{"id":15313,"date":"2025-02-25T15:40:43","date_gmt":"2025-02-25T20:10:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15313"},"modified":"2025-02-25T17:54:14","modified_gmt":"2025-02-25T22:24:14","slug":"preludio-para-tres-trejos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/preludio-para-tres-trejos\/","title":{"rendered":"Preludio para tres Trejos"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Lourdes Sifontes Greco<\/h4>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><em>El mejor lector es aquel que sabe que todo cuanto lee es un palimpsesto y descubre, bajo la copia visible, el original invisible. Marco Denevi<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y EL TREJO SE HIZO VERBO\u2026<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A cuarenta a\u00f1os de la publicaci\u00f3n de Los cuatro pies (1948), su primer libro, Oswaldo Trejo, el hombre venido de Ejido, recibe el Premio Nacional de Literatura, reconocimiento de las instituciones de la cultura nacional a una obra \u00fanica en el \u00e1mbito de la creaci\u00f3n narrativa venezolana. Obra de b\u00fasquedas, de insistencias, acaso incomprendida e incluso negada por muchos. Obra que se inserta en la contemporaneidad, en la tradici\u00f3n caligram\u00e1tica de las primeras experiencias po\u00e9ticas rebeldes ante la p\u00e1gina, en el reto del juego, del abismo interior y del balbuceo ad\u00e1nico.<\/p>\n\n\n\n<p>Obra de s\u00f3lida unidad, de aparente hermetismo que resuelve su hermosa coherencia en el concierto de escogidas claves de escritura que invitan al lector valiente a una participaci\u00f3n comprometida y er\u00f3tica en el texto. Porque los textos de Trejo \u2014vale llamarlos, con justeza, los trejos\u2014, y en mayor grado los que integran esta edici\u00f3n, lejos de ser culteranos o conceptistas, son textos de despojo, de arrojo en la combinatoria formal que juega con la finitud abierta del lenguaje. Los trejos son textos-espejo, y como todo espejo, invierten la imagen en ellos proyectada: no estamos ante un experimento barroco del <em>horror vacui<\/em>, sino frente a su contrapartida. Estos trejos se inscriben en el disfrute del vaciado de lo literario, del desprendimiento de la an\u00e9cdota convencional, no ya de su barroco ocultamiento. El protagonista es la escritura: la escritura despojada.<\/p>\n\n\n\n<p>Escritura que se va tallando sobre la p\u00e1gina, vaciando los moldes de la sintaxis conocida \u2014tal como las cartas de And\u00e9n Lejano (1968)-, legando, como los testimonios de los primeros hombres, impresi\u00f3n, memoria, imagen. Como se\u00f1ala con acierto Juan Liscano, en la narrativa de Trejo \u00abse crean comunicaciones laterales con la realidad aludida\u00bb<sup>1<\/sup>; el signo parece fracturarse en una lucha con su \u00edntimo deslinde, buscando no un acercamiento al objeto, sino un ser objeto por s\u00ed mismo. Las palabras no hacen<br>menci\u00f3n de las cosas; antes bien, construyen su propio universo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los trejos que siguen inscriben a Oswaldo en la convicta y confesa estirpe de lo que H\u00e9ctor Libertella denomina \u00abpat\u00f3grafos\u00bb, de esos seres que, en el proceso vital de la escritura, se deslizan por una \u00abpendiente etimol\u00f3gica que va del pathos a la pasi\u00f3n, al padecimiento y por \u00faltimo a la patolog\u00eda y a la enfermedad o morbo de la letra\u00bb<sup>2<\/sup>. Proceso de compromiso extremo con las palabras, de dejarse poblar por ellas, de ceder el absoluto gobierno de la p\u00e1gina a las palabras ya sean sueltas, combinadas, presentes, reiteradas, cortajeadas o ausentes. Dotado de una caja llena de letras, el escritor es el tip\u00f3grafo de sus textos, quiere ser quien les d\u00e9 cuerpo, quien les otorgue oquedades, resquicios, caminos, esparciendo signos en el espacio.<\/p>\n\n\n\n<p>Como se\u00f1ala el propio Libertella, el Quijote, en la literalidad del texto, reside en un lugar de La Mancha. Mancha geogr\u00e1fica que, por arte y virtud de la escritura, pasa a ser mancha tipogr\u00e1fica: el personaje, el verbo, el objeto, viven en esa mancha de tinta sobre el \u00e1mbito blanco. Libre lectura que abre paso a la inserci\u00f3n de Trejo en el linaje del arte de narrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, ojo: nada hay de automatismo en esta po\u00e9tica. La dispositio de los trejos, esa fruici\u00f3n del detalle que de pronto torna a ser sugerencia atmosf\u00e9rica, ese entramado sin an\u00e9cdota que se revierte en microan\u00e9cdotas reiteradas, en acciones sucesivamente adjudicadas a distintos sujetos, ese intercambio de posiciones que las palabras parecen fundar de com\u00fan acuerdo, manifiesta un alto grado de conciencia de la escritura, de la tesitura. Es una danza de jugadas, una estrategia de continuos gambitos que reafirma cierta perdida autoestima del lenguaje de creaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Son caracter\u00edsticas del uso est\u00e9tico de una lengua la ambig\u00fcedad y la autorreflexividad de los mensajes. La ambig\u00fcedad hace inventivo el mensaje con respecto a las posibilidades que com\u00fanmente se reconocen al c\u00f3digo (\u2026). Se da el caso tambi\u00e9n de que se producen alteraciones en el orden de la forma de la expresi\u00f3n, alteraciones tales que hacen que el destinatario (\u2026) se vea obligado a volver al mensaje propiamente dicho, como entidad f\u00edsica (\u2026). As\u00ed es c\u00f3mo el mensaje est\u00e9tico se vuelve autorreflexivo, comunica tambi\u00e9n su organizaci\u00f3n f\u00edsica\u2026<\/em><sup>3<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Los textos de Oswaldo Trejo manifiestan esta preocupaci\u00f3n por el ejercicio de la corporeidad del lenguaje. Aspecto pl\u00e1stico y f\u00edsico que Trejo cultiva en luces y sombras, en claves di\u00e1fanas que repentinamente lucen enga\u00f1osas, en aparentes leyes de funcionamiento que se erigen y se autodestruyan<sup>4<\/sup>, reafirmando la condici\u00f3n de cuerpo que tienen las palabras (aspiran-espiran, absorben-eliminan, contaminan-depuran); as\u00ed, \u00abel uso est\u00e9tico de una lengua se convierte en una de las maneras m\u00e1s apropiadas de generar contradicciones\u00bb<sup>5<\/sup>. Y estamos de vuelta en la noci\u00f3n de lo especular, en el universo de la autorreflexividad.<\/p>\n\n\n\n<p>No faltar\u00e1 quien hable de textos supuestamente \u00abautistas\u00bb; mas no es el caso. Nuestros trejos son algo mucho m\u00e1s placentero: son autorreflejos. Como lectores, tenemos la libertad de entrar en ellos y presenciar el disfrute de las mism\u00edsimas palabras al verse unas junto a otras, frente a otras, sobre otras, o sobre, frente y junto a Su propio reflejo, su imagen y su sonido. Son textos de desdoblamiento: los Ecce Homo de And\u00e9n Lejano, los Cristos y Teresas de Textos de un Texto con Teresas (1975) y los Robert y los Robert Rob\u2026 de Met\u00e1stasis del Verbo (1990), personajes desprovistos de la noci\u00f3n convencional que los asociar\u00eda mim\u00e9ticamente a representaciones de personas, son signos de un juego de espejos, elementos que se desplazan por la escritura vi\u00e9ndose unos a otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Los criterios actuales alrededor del concepto de narrativa narcisista \u2014 en el mejor de los sentidos\u2014 ubican dicho concepto en las propias ra\u00edces de la ficci\u00f3n por excelencia<sup>6<\/sup>. De acuerdo con esto, y con la tal vez juguetona e irreverente analog\u00eda entre las \u00abmanchas\u00bb arriba mencionada, la paradoja trejiana coloca a este narrador, triunfante, en el v\u00e9rtice de las vanguardias, rompiendo con el realismo y lo anecd\u00f3tico con los mismos medios que lo acercan a los cl\u00e1sicos. Trejo construye sus textos con procedimientos, no ya con historias, y cada texto parece referirse al procedimiento mismo de su escritura. \u00bfNo son acaso el propio Quijote y el Decamer\u00f3n, por citar s\u00f3lo dos, textos donde \u00abse cuenta que se est\u00e1 contando\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, retador y siempre l\u00fadico, el texto trejo involucra al lector en el clima de la autorreflexividad. El tuteo hacia el Ecce Homo en And\u00e9n Lejano es end\u00f3geno, s\u00ed, pero ese \u00abt\u00fa\u00bb sujeta al receptor \u2014sin consultarle\u2014 y lo rebautiza. El lector, entonces, se mira Ecce Homo; al mismo tiempo, percibe que el \u00abt\u00fa\u00bb puede ser ese otro interior, inmanente, propio del texto; en el proceso, las perspectivas se pierden y el t\u00fa-yo de narrador y lector se entrecruzan: \u00bfse trata de dos yo-Ecce Homo-receptor-tuteado, de un Ecce Homo lector y uno narrado \u2014o narrador\u2014, o de dos de estos \u00faltimos, o bien las posibilidades conviven, alternan y se reflejan unas en otras? Tal es uno de los retos de la autorreflexi\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Igual ocurre con el \u00abustedes\u00bb imprecatorio de Textos de un Texto con Teresas, y, del mismo modo, se tira el lazo hacia un receptor part\u00edcipe en la Met\u00e1stasis con el entorno del banquete, la lectura de las cartas, la traviesa inc\u00f3gnita del invitado \u2014\u00abo lo invitado\u00bb. Escritura indiscutiblemente est\u00e9tica en la medida en que se trata, entonces, de una escritura de contradicciones. Escritura ubicada \u00aben el punto de sofoco del querer-decir\u00bb<sup>7<\/sup>, neg\u00e1ndose, ofreci\u00e9ndose, metaforizando el cuerpo y la soledad, la no-historia, la renuencia ante \u00abcualquier contexto intelectual discursivo\u00bb<sup>8<\/sup>. Propuesta, al lector, de mutua resistencia como en un juego de ni\u00f1os\u2014, pauta de cambio en sus h\u00e1bitos perceptivos<sup>9<\/sup>. Los trejos prueban al lector que, como dice Derrida, \u00abese &#8216;no-querer-decir-nada&#8217; no es (\u2026) un ejercicio de reposo\u00bb\u201d<sup>10<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><strong>TAMBI\u00c9N LOS TEXTOS SON CIUDADES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No querer decir nada: doble negaci\u00f3n que aborda el juego de palabras, propuesta de un \u00abmenos por menos\u00bb que se aferra desgarradoramente a un positivo \u00abquerer decir\u00bb en su ya dicho punto de sofoco. Para aquellas lenguas que no admiten esta estructura, querer decir nada: deseo de nombrar, de contar un vac\u00edo, un orbe que aguarda ser poblado por las palabras. En ambos casos, proposici\u00f3n textual que invierte su imagen: desesperaci\u00f3n de un decir nuevo, de un decir algo, de un decir la nada. Entorno propicio para las fundaciones: como en And\u00e9n Lejano, Textos de un Texto con Teresas y Met\u00e1stasis del Verbo, en la escritura el universo referencial es el propio tejido del lenguaje, es el espacio que con \u00e9l se construye. Las relaciones de la palabra con el mundo exterior se borran; nada sucede alrededor de la interioridad de los Ecce Homo y sus espacios, no hay otro mundo que el lugar de las Teresas, y en la Met\u00e1stasis s\u00f3lo existen el banquete y la baraja: la palabra no sale a asir referentes; a lo sumo, son los referentes mismos, tra\u00eddos por el lector en su reescritura inevitable, los que ingresan a la obra. En el entramado de la narrativa trejiana, la palabra torna a poseer el universo: no es un puente hacia el objeto; es objeto mismo. Y el objeto que pretenda entrar a formar parte de ese mundo fundado debe, fatalmente, ser palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>Inteligencia del lenguaje aut\u00f3nomo y suficiente que se remonta a procesos de infancia y aprendizaje, de fascinaci\u00f3n y cuestionamiento ante el verbo, de fractura, de esa pasi\u00f3n que escinde la palabra-juguete para ver qu\u00e9 es lo que tiene por dentro. Acaso el hermoso testimonio de Tambi\u00e9n los hombres son ciudades (1962) arroje cierta luz sobre esta inquietud en los citados trejos: <\/p>\n\n\n\n<p><em>La frase \u00abJard\u00edn de Infancia\u00bb me suger\u00eda una gran plaza llena de matas especiales en las que florec\u00edan cabezas de ni\u00f1os, trompos, papagayos, aros, metras y maracas. La frase \u00abCasa-Cuna\u00bb me planteaba un dilema de muy dif\u00edcil soluci\u00f3n. O es casa o es cuna, me dec\u00eda. Era imposible aceptar que existiera una cuna del tama\u00f1o de una casa con infinidad de ni\u00f1os acostados\u2026<\/em><sup>11<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Y el narrador que observa en s\u00ed, en di\u00e1fana memoria, al ni\u00f1o que investigaba palabras y sugerencias, dar\u00e1 luz al narrador que descubre que esa investigaci\u00f3n, seguida hasta sus \u00faltimas consecuencias, es la escritura misma. Dilemas como el de la casa-cuna, cuna-casa, casa-que-es-cuna o viceversa, ni-casa-ni-cuna, o como el de la palabra \u00abhuelga\u00bb ante su sustituto \u00abolga\u00bb y la asociaci\u00f3n con el nombre de mujer (\u00ab\u2026 se me ocurri\u00f3 pensar c\u00f3mo ser\u00eda una aglomeraci\u00f3n de personas pidiendo algo o protestando contra algo dentro de Olga\u00bb<sup>12<\/sup>), evocan \u00abla met\u00e1fora del texto por excelencia: el puzzle\u00bb<sup>13<\/sup>, donde lo que caracteriza a las piezas es \u00abla no coincidencia de las figuras y los recortes\u00bb<sup>14<\/sup>. La concepci\u00f3n del rompecabezas explota al m\u00e1ximo esta no coincidencia, con lo cual se otorga una mayor intensidad al entretenimiento y un reto m\u00e1s arduo al intelecto y a la visi\u00f3n de quien se dispone a unir las piezas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las figuras y los recortes, en Trejo, van m\u00e1s all\u00e1 de la prefiguraci\u00f3n de una armadura ambigua en t\u00e9rminos de referentes temporales, espaciales o personales: son figuras y recortes de las palabras mismas, de sus relaciones sint\u00e1cticas, de su presencia gr\u00e1fica, de su sonoridad. No todo prosista se dedica a esta labor, que parece guardar mayor relaci\u00f3n con ciertos mecanismos de la poes\u00eda que con la tangibilidad de la narrativa. Tal vez por esta raz\u00f3n, esto colabora estil\u00edsticamente para que los trejos, en esa no-coincidencia de lo dicho con la distribuci\u00f3n de su dicci\u00f3n, gocen de esa virtud eminentemente po\u00e9tica de suspensi\u00f3n del instante, de tiempo confluyente e infinito, de discurso interior disociado del \u00abtiempo real\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo se resuelve un rompecabezas? Mirada, conciencia del desfase entre recortes y figuras, voluntad de extraer el criterio que determina este desfase, azar, adivinaci\u00f3n\u2026 La soluci\u00f3n \u2014el hallazgo del \u00aboriginal invisible\u00bb\u2014 es, ciertamente, apoyada por un proceso voluntario; pero, al mismo tiempo, es m\u00e1gica. La lectura revive el juego creador, intenta realizar el mismo recorrido. \u00bfQu\u00e9 medios tienden esta suerte de puente \u00abtelep\u00e1tico\u00bb entre autor y lector, entre texto y lector? El creador despliega sus conjuros, las claves que tal vez el lector convoque. As\u00ed, Trejo suelta sus m\u00e1nticas. Porque hay, en estos trejos, elementos l\u00e9xicos ubicables en los diversos campos de las artes adivinatorias; sus combinaciones, apariciones y desapariciones tientan al lector en un juego de azar, armado, ensayo, error e imaginaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensemos en And\u00e9n Lejano. La presencia refleja de los dos Ecce Homo invita al lector a un ejercicio de catoptromancia, de adivinaci\u00f3n por la v\u00eda de los espejos, y a una lectura de las repetidas manos huesudas y largas de Ecce Homo, Ecce Homo y la madre; en Textos de un Texto con Teresas, la onomancia \u2014todas esas Teresa Alicia, Teresa Ramona, Teresa Juana, Teresa Felicidad, Teresa Graciela, Teresa Rosa, Teresa Alejandrina\u2014 parece ser la regla del juego, e incluso dir\u00edase que el narrador hace las veces de santero, pintando y esculpiendo cristos, Teresas y hasta una Santa Teresa de los Enfaldos para construir con ellos un universo suficiente en s\u00ed mismo; en la Met\u00e1stasis, la baraja obliga a insertar las pautas de una lectura cartom\u00e1ntica, y reaparece, con los Robert y los Robert Rob\u2026, la sugerencia de los nombres. En los tres t\u00edtulos, la recurrencia de ciertos n\u00fameros \u2014quince escalones, once y treinta y seis Teresas, siete nombres\u2014 parece apuntar a alguna relaci\u00f3n oculta en el interior de los textos\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Catoptromancia y quiromancia que dejan ver la soledad, santer\u00eda que acusa y desmonta de sus pedestales a ciertas figuras, cartomancia que despliega el azar y la iron\u00eda\u2026 Pero el rompecabezas sigue siendo imagen, y su placer sigue siendo el de la no coincidencia de la figura y el corte. El entretenimiento del puzzle no es la soluci\u00f3n final, sino el proceso; no la seguridad, sino el balbuceo. Y las m\u00e1nticas puestas en juego, si bien vislumbran el puzzle armado, no constituyen formas de conocimiento de su estructuraci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Trejo lo sabe, y de ah\u00ed el retador hermetismo de sus textos, ese juego relacional inagotable que revela un rostro distinto cada vez que volvemos a poner los ojos sobre la p\u00e1gina. Porque si bien toda obra tiene ciertas caracter\u00edsticas del puzzle en l\u00edneas generales, la de Trejo se inscribe entre aquellas que apuestan por el desaf\u00edo continuo de armar y desarmar, sin arribo definitivo \u2014y tal vez ni siquiera aparente\u2014 a la totalizaci\u00f3n est\u00e1tica de lo ya agotado.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos tres trejos (And\u00e9n Lejano, los Textos\u2026 y la Met\u00e1stasis) parecen trazar una historia de intensidad creciente en tal sentido. And\u00e9n Lejano, si bien no luce asible en t\u00e9rminos de la lectura decodificatoria com\u00fan, ofrece, en la intimidad inexorable de su atm\u00f3sfera, cierta proximidad, cierto clima que acoge al lector. La pauta intertextual que alumbra el ep\u00edgrafe de Antonia Palacios siembra todo el texto con una presencia de adioses, rumores, \u00abvoces perdidas\u00bb: la obra se anuncia as\u00ed como ese lugar donde \u00abel paisaje tambi\u00e9n se marcha y nos quedamos de pronto sin \u00e1rboles y sin nubes, sin tierra que nos sustente\u00bb<sup>15<\/sup>, y la coherencia del texto queda se\u00f1alada desde antes del ingreso a sus p\u00e1ginas por el desmembramiento, la nostalgia, la soledad, los fantasmas, la angustia, la memoria y la ausencia. Por otra parte, la austera definici\u00f3n del \u00e1mbito de lo narrado, la peculiar econom\u00eda de personajes y el desenvolvimiento de ciertas acciones, aunque pl\u00e1sticamente difusas y sugerentes, entre los Ecce Homo, hace que el tr\u00e1nsito por la lectura, si bien sint\u00e1cticamente extra\u00f1o y alejado de la referencialidad convencional, irradie cierta curiosa calidez, cierta participaci\u00f3n incondicional del receptor en el mundo instaurado por la narraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Textos de un Texto con Teresas presenta otra aventura, m\u00e1s exigente para el lector, m\u00e1s irreverente, m\u00e1s impugnadora. La autorreferencialidad del texto apunta, como el autorretrato que Sarduy describe en Broglia, a escisiones, fracturas y vulnerabilidad del supuesto modelo. Las Teresas y los cristos peque\u00f1\u00edsimos, en un espacio \u00abconventual\u00bb edificado con iron\u00eda, sonoridad, violencia, mordacidad, soledad y alucinaci\u00f3n, trazan su interacci\u00f3n en medio de jerigonzas, apodos, oposiciones, lluvias de acentos como armas imbatibles, como ventajas omnipotentes del si frente al no\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Cierta densidad fant\u00e1stica pone a los Textos\u2026 en un trayecto asociable a ciertos parajes de El obsceno p\u00e1jaro de la noche; la \u00abconfusi\u00f3n\u00bb  temporal y el intenso \u00abanecdotario\u00bb \u2014siempre fracturado, siempre por decir\u2014 de las Teresas con sus muertes y resurrecciones atrapan en la b\u00fasqueda de historias elusivas, de trazos que se autoconfirman como textos din\u00e1micos, reversibles, espejeantes: \u00abante un universo mudo, ya son algo los textos que unas veces llegan al derecho y otras veces al rev\u00e9s\u00bb<sup>16<\/sup>. La constante endorreferencialidad de los Textos\u2026 convierte a estas p\u00e1ginas en una suerte de \u00absagrada escritura\u00bb, de<br>redenci\u00f3n de lo literario por la v\u00eda de una extrema unci\u00f3n \u2014no ya de ungir sino de uncir\u2014 del desgarramiento con el juego.<\/p>\n\n\n\n<p>En los Textos\u2026, \u00abigual da menos once defectos m\u00e1s once defectos\u00bb<sup>17<\/sup>; grado cero, suspensi\u00f3n, \u00bfsilencio? desde el cual el narrador se coloca al descampado, admitiendo, reconociendo esta ineludible presencia, forjando sin descanso la propuesta escritural: <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfqu\u00e9 quiere? Son los textos entrando en el silencio, pasando sobre el silencio casi siempre expedito para ellos, porque tambi\u00e9n su silencio lo propicia. Siendo en todo caso unas mismas sus palabras, de mucho sirven todav\u00eda como rayas hechas y por hacer sobre el silencio, con la mayor frecuencia atravesado por los textos que superan pendientes, quebraduras, desniveles<\/em><sup>18<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Rayas sobre el silencio: texto patogr\u00e1fico, de palabras reiteradas que son las mismas y otras, de oposiciones visuales entre la afirmaci\u00f3n y la negaci\u00f3n, de silabeos. Texto que funda su propia organicidad y que cobija sus vocablos en una propuesta de relaciones s\u00f3lo posible en su interior. Texto aut\u00f3nomo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los textos del pat\u00f3grafo asumen esas pendientes, esas quebraduras, esos desniveles. Los hacen suyos, se dejan poseer por ellos. Lenguaje y silencio erigen en cada pieza narrativa una nueva ciudad que tiene existencia s\u00f3lo en s\u00ed misma y no depende de otra cosa que de las relaciones de la mancha con la p\u00e1gina, que constituyen el asiento de su fundaci\u00f3n y el espacio\/tiempo donde lo verbal sucede.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es en Met\u00e1stasis del Verbo donde la patolog\u00eda se desborda: el Verbo-enfermedad ataca, se extiende. La Met\u00e1stasis es la gloria del pat\u00f3grafo. De la mano de la met\u00e1tesis, esta invasi\u00f3n del Verbo, con su consecuente tinglado de mudanzas y trueques, hace eclosi\u00f3n en todo el cuerpo textual.<\/p>\n\n\n\n<p>La Met\u00e1stasis, texto-urbe que se adue\u00f1a de la met\u00e1fora de la baraja adivinatoria, el azar, la numeraci\u00f3n, los cuatro palos que resumen la poblaci\u00f3n que por \u00e9l transita, se apropia tambi\u00e9n de otras realidades: ahora todo est\u00e1 contagiado por el verbo; todo es texto. Y a las cartas en manos de Eufrosina corresponde una historia, una visi\u00f3n del mundo hecha de palabras, un manejo de la cultura, una percepci\u00f3n del narrador hacia s\u00ed mismo. En s\u00edntesis, la obra es lo que dice ser, lo que dice narrar: un verdadero banquete. Todo tiene una lectura. La palabra, en franca e indetenible expansi\u00f3n celular, literalmente, se mete por todas partes.<\/p>\n\n\n\n<p>En la evocaci\u00f3n y la b\u00fasqueda de And\u00e9n Lejano, en la irreverencia y el enigma de las Teresas, la Met\u00e1stasis hace incursi\u00f3n en la magia del Tarot, en las po\u00e9ticas cafeteras de un Robert Robtero (\u00bfse le reconoce?), en el as de oros y la luna de un Robert Robeneses (\u00abninguno m\u00e1s all\u00e1 de donde hasta donde llegado Robert Robeneses\u00bb<sup>19<\/sup>), en los nombres de los estadistas, en la percepci\u00f3n de una historia y un lenguaje por todos conocido (\u00ab!del tricolor ni siquiera ya residuos del amarillo! ninguno sobre la superficie entregada a sus caballeros y sus reyes (\u2026) ninguno menos que otro dedicado a los despilfarros donde todos conocidos por sus componendas y de quienes las frases con miras a \u2026, escalada de \u2026, conscientes del problema previstas ya sus posibles soluciones \u2026, a nivel de \u2026\u00bb<sup>20<\/sup>). Todo esto es palabra, a todo esto llega la implacable met\u00e1stasis. No hay \u00e1mbitos cerrados, s\u00f3lo el privilegiado del mism\u00edsimo texto, donde todo parece entrar y confluir sin posible salida. Nada es circular \u2014n\u00f3tese la ausencia, en el banquete, de los Arcanos Mayores de posible redondez\u2014, los olores, sabores y amores invaden y deforman el texto con el poder de ser palabras. La Met\u00e1stasis del Verbo inaugura una ciudad compleja y completa, con recovecos y albures de palabras, con poderes ocultos, con su cementerio y sus l\u00e1pidas in memoriam, con su inevitable Loco elusivo, con su pat\u00f3grafo cronista Robert Robrejo, \u00abel relator\u00bb, con sus artistas, sus pol\u00edticos\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>El \u00abcaballero de copas robrejo\u00bb, relator, trabajador del verbo \u00abcon bien pocos (materiales) no desperdiciados, sin muchas palabras\u00bb?, por la pendiente etimol\u00f3gica de la relaci\u00f3n con la palabra, ha logrado su met\u00e1stasis. Con un proceso metaf\u00f3rico como el de la disposici\u00f3n de la baraja y las relaciones entre sus arcanos \u2014por citar algo, la deliciosa y envolvente escaramuza amorosa entre el caballo de espadas y la sota de bastos\u2014, con la orgi\u00e1stica plenitud de un buen banquete, Trejo nos convierte en reconstructores de su prosa, en consultantes y consultados de las cartas en movimiento, en lectores-pat\u00f3grafos irremisiblemente invadidos \u2014invitados\u2014 por el Verbo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>CODA: UNA BREVISIMA NOTA PERSONAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Estrech\u00e9 la mano de Trejo hace unos once a\u00f1os, bajo el techo de Antonia Palacios, cuyo nombre y cuya atm\u00f3sfera pueblan las p\u00e1ginas de And\u00e9n Lejano. No puedo decir desde cu\u00e1ndo me pierdo en las ciudades de sus textos. Y si es cierto que el Trejo que escribe es due\u00f1o de mi absorta lectura, tambi\u00e9n lo es que el Trejo que me encuentro por las calles ha hecho crecer en m\u00ed, en estos a\u00f1os, con las pocas palabras y los pocos encuentros que mi timidez propicia, un afecto poco com\u00fan. Este pre\u00e1mbulo a sus trejos, donde he intentado poner la pasi\u00f3n de mi lectura, no estar\u00eda completo si dejara de reconocer que, ciertamente, tambi\u00e9n los hombres, y no s\u00f3lo los textos, son ciudades. Y Oswaldo Trejo es, para quien esto escribe, una ciudad querida. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 Juan Liscano, en Panorama de la literatura venezolana. Caracas, Publicaciones Espa\u00f1olas, S.A., 1973, p. 107.<\/p>\n\n\n\n<p>2 H\u00e9ctor Libertella, en Utop\u00edas del lenguaje. Manuscrito, p. 34.<\/p>\n\n\n\n<p>3 Umberto Eco. \u201cGeneraci\u00f3n de mensajes est\u00e9ticos en una lengua ed\u00e9nica\u201d, ap\u00e9ndice a: Obra abierta. Barcelona, Ariel, 1979, p. 335.<\/p>\n\n\n\n<p>4 Seg\u00fan Robbe-Grillet, \u201c\u2026 cada nuevo libro tiende a constituir sus leyes de funcionamiento a la vez que a producir la destrucci\u00f3n de las mismas.\u201d Por una novela nueva. Barcelona, Seix Barral, 1965, p. 14.<\/p>\n\n\n\n<p>5 Umberto Eco, op. cit., p. 336.<\/p>\n\n\n\n<p>6 V\u00e9ase el ensayo de Linda Hutcheon: Narcissistic Narrative. The metafictional paradox. Londres, Methuen, 1984,<\/p>\n\n\n\n<p>7 Jacques Derrida. \u201cImplicaciones\u201d, en Posiciones. Valencia, Pre-textos, 1977, p. 21.<\/p>\n\n\n\n<p>8 Juan Liscano, op. cit., p. 109.<\/p>\n\n\n\n<p>9 \u201cLa novela, cualquier novela, tiene la obligaci\u00f3n de cambiar los h\u00e1bitos perceptivos del lector\u201d. G. S\u00e1inz, citado por Donald L. Shaw en: Nueva narrativa hispanoamericana. Madrid, C\u00e1tedra, 1985, p. 223<\/p>\n\n\n\n<p>10 Jacques Derrida, op. cit., p. 21. <\/p>\n\n\n\n<p>11 Oswaldo Trejo. Tambi\u00e9n los hombres son ciudades. Caracas, Monte \u00c1vila Editores, 1981 (3a. ed.), p. 115.<\/p>\n\n\n\n<p>12 Ib\u00eddem p. 114.<\/p>\n\n\n\n<p>13 y 14 \u00abla m\u00e9taphore du texte par excellence: le puzzle. Ce qui en caract\u00e9rise les pi\u00e9ces, c&#8217;est, comme sur la carte postale, la noncoincidence des figures et des d\u00e9coupes.\u201d. Lucien D\u00e1llenbach, Le r\u00e9cit sp\u00e9culaire. Essai sur la mise en ab\u00edme. Paris, Editions du Seuil, 1977. D. 198.<\/p>\n\n\n\n<p>15 Del ep\u00edgrafe a And\u00e9n Lejano. Caracas, Monte Avila Editores, 1968, p. 7 Sus l\u00edneas son evocadas en la extensi\u00f3n total del texto.<\/p>\n\n\n\n<p>16 Oswaldo Trejo. Textos de un Texto con Teresas. Caracas, Monte \u00c1vila Editores, 1975, p. 149.<\/p>\n\n\n\n<p>17 Ib\u00eddem, p. 13.<\/p>\n\n\n\n<p>18 Ib\u00eddem, p. 167.<\/p>\n\n\n\n<p>19 Oswaldo Trejo. Met\u00e1stasis del Verbo. Caracas, Fundarte, 1990, p. 87.<\/p>\n\n\n\n<p>20 Ib\u00eddem, pp. 77-78.<\/p>\n\n\n\n<p>21 Ib\u00eddem, p. 126.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/lourdes-sifontes\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Pr\u00f3logo a la edici\u00f3n de <em>Tres texto<\/em>s <em>tres<\/em> de Oswaldo Trejo publicada por Monte \u00c1vila Editores en 1992<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lourdes Sifontes Greco El mejor lector es aquel que sabe que todo cuanto lee es un palimpsesto y descubre, bajo la copia visible, el original invisible. Marco Denevi Y EL TREJO SE HIZO VERBO\u2026 A cuarenta a\u00f1os de la publicaci\u00f3n de Los cuatro pies (1948), su primer libro, Oswaldo Trejo, el hombre venido de Ejido, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":15314,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15313"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15313"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15313\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15327,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15313\/revisions\/15327"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15314"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15313"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15313"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15313"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}