{"id":15628,"date":"2025-03-28T16:44:32","date_gmt":"2025-03-28T21:14:32","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15628"},"modified":"2025-03-28T16:44:32","modified_gmt":"2025-03-28T21:14:32","slug":"dos-cuentos-de-jose-salazar-dominguez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-jose-salazar-dominguez\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Jos\u00e9 Salazar Dom\u00ednguez"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Santelmo<\/h4>\n\n\n\n<p>En el paisaje de frente bamboleaba el mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Un suspiro plano, mon\u00f3tono -ensartado de espumas &#8211; se obstinaba sobre el largo faral\u00e1 de la playa.<\/p>\n\n\n\n<p>Viento: mediano.<\/p>\n\n\n\n<p>Zarpaba un barco. Se le abr\u00edan las lonas para los quejidos.<\/p>\n\n\n\n<p>La proa romp\u00eda sobre la palma del mar un camino lejanamente virgen. La estela pesada curaba \u00edntimos desgarrones.<\/p>\n\n\n\n<p>En el puerto qued\u00f3 agazapado el \u00faltimo grito de la salida y el \u00faltimo temblor oxidado de las cadenas. Ba\u00f1\u00e1ndose la mirada en el oleaje, haci\u00e9ndola saltar a los promontorios apagados, amol\u00e1ndola con el horizonte, estaba el marinero con la blusa descolorida y la faja gruesa sin apretar. Un bote varado, con la quilla al aire, era el asiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Marinero tallado en rocas de espacio. Muchas tormentas se le hab\u00edan frotado en los carrillos plomizos, a<br>ras de piel. <\/p>\n\n\n\n<p>Oy\u00e9ndolo hablar se refrescaba la emoci\u00f3n de la pesca. Un cordel de palabras en los o\u00eddos, pescando milagros.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s de su voz templada se pod\u00eda observar la claridad de los ojos. Atisbaban paisajes a\u00e9reos, lejanos, y una punta de luz los perforaba.<\/p>\n\n\n\n<p>-Bonito barco, \u00bfverdad? Dan ganas de navegar con este tiempo. \u00bfSabes qu\u00e9 destino lleva?<\/p>\n\n\n\n<p>El chasquido de una marejada rota acentu\u00f3 la pregunta.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la barba lo se\u00f1al\u00f3 y dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00c9sa es la Gaviota, de Silvani &amp; C\u00ba.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras cruzaba las. piernas y les echaba las manos enlazadas degluti\u00f3 un silencio. Despu\u00e9s sigui\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-No sabemos nunca para d\u00f3nde van los barcos. Los capitanes son unos miserables instrumentos de viaje<br>-una br\u00fajula, un mapa-. Sienten las direcciones; pero no saben para d\u00f3nde van.<\/p>\n\n\n\n<p>Se detuvo de pronto y unas marejadas izaron velas en la playa.<\/p>\n\n\n\n<p>-Cuando ya est\u00e1n a bordo es que abren la papelera. Orden de los propietarios. <\/p>\n\n\n\n<p>Dos tri\u00e1ngulos opacos cayeron sobre el agua.<\/p>\n\n\n\n<p>-Por el rumbo parece que fuera para Barlovento. Nunca se sabe. Ese rumbo lo cambian en cuanto empiece a terciar el viento. Lo m\u00e1s probable es que vaya para las Antillas. Por la carga a veces descubrimos. Bo\u00f1iga: Fortde- France. -Coconot: Puerto Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo lejos, la brisa se iba recostando de la Gaviota y el mar se atragantaba de colores en el horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojos del marinero, apu\u00f1aleados de resplandores se estacionaron largo rato sobre algo difuso, invisible, y despu\u00e9s regresaron contentos. La alegr\u00eda pint\u00f3 sus labios con un paisaje blando.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00f3 de estar sentado. Era alto y fuerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Silbando un aire de populacho hizo camino por el ruedo de la playa.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco la arena se fue empapando de huellas. <\/p>\n\n\n\n<p>Viento: mediano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando ten\u00eda cinco a\u00f1os menos -los recuerdos que ahora se le sientan al lado casi han perdido el lustre- \u00e9l era el capit\u00e1n de un barco grande.<\/p>\n\n\n\n<p>Barco de dos palos con la proa de viol\u00edn, blanco y sereno. En la cinta y en el espejo de popa lo hab\u00edan bautizado con pintura azul. Un nombre que sonaba a marejada y a burla de viento: PLAF\u00d3N.<\/p>\n\n\n\n<p>Barco \u00e1gil. Cuando se echaba al hombro sus ciento cincuenta toneladas machacaba las olas con una gran<br>despreocupaci\u00f3n. Los bruscos empellones de las marejadas lo hac\u00edan temblar desde el codaste hasta la perilla del palo mayor; pero nada m\u00e1s que un ligero estremecimiento. Un burbujeo interno, hermano del ruido de moscas que fermenta en los postes de tierra con cabellos de alambres.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando lo ascendieron a capit\u00e1n del Plaf\u00f3n, crey\u00f3 rematada su vida de hombre de mar. Estaba en el v\u00e9rtice del tri\u00e1ngulo que hab\u00eda empezado a los catorce a\u00f1os, siendo cocinero de una desmelenada balandra. <\/p>\n\n\n\n<p>De all\u00ed hacia arriba no hab\u00eda otro pelda\u00f1o. Ahora le faltaba ganar dinero. Amontonar con paciencia, con sufrimientos, unos cuantos miles de pesos y comprar el Plaf\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Desde el primer momento que concibi\u00f3 esta idea, se consider\u00f3 due\u00f1o del Plaf\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00e1s diminuto rasgu\u00f1o -peque\u00f1os descuidos de los tripulantes- sobre cualquier \u00fatil del barco era motivo de insultos y protestas.<\/p>\n\n\n\n<p>Plaf\u00f3n, de all\u00ed en adelante llev\u00f3 una vida de pulcritud. Los cobres rebrillaban ante el m\u00e1s insignificante pinchazo de luz. Sobre la cubierta daban ganas de quedarse dormido contando las estrellas. La pintura blanca, bajo el continuo frotar, iba dejando de ser pintura para convertirse en algo muy suave que se recostaba de la vista, sin da\u00f1arla.<\/p>\n\n\n\n<p>Una aureola de comentarios favorables sobre la limpieza, sobre la elegancia, sobre el buen cuidado que el<br>nuevo capit\u00e1n manten\u00eda, daba satisfactorias volteretas alrededor del Plaf\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, en realidad, el baupr\u00e9s respiraba otro aire. Hund\u00eda sus narices en atm\u00f3sferas purificadas. Las brisas se aplanaban el\u00e1sticamente sobre lo bien templado de las lonas y el mismo mar, revoltoso y sin piedad, se engalanaba de quietos lampazos para que pasara el Plaf\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante los primeros meses el contento jugaba con los corazones en la palma de las manos, los hac\u00eda subir en el aire, se volteaban, y ca\u00edan de nuevo -cara o sello-. Hab\u00eda tiempo para jugar alegr\u00edas y las sonrisas secaban sus vestidos en los dientes de los marineros.<\/p>\n\n\n\n<p>El Plaf\u00f3n navegaba bajo la caricia lustrosa de las constelaciones risue\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1\u00a1Viento del Este!!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo es cruel. A medida que se tragaba los acontecimientos, engordando de sucesos para el hambre de los historiadores, aquel cuidado del capit\u00e1n, empujado al l\u00edmite de la solicitud por vientos de congratulaciones, se hizo un bloque pesado, un pe\u00f1asco en pleno camino, con el que se tropezaba continuamente. Tom\u00f3 fosforescencias de opresi\u00f3n en las rudas almas de los marineros.<\/p>\n\n\n\n<p>Los mandos del capit\u00e1n tu vieron entonces resonancia de risas decapitadas. Se urd\u00eda la burla a la sombra del palo de mesana, cuando los mediod\u00edas enterraban sus ascuas en las pieles desnudas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se cumpl\u00edan las \u00f3rdenes, es verdad; pero cuando el estropajo fregaba la cubierta, entre el balanceo de los brazos, colgaba la iron\u00eda sus alambres de risa apretada.<\/p>\n\n\n\n<p>Se limpiaban los cobres, es verdad; pero la ceniza arrancaba lustres de chanzas malignas.<\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n no hab\u00eda dado a nadie sus intenciones. Trabajaba sordamente. Hab\u00eda obtenido permiso del propietario del Plaf\u00f3n para llevar y traer pacotillas. A fuerza de paciencia construy\u00f3 un peque\u00f1o capital que, seg\u00fan sus c\u00e1lculos, lo pondr\u00eda en condici\u00f3n para emprender otros negocios, de mayores proporciones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Entonces!&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde, cuando el agua de sus pensamientos le llegaba al cuello, se le acerc\u00f3 un viejo marinero. Quiz\u00e1 por l\u00e1stima. Quiz\u00e1 para crear una nueva burla. Y ambos, apoyados sobre el borde de una cucheta -los ojos en la lejan\u00eda- le habl\u00f3 con una voz de reconvenci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>-Capit\u00e1n, \u00bfust\u00e9 y que va a comprar este barco?<\/p>\n\n\n\n<p>Instant\u00e1neamente redujo la amplitud de su mirada lejana y la enterr\u00f3 \u00edntegra en los ojos del marinero. \u00bfC\u00f3mo lo hab\u00eda sabido? \u00bfQui\u00e9n se lo dijo? Registr\u00f3 todas sus palabras y en ninguna de ellas encontr\u00f3 la menor arista de sus intenciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta le abri\u00f3 un boquete de clarividencias retrospectivas. Y vio all\u00e1, en d\u00edas apagados, un ojo que lo contemplaba detr\u00e1s de la cocina, una risa frenada colgando perennemente de los labios de la mariner\u00eda. Sus mandos estropeados por ecos m\u00e1s o menos burlones. <\/p>\n\n\n\n<p>-Anj\u00e1 \u00a1\u00a1Atanacio! ! \u00a1\u00a1P\u00e1sele el trapo al caramanch\u00e9!!<\/p>\n\n\n\n<p>Y a esta orden se le pegaba de rabo el recalco del cocinero:<\/p>\n\n\n\n<p>-Anj\u00e1, Atanacio, que le pases un trapo al caramanch\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>-Anj\u00e1, Atanacio, \u00a1\u00a1\u00a1anj\u00e1!!!<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora estaban presentes todas las razones. Alineadas en frente de \u00e9l. <\/p>\n\n\n\n<p>El por qu\u00e9 de aquel silencio sospechoso que se abr\u00eda cuando \u00e9l se acercaba para entrometerse en las conversaciones de la gente de a bordo. <\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, con aquella sola pregunta soslayada, estaban descubiertas, desnudas, casi sin piel, todas aquellas chanzas y risas contenidas que nunca hubiera podido justificar, que nunca sembraron intranquilidades en su \u00e1nimo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Capit\u00e1n, \u00bfust\u00e9 y que va a comprar este barco?<\/p>\n\n\n\n<p>Le dio el frente al marinero viejo. Con un vistazo flexible recorri\u00f3 todos los contornos. La tripulaci\u00f3n oy\u00f3 c\u00f3mo silbaba la mirada del capit\u00e1n entre las jarcias. En los labios ten\u00eda un ligero descosido de risas, aguardando la oportunidad para rasgarlo de un solo tir\u00f3n. Aquel esbozo de risa se cauteriz\u00f3 en mueca de melancol\u00eda, de inseguridad, bajo el centelleo vibrante de la mirada del capit\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la mano abierta -aspa del trabajo- dio un fuerte bofet\u00f3n sobre la cucheta. Su intenci\u00f3n fue darla sobre aquellas caras est\u00fapidas; pero el brazo no le alcanz\u00f3 para movimiento tan amplio.<\/p>\n\n\n\n<p>-Capit\u00e1n, \u00bfust\u00e9 y que va a comprar este barco?<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed. Para eso estoy trabajando. Para comprar este barco. Para darle dos patadas a cada uno de ustedes.<\/p>\n\n\n\n<p>El marinero viejo se meti\u00f3 la barba en la pechera de la blusa y el \u00edndice en la ranura de los dientes.<br>Como hablando con alguien dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfY para qu\u00e9 lo cuidar\u00e1 tanto? As\u00ed le costar\u00e1 m\u00e1s caro.<\/p>\n\n\n\n<p>La c\u00f3lera hab\u00eda invadido el rostro del capit\u00e1n. En las orejas era donde m\u00e1s la sent\u00eda. Le pesaban dos toneladas.<\/p>\n\n\n\n<p>-Lo cuido porque este barco va a ser m\u00edo. \u00bfLo oye? Cueste m\u00e1s caro, cueste m\u00e1s barato. Va a ser m\u00edo. Para que ustedes lo sepan, zurriagos, ya estoy a la parte con el amo. <\/p>\n\n\n\n<p>Entre la tripulaci\u00f3n hubo un rumor de plegamiento. Todos se vieron a los ojos y afirmaron con las mand\u00edbulas y con los labios suspendidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una voz bambalinada de olvidos cant\u00f3 desde la proa, bonachonamente:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1\u00a1Aaayayay, yayayyyyy!! Capit\u00e1n. \u00a1\u00a1\u00a1Cuando sea amo solito no se olv\u00ede e los amigos!!!<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie dijo m\u00e1s nada. La calma se oreaba en el sol. El mar se afeitaba las barbas ancianas.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces el reflejo espor\u00e1dico de la voz del capit\u00e1n cruz\u00f3 la calma:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1\u00a1\u00a1Tesen ese amantilloooh!!!<\/p>\n\n\n\n<p>Ya estaba contento, como siempre. As\u00ed era el car\u00e1cter del capit\u00e1n del Plaf\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>De aquel brusco palabreo, que por la cortedad de su brazo no se transform\u00f3 en tragedia vulgar, hab\u00eda arrancado una idea. Piedra valiosa -cuantas veces pod\u00eda la estacionaba en la introspecci\u00f3n, le estudiaba el aspecto, la somet\u00eda a todas las refracciones mentales, la consideraba y por fin deduc\u00eda los resultados.<\/p>\n\n\n\n<p>Era buena la idea. Algunos est\u00fapidos dicen, a veces, cosas muy acertadas. Si \u00e9l no se ocupara tanto del buen cuidado del Plaf\u00f3n, pronto estar\u00eda desgre\u00f1ado, con una falsa carga de lamparones, con las velas enfermas de remiendos, el caramujo trep\u00e1ndole por la borda, el casco embarbado de limo, los motones despernados, las jarcias luyidas. El precio ser\u00eda menor.<\/p>\n\n\n\n<p>Era buena la idea. Despu\u00e9s le resarcir\u00eda de sus desgracias. Uno de los maderos se estaba apolillando; pero pod\u00eda resistir todav\u00eda. Cuando fuera due\u00f1o lo mandar\u00eda cambiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ese tiempo entr\u00f3 el Plaf\u00f3n en un per\u00edodo de abandono, navegando con las velas destempladas, mascando su poquito de sufrimiento. Con la bandera arrugada, miedosa de verle la cara al sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy pronto se not\u00f3 el cambio radical del Plaf\u00f3n. Hasta entonces hab\u00eda navegado bajo una estrella de orden y rectitud. Ahora hab\u00eda orzado en redondo. El baupr\u00e9s enchufado en miasmas y los hierros hab\u00edan colgado sus telara\u00f1as de or\u00edn sobre la blanca piel del casco.<\/p>\n\n\n\n<p>La tripulaci\u00f3n holgazana estaba en su m\u00e1s alto apogeo de contento. No hab\u00eda nada que hacer, sino re\u00edrse a escondidas, del capit\u00e1n. Ni siquiera el baldeo reglamentario de todas las ma\u00f1anas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la cubierta se despert\u00f3 una gruesa costra de aceite sucio. No hab\u00eda nada que hacer. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1nto valdr\u00eda ahora el Plaf\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>De tierra lo mandaron a llamar. Lo mand\u00f3 a llamar el propietario.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya \u00e9l sab\u00eda para qu\u00e9 era.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando echaba la pierna sobre la obra-muerta para caer en el bote vio a la mariner\u00eda agrupada cerca a la escotilla de proa.<\/p>\n\n\n\n<p>No le distingui\u00f3 los rostros; pero al revuelo, le adivin\u00f3 los p\u00f3mulos salientes, los labios montados en burlas y no pudo ponerle freno a las palabras:<\/p>\n\n\n\n<p>-Si ustedes me han echao alguna varilla, me la van a pag\u00e1. \u00a1\u00a1Marranos!!<\/p>\n\n\n\n<p>A poco, sub\u00eda y bajaba con la mar.<\/p>\n\n\n\n<p>En la proa del Plaf\u00f3n ondularon muchas banderolas agrias de carcajadas.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1 \u00a1\u00a1Hijo jes la gran \u2026 !!! Y apunt\u00f3 con el pu\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Se meti\u00f3 el alma m\u00e1s adentro para que no lo delatara. \u00c9l ten\u00eda la culpa. O\u00edrle a aquel zurriago.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>El propietario estaba sentado frente a un escritorio, haciendo n\u00fameros.<\/p>\n\n\n\n<p>Inclin\u00f3 la cara y lo vio por encima del c\u00edrculo de oro de los espejuelos. No le dijo nada. Sigui\u00f3 haciendo n\u00fameros.<\/p>\n\n\n\n<p>Por los pensamientos del capit\u00e1n pas\u00f3 un airecito de alivio. Pod\u00eda no ser con \u00e9l. Una equivocaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Respir\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El propietario habl\u00f3 con un se\u00f1or alto, algo muy interesante y remat\u00f3 despidi\u00e9ndolo con una sonrisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Una equivocaci\u00f3n, seguramente -pensaba el capit\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Una hora larga pas\u00f3 as\u00ed, viendo a todos y pensando que aquella llamada no ha debido ser con \u00e9l. Una hora de espera turbia, asaltada en el camino por luces bandoleras de \u00abya comprendo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi se le hab\u00eda apagado la raz\u00f3n de estar all\u00ed, cuando el propietario le hizo un gesto en\u00e9rgico de acercamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante el gesto, la sangre se le encaram\u00f3 en los ojos pero dio, con todo aplomo, los pasos requeridos para acercarse.<\/p>\n\n\n\n<p>-Si\u00e9ntese -le impuso una se\u00f1a del propietario. <\/p>\n\n\n\n<p>Prefiri\u00f3 quedarse de pie. El propietario, disimulando las palabras bajo un ficticio ordenamiento de papeles cargados de n\u00fameros se le meti\u00f3 por las orejas:<\/p>\n\n\n\n<p>-Usted se me queda desde ahora mismo en tierra. Me deja mi barco tranquilo -las palabras iban  haci\u00e9ndose gruesas.- Esa embarcaci\u00f3n me la tiene usted vuelta una porquer\u00eda. La tripulaci\u00f3n echada a perder. No quiero que siga m\u00e1s. \u00a1\u00a1\u00d3igalo bien!! Ahora mismo le arreglo su cuenta y se me queda. No quiero z\u00e1nganos en mi trabajo. -Dirigi\u00e9ndose a un grupo de marineros- Este juambimba se cree que \u00e9l puede comprarme ese barco. M\u00e1s antes lo hubiera sabido.- El grupo de marineros inclin\u00f3 la cara y sonri\u00f3 por lo bajo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la garganta se le amontonaron escuadrones de palabras. Palabras sin expresi\u00f3n, para las que todav\u00eda no se han hecho los labios apropiados. All\u00ed se le quedaron. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda decir \u00e9l? \u00bfQu\u00e9 ten\u00eda que responder?<\/p>\n\n\n\n<p>No las dej\u00f3 pasar de la garganta.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubiera sido peor.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ese d\u00eda se qued\u00f3 en tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>En el arreglo, efectuado bajo una expectativa de violencias result\u00f3 que no ten\u00eda el capital que so\u00f1aba.<\/p>\n\n\n\n<p>De all\u00ed en adelante le dio una cortada profunda a su vida de marinero.<\/p>\n\n\n\n<p>El Plaf\u00f3n, al mando de otro capit\u00e1n, zarp\u00f3 una tarde para puertos ignorados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l lo vio alejarse. Navegaba como si le hac\u00eda falta una vela. Como si le estorbaba un recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>El horizonte, con pausa, lo envolvi\u00f3 de lejan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1\u00a1\u00a1Viento del Sur!!!<\/p>\n\n\n\n<p>Muy poco dinero; pero suficiente para construir una casa -un cuarto.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuatro paredes. Una puerta hacia la tierra y una ventana hacia el mar.<\/p>\n\n\n\n<p>La brisa limpia entraba por la puerta y se desped\u00eda por la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la barba negra del capit\u00e1n iba cayendo la llovizna del tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1\u00a1\u00a1\u00a1Y al fin!!!!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, cuando menos lo pensaba, al amanecer borroso, el mar, c\u00f3mplice, zumb\u00f3 en la playa dos marineros desvalijados, con las panzas llenas de agua azul, con un mechoncito de vida en los ojos por \u00fanica esperanza. Eran marineros del Plaf\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy profundamente tuvo l\u00e1grimas.<\/p>\n\n\n\n<p>En la superficie le rieron los dientes y corri\u00f3 por entre los grupos atontados, antrop\u00f3fago de noticias.<\/p>\n\n\n\n<p>Bebi\u00f3 en los labios de uno de los marineros. El marino moribundo casi no pod\u00eda hablar; pero \u00e9l con los ojos, hasta con los dedos, le sacaba las palabras de la garganta.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u2026!Un viento fuerte\u2026 Una lluvia recia\u2026 Marejadas\u2026 Aver\u00eda\u2026 Madero apolillado\u2026 Marejadas. Una luz grande, grande\u2026 pegada en el palo mayor. \u00a1\u00a1Santelmo!!&#8230; Miedo\u2026 Orzamos \u2026 Siempre Santelmo\u2026 Un hombre arriba\u2026 Nada\u2026 Santelmo\u2026 Marejadas\u2026 Viento\u2026 Se hundi\u00f3\u2026 Plaf\u00f3n\u2026 \u00a1\u00a1\u00a1\u00a1Santelmo!!!!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Santelmo -luz n\u00f3made en los cielos tempestuosos- luz viviente que vuela entre las lloviznas y se para a descansar en la punta de los masteleros. \u00a1\u00a1\u00a1Luz que entre la mariner\u00eda suena como voz de maldici\u00f3n!!!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l sali\u00f3 gritando: \u00a1\u00a1Santelmo!! \u00a1\u00a1Santelmo!! Y se le hinchaba el pecho. Y segu\u00eda gritando, con los pies ba\u00f1ados en olas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1\u00a1Yo fui quien le peg\u00f3 el santelmo al Plaf\u00f3n!!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Yo!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Yo!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1M\u00edo o de nadie!!<\/p>\n\n\n\n<p>La gente sorprendida pensaba: se ha vuelto loco. Algunos se limpiaron una sonrisa de los dientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Y \u00e9l sigui\u00f3 corriendo por la playa y el grito se perdi\u00f3. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211; <\/p>\n\n\n\n<p>Hoy me he dejado llevar por mis pies.<\/p>\n\n\n\n<p>En la casa de las cuatro paredes di los buenos d\u00edas al marinero de carrillos plomizos, el que tiene los ojos perforados por una punta de luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Pegado a la pared, en el interior del cuarto, est\u00e1 un marco de madera tapado por un vidrio plano. Adentro en miniatura, la mitad longitudinal de un barco. En la cinta de popa tiene grabado el nombre de Plaf\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En una repisa cercana est\u00e1 una esperma apagada. <\/p>\n\n\n\n<p>La ventana abierta y el mar colgando en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>El marinero explica:<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba durmiendo. Lo despert\u00f3 el ruido de un trueno lejano. Sinti\u00f3 dos o tres r\u00e1fagas golpearle las paredes.<\/p>\n\n\n\n<p>La luz de la esperma se afilaba la punta y sobre los parpadeos navegaba el Plaf\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, un empuj\u00f3n del viento, abri\u00f3 la puerta y la ventana. La tempestad pas\u00f3 por all\u00ed r\u00e1pidamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Se llev\u00f3 la luz de la esperma y la convirti\u00f3 en santelmo sobre el mastelero del Plaf\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l fue. Est\u00e1 convencido de que \u00e9l fue.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo he dejado silbando un airecito de populacho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1\u00a1Viento del Norte!!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Por la hermosa costa del mar<\/h3>\n\n\n\n<p>A orillas del Caribe, por all\u00ed, hace mucho tiempo, hab\u00eda una peque\u00f1a ensenada sin nombre, que se fu\u00e9 poblando de gente y, despu\u00e9s, cuando quer\u00edamos referirnos a ella era preciso denominarla Veriso\u00f1ar. Las lanchas, los trespu\u00f1os y los faluchos fondeaban cerca de la playa, sin muelle. El mar, con sus dedos inquietos, escrib\u00eda y borraba espumas en la arena.<\/p>\n\n\n\n<p>Era desesperante la situaci\u00f3n comercial. Los peque\u00f1os pulperos sal\u00edan todos los d\u00edas a las puertas de sus negocios y se sentaban en unas sillas lustrosas, de cuero de chivo. Miraban la calle y se quedaban largo tiempo pensando, inm\u00f3viles, como negras y musgosas pe\u00f1as aisladas, cerca de los acantilados. Si, por casualidad, ven\u00eda alg\u00fan cliente trataban de entretenerse conversando con \u00e9l y, luego, con un sentimiento cansado y hondo, lo miraban alejarse. En los labios y en las barbas, acaso restregados por tormentas antiguas, se les pod\u00edan apreciar ramalazos de llanto escondido.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed sucedi\u00f3 en aquella oportunidad. Lleg\u00f3 Mano Fucho a comprar una locha de clavos en casa de Pacot\u00edn, que era un comerciante hura\u00f1o, de quien se dec\u00eda en Veriso\u00f1ar, ten\u00eda almacenada una gran fortuna. Al verlo llegar, sin levantarse de la silla, le pregunt\u00f3 desconfiadamente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres, Mano Fucho?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Deme una locha de clavos de a dos pulgadas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPunta de par\u00eds?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>El viejo traste\u00f3 en el armario. Cog\u00eda un paquete, lo miraba por el tope o por el costado, luego sacaba un clavo y hac\u00eda un c\u00e1lculo, frunc\u00eda la cara y colocaba nuevamente el paquete en su sitio, sacando, poco despu\u00e9s, otro paquete. Al fin suspir\u00f3 y ech\u00f3 unos residuos r\u00e1pidos de mirada en los contornos. Camin\u00f3 dificultosamente el espacio existente entre el armario y el mostrador. Con mucha calma, despu\u00e9s, sac\u00f3 los clavos del paquete y los ech\u00f3 sobre un pedazo de papel de estraza.<\/p>\n\n\n\n<p>Mano Fucho, de codos en el mostrador, y con la cara entre las manos, ve\u00eda la operaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 vas a clavar, Mano Fucho?<\/p>\n\n\n\n<p>El trigue\u00f1o se enderez\u00f3 inmediatamente y d\u00e1ndose importancia, con voz que trataba de esconder una cosa de gran significaci\u00f3n, le contest\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nada, se\u00f1or Pacot\u00edn. Nada, nadita. Unos pedazos de palo que tengo all\u00e1 en la casa y que\u2026 bueno\u2026 un peque\u00f1o trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>El viejo le contempl\u00f3 con malicia y gru\u00f1\u00f3 en su forma peculiar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Uuhm! T\u00fa eres un condenado, Mano Fucho, qui\u00e9n sabe qu\u00e9 diablos est\u00e1s haciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pacot\u00edn se qued\u00f3 gru\u00f1endo en la puerta, sobre su silla, viendo, con l\u00e1stima, a Mano Fucho que se alejaba y pensando en lo que estar\u00eda haciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensando as\u00ed, medio dormido, se le hizo m\u00e1s fuerte el recuerdo de Mano Fucho. Record\u00f3, entonces, cuando en tiempos buenos, Mano Fucho hizo aquel viaje en el \u00abSuperstici\u00f3n\u00bb. Le compr\u00f3 ma\u00edz en los Ca\u00f1os y se lo trajo a Veriso\u00f1ar. El viejo se gan\u00f3 como ochocientos bol\u00edvares. El pobre Mano Fucho, tan bueno que parec\u00eda. Lo sortario que era ese hombre para los negocios. Lo malo eran los palitos y aquel compa\u00f1ero Cr\u00edspulo que no lo desamparaba y que siempre estaba en l\u00edos con el gobierno y con la polic\u00eda. \u00a1Qu\u00e9 condenaci\u00f3n! La otra vez le recomend\u00f3 que fuera a la Isla y le comprara unas perlas y le trajo aquellos bolombolos limpios y brillantes. El viejo se gan\u00f3 como mil cuatrocientos bol\u00edvares en aquella operaci\u00f3n. Indudablemente era un hombre activo y honrado, lo malo era aquel Cr\u00edspulo, silencioso y taimado que hasta parec\u00eda que ten\u00eda un gran dominio sobre \u00e9l. Pero as\u00ed son las cosas, Mano Fucho estaba siempre pobre, aunque es verdad que siempre estaba contento.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, Pacot\u00edn se levant\u00f3 de la silla y se adelant\u00f3 hacia el interior del negocio. Llam\u00f3 a su mujer y le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfT\u00fa no sabes que he pensado un negocio para el \u00abSuperstici\u00f3n\u00bb que est\u00e1 sin hacer nada? Tengo ganas de embarcar los pl\u00e1tanos del compadre Filem\u00f3n y decirle a Mano Fucho que los vaya a vender a La Guaira. Siempre se conseguir\u00e1 mejor precio que aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer de Pacot\u00edn, medio distra\u00edda, le pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY Mano Fucho ha ido a La Guaira?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el viejo le replic\u00f3, haciendo ponderaci\u00f3n de Mano Fucho:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo creo que no ha ido; pero t\u00fa no sabes qui\u00e9n es ese hombre. Al fin del mundo lo mando yo y va derecho. Y lo mejor de todo es que no me cobra nada.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer de Pacot\u00edn, abstra\u00edda y como pensando en una cosa distante, sin consistencia y sin forma, quiso pensar en lo que le hab\u00eda dicho su marido; pero, al poco tiempo, se olvid\u00f3 casi por completo de lo que quer\u00eda pensar y solamente, como en una fugaz enso\u00f1aci\u00f3n de arenas y manglares, donde el mar de la costa intercala sus pliegos verdes y transparentes, se imagin\u00f3 a Mano Fucho con su sombrero coriano, que era el sombrero de los viajes. Cuando \u00e9l se pon\u00eda ese sombrero, ya todo Veriso\u00f1ar sab\u00eda que Mano Fucho estaba de viaje. Y las mujeres sal\u00edan de sus ranchos y lo miraban caminar aprisa, con sus zapatos de vaqueta y su blusa amarilla, de Kaki lavado. Caminaba contento por todas las calles y se deten\u00eda un momento cuando tropezaba con alg\u00fan conocido. Charlaba como despidi\u00e9ndose, como desenred\u00e1ndose de un hilo invisible que pretend\u00eda sujetarlo y se iba sonre\u00eddo, triunfante, aun cuando, en el alma de los que lo contemplaban y analizaban desde una posici\u00f3n quieta y serena, aquella sonrisa era falsa y escond\u00eda profundidades insospechables de traici\u00f3n y desprecio hacia todo lo que se consideraba tener un respetable valor espiritual; pero nadie osaba salirle al encuentro y desenmascarar la falsedad, porque la filosof\u00eda de orillar el peligro fu\u00e9 siempre en Veriso\u00f1ar la m\u00e1s sencilla clave para vivir bajo el ala de una mezquina felicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pacot\u00edn se volvi\u00f3 a sentar en su silla de cuero. Cruz\u00f3 los brazos sobre el pecho y respir\u00f3 pausadamente. Al poco rato y por la orilla de la acera del frente pas\u00f3 con su carretilla de mano el carretillero Traga-Concha. En un pie ten\u00eda calzada una alpargata, el otro estaba descalzo. Traga-Concha iba con la carretilla vac\u00eda, caminando hacia un destino incierto, como un barco con la carga podrida a bordo, por la hermosa costa del mar, sin saber hacia d\u00f3nde enrumbarse. Mientras caminaba introduc\u00eda la mirada r\u00e1pida y resentida hacia el interior de las casas de negocio. La rueda de la carretilla, al girar, sin aceite, estiraba en la calle un chirrido fr\u00edo, un lamento de intemperie, de abandono y de hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>Pacot\u00edn, al verlo, se acomod\u00f3 mejor en la silla y cuando el hombre estaba cerca, se levant\u00f3 bruscamente y llam\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Miguel\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l sab\u00eda que a Traga-Concha no le gustaba que lo llamaran Traga-Concha. Miguel era su nombre de pila; pero esos compa\u00f1eros de trabajo, esos bandidos, esos muchachos callejeros y sin padres que andan olisque\u00e1ndolo todo y al menor descuido se roban el papel\u00f3n, la raja de le\u00f1a, el poco de cemento, esos zambullidores audaces que se van hacia el fondo detr\u00e1s de los centavos que les tiran en el mar los regocijados pasajeros de los vapores, en el puerto afanado de olas y botes, y que despu\u00e9s, m\u00e1s tarde, cuando fueran completamente hombres se llamar\u00e1n el Lambe Plato, el Carepuya, el Quill\u00fao, \u00e9sos, \u00e9sos son los autores de Traga-Concha.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Miguel sinti\u00f3 satisfacci\u00f3n cuando lo llamaron Miguel; pero al darse cuenta de que era Pacot\u00edn quien lo llamaba, aquella satisfacci\u00f3n no tuvo en su esp\u00edritu triste sino un rapid\u00edsimo aleteo. Fuera preferible que lo hubiera llamado Traga-Concha y surgi\u00f3 en \u00e9l la intenci\u00f3n de seguir adelante, sin hacer caso; pero, no obstante, de mal humor visible, detuvo la marcha y contest\u00f3 con voz \u00e1spera:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 hubo?<\/p>\n\n\n\n<p>Pacot\u00edn se levant\u00f3 de la silla y sonri\u00f3, rasc\u00e1ndose al mismo tiempo la pierna del pantal\u00f3n. Aqu\u00e9lla era una sonrisa afable y meliflua, preparada de antemano para soportar valientemente las crudezas de un insulto vulgar. Una sonrisa de gente pr\u00e1ctica y c\u00ednica que previendo el obst\u00e1culo va segura del triunfo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nada, hombre, nada. Te iba a decir, mejor dicho, te iba a preguntar si t\u00fa no pasas por all\u00e1 por casa de\u2026 Verdad que t\u00fa no llevas ese camino. Era que me interesaba\u2026; pero, t\u00fa no pasas por all\u00ed\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El carretillero lo mir\u00f3 de arriba a abajo, midi\u00e9ndolo cautelosamente, buscando con la vista un apoyo para fundamentar la esperanza de la ganancia por el servicio prestado y al influjo de esa vaga perspectiva, se aventur\u00f3 a preguntar, picado adem\u00e1s por la curiosidad:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor casa de qui\u00e9n?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Pacot\u00edn se puso grave de pronto, como ofendido, y le di\u00f3 la espalda, encamin\u00e1ndose de nuevo a la silla y limpi\u00e1ndose con un gesto doble los antebrazos, como si hubiese tropezado con una materia pelosa y sucia. Sin embargo, en su rencor, continu\u00f3 hablando:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Que si pasabas por all\u00ed, por casa de Mano Fucho. Que por si acaso pasabas. Pero ustedes est\u00e1n de z\u00e1nganos que no se les puede decir nada. Era por si acaso me le dijeras a Mano Fucho que me interesa hablar con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>La repentina bravata de Pacot\u00edn estremeci\u00f3 y desorient\u00f3 a Traga-Concha. Casi tuvo la intenci\u00f3n de arrodillarse all\u00ed mismo y suplicarle lo perdonase. Casi tuvo en los labios la palabra sumisa de: \u00abEst\u00e1 bien, se\u00f1or Pacot\u00edn\u00bb. No la dijo; pero indudablemente la llevaba clavada certeramente en el alma. Ir\u00eda, si, ir\u00eda, sin ganar nada, a casa de Mano Fucho, a trasmitirle aquella orden del se\u00f1or Pacot\u00edn, a cumplir con aquella misi\u00f3n que le hab\u00edan impuesto las circunstancias. Y la carretilla prosigui\u00f3 deshilvanando su chirrido por la calle solitaria, embadurnada de grueso calor por un sol de mediod\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento la bodega estaba sola. Un aire liviano y burl\u00f3n se mec\u00eda en las telas de ara\u00f1a colgadas del techo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con malicia de veterano en cosas de azar y de sorpresas Mano Fucho observ\u00f3 toaos los claroscuros que circundaban a los barriles y a los cajones. Su vista trep\u00f3 despu\u00e9s por la cortina de los ajos y de las cebollas. Revis\u00f3 el techo y cont\u00f3 las vigas y luego con un descosido p\u00edcaro en los labios, Mano Fucho, golpeo varias veces con los nudillos de la mano sobre el mostrador, gritando:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ey Pacot\u00edn\u2026 Despacho\u2026 \u00bfQu\u00e9 hubo?<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer de Pacot\u00edn apareci\u00f3 silenciosamente por detr\u00e1s de unos fardos. Ten\u00eda la cara p\u00e1lida, sin sangre, como una luna indolente ascendiendo hacia el azul libre e inmenso. Mano Fucho, al verla, casi sorprendido, le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gu\u00e1, Misia Pancha, \u00bfc\u00f3mo estamos? Hac\u00eda tiempo que no le miraba esa cara.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer busc\u00f3 hacia los lados tratando de ver la cara a que se refer\u00eda Mano Fucho, y de pronto, atemorizada, temblorosa, escondi\u00e9ndose m\u00e1s atr\u00e1s del fardo que le serv\u00eda de amparo, balbuce\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya Pacot\u00edn viene. Est\u00e1 vendiendo alquitr\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mano Fucho, cuando no era Mano Fucho, cuando era Cruz Hern\u00e1ndez, cuando era el capit\u00e1n de la piragua \u00abTrinitaria\u00bb, antes, mucho antes de que viniera este Pacot\u00edn y se casara con Francisca Antonia, con misia Pancha, hab\u00eda estado enamorado de ella y la contemplaba desde todos los \u00e1ngulos de su vida con aquella mirada recelosa que parec\u00eda estallar por momentos y que poco a poco se adormec\u00eda en sue\u00f1os imposibles. Un amor ego\u00edsta y silencioso, de bifurcaciones profundas y sin finalidades categ\u00f3ricas. Un amor de lejos que nadie lo supo y que ella presinti\u00f3 nebuloso y complicado, lleno de peligros y de audacias incre\u00edbles. Era la concha sonrosada y virginal de la costa inhollada, donde el mar siempre llega t\u00edmido, entre espejos verdeantes, acariciando espumas, paladeando criptas musgosas y que, sin embargo, rememora embestidas salvajes, chasquidos furibundos, gozamientos infinitos en las profundidades inm\u00f3viles del agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Un indio alto, descalzo y en franela, con un pote de alquitr\u00e1n en la mano, surgi\u00f3 del fondo de la bodega. Detr\u00e1s de \u00e9l ven\u00eda Pacot\u00edn, ufanoso, cansado, y sin atender la presencia de Mano Fucho, se fu\u00e9 derecho hacia el indio y le grit\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Epa! amigo, mire, no se me vaya. Son dos y medio. C\u00f3jale, \u00a1qu\u00e9 avispado!<\/p>\n\n\n\n<p>El indio se detuvo, puso el pote en el quicio de la puerta y con voz compasiva, respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo no me iba. Vine a poner el pote aqu\u00ed para no ensuciarle el piso. \u00bfUsted cree que los dem\u00e1s no son honrados?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Umh! C\u00f3mo no. Todo el mundo es honrado hasta que se llegue la ocasi\u00f3n. \u00a1Umh! Y si no, que lo diga Mano Fucho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ju! Apunte para otro lado \u2014rezong\u00f3, medio sorprendido Mano Fucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Pacot\u00edn despu\u00e9s de contar y guardarse los centavos de la paga regres\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mira, hombre, te mand\u00e9 a buscar para ver si t\u00fa quieres hacerme un viajecito a La Guaira en el \u00abSuperstici\u00f3n\u00bb, con un poco de pl\u00e1tanos que tengo aqu\u00ed y otro que entrar\u00edas a recoger en Chorote. \u00c9stos se me est\u00e1n madurando y hay que hacer la operaci\u00f3n con rapidez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gu\u00e1, c\u00f3mo no. Eso es conmigo. \u00bfC\u00f3mo est\u00e1 el trespu\u00f1o? \u00bfYa est\u00e1 listo? Av\u00edseme para decirle a Crispido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ah! car\u00e1, \u00bfese Cr\u00edspulo otra vez? A m\u00ed no me gusta ese hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ah! Pero Cr\u00edspulo es el que conoce la costa. Yo nunca he ido por all\u00ed. Yo no conozco sino de aqu\u00ed para arriba; pero lo que es despu\u00e9s de Cabo Codera para all\u00e1, no me atrevo. Y Cr\u00edspulo es el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Qu\u00e9 broma \u00e9sa. Bueno. Av\u00edsale a Crispido entonces. Eso s\u00ed que va a salir caro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acu\u00e9rdese don Pacot\u00edn, de que nosotros nunca le hemos cobrado nada por nuestro trabajo. Usted sabe c\u00f3mo navegamos. La pacotilla y la cosita nos ayudan y a usted no le cobramos nada por nuestro trabajo. Ganancias l\u00edquidas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY a qui\u00e9n m\u00e1s llevan?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ah! Vamos a ver. Siempre se consigue. Eso est\u00e1 en la diligencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Mano Fucho sali\u00f3 de prisa a ponerse el sombrero coriano y sus zapatos de vaqueta.<\/p>\n\n\n\n<p>Cr\u00edspulo estaba sentado sobre un ture contemplando su atarraya remendada. Ten\u00eda las piernas cruzadas y los labios cerrados. El alborozo de Mano Fucho, cont\u00e1ndole que Pacot\u00edn hab\u00eda resuelto el viaje, no lo sacaba de su mutismo ni de aquella fr\u00eda actitud de piedra avanzada hacia el mar, donde vienen las olas y se rompen. La mirada de Cr\u00edspulo nunca miraba los ojos de los dem\u00e1s. O\u00eda y hablaba viendo para otra parte. Mano Fucho se le insinuaba meloso y trataba de cazarle un gesto, de descubrirle una intenci\u00f3n; pero Cr\u00edspulo era insondable y cuando m\u00e1s se encog\u00eda de hombros, como despreci\u00e1ndolo todo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nos vamos, Cr\u00edspulo; t\u00fa no me puedes dejar solo en esta oportunidad. Ya los papeles est\u00e1n arreglados. \u00bfT\u00fa crees que es mentira? Pacot\u00edn ya hizo embarcar los pl\u00e1tanos y tenemos que llegar a Chorote y recoger los otros pl\u00e1tanos y seguir viaje hasta La Guaira. Vamos, hombre, dec\u00eddete.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces Cr\u00edspulo se levant\u00f3 del ture. Descolg\u00f3 la tarraya y se meti\u00f3 dentro del cuarto. De all\u00ed sali\u00f3 con la cobija terciada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buena suerte \u2014le dijo a su mujer y le di\u00f3 el sombrero margarite\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Salieron a la calle. Los pasos de Cr\u00edspulo eran debidamente calculados y seguros. Los pasos de Mano Fucho se trenzaban sobre los pasos de Cr\u00edspulo. De pronto se quedaba atr\u00e1s. De pronto avanzaba. De pronto se desviaba y regresaba al lado de Cr\u00edspulo. \u00c9ste miraba por lo bajo los movimientos del otro y segu\u00eda tranquilo, con un dominio perfecto de sus movimientos, como un hombre que va y sabe para d\u00f3nde va.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres los ve\u00edan caminar. Mano Fucho con su sombrero coriano, su blusa amarilla y sus zapatos de vaqueta. Cr\u00edspulo con el sombrero margarite\u00f1o y la cobija terciada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Adi\u00f3s\u2026! \u00a1Adi\u00f3s\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>Volaban los adioses de todas las manos y de todos los labios, de todas las faldas y de todos los sombreros. Volaban los adioses y las sonrisas y Mano Fucho contestaba a los que ve\u00eda y Cr\u00edspulo no contestaba a ninguno. Y as\u00ed hasta que llegaron a la playa y se embarcaron en el cayuco.<\/p>\n\n\n\n<p>El viejo Pacot\u00edn los mir\u00f3 partir y casi se le sal\u00edan las l\u00e1grimas. Su mujer estaba pensando; pero al poco rato olvid\u00f3 lo que quer\u00eda pensar y entonces record\u00f3 que Mano Fucho llevaba el sombrero coriano y los zapatos de vaqueta y sinti\u00f3 una angustia en el pecho, como un deseo de zarpar tambi\u00e9n, de irse lejos, caminando por la orilla del mar y viendo siempre, en todo ese recorrido, la vela blanca del trespu\u00f1o en el que viajaba Mano Fucho. Y sent\u00eda c\u00f3mo cansaba la arena espesa de la playa y c\u00f3mo era de dif\u00edcil atravesar un cerro de parte a parte.<\/p>\n\n\n\n<p>La noche est\u00e1 cerrada en el cielo y en los contornos, mientras que aqu\u00ed, en el puerto de La Guaira, hay tantas luces, hay tantas claraboyas abiertas que es dif\u00edcil esconderse en la sombra. Sin embargo, Mano Fucho tiene que arriesgarse. Ese impulso de apropiarse de lo que no le pertenece juega con \u00e9l y lo empuja. Es la avidez y la ignorancia. Todav\u00eda piensa un poco y se dice: \u00ab\u00bfNo me estar\u00e1n viendo? \u00bfNo me estar\u00e1n cazando?\u00bb. Pero ya no se puede dominar. All\u00ed est\u00e1 Cr\u00edspulo, vi\u00e9ndolo de frente en la noche, medio sonre\u00eddo y amenazante. Y Mano Fucho tiembla con el fr\u00edo en la espalda y en las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Je\u2026 \u00bfC\u00f3mo que si tienes miedo, cobarde? \u2014ronca la voz de Cr\u00edspulo como una tempestad\u2014. Av\u00edsame para arreglarte y entrar yo.<\/p>\n\n\n\n<p>No. Ya est\u00e1, Cr\u00edspulo, Eso era todo. Eso era lo \u00fanico que necesitaba. La voz de un hombre sin temores, resuelta, decisiva. La voz de Cr\u00edspulo. Y all\u00e1 va Mano Fucho. Se arrasa. Se doblega, como el cordaje de las jarcias. Se cimbra, como la delgadez de un mastelero; pero avanza sobre el muelle y se echa al hombro una caja pesada. No sabe lo que es. Con ella encima va empujando esa mirada cimbreante que ve todo, que capta todos los movimientos, y llega a la borda del \u00abSuperstici\u00f3n\u00bb, jadeante, cansado. El miedo se ha diluido en la noche. El miedo a la bala del fusil del celador se ha esfumado. La muerte no le importa; pero prevalece en su pecho el terror, el terror que mana, como un latigazo de fuego, de la mirada de Cr\u00edspulo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Venga m\u00e1s \u2014le impone.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos, tres, cuatro, seis cajas m\u00e1s ingresan a bordo del \u00abSuperstici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1ntas quedan?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Quedan muchas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Est\u00e1 bien. Est\u00e1 bueno. Vamos a prepararnos para salir.<\/p>\n\n\n\n<p>El mar de la hermosa costa entra por debajo de los muelles y all\u00e1 en la oscuridad, contra el muro de cemento tachonado de caramujos, suspira y escupe una l\u00edvida saliva amarga y salada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Estamos llegando, Cr\u00edspulo. Ya se est\u00e1n viendo los morros de Veriso\u00f1ar. Ahora llegamos con ese enfermo. Miren que ese muchacho empe\u00f1arse en hacer el viaje, sabiendo que \u00e9l no sirve para nada. Dice que est\u00e1 sentido de la quebradura. \u00a1Qui\u00e9n lo mandar\u00eda a mover esas cajas!<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la proa del trespu\u00f1o viene un quejido sordo de Francisco, el Quebrado. Los dem\u00e1s se r\u00eden. \u00bfUn dolor en el mar? \u00bfQui\u00e9n se puede atrever a sentirlo? Hay que re\u00edrse. Hay que tapar el dolor con sacos de fique o con pedazos de lona h\u00fameda.<\/p>\n\n\n\n<p>El puerto de Veriso\u00f1ar se divisa hundido entre las olas. Mano Fucho se pone las manos sobre la frente para ver mejor. Su cara empalidece. Un ramalazo de presentimientos fustiga las sienes de los hombres de a bordo. Lo mejor es orzar y dirigirse hacia fuera. Hay mucho mar por all\u00e1 y as\u00ed estar\u00edan a salvo, para regresar m\u00e1s tarde. Van a perder toda la confianza del pueblo y de Pacot\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Cr\u00edspulo en el tim\u00f3n magulla:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ju\u2026! No juegue, hombre. La confianza de toda esta costa venezolana. \u00bfAcaso qu\u00e9\u2026 pues? \u00bfT\u00fa te crees que la autoridad est\u00e1 dormida? Aqu\u00ed hay que poner en ejecuci\u00f3n nuestro plan. Ni una palabra. Ya veremos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vamos a orzar.<\/p>\n\n\n\n<p>La maniobra se realiza rebas\u00e1ndose la punta de la Fortuna que resguarda del oleaje fuerte a Veriso\u00f1ar; pero no hay tiempo. La lancha de la Aduana sigue el rumbo del \u00abSuperstici\u00f3n\u00bb y se endereza en su camino. Viene levantando una ola gruesa y abofeteante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esa gente viene para ac\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Uj\u00fa\u2026 \u2014comenta Cr\u00edspulo.<\/p>\n\n\n\n<p>La lancha de la Aduana llega al costado del \u00abSuperstici\u00f3n\u00bb e inmediatamente saltan los celadores del Resguardo, armados de fusiles y en guardia contra cualquier sorpresa. Se quedan mirando a Cr\u00edspulo y a Mano Fucho, quienes imp\u00e1vidos los contemplan.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Enderece el rumbo \u2014dice el Jefe\u2014. Y registren ustedes \u2014agrega, dirigi\u00e9ndose a los celadores.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es lo que pasa? \u2014interroga Cr\u00edspulo, asombrado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfLo que pasa? Lo que pasa lo saben ustedes mejor que yo. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n las cajas de molinos que se robaron en La Guaira?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfCajas de molinos? \u00bfNosotros?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero un celador, al levantar un fardo, con la alegr\u00eda del hallazgo, grit\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Aqu\u00ed est\u00e1n, Comandante!<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00abSuperstici\u00f3n\u00bb entra en Veriso\u00f1ar. Junto con el quejido de la cadena del ancla en el escob\u00e9n va el quejido sordo de Francisco, el Quebrado, y ambos se hunden en el mar sucio del puerto, al mismo tiempo que por todo el contorno se levantan en vuelo las sangrientas iron\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Al fin cayeron esos bandidos! \u00a1Vamos a ver Pacot\u00edn ahora! \u00a1Vamos a ver la honradez! \u00a1J\u00e9, j\u00e9!<\/p>\n\n\n\n<p>En las puertas y ventanas de la calle principal se asoma \u00edntegramente la vida \u00edntima de las casas. Hab\u00eda que ver el paso de los presos. En la batea qued\u00f3 la ropa a medio lavar. La le\u00f1a del fog\u00f3n se apag\u00f3 y el almuerzo que empezaba a despedir apetitosos olores, pasm\u00f3 su actividad. Era necesario asomarse, ver, palpar, hurgar, desenvolver contra la trascendencia de aquel momento, para poder adquirir armas contra Mano Fucho, contra Cr\u00edspulo, contra Pacot\u00edn y contra la p\u00e1lida mujer de \u00e9ste.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed \u2014dec\u00eda Anto\u00f1iquita\u2014. Los han agarrado bien agarrados. Ahora s\u00ed no se van a salir con las suyas. Se robaron una cantidad de corotos y pensaban meter ese contrabandote, as\u00ed tan tranquilamente. Hasta Pacot\u00edn y la mujer caen esta vez. \u00a1Ah, viejo z\u00e1ngano y ladr\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco rato pas\u00f3 Traga-Concha con su carretilla. El gemido de la rueda prend\u00eda fr\u00edo, hambre, desesperaci\u00f3n, en los corazones; pero esto era una cosa pasajera. Lo m\u00e1s interesante era ver a los presos y la expectativa estaba montada en todas las casas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mira, t\u00fa, como te llames, mira hombre, \u00bfya los desembarcaron?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfLos desembarcaron? \u2014respondi\u00f3 Traga-Concha\u2014. No, que va. Esa gente es m\u00e1s avispada que el diablo. El pobre Cr\u00edspulo es el que menos culpa tiene, el otro p\u00e1jaro est\u00e1 remol\u00f3n\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1C\u00f3mo! \u2014Anto\u00f1iquita milagrosamente no se desmay\u00f3\u2014. \u00bfC\u00f3mo va a ser? Ni\u00f1a, imag\u00ednate \u2014le explicaba a Mercedita que no hab\u00eda podido o\u00edr el comentario\u2014. Imag\u00ednate, ahora toda la culpa se la van a echar a Mano Fucho. El m\u00e1s tonto. Ahora lo van a castigar a \u00e9l s\u00f3lo, mientras que el otro encerrado, qui\u00e9n sabe qu\u00e9 l\u00edo est\u00e1 preparando. \u00a1Francamente qu\u00e9 sinverg\u00fcenza! \u00a1Si yo tuviera unos pantalones!<\/p>\n\n\n\n<p>Y pas\u00f3 entonces Mar\u00eda Galera la vendedora de pescado fresco con su batea sobre el rollete de trapos en la cabeza. A su paso el suelo repercut\u00eda y el aire se contoneaba entre los mil pliegues de su faldota chillona.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Carite fresco! \u00a1Carite fresco!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Oye, Mar\u00eda, \u00bfc\u00f3mo va la cosa, t\u00fa que vienes de la orilla y de la Aduana, qu\u00e9 noticias tienes?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Gu\u00e1! A Mano Fucho lo han metido en un compromiso. A todos los tienen presos ah\u00ed. Qui\u00e9n sabe c\u00f3mo les metieron esos corotos en el bote y ahora los tienen que pagar. \u00a1Carite fresco! \u00a1Carite fresco!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te digo yo, Mercedita, hasta el pobre Francisco, el Quebrado, creo que va para la C\u00e1rcel y el viejo Pacot\u00edn. Har\u00edan bien en llevarse a \u00e9ste. No le perdono que me haya ganado un real sobre cada frasco de la medicina que estoy tomando para el catarro.<\/p>\n\n\n\n<p>A todo esto se not\u00f3 un movimiento de gente por los lados del Resguardo y las narices se asomaron m\u00e1s decididamente. En efecto, all\u00ed trasladaban a Cr\u00edspulo y a Mano Fucho. Ven\u00edan con la cara seria, entre los oficiales de la polic\u00eda y con las manos detr\u00e1s, fuertemente amarradas con pita. La gente se apartaba asustada y la comitiva avanz\u00f3 en su direcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer de Pacot\u00edn, desde el fondo del negocio, trataba de comprender lo que estaba pasando y el viejo miraba y miraba desde atr\u00e1s del mostrador el ir y venir de la multitud. All\u00ed se present\u00f3 Josecito, con el rostro desfigurado por la emoci\u00f3n del momento y trat\u00f3 de captar impresiones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo le parece, amigo Pacot\u00edn? \u00bfC\u00f3mo le parece?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Juhm! Esto debe ser una cosa complicada. Yo no me explico qu\u00e9 es lo que est\u00e1 pasando. Una gente tan honrada como \u00e9sa. En fin. Cr\u00edspulo debe tener la mayor responsabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Y parece que el \u00abSuperstici\u00f3n\u00bb tambi\u00e9n se pierde\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A lo mejor se pierde; pero el Gobierno debe conocerme.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo siempre he sido un hombre honrado y trabajador y no estoy con esas vagabunder\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer de Pacot\u00edn, como una luna p\u00e1lida en medio del cielo, se acerc\u00f3 y trat\u00f3 de o\u00edr algo; pero solamente oy\u00f3 o crey\u00f3 o\u00edr que su marido iba a fletar el \u00abSuperstici\u00f3n\u00bb. Se lo fletar\u00eda a Mano Fucho para que navegara bien lejos, m\u00e1s all\u00e1 de donde se ve el horizonte, por donde el sol desciende en las tardes y prende sus papeles rosados junto a las nubes quietas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y vino la Justicia inexorable. Con la majestad de sus principios, en medio de la ignorancia de todos, situ\u00f3 las responsabilidades donde menos pod\u00edan estar. Ni Mano Fucho, ni Cr\u00edspulo eran culpables del delito que se les imputaba. M\u00e1s bien se les daban satisfacciones en el fallo definitivo. Hab\u00edan sido v\u00edctimas del proceder de ese hombre que al principio no revelaba fuese capaz de semejantes actos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre el Quebrado cay\u00f3 todo el peso de la justicia. Era el \u00fanico culpable. Era el autor del robo y a su dolor se agreg\u00f3 este otro dolor del peso de la pena. El ruido del mar en la playa lo ensordec\u00eda y Veriso\u00f1ar abrazaba alegremente a los reci\u00e9n libertados.<\/p>\n\n\n\n<p>Mano Fucho hablaba con todos y se sonre\u00eda por lo bajo, despidi\u00e9ndose al mismo tiempo. Cr\u00edspulo no salud\u00f3 a nadie y se fu\u00e9 derecho a su rancho y se sent\u00f3 en su ture a remendar la atarraya, con una arruga en la frente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pacot\u00edn se restregaba las manos de contento y le dec\u00eda a Josecito:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfNo ves? No te dec\u00eda que eso era una vagabunder\u00eda. Ese Mano Fucho es un hombre honrado. Tan pronto como sali\u00f3 de la C\u00e1rcel me entreg\u00f3 completas las cuentas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Josecito, coment\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero por m\u00e1s que sea, la gente dice que los otros son unos bandidos.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento se acerc\u00f3 la mujer de Pacot\u00edn e intervino en\u00e9rgicamente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, son unos bandidos, Pacot\u00edn. S\u00ed, son unos bandidos. Yo no te quer\u00eda decir nada: pero s\u00ed, son unos bandidos. Son unos ladrones. Son unos embusteros. Son unos traidores peligrosos. Son unos\u2026 Pacot\u00edn se la qued\u00f3 mirando y le observ\u00f3 el rostro que se le iba poniendo rosado. Y le observ\u00f3 la mirada que se le iba poniendo profunda. Y Pacot\u00edn tuvo miedo de que su mujer enfermase de pronto. Pero el rostro de Misia Pancha se iba poniendo m\u00e1s y m\u00e1s rosado, hasta enrojecer por completo y entonces parec\u00eda el sol de la tarde, cuando iba cayendo all\u00e1 lejos y prendiendo colorines en la hermosa costa del mar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Santelmo En el paisaje de frente bamboleaba el mar. Un suspiro plano, mon\u00f3tono -ensartado de espumas &#8211; se obstinaba sobre el largo faral\u00e1 de la playa. Viento: mediano. Zarpaba un barco. Se le abr\u00edan las lonas para los quejidos. La proa romp\u00eda sobre la palma del mar un camino lejanamente virgen. 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