{"id":15413,"date":"2025-07-25T14:44:04","date_gmt":"2025-07-25T19:14:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15413"},"modified":"2025-07-25T14:44:04","modified_gmt":"2025-07-25T19:14:04","slug":"cuentos-jesus-enrique-lossada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-jesus-enrique-lossada\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Jes\u00fas Enrique Lossada"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La muerte de Fontegr\u00f3<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Lo que sabemos es bien poco; lo que ignoramos es inmenso. <\/em>Laplace<\/p>\n\n\n\n<p>La muerte de Ram\u00f3n Fontegr\u00f3 tal vez demostrara que la realidad supera a la fantas\u00eda o que las creaciones y accidentes naturales agotan las ficciones del arte m\u00e1s fecundo y libre, si nos resolvi\u00e9ramos a condenar las puertas del misterio, a rechazar definitivamente las inquietantes explicaciones paranormales.<\/p>\n\n\n\n<p>Puedo asegurar que aquel novelista no era un fot\u00f3grafo de espec\u00edmenes ni un calcador de sucesos; aprovechaba -es necesario- las curvas y las aristas del mundo circundante, pero para componer con ellas figuras geom\u00e9tricas, laberintos y arabescos de su invenci\u00f3n: una novela suya era un complejo efluvio de su personalidad, concentr\u00e1ndose en im\u00e1genes heterog\u00e9neas; sus criaturas nac\u00edan de s\u00ed mismo, como nacen de la propia sustancia del m\u00e9dium las vivas formas ectopl\u00e1smicas. Sus obras alcanzaban repetidas ediciones, y su p\u00fablico crec\u00eda incesantemente. <\/p>\n\n\n\n<p>En su \u00faltima novela, <em>La corbata verde<\/em>, entre varios personajes pintados con duras tintas, se destacaba el raro \u00abtipo\u00bb de un anormal, autor de m\u00faltiples asesinatos, ejecutados en condiciones semejantes. Sus v\u00edctimas llevaban siempre corbata verde en el momento del atentado, y presentaban la misma herida horizontal del cuello, que seccionaba la car\u00f3tida primitiva izquierda. Fontegr\u00f3 describ\u00eda as\u00ed a su extra\u00f1o man\u00edaco: \u00abUn hombrecillo fr\u00e1gil, de ojos asim\u00e9tricos diversamente azulados, grandes bigotes rubios y ca\u00eddos, p\u00f3mulos prominentes y nariz desviada y respingona. Hablaba con una fina voz asustadiza, volteaba la cabeza a cada momento y caminaba a saltitos, como los p\u00e1jaros. Ten\u00eda el hoyuelo at\u00e1vico en medio del occipital. Pod\u00eda clasificarse en el segundo grupo de los locos impulsivos de Foville\u00bb. El impulso sal\u00eda, fulminante, de improviso, a la superficie de su esp\u00edritu, como sale el viento por la rotura de un neum\u00e1tico; avasallaba su voluntad y se sobrepon\u00eda a su raz\u00f3n, pero dejando limpia y desvelada su conciencia. Lo preced\u00eda un malestar invasor de todo el organismo, una creciente angustia como la del que, a punto de realizar un profundo y caro deseo, teme el fracaso del postrer momento. La impresi\u00f3n que en su retina produc\u00eda la diminuta gr\u00edmpola de una corbata verde, era el se\u00f1uelo de la reacci\u00f3n terrible, el motor inexplicable de aquel mecanismo de muerte. Un temblor sacud\u00eda su cuerpo, y el pu\u00f1al part\u00eda en su mano, recto, como una flecha. Despu\u00e9s, ya satisfecha la impulsi\u00f3n fatal, una sensaci\u00f3n de paz y de dulzura lo invad\u00eda, como si sumergiera sus miembros en un sedante ba\u00f1o de agua tibia o se envolviera en sedas perfumadas y acariciadoras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1l era el origen de esa psicosis desconcertante? Probablemente la repercusi\u00f3n en lo f\u00edsico de un traumatismo intelectual y moral. El man\u00edaco, a la edad de nueve a\u00f1os, hab\u00eda perdido a su padre, asesinado misteriosamente en las afueras de la ciudad. No se pudo identificar al agresor; s\u00f3lo se supo que en el acto de la ejecuci\u00f3n del delito llevaba una corbata verde.<\/p>\n\n\n\n<p>Fontegr\u00f3 regresaba en su flamante \u00abPackard\u00bb de una comida de amigos. Lo acompa\u00f1aban su secretario P\u00e9rez Urrutia y el poeta Benavides. Cuando se acercaban a la casa del novelista, un sujeto se interpuso en el camino; el chofer fren\u00f3 r\u00e1pidamente, y el hombre se hizo a un lado, rozado apenas por el parafango. Al descender Fontegr\u00f3 del auto, el desconocido se detuvo delante de \u00e9l, lo mir\u00f3 un momento con ojos vac\u00edos, y en un movimiento imprevisto y autom\u00e1tico, se le ech\u00f3 encima hundi\u00e9ndole la hoja de un pu\u00f1al en la garganta. La v\u00edctima cay\u00f3 de espaldas en brazos de su aterrorizado secretario. Benavides estaba como desvanecido en el asiento. La sangre brotaba sin cesar de la herida, y Fontegr\u00f3 mor\u00eda pocos minutos despu\u00e9s, con una mueca de horror paralizada en el rostro p\u00e1lido. Su corbata verde se ti\u00f1\u00f3 de rojo. P\u00e9rez Urrutia en su estupefacci\u00f3n percibi\u00f3 ese detalle, y sinti\u00f3 un sofocante remordimiento, como si una mano interior apretara hasta la asfixia su conciencia: \u00a1\u00e9l hab\u00eda sugerido a Fontegr\u00f3 la idea de asistir a la comida adornado con aquella gr\u00edmpola de muerte!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPero qui\u00e9n pod\u00eda imaginar ese desenlace tr\u00e1gico y absurdo? \u00bfQui\u00e9n pod\u00eda suponer que los vacuos esbozos de la fantas\u00eda tuvieran semejantes prolongaciones en el mundo de la realidad? Algunas personas que pasaban por el lugar en el momento del suceso, corrieron en pos del asesino; varios gendarmes se les unieron en la persecuci\u00f3n, pero no lograran aprehenderlo. Se escabull\u00eda de entre la gente que le sal\u00eda al paso, en su fuga dejaba atr\u00e1s a los m\u00e1s \u00e1giles, y al cruzar de una esquina se les perdi\u00f3 de vista. No pudo encontrarse ning\u00fan rastro suyo, ning\u00fan dato para orientarse en su seguimiento. Se levant\u00f3 la instrucci\u00f3n criminal.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00e9rez Urrutia, Benavides y cinco o seis testigos m\u00e1s <em>de visu<\/em>, rindieron sus declaraciones; coincid\u00edan todos en la descripci\u00f3n del asesino: un hombrecillo de nariz arremangada y grandes bigotes ca\u00eddos. Una mujer que se top\u00f3 con \u00e9l cuando se escapaba, dijo que al pasar cerca de ella la mir\u00f3 un momento, y su mirada azul y fr\u00eda le penetr\u00f3 hasta el alma, como un tirabuz\u00f3n el\u00e9ctrico. El chofer confes\u00f3 que \u00e9l ten\u00eda la impresi\u00f3n de que el hombrecillo se hab\u00eda metido por el radiador y hab\u00eda salido alzando la tapa de la trompa, y desliz\u00e1ndose luego por delante del parafango en el momento de detenerse el carro. En el informe de los m\u00e9dicos reconocedores se le\u00eda: \u00abEl instrumento vulnerante interes\u00f3 la car\u00f3tida primitiva izquierda y las membranas fibromuscular, muscular y mucosa de la tr\u00e1quea, alcanzando la tercera v\u00e9rtebra cervical y produciendo una hemorragia a consecuencia de la cual sobrevino la muerte\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s pudo aprehenderse al misterioso asesino de Ram\u00f3n Fontegr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"167\" height=\"21\" class=\"wp-image-13249\" style=\"width: 150px;\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/separador-fino.jpg\" alt=\"\"><\/p>\n\n\n\n<p>No debiera decirse que la extra\u00f1a muerte del novelista Fontegr\u00f3 es inexplicable. Ser\u00eda m\u00e1s exacto decir que tiene dos explicaciones divergentes, una que suministran las realidades materiales, el burdo juego ostensible de causas y efectos f\u00edsicos ordinarios; y otra que sugieren las ilimitadas posibilidades de la fenomenolog\u00eda paraps\u00edquica. La primera explicaci\u00f3n tropieza con dificultades poderosas. Para admitirla es necesario admitir la confluencia de circunstancias extravagantes y fortuitas que dif\u00edcilmente satisfacen a las inteligencias reflexivas. Repugna a la raz\u00f3n una coincidencia tan perfecta entre la imaginaci\u00f3n y la realidad, repugna que aquel tipo de man\u00edaco, de loco impulsivo, sacado de la punta de la estilogr\u00e1fica y puesto sobre los blancos pa\u00f1ales de las cuartillas, tuviera, en el mundo real, bajo el sol, un hom\u00f3logo, un duplicado en la especialidad morbosa y hasta en los detalles de la conformaci\u00f3n org\u00e1nica. Y, adem\u00e1s, la forma en que se efectu\u00f3 el hecho, ese encuentro tan inveros\u00edmil para ser casual, y m\u00e1s inveros\u00edmil a\u00fan para ser provocado; la desaparici\u00f3n casi instant\u00e1nea del hombrecillo entre las manos de sus perseguidores, como si se\u00b7 tratara de un ser flu\u00eddico, provisorio, y aquel desvanecimiento de Benavides,<br>tan semejante a un estado de trance \u2026 Hay casos -como \u00e9ste- en que las explicaciones naturales son las menos ver\u00eddicas y atrayentes. La otra explicaci\u00f3n, la que nos viene del lado del misterio, es m\u00e1s satisfactoria, y hasta m\u00e1s cient\u00edfica, a pesar de sus oscuridades. A Fontegr\u00f3, al ponerse la corbata verde, le asaltar\u00eda la idea de que iba a ser v\u00edctima del man\u00edaco asesino, vitalizado en\u00e9rgicamente en su cerebro; esta idea trabajando despu\u00e9s subconscientemente sobre sus fuerzas \u00f3dicas propias y sobre las de sus amigos P\u00e9rez Urrutia y Benavides -Benavides en especial- se plasm\u00f3 en el fantasma del hombrecillo, insufl\u00e1ndole el morboso impulso que se dispar\u00f3 en la realizaci\u00f3n de aquel parricidio sin ejemplo. Esto no tiene nada de imposible para los que hayan profundizado en el mar sin l\u00edmites de los fen\u00f3menos supranormales. Seg\u00fan la opini\u00f3n que prevalece entre los observadores m\u00e1s ilustres, plasmaciones de esa naturaleza son las que engendraron la Katie King de Crookes, la Yolanda y la Leila de madame d&#8217;Esperance; exteriorizaciones de esas fuerzas fueron las que produjeron, aunque en circunstancias muy diferentes, la muerte de Robert Foraker a quinientas leguas de distancia de su inconsciente matadora Dolly; la aparici\u00f3n que tuvo Benvenuto Cellini en el Castillo de Sant Angelo; el lanzamiento de proyectiles en la casa de la calle de Gres, a que se refiere la \u00abGaceta de los Tribunales\u00bb del 2 de febrero de 1849, y los aportes de piedras y flores de madame Dyck. El profesor Dal Pozzo atribuye a tales fuerzas capacidad para crear seres y objetos de existencia ef\u00edmera, y dice que en las crisis o trances el cuerpo humano emite vapores luminosos que indudablemente est\u00e1n constituidos por la materia y que pueden dar al alma los elementos que manipulados por ella han de transformarse en carne y sangre. Los te\u00f3sofos sostienen que los pensamientos humanos se organizan en el mundo astral y refluyen sobre nosotros, como rayos reflejados que vuelven a su punto de partida.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se acepta esta l\u00f3gica y bien fundamentada hip\u00f3tesis paranormal, podr\u00eda decirse propiamente, sin paradoja y sin retoricismo, que el novelista Ram\u00f3n Fontegr\u00f3 muri\u00f3 asesinado por el fant\u00e1stico personaje de su novela <em>La corbata verde<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading has-text-align-left\">La isla inquieta<\/h3>\n\n\n\n<p>Desde la parda soledad de una roqueda desconocida, el brujo Smerstrom vigilaba al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Habitaba la torre redonda de un castillo ruinoso y abandonado, en cuyos muros verdec\u00edan las muscineas y brotaban las esponjas grises del ag\u00e1rico.<\/p>\n\n\n\n<p>Pose\u00eda grandes conocimientos, sobre todo en las ciencias del misterio. Envejecido en el estudio de las cosas naturales y de las supranormales. Sus ojos inquietos se posaron sobre los lotos del Ganges, sobre los rojos c\u00e1rtamos del Nilo y sobre las flores del arb\u00e9rchigo que ornamentan los valles de Chiraz. Su nariz judaica aspir\u00f3 los b\u00e1lsamos de la Arabia Feliz, los canforeros de Szechu\u00e9n, las brisas que rozan las aguas del Yar\u00fa Dzangbo y acarician las frentes amarillentas de los monjes del Tibet. Su barba undosa ilumin\u00f3 la tierra de los mandarines y absorbi\u00f3 el polvo de las truncas piedras salpicadas de jerogl\u00edficos, de los antiguos infolios cargados de cifras enigm\u00e1ticas donde Alberto el Magno y Paracelso encerraron los tesoros de su gnosis.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfNo hemos o\u00eddo nosotros mismos -escribi\u00f3 San Agust\u00edn- durante nuestra estada en Italia, contar que en algunos puntos de este pa\u00eds mujeres hosteleras, iniciadas en las pr\u00e1cticas sacr\u00edlegas, guardaban en un queso que ofrec\u00edan a cuantos viajeros pod\u00edan, el secreto de transformarse al momento en bestias de carga, en las que cargaban sus equipajes? Terminada esta tarea, volv\u00edan a su estado natural.\u00bb Smerstrom conoc\u00eda la f\u00f3rmula del bebedizo de belladona, estramonio y otras plantas que producen esas metamorfosis; la ira que suscita el bele\u00f1o, las virtudes de la dulzamara y la mandr\u00e0gora, y el empleo del hen\u00edn diab\u00f3lico, que aumenta la estatura. Se preservaba de la peste con la escrofularia recogida en luna llena; con la melisa, daba el talento y la alegr\u00eda; y preparaba los ung\u00fcentos m\u00e1gicos de la cincoenrama y de la hierba mora. Gozaba de la visi\u00f3n en distancia y a trav\u00e9s de los cuerpos opacos, como los son\u00e1mbulos l\u00facidos; como el fakir Papus, pod\u00eda estar ocho d\u00edas sin comer, y conversaba con los esp\u00edritus como Swedemborg. Pertenec\u00eda a la pl\u00e9yade de grandes taumaturgos, entre quienes brillan Apolonio de Tiana, que resucit\u00f3 a una mujer; M\u00e9smer, con su c\u00e9lebre cubeta, donde una tr\u00e1gica reina de Francia gimi\u00f3, temblorosa y espantada; el conde Cagliostro, en cuya mesa se sentaban a cenar los fantasmas.<\/p>\n\n\n\n<p>Su conciencia, dilatada y luminosa, no se conformaba con vivir en el presente: deseaba extenderse y ramificarse por todos los dominios del tiempo. Penetraba en el pasado por las cien puertas de la Historia, y descifraba el porvenir en las combinaciones de los astros.<\/p>\n\n\n\n<p>Se abismaba en la consideraci\u00f3n de las furias b\u00e9licas y las pavorosas hecatombes que se han sucedido en la vida de los pueblos; de la sa\u00f1a de los reyes, los tiranos y los conquistadores que han fundado su poder\u00edo sobre la injusticia y la violencia: Sarg\u00fan, que en una guerra destruy\u00f3 cincuenta y cinco pueblos; Ciro, que pas\u00f3 a cuchillo la ciudad de Babilonia; Dar\u00edo, dominador de Asia y \u00c1frica; Tamerl\u00e1n, que constru\u00eda pir\u00e1mides con la cabeza de los muertos; Alejandro, que llev\u00f3 hasta Pers\u00e9polis y&nbsp; hasta el Hifaso sus armas triunfantes; Carlo Magno, que inmolaba a los prisioneros y condenaba a muerte a todo el que comiera carne durante la cuaresma; Constantino Cabalino que gustaba de pisotear con los cascos de su caballo n\u00famero de ojos humanos; Inocencio III, Hildebrando, Sila, Julio Cesar, Atila, Mahoma, Carlos IX, Federico II, Napole\u00f3n Bonaparte&#8230;: nombres que son como v\u00f3rtices de sangre, como huracanes de odios y de horrores.<\/p>\n\n\n\n<p>Smerstrom en su torre redonda, baj\u00f3 la tremulante pedrer\u00eda de las estrellas, pensaba que semejantes cat\u00e1strofes no deb\u00edan repetirse, y en vigilia, tenaz y silencioso, trabajaba por la felicidad del g\u00e9nero humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Buceando en los libros de su biblioteca y en las profundidades de su esp\u00edritu, d\u00f3nde reflu\u00edan fuerzas misteriosas, combinando en sus retortas extra\u00f1os principios, fusionando el poder de la ciencia moderna con el de la ciencia esot\u00e9rica, logr\u00f3, despu\u00e9s de largos a\u00f1os de fracaso y tanteos, constituir la m\u00e1quina maravillosa que en su arrebato de amor a los hombres hab\u00eda imaginado, y que en adelante derramar\u00eda la paz, el progreso y la felicidad sobre las naciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche primaveral vio por fin su sue\u00f1o hecho verdad, vaciada en la materia, y activa y eficiente, su magna concepci\u00f3n, triunfo deslumbrante de su inventiva poderosa. En los arbustos florecidos, los b\u00fahos echaron a volar sus is\u00f3cronas cantaletas. Hubo un estremecimiento de constelaciones. El viento de la noche desat\u00f3 una sarta de espeluznantes risotadas sobre las ruinas del castillo.<\/p>\n\n\n\n<p>La desconcertante invenci\u00f3n m\u00e1gica, tanto por s\u00ed misma como en sus efectos, dejaba atr\u00e1s todas las maravillas del ingenio. El invento de Graham Bell, que trasmite la voz a distancia; el de Marconi, que trasmite el pensamiento; el de Daguerre, que eterniza las formas volanderas; el de Edison, que encadena los sonidos; el de Dumont, que convierte al hombre en p\u00e1jaro, etc., etc., parec\u00edan simples juguetes al lado de la m\u00e1quina del brujo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel artefacto no ten\u00eda precedentes. Apenas si ofrece con \u00e9l una lejana, lev\u00edsima semejanza del mecanismo de M. Alrutz, que entraba en movimiento por medio de un esfuerzo de la imaginaci\u00f3n, y que fue presentado al Sexto Congreso de Psicolog\u00eda reunido en agosto de mil novecientos nueve en la ciudad de Ginebra.<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00e1quina de Smerstrom constaba de cuatro piezas principales: un aparato productor de fuerza el\u00e9ctrica, consistente en un dep\u00f3sito bajo de l\u00e1minas transparentes de aspecto de Islandia, donde el milagroso agente se desarrollaba por presi\u00f3n; un aparato que transformaba la energ\u00eda el\u00e9ctrica en una atm\u00f3sfera flu\u00eddica susceptible de ser corporizada por el pensamiento; un mecanismo multiplicador de la emanaci\u00f3n flu\u00eddica, que era a \u00e9ste lo que el carrete de Ruhmkorff es a la corriente el\u00e9ctrica; y un globo de cristal claro, lleno de agua magnetizada, en cuyo seno se desarrollaban las visiones evocadas por el brujo. Remataba la m\u00e1quina una especie de chimenea de serpentina, de donde sub\u00eda un penacho de humos blancos cuando el mecanismo funcionaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Bast\u00e1bale al brujo para realizar su deseo, dar vuelta al manubrio de las presiones y oprimir la tecla de contacto; de tal manera se trasmit\u00edan a la d\u00f3cil materia flu\u00eddica las \u00f3rdenes de su voluntad. La acci\u00f3n era instant\u00e1nea y alcanzaba hasta las regiones m\u00e1s remotas. As\u00ed, desde unas ruinas ignoradas, el brujo Smerstrom dominaba al mundo Ya de anta\u00f1o se hab\u00edan observado multitud de fen\u00f3menos inexplicables, de esos que en la actualidad forman el objeto de la Paraps\u00edquica; pero no se hab\u00eda logrado poner en juego de una manera constante y regular, la gran cantidad de fuerza magn\u00e9tica que reposa en los acumuladores de la subconciencia. Anot\u00e1base el caso de aquel ni\u00f1o oriundo de la ciudad de San Urbano, en el l\u00edmite del Loire y el Ardeche, que aparec\u00eda rodeado siempre de un blanco resplandor. Y el no menos notable de Ang\u00e9lica Cottin, quien, seg\u00fan la nota que M. Arago ley\u00f3 en la Academia de Ciencias de Par\u00eds el diez y siete de febrero de mil ochocientos cuarenta y cinco, repel\u00eda los objetos que tocaba, con tal violencia, que no bast\u00f3 en una ocasi\u00f3n la fuerza de dos hombres para detener el movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Smerstrom hac\u00eda evidente, palpable, la enorme potencia del tan controvertido magnetismo humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ning\u00fan rey fue tan poderoso como \u00e9l. Sus ej\u00e9rcitos, sus ca\u00f1ones, sus armas, eran un poco de din\u00e1mica ps\u00edquica, capaz de multiplicarse al infinito.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se propuso emplear su m\u00e1gico poder en la regeneraci\u00f3n de la especie humana, por medio del aniquilamiento del mal, de la imperfecci\u00f3n y del dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>El brujo Smerstrom era un so\u00f1ador ben\u00e9volo. A su temperamento de artista y de mago repugnaba el espect\u00e1culo del sufrimiento absurdo, de la inferioridad injusta, de la perversi\u00f3n moral, que estigmatizan a la humanidad. Re\u00eda, como Voltaire, de la afirmaci\u00f3n metaf\u00edsica de Leibnitz, seg\u00fan quien nuestro mundo es el mejor de los mundos posibles. Y quiso remediar las aflicciones sociales, las idiosincrasias contrahechas, las dolencias, las anomal\u00edas y las iniquidades humanas, y hacer de la tierra entera una especie de Ed\u00e9n B\u00edblico, un refugio de paz y de felicidad, como la sagrada isla nipona Miyasina (donde se tiene prohibida la entrada a los seres que sufren) sembrada de \u00e1rboles intocables, ce\u00f1ida de musgos y de rosados malvaviscos en flor.<\/p>\n\n\n\n<p>El derrumbamiento del equilibrio pol\u00edtico, y sangriento cataclismo tantas veces repetido, sacud\u00eda y trastornaba las naciones una vez m\u00e1s. Un rey conquistador, un genio de la guerra, un terrible monstruo de ambici\u00f3n y de crueldad, victimaba a los pueblos. Impon\u00eda su trono sobre millaradas de cad\u00e1veres. Los reyes enemigos reun\u00edan para combatirlo y derrocarlo, masas innumerables. Por causa de un solo hombre, lloraban las madres y las novias, ard\u00edan las ciudades, se empurpuraban las campi\u00f1as, cesaba el ruido de las f\u00e1bricas, se destru\u00edan las cosechas.<\/p>\n\n\n\n<p>Smerstrom no pudo soportar indiferente semejantes calamidades. Su barba gr\u00e1vida, como una bandera de paz, trem\u00eda de indignaci\u00f3n. Contra\u00eddo el entrecejo adusto, frente a su formidable m\u00e1quina, formul\u00f3 su orden m\u00e1gica, su condenaci\u00f3n inapelable. La descarga mental, explosivo con alma, tom\u00f3 cuerpo en la atm\u00f3sfera magn\u00e9tica, y recorri\u00f3 el espacio, r\u00e1pida e invisible. El rey cay\u00f3 de su trono como flechado por un rayo. El mago, con una sonrisa en los labios, vio sobre el blanco globo de cristal la mueca del rey agonizante, vuelto un fl\u00e1cido despojo, ante sus dragones estupefactos. Y se extendi\u00f3 de nuevo la paz por todo el orbe.<\/p>\n\n\n\n<p>Una doctrina infausta, una m\u00edtica irracional e inhumana, minaba las conciencias. Exaltaba el dolor y el martirio; predicaba que para tener gratos a los dioses es necesario consagrarles v\u00edctimas humanas. En todas partes se levantaron las hogueras del sacrificio, y los vientos apagaban con la fetidez de la chamusquina los aromas de las flores de los campos. Rechinaban afanados los hierros de tortura. Contra los alegres festones del horizonte se alzaban los negros palos de las horcas. La m\u00e1quina del brujo sacudi\u00f3 su penacho de albos humos. Y el horror de aquella b\u00e1rbara hecatombe desapareci\u00f3 de la tierra. Smerstrom estaba convencido de que para alcanzar la regeneraci\u00f3n de la especie deb\u00edan eliminarse los m\u00faltiples espec\u00edmenes de la infelicidad humana. Era un fervoroso partidario de la eutanasia. Por eso, tras una breve deliberaci\u00f3n compasiva, fulmin\u00f3 legiones de seres lamentables. No hubo m\u00e1s rictus de dolores f\u00edsicos, ni m\u00e1s entra\u00f1as laceradas, ni m\u00e1s miembros dislocados, ni m\u00e1s carnes floreadas de llagas purulentas. Huyeron la Tisis p\u00e1lida, la tumefacta Elefantiasis, el azogado T\u00e9tanos&#8230; Restaba una humanidad lozana y vigorosa.<\/p>\n\n\n\n<p>A la supresi\u00f3n de la enfermedad sigui\u00f3 la de la miseria. No m\u00e1s desarrapados y miserables. No m\u00e1s contraposici\u00f3n del capital con el trabajo, del patrono con el proletario, del harto con el hambriento. La igualdad econ\u00f3mica brotaba ahora en la m\u00e1quina del brujo. S\u00f3lo quedaban ya seres lib\u00e9rrimos, sanos, ricos, fuertes. Habitaban en suntuosas moradas; viv\u00edan en continuas fiestas.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo transcurr\u00eda manso, muelle, igual.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda el viejo brujo se asom\u00f3, curioseando, a su blanco globo de cristal. Vio una procesi\u00f3n de rostros aburridos que se alargaban en lentos bostezos. Tuvo un moh\u00edn de desagrado. Quiso coronar su portentosa empresa de establecer el bienestar y la felicidad sobre la tierra. Una vez m\u00e1s oprimi\u00f3 el bot\u00f3n de su maravillosa m\u00e1quina. Salt\u00f3 un copo de humo. El hast\u00edo hab\u00eda desaparecido. Ya no pod\u00eda encontrarse un solo hombre que sufriera, un solo hombre que se hastiara y<br>sintiera el pesado gravitar de las horas bajo el eterno azul del cielo. La magna obra hab\u00eda concluido. Reinaba la felicidad perfecta.<\/p>\n\n\n\n<p>El brujo, satisfecho, alumbr\u00f3 con su mirada l\u00facida el agua blanca de su globo. Pero al instante lo invadi\u00f3 un sopor creciente, efecto quiz\u00e1 de una especie de choque de retroceso, o del efluvio reflejado de aquellas ondas de aniquilaci\u00f3n universal. Y bajo la luz vacilante de sus ojos, que se iban tornando p\u00e1lidos y fr\u00edos con la palidez y la frialdad de la muerte, desfilaron los campos solitarios, donde las r\u00e1fagas mec\u00edan altas muchedumbres de hierbas y gram\u00edneas silvestres; pastaban reba\u00f1os abandonados. Pasaron luego las pobres aldeas encaladas y las grandes ciudades, silenciosas, melanc\u00f3licas, parecidas a vastos cementerios. El mundo estaba deshabitado&#8230;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jesus-enrique-lossada\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La muerte de Fontegr\u00f3 Lo que sabemos es bien poco; lo que ignoramos es inmenso. Laplace La muerte de Ram\u00f3n Fontegr\u00f3 tal vez demostrara que la realidad supera a la fantas\u00eda o que las creaciones y accidentes naturales agotan las ficciones del arte m\u00e1s fecundo y libre, si nos resolvi\u00e9ramos a condenar las puertas del [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":15414,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15413"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15413"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15413\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16924,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15413\/revisions\/16924"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15414"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15413"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15413"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15413"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}