{"id":15358,"date":"2025-03-04T17:22:01","date_gmt":"2025-03-04T21:52:01","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15358"},"modified":"2025-03-04T17:23:34","modified_gmt":"2025-03-04T21:53:34","slug":"queremel-coyuntura-moderna-venezolana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/queremel-coyuntura-moderna-venezolana\/","title":{"rendered":"\u00c1ngel Miguel Queremel en la coyuntura moderna venezolana"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Gregory Zambrano<\/h4>\n\n\n\n<p>Comprender los aspectos conceptuales que han definido la est\u00e9tica de la modernidad a trav\u00e9s de sus variantes desde el siglo XVIII hasta nuestros d\u00edas, implica \u2015a veces necesariamente\u2015una revisi\u00f3n de postulados te\u00f3ricos que involucran no s\u00f3lo aspectos literarios, sino tambi\u00e9n filos\u00f3ficos, econ\u00f3micos y pol\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, para el caso particular de la cultura latinoamericana, tal definici\u00f3n exige puntualizar los aspectos hist\u00f3rico-culturales que subyacen en los procesos de modernizaci\u00f3n y modernismo que arrancan a finales del siglo XIX y se prolongan con decreciente vigor en las primeras d\u00e9cadas del XX. En esa coyuntura tiene su ra\u00edz el ingreso traum\u00e1tico de nuestra literatura a la llamada modernidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s sea durante la d\u00e9cada de 1920 cuando los rasgos que tem\u00e1tica y estil\u00edsticamente definen la est\u00e9tica moderna llegan a Am\u00e9rica Latina. Sin menoscabo de algunos hechos anteriores, que pudieran verse aislados, en este per\u00edodo se constituyen las manifestaciones art\u00edsticas expl\u00edcitamente impregnadas de aquellas disonancias que bien definen las transformaciones de los universos est\u00e9ticos representados en la literatura; esto es el humor, la parodia, la iron\u00eda, el absurdo, lo fant\u00e1stico, el cuestionamiento de la verdad, entre otros; as\u00ed como una po\u00e9tica de la nocturnidad en franca oposici\u00f3n a aquella rescatada por los rom\u00e1nticos, y caracterizada principalmente por lo maligno, misterioso y demon\u00edaco.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos rasgos se acentuaron en los distintos discursos literarios, fundamentalmente en los po\u00e9ticos y narrativas, territorios en los que el canon est\u00e9tico se fractura y plantea una revisi\u00f3n de los postulados que hab\u00eda impuesto de manera rotunda el modernismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El inventario de autores y obras es siempre arriesgado, y m\u00e1s a\u00fan cuando buena parte de aquella literatura, cuyo rasgo definitorio parte de postular una est\u00e9tica de la negatividad, ha sido dejada de lado, marginada y finalmente olvidada. En Venezuela, autores como Jos\u00e9 Rafael Pocaterra, Teresa de la Parra y Julio Garmendia, otros como Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, Luis Enrique M\u00e1rmol, Salustio Gonz\u00e1lez Rincones, Antonio Arr\u00e1iz o \u00c1ngel Miguel Queremel, y otros m\u00e1s, exigen una nueva lectura, desprejuiciada y sistem\u00e1tica que permita comprender a plenitud las rupturas de sus propuestas est\u00e9ticas frente a la tradici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Con este marco m\u00ednimo, intentaremos una revisi\u00f3n valorativa de la poes\u00eda de \u00c1ngel Miguel Queremel (Coro 1899-Caracas 1939). En el escritor falconiano se ha reconocido una trayectoria dilatada, sobre todo si se aprecia c\u00f3mo su escritura fue impregn\u00e1ndose de las est\u00e9ticas de momentos distintos, tanto por lo que conoci\u00f3, ley\u00f3 y escribi\u00f3 en nuestro pa\u00eds, como por todo aquello que signific\u00f3 su relaci\u00f3n con los escritores que conforman la generaci\u00f3n literaria de la Guerra Civil Espa\u00f1ola. Desde su juventud temprana colabor\u00f3 con publicaciones caraque\u00f1as como EL Universal, EL Nuevo Diario y Actualidades.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1922 apareci\u00f3 su primera obra, Yo, pecador, un libro de cuentos editado en la Imprenta Bol\u00edvar. Desde 1923 se radic\u00f3 en Espa\u00f1a, donde vivi\u00f3 durante diez a\u00f1os. En ese per\u00edodo public\u00f3 sus m\u00e1s importantes libros, entre ellos Barro florido (C\u00e1diz, 1924), Brinco (Madrid, 1926), Trayectoria (Madrid, 1927), Tabla (Madrid, 1928); as\u00ed como un libro de cuentos, titulado El hombre de otra parte y otras narraciones (M\u00e1laga, 1926) y El trapecio de las edades (Madrid, 1929).<\/p>\n\n\n\n<p>A su regreso de Espa\u00f1a, public\u00f3, en 1933, su obra po\u00e9tica fundamental Santo y se\u00f1a, reeditado por la Asociaci\u00f3n de Escritores de Venezuela, en 1934, ese mismo a\u00f1o en que aparece uno de los grupos de mayor importancia en las letras venezolanas, \u00abViernes\u00bb. Entre los animadores de esta nueva empresa literaria, se encuentra \u00c1ngel Miguel Queremel, junto a Vicente Gerbasi, Jos\u00e9 Ram\u00f3n Heredia, Luis Fernando \u00c1lvarez y Otto D&#8217;Sola.<\/p>\n\n\n\n<p>La escritura de \u00c1ngel Miguel Queremel, discurre por los caminos del ensayo, la cr\u00f3nica period\u00edstica y la dramaturgia, g\u00e9nero que emprendi\u00f3 en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, y del que dio una muestra notable en su c\u00e9lebre comedia La m\u00e1quina de coser (1939), que fue publicada en la revista Viernes.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El barro florido <\/em>fue el t\u00edtulo que Queremel dio a su primer poemario, publicado en 1924<sup>1<\/sup>, y en el que agrup\u00f3 poemas de un claro aliento modernista, cuyo aspecto formal podr\u00edamos catalogar como tradicional, por cuanto predomina el soneto, entre otras formas no menos cl\u00e1sicas de versificaci\u00f3n. No obstante, cuando su escritura se despoja de la ret\u00f3rica modernista, logra una poes\u00eda altamente musical, como si toda palabra fuera el pre-texto para una canci\u00f3n, hecha de esta manera con una intenci\u00f3n marcadamente l\u00edrica.<\/p>\n\n\n\n<p>En el conjunto de estos poemas, destaca la ausencia de adjetivaci\u00f3n, la cual, para la mayor\u00eda de sus contempor\u00e1neos hab\u00eda resultado obligante y muchas veces forzosa. Esta caracter\u00edstica es necesario destacarla como una cualidad que da fuerza y vitalidad inusitada a su poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El barro florido re\u00fane tres conjuntos de textos, el primero reitera el t\u00edtulo; los otros dos se agrupan con el nombre de \u00abLa feria de los caprichos\u00bb y \u00abLas voces estremecidas\u00bb, respectivamente. Llama la atenci\u00f3n que cada una de las partes mencionadas se inicia con un poema titulado indistintamente \u00abBarro florido\u00bb, cuyas vertientes tem\u00e1ticas y estil\u00edsticas tienen puntos de contacto, pero sin llegar a situarse como una prolongaci\u00f3n?<sup>2<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Este es un libro que como conjunto resulta tem\u00e1ticamente restringido, al menos en su primera parte, por cuanto la asunci\u00f3n del paisaje aparece interiorizado y puesto de relieve, utilizando recursos policrom\u00e1ticos, siempre como un tel\u00f3n de fondo, donde se destaca una especie de introspecci\u00f3n afectiva. Esta se destina, por un lado, al tratamiento del amor, de un amor \u00e1gape, idealizado al extremo de aparecer siempre como evocaci\u00f3n, dinamizada subyacentemente en el recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen de la mujer aparece circunscrita a la adolescencia, en el motivo recurrente del primer amor, que se reviste luego de ausencia. Esto se hace patente especialmente en los poemas \u00abApunte\u00bb, \u00abAbre mi coraz\u00f3n\u00bb \u00ab\u00bfPor qu\u00e9?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En otro sentido, existe una concepci\u00f3n del amor, plasmada art\u00edsticamente y que tiene un amplio despliegue desde la sensualidad, o mejor, de una sensorialidad abruptamente carnal, desde la que se impulsa la palabra en medio de la intemperie, lo cual equivaldr\u00eda s decir que es casi un grado cero de la ret\u00f3rica. Esto se hace evidente en poemas como \u00abLa musa desnuda\u00bb, \u00abBeso y grito\u00bb o \u00abEl s\u00e1tiro\u00bb; este \u00faltimo representa uno de los textos m\u00e1s logrados dentro de esta tem\u00e1tica:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Verte desnuda, al ritmo serpentino \/ de una m\u00fasica antigua, olvidada; \/ ten el cabello suelto sobre el hombro divino \/ y la p\u00fadica mano sobre la flor vedada. Ven con los ojos bajos y la piel encendida, \/ y baila fr\u00e1gilmente sobre la alfombra; \/ mi brazo estar\u00e1 presto en tu ca\u00edda \/ desde mi sitio\u2026 un sitio lleno de sombra.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfQue no me conoces? No te importe, \/ rubia ninfa del Norte, \/ apagaremos el sol, nadie ha de vernos\u2026<br>y si acaso en la noche quieres saber mi nombre \/ alarga el brazo y palpa, en un cuerpo de hombre \/ mis pezu\u00f1as, mis pelos y mis cuernos!<\/em> (p.50).<\/p>\n\n\n\n<p>Obviamente, lo demoniaco, amparado en las tinieblas de la nocturnidad evocan un universo disonante advertido ya por Baudelaire, y m\u00e1s a\u00fan, cuando lo vedado se dinamiza en una est\u00e9tica de la maldad infernal.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte el amor, que al final logra concretarse, se hace recurrencia cuando ya no est\u00e1; siempre forma una alusi\u00f3n que emana de lo \u00e1lgido, a\u00fan cuando el contenido anecd\u00f3tico del poema explicite la pasi\u00f3n del encuentro amoroso. Eso es, precisamente, lo que subyace en el poema \u00abEp\u00edlogo del amor que se va\u00bb:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u2026 \/ Ambos nos alejamos. En paz los corazones.\/ Yo te di con mi carne, sangre de mis canciones, \/ y un sortilegio ambiguo t\u00fa pusiste en mis d\u00edas \u2026 \u00bb (p.49).<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, el amor no aparece sacralizado, sino m\u00e1s bien, revestido de humanidad, tan desnudo como el aliento de esas voces que se realizan o se niegan en la sensualidad; desde all\u00ed la negaci\u00f3n, el desencuentro, la incertidumbre. El discurso se hace m\u00e1s complejo cuando una carga de profundas sugerencias er\u00f3ticas se establece como soporte tem\u00e1tico; desde all\u00ed llega a ser, en lo m\u00e1s arm\u00f3nico de la sensorialidad humana, una concreci\u00f3n de texturas, un roce, una er\u00f3tica del contacto.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, se expresa un tono de opacidad cuando se alude a la ciudad, cuando el tema lo urbano se plasma desde una composici\u00f3n art\u00edstica deprimente, como una disonancia que se presenta a partir de sus contrastes, entre luces y colores.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido tambi\u00e9n pudi\u00e9ramos entender su rasgo de modernidad. La alusi\u00f3n a la ciudad, sin llegar a ser recurrente en este primer libro, s\u00ed es un motivo resaltante que subyace de manera definitiva en el texto. As\u00ed, en el poema \u00abCromo\u00bb, la ciudad est\u00e1 matizada por una configuraci\u00f3n cruda, irremediable:<br><em>\u00abMiseria, Calamidad, \/ que se arrastra por el suelo \/ y el sol sobre la ciudad \/ como la llaga del cielo\u2026 \u00ab<\/em> (p.52).<\/p>\n\n\n\n<p>Los ciclos tem\u00e1ticos que se articulan en este poemario, parten de ciertas angustias vitales en las que se forja una forma de auto exclusi\u00f3n del mundo objetivo, desde el cual el hablante po\u00e9tico establece sus propios l\u00edmites, es decir, la l\u00ednea que le indica cu\u00e1l es su margen de pertenencia. Desde \u00e9l se plantea entonces una intelecci\u00f3n contemplativa hacia cuanto ve y siente, lograda con muy buen pulso art\u00edstico: <em>\u00abque sufro la angustia cruel y dolorosa\/ de que mi gusano se haga mariposa; \/ de dejar el tallo por ir a la rosa\u00bb<\/em> (Canci\u00f3n humilde, p. 12).<\/p>\n\n\n\n<p>A este poeta lo asalta tambi\u00e9n la preocupaci\u00f3n por lo desconocido, sobre todo como un paso necesario para acceder a lo amoroso a trav\u00e9s de ciertas inc\u00f3gnitas trascendentales. En ese entramado subyace el misterio, como un intertexto en el que se patentiza la presencia luciferina.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto se evidencia en la ambientaci\u00f3n sugerente de algunos poemas y, sobre todo, en la menci\u00f3n expl\u00edcita de lo demon\u00edaco. Tal rasgo, de cargado sentido negativo otorga a la poes\u00eda de Queremel, especialmente en este libro, un viso de modernidad que viene reforzado por otras constantes negativas en las que el submundo de la oscuridad y de lo misterioso se hacen recurrencia y centro de inter\u00e9s tem\u00e1tico<sup>3<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre la serie de poemas donde la oscuridad como disonancia opera con definitivo efecto se encuentran: \u00abEl peregrino maldito\u00bb y \u00abComentario l\u00edrico\u00bb. Pero, en contraste, esa calma y paz que colman la atm\u00f3sfera de otros de sus poemas, ampl\u00edan su n\u00facleo expresivo hacia el tratamiento de temas vinculados con referentes del mundo de la infancia, ligados a la a\u00f1oranza, al para\u00edso perdido, y sobre todo, a sus recuerdos (Aspectos campesinos, p.26).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay tambi\u00e9n una presencia activa de lo religioso, no como una potencialidad atribuida a lo divino en tanto camino hacia la redenci\u00f3n, sino m\u00e1s bien como una fijaci\u00f3n ligada al mundo de la infancia, en la que lo religioso se percibe como una forma de la bondad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los conjuntos po\u00e9ticos que siguen a este primer cuaderno, titulados \u00abLa feria de los caprichos\u00bb, est\u00e1n poblados de voces estremecidas que guardan cierta afinidad lineal con los poemas del primer cuaderno, sobre todo en lo referente a su musicalidad, y la desnudez de su lenguaje, que tambi\u00e9n se muestran despojados de artificios ret\u00f3ricos.<\/p>\n\n\n\n<p>En este aspecto algunos tratamientos tem\u00e1ticos que se despliegan y destacan por sus recursos formales, nos permiten establecer cierto paralelismo con poemas de \u00c1spero, en los cuales Antonio Arr\u00e1iz se decide por extraer al lenguaje su \u00abpulpa\u00bb expresiva y proponer tambi\u00e9n un grado cero de lo ret\u00f3rico-formal, pero con una diferencia, y es que Queremel contin\u00faa empleando el soneto, cuando no estrofas lineales con irregular n\u00famero de versos.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s sea el tema de la soledad el que de manera m\u00e1s marcada aparezca interconectando los poemas de esta segunda parte, tales como \u00abEl carnaval\u00bb, \u00abEl encantamiento\u00bb y \u00abLa visita\u00bb donde toda la atm\u00f3sfera aparece impregnada de una profunda oquedad, que fluye \u2015textualmente\u2015 como una especie de fr\u00edo interior y se revela cuando hay plena consciencia de que en esa soledad existe una carencia absoluta, que hasta llega a traslucirse desde la palabra misma.<\/p>\n\n\n\n<p>La ausencia de compa\u00f1\u00eda, sin embargo, no viene a convertirse en un elemento de desesperaci\u00f3n, por cuanto, a\u00fan lejanamente, siempre subyace cierta esperanza, una luz que aguarda al final de ese oscuro t\u00fanel donde el hablante po\u00e9tico advierte diversos presentimientos. Esa soledad, que pareciera negarlo todo, envuelve al hablante l\u00edrico:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abEspero, espero algo. \/Nadie vendr\u00e1 a verme por la puerta\/ Solo,\u00bb estoy solo; tan solo\/ que casi no estoy yo\u00bb<\/em> (La visita, p.67).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa recurrencia tem\u00e1tica conformada por la soledad, a veces surte una especie de exorcismo que descansa en la aparici\u00f3n, casi siempre expl\u00edcita de la oscuridad como un universo de posibilidades a\u00fan no experimentadas, por ello atractivas. Es decir, hay un misterio que se torna en compa\u00f1\u00eda maternal. La idea de la nocturnidad, como un rasgo caracterizador de la modernidad, en Queremel aparece como una envoltura, una atm\u00f3sfera donde se hace posible la presencia del otro, s\u00f3lo como una consecuencia teleol\u00f3gica y que se expresa principalmente en la pulsi\u00f3n de muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea de la muerte aparece emparentada con la naturaleza, como el fin \u00faltimo de las secuencias vitales. Este elemento est\u00e1 presente en su poema \u00abHumorismo\u00bb; pero tambi\u00e9n puede aparecer como una imagen paralela a la sensaci\u00f3n de miedo: la noche, la oscuridad, la alucinaci\u00f3n. La noche es percibida como un \u00abmonstruo negro\u00bb (Miedo, p.28).<\/p>\n\n\n\n<p>Otra de las l\u00edneas tem\u00e1ticas aparece conformada por la frecuente presencia de elementos naturales, representados en el mar, los \u00e1rboles, las flores; pero tambi\u00e9n, en el sentido fecundador de la tierra, incluyendo una geograf\u00eda espiritual que involucra al hombre que la habita y la hace producir. As\u00ed, la idea de la naturaleza aparece como una transposici\u00f3n afectiva del elemento femenino: Naturaleza-Mujer.<br>Quiz\u00e1s uno de los elementos m\u00e1s recurrentes sea el amor, pero el amor carnal, que en su concreci\u00f3n acerca los diversos modos de asumir la sensualidad. Sin embargo, ese amor puede aparecer dibujado por los rasgos de un comportamiento rudo por lo instintivo, y que se torna a veces violento, en el af\u00e1n por la posesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras veces, la asunci\u00f3n de lo amoroso alcanza niveles sublimes, donde el instante m\u00e1ximo de la conjunci\u00f3n amorosa reside sosegadamente en el sentido descubridor del tacto (Las manos, p. 88).<br>As\u00ed, el sentido \u00faltimo del amor aparece envuelto en una atm\u00f3sfera de fraternidad, como en el poema \u00abLa cita\u00bb, pero m\u00e1s abierta y directa aparece la sensualidad en los textos titulados: \u00abPreguntas y Respuestas\u00bb, \u00abPresentimiento\u00bb \u00abConjunci\u00f3n\u00bb, \u00abM\u00e1scaras\u00bb e \u00abIdilio sobre la alfombra\u00bb:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bb \u2026 \/ Yo llenar\u00e9 \/ con mi \u00faltimo beso \/ el molusco vac\u00edo de tu ombligo \/ y que en el minuto de tu estremecimiento \/ se haga perla \/ hija de mi ardor \/ y tu olor \u2026\u201d<\/em> (Conjunci\u00f3n, p.77).<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00abDos voces estremecidas\u00bb la asunci\u00f3n del amor se transforma o gira hacia su contrapartida, es decir, se torna en desencuentros recurrentes, impregnados de una atm\u00f3sfera negativa donde privan la mentira y el enga\u00f1o, como en \u00abLa novia fea\u00bb. Sin ser \u00e9ste el tema m\u00e1s frecuente, s\u00ed es notable su presencia en el contexto general del libro, pero sin llegar a convertirse en el asunto principal del conjunto; aqu\u00ed, quiz\u00e1s, vuelven otros temas tan aparentemente comunes y, al mismo tiempo, tan pl\u00e1sticamente logrados en su trabajo po\u00e9tico.<\/p>\n\n\n\n<p>Su musicalidad y transparencia, alcanzados con un lenguaje altamente depurado, simplifica las im\u00e1genes y ahorra recursos expresivos, para conformar un todo arm\u00f3nico. As\u00ed por ejemplo aparece representado el tema del mar, cuya presencia real est\u00e1 casi humanizada al igual que los misterios que en \u00e9l habitan: las sombras o las sirenas. (\u00abLa fugaz aventura\u00bb p. 102).<\/p>\n\n\n\n<p>La desmitificaci\u00f3n del amor aparece complementando la idea de los poemarios anteriores donde el amor est\u00e1 asumido como realizaci\u00f3n plena, total. A diferencia de un texto como \u00abAncestral\u00bb de Antonio Arr\u00e1iz (\u00c1spero, 1924) donde el ideal del amor est\u00e1 regido por la fuerza y el sometimiento: \u00abT\u00fa ser\u00e1s mi esclava sumisa\u00bb, aqu\u00ed es el proceso a la inversa, pues desde el amor el hablante l\u00edrico confiesa haberlo tenido todo hasta la saciedad, y por ello, ans\u00eda un cambio: \u00abS\u00e9 algo nuevo, mujer, \/ que estoy cansado ya de ser el amo \/ y de tenerte esclava\/\u00bb. (Inquietud, p.115).<\/p>\n\n\n\n<p>Como hemos advertido, en la poes\u00eda de \u00c1ngel Miguel Queremel es frecuente encontrar elementos que prefiguran un profundo di\u00e1logo con la Divinidad. Dios aparece siempre como esa figura oyente, dispuesta a proceder con bondad, es la instancia \u00faltima del esperanzado: \u00abYo s\u00e9, Se\u00f1or, que me abrir\u00e1s tu puerta \/\u00bb (Fe, p. 111).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa es una forma de comunicarse con la divinidad en sentido positivo, abierto, pues aqu\u00ed el poeta, en su palabra, puede acercarse a Dios en forma de oraci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n puede elevar una plegaria, con toda su carga emotiva hasta para interceder por los otros, el \u00abotro\u00bb, un nuevo Padre-Dios. S\u00f3lo que esta vez la \u00abdivinidad\u00bb es un Dios de los infiernos, representado en la evocaci\u00f3n de Paul Verlaine:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Padre m\u00edo que est\u00e1s en los infiernos\/despu\u00e9s de darme el cielo, \/ padre m\u00edo de los torcidos cuernos \/ que duermes tu sue\u00f1o bajo el suelo, \/oye el rezo tembloroso\/ de mi oraci\u00f3n \u00a1oh, mi padre y mi hermano! \/t\u00fa que eres mi Se\u00f1or Todopoderoso a pesar del gusano. \/ Padre m\u00edo que est\u00e1s por los suelos\/ santificado por el Mal y el Bien, \/que para ti sean todos los cielos\/ Am\u00e9n<\/em> (Oraci\u00f3n a Verlaine, p. 109).<\/p>\n\n\n\n<p>De \u00abLa feria de los caprichos\u00bb se destaca el modo como la noche aparece recurrentemente representada en la oscuridad, el miedo y la soledad como hechos constantes que impregnan de magia y misterio la nocturnidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00abLas voces estremecidas\u00bb un elemento se suma a esa nocturnidad pero desde un sentido iluminador: aqu\u00ed es la noche y dentro de ella las estrellas. Al menos en los poemas \u00abReconocimiento\u00bb y \u00abMiedo\u00bb, de \u00abLa feria de los caprichos\u00bb, aparece la evocaci\u00f3n de las estrellas como un elemento vital, de amplia significaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Con \u00abLas voces estremecidas\u00bb, la estrella ocupa un lugar destacado desde el momento en que se fija, po\u00e9ticamente, su nacimiento, hasta que la idea de la muerte \u2015en este caso la mujer\u2015 se complementa cuando \u00e9sta se ha transmutado en estrella. Tambi\u00e9n se aprecia este elemento cuando se le suma a esa especie de viaje a trav\u00e9s de la palabra: \u00abCon mi boca cerrada, en una grieta, \/ di un grito hacia la estrella\u00bb (El milagro, pp. 122-123).<\/p>\n\n\n\n<p>En s\u00edntesis, este libro de 1924 muestra la transici\u00f3n de elementos que, contemplativamente, exploraron los poetas del 18 para ese di\u00e1logo con la naturaleza, pero asumi\u00e9ndose desde un \u00abyo\u00bb \u00edntimo, profundo, problematizado ante las circunstancias concretas del hombre sensible que se escucha a s\u00ed mismo en su \u00abyo\u00bb palpitante y que nos recuerda a Ramos Sucre, incluso en la forma de enunciaci\u00f3n del yo po\u00e9tico: \u00bb \u2026 \/<em> Yo adivin\u00e9 tu alma, remota como un sue\u00f1o; \/ yo me llegu\u00e9 hasta el fondo y te encontr\u00e9 dormida, \/ yo remov\u00ed el remanso tranquilo de tu ensue\u00f1o \/ y levant\u00e9 tus ojos y te mostr\u00e9 la vida\/ \u2026 \u00ab<\/em> (La fugaz aventura, p. 103).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tabla (1928)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mientras que en Venezuela, los sucesos pol\u00edticos ocurridos en febrero de 1928 abrieron una brecha por la que se vinieron a juntar los anhelos pol\u00edticos de cambio y el \u00edmpetu juvenil de alzar la voz contra los r\u00edgidos eslabones dictatoriales, surgi\u00f3 paulatinamente ese instinto de lucha tambi\u00e9n en los predios del lenguaje. Por ello, muchas veces se justifica la consideraci\u00f3n de una \u00abgeneraci\u00f3n\u00bb que encauz\u00f3 los anhelos colectivos y fortific\u00f3 el camino hacia una renovaci\u00f3n en el lenguaje.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de Queremel, residenciado en Espa\u00f1a desde 1923, no puede buscarse un indicio literario que lo involucre directamente en ese mismo proceso. En el mencionado per\u00edodo, ya en Espa\u00f1a se vive la plenitud ultra\u00edsta, y el surrealismo se muestra presente en la obra de algunos escritores que ven desde Europa la fuerte interacci\u00f3n de las corrientes vanguardistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Si ubicamos a Queremel en ese espectro, podr\u00edamos relacionarlo en aquella coyuntura transformadora que en la d\u00e9cada de los a\u00f1os 20 se nutri\u00f3 de los nuevos aires de renovaci\u00f3n, pero en lo estrictamente emparentado con la tradici\u00f3n espa\u00f1ola, no podr\u00edamos sin embargo, relacionarlo ni tem\u00e1tica ni formalmente en lo que estaba haci\u00e9ndose en la Venezuela de fines de los 20.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esta raz\u00f3n, Tabla es un libro muy particular, donde se disipa definitivamente el apego del autor a la versificaci\u00f3n tradicional, desaparecen las estrofas cl\u00e1sicas y la rima, y el poema es revestido de un novedoso sentido del ritmo, lo cual le brinda toda su musicalidad y fluidez.<\/p>\n\n\n\n<p>En cierta forma, es sencillo el modo como Queremel asume sus elementos po\u00e9ticos, y es a partir de los registros vinculados con la naturaleza, que ejercita una escritura desprovista de ornamentos pero que alcanza un resonancia efectiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la musicalidad adquiere ese brillo que s\u00f3lo permite el trabajo de pulimentar cada palabra, llega entonces a la sencilla canci\u00f3n que romancea el mundo de Garc\u00eda Lorca y de Alberti<sup>4<\/sup>. No es forzado encontrar en estos dos escritores una vena l\u00edrica de la cual Queremel pareciera ser tambi\u00e9n un rico segmento.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa manera de hacer fluida la expresi\u00f3n, de volcarse con ternura sobre el lenguaje y llenarlo de color y musicalidades, nos hace pensar en una literatura dirigida a un receptor di\u00e1fano, transparente. Nada complicado es su entramado l\u00edrico, y pensamos en el ni\u00f1o, en el adolescente para quienes estos poemas pudieran ser m\u00e1s bien reminiscencias de una ya lejana canci\u00f3n de cuna. Queremel, lejos de la frontera patria, vuelve a cantar tambi\u00e9n las cosas m\u00e1s sencillas y cotidianas, asombrando a veces por un simpl\u00edsimo juego de asociaciones como las que encontramos en poemas como \u00abZool\u00f3gica\u00bb:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEl paisaje\/ \u2015lagarto verde-gris\u2015 \/ mueve su cola; \/ el r\u00edo. \/ El camello del monte \/ se bebe todo el cielo \/ Tras la reja del sol \/ \u2015en jaula de aire\u2015 \/ a\u00falla la ma\u00f1ana\u00bb<\/em>. (p. 128).<\/p>\n\n\n\n<p>Si comprendemos la vanguardia, dentro de esas a veces esquem\u00e1ticas caracterizaciones que tienen que ver con el manejo de un lenguaje pl\u00e1stico, antirret\u00f3rico, antitradicional y audaz, podr\u00edamos decir que Queremel est\u00e1 entre sus iniciadores, por lo menos en este libro. Por ejemplo, veamos su poema \u00abTr\u00f3pico\u00bb:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El cielo de lim\u00f3n: \u00e1cido \/ ict\u00e9rico \/ vidrio \/ el aire. Una escuela de loros \/ deletrea mazorcas del maizal. \/ Un signo de pregunta (?) \/cada rabo de mono \/ cuelga de los bejucos. \/ Ante el paisaje verde, \/el zumo de una fruta \/ que no veo, \/ traba mis dientes<\/em>. (Tr\u00f3pico, p.130).<\/p>\n\n\n\n<p>Ese juego de asociaciones libera el lenguaje de tal forma que el texto se convierte en un motivo para demostrar el poder creador de la palabra, una b\u00fasqueda de unidad entre elementos de manifiesta incoherencia. Obviamente, el universo expresivo del que est\u00e1 hecha la mayor\u00eda de los poemas que integran Tabla, provienen del mundo de los ni\u00f1os y de la adolescencia, y desde ella puede configurarse un enunciador po\u00e9tico que crea un divertimento mientras plasma estampas optimistas, en las que palpita la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>El conjunto de poemas, 32 en total, est\u00e1 signado por la desnudez expresiva, pero no una desnudez vac\u00eda sino, por el contrario, revestida de una atm\u00f3sfera c\u00e1ndida, dulce, sin caer en el ripio f\u00e1cil del diminutivo. El alto aliento que mueve estos  poemas dan a su expresi\u00f3n un estatuto art\u00edstico de gran envergadura. <\/p>\n\n\n\n<p>Desde de una transparencia tan limpia podr\u00edamos situar a Queremel como un poeta de s\u00edntesis, de concreci\u00f3n y precisi\u00f3n, dentro de un ludismo que antes de \u00e9l no ten\u00eda antecedentes pero que no obstante, no contin\u00faa en su libro posterior Santo y se\u00f1a (1938), donde vuelven a aparecer las antiguas y definitivas reminiscencias de sus preguntas vitales: la vida y la muerte atravesadas por la lanza del amor en sus m\u00e1s ins\u00f3litas y hasta desgarradoras presencias.<\/p>\n\n\n\n<p>En este \u00faltimo libro la muerte es la gran sombra, ya sin las estrellas que habitan en su oquedad, all\u00ed respiran hist\u00f3ricamente los saldos dolorosos de la Guerra Civil Espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda alguna, la tradici\u00f3n po\u00e9tica venezolana se ha nutrido de la palabra creadora de \u00c1ngel Miguel Queremel. No obstante, su incorporaci\u00f3n a los registros cr\u00edticos e hist\u00f3ricos de la literatura nacional ha sido parcial, insuficiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejando de lado la raz\u00f3n vital de su permanencia fuera del pa\u00eds en un per\u00edodo de gran convulsi\u00f3n pol\u00edtica y sacudimientos est\u00e9ticos, prevalece una gran deuda con su obra, con sus aportes, con su singular voz creadora que tiene a\u00fan mucho que decir a las generaciones de nuestro presente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 Para estas notas hemos utilizado la edici\u00f3n de Poes\u00edas, publicada por la Direcci\u00f3n de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educaci\u00f3n, Departamento de Publicaciones, Caracas, 1965.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Al respecto transcribiremos los tres poemas que se titulan de manera id\u00e9ntica y que abren cada una de las partes constituyentes del poemario:<br>a. Va perdiendo mi peregrino \/ buscando, a tientas, tu camino. \/ Busca al amor, ni\u00f1o con vendas, \/ y perdi\u00f3 siempre la senda \/ y equivoc\u00f3 el derrotero. \/ Peregrino, d\u00ed: \/ \u00bfel Amor no es un sendero \/ dentro de ti? (p. 9).<br>b. La feria de mi coraz\u00f3n \/ inaugura su \u00abtroupe\u00bb de circo: \/ un acr\u00f3bata da un brinco; \/ el faquir merienda fuego; \/ y el rel\u00e1mpago del trapecio \/ se persigna el \u00abClown\u00bb. Suena un fox-trot. \/ y mientras baila por la pista \/ Pegaso da un coz \u2026 (p. 57).<br>c. Son sangre de mis heridas \/ -mis heridas mal curadas- \/ voces a tiempo calladas \/ en mi interior encerradas, \/ mis voces estremecidas (p. 95). En: A.M. Queremel, Poes\u00edas, Caracas, Ministerio de Educaci\u00f3n, 1965.<\/p>\n\n\n\n<p>3 Cfr. Carlos Mar\u00eda de Vallejo. Los raros poemas de \u00c1ngel Miguel Queremel. Madrid, Librer\u00eda Fernando Fe, 1926, 16 p.<\/p>\n\n\n\n<p>4 En un interesante trabajo que plantea una relaci\u00f3n contextual, tem\u00e1tica y estil\u00edstica entre \u00c1ngel Miguel Queremel y Federico Garc\u00eda Lorca, Juan Gregorio Rodr\u00edguez S\u00e1nchez se\u00f1ala que: \u00abTanto Queremel como Lorca hacen notar su concepci\u00f3n de lo humano, no por la nobleza, ternura, evocaci\u00f3n o pureza de sus poemas, sino por asumirla como valor espiritual, dram\u00e1tico, que los trasciende en universalidad\u00bb. \u00ab\u00c1ngel Miguel Queremel y Federico Garc\u00eda Lorca: De Coro a Granada\u201d. En: Presencia (Coro) (4): 33-34, marzo, 1983.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gregroy-zambrano\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Publicado en: La tradici\u00f3n infundada. Literatura y representaci\u00f3n en la memoria finisecular, M\u00e9rida, Universidad de Los Andes, CDCHT, Fundaci\u00f3n Casa de las Letras Mariano Pic\u00f3n Salas, 1996, pp. 145-159. <\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gregory Zambrano Comprender los aspectos conceptuales que han definido la est\u00e9tica de la modernidad a trav\u00e9s de sus variantes desde el siglo XVIII hasta nuestros d\u00edas, implica \u2015a veces necesariamente\u2015una revisi\u00f3n de postulados te\u00f3ricos que involucran no s\u00f3lo aspectos literarios, sino tambi\u00e9n filos\u00f3ficos, econ\u00f3micos y pol\u00edticos. 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