{"id":15566,"date":"2025-03-21T13:56:22","date_gmt":"2025-03-21T18:26:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15566"},"modified":"2025-03-21T13:56:22","modified_gmt":"2025-03-21T18:26:22","slug":"cuentos-de-laura-antillano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-laura-antillano\/","title":{"rendered":"Cuentos de Laura Antillano"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El Fauno<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Para Imogen Cunningham en homenaje p\u00f3stumo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Eso no era lo usual. Ninguna muchacha \u00abde su casa\u00bb lo har\u00eda. All\u00ed estaba la diferencia, el signo del estigma. Cuando ella le propuso que posara desnudo la situaci\u00f3n pas\u00f3, de ser graciosa, a convertirse en la se\u00f1al de alarma m\u00e1s cercana a la realizaci\u00f3n de la cat\u00e1strofe. \u00c9l pod\u00eda verla envuelta en sus vestidos con dibujos de flores diminutas y su presencia era como una r\u00e1faga de viento, una nube pasajera, un revoloteo de palomas en vuelo urgente. Caminaba a veces sin direcci\u00f3n precisa dentro de la casa, y nada de lo ocurrido en el espacio de las habitaciones se escapaba a su percepci\u00f3n. El cabello revuelto, casta\u00f1o, rizado contribu\u00eda al dibujo de su figurita esquiva. El misterio, su misterio, era el resultado del contraste. Nadie pod\u00eda imaginar la explosi\u00f3n de sensualidad que podr\u00eda engendrar aquella peque\u00f1a criatura et\u00e9rea en las largas noches de la \u00abcasa grande\u00bb. Entonces pod\u00eda ignorarse el velamen producido por el fr\u00edo oto\u00f1al sobre los cristales de la ventana en las que pod\u00edan percibirse las l\u00edneas discontinuas de las gotas de lluvia resbalando, cuando entre las s\u00e1banas la tibia sensaci\u00f3n de, su piel era presente. Fuerza de huracanes y calor de brasa desped\u00eda al contacto su cuerpo, y luego de realizado el acto en infinita prolongaci\u00f3n, la cabeza descansaba displicente sobre el albor de la almohada, durmi\u00e9ndose al instante con alguna frase a medio decir, y participando la existencia de un agotamiento siempre oculto a la luz del d\u00eda. Ahora quer\u00eda que posase desnudo, y hab\u00eda escogido el lugar y el gesto, la luz y la distancia, y se lo participaba, ahora, sin m\u00e1s rodeos, como si su presencia en el proyecto fuera s\u00f3lo un detalle sin importancia y de m\u00ednimo requerimiento. Mount Rainier ser\u00eda el lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Nada como el fondo oscuro de la laguna rodeada de los pinos dispersos. La discusi\u00f3n comenz\u00f3 a convertirse en un hecho cotidiano. Ella lo recordaba continuamente. Bastaba una breve alusi\u00f3n a la limpieza de la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica, al peso de los daguerrotipos. Ella volv\u00eda a hablar del viaje a Mount Rainier y el caf\u00e9 desbordar\u00eda la taza causando una enorme mancha sobre el mantel, o \u00e9l se cortar\u00eda la mejilla con la navaja de afeitar frente al espejo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;No era realmente temor lo que sent\u00eda frente a la posibilidad del acontecimiento. Su sensaci\u00f3n estaba lejos de una definici\u00f3n cercana a alg\u00fan sentimiento anterior. Era nueva. Una suma de desconcierto y verg\u00fcenza, un deseo de complacerla por instantes y un miedo infinito al futuro inmediato. La imaginaba a ella en el momento mismo de captar a trav\u00e9s del ojo de la c\u00e1mara su cuerpo desnudo en doble circunstancia por la figura reflejada en las aguas de la laguna. Se imaginaba a s\u00ed mismo despojado de toda autoridad sobre sus propios movimientos. Ella ser\u00eda la \u00fanica presencia humana en los alrededores, pero ser\u00eda tambi\u00e9n la palabra decisiva. La se\u00f1al. La reina.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La sent\u00eda encerrada en el cuarto oscuro, absolutamente concentrada en la elaboraci\u00f3n de sus \u00abp\u00f3cimas\u00bb misteriosas, a trav\u00e9s de las cuales ella har\u00eda aparecer sobre la superficie del papel sumergido en las bandejas de colores, las im\u00e1genes en principio difusas y luego progresivamente n\u00edtidas y permanentes. Hab\u00eda terminado por comprender que para ella el gesto sensual primordial era la realizaci\u00f3n de una imagen de exquisito acabado. Ese acto era el final de una c\u00f3pula, la esencia que sintetizaba su raz\u00f3n de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche accedi\u00f3 a su ruego. Sus caricias hab\u00edan sido infinitas, ella ten\u00eda el dote de hacer sonar sus palabras en la oscuridad de la noche como si fuesen p\u00e9talos vol\u00e1tiles flotando en una nube tersa a lo largo de un cuerpo sediento de suaves roces. De esa manera pod\u00eda fundir el sonido y la caricia tangible para llegar al logro definitivo de su deseo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;A la ma\u00f1ana siguiente vieron la neblina en lento ascenso sobre las aguas tranquilas de la laguna de Mount Rainier. \u00c9l se despoj\u00f3 de una de las piezas de su ropa. La camisa, la franela, los calcetines, todo fue colocado en un espacio abierto sobre el follaje. Ella tom\u00f3 posesi\u00f3n de su c\u00e1mara y coloc\u00e1ndola a la distancia requerida se dedic\u00f3 a su oficio de lenta contemplaci\u00f3n. Buscaba una noci\u00f3n difusa, una luz suave sobre las cosas, un contraste de tonos que ser\u00edan grises. Fueron horas de arduo trabajo. Sigiloso, detallado, su ojo a trav\u00e9s del otro, fijaba gestos. Defin\u00eda posiciones estatuarias. El obedec\u00eda apacible a cada una de sus nuevas demandas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fin la provisi\u00f3n de daguerrotipos estuvo agotada, Ella se dedic\u00f3 entonces a recoger sus enseres, haciendo referencia oral, como al descuido, de todo su entusiasmo, de las alegr\u00edas futuras que estas fotograf\u00edas le deparar\u00edan. Entonces, de pronto, en un instante, tom\u00f3 conciencia de la ausencia de respuesta, nada hab\u00eda, s\u00f3lo el sonido de su propia voz. Lo busc\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00c9l no estaba en el \u00e1rea del paisaje m\u00e1s inmediata. Al fin lo encontr\u00f3. Escondido en el follaje, y realizando el acto de vestirse con gestos mec\u00e1nicos, daba la sensaci\u00f3n de estar trasladado a otra galaxia. Entonces ella pudo ver las l\u00e1grimas que rodaban por las mejillas de \u00e9l&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Aguas Permanentes<\/h4>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p>Huir al menos\/A lejana cumbre<\/p>\n\n\n\n<p>Para librarme de lo que no puedo<\/p>\n\n\n\n<p>esquivar&nbsp; ya, aunque quisiera.<\/p>\n<cite>Petrarca<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p>El agua de un riachuelo verdadero<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca terminar\u00e1<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque corra.<\/p>\n<cite>Poes\u00eda An\u00f3nima de Mongolia<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p>El aspirante al t\u00edtulo lanza un derechazo sensacional y el p\u00fablico se pone de pie. Pero el campe\u00f3n hace gala de su doble juego y en segundos el aspirante cae al piso con el arco superciliar derecho destrozado, la sangre brota, el \u00e1rbitro separa, y el p\u00fablico, a\u00fan de pie, grita.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la cosecha de arroz de 1959, las mujeres inclinadas, con agua hasta&nbsp; m\u00e1s arriba de los tobillos, hacen su tarea. Yan Sun Nyo respira con dificultad, el embarazo avanzado le anuncia el final, se yergue y retira su sombrero en forma de&nbsp; cono, para secarse el sudor de la frente con el antebrazo, el sol resplandece. Un cielo con apenas nubes dispersas ve retirarse a la mujer rodeada de dos compa\u00f1eras de faena. Ese 20 de julio nacer\u00e1 un var\u00f3n, se llamar\u00e1 Kim Duk Koo.<\/p>\n\n\n\n<p>El campe\u00f3n en este round quiere arrollar. El aspirante se ha metido en su terreno, escupe sangre, y recibe castigo, el \u00e1rbitro vuelve a separar. Se abrazan cuerpo a cuerpo. Suena la campana. Decimotercer round.<\/p>\n\n\n\n<p>Ray Manzini contempla a su madre en el interior de la panader\u00eda, ella seca el sudor de su frente empolvada de blanca harina, \u00e9l evade las palabras porque ella habla con reproche pidi\u00e9ndole que no intente buscar camorra en le barrio, ni haga creces del poder de su pu\u00f1o de hierro. Rossana Manzini sabe ya de las andanzas de su hijo, convertido en semanas en el capo de los mozalbetes de la zona, y de que este reinado le ha otorgado la oportunidad de bucear entre las piernas de la bella Carmelina la ragazza de la licorer\u00eda, entre aromas de vino y albahaca. Ray, sigue sin escuchar, y contempla a su madre con ternura, y piensa en el aroma del pan, y en los a\u00f1os que le esperan.<\/p>\n\n\n\n<p>Salta y hace pases en el cuadril\u00e1tero. Los rostros y el cuerpo est\u00e1n cubiertos de un sudor que resplandece bajo los reflectores. Estamos en el decimocuarto y antepen\u00faltimo round pautado para quince asaltos. Mancini ha desbordado todos los recursos defensivos de su rival.<\/p>\n\n\n\n<p>Kim cae\u2026 viene el \u00e1rbitro y cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ciruelos dejan caer las hojas del oto\u00f1o sobre la grama del parque en Se\u00fal. Kim pregunta a la delicada Lee, en esta tarde de septiembre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfMe querr\u00e1s siempre?<\/p>\n\n\n\n<p>La joven mira el cielo circundante, l\u00e1nguidamente, y responde: El agua de un riachuelo verdadero\/nunca terminar\u00e1\/ aunque corra.<\/p>\n\n\n\n<p>Los focos destellan sobre el cuadril\u00e1tero. El locutor habla apresurado, se ahoga con el corbat\u00edn y la gente.<\/p>\n\n\n\n<p>Las c\u00e1maras de televisi\u00f3n se aproximan con mayor inquina. Los enfermeros suben con la camilla. Kim sigue inconsciente. Ray es levantado en hombros. Los camilleros atraviesan el p\u00fablico llevando a Kim, salen de la edificaci\u00f3n, van a la ambulancia, todo es ruido y luces alrededor. La ambulancia a\u00falla, van al Desert Spring Hospital. Hoy es s\u00e1bado y 13 de noviembre de 1982.<\/p>\n\n\n\n<p>El neurocirujano ha retirado, ayer domingo, un co\u00e1gulo enorme del cerebro del p\u00fagil. Las costas del Mar Amarillo rodean Corea del Sur. Una diminuta mujer, envuelta en kimono blanco, mira el horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella lo ha visto todo desde el cuadrado pulido de la pantalla del televisor.<\/p>\n\n\n\n<p>En Catalina, Sicilia, Mar Mediterr\u00e1neo, Ray contempla distra\u00eddo a Rossana, su madre, ha engordado a trav\u00e9s de los a\u00f1os, pero a\u00fan conserva la sensualidad de su boca de gruesos labios y la picard\u00eda inesperada de su mirada.<\/p>\n\n\n\n<p>Sentada en la silla de mimbre, levanta la cabeza al cielo y deja que el salado aire marino desordene su cabellera anta\u00f1o rubia, ahora gris. Ray palpa los nudillos de su mano derecha e inevitablemente su pensamiento vuela hasta el cuadril\u00e1tero del Caesar\u00b4s Palace, y el recuerdo del diminuto y \u00e1gil coreano frente a \u00e9l, haciendo un salto de rana y demostrando la agilidad de su brazo izquierdo.<\/p>\n\n\n\n<p>El neurocirujano ha explicado hace escasos segundos a la se\u00f1ora Yang Sun Nyo, el estado de su hijo\u2026 cinco d\u00edas de vida vegetativa, ahora observa con sorpresa la fuerza de aquel cuerpo menudo de sesenta y cinco a\u00f1os de edad, que deja desmayadas las manos sobre el regazo y aparentemente no escucha m\u00e1s, refleja en el fondo plomizo de sus ojos una imprevisible firmeza serena, el neurocirujano piensa en el agua\u2026 la que, por su naturaleza blanda y flexible, cuando ataca a lo duro y&nbsp; a lo r\u00edgido, prueba ser m\u00e1s poderosa que estos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El abuelo anciano toma en su mano un racimo de uvas y lo brinda a Ray, Ray&nbsp; lo toma en su mano y al comerlo golosamente deja que el n\u00e9ctar viol\u00e1ceo riegue su mand\u00edbula. Ambos r\u00eden. Ray juega cuadr\u00e1ndose frente al abuelo, le hace unos pases, le mete un gancho izquierdo, el abuelo, grande como un oso, lo ataca por dentro con un derechazo, se abrazan limpiando el zumo de la&nbsp; uva de sus rostros, y entre el sudor y el morado empalagoso, Ray sabe que acaba de morir, un p\u00e1jaro de mal ag\u00fcero cruza el cielo de Catania.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos enfermeras y un ayudante, bajo las indicaciones del neurocirujano, procedieron a retirar al joven Duk Koo&nbsp; Kim las conexiones a los aparatos que lo manten\u00edan artificialmente en vida. Ahora intervendr\u00e1n los m\u00e9dicos especialistas en trasplantes de \u00f3rganos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>La se\u00f1ora Yang Sun Nyo, bajo los focos resplandecientes que iluminan el estudio de televisi\u00f3n, rodeada de periodistas que la asedian, acaba de admitir la muerte de su hijo. Levanta serenamente su cabeza, observa un instante la concurrencia, y declara, sin inmutarse: &#8211; Mi hijo se comport\u00f3 con valent\u00eda\u2026 el mejor honor que puedo ofrecerle es prolongar su esp\u00edritu combativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un puesto de peri\u00f3dicos de New York, la revista The Ring ocupa una l\u00ednea frontal de la fachada del mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Titula: \u201cEsc\u00e1ndalo box\u00edstico\u201d, en sus p\u00e1ginas interiores un reportaje espectacular nos cuenta lo relativo a la demanda levantada contra Ray Boom Manzini, quien se niega a ejecutar su pr\u00f3xima pelea en Saint Vicent\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Rossana Manzini pasea por la orilla de la playa, Mar Mediterr\u00e1neo, con su hijo, una ventisca levanta la arena amarillenta. Ray deja resonar en su cabeza, palabras que alguna vez le fueron dichas en la escuela: &#8211; huir al menos\/ a la lejana cumbre\/ para librarme de lo que no puedo\/ esquivar ya, aunque quisiera\/\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Lunes, 22 de noviembre de 1982.<\/p>\n\n\n\n<p>En el poblado de Kojin, a 160 kil\u00f3metros de Se\u00fal, Corea del Sur, Gimnasio Moonhawa. La joven Lee, con su traje de novia- viuda, tiene ya el alargamiento del rostro y el aire lejano en la mirada, que van adquiriendo las mujeres en el proceso mismo del embarazo.<\/p>\n\n\n\n<p>El ata\u00fad a su lado, tiene en la cabecera un enorme retrato de Kim, enmarcado en negro. El lugar est\u00e1 lleno de dolientes, algunos tienen entre sus manos fotograf\u00edas de Kim. Frente a la imagen todos hacen su reverencia. Se quema incienso. Yang Sun Nyo solloza suavemente al lado del cad\u00e1ver de su hijo. Presenciamos el velorio y la ceremonia del matrimonio p\u00f3stumo de Duk&nbsp; Koo Kim, y su novia Lee Young Mi. Todo transcurre con rigurosa sobriedad. Lee, siempre serena, dibuja una leve sonrisa, colocando su mano sobre el vientre abultado, cobija sintiendo el movimiento de su hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dolientes salen del lugar en orden silencioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Lee ha quedado sola y contempla la espalda de la peque\u00f1a Yan Sun Nyo que se aleja encorvada por el dolor. Un cielo se expande como techo sobre la costa del Mar Amarillo. La joven abraza su leve carga y piensa en su amante y en su hijo. Sabe ahora que: <em>el agua de un riachuelo verdadero\/ nunca terminar\u00e1\/ aunque corra<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/laura-antillano\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Fauno Para Imogen Cunningham en homenaje p\u00f3stumo Eso no era lo usual. Ninguna muchacha \u00abde su casa\u00bb lo har\u00eda. 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