00ed. Mejor. As\u00ed te querr\u00e1 m\u00e1s ma\u00f1ana; la guerra que hoy le hacen aumenta su af\u00e1n, mientras m\u00e1s le cueste lograrte, m\u00e1s te querr\u00e1. As\u00ed fuimos los patriotas; mucha pena y mucha sangre ha tenido que costarnos esta tierra para quererla como la queremos. As\u00ed es mejor&#8230;, que te niegue un poco do\u00f1a Mar\u00eda Antonia, te querr\u00e1 m\u00e1s tu espa\u00f1olito&#8230; Queremos m\u00e1s a las mujeres por lo poco que nos niegan que por lo mucho que nos dan&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- Gracias, don Fernando. Usted sabe mucho&#8230;<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Mucho, Luisita, mucho&#8230; S\u00e9 m\u00e1s que Margarita, \u00bfverdad?&#8230;, y de ti s\u00e9 muchas cosas, muchas, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>LUISA (sobresaltada).- \u00bfDe m\u00ed? ?Qu\u00e9 puede haber en m\u00ed de interesante, don Fernando?<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- \u00a1Qui\u00e9n sabe, hijita m\u00eda, qui\u00e9n sabe! Acaso haya sido yo buzo alguna vez y haya llegado hasta el fondo de las tinajas que vinieron de Guayaquil&#8230;<\/p>\n<p>LUISA (sin contenerse).- \u00a1C\u00e1llese, don Fernando, c\u00e1llese!<\/p>\n<p>MARGARITA.- Luisa, Luisa, \u00bfqu\u00e9 es?<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Nada, nada que no sea muy hermoso. \u00bfVerdad, Luisita, que t\u00fa no vas a contar a tus tres amigos todo eso&#8230;? Vamos, t\u00fa all\u00ed sentada y el viejo amigo aqu\u00ed&#8230; Valentina y Margarita all\u00ed&#8230; \u00bfVerdad que la espina de las violetas te entr\u00f3 por un o\u00eddo cuando do\u00f1a Mar\u00eda Antonia habl\u00f3 de las tinajas que le hab\u00eda enviado tu&#8230; mariscal?<\/p>\n<p>LUISA.- \u00a1Por Dios, don Fernando, usted est\u00e1 loco!<\/p>\n<p>VALENTINA.- Pero Luisita, est\u00e1s nerviosa&#8230; Cuenta&#8230;<\/p>\n<p>MARGARITA.- Di, Luisa, cu\u00e9ntanos un cuento&#8230; (Pausa. Luisa solloza.)<\/p>\n<p>LUISA.- \u00bfT\u00fa te acuerdas, Margarita, del a\u00f1o 20, en el Ingenio?&#8230; \u00a1Cu\u00e1ntos oficiales, cu\u00e1nto lujo, cu\u00e1ntas armas! El Libertador iba muy contento. Aquella noche de la fiesta fue. Un oficial rubio de patillas rosadas me tom\u00f3 del brazo. Mientras bail\u00e1bamos \u00e9l hablaba. Yo no he escuchado jam\u00e1s una voz m\u00e1s dulce y al mismo tiempo m\u00e1s fuerte. Era una voz met\u00e1lica y apasionada. No creo que haya nadie m\u00e1s noble que \u00e9l en la tierra&#8230; Aquello fue como un sue\u00f1o bueno. Nos dijimos mil cosas. \u00c9l prometi\u00f3; \u00e9l prometi\u00f3 que volver\u00eda. Yo lo esper\u00e9 mucho tiempo; me impacientaba su tardanza. Supe que hab\u00eda prosperado. Yo lo sab\u00eda; yo sab\u00eda que \u00e9l ser\u00eda muy grande, el m\u00e1s grande despu\u00e9s de El Libertador. Yo sab\u00eda que \u00e9l era el hijo, el m\u00e1s grande despu\u00e9s del padre&#8230; Cuando vino aquello de mis ojos, me acost\u00e9 pensando en \u00e9l, me dorm\u00ed pensando en \u00e9l. Pero tuve una pesadilla horrible. Le ve\u00eda sobre un volc\u00e1n, rodeado de fuego. O\u00eda el ruido de los ca\u00f1ones; la muerte pasaba sobre \u00e9l y \u00e9l la saludaba sonriente y agitando una bandera. Le vi coronada de llamas volar hasta una llanura ensangrentada&#8230; Y de pronto todo fue oscuro; era una selva, una selva espantosa; \u00e9l iba solo&#8230; De pronto una llamarada sali\u00f3 de los \u00e1rboles y \u00e9l cay\u00f3 desplomado&#8230; y todo qued\u00f3 otra vez oscuro&#8230; Despert\u00e9 y todo segu\u00eda oscuro&#8230; oscuro&#8230; y todo est\u00e1 oscuro todav\u00eda&#8230; (Pausa). Luego supe que era glorioso, que hab\u00eda salvado a Colombia en Ayacucho, que era el gran mariscal; el volc\u00e1n acaso era el Pichincha; y supe que era presidente de Bolivia&#8230; y supe que se hab\u00eda casado con una marquesa&#8230;(Pausa) Pero eso no me dol\u00eda, porque ya yo no lo esperaba&#8230; Es m\u00e1s&#8230; no quer\u00eda que volviera&#8230; \u00bfPara qu\u00e9, para no verle?&#8230; Y as\u00ed est\u00e1 mejor&#8230; \u00c9l es m\u00edo de todos modos&#8230; y hasta creo que va a venir alg\u00fan d\u00eda a cumplir lo que me ofreci\u00f3. \u00a1A mi no me importa esa marquesa!&#8230; Es m\u00edo (R\u00ede) Me lo ha ofrecido el Cristo de las Violetas&#8230; Si viene m\u00e1s viejo o m\u00e1s feo, no me importa, porque yo&#8230; yo no lo ver\u00e9 (Solloza)<\/p>\n<p>(Todos han quedado silenciosos. Entra Mar\u00eda Antonia.)<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- \u00bfQu\u00e9 pasa, qu\u00e9 es esto?<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Nada&#8230;, otro cuento triste, otra hora sin p\u00e1jaros en el \u00e1rbol.<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Luisa, est\u00e1s llorando. \u00bfQui\u00e9n la hizo llorar?<\/p>\n<p>LUISA.- Nadie&#8230; Fui yo quien cont\u00f3 el cuento&#8230; Fue a prop\u00f3sito de las tinajas que vinieron de Guayaquil. Pensaba yo en la sed que podr\u00edan apagar ellas a tantos que viven sin agua&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- No quiero que llores, Luisa&#8230; Ya s\u00e9, ya s\u00e9 que hay mucha sed en el mundo. Que se llenen de agua todas las tinajas del mundo para la sed de todos los sedientos, pero que no se llenen de tus l\u00e1grimas mis tinajas de Guayaquil&#8230;Entra Gabriel, precedido por un negrito que trae refrescos.<\/p>\n<p>GABRIEL.- Vaya, aqu\u00ed hay agua para los sedientos. Se acab\u00f3 la tristeza.<\/p>\n<p>LUISA.- \u00bfEs Valerio?. Ven ac\u00e1. Ya s\u00e9 que le robas los mangos a Pomarrosa, me lo dijo antier. Si le sigues robando los mangos a Pomarrosa, le voy a pedir a Dios que te deje negrito para toda la vida.Entre las risas ofrece Margarita los refrescos y en medio de la conversaci\u00f3n llega Pedro, el criado, algo agitado.<\/p>\n<p>PEDRO.- Se\u00f1ora&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- \u00bfQu\u00e9 sucede?<\/p>\n<p>PEDRO.- Se\u00f1ora, la plaza del mercado est\u00e1 llena de gente&#8230; Parece que hay revuelta&#8230; Est\u00e1n gritando los patriotas&#8230;<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- \u00bfC\u00f3mo? \u00bfQu\u00e9 ocurre?<\/p>\n<p>PEDRO.- Las gentes llaman a don Fernando a la puerta de la Intendencia. Parece que hay noticias malas. Y est\u00e1n matando a uno&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- \u00bfMatando a uno? \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>PEDRO.- Por espa\u00f1ol, se\u00f1ora; dicen que han cometido un gran crimen y que los godos son los culpables. Dicen que los granadinos y los godos se han juntado para matar a los patriotas y que hay que matarlos a ellos&#8230; Anda todo revuelto y por esas calles est\u00e1n trancando las puertas&#8230;<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Algo habr\u00e1 cuando el pueblo se agita. Algo nuevo y muy malo habr\u00e1 ca\u00eddo sobre esta tierra que no se cansa de sufrir.<\/p>\n<p>VALENTINA.- !Dios m\u00edo! \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1? Don Fernando, \u00bfusted no sabe nada?<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Nada. Voy a la Intendencia a ver qu\u00e9 ocurre.<\/p>\n<p>GABRIEL.- Esp\u00e9reme, don Fernando; yo le acompa\u00f1o.<\/p>\n<p>MARGARITA.- (que est\u00e1 casi desmayada).- Gabriel&#8230; Gabriel&#8230;<\/p>\n<p>GABRIEL.- \u00bfQu\u00e9 quieres?<\/p>\n<p>MARGARITA.- Gabriel&#8230;, que si es \u00e9l&#8230;, que lo salven&#8230;<\/p>\n<p>GABRIEL.- C\u00e1lmate, no tengas cuidado&#8230;Entra Juan Antonio Velasco. (Margarita va a correr hacia \u00e9l. Mar\u00eda Antonia la detiene con la mirada.)<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- \u00bfQu\u00e9 desea usted?<\/p>\n<p>JUAN ANTONIO.- Lo que usted desee, do\u00f1a Mar\u00eda Antonia. Una noticia espantosa ha llegado a Caracas. El pueblo anda loco, quieren matar a los espa\u00f1oles y a los granadinos. Yo he venido a salvarme en esta casa del mal grande de los colombianos. Usted dir\u00e1.<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- \u00bfYo dir\u00e9?, yo dir\u00e9 que usted, si es espa\u00f1ol culpable, deb\u00eda huir de esta casa que es la casa de los patriotas.<\/p>\n<p>JUAN ANTONIO.- No soy culpable, soy espa\u00f1ol. Y vengo al lado de una mujer que me quiere.<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Esa mujer es mi hija. Y es patriota. Las mujeres de mi casa no quieren a sus enemigos.<\/p>\n<p>JUAN ANTONIO.- Al llegar le dije a usted, se\u00f1ora, que yo deseaba lo que usted deseara. Buenos d\u00edas.<\/p>\n<p>MARGARITA.- \u00a1No..!<\/p>\n<p>DON FERNANDO.- Espere usted un momento, Juan Antonio. \u00bfQu\u00e9 noticia esa esa que todos saben y que yo no s\u00e9?<\/p>\n<p>JUAN ANTONIO.- Dicen que han asesinado al Mariscal de Ayacucho. Luisa queda de pie como alucinada por el golpe. LUISA.- Que&#8230; han asesinado&#8230; al &#8230; mariscal&#8230; de Ayacucho&#8230; Que&#8230; han asesinado&#8230; al&#8230; mariscal&#8230; de Ayacucho&#8230;Valentina la sostiene en sus brazos.<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA (estupefacta).- Pero&#8230;, \u00bfpero es cierto?<\/p>\n<p>JUAN ANTONIO.- Es cierto, se\u00f1ora&#8230; Hay una comunicaci\u00f3n para don Fernado, pero al mismo tiempo la noticia ha llegado por otros \u00f3rganos. Es cierto. El 4 de junio fue asesinado el mariscal de Ayacucho en la monta\u00f1a de Berruecos.<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA (fren\u00e9tica).- \u00a1Dios bendito! \u00a1Y mi hermano se morir\u00e1, s\u00ed, se morir\u00e1; no es al general Sucre, que han matado esos bandidos! \u00a1Han matado a mi hermano! \u00a1Asesinos! \u00a1Han matado a El Libertador! \u00a1Han matado al padre! \u00bfY usted viene a pedir salvaci\u00f3n en esta casa ultrajada? \u00bfY usted viene a pedir a la casa de Bol\u00edvar vendido, de Bol\u00edvar traicionado? \u00bfUsted viene a esconderse aqu\u00ed? \u00a1Pedro, Pedro! Abre las puertas. \u00a1Di al que venga a buscar a este hombre, que est\u00e1 aqu\u00ed, que entren, que se lo lleven, que lo asesinen tambi\u00e9n como ellos asesinaron a los padres de Colombia&#8230;!<\/p>\n<p>MARGARITA.- \u00a1No! \u00a1Perd\u00f3n! \u00a1Gabriel! \u00a1Don Fernando! (Salen todos, menos las dos hermanas y Juan Antonio).<\/p>\n<p>MARGARITA. (A Juan Antonio).- \u00a1De aqu\u00ed no te vas!<\/p>\n<p>JUAN ANTONIO.- C\u00e1lmate. De aqu\u00ed me ir\u00e9; de aqu\u00ed me llevar\u00e1n. Pero no creas que he venido a esconderme, a salvarme. No, he venido a saber lo que s\u00e9; he venido a verte; he venido a preguntar si t\u00fa eras posible par m\u00ed, a preguntarle a do\u00f1a Mar\u00eda Antonia si mi esperanza era justa. Si ella me hubiera dicho: all\u00ed est\u00e1 mi hija, te la doy, entonces me hubiera escondido para salvarme. Pero ahora, ahora ya s\u00e9. Ahora ya no me importa que me asesinen delante de tu misma casa&#8230; La guerra es as\u00ed&#8230; Ganar la vida es una batalla in\u00fatil si con ella no se gana el amor. Yo gan\u00e9 mi mejor batalla contigo, la perd\u00ed con do\u00f1a Mar\u00eda Antonia. Con los Bol\u00edvar no podemos luchar los espa\u00f1oles&#8230;<\/p>\n<p>MARGARITA.- \u00a1T\u00fa no te vas de aqu\u00ed!<\/p>\n<p>JUAN ANTONIO.- No, si yo no me voy todav\u00eda. Yo todav\u00eda tengo que decirle a Luisita que t\u00fa y yo somos dos ego\u00edstas. No pensamos sino en nosotros; pero yo he visto el efecto que le produjo a ella la noticia. Yo he adivinado su dolor mucho m\u00e1s grande que el nuestro&#8230; Luisita, hoy es el d\u00eda en que les matan los novios a las Avenda\u00f1o.<\/p>\n<p>LUISA.- No, a ti no te matar\u00e1n, Juan Antonio. T\u00fa ver\u00e1s. Ese que est\u00e1 ah\u00ed se llama el Cristo de las Violetas y es patriota y espa\u00f1ol. A ti no te matar\u00e1n.<\/p>\n<p>JUAN ANTONIO.- Luisita, perd\u00f3name. No sospech\u00e9 nunca el dolor que te tra\u00eda. LUISA.- No, Juan Antonio, si ya no es dolor; ya estoy bien; \u00bfno me ves sonreida?&#8230; Margarita, \u00bfte acuerdas de lo que contaba hace un momento? \u00bfTe acuerdas? Te dije que \u00e9l era m\u00edo, m\u00edo de todos modos; te dije que \u00e9l vendr\u00eda a cumplir lo que me ofreci\u00f3; y ya t\u00fa ves, \u00e9l ha venido. Ahora le han matado y ahora no quedar\u00e1 de \u00e9l sino el recuerdo; y el recuerdo es m\u00edo, Margarita, m\u00edo solo; ni su pueblo, ni su espada, ni su marquesa me lo van a quitar ahora&#8230; \u00a1Que venga la marquesa a quit\u00e1rmelo! ES<br \/>\nm\u00edo, m\u00edo, m\u00edo&#8230;<\/p>\n<p>MARGARITA.- Hermana, bienaventurados los ciegos&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- S\u00ed, !bienaventurados los ciegos, porque ellos ver\u00e1n a Dios!; bienaventurados los ciegos, porque ellos no perder\u00e1n nunca el recuerdo; bienaventurados los ciegos, porque su amor no puede morir jam\u00e1s en su universo de sombra; bienaventurados los que no podr\u00e1n ver los ojos del amado porque as\u00ed siempre los llevar\u00e1n consigo&#8230;<\/p>\n<p>MARGARITA.- Bienaventurados los ciegos, hermana, porque para ellos ni la muerte es distancia ni la patria es abismo&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- S\u00ed&#8230; Los novios de las ciegas pueden ser mariscales, patriotas oespa\u00f1oles&#8230; Para nosotros todo es negro&#8230; Para nosotros todas las banderas son de un solo color&#8230;<\/p>\n<p>(Mar\u00eda Antonia ha o\u00eddo las \u00faltimas frases desde el fondo. Entra con un cirio).<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- Margarita&#8230; Toma, ponle esta vela al Cristo, por el alma del gran Mariscal de Ayacucho&#8230;<\/p>\n<p>LUISA.- Do\u00f1a Mar\u00eda Antonia, do\u00f1a Mar\u00eda Antonia&#8230;, no&#8230;, no le ponga usted la vela&#8230;, no&#8230;, velas no, que yo no veo&#8230;, que yo no veo la luz&#8230; Tome&#8230;,p\u00f3ngale usted violetas al Cristo de las Violetas. Violetas&#8230; Do\u00f1a Mar\u00eda Antonia, que yo pueda olerlas&#8230; p\u00f3ngale usted violetas por su alma&#8230;, que huela un poco para \u00e9l que no tiene ojos&#8230;<\/p>\n<p>(Pausa. Margarita lleva las violetas al Cristo. Luisa queda en el centro, mirando hacia delante, alta la cabeza dolorosa, como buscando el cielo. Juan Antonio, respetuoso y sereno. Mar\u00eda Antonia atraviesa lentamente la escena, viendo fijamente a Juan Antonio.)<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANTONIA.- \u00a1Pedro! \u00a1Pedro&#8230;! \u00a1Cierra las puertas, Pedro&#8230;!<\/p>\n<p><strong>TEL\u00d3N<\/strong><\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/blanco-andres-eloy\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Andr\u00e9s Eloy Blanco Un patio de la casa de los Bol\u00edvar en Caracas. La escena se desarrolla en la esquina de uno de los corredores. A la izquierda una pared blanca, en la que se apoya una mesita agobiada de flores, que enmarcan una copia del Cristo de Guacara. Dos briseras para cirios le hacen [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":1568,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1567"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1567"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1567\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1570,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1567\/revisions\/1570"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1568"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1567"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1567"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1567"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}