{"id":15407,"date":"2025-03-08T10:52:49","date_gmt":"2025-03-08T15:22:49","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15407"},"modified":"2025-03-08T10:52:49","modified_gmt":"2025-03-08T15:22:49","slug":"anden-lejano-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/anden-lejano-fragmentos\/","title":{"rendered":"And\u00e9n lejano (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<p>\u2026ECCE HOMO EST\u00c1 CONTIGO, Ecce Homo, junto a la mesa ovalada.<\/p>\n\n\n\n<p>Un atardecer m\u00e1s est\u00e1 llegando para ti, Ecce Homo, y para Ecce Homo; est\u00e1 cayendo sobre cuanto tienes a tu alrededor, muebles y objetos, testigos cotidianos, inm\u00f3viles, ignorados, que siguen all\u00ed como si les faltase la vida a causa de las distancias que los separan de sus or\u00edgenes.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed sigue Ecce Homo, contigo Ecce Homo; siguen los papeles y cuadernos, las palabras y colores, todo, de la misma manera que en la mesa ovalada est\u00e1n las frutas. La fragancia de las pomarrosas y limones se impone a la de otras frutas, all\u00ed, no rescatadas todav\u00eda de la oscuridad, llegando.<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00fa, Ecce Homo, o Ecce Homo, acabas de encender la vela. La llama alumbra desde la palmatoria las cuatro poltronas, el sof\u00e1, las sillas en torno a la mesa ovalada y las horas aposentadas en las cosas, las horas de las noches en las que estuvieron otras gentes en el lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>La mesa peque\u00f1a, rectangular, que se halla en el centro del sal\u00f3n, en cierto modo contemplada por las cuatro poltronas y el sof\u00e1, tiene muchos objetos que estimulan el recuerdo de Ecce Homo, o el tuyo, Ecce Homo, hacia las personas ganadas para la amistad a trav\u00e9s de los a\u00f1os, objetos que afirman nombres, palabras apenas escuchadas durante las citas que se dan el afecto y las ausencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Tu, Ecce Homo, con Ecce Homo, sigues junto a la mesa ovalada y m\u00e1s all\u00e1, en un \u00e1ngulo del sal\u00f3n, el jarr\u00f3n con flores renovadas, hortensias demasiado opulentas de azules, y de otros azules escondidos, aun por brotar de los p\u00e9talos cerosos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ecce Homo est\u00e1 de frente a la escalera, la misma que est\u00e1 a tu izquierda, Ecce Homo; es una escalera con quince pelda\u00f1os que reconoce todos los pasos de cada uno de los habitantes mientras contin\u00fae all\u00ed, adosada a la pared blanca.<\/p>\n\n\n\n<p>La escalera es due\u00f1a del ambiente como tu nostalgia es due\u00f1a de la soledad de Ecce Homo, tu nostalgia y su soledad, m\u00e1s altivas que los ruidos que te llegan desde afuera, mezclados, reconocibles como las cosas que a la vez son denunciadas por tus miradas, Ecce Homo, frutera, l\u00e1mparas, sillas y poltronas. Quiz\u00e1s repitas lo que ya te ha dicho Ecce Homo: La llama consume la vela, la disminuye, mientras en ti permanece la noci\u00f3n del tiempo que siempre est\u00e1 llegando.<\/p>\n\n\n\n<p>Ecce Homo no pronuncia tu frase, Ecce Homo. Se limita a mirar todo cuanto est\u00e1 a su alrededor, como si algo estuviese por suceder, mira las cosas para llevarse a la memoria solamente las formas, solamente los colores, al igual que la luz, que la forma de las sillas y poltronas, de las l\u00e1mparas, de la escalera, de esa escalera adosada a la pared blanca, esa escalera que, en otras ocasiones, ha estado a la derecha de Ecce Homo cuando t\u00fa, Ecce Homo, la has tenido a espaldas tuyas. <\/p>\n\n\n\n<p>La mesa ovalada tiene algunos v\u00ednculos contigo, Ecce Homo, y con Ecce Homo, fijados por la gracia de existir: La mesa en su forma ovalada; t\u00fa, Ecce Homo, en lo que eres, y Ecce Homo en lo que es, cuando est\u00e1 contigo, Ecce Homo: Personas, a veces cosas; la mesa ovalada procede del \u00e1rbol, de la semilla, de la tierra, elementos que, tal vez por alguna confabulaci\u00f3n amorosa no conocida por ti, Ecce Homo, ni por Ecce Homo, tramaron lo que ella es: Una mesa, una mesa ovalada que de deberse al amor nadie sabe c\u00f3mo lo proyecta hacia las cosas, seguramente de manera m\u00e1s f\u00e1cil y hasta simple que t\u00fa, Ecce Homo, incapaz todav\u00eda, a pesar de todos tus esfuerzos, de hacer llegar tu amor henchido de cosas, tu afecto a Ecce Homo que a su vez est\u00e1 incapacitado de lograr algo semejante con su amor por las cosas, con su afecto hacia ti, Ecce Homo, amor, afecto sin proyectarse en nada, ocurriendo adem\u00e1s que mientras no<br>se conozca la causa de tal hecho, si obedece a una extra\u00f1a confusi\u00f3n, nunca podr\u00e1s t\u00fa, Ecce Homo, comunicar tu amor, tu afecto a nadie ni a nada, y tampoco Ecce Homo as\u00ed sean las mismas personas, las mismas cosas hacia las cuales est\u00e9n encaminados tus prop\u00f3sitos, Ecce Homo, as\u00ed el amor y el afecto est\u00e9n en ti, Ecce Homo, desde tu nacimiento, amor, afecto, nacimiento com\u00fan a Ecce Homo, ocurridos en un mismo d\u00eda, una misma hora, un mismo segundo, un mismo minuto, como para que nada te separe de Ecce Homo en quien t\u00fa, Ecce Homo, aun existiendo en todo motivos de separaci\u00f3n, defines tus h\u00e1bitos, tus maneras, tus pensamientos, cosas tal vez m\u00e1s contundentes que el amor y el afecto mismos, dudosos,<br>discutibles, que pudieron haber dado origen a la mesa, tan desconocido como es el tuyo del origen de Ecce Homo.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1s condenado, Ecce Homo, a no tener otros instantes que los de Ecce Homo, ni alegr\u00edas ni tristezas diferentes; solamente tu amor, tu afecto, cuando los expresas, Ecce Homo, son distintos del amor, del afecto de Ecce Homo que desvirt\u00faan desde los m\u00e1s remotos d\u00edas la pre\u00f1ez de la mujer que t\u00fa, Ecce Homo, tienes como madre, la pre\u00f1ez de la que, siendo la misma mujer, fue madre de Ecce Homo, ya que Ecce Homo la considera muerta mientras t\u00fa, Ecce Homo, estimas que contin\u00faa existiendo; el amor y el afecto desvirt\u00faan el que te pariera a ti, Ecce Homo, y que la misma mujer, la difunta, pariera a Ecce Homo; todo esto, sobre lo que no existen dudas para otros, echa por tierra el que hubiese un solo padre, satisfecho de estar por la primera vez frente a su hijo, t\u00fa, Ecce Homo; un solo padre, orgulloso de escuchar el llanto primigenio de su hijo, de Ecce Homo, pero acaso, a pesar de todo ello, lo \u00fanico significativo sea el que t\u00fa, Ecce Homo, te llames Ecce Homo, y Ecce Homo Ecce Homo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es as\u00ed como la mesa ovalada tiene m\u00e1s que decir de las lluvias, de las tempestades, de los soles, de las noches, que Ecce Homo de las mismas cosas a trav\u00e9s del amor, del afecto, o que t\u00fa, Ecce Homo, de cuando todav\u00eda no eras lo que eres, y de todo lo que trascend\u00eda en el momento de tu nacimiento, siendo motivo de mayor inquietud el que nadie pueda adivinar o sugerir lo que est\u00e1 por suceder, ni decir nada de lo que t\u00fa har\u00e1s, Ecce Homo, con la \u00fanica cosa heredada por ti, Ecce Homo, las v\u00edsperas del ir llenas de sospechas, ni nada de lo que har\u00e1 Ecce Homo con su \u00fanica cosa heredada, las v\u00edsperas del esperar llenas de sospechas, sospechas compartidas con las tuyas. Ecce Homo, en el sue\u00f1o y la vigilia.<\/p>\n\n\n\n<p>Como el origen de Ecce Homo se entrecruza con el tuyo, desconoces, Ecce Homo, la conducta de sus progenitores, o la de los tuyos, Ecce Homo, que hab\u00eda en torno de ellos, dudas, satisfacciones, calamidades, esperanzas que, al finalizar la vida, totalizan frustraciones, negando el presente y enalteciendo el pasado, en un canto, en un perdido gesto, en los fantasmas que rondan en las calles y en las casas que habitaron tus antepasados, y en las viejas oraciones que proclamaban los milagros, con<br>rosas y l\u00e1mparas de aceite por testigos. <\/p>\n\n\n\n<p>Llevar el mismo nombre de Ecce Homo no facilita que t\u00fa, Ecce Homo, contemporices con Ecce Homo, y tampoco el estar hermanado a Ecce Homo por los a\u00f1os, por los h\u00e1bitos. Qu\u00e9 puede justificar entonces,<br>\u2014tal vez el que llevado por el deseo de dar amor, afecto, t\u00fa hayas escogido el ir y Ecce Homo el esperar\u2014 que t\u00fa, Ecce Homo, seas tan distinto de Ecce Homo, aun participando Ecce Homo de tus \u00e1mbitos, de las premisas del amor y del afecto, aun sabiendo que est\u00e1 unido a ti, Ecce Homo, por la vida, por toda la vida d\u00e1ndose en ti, Ecce Homo, y en Ecce Homo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los progenitores de Ecce Homo acaso sean tus progenitores, Ecce Homo. Nada te es aclarado. Nada te queda por saber. Ecce Homo, como t\u00fa, Ecce Homo, tiene casi la certeza de haber venido contigo al mundo en un mismo d\u00eda, una misma hora, un mismo minuto, un mismo segundo; y de reconocerte como s\u00edntesis que eres, Ecce Homo, de sus abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y de todos sus antepasados de m\u00e1s all\u00e1 de las muchas generaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el mutuo reconocerse es m\u00e1s efectivo para la mesa ovalada respecto de la mesa m\u00e1s lejana, o de la mesa peque\u00f1a, rectangular, que se halla en el centro del sal\u00f3n, de la mesa peque\u00f1a con objetos, all\u00ed simbolizando el recuerdo hacia quienes los dejaron en demostraci\u00f3n de afecto para contigo, Ecce Homo, y para con Ecce Homo. Es m\u00e1s rotundo el reconocerse las cosas entre s\u00ed que t\u00fa, Ecce Homo, y Ecce Homo a trav\u00e9s de todos los intentos, fallidos desde siempre. Es un hecho cumplido, no aplicable a las poltronas, a las mesas, a las frutas, a cuantos elementos convivan m\u00e1s plenamente que t\u00fa, Ecce Homo, y Ecce Homo. Las palabras mismas pronunciadas por ti, Ecce Homo, y por Ecce Homo se resisten a establecer una comunicaci\u00f3n, entendimiento, a modificar lo sucedido, lo que suceder\u00e1, lo que sucede: La obligaci\u00f3n que tienes, Ecce Homo, de ayudar a Ecce Homo, y la de aceptar de Ecce Homo todas las compensaciones que te ofrezca toda vez que la ayuda, el afecto mismo, son una d\u00e1diva y tambi\u00e9n el odio que venga de Ecce Homo hacia ti, Ecce Homo, mientras contin\u00faes en el ir\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026Sube a tu alcoba\u2026<br>&#8230; ahora precisas de mayor soledad\u2026<br>\u2026 arriba todo es m\u00e1s \u00edntimo\u2026<br>.. S\u00ed, porque all\u00e1 est\u00e1n tus propias cosas\u2026<br>\u2026 \u00bfNo tienes otra risa? Tu risa solamente acusa las tristezas llegadas a tus d\u00edas\u2026<br>&#8230; uno&#8230;<br>&#8230; uno, dos, tres, cuatro\u2026<br>&#8230; cuatro, cinco, seis&#8230;<br>&#8230; seis, siete, ocho, nueve\u2026<br>\u2026 diez, once, doce\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230; doce, trece, catorce y\u2026<br>&#8230; Quince pelda\u00f1os&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026Los quince pelda\u00f1os participan de la distancia que existe entre la mesa ovalada y el div\u00e1n rojo que est\u00e1 arriba, en la alcoba adonde Ecce Homo acaba de llegar contigo, Ecce Homo. En la alcoba en la que Ecce<br>Homo te recuerda, o te nombra, como para convencerse de que t\u00fa, Ecce Homo, tienes un sitio all\u00e1 arriba, junto a Ecce Homo, un sitio que existe, que guarda para ti en todos los lugares\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;es demasiado liso tu cabello\u2026<br>\u2026Cabello negro. Piel manchada\u2026<br>&#8230;el olor de tu piel no es el mismo de\u2026<br>&#8230;el de la persona que quisieras ser\u2026<br>&#8230; y las manos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>..las manos\u2026<br>&#8230; tus manos\u2026<br>..las manos huesudas, largas, ligeramente h\u00famedas. ..<br>..las manos, expres\u00e1ndose mejor que tu rostro, Ecce Homo\u2026<br> &#8230; Ecce Homo<br>\u2026Y las manchas. Manchas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;Llevas el su\u00e9ter rojo. Te miras en el espejo del armario, a la espera de que Ecce Homo te reconozca y que tomes conciencia de ti mismo aunque sea por una sola vez\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>..Siempre a la espera de lo que est\u00e1 por suceder\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;de entre todas las cosas escogiste el ir\u2026<br>\u2026y t\u00fa, Ecce Homo, el esperar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;.el ir, en el que est\u00e1n los mercaderes\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;en el ir est\u00e1n las monta\u00f1as. Las rocas y los mares\u2026<br>&#8230;Todo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026y en el esperar est\u00e1n tambi\u00e9n los habitantes\u2026<br>&#8230;todo&#8230;<br>&#8230;todo, menos el encontrarte contigo mismo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;est\u00e1n los r\u00edos y el espacio, como en el\u2026<br>\u2026como en el esperar, los charlatanes, los descre\u00eddos, las prostitutas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;aun as\u00ed, los hombres todos en medio de los hechos que los hacen siempre tan distintos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026en breve va a salir la luna\u2026<br>&#8230;Ecce Homo\u2026<br>&#8230;Ecce Homo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026de entre todas las cosas escogiste el ir\u2026<br>&#8230;clar\u00edsimo est\u00e1 el cielo esta noche\u2026<br>&#8230;sin una nube\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026Ecce Homo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026Ecce Homo, ap\u00e1rtate del espejo\u2026<br>\u2026es el esperar, del cual el mirarse es apenas una parte\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;La silla est\u00e1 vac\u00eda, sin Ecce Homo, y la otra silla sin tu peso, Ecce Homo, sin tus movimientos. En el esperar existe siempre una silla para Ecce Homo y otra para ti, Ecce Homo; y existe siempre un sitio para que Ecce Homo est\u00e9 junto a ti, Ecce Homo, ah\u00ed mismo, o arriba, en la alcoba. M\u00e1s all\u00e1, en el ir, existen las calles, los sitios m\u00e1s distantes. Existe tambi\u00e9n un sitio donde Ecce Homo est\u00e1 contigo, Ecce Homo, donde sigues escuchando sus palabras, las de ayer, las de esta noche, las del d\u00eda por llegar. Palabras sin nombres todav\u00eda, sin los nombres que surgen del tedio cuando es aplazado lo que est\u00e1 por suceder y en las renovadas v\u00edsperas sus palabras con todo lo que el ma\u00f1ana tiene de esperanza para Ecce Homo a la que t\u00fa, Ecce Homo, llamas duda, desconcierto. Toda esperanza \u2014lo sabes t\u00fa muy bien, Ecce Homo, y desde el ir\u2014 es el ruego de aquellos que como t\u00fa, Ecce Homo, que como Ecce Homo, pretenden reconocerse,<br>reencontrarse en un espejo, en una mirada, en el movimiento de una mano, de una mano como la tuya, Ecce Homo, huesuda, larga, ligeramente h\u00fameda, o como la de Ecce Homo, huesuda, larga, ligeramente<br>h\u00fameda. O en la iniciaci\u00f3n de algo, de ese infinito ir que recorres, a veces con Ecce Homo, al final del cual t\u00fa, Ecce Homo, siguiendo lo que vislumbras, hallar\u00e1s muchas cosas, m\u00e1s significativas que las de Ecce Homo desde el lugar donde espera lo que est\u00e1 por suceder, ah\u00ed, Ecce Homo, donde t\u00fa acampas\u2026 <\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/oswaldo-trejo\/\" target=\"_blank\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u2026ECCE HOMO EST\u00c1 CONTIGO, Ecce Homo, junto a la mesa ovalada. 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