{"id":15480,"date":"2025-03-15T08:09:38","date_gmt":"2025-03-15T12:39:38","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15480"},"modified":"2025-10-12T17:08:25","modified_gmt":"2025-10-12T21:38:25","slug":"cuentos-argenis-rodriguez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-argenis-rodriguez\/","title":{"rendered":"Cuentos de Argenis Rodr\u00edguez"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading has-text-align-left\">Uno<\/h3>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 a gatas dici\u00e9ndose: <em>Desde aqu\u00ed lo podr\u00e9 ver<\/em>. Se tir\u00f3 sobre la hojarasca. Los secos helechos levantaron un polvo que le hizo estornudar. <em>\u00a1Caramba!<\/em> Se arrastr\u00f3 sobre su ropa de caqui, sucia de varios meses (tres). <em>Desde aqu\u00ed no se me har\u00e1 dif\u00edcil<\/em>. Los \u00e1rboles brotaban como de un mar. <em>\u00bfSer\u00e1 la fatiga lo que me tiene as\u00ed?<\/em> Porque \u00bfdesde cuando no com\u00eda? <em>Desde ayer, s\u00ed, desde ayer<\/em>. Su mano iba hacia la barba de varios meses (tres). All\u00e1 abajo el r\u00edo flu\u00eda sin cesar con su ruido constanteagudolento. <em>No pens\u00e9 que fuera peor, no pens\u00e9 que fuera peor<\/em>. El recuerdo de la comida, la olla que pend\u00eda de la peque\u00f1a troja, el fog\u00f3n y el humo d\u00eda y noche, perpetuo, subiendo por entre los \u00e1rboles. <em>No me voy a devolver. Tampoco lo puedo perder de vista<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>(\u2013Yo particip\u00e9 en la carretera. Le met\u00ed a uno un balazo en la sien. No se paraba y le tuve que tirar por la ventanilla. El jeep se fue por la cuneta y el hombre se me muri\u00f3 en los brazos. No le saqu\u00e9 una palabra. La verdad era que no pod\u00eda hablar. En el carro no hab\u00eda ning\u00fan dinero. <\/p>\n\n\n\n<p>Y lo recordaba como desva\u00eddo, all\u00ed parado, ri\u00e9ndose, chupando la ca\u00f1a, el pelo largo por detr\u00e1s. Y cuando \u00e9l fue apareciendo por primera vez [como emergiendo, se dice ahora] tambi\u00e9n le oy\u00f3 la voz:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pero qu\u00e9 lavativa, qu\u00e9 lavativa, aqu\u00ed hubo un error.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros\u2026 qu\u00e9 lavativa, qu\u00e9 lavativa\u2026 ustedes han debido esperar abajo y recibir el juramento abajo. Ahora conocen todo, el sitio\u2026 qu\u00e9 lavativa\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Debe estar sobre su rastro como el d\u00eda aquel detr\u00e1s del rastro de los cuatro que fueron abandonando los platos para lavar o los fusiles con que montaban la guardia o las botas a medida que corr\u00edan; para no llevarse nada ser\u00eda, conscientes de la necesidad que se pasaba.)<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre su rastro.<\/p>\n\n\n\n<p>(\u2013\u00bfD\u00f3nde carajos estaban las mulas, los hombres, el mismo aire que se respira? Cuando llegu\u00e9 al pueblo no vi a nadie. Tuve que exponerme hasta que los encontr\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo ve\u00eda all\u00ed balance\u00e1ndose sobre sus delgadas piernas con su inseparable \u00abThompson\u00bb en las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>El relato de los que fue dejando fr\u00edos a medida que se levantaban, cuando hab\u00eda sido todo lo contrario: <em>el relato de los que fue dejando fr\u00edos sobre las camas sin que todav\u00eda se despertaran<\/em>.)<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfno es en \u00e9l en quien piensa ahora, en el del largo cabello?<\/p>\n\n\n\n<p>cuando pod\u00eda estar pensando en la Universidad y en el aula y en las mujeres que lo hallaban interesante<\/p>\n\n\n\n<p>y en las fiestas en que luc\u00eda con su cuerpo, las fiestas a las que llev\u00f3 su cuerpo<\/p>\n\n\n\n<p>los trajes bien cortados que se cambiaba cada dos d\u00edas el mismo juramento (que se le antoja rid\u00edculo) en la T\u00e9cnica<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfno se ve ahora como si se hubiera presentado alto, despreocupado, los otros desluciendo en su presencia?<\/p>\n\n\n\n<p>(\u2013Tambi\u00e9n en la polic\u00eda de La Iguana. El Negro, Agust\u00edn y yo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Yo-yo-yo era aquel hombre delgado del pelo largo por detr\u00e1s, detr\u00e1s del rastro (\u00e9l solo) de los cuatro que fueron dejando las cosas en el camino. <\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda el d\u00eda en el campamento: \u00e9l acostado. Pedro (tambi\u00e9n acostado) debajo de un platanillo, le\u00eda un libro sobre un tal general Ducharme.<\/p>\n\n\n\n<p>El grito que parte del follaje:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00a1La gente est\u00e1 desertando!<\/p>\n\n\n\n<p>Y pedro, sin que el otro apareciera todav\u00eda en el claro:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfQu\u00e9 esperas para emprender la persecuci\u00f3n, pues?<\/p>\n\n\n\n<p>Y es el del largo cabello que llega acechante alargando la mano para coger la pistola que le tiende Pedro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfLes tiro?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s vas a hacer si no se paran?)<\/p>\n\n\n\n<p>el cielo corr\u00eda azul como un mar. Ah, ah, ah, el auto por<br>la noche y la llegada a la T\u00e9cnica<br>las manos en alto<br>juro, juro, juramos<br>las voces retumbando como en una cueva<br>\u00bfy no es \u00e9l el que ahora as\u00ed gime, se arrastra bajo el sol,<br>solo, lejos de casa?<br>sin embargo, todo pudo ser glorioso<br>recibo como m\u00e9dico sin ser m\u00e9dico<br>la fiesta en el campamento porque llegaba el primer<br>doctor<br>los hombres que extend\u00edan sus brazos infectados por<br>los mosquitos<br>las llagas<br>y la piel empa\u00f1ada por el agua<\/p>\n\n\n\n<p><em>Caramba, debe estar pis\u00e1ndome los talones\u2026 caramba\u2026 es por\u2026 es por\u2026 no he debido venirme\u2026 ayer nada m\u00e1s\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y ve\u00eda c\u00f3mo el r\u00edo se arrastraba all\u00e1 abajo todav\u00eda azul.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Dos<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Jos\u00e9<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Cada vez que veo este camino que nosotros mismos hemos trazado recuerdo el d\u00eda que llegu\u00e9. Nos hab\u00edamos detenido all\u00ed donde el r\u00edo se bifurca y el gu\u00eda se hab\u00eda adelantando dando peque\u00f1os gritos, como amortiguados por la mano que se llevaba a la boca.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed contempl\u00e9 algo que era como un fog\u00f3n y enseguida me dije: <em>Aqu\u00ed es. Al fin. Aqu\u00ed es<\/em>. Pero no divisamos nada. <em>Estar\u00e1n escondidos<\/em>, me dije entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>En este momento me vuelvo y le digo al que me sigue:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Sep\u00e1rese un poco. La experiencia nos ha ense\u00f1ado que hay que caminar un poco separados. (Y le explico que las piedras se resbalan con facilidad y pueden caerle a uno en la cabeza.) A C\u00f3ndor le cay\u00f3 una. \u00bfNo vio el pelado que tiene?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Tiene raz\u00f3n \u2013me dice el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Vicente<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sigo a este muchacho. No se r\u00ede. Aqu\u00ed no se r\u00ede nadie. La soledad, la naturaleza, todo es duro aqu\u00ed. Aqu\u00ed se acerca el m\u00e1s d\u00e9bil. Hago como me dice: me separo un poco. Recuerdo que mi pap\u00e1 me dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013El total es no dejarse dominar por los instintos. En esos montes, los instintos dominan a los hombres. Eso es lo principal \u2013me dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora yo voy aqu\u00ed. Hemos dejado de escalar y caminamos por lo recto. Tropiezo con una cuerda donde se asolean unos pescados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfAja?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>Por la patria y por el pueblo<\/em> \u2013dice mi acompa\u00f1ante que entra como con desenfado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro<\/p>\n\n\n\n<p>Veo mi reloj. Son las tres. Esta ma\u00f1ana lleg\u00f3 Vicente, hijo del general Girando. Como vive en esta comarca y es conocido, llega y dice que viene de parte del Partido, que lo nombr\u00f3 jefe militar de la zona. Al parecer, vive del nombre del padre y se pavonea por el campamento sonriendo mucho con la gente. Apenas entr\u00f3 se sent\u00f3 en el suelo, se quit\u00f3 las botas y las medias y empez\u00f3 a arrancarse el cuero de los pies, que se hab\u00eda ablandado con el agua del r\u00edo por el que camin\u00f3 cuatro horas seguidas para no dejar huellas. Despu\u00e9s vino y se sent\u00f3 en la hamaca y me llam\u00f3. Habl\u00f3 con el consabido susurro:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Vengo por uno de tus hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfCu\u00e1l?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Carlos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Carlos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Estoy en la fila en posici\u00f3n de firme. Me he vestido de limpio y me he quitado la barba. Debo hablar, como segundo en este destacamento debo hablar. Preside, como siempre, Pedro. De primero est\u00e1 Vicente, enseguida yo. No puedo negarlo, me halaga. Despu\u00e9s de esta zona, que fue la primera en fundarse, viene la de Vicente. Vicente me dijo que hab\u00eda elegido un segundo. Ese segundo soy yo. Como todo el mundo, hab\u00eda o\u00eddo hablar de m\u00ed. Y que se dijo: Nada, \u00e9ste. Pidi\u00f3, concedieron y vino por m\u00ed. <\/p>\n\n\n\n<p>Le habl\u00e9 de todo, pero lo que m\u00e1s le gust\u00f3 fue aqu\u00e9l relato de la gente que se me raj\u00f3 y tuve que hacerle frente, solo, a la situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Por eso eres el hombre \u2013dijo\u2013. Y t\u00fa sabes que la nuestra va a ser la primera zona.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pedro<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Se han ido. Lo \u00faltimo que vi fue ese sombrero nuevo de Carlos, que se ocultaba entre las hojas y la mara\u00f1a. Hay cosas que uno no se puede ocultar. Yo no pude guardar el rencor. Llam\u00e9 a Jos\u00e9 y puedo decir que me le confes\u00e9. Era por la entrada de la noche. Ya todo el mundo se andaba acostando. Le dije que se sentara aqu\u00ed y vino y se sent\u00f3 aqu\u00ed, en la hamaca.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese se\u00f1or, Vicente, se puso a hablar y a decir que es el jefe militar de la zona. Le hicieron caso, porque anda con \u00f3rdenes como para llevarse la gente que quiera\u2026 pero nadie debe olvidar que el primero que se intern\u00f3 en las monta\u00f1as fui yo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><em>Jos\u00e9<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora tiendo esta cobija sobre un mont\u00f3n de hojas. Las hojas impiden que mis huesos tropiecen con este suelo tan duro. Son mi colch\u00f3n. Todas las noches veo esas estrellas que van de un sitio a otro. Recuerdo que (cuando peque\u00f1o) en el patio de mi casa las sirvientas se\u00f1alaban, con gran misterio, esas estrellas errantes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Va a ocurrir algo \u2013dec\u00edan\u2013, porque ah\u00ed va una.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed no va a ocurrir nada. Para m\u00ed que las cosas ocurren en el coraz\u00f3n de los hombres. El rencor es una de esas cosas que ocurren\u2026<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/argenis-rodriguez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno Subi\u00f3 a gatas dici\u00e9ndose: Desde aqu\u00ed lo podr\u00e9 ver. Se tir\u00f3 sobre la hojarasca. Los secos helechos levantaron un polvo que le hizo estornudar. \u00a1Caramba! Se arrastr\u00f3 sobre su ropa de caqui, sucia de varios meses (tres). Desde aqu\u00ed no se me har\u00e1 dif\u00edcil. 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