{"id":15602,"date":"2025-03-24T19:54:26","date_gmt":"2025-03-25T00:24:26","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15602"},"modified":"2025-03-24T19:55:57","modified_gmt":"2025-03-25T00:25:57","slug":"jezabel-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jezabel-fragmentos\/","title":{"rendered":"Jezabel (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Eduardo S\u00e1nchez Rugeles<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>1. La conciencia del hast\u00edo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo no creo en Dios ni en Am\u00e9rica. Siempre imagin\u00e9 que el Para\u00edso y el Infierno eran met\u00e1foras infantiles. Nunca tuve curiosidad por conocer el final del cuento. Solo cuando envolv\u00ed el ca\u00f1\u00f3n con los labios y el fr\u00edo del metal me adormeci\u00f3 la lengua me pregunt\u00e9 por el posible contenido de la muerte. Si el discurso sobre los premios y castigos es verdadero, entonces estoy perdido. Me intimida la posibilidad de un juicio. Mi problema es que tengo la conciencia llena de mierda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La culpa pide el derecho de palabra. S\u00e9 que mi testimonio puede resultar ofensivo para todos aquellos que se empe\u00f1an en otorgar un valor a las cosas, para los necios que creen en la buena fe o en la triste leyenda de las dignidades humanas. Solo puedo decir que las circunstancias jugaron en contra. En ese tiempo, todo estaba prohibido, todos los lugares de la ciudad eran peligrosos y todas las personas que tropez\u00e1bamos en la calle pod\u00edan tener la intenci\u00f3n (manifiesta u oculta) de hacernos un da\u00f1o irreparable. Est\u00e1bamos condenados al hast\u00edo. Siempre me pareci\u00f3 rid\u00edcula la rutina de reunirse en centros comerciales o hacer vida social en Farmatodo. Mis amigas y yo decidimos crear un mundo aparte. Sin pedir permiso, fundamos nuestra propia burbuja. Lo que pas\u00f3 despu\u00e9s fue que la vida se torci\u00f3&#8230; Pero, a fin de cuentas, la vida siempre se tuerce. Cac\u00e1 se convirti\u00f3 en una mujer honorable, Lorena se perdi\u00f3 en la moda pasajera de la di\u00e1spora y Eliana fue asesinada en circunstancias extraordinarias.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2. La historia oficial (los hechos)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La historia oficial es sencilla. Ocurri\u00f3 hace diez a\u00f1os. El lunes 10 de septiembre de 2012, una semana despu\u00e9s de la masacre de los estudiantes de la Universidad Metropolitana, encontraron el cuerpo. <em>La v\u00edctima, hallada en el apartamento 5C del edificio Viento Fresco, ubicado en la calle 4 de la urbanizaci\u00f3n Terrazas del \u00c1vila, fue identificada como Eliana Bloom (18)<\/em>, citaron los peri\u00f3dicos. En tiempo r\u00e9cord de cuarenta y ocho horas, oficiales rechonchos resolvieron el caso. El responsable del asesinato fue el profesor Santiago Arismendi. <em>Abstract<\/em>: Violaci\u00f3n. Homicidio calificado. Indignaci\u00f3n tuitera. Cautiverio. Fin. Semanas m\u00e1s tarde, alguna publicaci\u00f3n amarillista inform\u00f3 en un recuadro peque\u00f1o (sin fotograf\u00edas) que Santiago Arismendi, condenado por los c\u00f3digos \u00e9ticos del pat\u00edbulo latinoamericano, desapareci\u00f3 en el infierno de Yare. El linchamiento, sin embargo, fue una noticia irrelevante. Cuando eso sucedi\u00f3 la ciudad hab\u00eda olvidado por completo a Eliana Bloom y al llamado Monstruo de Terrazas del \u00c1vila. La euforia patriotera, el sempiterno debate pol\u00edtico, silenci\u00f3 el episodio. Lo que le pas\u00f3 a Eliana (lo que le pas\u00f3 a Santiago Arismendi) se perdi\u00f3 en el laberinto de la desmemoria.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3. La boda de Caca \/ La ausencia de Lorena<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Aire de Bach anunci\u00f3 el n\u00famero de circo. Carmen Casas, Cac\u00e1, entr\u00f3 a la iglesia Nuestra Se\u00f1ora de Chiquinquir\u00e1 acompa\u00f1ada por su padre, el lud\u00f3pata Eleazar. Un grupo de ni\u00f1os con retardo encabez\u00f3 el cortejo. Las amigas de Carmen, anegadas en l\u00e1grimas, ostentaban emociones vulgares. La sala estaba llena de extra\u00f1os. Hac\u00eda mucho tiempo que Carmen y yo hab\u00edamos dejado de ser amigos. Ten\u00edamos m\u00e1s de diez a\u00f1os sin mirarnos a la cara ni dirigimos la palabra. La decisi\u00f3n de asistir a la boda fue una deliberada impertinencia. Pens\u00e9 que ser\u00eda la excusa ideal para encontrar a Lorena. Sab\u00eda que estaba en Caracas. Semanas atr\u00e1s, coment\u00f3 en alg\u00fan muro de Facebook que asistir\u00eda a la boda. El rumor sobre el matrimonio de Cac\u00e1 circul\u00f3 con entusiasmo por las redes sociales; conocidos comunes redactaron rid\u00edculas esquelas. Nadie conoc\u00eda nuestro secreto. Muchas personas pensaban que nos hab\u00edamos distanciado por el efecto let\u00e1rgico del tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>La pareja avanzaba con expresi\u00f3n ext\u00e1tica. El viejo Eleazar, encanecido y amarillo, parec\u00eda borracho, hep\u00e1tico. <em>Se morir\u00e1 en menos de dos meses<\/em>, pens\u00e9. Me sent\u00e9 en la \u00faltima fila, lejos del bullicio. Uno por uno, observ\u00e9 a todos los presentes. Lorena no estaba por ninguna parte. La mirada de Carmen, solo por un segundo, se cruz\u00f3 con mis ojos. Quise creer que mi presencia le revolvi\u00f3 el est\u00f3mago pero, la verdad, no le dijo nada. Sigui\u00f3 caminando sin inmutarse. El novio, un italiano con aficiones <em>metro<\/em>, la recibi\u00f3 con un beso en la frente. Termin\u00f3 el <em>Aire<\/em>. El cura improvis\u00f3 un intrincado mon\u00f3logo sobre el significado del destino. Sal\u00ed. La memoria, entusiasmada con la lluvia, me llev\u00f3 de la mano a un territorio prohibido. Mi aparici\u00f3n en la iglesia fue una decisi\u00f3n desafortunada e hiriente. El encuentro con Carmen (y la ausencia de Lol\u00f3) result\u00f3 m\u00e1s desagradable de lo que hab\u00eda previsto; su clara indiferencia me provoc\u00f3 una hemorragia interna. Los novios posaron ante un amanerado fot\u00f3grafo de <em>\u00a1Hola!<\/em> Venezuela e improvisaron una sonrisa. \u00a1Qu\u00e9 triste!, me dije. Me burl\u00e9 de la expresi\u00f3n. La memoria es aficionada al cinismo. <em>S\u00ed, Alain&#8230; Mira-qu\u00e9-triste<\/em>, repet\u00ed en medio de la epifan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4. Mira-qu\u00e9-triste<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abMira-qu\u00e9-triste la vida de&#8230;\u00bb, gritaba Eliana. Las carcajadas de Carmen, estridentes y contagiosas, anunciaban el comienzo del juego. La nuestra fue una infancia sedentaria. Todo lo que vivimos ocurri\u00f3 en el patio del colegio. El hast\u00edo cotidiano nos oblig\u00f3 a establecer nuestras propias leyes y fronteras. Nos acostumbramos a vivir en cautiverio. Detr\u00e1s de las rejas solo hab\u00eda malandros, selva y desierto. Cuando pienso en esos a\u00f1os bostezo con desgano. La ni\u00f1ez es sin\u00f3nimo de tedio, de malestar. El letargo (la falta de inter\u00e9s por cualquier cosa) forz\u00f3 la empat\u00eda del grupo. Puede que nuestra malicia, en el fondo, fuera consecuencia directa del aburrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nunca tuve amigos hombres. En la escuela primaria, ninguno de mis compa\u00f1eros se atrev\u00eda a dirigirme la palabra. El machismo, entonces, era un honorable paradigma. Nadie quer\u00eda hablar con Alain Barral, el mariquito amigo de las putas. Porque mis amigas, desde el jard\u00edn de infancia, ten\u00edan fama de putas. El esc\u00e1ndalo les fascinaba. Nada les gustaba m\u00e1s que avivar el rumor de nuestra promiscuidad supuesta. Hacer que las maestras y los representantes hablaran mal de nosotros o nos se\u00f1alaran con indignaci\u00f3n era el m\u00e1s preciado pasatiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abMira-qu\u00e9-triste la vida de&#8230;\u00bb, insist\u00eda Eliana. Est\u00e1bamos tirados en el piso, el cabello de Lol\u00f3 resbalaba entre mis dedos cari\u00f1osos. Carmen, con las piernas abiertas, se explayaba sobre mi cintura. Nos gustaba enredarnos los unos en los otros y observar el cielo gris (eternamente gris) de la ciudad de las tormentas. Mi memoria de Caracas es la memoria de la lluvia. Todos mis recuerdos est\u00e1n pasados por agua, velados por los aguaceros que cada quince d\u00edas desbordaban el Guaire. Los profesores, aquella masa de hombres y mujeres in\u00fatiles, eran las v\u00edctimas ideales de nuestros <em>stand-up comedy<\/em>. No ten\u00edamos otros referentes. La prisi\u00f3n (la escuela) era la \u00fanica experiencia del mundo. Todos nuestros maestros, alguna vez, protagonizaron episodios de Mira-qu\u00e9-triste.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abMira-qu\u00e9-triste la vida de&#8230;\u00bb. \u00ab\u00a1La profesora Edelmira!\u00bb, dijo Lorena. Carmen no pudo controlar la risa. Escupi\u00f3 parte del refresco. Su saliva colorada me empap\u00f3 el rostro. La profesora Edelmira atraves\u00f3 el patio, subi\u00f3 las escaleras. Era una mujer menuda, peque\u00f1a, cuarentona. Ten\u00eda el cabello corto, marchito de canas. Carec\u00eda de rasgos de feminidad. Nunca sonre\u00eda. Biolog\u00eda, la materia que dictaba, era un conjunto irreverente de cuestionarios, f\u00f3rmulas, teor\u00edas y caletres. Nuestro juego consist\u00eda en imaginar la rutina de la v\u00edctima, en describir sus pobrezas esenciales, sus soledades y lamentos dom\u00e9sticos, sus dolores de vientre, sus diarreas matutinas, sus risas tontas viendo, en diferido, alg\u00fan programa de concursos. Lorena acostumbraba comenzar el inventario de agravios. Los relatos se enriquec\u00edan con distintos aportes. Todos particip\u00e1bamos. \u00ab\u00bfCreen que se masturbe?\u00bb, pregunt\u00f3 Lol\u00f3. Eliana respondi\u00f3 con seriedad: \u00abUna vez, en la despedida de soltera de su prima, la secretaria, se gan\u00f3 un vibrador. Los fines de semana se emborracha sola y juega con \u00e9l hasta quedarse dormida. Tiene tiempo que no lo usa porque se le acab\u00f3 la pila\u00bb. \u00ab\u00a1Marica! \u00a1Me voy a hacer pip\u00ed! \u2014gritaba Carmen. Intentaba hablar pero la risa se lo imped\u00eda\u2014. Me estoy imaginando&#8230; \u2014y se atragantaba\u2014. Me estoy imaginando&#8230;\u00bb, reincid\u00eda. La carcajada se tragaba sus palabras. Eliana continuaba con la descripci\u00f3n: \u00abLa \u00faltima vez que se masturb\u00f3, hace como tres meses, le quit\u00f3 las pilas al control remoto del televisor. Estaban vencidas, anaranjadas por el \u00f3xido, pero igual funcionaron. La profesora Edelmira las cambi\u00f3 y se masturb\u00f3 sin lavarse las manos. Tres d\u00edas despu\u00e9s sufri\u00f3 una infecci\u00f3n urinaria. Durante una semana tuvo que ponerse una pomada en el cl\u00edtoris y, para evitar el ardor, le recomendaron que orinara con cat\u00e9ter\u00bb. La Coca-Cola de Carmen, nuevamente, me explot\u00f3 sobre la cara. Verla re\u00edr era una fiesta. Lorena siempre esperaba mis aportes, dec\u00eda que ten\u00eda la imaginaci\u00f3n m\u00e1s delicada del mundo. Nunca me sent\u00ed mal por recrear las rutinas de aquellos impotentes. Pensaba, entonces, que la pobreza que ilustr\u00e1bamos era veros\u00edmil, que no le hac\u00edamos da\u00f1o a nadie al esbozar borradores de miseria. Venezuela, en aquel tiempo, era la tristeza clonada. Si alguien quer\u00eda ser feliz o tener una esperanza, deb\u00eda hacer la cola en cualquier embajada o resignarse a pagar un impuesto. Nuestros profesores eran coleccionistas de derrotas, voluntades envilecidas y mal pagadas. Muchas veces pens\u00e9 que las cosas que cont\u00e1bamos en Mira-qu\u00e9-triste eran menos dram\u00e1ticas que las que ocultaba la vida real. \u00ab\u00a1Dinos algo, Alain!\u00bb, insist\u00edan las muchachas. El d\u00eda que destruimos a la profesora Edelmira les cont\u00e9 cualquier cosa; dije que esa pobre mujer, diluida en sus problemas personales, quem\u00f3 con la plancha su \u00fanico vestido de fiesta (un regalo de su hermana mayor enferma de lupus). Dije que, desde hac\u00eda m\u00e1s de dos meses, no hab\u00eda tenido tiempo para ir a Farmatodo a comprar champ\u00fa, jab\u00f3n y pasta dental, por lo que asimil\u00f3 con estoicismo su problema de caspa, se ba\u00f1aba con jab\u00f3n azul y se cepillaba los dientes con bicarbonato. \u00ab\u00a1Marica, me meo&#8230;! No puedo m\u00e1s\u00bb, era la muletilla que Carmen sol\u00eda citar antes de salir corriendo. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 malo eres, mi Alain!\u00bb, dec\u00eda Eliana acarici\u00e1ndome la cara, bes\u00e1ndome en los labios. Siempre pens\u00e9 que Mira-qu\u00e9-triste era un juego inofensivo y pasajero, una actividad con la que entretenernos en el tiempo muerto del recreo. Aquellos relatos eran un producto de ocio y consumo interno. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 vida tan triste, chama!, \u2014cerraba Lorena\u2014. \u00a1Qu\u00e9 triste la vida de la profesora Edelmira!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/eduardo-sanchez-rugeles\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo S\u00e1nchez Rugeles 1. La conciencia del hast\u00edo &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo no creo en Dios ni en Am\u00e9rica. Siempre imagin\u00e9 que el Para\u00edso y el Infierno eran met\u00e1foras infantiles. Nunca tuve curiosidad por conocer el final del cuento. 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