{"id":15073,"date":"2025-02-10T14:55:31","date_gmt":"2025-02-10T19:25:31","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15073"},"modified":"2025-02-10T14:55:31","modified_gmt":"2025-02-10T19:25:31","slug":"bengala-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/bengala-fragmentos\/","title":{"rendered":"Bengala (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Israel Centeno<\/h4>\n\n\n\n<p>EL \u00daLTIMO INVIERNO DE LOS ROMANOV<\/p>\n\n\n\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>ALL\u00cd VIENE EL LOBO DE PELAMBRE GRIS, all\u00ed est\u00e1, s\u00f3lo a unos metros. Sus fauces despiden un furioso aliento. Junto a sus patas delanteras yace la cabeza de una mujer, una cabeza desgarrada y solitaria, devorada desde el nacimiento de la garganta. La cabeza conserva el rostro; en muchos casos las cabezas, al ser arrancadas por las tenazas de las bestias, pierden el rostro, pero \u00e9sta mantiene una expresi\u00f3n de mu\u00f1eca burlona y siniestra.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo estaba tumbado boca abajo con las mucosas dormidas. Ten\u00eda escarcha dentro de la boca, dentro de mis narices. En la noche abundan los aullidos de las criaturas, perdurables e insidiosos en las estepas. Quejido que recorre vertiginoso el laberinto de los espacios abiertos, abiertos a la noche, al terror, a la herida.<\/p>\n\n\n\n<p>Trataba de incorporarme, en alg\u00fan momento pienso que trato, pero al contar la historia debo asumir que s\u00f3lo trataba de incorporarme y que flexionaba mis brazos, pero ca\u00ed, no ten\u00eda fuerza ni aire ni grito; aun as\u00ed gir\u00e9 el rostro y lanc\u00e9 un escupitajo, un bolo grande de baba y nieve. Mir\u00e9 la cara, sus ojos azules y muertos, ojos que no ven, vitrinas desoladas que reflejan un paisaje hostil. All\u00ed estaba yo, inerme y temeroso, frente a un despojo en un paisaje ignoto de mundo invernal.<\/p>\n\n\n\n<p>Como pude camin\u00e9 a gatas, sacud\u00ed mi cuerpo y me deshice de la nieve y el barro, yo era un animal cuya \u00fanica ventaja sobre los otros resid\u00eda en poder incorporarse sobre sus dos pies para echar a correr por la absoluta blancura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfVentaja? \u00bfSignificar\u00eda ventaja alguna correr sobre dos pies en vez de hacerlo sobre cuatro patas como las hambrientas manadas? El lobo gris daba brincos sobre los copos, ven\u00eda por mi cabeza, por mi cuerpo, por ambos: el cuerpo servir\u00eda de alimento, la cabeza para ponerla al lado de otras cabezas. Me devorar\u00eda con el hambre de su especie, expresar\u00eda su odio inmemorial. Un mordisco me yugular\u00eda, el segundo y \u00faltimo me decapitar\u00eda. Otros lobos se alimentar\u00edan de mi cuerpo. El lobo gris con su lengua \u00e1spera se tomar\u00eda el trabajo de lamer el hueco oscuro y sangrante de mi garganta. Llevar\u00eda su lengua desde el corte hasta el paladar no sin antes desgarrar los jirones de carne con sus incisivos. Luego, lo s\u00e9, atenazar\u00eda entre sus mand\u00edbulas mi cabeza para finalmente llevarla a la cueva donde guarda todas las cabezas arrancadas por su raza.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez de pie, mir\u00e9 con urgencia el entorno. Era un cuarto blanco al descubierto, un cuarto de manicomio, un cuarto recorrido por heladas. Los caminos y las huellas de los trineos eran recuerdo o ilusiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Corr\u00ed hacia alguna parte, podr\u00eda decir que hacia adelante pero dir\u00eda una mentira, podr\u00eda decir que hacia atr\u00e1s e igualmente no ser\u00eda fiel a lo cierto. Corr\u00ed, mis piernas se hund\u00edan hasta las rodillas, era trabajoso avanzar en un lodazal de nieve, pero la bestia aullaba a mis espaldas y a saltos se dispon\u00eda a darme caza. Mi cabeza era un bloque de hielo con&nbsp;ideas fijas y torpes, sobre m\u00ed se extend\u00eda la noche, no as\u00ed la oscuridad. El brillo persistente de la luna convert\u00eda la luz en l\u00f3brega techumbre. El lobo gris se deten\u00eda por momentos, me miraba, su boca era exhalaci\u00f3n y espuma, los hilos de baba parec\u00edan congelarse en la ca\u00edda.<\/p>\n\n\n\n<p>La mirada no es propiedad humana. El lobo sab\u00eda mirar, las miradas suelen ser las mismas, la del lobo y la del hombre, cuando van a asesinar. Sus ojos eran dos brasas encendidas de carb\u00f3n mineral, fijas en mi cuello.<\/p>\n\n\n\n<p>Aullaba, ya no era el aullido de un lobo solitario. Desde puntos equ\u00edvocos de la estepa le respond\u00eda la jaur\u00eda due\u00f1a de aquel universo. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba perdido.<\/p>\n\n\n\n<p>Un \u00e1rbol. \u00bfQu\u00e9 \u00e1rbol? No sabr\u00eda decir el nombre del \u00e1rbol, podr\u00eda ser un horc\u00f3n, un espino, un olmo o un sicomoro. Un \u00e1rbol de corteza p\u00e9trea. Un \u00e1rbol de tronco desnudo y de ramas altas, fuera de mi alcance. Sus ramas como brazos de brujas, perversas y retorcidas. El \u00e1rbol, esa forma de vida invernal en aquella tierra de fin de mundo, era mi verdadera ventaja, la cu\u00f1a, el pie, mi salvaci\u00f3n. Me abrac\u00e9 a su tronco como un amante desvalido y comenc\u00e9 a trepar, la figura pudiera resultar er\u00f3tica y estimulante. Barbilla, pecho, rodillas, tobillos se adhirieron a ese cuerpo entregado y fr\u00edo. Rept\u00e9 buscando sus copas. Me elev\u00e9 con impulsos firmes de cadera y brazos mientras el lobo lanz\u00f3 su dentellada que arranc\u00f3 una de mis botas. Nunca antes hab\u00eda trepado un \u00e1rbol. Mis \u00e1rboles siempre fueron frondosas ceibas, gruesos samanes, largos cipreses entre los cuales sol\u00eda transcurrir en d\u00edas soleados. Sin embargo mis manos, luego del abrazo, se transformaron en garras, trepadoras tenazas de hierro; s\u00f3lo as\u00ed pude escapar de la mordida fatal. Me sobrepuse a las estepas heladas a medida que fui ganando terreno sobre aquel gigante vertical, trep\u00e9 hacia el negro espacio de las alturas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar a las ramas, me di cuenta de que no eran sino brazos deformes llenos de fr\u00e1giles bifurcaciones. Dej\u00e9 colgar mis extremidades superiores.<\/p>\n\n\n\n<p>Aturdido trat\u00e9 de explicar mi suerte. Estaba en la copa de un \u00e1rbol en medio de una estepa innominada, a salvo de las fauces del lobo gris. El animal se sent\u00f3 sobre sus patas y fij\u00f3 en la presa su mirada. Mostraba los dientes entre aullidos, su lengua. Estaba all\u00ed para devorarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros lobos grises fueron rodeando al \u00e1rbol, cada uno de ellos se sent\u00f3 sobre sus patas. Los lobeznos se peleaban entre s\u00ed y mord\u00edan sus paletas. Las hembras saltaban sobre las escarpadas rocas. Los gru\u00f1idos eran bulla y paisaje. Acallaba las r\u00e1fagas de viento, granizo y alud el canto de una osada ave nocturna.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba perdido. El desenlace se reduc\u00eda a una cuesti\u00f3n de tiempo. En cualquier momento mis brazos ceder\u00edan y yo resbalar\u00eda hasta la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la altura del \u00e1rbol cre\u00ed enloquecer ante el canto de las criaturas de la noche. Pero, en instantes desesperados, en las situaciones sin salida, la misericordia se manifiesta en visiones extra\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Los aullidos se fueron quedando abajo, abajo se fue convirtiendo en otro mundo. Desde arriba, al frente, se revelaba un muro infestado de sarmientos. M\u00e1s all\u00e1 se escuchaban unos registros nobles, ruido armonioso de violines. \u00bfAll\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfD\u00f3nde all\u00e1? Donde la noche se llenaba de estrellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Un palacio, un invierno afable, una estructura de hermosos balcones, arcos y vitrales vistos desde un laberinto de setos; dentro, salones iluminados por las l\u00e1grimas de voluptuosas l\u00e1mparas. Por los alrededores del palacio paseaban los invitados, eran personas dignas y galantes. Escuch\u00e9 el murmullo de las conversaciones, las risas. El juego de los ni\u00f1os que arrastraban peque\u00f1os trineos desdec\u00eda mi eventualidad. En lo alto, arriba, colgado de unas fr\u00e1giles ramas, mi tragedia. Abajo las personas, no los lobos, abajo, detr\u00e1s de las tapias, abajo en los jardines, entre los setos, euf\u00f3ricas las personas, vestidas por gruesas pieles, cubiertas sus cabezas con gorros de marta. Caminaban por las calzadas con un poco de nieve apenas sobre sus pellicos. Beb\u00edan champa\u00f1a, aguardiente dulce, los ponies tiraban de las peque\u00f1as troikas.<\/p>\n\n\n\n<p>Conversaba con Nastasia. Yo vest\u00eda el traje azul de los cosacos y me deleitaba en el cortejo de la Romanov. Ten\u00eda los p\u00f3mulos altos, su cara era p\u00e1lida, pero la sangre sonrojaba sus mejillas. Tom\u00e1bamos vino de las riberas del Rhin, un vino dulce y fr\u00edo como aquella noche. Sus labios eran tan rojos como los p\u00f3mulos y los dientes se dejaban ver perfectos. Ten\u00eda la boca peque\u00f1a y carnosa. Re\u00eda, re\u00eda mucho. Corri\u00f3 detr\u00e1s de un mu\u00e9rdago y el oficial cosaco detr\u00e1s de ella. La apret\u00e9 contra mi pecho. Cu\u00e1nto quer\u00eda a Nastasia. No me explicaba por qu\u00e9 tendr\u00eda que perderla. La perder\u00eda. Quer\u00eda a Nastasia, Dios, y lo grit\u00e9 desde las alturas del \u00e1rbol.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella partir\u00eda, \u00e9ste era el \u00faltimo invierno de los Romanov. Ella morir\u00eda y yo morir\u00eda, nos perder\u00edamos en la noche infinita y eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Las l\u00e1grimas calentaron mis mejillas laceradas por el fr\u00edo, lloraba amargamente, ya sab\u00eda c\u00f3mo hab\u00eda llegado hasta el \u00faltimo y verdadero paisaje de la vida, de mi vida. Las ramas que me sosten\u00edan crujieron, la m\u00fasica y la alegr\u00eda del palacio fueron suprimidas por sucesivas detonaciones. Las ramas se fracturaron con un sonido de huesos, mis brazos se sujetaban in\u00fatilmente al tronco de aquel solitario \u00e1rbol. Me aferraba, pero ca\u00eda. La jaur\u00eda se levant\u00f3 y el lobo gris, el l\u00edder de la manada, lanz\u00f3, con un r\u00e1pido movimiento de hocico, la cabeza de la mujer a las patas de los otros. Cabeza de mueca burlona, cabeza hermosa, cabeza de mirada invernal, que pasaba de un hocico a otro bajo el comp\u00e1s de un nocturno definitivo. Mientras, yo resbalaba del \u00e1rbol. Iba a ser devorado irremisiblemente. La m\u00fasica de nuevo era el gru\u00f1ido hambriento de las criaturas de la noche. Entonces vi el rictus y las cuencas vac\u00edas de los ojos de Anastasia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1VLADIMIR! \u00a1VLADIMIR! \u00a1DESPIERTA! \u00bfEst\u00e1s bien?<\/p>\n\n\n\n<p>Eddie le daba golpes a Vladimir. Cato dec\u00eda que no era nada, s\u00f3lo una de sus tantas ausencias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabes cu\u00e1l es la diferencia entre la ausencia y la epilepsia convulsiva?<\/p>\n\n\n\n<p>El grupo se incomod\u00f3. Eddie continu\u00f3 hablando. Explicaba como si estuviera frente a sus alumnos de Tae kuondo. La ausencia era la epilepsia de la sabidur\u00eda, el abismo de los genios. Lo refutaron, lo mandaban a callar, le gritaban que dejara de leer basura; \u00e9l continuaba con su pr\u00e9dica, las ratas de avenida s\u00f3lo est\u00e1n acostumbradas a ver a la gente echando espumarajos por la boca, presa de convulsiones. No sab\u00edan que la ausencia era sencillamente eso, ausentarse, salir del mundo, para entrar qui\u00e9n sabe en qu\u00e9 otra realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nada, cabr\u00f3n. Silencio. C\u00e1llate, deja hablar a los dem\u00e1s \u2014hipeaba Cato. Vladimir ha estado jugando con el acelerador y el freno. Perico y pepas. Perico y pepas. Eso es todo. Deja hablar a los dem\u00e1s, Eddie, t\u00fa nunca dejas hablar a los dem\u00e1s. Qu\u00e9 sabidur\u00eda un carajo. Dale unas cachetadas o ponle hielo en las bolas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un d\u00eda de \u00e9stos te voy a partir la cara \u2014Eddie cruz\u00f3 el aire de una patada. Ch\u00fao no se movi\u00f3 y Cato continu\u00f3 hablando como si nada. Ya estaban acostumbrados a los alardes marciales de Eddie.<\/p>\n\n\n\n<p>Vladimir abri\u00f3 los ojos. Su mirada estaba fija en los faroles de ne\u00f3n; altos en la avenida. La madrugada entr\u00f3 con fuerza a sus pulmones, respiraba profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su rostro se ilumin\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Un perro se adelantaba a un recogedor de latas, olisqueaba los rincones, al grupo sentado en las escaleras de las residencias. El recogedor de latas le pidi\u00f3 un cigarrillo a Ch\u00fao, el perro daba vueltas en torno a \u00e9l y continuaba olfateando a ras de piso, por los escalones donde el grupo estaba echado. Era un perro amarillo, macilento, los huesos romp\u00edan su piel. Eddie le incrust\u00f3 una patada en el culo, el perro sali\u00f3 corriendo con la cola entre las patas, cruz\u00f3 la calle y no ladr\u00f3, s\u00f3lo le mostr\u00f3 los dientes. El vagabundo apret\u00f3 sus manos en el cuello de la bolsa cargada de latas, escupi\u00f3 y apur\u00f3 el paso.<\/p>\n\n\n\n<p>Amira, la turca del edificio Amazonas, trotaba por la avenida, flexible, hermosa. \u00bfQu\u00e9 hac\u00eda la turca trotando de madrugada? El \u00c1vila se dibujaba limpio bajo la sombra luminosa de la luna.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Esa turca anda mal de la cabeza! \u2014grit\u00f3 Vladimir al tiempo que se incorporaba con s\u00fabita energ\u00eda. Sac\u00f3 del bolsillo del pantal\u00f3n una peque\u00f1a bolsa de pl\u00e1stico, dej\u00f3 caer polvo en el env\u00e9s de su mano y aspir\u00f3 ruidosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La alcachofa tiene vida \u2014exclam\u00f3 Cato. Todos rieron y dejaron que sonaran sus mand\u00edbulas. El ansia se dejaba sentir a las puertas de las residencias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Quien tiene un co\u00f1azo de vida es esa turca. En una de estas salidas termina aplastada sobre el capote de un auto \u2014murmur\u00f3 Ch\u00fao\u2014. Ser\u00eda f\u00e1cil empalmarle un trozo de carne.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres decir? \u2014Dijo Eddie entre dientes\u2014. \u00bfTe la vas a coger? \u00bfCon qu\u00e9, si t\u00fa orinas como las perras, agachado? \u2014Todos rieron.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Me la cojo! \u2014Respinga\u2014 .Y si no lo hago yo, lo hace cualquiera. Lo hace el que le abri\u00f3 el vientre a Laurita \u2014 Dejaron de re\u00edr\u2014. Lo hace un taxista obstinado, el mismo hombre que recoge las latas, lo hace junto al perro (\u2026) Me la cojo y punto \u2014 se reafirm\u00f3\u2014. Me la jodo una y otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Me la tiro por el huequito turco! \u2014Gritaba fuera de s\u00ed\u2014 \u00a1Co\u00f1o, que s\u00ed puedo, me la cojo y me la cojo! \u00bfQui\u00e9n me lo va a impedir?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014T\u00fa mismo rat\u00f3n \u2014sentenci\u00f3 Cato.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014C\u00e1llate \u2014Eddie larga un bostezo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 me voy a callar? \u00bfMe vas a lanzar otra patadita maricona? Dejen de hablar pendejadas, la polic\u00eda anda mosca por lo de Laurita. Al alcalde no le gust\u00f3 ver tantas fotos en los peri\u00f3dicos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esa laga\u00f1a muri\u00f3 como merec\u00eda \u2014dijo Ch\u00fao\u2014. A esa cosa le arrancaron la matriz porque ella misma la vendi\u00f3 por una piedra. Le separaron la cabeza del cuerpo por bruja. Esto es una se\u00f1ora \u2014Se\u00f1al\u00f3 a la Turca, quien se alejaba bajo casta\u00f1os y faroles\u2014 \u00bfQui\u00e9n se atrever\u00eda a matar de esa manera a una se\u00f1ora?<\/p>\n\n\n\n<p>Amira trotaba con los pu\u00f1os cerrados sobre el pecho. A cada zancada su cuerpo se desperezaba; ligero, r\u00edtmico. Estaba sola en el mundo y corr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>DANIEL RECUERDA QUE UNA ma\u00f1ana en el Metro se encontr\u00f3 a Amira. Ahora ella pasa por su lado, trota a mitad de la madrugada y apenas lo ve, tiene la mirada limpia. Daniel llega a las escaleras de las residencias y sin mayor pujo, se abre un espacio en el grupo. Es uno m\u00e1s que ha venido a terminar de olerse la noche. Recuerda que una ma\u00f1ana en el Metro abord\u00f3 un vag\u00f3n vac\u00edo, antes hab\u00eda estado espiando a Amira a trav\u00e9s de los cristales. Ella, acaso, llegar\u00eda a pensar en lo viejo que se hab\u00eda puesto Daniel: uno de los mejores partidos de la avenida. \u00c9l lo tuvo todo, era delgado, sol\u00eda andar con la guitarra terciada a la espalda, se sentaba al frente, en los quicios de las residencias, y junto a otros improvisaba una banda. Ten\u00eda una bonita voz, su voz era oscura y borracha, pod\u00eda interpretar baladas y por momentos algunas letras de rock. No todo el mundo puede interpretar rock en la calle y salir con bien, es una m\u00fasica dif\u00edcil para las madrugadas, pero \u00e9l sab\u00eda hacerse escuchar. Ahora estaba all\u00ed, en el Metro, recuerda mientras rompe el aire seco de la madrugada; ella lo mir\u00f3 y se pudo haber dicho a s\u00ed misma: est\u00e1 un poco avejentado y gordo. Se fijaron como insectos en un corcho en el vag\u00f3n; se midieron vis \u00e0 vis durante cuatro estaciones: primavera, verano, oto\u00f1o e invierno. No dijeron nada, s\u00f3lo se miraron. Parec\u00eda la balada de Manuel, en cinco minutos la vida es eterna, la balada cursilona, la vida es eterna en cinco minutos, balada de trasbordo, suena la sirena, de vuelta al trabajo, balada pat\u00e9tica, muchos no volvieron, balada revolucionaria e in\u00fatil. Por momentos intentaron una sonrisa a manera de saludo. No permitieron que la palabra hiciera su trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014(\u00bfPara d\u00f3nde ir\u00e1 la muy puta?)<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014(El muy cabr\u00f3n, \u00bfse habr\u00e1 dejado ganar por la coca\u00edna?) Amira achic\u00f3 los ojos y abri\u00f3 la boca, mostr\u00f3 sus dientes, blancos y peque\u00f1os. Daniel se par\u00f3 del asiento y oponi\u00e9ndose a la fuerza centr\u00edfuga, lleg\u00f3 hasta la turca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo est\u00e1s?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo est\u00e1s, turquita, c\u00f3mo le va a Ibrahim?<\/p>\n\n\n\n<p>El tren se detuvo, abri\u00f3 sus puertas y Daniel sali\u00f3. Corr\u00eda por el and\u00e9n. Era media ma\u00f1ana. Sali\u00f3 de la estaci\u00f3n y se enfrent\u00f3 al obelisco de Altamira. El \u00c1vila lo esperaba contundente y azul, a pesar de todo, el obelisco de la plaza era un buen lugar para dejar un tren y comenzar a caminar.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2026tampoco Manuel.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>LA TURCA ERA UN PUNTO que se alejaba a por la avenida. Vladimir, Cato, Daniel, Ch\u00fao y Eddie levantaron sus culos de las escaleras, se miraron; sab\u00edan que no les quedaba otra cosa que dejar ir a la noche y dirigirse a La Cripta.<\/p>\n\n\n\n<p>La Cripta era un cuarto en el s\u00f3tano de una casa abandonada en la calle Ci\u00e9naga.<\/p>\n\n\n\n<p>Era un cuarto de dos por dos metros donde viv\u00eda Eddie. All\u00ed se enterraban vivos y pasaban sus resacas o prolongaban las intoxicaciones jugando con sus cuchillos mariposa. Eran un triste ej\u00e9rcito de hombres derrotados por el d\u00eda. Beb\u00edan cerveza sin enfriar y cerraban y abr\u00edan sus navajas, hac\u00edan aletear sus aceros mientras hablaban de los siete puntos vulnerables del cuerpo humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora llegaban a La Cripta sin muchas ganas de prolongarse en las mentiras de siempre. Cato escondi\u00f3 en las grietas de las paredes un poco de polvo que le restaba y los dem\u00e1s se abandonaron en el piso. La puerta se abri\u00f3 y entr\u00f3 una tenue luz, persistente y matutina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 tal, malhechores? \u2014salud\u00f3 Jim\u00e9nez, mientras se interpon\u00eda entre la luz y la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Est\u00e1 bien \u2014Mene\u00f3 la cabeza y levant\u00f3 a Cato con una firme patada en medio del culo\u2014. Es hora de que empiecen a tener modales, lacras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Co\u00f1o! \u00bfQu\u00e9 quieres, Jim\u00e9nez? \u2014llor\u00f3 Cato sob\u00e1ndose la nalga.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014De ti nada, porquer\u00eda. \u2014Cerr\u00f3 la puerta y se acuclill\u00f3, sac\u00f3 un cigarrillo, lo encendi\u00f3 y pudo ver que los dem\u00e1s yac\u00edan l\u00e1nguidos. Aspir\u00f3 y larg\u00f3 el humo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Quiero que el maric\u00f3n de Eddie me d\u00e9 el dinero que me debe. Tambi\u00e9n quiero que me suelten algo para el comisario. Ya saben, algo sobre la jeva a la que le abrieron el vientre en el contenedor de basura.<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio se impuso. Nadie habl\u00f3. Fumaron un cigarrillo tras otro. Vladimir y Eddie comenzaron a preparar una pipa en una lata de cerveza para quemar una piedra de crack.<\/p>\n\n\n\n<p>El f\u00f3sforo cobr\u00f3 vida como un planeta de fuego. Alumbr\u00f3 el rostro de quienes se encontraban en La Cripta. La cerilla es conducida sin temblor hacia la pipa de aluminio que rechina como una planta sider\u00fargica de la cual escapan gases f\u00e9tidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Humo de aluminio, resonante.<\/p>\n\n\n\n<p>Empezaron a sentir la danza cantarina de las neuronas, mientras Jim\u00e9nez entubaba su boca para inhalar.<\/p>\n\n\n\n<p>Eddie sac\u00f3 un fajo de billetes del pantal\u00f3n y se lo lanz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Toma, beb\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Toma un carajo! \u2014Jim\u00e9nez solt\u00f3 una humareda\u2014 \u00bfQui\u00e9n de ustedes mat\u00f3 a Laura? \u00bfQui\u00e9n le abri\u00f3 el vientre con uno de esos cuchillos mariposa? S\u00e9 que tienen agallas, son personas que respeto, tienen est\u00f3mago para mirar adentro de una mujer \u2014Escupi\u00f3 y dio otra inhalada en la pipa. Luego se la pas\u00f3 a Ch\u00fao.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo no fui.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A m\u00ed no me mires \u2014dijo Vladimir.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Anda a cagar para otra parte \u2014solt\u00f3 Daniel\u2014. Quien mat\u00f3 a Laurita era un anormal. \u00bfVes entre nosotros a alg\u00fan tarado? \u2014Se ech\u00f3 ambas manos sobre el rostro como si fuera a llorar\u2014. \u00bfQui\u00e9n iba a violar y matar a Laurita? Ella era un gargajito, una cosita sin voluntad que te mamaba la paloma para que le dieras una piedra.<\/p>\n\n\n\n<p>La pipa pas\u00f3 de mano en mano, una luz ocre dibujaba sombras siniestras en las paredes de La Cripta. Destaparon latas de cerveza tibia y cerraron el c\u00edrculo como si estuvieran en torno a una fogata. Beb\u00edan cerveza y aguardiente blanco. Murmuraban. Daniel pens\u00f3 que a determinadas horas fluye un lenguaje puro, de signos arbitrarios, letras del mejor blues, lenguaje en s\u00ed mismo, para s\u00ed, de consumo \u00edntimo, palabras que elaboran m\u00e9tricas, humo y metal, capricho definitivo de una tribu.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eddie \u2014interrumpi\u00f3 Jim\u00e9nez\u2014, deber\u00edas pensar en internarte de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Anda a la mierda!<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/israel-centeno\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Israel Centeno EL \u00daLTIMO INVIERNO DE LOS ROMANOV I ALL\u00cd VIENE EL LOBO DE PELAMBRE GRIS, all\u00ed est\u00e1, s\u00f3lo a unos metros. Sus fauces despiden un furioso aliento. Junto a sus patas delanteras yace la cabeza de una mujer, una cabeza desgarrada y solitaria, devorada desde el nacimiento de la garganta. 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