{"id":15519,"date":"2025-03-19T16:19:02","date_gmt":"2025-03-19T20:49:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15519"},"modified":"2025-03-19T16:19:02","modified_gmt":"2025-03-19T20:49:02","slug":"don-carlos-tiene-una-querida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/don-carlos-tiene-una-querida\/","title":{"rendered":"Don Carlos tiene una querida"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Dinorah Ramos<\/h4>\n\n\n\n<p>Cuando Domingo se iba para su oficina, despu\u00e9s del almuerzo, yo me iba para el corral, sombreado por tupidos mamones. All\u00ed acostada en el suelo, miraba los pedacitos de cielo que azuleaban entre el follaje. De pronto ven\u00eda un p\u00e1jaro cantando, se paraba alg\u00fan tiempo en una ramita, y continuaba su vuelo. Mi imaginaci\u00f3n se iba a veces con el, sigui\u00e9ndolo en su errar . Tal vez cruzar\u00eda el mar que se extend\u00eda a pocos metros de nuestra casa, yendo a parar a otra playa distinta. O tal vez prefer\u00eda volar sobre la monta\u00f1a, perderse entre los jirones de la niebla, asomarse al ruido de Caracas y posarse sobre algunos de los postes del tel\u00e9fono de la capital. Me figuraba a veces que, en su inquieto vuelo pasar\u00eda tal vez cerca de la casita pastore\u00f1a de donde sal\u00ed hace un mes para convertirme en toda una due\u00f1a de casa. La casita donde discurrieron mis d\u00edas iguales hasta que vino Domingo a sacarme de mi marasmo. <\/p>\n\n\n\n<p>Hasta m\u00ed llegaban los ruidos confusos, tamizados por la distancia. Las olas tal vez batir\u00edan furiosas contra el cerco rocoso de la playa, la vida tal vez se agitar\u00eda en las calles, ignoradas tragedias llenar\u00edan la trascendencia del momento. Tal vez ese grito que llega hasta en este momento es el de un reci\u00e9n nacido que anuncia su presencia nuevecita entre nosotros, o tal vez es el de alg\u00fan moribundo que se lamenta por su desaparici\u00f3n. Yo aqu\u00ed, tendida en el suelo, con la vista fija en el azul del cielo que apenas se trasluce entre los \u00e1rboles, estoy lejos de todo eso que se agita a mi alrededor. Para m\u00ed el mundo es apenas este lugarcito sombreado y fresco, escape a la reciedumbre del sol del litoral, en que apenas se oyen los ruidos externos, en que puedo tenderme a tejer ilusiones sobre mi vida. Mi vida y la de Domingo. <\/p>\n\n\n\n<p>Un poco m\u00e1s tarde, baja ella los escalones de su casa y viene a tenderse tambi\u00e9n bajo los \u00e1rboles de su corral. Como yo, su mirada se pierde en el vac\u00edo. Como yo, su pensamiento est\u00e1 lleno. Una similitud nos ha unido, y nos ha hecho adelantar esta extra\u00f1a amistad. <\/p>\n\n\n\n<p>Se llama Dinorah. Comprendo que no es tan joven como yo, pero a veces, a pesar de su historia pasada, a pesar de su serenidad y madurez, a pesar de su misma apariencia, me parece que fuera una hermanita menor. Poco a poco me ha ido contando su historia, y yo apenas he podido contarle la m\u00eda. Porque soy una de esas mujeres honradas que como los pueblos felices, apenas tienen una p\u00e1gina reci\u00e9n empezada. <\/p>\n\n\n\n<p>Dinorah es una mujer rara. Es t\u00edmida. Yo dicharachera, fui la que tuvo que empezar la conversaci\u00f3n. Ella, con los brazos cruzados sobre el pecho, me pregunt\u00f3, tranquilamente: \u001f<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfUsted es casada? <\/p>\n\n\n\n<p>A mi respuesta afirmativa la mujer me explic\u00f3: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tal vez su marido no apruebe si llega a saber que usted habla conmigo. Usted ve, yo vivo con un hombre\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Yo me qued\u00e9 un rato en silencio. Mi familia, en Caracas, es de esas gentes pulcras en que una situaci\u00f3n de esas es inconcebible. No recuerdo nunca haber visto una mujer que viva as\u00ed. Yo hago los primeros viernes. Si el padre sabe que yo he hablado con una mujer que \u201cvive con un hombre\u201d me dar\u00eda algunos sabios consejos acerca de que las se\u00f1oras j\u00f3venes deben evitar las malas compa\u00f1\u00edas. Dinorah se queda con la mirada abstra\u00edda, como si no esperara una palabra m\u00e1s de mi. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo tartamudeo: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bueno, hasta ma\u00f1ana\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Esa ma\u00f1ana me encontr\u00f3 llena de curiosidad. El d\u00eda antes le hab\u00eda preguntado a Domingo, si conoc\u00eda a la mujer, y \u00e9l, con esa ligereza que tienen los hombres para juzgar a las mujeres, me hab\u00eda dicho: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es una loca. Fig\u00farate, los hermanos deben estar consternad\u00edsimos con esa metida de pata. Es que ya iba para vieja la pobre, y no le qued\u00f3 m\u00e1s remedio. \u00a1D\u00edgame y que echarle esa broma a la familia, una gente tan decente! Enrique es muy amigo m\u00edo. De seguro que no la han vuelto a tratar. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo ten\u00eda curiosidad de ver a la \u201cloca\u201d. No lo parece, tan serena, tan tranquila. Baja los escalones con dignidad de soberana. Me divisa a lo lejos asomada, curiose\u00e1ndola con mis ojos puros y no da se\u00f1ales de querer iniciar la conversaci\u00f3n conmigo. Viste un traje sencillito, parecido a los que me pongo yo, y ni en su apariencia ni en sus ademanes hay nada que me impulse a darle el calificativo que Domingo le ha asignado tan impulsivamente. Siempre trae consigo algo que hacer. Unas veces es un libro, que lee a ratos y a ratos olvida entre sus piernas. Otras veces un bordado o una costura. Hoy a tra\u00eddo una bandeja de papas que pela concienzudamente. Se dir\u00eda que es una tranquila madre burguesa, preparando la comida para los hijos. Nunca se me ocurrir\u00eda pensar que es una \u201cloca\u201d La mujer se ha sentado en el chinchorro, abstra\u00edda de su labor. Me ha mirado, pero tal vez no espera que yo le hable. Est\u00e1 segura de mi desprecio y de mi horror. Est\u00e1 segura de yo la considero como apestada. Se equivoca. Me interesa su vida. Me interesa saber por qu\u00e9 dejo su hogar tranquilo, sus hermanos brillantes y acomodados, su vida elegante y distra\u00edda para venirse a sepultar en este pueblo del litoral viviendo con un hombre. <\/p>\n\n\n\n<p>Me le acerco, hasta la cerca baja que divide nuestros corrales. Inicio la conversaci\u00f3n. Ella me responde un poco divertida, como quien le satisface un capricho a un ni\u00f1o mimado. Hablamos de cocina. Le cuento mis experiencias con el gusto de Domingo, acostumbrado a los excelentes guisos maternos. Ella me ofrece darme recetas, ayudarme, darme indicaciones. M\u00e1s tarde, cuando hemos terminado de hablar, ella se levanta y me dice: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bueno hasta ma\u00f1ana&#8230; <\/p>\n\n\n\n<p>Y con un tono m\u00e1s c\u00e1lido, tendi\u00e9ndome una mano en que no hay ning\u00fan anillo: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No le diga a su marido que habl\u00f3 conmigo, \u00bfquiere? <\/p>\n\n\n\n<p>Esa tarde vuelvo a preguntarle sobre ella a Domingo. Me interesa saber por qu\u00e9 el hombre no se cas\u00f3 con ella. Domingo me explica: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es que Carlos es casado, y no va a divorciarse y a abandonar a su mujer y a sus hijos por una loca como esa. Y es raro, yo nunca cre\u00ed que la mujer iba a cometer una locura como esa. Es muy inteligente, \u00bfsabes? Hasta creo que escrib\u00eda y tocaba piano, y figuraba en todas las actividades intelectuales. Yo la conoc\u00ed bastante, pero nunca me figur\u00e9 que tuviera la cabeza tan liviana\u2026 Ten cuidado, no vayas a estar hablando con ella\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Yo muevo la cabeza lentamente y de nuevo me quedo pensando. Dinorah va tomando para m\u00ed, ahora, una fisonom\u00eda distinta. La miro ahora como una de esas incre\u00edbles hero\u00ednas de una historia de amor: Julieta, Amanda, Elo\u00edsa, Margarita Gauthier\u2026Como una de esas mujeres capaces de sacrificarse \u00edntegramente por una llama cuyo poder casi me asusta. De noche, ni a\u00fan las caricias mas apasionadas de mi marido, ni a\u00fan las mejores mieles de mi luna, pueden apartar mi pensamiento de esa mujer que, viviendo una tan intensa historia de amor y de tragedia, es para mi, solamente una mujer serena y tranquila, que pela papas en el corral del vecino. <\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente ya casi no puedo aguantar mi curiosidad, asedi\u00e1ndola a preguntas. Ya nos tuteamos, Dinorah sonr\u00ede tranquilamnente, enciende un cigarrillo\u2014 primer gusto sofisticado que le sorprendo\u001f\u001f\u2014 y me conf\u00eda dulcemente: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te equivocas, Bel\u00e9n. Yo creo que todas esas historias de amor que han pasado a la inmortalidad fueron, en su tiempo, en su hora, tan humildes y calladas como puede haber sido la tuya. O como la m\u00eda. S\u00f3lo que la m\u00eda no cogi\u00f3 su cauce obligado. A veces yo me pregunto si es que en todas las historias de las mujeres honradas no hay sino un poco de renunciamiento, un mucho de cobard\u00eda. Cobard\u00eda de emprender toda una vida al lado de un hombre que no respetar\u00eda, que no acatar\u00eda nunca. Un hombre que hubiera aceptado tal vez por un poco de l\u00e1stima, tal vez por un poco de miedo de afrontar la vida a solas. \u00bfNo te fastidio Bel\u00e9n? Te estoy hablando como un libro. A m\u00ed me choca la gente que habla as\u00ed. Mejor es que hablemos de otra cosa. \u00bfQu\u00e9 tal te qued\u00f3 la torta con la receta que te di? <\/p>\n\n\n\n<p>Otras veces Dinorah me habla de cosas profundas. De pol\u00edtica, de literatura, de m\u00fasica. Para m\u00ed, muchacha acostumbrada a la vida sencilla y corriente de un hogar de la clase media, sin pretensiones y sin problemas, la palabra pausada de Dinorah me va descubriendo horizontes nuevos. Se presenta ante m\u00ed una vida en la cual no hab\u00eda so\u00f1ado hasta ahora. Domingo se queda asombrado de las conversaciones que yo le inicio por las noches, cuando yo me le siento mimosamente en las rodillas. Asombrado, y un poquito asustado: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfTu crees que las izquierdas pueden ganar las elecciones de Octubre? Ser\u00e1 un desastre para la democracia mundial, si aqu\u00ed, sobre todo en el Distrito Federal las elecciones favorecieran a los reaccionarios. <\/p>\n\n\n\n<p>Domingo se queda un rato callado, consider\u00e1ndome, mir\u00e1ndome profundamente a los ojos. Despu\u00e9s pone sus labios sobre los m\u00edos, me aprieta contra su cuerpo y dice: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero Nena, a qui\u00e9n se le ocurre que una muchachita tan linda se est\u00e9 mortificando con esas cosas! Yo ya gan\u00e9 mis elecciones: te gan\u00e9 a ti y eso es lo que interesa. <\/p>\n\n\n\n<p>Otras veces son otras cosas distintas. Domingo est\u00e1 poniendo en la radio piezas bailables, que tararea alegremente y que a veces acompa\u00f1a con las maracas. Yo vengo, le pongo la mano en el hombro y le digo mimosamente: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cuando vayas a Caracas c\u00f3mprame el \u00e1lbum de discos que tiene la Suite de Scherezada, de Rimsky-Korsakov. Estoy loca por o\u00edrla\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El se queda un poco pensativo, como pensando en qu\u00e9 influencia me ha convertido poco a poco en una mujercita, que piensa, que sue\u00f1a, que proyecta. Otras veces le llama la atenci\u00f3n la presencia de un plato nuevo que he preparado. Dinorah me ha hablado de cocina, de labores, de cultura\u2026 de todo menos de lo que me interesa. A veces cojo de sus labios, religiosamente, frases que van aclarando un poco su extra\u00f1o sentido de rebeld\u00eda: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A m\u00ed me horrorizan esas cosas igualitas, parejas, que todo el mundo acata y respeta. Cuando yo veo un par de floreros igualitos, me dan ganas de estrellar uno de ellos. Carlos se r\u00ede de m\u00ed porque cuando yo lo veo venir peinadito, pulido, como reci\u00e9n salido de la barber\u00eda, lo primero que yo hago es despeinarlo, ponerlo todo brujo\u2026. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo todav\u00eda no he visto a Carlos. Me lo imagino una mezcla de Charles Boyer, de Errol Flinn, de Clarke Gable, de Tito Guizar. Uno de de esos hombres a los cuales ninguna mujer podr\u00eda resistir. Dinorah me dice que es un hombre corriente, sin ning\u00fan rasgo sobresaliente; uno de esos hombres que parrandean todos los s\u00e1bados y para quienes tener una querida es un motivo de orgullo. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo misma no podr\u00eda justificar lo que me ha tra\u00eddo a \u00e9l, Bel\u00e9n. No me lo explico. Pero algo que no quise contener. Algo que fue m\u00e1s fuerte que los lazos que me un\u00edan a mi vida de antes. Tal vez ser\u00e1 que esos lazos no eran muy fuertes. En mi casa yo era la \u00fanica hembra y naturalmente tuve que compartir la vida que ya hab\u00edan encarrilado mis hermanos varones. Casi nunca jugu\u00e9 con mu\u00f1ecas. Mis juegos eran corridas de toros, carreras jubiladas de colegio. Compart\u00ed todas las inquietudes, todas las penas de mis hermanos. Cuando, en su tiempo de estudiantes, cayeron presos los dos mayores, mi mam\u00e1 se anul\u00f3 a fuerzas de llorar y fui yo la que tuve que hacer el papel de mujer fuerte. Luego, ayud\u00e9 a esconder a los otros que andaban perseguidos. Ayud\u00e9, a mis hermanos, ayud\u00e9 a mis amigos, y tuve que pasar por cosas que muy pocas mujeres pasar\u00edan por sus vidas. Me hice fuerte, me hice la ruda. Pero solo interiormente. Por fuera segu\u00eda siendo la mujer que tu ves, una mujer un poco t\u00edmida, un poco callada, que no quer\u00eda esa vida decididamente intelectual, debidamente masculina que me ve\u00eda obligada a llevar. Ernesto estaba enamorado de mi. Yo casi estaba resuelta a aceptarlo, a compartir con el su vida de eterno incomprendido, de pol\u00edtica siempre en oposici\u00f3n. Hubiera tenido que afrontar pobrezas, desgracias, persecuciones. Me hubiera tratado siempre como camarada, como un compa\u00f1ero que comparte todas sus penas. De pronto, me encontr\u00e9 a Carlos. Carlos fue para m\u00ed solamente un hombre. Un hombre frente a una mujer. Y no pude, no lo pude resistir\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Yo me quedo pensando en que yo no he sido toda la vida sino una mujercita apagada, una mujercita de su casa, una mujercita que ha pescado un marido. Pero ante mi todo ese concepto de seguridad de destino, hecho que representaba el que yo, a los veinte a\u00f1os, ya me hubiera casado; de tener un marido que vele por m\u00ed, que me cuide, que me haga tener hijos y me d\u00e9 un puesto en el mundo, se est\u00e1 desmoronando. Porque esta mujer que ahora no tiene nada en la vida, ha podido tener todo eso y m\u00e1s. Y lo dej\u00f3 de lado, sin apreciar siquiera que ha hecho un sacrificio. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo no s\u00e9 en realidad si es amor lo que yo siento por Carlos. Debe ser, porque si no me hubiera dado tan completamente a \u00e9l. Pero es que para m\u00ed el amor es dar. Yo no espero nada de Carlos. Yo se que para \u00e9l no soy ni siquiera un episodio interesante en su vida. Soy solo una mujer que \u00e9l quiso conquistar y conquist\u00f3, y ma\u00f1ana apartar\u00e1 de su lado con la misma facilidad con que apart\u00f3 otras por m\u00ed. Yo lo s\u00e9, pero no me importa. Me siento satisfecha de haberme dado tan enteramente a el. Y lo volver\u00eda a hacer, si ya no lo hubiera hecho. No es gracia eso de querer a una persona porque es buena, porque te da todo lo que necesitas, porque se porta maravillosamente bien contigo. La gracia es querer a pesar de los defectos; tal vez a causa de los defectos. Pero Bel\u00e9n, esas cosas nunca se me hab\u00edan ocurrido antes, si quieres que te sea franca. No pienso nunca en ello. Me pas\u00f3, sencillamente. Y si no fuera por tu curiosidad de muchacha preguntona nunca hubiera reparado. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y dime, Dinorah. \u00bfNunca has pensado en que la esposa leg\u00edtima de Carlos, su se\u00f1ora y sus mismos hijos, tienen una parte muy triste en esta historia? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bel\u00e9n \u00bftu sabes una cosa? Yo no creo que les importe mucho. Ella tiene todo lo que le importa: el nombre de Se\u00f1ora, un puesto en sociedad, y el derecho de lamentarse y de hacerse la m\u00e1rtir. Por ah\u00ed andar\u00e1 diciendo que Carlos es un canalla, que la olvida por sus queridas y proclamando que ella, una mujer honrada y correcta, es una m\u00e1rtir porque tiene que aceptarle esas cosas al marido. Yo creo que el d\u00eda que Carlos no tenga una querida, su se\u00f1ora sufrir\u00e1 una desilusi\u00f3n porque entonces no podr\u00e1 tener de qu\u00e9 quejarse. Y tal vez es su propia frialdad, su propia deficiencia, su propio cari\u00f1o o ego\u00edsmo, lo que haya impulsado a Carlos a buscar una mujer fuera de su hogar. A traerme a m\u00ed aqu\u00ed. A darle a ella una justificaci\u00f3n para quejarse. Pero estoy segura que nunca se le ocurrir\u00e1 valerse de ella para pedir el divorcio, cosa que por otra parte a m\u00ed no me ser\u00eda de ninguna utilidad. Si ma\u00f1ana Carlos me ofreciera, una vez libre, casarse conmigo, yo creo que no lo aceptar\u00eda. Estoy muy contenta de ser yo la que doy todo, sin aceptar nada m\u00e1s que un poco de cari\u00f1o\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Domingo dice que esta mujer es una loca. Tal vez lo sea, pero yo no lo creo. Yo no he vivido su historia, yo no pas\u00e9 por los d\u00edas amargos que la impulsaron. Yo tengo mi vida tranquila, asegurada, callada. Por la tarde, cuando llega le digo: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mira, Domingo, a m\u00ed me parece que esa mujer no tiene nada de loca. Lo \u00fanico que no es hip\u00f3crita. El que si es un sinverg\u00fcenza es el tal Carlos\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Domingo se enfurece, se exalta, para rega\u00f1arme. \u00bfC\u00f3mo se me ocurre a m\u00ed, una mujer de su casa, su se\u00f1ora, la que lleva su nombre, estar hablando con mujeres de esa clase? Decididamente me proh\u00edbe que tenga m\u00e1s conversaciones con esa mujer, si es que quiero conservarlo a \u00e9l. No me perdonar\u00eda nunca si yo desobedeciera sus \u00f3rdenes. Esa es una mujer que ha apartado a un hombre de su hogar leg\u00edtimo, una mujer que ha echado una sombra sobre el limpio nombre de sus hermanos. Es una mujer perdida. Yo lloro un poco, hasta que sus besos me tranquilizan. Entonces para contentarme, va al botiqu\u00edn de la esquina a comprar cerveza. Me quiere brindar una copa fresca, espumosa, alegre. Al regreso compa\u00f1a un hombre de unos treinta y cinco a\u00f1os, bien vestido, bien peinado, con aire de comerciante pr\u00f3spero y bien establecido. Domingo le trae un brazo pasado por los hombros; los dos se tratan cordialmente y se sonr\u00eden. Domingo me lo presenta, orgullosamente: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mira, tengo el gusto de presentarte a mi amigo Carlos Ib\u00e1\u00f1ez. Carlos, \u00e9sta es Bel\u00e9n, mi mujercita linda\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dinorah Ramos Cuando Domingo se iba para su oficina, despu\u00e9s del almuerzo, yo me iba para el corral, sombreado por tupidos mamones. All\u00ed acostada en el suelo, miraba los pedacitos de cielo que azuleaban entre el follaje. De pronto ven\u00eda un p\u00e1jaro cantando, se paraba alg\u00fan tiempo en una ramita, y continuaba su vuelo. 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