{"id":15366,"date":"2025-03-05T15:31:40","date_gmt":"2025-03-05T20:01:40","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15366"},"modified":"2025-03-05T15:33:07","modified_gmt":"2025-03-05T20:03:07","slug":"la-ultima-glaciacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-ultima-glaciacion\/","title":{"rendered":"La \u00faltima glaciaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Pedro Querales<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>I Parte<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTodas las desgracias comienzan como una broma, o son una broma\u201d dijo el personaje al final de la novela que estaba leyendo, cuando su esposa, par\u00e1ndosele enfrente con las piernas abiertas y los brazos en jarra, le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfNo me vas a acompa\u00f1ar?\u201d Rodrigo levant\u00f3 la cara por encima del libro, la mir\u00f3 unos instantes y: \u201c\u00a1No! Ve t\u00fa sola. Y cuando regreses me dices que conseguiste un hombre all\u00e1 y que me vas a dejar. Yo te firmo lo que sea. Te dejo todo y me voy\u201d pens\u00f3 en decirle pero no le dijo. Luego cerr\u00f3 el libro con suavidad, lo dej\u00f3 descansar sobre la mesita que estaba a su lado y se puso de pie lentamente, con el \u00edntimo convencimiento de que \u00e9sta ser\u00eda la \u00faltima procesi\u00f3n a la que la acompa\u00f1ar\u00eda. Pues hab\u00eda decidido, en ese preciso instante \u2014aunque era algo que ven\u00eda madurando hac\u00eda much\u00edsimo tiempo atr\u00e1s\u2014, que al regresar, esa noche, o la dejar\u00eda o la matar\u00eda o se suicidar\u00eda. \u201c\u00a1Ap\u00farate, que vamos a llegar tarde a la procesi\u00f3n! \u00a1No te quedes ah\u00ed mir\u00e1ndome como un bobo!\u201d le dijo ella casi en un grito. Rodrigo&nbsp; pens\u00f3 en la procesi\u00f3n y sus incomodidades. Y el recuerdo del dulce olor a incienso, en lugar de calmarlo y tranquilizarlo, le lleg\u00f3 como un miasma del infierno que lo alteraba e incomodaba. Pens\u00f3 en los treinta y cuatro a\u00f1os de casados que llevaban. Pens\u00f3 en las infidelidades de ella. Pens\u00f3 en las veces en que, ilusamente, con mucha fe, le hab\u00eda pedido a la Virgen que la cambiara. Pens\u00f3 en sus amigos y en las veces que le dijeron, en medio de una borrachera, que la dejara. Pens\u00f3 en los trabajos que hab\u00eda perdido por su causa. Pens\u00f3 en sus padres. Pens\u00f3 en sus hermanos. Pens\u00f3 en sus hijos, especialmente en Pablo que los abandon\u00f3 y se fue al extranjero a causa de sus continuas peleas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada vez que pensaba en su hijo no pod\u00eda evitar llorar. Se sent\u00eda culpable por su partida. Ni siquiera pod\u00eda imaginar el sufrimiento de ese muchacho tan lejos y solo. Y a la vez lo admiraba porque hab\u00eda tenido el valor que no ten\u00eda \u00e9l para romper con esa situaci\u00f3n. El d\u00eda que Pablo se march\u00f3 sonaba, \u00bfcasualmente?, \u00bfir\u00f3nicamente?, en la radio de transistores que Constanza manten\u00eda encendida d\u00eda y noche en la cocina <em>&lt;\u2026Lejos de aqu\u00ed\/ Cruzar\u00e9 llorando el jard\u00edn\u2026\/&gt;<\/em>\u201d El d\u00eda que Pablo se march\u00f3 fue terrible. El oy\u00f3 el cuchicheo de una conversaci\u00f3n en voz baja en la cocina. Luego escuch\u00f3 unas palabras que se quebraban dolorosamente por el llanto. Despu\u00e9s, Pablo atraves\u00f3 la sala llorando y arrastrando una maleta. Desde hac\u00eda meses atr\u00e1s los notaba extra\u00f1os a todos. Estaban m\u00e1s callados que de costumbre y muy serios. Si estaban reunidos conversando, cuando \u00e9l se aproximaba se quedaban callados. En una oportunidad, al pasar frente a la habitaci\u00f3n de las muchachas, le llegaron unas palabras sueltas de una conversaci\u00f3n entre Isabela, La Nona y Pablo. Hab\u00eda escuchado un \u201cMe voy para siempre\u201d un \u201cNo vuelvo m\u00e1s\u201d unos \u201c\u00a1Estoy cansado! \u00a1Ya no aguanto m\u00e1s\u2026!\u201d un \u201c\u00a1Lo odio!\u201d que sab\u00eda dirigido a \u00e9l y que le doli\u00f3 mucho. Pero no le dio importancia o no se imagin\u00f3 que fuera verdad. No crey\u00f3 que su hijo, ese muchacho tan alto como inocente, con pinta de cura o de seminarista, de rostro blanco, donde unos inmensos ojos negros, tristes y muy separados y desvalidos, como los de Cort\u00e1zar, que ve\u00edan sin malicia, fuera capaz de dejarlo todo y comenzar en otro sitio. \u00a1Qu\u00e9 poco lo conoc\u00eda! Incluso, el mismo d\u00eda de su partida no lo cre\u00eda. Se dec\u00eda a s\u00ed mismo que regresar\u00eda pronto, en unos meses, un a\u00f1o a lo sumo. Que no aguantar\u00eda mucho sin ellos. Se imagin\u00f3 que le pasar\u00eda lo mismo que a \u00e9l las veces que intent\u00f3 dejar a Constanza: cuando se iba no aguantaba nada. A los dos o tres d\u00edas se pon\u00eda a pensar en ella y en los muchachos. Y si o\u00eda una canci\u00f3n que le trajera recuerdos, se pon\u00eda a llorar y&nbsp; regresaba inmediatamente. No permanec\u00eda afuera m\u00e1s de una semana o dos, quince d\u00edas como m\u00e1ximo. Y ella, habi\u00e9ndole descubierto la debilidad \u2014\u201cTe tom\u00f3 el pulso, g\u00fcev\u00f3n\u201d le dec\u00edan los amigos\u2014 se acostumbr\u00f3 a echarlo cada cierto tiempo y \u00e9l se acostumbr\u00f3 a regresar. La cuesti\u00f3n era que se marchaba sin dinero \u2014Rodrigo, para que la plata rindiera, le entregaba todo su sueldo a Constanza\u2014 y con lo que llevaba puesto. Y por esa falta de dinero y ropa para cambiarse en esos d\u00edas que estaba fuera, su aspecto era lamentable, daba l\u00e1stima, s\u00f3lo pod\u00eda durar unos pocos d\u00edas fuera. En muy pocas oportunidades se fue con toda su ropa y peroles. Como una noche que, iracundo, despu\u00e9s de una fuerte bronca con Constanza, meti\u00f3 toda su ropa y unos libros en una bolsa negra de pl\u00e1stico y se fue saltando por encima del techo. Rodrigo recuerda, claramente, la causa de esa pelea: estaba dejando de fumar. Ten\u00eda como una semana sin tocar un cigarrillo y eso le produc\u00eda mucha inquietud y desasosiego. No pod\u00eda permanecer tranquilo y quieto durante m\u00e1s de diez minutos. A cada instante se pon\u00eda de pie, apagaba el televisor y se asomaba por la ventana. Luego buscaba un peri\u00f3dico y se sentaba a leer. Pero, inmediatamente, lo dejaba sobre el mueble y volv\u00eda a encender el televisor. Ve\u00eda un programa durante unos breves momentos, pero al final lo cambiaba y lo cambiaba de canal hasta terminar en el mismo programa donde comenz\u00f3. Lo volv\u00eda a apagar y se asomaba por la ventana. En una de esas, Constanza le pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te pasa Rodrigo? \u00bfQu\u00e9 tanto miras por la ventana? \u00a1Pareces un perro con gusanos!\u2014. Y se asom\u00f3 por la ventana. Quiso la mala suerte, para Rodrigo, que en ese momento saliera la nueva vecina, la se\u00f1ora de enfrente alquilaba piezas para sobrevivir,&nbsp; a coletear el piso. Y cargaba unos diminutos chores que dejaban poco a la imaginaci\u00f3n\u2014 \u00bfAh, con raz\u00f3n! \u00a1Ah\u00ed est\u00e1 la perra esa!<\/p>\n\n\n\n<p>El zaperoco fue de padre y se\u00f1or m\u00edo. En esa oportunidad&nbsp; estuvo a punto de ir preso; Constanza lo denunci\u00f3. Rodrigo no se imaginaba que la hab\u00eda golpeado tan fuerte: le cogieron tres puntos en la barbilla. Si no hubiera sido por su cu\u00f1ado Jairo, quien era abogado, Rodrigo hubiese pasado un tiempo detenido. Sin embargo, tuvo dos a\u00f1os en r\u00e9gimen de presentaci\u00f3n y trabajo comunitario. Rodrigo perdi\u00f3 el control \u2014\u201cVi todo rojo\u201d le cont\u00f3 a Jairo despu\u00e9s\u2014 y la golpe\u00f3 muy fuerte en la cara delante de Pablo e Isabela. La Nona a\u00fan era una bebecita y estaba jugando inocentemente, ajena a todo, en el corral. Constanza, para defenderse, lo \u00fanico que atin\u00f3 fue a agarrar a los tres ni\u00f1os e irse. Pero antes de salir le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ya vas a ver! \u00a1Voy a llamar a la polic\u00eda!\u2014. Tom\u00f3 todas las llaves y lo dej\u00f3 encerrado. Rodrigo no esper\u00f3 que llegaran las autoridades. Y en vista de que no pod\u00eda salir por el frente, revent\u00f3 el pasador de la puerta de la cocina y sali\u00f3 por el techo. Ya en la calle, como a las ocho u ocho y media de la noche, se detuvo en una esquina con la bolsa negra sobre el hombro. No hallaba para donde coger. Ya en casa de sus padres no lo aceptaban. Anduvo errante por la ciudad, con la bolsa negra al hombro, como hasta las diez de la noche. En una de esas pas\u00f3 delante de un bar y escuch\u00f3 unos compases de una canci\u00f3n que le gustaba mucho a Jairo. Entonces, la ruta hasta el apartamento de su hermana Menaira y de Jairo, apareci\u00f3 en su mente. Y hacia all\u00e1 enfil\u00f3 sus pasos. Lleg\u00f3, toc\u00f3 y le abri\u00f3 su cu\u00f1ado, quien iba saliendo en ese momento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bf\u00a1Qu\u00e9 pas\u00f3, pana, como que te botaron!?\u2014 le pregunt\u00f3 Jairo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9ee! \u00bf\u00a1Otra vez!?\u2014 dijo su hermana desde el fondo del apartamento.<\/p>\n\n\n\n<p>Rodrigo no les respondi\u00f3. Se limit\u00f3 a estar ah\u00ed parado con la bolsa negra al hombro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Deja esa vaina ah\u00ed y acomp\u00e1\u00f1ame a comprar una botella de whisky! \u00a1Hoy es la pelea!\u2014 le dijo su cu\u00f1ado e hizo el adem\u00e1n de darle con el pu\u00f1o en el ment\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 pelea? \u2014pregunt\u00f3 Rodrigo, y dej\u00f3 caer la bolsa en el rinc\u00f3n detr\u00e1s de la puerta\u2014 La de Bucanan y Mano e\u00b4piedra\u2014 le respondi\u00f3 Jairo, y salieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche, despu\u00e9s de ver la pelea, Rodrigo y Jairo hablaron hasta la madrugada asomados a la ventana del piso 11. Jairo no lo juzgaba ni lo criticaba acremente como hac\u00edan los dem\u00e1s, s\u00f3lo lo escuchaba sin decir nada. Jairo era un tipo especial, extraordinario. Era un ser afirmativo. Se tomaba la vida como ven\u00eda, sin por ello ser simple o pr\u00e1ctico. Todo lo contrario, era una persona muy profunda. Dotado de un amplio criterio. Rodrigo lo ve\u00eda como la inteligencia recubierta por una gran sensibilidad. Y lo admiraba mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>En una oportunidad Rodrigo le dijo a Jairo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Jairo, t\u00fa eres el hombre que yo quiero llega a ser, pero no hago nada por serlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Rodrigo \u2014le respondi\u00f3 Jairo\u2014 nunca desees la vida de los otros. Todos estamos bien d\u00f3nde estamos y con lo que somos. Cada ser tiene&nbsp; su valor, un valor intransferible. Y ese valor lo hace un ser&nbsp; \u00fanico, irrepetible y por el cual alguien lo ama.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Conversaron mucho de muchas cosas. En el momento en que Rodrigo terminaba una frase lleg\u00f3 Menaira.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no la dejas, Rodrigo?\u2014 le pregunt\u00f3, casi en un susurro, su hermana. Y, sin esperar respuesta, se alej\u00f3 dejando sobre una mesita una bandeja con dos vasos, una hielera y la botella de whisky.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas veces les hab\u00eda respondido esta pregunta a sus amigos detr\u00e1s de una cerveza en un bar. En un primer momento, durante los primeros a\u00f1os, porque la amaba intensamente. Su amor lo llev\u00f3 a perdonarle todo. Incluso lo imperdonable. Despu\u00e9s, cuando ya el amor, si bien no hab\u00eda desaparecido del todo, estaba maltrecho y debilitado y ya no era una excusa, por los hijos. No quer\u00eda que crecieran sin \u00e9l. Sufr\u00eda mucho cada vez que pensaba en esta posibilidad. Ten\u00eda la certeza de que, sin \u00e9l, fracasar\u00edan. Se los tragar\u00eda la vida. Entonces se los imaginaba, como los hijos de otros matrimonios separados: fracasados, sin terminar sus estudios, con trabajos mediocres\u2026 Y hoy, en la actualidad, porque \u00ab\u00bfYa para qu\u00e9? \u00bfPara d\u00f3nde voy a coger? \u00bfQu\u00e9 sentido tiene irme ahora?\u00bb se dec\u00eda. Y \u00faltimamente, le hab\u00eda dado en pensar que no la dejaba&nbsp; porque la comprend\u00eda. Pensaba que ella era un pobre ser enfermo, infeliz, falto de amor y de cari\u00f1o en sus primeros a\u00f1os de vida. Que necesitaba de \u00e9l y que si la dejaba se iba a disolver, a diluir. Que no aguantar\u00eda la separaci\u00f3n. Y que a pesar de todo lo que le hab\u00eda hecho no merec\u00eda ser defraudada. Y que esa carencia la hac\u00eda actuar y ser como era: absorbente, posesiva, cel\u00f3pata\u2026 infiel. Entonces recordaba, c\u00f3mo, en los pocos momentos de paz que ten\u00edan, ella se sentaba a sus pies, y abrazada a sus piernas, mientras \u00e9l permanec\u00eda en un sof\u00e1 leyendo el peri\u00f3dico o un libro, le contaba lo triste que fue su infancia y lo dura de la \u00e9poca de escuela sin un padre. Las penurias y necesidades econ\u00f3micas que vivi\u00f3 junto a sus hermanas y hermano. Pero sobre todo, la falta de amor. Porque se puede vivir con lo necesario o, incluso, con lo m\u00ednimo en lo material-econ\u00f3mico, pero no sin amor o un poco de cari\u00f1o. El amor hace m\u00e1s llevaderas todas las necesidades. Le contaba c\u00f3mo sufr\u00eda cuando sus amiguitos le hablaban de sus pap\u00e1s; de ad\u00f3nde hab\u00edan ido a pasear el fin de semana; de lo mucho que se hab\u00edan divertido en el parque, en la playa, en el cine. O de c\u00f3mo, cuando hab\u00eda reuni\u00f3n de padres y representantes en la escuela para tomar alguna decisi\u00f3n, nadie acud\u00eda en su representaci\u00f3n; o para la entrega de las boletas, la suya permanec\u00eda en la direcci\u00f3n de la escuela hasta el siguiente a\u00f1o escolar: nadie la iba a retirar. Le contaba, c\u00f3mo, el padre de sus otros hermanos, la apartaba a ella, la exclu\u00eda de sus manifestaciones de cari\u00f1o. Ve\u00eda, pegada a una pared, c\u00f3mo los abrazaba y besaba. Ve\u00eda, deseando que le hiciera lo mismo a ella, c\u00f3mo los alzaba y los lanzaba al aire para luego recibirlos y volverlos a lanzar. Cuando llegaba con peque\u00f1os regalitos y cositas: un trompo, unas metras, una mu\u00f1equita de pl\u00e1stico, y los repart\u00eda, ella se quedaba, de espaldas contra una pared, viendo c\u00f3mo sus hermanos abr\u00edan los paquetes, sacaban sus obsequios y se pon\u00edan a jugar. Y en las pocas oportunidades en que \u00e9l le mostraba alguna simpat\u00eda: le sobaba la cabeza, le alborotaba el pelo, le daba alguna moneda o la tomaba por la barbilla, su madre, despu\u00e9s, a solas, la reprend\u00eda y le dec\u00eda que no se dejara agarrar. Y terminaba llorando y dici\u00e9ndole que nunca la abandonara, que nunca la dejara. En esos momentos sent\u00eda una gran ternura por ella. Al igual que cuando la ve\u00eda anotando, en un viejo cuaderno, las recetas de comidas que daban por la televisi\u00f3n y que nunca preparaba. En el cuaderno tambi\u00e9n guardaba las recetas que sal\u00edan en el peri\u00f3dico, ten\u00edan montones.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pedro-querales\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*<strong>Fragmento de Novela in\u00e9dita<\/strong><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pedro Querales I Parte \u201cTodas las desgracias comienzan como una broma, o son una broma\u201d dijo el personaje al final de la novela que estaba leyendo, cuando su esposa, par\u00e1ndosele enfrente con las piernas abiertas y los brazos en jarra, le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfNo me vas a acompa\u00f1ar?\u201d Rodrigo levant\u00f3 la cara por encima del libro, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":15368,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15366"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15366"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15366\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15370,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15366\/revisions\/15370"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15368"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15366"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15366"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15366"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}