{"id":15192,"date":"2025-02-17T15:25:48","date_gmt":"2025-02-17T19:55:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15192"},"modified":"2025-02-17T15:28:00","modified_gmt":"2025-02-17T19:58:00","slug":"ponzona-de-paisaje","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ponzona-de-paisaje\/","title":{"rendered":"Ponzo\u00f1a de paisaje (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Pulido<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Ponzo\u00f1a de paisaje<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si no supiera que los helic\u00f3pteros son de verdad, se orinar\u00eda del susto cuando sus ventarrones inmisericordes sacuden los aguacatales y un pavor corno de guacharacas aletea desesperadamente en las planchas de zinc. <\/p>\n\n\n\n<p>Los ha visto desde que dej\u00f3 de gatear y levant\u00f3 la cabeza, obsesionado con el amarillo de los mangos maduros; los helic\u00f3pteros volando en son de moscardones molestos y \u00e9l con la boca abierta detall\u00e1ndolos. Inclusive, durante un mediodia cegador, pareci\u00f3 saludarle desde arriba una mano en posici\u00f3n de juramento. Era un hombre con casco, disimulando su intromisi\u00f3n en la vida ajena.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la civilizaci\u00f3n no hubiese llegado con sus tiroteos y sus minas revienta patas hasta este monte ardoroso, se retorcerla en epil\u00e9ptico yeyo, con el roznar de ese enorme avisp\u00f3n que no le tiene miedo a las \u00e1nimas del purgatorio ni a las arrecheras de Jacinta Eufemia. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qui\u00e9n es Jacinta Eufentia? le pregunta el esp\u00edritu que carga todo el tiempo de compinche con el suyo, un esp\u00edritu morocho que desde el amanecer le clavetea la cabeza con frases ajenas a su voluntad. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQui\u00e9n es Jacinta Eufemia? <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n m\u00e1s va a ser Jacinta Eufemia? La madre de uno, la que gobierna en este patio de lagartijas y gallinas. Su mam\u00e1 es la que manda cuando no est\u00e1n Dios, el se\u00f1or Ben\u00edtez, la guerrilla, los paramilitares, los militares, los ladrones, la polic\u00eda o el narcotr\u00e1fico. A su pap\u00e1 lo llaman as\u00ed: se\u00f1or Ben\u00edtez. Pero s\u00f3lo es se\u00f1or de la boca para afuera porque en la vida real es un pe\u00f3n que hace de todo y jam\u00e1s recibe algo superior a la desaz\u00f3n de la nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas escucha el estruendo del helic\u00f3ptero batiendo los vapores del d\u00eda, infernal artefacto de cocina desatado en los cielos, Jacinta Eufemia sale al patio y le pega aquellos insultos al monstruo a\u00e9reo desgraciado de mierda alborotando desasosiegos \u00edntimos de la mujer. <\/p>\n\n\n\n<p>Le grita reproches, porque marchita en las gallinas la inspiraci\u00f3n que alumbra huevos sin gotas de sangre y el helic\u00f3ptero le recuerda que Ben\u00edtez tiene una eternidad descari\u00f1ado: ya ni la protege de los pavores.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que Ben\u00edtez hace carece de ternura. Ella aparta la cara mientras \u00e9l despelleja la panales y perfora sus labios vaginales arrancando pelitos, hundiendo vellos inflamados. La embadurna en un instante con el ego\u00edsmo de su chicha de arroz. Es un animal indiferente a toda hambre que no sea la suya. La acorrala contra una pared, la muele en un baile sin m\u00fasica y no le proporciona ni una chispa de alegr\u00eda. La deja ardiendo y ella se desquita imagin\u00e1ndose que mata a chancletazos todas las cucara-chas asquerosas que caben en un matrimonio o en un concubinato. <\/p>\n\n\n\n<p>Ya el susodicho amontona varios a\u00f1os sin acariciarla cari\u00f1osamente con cari\u00f1o verdadero cabeza femenina contra pecho varonil como debe ser. Ya no la consiente cuando sufre el fogaje de la mujer sin juventud y sin vejez. No sabe ni siquiera para qu\u00e9 le ha servido un hombre as\u00ed, incapaz de percibir sutilezas ordinarias. Ella llora y se enferma recordando lo mejor que tuvo en la vida el celaje de la adolescencia. De la adolescencia s\u00f3lo se saborea la velocidad con que se va.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ezequielito<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora lo capta: Ezequiel camina con sigilo entre las matas. Nunca pens\u00f3 que alguna vez seria madre de un muchachito as\u00ed, inocente pero da\u00f1ado, como cualquier maluco de esquina. Antes tuvo tres hembras seguidas, ciclo de rajas candentes, tres fisuras en el cosmos. Las ni\u00f1as crecieron y se fueron lejos. Trabajan y se mantienen, gracias a Dios. Le queda Ezequielito y lo \u00fanico que aspira de la providencia es que no lo maten, que no lo recluten, que no lo secuestren y que no lo grad\u00faen de maleante.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque todav\u00eda no le ha pasado nada irremediable, el divino muchachito no le aporta ni un gramo de esperanza: desde ya se le ve que no va a ser sabio, no muestra talento art\u00edstico y ni siquiera ayuda lavando los platos a menos que ella le grite y le especifique lo obvio. De repente, Ezequielito expresa ideas en retru\u00e9cano de loro que nunca le servir\u00e1n para avanzar sin problemas por los mapas de la realidad: <\/p>\n\n\n\n<p>-Todos los hombres que cargan prendas de oro son ladrones&#8230; todos los ladrones cargan prendas de oro\u2026 todas las prendas de oro son robadas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El terreno se mueve<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un helic\u00f3ptero all\u00e1 arriba ventila el firmamento. Abajo, el gran rio cristaliza una boa gigantesca, cegadora, encandiladora, y su cuerpo alevoso es apaciguado por las nubes. Hay un claro arcillosa en la margen derecha y a su lado pasa una carretera de tierra. El helic\u00f3ptero se inmoviliza en alguna quietud de aire muerto, como si no supiera qu\u00e9 rumbo tomar. <\/p>\n\n\n\n<p>El \u00fanico pasajero, Manuel Romero, habla por tel\u00e9fono: <\/p>\n\n\n\n<p>-Va las casas est\u00e1n terminadas\u2026 tenemos una extensi\u00f3n de cincuenta hect\u00e1reas. Por supuesto, ese es el gancho: sobran el agua y la vegetaci\u00f3n. Eso s\u00ed hay que mejorar las v\u00edas. Pero te juro que todos los chivos con billete est\u00e1n comprando ya. Ven para que lo veas por ti mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un ladrido perfora la lejana en el t\u00fanel telef\u00f3nico. Romero sabe que su interlocutor es holgaz\u00e1n. Debe estar en la piscina abanic\u00e1ndose las bolas porque es piscis, piensa. <\/p>\n\n\n\n<p>La suposici\u00f3n es acertada: bastante lejos de all\u00ed flamea un hombre en bata magenta al lado de una piscina l\u00edmpida transparente diamantina y azul. Acaricia un perrito chihuahue\u00f1o mientras habla. Se lo mete en el bolsillo derecho de la bata y casi instant\u00e1neamente lo saca de ah\u00ed. El perrito pone can de incertidumbre. <\/p>\n\n\n\n<p>-Si te equivocas en esta ocasi\u00f3n, te vas a joder t\u00fa solo y te vas a quedar sin un centavo -dice y arroja el perro a la piscina sin despegarse el tel\u00e9fono de la oreja. El perrito chihuahue\u00f1o de ojos brotados, nada desesperadamente. Es el inconfundible nado del perro. <\/p>\n\n\n\n<p>En el helic\u00f3ptero, el piloto le hace se\u00f1as al pasajero para que observe una escena. Del monte hacia el r\u00edo brota un hormiguero asustado de personas corriendo, hombres cargados con maletines de pl\u00e1stico como si fueran ejecutivos saliendo en tromba de unos ascensores. El m\u00e1s veloz, el que puja adelante, consigue lanzarse a las aguas. Los otros no pasan de la orilla: desde la vegetaci\u00f3n abandonada a sus espaldas, surgen varios disparos y se revuelcan desangr\u00e1ndose.<\/p>\n\n\n\n<p>-Mierda.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfMe est\u00e1s insultando? <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Nada de eso, hermanazo! es que tengo que bajarme de esta m\u00e1quina: se me hizo tarde. Disfruta lo tuyo y no te preocupes: esta vaina ser\u00e1 mejor que M\u00f3naco, pero con matas de mango. Podemos garantizar un h\u00e1bitat ideal para los hombres m\u00e1s arriesgados y millonarios del planeta-responde Romero recuperando la sind\u00e9resis. <\/p>\n\n\n\n<p>El fugitivo que ha logrado zambullirse en el r\u00edo, avanza dram\u00e1ticamente como el perrito de la piscina y al llegar a la otra orilla, cuando ya parece estar completamente a salvo, es recibido por fusiles ocultos entre pajonales que chisporrotean balazos y despellejan los trapos del cuerpo hasta el punto de agitarse cual banderines. Tal vez son gritos las brazadas del hombre que se eleva cual t\u00edtere en el viento y forma un crucifijo una avioneta un clavadista triste que se encoge y se encorva hasta caer como gui\u00f1apo en el barro. Romero cree que ha visto un chisporroteo rojizo, unos hilos de sanguaza latigueando en el aire. El helic\u00f3ptero se aleja. Manuel Romero tranca el tel\u00e9fono y mira al piloto. <\/p>\n\n\n\n<p>Este apenas susurra \u00abesa g\u00fcevonada es el deporte nacional\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El conservacionista<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El barquito descascarado y oxidado mece su sombra en el espejo hediondo del oc\u00e9ano. El sol todav\u00eda produce ardores. <\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo un reportero de televisi\u00f3n ha llegado hasta el muelle a cubrir la protesta de To\u00f1ito \u00abVerdigalle D\u00e1vila, quien se ha encadenado a un bote pesquero. To\u00f1ito protesta contra la pesca de at\u00fan porque tambi\u00e9n matan a los delfines. No le molesta que masacren a los atunes. Si hubiera una proclama de los derechos animales habr\u00eda que considerar el derecho del at\u00fan a la vida. La desgracia del at\u00fan es que todo oc\u00e9ano desemboca en la cccina. Es grande y buenazo pero la ignorancia lo aniquila: no sabe que sabe delicioso.<\/p>\n\n\n\n<p>En luna llena los atunes deambulan con sus cuerpos enormes, avanzan en orden apacible como un ej\u00e9rcito de plata. No tienen la ferocidad atemorizante de los tiburones ni la inteligencia de las delfines. El sabor de esos cuerpos, que ellos nunca han probado, los condena a la hoguera. Al morir, su cielo es m\u00e1s tortuoso que su mar: se convierten en ensaladas y guisados, en at\u00fan mechado andaluz o en at\u00fan empanado con especias magreb\u00edes. Y a veces prosiguen su viaje eterno, embalsamados en aceite de oliva, dentro de peque\u00f1os ata\u00fades de aluminio. <\/p>\n\n\n\n<p>Los delfines buscan su amistad, desean retozar con ellos, aunque sea un instante. Los bondadosos delfines chillan aterrados en un caos de redes o en la crucifixi\u00f3n de los palangres, cuando act\u00faan los pescadores. S\u00f3lo en ese momento es que entienden el calvario de los atunes.<\/p>\n\n\n\n<p>El delf\u00edn es un ser muy especial: visualiza lo que escucha. Le da forma al sonido. Si oye un salvavidas cayendo en el agua, instant\u00e1neamente se le forma la imagen del salvavidas en su cerebro. Por eso lucho y los protejo. No quiero que se extingan. Alg\u00fan d\u00eda podremos copiar todas las fotos que llevan en sus grandes cerebros. Si esa memoria es gen\u00e9tica conoceremos el verdadero rostro de Crist\u00f3bal Col\u00f3n o la belleza de Helena de Troya. Si es que se ba\u00f1aron en el mar alguna vez. <\/p>\n\n\n\n<p>-El delf\u00edn es el salvador de los n\u00e1ufragos. Cuando un hombre est\u00e1 ahog\u00e1ndose el delf\u00edn hace de caballito y lo salva. <\/p>\n\n\n\n<p>-Perd\u00f3n, se\u00f1or\u2026 -dice balbuceante el reportero. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfSi? \u00bfquiere preguntarme algo? <\/p>\n\n\n\n<p>-Perd\u00f3n \u00bfpodr\u00eda repetir su declaraci\u00f3n? Es que al camar\u00f3grafo se le olvid\u00f3 que ten\u00eda el casete de v\u00eddeo en un bolsillo. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00abVerdigalla\u00bb hace un gesto de rabia y de impaciencia. El reportero habla, sin prestarle atenci\u00f3n al leve disgusto del entrevistado: <\/p>\n\n\n\n<p>-En el litoral central, el dirigente ecol\u00f3gico To\u00f1o D\u00e1vila, mejor conocido como \u00abVerdigalla\u00bb, se ha esposado a un barco pesquero en protesta por la matanza de delfines. Se\u00f1or D\u00e1vila: \u00bfcu\u00e1l es el fondo de su planteamiento? <\/p>\n\n\n\n<p>-La gente que come at\u00fan enlatado est\u00e1 colaborando con una masacre de delfines\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>-Un momento, un momento -interviene el camar\u00f3grafo. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 pasa ahora? -pregunta el reportero. <\/p>\n\n\n\n<p>-Mi pap\u00e1 tiene un supermercado. Yo no voy a apoyar a este cabr\u00f3n con eso. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfCabr\u00f3n? -grita &#8216;Verdigalla\u00bb. Cabr\u00f3n eres t\u00fa, hijo de puta sin conciencia. <\/p>\n\n\n\n<p>El camar\u00f3grafo mira el rostro transfigurarlo de ro\u00f1ica y se altera con lo de \u00abhijo de puta\u00bb. Se acerca lo m\u00e1s que puede, sin arriesgarse a que el encadenado pueda alcanzarlo y le lanza un cajet\u00edn de video. To\u00f1ito comienza a buscar la llave de las esposas y el reportero y el camar\u00f3grafo huyen. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando al fin consigue la llave de las esposas, To\u00f1ito se desencadena y se va beber cerveza hasta media noche con los amigos de siempre. Se quejan todos en una mesa porque ya no se divierten en la playa como antes: han engordado y el sorteo les parece una inmadurez. No han madurado pero las barrigas cerveceras les hacen decir que mantenerse equilibrados encima de las olas es una ni\u00f1er\u00eda. Y las mujeres que se sienten atra\u00eddas por los muchachos musculosos son unas tontas de gustos indignos. Se emborrachan hablando estupideces hasta que el \u00e1cido del vomito sube por sus gargantas como una canci\u00f3n frustrante. En realidad, To\u00f1ito bebe poco: s\u00f3lo le gusta la nostalgia que consigue renovar con sus amigos. Pero apenas comienza a bostezar, dice que va para el ba\u00f1o, se hace el willim\u00e9i y se larga en busca de su cama. Aunque casi siempre se queda dormido en el sof\u00e1 con el televisor hablando solo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>De padre y se\u00f1or m\u00edo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>To\u00f1ito D\u00e1vila, el \u00abVerdigalla\u00bb. se despierta desorientado con el primer golpe de ariete que retumba en la puerta de su apartamento. Su cabeza choca el mullido terciopelo y una polvareda le hace estornudar. \u00abHe visto algo similar cuando mam\u00e1 abre su polvera \u00e1ngel face de Ponds y sacude la mota con olores de rosas sobre sus cachetes\u00bb, pero esta nubecita apesta a excrementos resecos. A libro viejo que nadie ha le\u00eddo. Lamenta haberse quedado dormido viendo televisi\u00f3n en ese sof\u00e1, que es el infierno donde se multiplican los \u00e1caros del polvo. <\/p>\n\n\n\n<p>Se endereza y se sienta en el pervertido mueble. Durante unos segundos observa el polvillo flotante. &#8216;El bien y el mal andan juntos. En mi propio hogar se cr\u00edan millones de \u00e1caros, listos para envenenarme con sus alergias o con el asma\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>La puerta vibra con una verdadera tanda de co\u00f1azos. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Ya voy, nojoda! -grita yendo hacia el ba\u00f1o. Se cepilla los dientes en una sola carrera, salpicando espuma en el espejo. Un espumarajo le cae sobre la frente al To\u00f1ito del espejo. Tiene ojeras de berenjena que rememoran las ampollas de tal\u00f3n. Sale del ba\u00f1o sopl\u00e1ndose la palma de la mano derecha y evaluando el aliento: sigue siendo una combinaci\u00f3n de mierda con menta. <\/p>\n\n\n\n<p>El umbral retumba como percusi\u00f3n policial. Dos golpes m\u00e1s y se cae. \u00abVerdigalla\u00bb quita la cadenita y abre la puerta. Ya se lo sospechaba: es su pap\u00e1, Gualterio Quasimodo D\u00e1vila. Un hombr\u00f3n de casi dos metros de alto, ojos de un amarillento \u00e1mbar, como los de To\u00f1ito, que tiene ojos de culebra. <\/p>\n\n\n\n<p>Papa\u00edto reci\u00e9n ba\u00f1ado parece un irland\u00e9s, pero es hijo y nieto de espa\u00f1oles que nunca se movieron del pueblo llamado Arenas de San Pedro, en donde est\u00e1 el castillo de la triste condesa. Eso queda en \u00c1vila. D\u00e1vila quiere decir \u00abde \u00c1vila\u00bb. Venimos de \u00c1vila. Me lo aprend\u00ed desde chiquito de tanto que lo hablaban en la mesa. <\/p>\n\n\n\n<p>Gualterio Quas\u00edmodo entra avasallante, con su solidez de peso completo y su r\u00e1faga de colonia francesa. To\u00f1o cierra la puerta y se queda bizco ante su progenitor, quien desde la atalaya de la soberbia eval\u00faa el desastre del apartamento, desaprobando el despelote: platos desechables embarrados de salsa plebe, latas vac\u00edas, bolsas de tostones y papitas fritas, franelas sucias cubriendo l\u00e1mparas, camisas con pegostes, un reguero. <\/p>\n\n\n\n<p>-Yo no s\u00e9 qu\u00e9 clase de conservacionista eres t\u00fa: esto es una cochinada. Ni siquiera puedes mantener funcionando tu h\u00e1bitat. <\/p>\n\n\n\n<p>To\u00f1ito piensa \u00abahora me va a decir que soy la decepci\u00f3n de la familia\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>-T\u00fa eres una decepci\u00f3n\u2026 no sirves ni para ti mismo. Vine a decirte que no te voy a dar ni un centavo m\u00e1s: los delfines van a tener que trabajar. <\/p>\n\n\n\n<p>El hombr\u00f3n inicia un giro como si fuera a saludar a un general invisible, choca los talones y enfila hacia la salida. To\u00f1ito se interpone en su camino y le dice que necesita ayuda como nunca. Porque est\u00e1 a punto de sentar cabeza con un negocio. Si le presta un peque\u00f1o capital se lo devolver\u00e1 en poco tiempo. Mientras habla, To\u00f1ito s\u00f3lo ve la corbata de su padre, unos caballitos diminutos corriendo por toda la seda. Gualterio Quasimodo, muy despectivo \u00e9l, le da una idea chimba: vende este apartamento y trabaja con tu propia plata. No, c\u00f3mo lo voy a vender si me lo regal\u00f3 mama\u00edta. <\/p>\n\n\n\n<p>-Bueno, mano: ni modo. Arr\u00e9glatelas como puedas. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8216;Zas. Tengo un fr\u00edo encajado, tengo un dolor de culo. Qu\u00e9 soberbia machista con los viejos de uno, pana. Parecen militares, pa-na&#8217;.<\/p>\n\n\n\n<p>-Est\u00e1 bien, pap\u00e1.. pero cuando yo sea un empresario importante o presidente de la rep\u00fablica y me nazca un hijo, no vengas todo acaramelado a conocer a tu nieto, porque no lo vas a ver. Aunque se parezca a ti no le voy a poner tu nombre\u2026 y si es ni\u00f1a menos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00e1caros del polvo hacen estornudar a To\u00f1ito, quien se dobla como si estuviera llorando. Agarra una franela sucia del piso y se limpia los mocos. El hombre mira a su hijo con cierta pena. Eso de que no ver\u00e1 a sus nietos y que ninguno llevar\u00e1 su nombre es una hip\u00f3tesis que le escuece. Eso s\u00ed que no le agrada. Un ni\u00f1ito playero corre hacia \u00e9l con los brazos abiertos gritando \u00ababuelo, abuelo\u00bb y tiene los ojitos de culebra. Gualterio Quasimodo sacude la cabeza, abre la puerta, pero seda la vuelta y enfrentando a To\u00f1ito, le murmura: <\/p>\n\n\n\n<p>-T\u00fa ganas.. y que conste que ganas porque tu madre no soporta que nos distanciemos m\u00e1s de lo que estamos distanciados. Ma\u00f1ana te hago el dep\u00f3sita. Te voy a prestar cien mil bolos. Me los pagas en un a\u00f1o verdadero, no de esos tuyos que tienen cuarenta meses.<\/p>\n\n\n\n<p>Gualterio saca un pa\u00f1uelo y se borra el sudor de la frente con delicadeza, como si le ardiera la piel. En el dorso de su mano derecha hay un rasgu\u00f1o. To\u00f1ito enfoca el rasgu\u00f1o que parece causado por un tridente y Gualterio le explica: \u00abme rasgu\u00f1\u00f3, brutalmente enloquecido, el gato de tu madre. No s\u00e9 qu\u00e9 mierda le pasa a ese bicho conmigo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Sobre el autor<\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Pulido Ponzo\u00f1a de paisaje Si no supiera que los helic\u00f3pteros son de verdad, se orinar\u00eda del susto cuando sus ventarrones inmisericordes sacuden los aguacatales y un pavor corno de guacharacas aletea desesperadamente en las planchas de zinc. Los ha visto desde que dej\u00f3 de gatear y levant\u00f3 la cabeza, obsesionado con el amarillo de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":15193,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15192"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15192"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15192\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15196,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15192\/revisions\/15196"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15193"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15192"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15192"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15192"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}