{"id":15064,"date":"2024-06-10T07:48:00","date_gmt":"2024-06-10T12:18:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15064"},"modified":"2025-02-10T08:04:22","modified_gmt":"2025-02-10T12:34:22","slug":"hereque","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/hereque\/","title":{"rendered":"Hereque"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Juan Pablo Sojo<\/h4>\n\n\n\n<p>Hasta ahora el pan estaba maldito. \u00a1Aquellos frutos manchados por el hereque, blanco y endurecido como la fr\u00eda cal con que rellenan las urnas de los muertos!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00a0I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un sino fatal se cumpli\u00f3 sobre los pueblos. Reba\u00f1os de hombres, de mujeres, de ni\u00f1os, abandonaban sus hogares, sal\u00edan locamente a la aventura, impulsados por la necesidad de ganar el pan nuestro de cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre aquel pueblo de calles solitarias, sobre la tierra desnuda y reseca, soplaba una brisa c\u00e1lida que produc\u00eda malestar, escalofr\u00edo de fiebre, de inconformidad. Los ojos brillaban con el reflejo de los pantanos hociqueados por cerdos alzados; los pu\u00f1os se crispaban tratando in\u00fatilmente de apresar una cosa imposible; las l\u00edneas de los rostros terrosos alarg\u00e1banse con agon\u00eda sin esperanza. De los pechos escapaban hondos suspiros, sordas imprecaciones de seres que lo han perdido todo.<\/p>\n\n\n\n<p>El sol brillaba por encima de los techos envejecidos, de los sembrados en ruinas; y parec\u00eda que desde lo m\u00e1s profundo de la tierra, brotaba la podredumbre maldita que deshac\u00eda las ra\u00edces de los conucos.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo los cacahuales hab\u00edan resistido aquel malestar de la tierra. Sus rojas mazorcas se apretujaban, ricas en savia, como enormes gemas de acabada orfebrer\u00eda. Pero tan rico presente de la Naturaleza, permanec\u00eda intacto en los \u00e1rboles, cuya verg\u00fcenza se les miraba en las hojas ca\u00eddas, igual que las orejas de los perros fieles a quienes desprecian los amos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca la mano del hombre estuvo ociosa. No se olvidaron los hierros de la labranza en cualquier rinc\u00f3n por premeditada negligencia; ni el canasto ni la vara dejaron de sentir la presi\u00f3n ruda de las manos callosas, porque aquellas manos apu\u00f1aran ahora los vasitos colmados de aguardiente; ni la tierra se cubr\u00eda de tupidos rastrojos, porque los m\u00fasculos descansaran flojamente ahora sobre cualquier banco, en un quicio carcomido, a lo largo en los crujientes catres. Era la podredumbre de la tierra que avanzaba, filtr\u00e1ndose hasta los huesos de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>La podredumbre maldita podr\u00eda hasta el aire\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El cacao no val\u00eda ya nada. Cuatro a\u00f1os de verano hab\u00edan reducido las energ\u00edas de los hombres, gastadas en diez, en veinte siembras consecutivas y en otras tantas esperadas cosechas que no llegaban nunca. S\u00f3lo el cacao florec\u00eda y cargaba a orillas del r\u00edo. El \u00fanico fruto ofrec\u00eda su pujante cosecha a los hombres de Pueblo Viejo, y su exuberancia, que desafiaba la ruina del tiempo, era despreciada por ellos; produc\u00eda dolorosa amargura en el pecho de los hombres; era como la risa de la muerte burl\u00e1ndose de la in\u00fatil esperanza de los hombres. Y los hombres la odiaban.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00a0II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>D\u00eda domingo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las calles de Pueblo Viejo, desiguales y llenas siempre de una soledad triste, mostraban un poco de animaci\u00f3n. Hac\u00eda un d\u00eda claro y alegre, en contraste con aquella sombr\u00eda expectaci\u00f3n que contra\u00eda el rostro de los habitantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo un copudo mam\u00f3n de la plaza, conversaban tres hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mire, Jos\u00e9 del Sa\u00fa; yo no creo en esas cosas\u2026 Pero bien, el padre cura se ha empe\u00f1ado, y hay algo de convicci\u00f3n, de una profunda verdad en su conciencia. Se lo he le\u00eddo en los ojos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El interpelado, un negro peque\u00f1o, robusto, metido en su blusa dominguera bien planchada y olorosa a cedro del ba\u00fal, hizo una mueca para re\u00edr y dej\u00f3 vislumbrar fugazmente la blancura de sus dientes. Luego adopt\u00f3 una grave seriedad para mirar con sus ojos grandes y zarcos \u2014ojos extra\u00f1os en un negro\u2014, la cara del que hablaba, larguirucha, sonriente y de piel clara, en la que se mov\u00edan unos bigotes canosos y donde abultadas cejas apenas dejaban paso a unos ojillos curiosos e indagadores.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La rogativa que sacar\u00e1 el cura, no tiene ninguna relaci\u00f3n con los fen\u00f3menos f\u00edsicos\u2026 Ustedes no entienden eso, pero as\u00ed les hablo a mis escolares. En ustedes y en ellos existe a\u00fan esa clase de fe que mueve las piedras\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bueno, maistro \u2014interrumpi\u00f3 el tercer oyente\u2014; na se pierde con prob\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014As\u00ed es, compae Tota \u2014confirm\u00f3 Jos\u00e9 del Sa\u00fa, mordiendo la punta de un tabaco que luego prendi\u00f3 con dos largas chupadas, y, a trav\u00e9s del humo azulado, vi\u00f3 encogerse entre sus enjutos hombros al maestro, volver la espalda con aquel t\u00edpico adem\u00e1n que siempre ten\u00eda para manifestar su contrariedad y luego, perderse su delgada silueta en la primera esquina, donde luc\u00eda el rojo letrero la pulper\u00eda del isle\u00f1o don Roque.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 del Sa\u00fa lo mir\u00f3 partir y ni siquiera escuch\u00f3 los comentarios de Tota, que lanzando una gruesa carcajada, exclamaba:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Loco e perinola, j\u00e1, j\u00e1, j\u00e1!<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed luc\u00eda aquel letrero rojo que dec\u00eda: \u00abLa Bonanza\u00bb\u2026 Tras de un sucio mostrador y aquellas armaduras apiladas de litros empolvados y potes salpicados de moscas, acechaba la gruesa humanidad del isle\u00f1o, en espera de una oportunidad para explotar las energ\u00edas de los hombres\u2026 Y su hija Violante, all\u00e1 adentro, que nada sab\u00eda del papel\u00f3n, ni de negocios de haciendas a trueque\u2026 Violante, la hija de aquel isle\u00f1o burdo\u2026 \u00bfY qui\u00e9n era \u00e9l, para poner sus ojos en ella?\u2026 \u00a1Si al menos lloviera como antes!\u2026 \u00a1Ah! La rogativa del cura. \u00abEso traer\u00e1 lluvias\u00bb, comentaba la se\u00f1ora Bernarda, la beata, que dec\u00edan conversaba con un santo renegrido y viej\u00edsimo que ten\u00eda en un rinc\u00f3n de su cuarto\u2026 \u2014Cuando vuelva a llover, har\u00e9 una buena siembra de ma\u00edz y mi conuco me dar\u00e1 muchas cosechas de pl\u00e1tanos. \u00a1El pl\u00e1tano vale mucho ahora! Y tendr\u00e9 dinero, bastante dinero para lograr que Violante\u2026 No.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa rogativa que sacar\u00e1 el cura, no tiene ninguna relaci\u00f3n con los fen\u00f3menos f\u00edsicos\u00bb. \u00a1Maldita sea!<\/p>\n\n\n\n<p>La pesada mano de Tota sobre un hombro, lo zarande\u00f3: \u2014Bueno, compae, como le ven\u00eda diciendo\u2026 \u00bfNos vamos pa el tarant\u00edn del Tuerto, o no?<\/p>\n\n\n\n<p>Silencio del otro. Desde lejos llegaban los toques de las desportilladas campanas de la iglesia, llamando a la rogativa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1La p\u2026!, compae Sa\u00fa; ya me voy a zamp\u00e1 e cabeza casa \u2019el Tuerto. Mire el mujer\u00edo y la cantid\u00e1 \u2019e pazguatos que suben a rez\u00e1\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vaya ust\u00e9 solo, compae Tota. Yo me quedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tota lo mir\u00f3 con extra\u00f1eza. Hizo un gesto con las manos y ech\u00f3 a andar. Unos pasos m\u00e1s all\u00e1 son\u00f3 su risotada nuevamente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Catequisao \u2019e bola! De aqu\u00ed a que termine esa vaina es mucha la ca\u00f1a que yo e rajao. \u00a1J\u00e1, j\u00e1, j\u00e1!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojos de Jos\u00e9 del Sa\u00fa, no se apartaban de aquellas puertas oscuras, de aquel letrero rojo que ya no le\u00eda, sino que le gritaba en los o\u00eddos: \u00a1La Bonanza!\u2026 \u00a1La Bonanza!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Una puerta se cerr\u00f3. Luego otra, y la tercera qued\u00f3 entornada. Su mirada se clav\u00f3 all\u00ed. En el aire hab\u00eda un revuelto alarido de campanas, un confuso murmullo de risas, de palabras, de trajes almidonados que pasaban rumbeando hacia el templo. De pronto sus ojos se iluminaron\u2026 \u00a1Violante! Alta, blanca, delicada, acababa de salir por la entornada puerta, cubierta su negra cabellera por la mantilla andaluza blanca, haciendo resonar sobre las lajas de la acera sus menudos pasos, bajo el azul traje de seda costosa. Detr\u00e1s, la gruesa figura del isle\u00f1o, vestido de negro, luciendo su bast\u00f3n de dorada empu\u00f1adura en la mano gorda taraceada de piedras brillantes, encasquetada aquella empolvada camarita que hac\u00eda juego con sus mostachos abundosos y negros. El isle\u00f1o y su hija\u2026 \u00a1Hijo de perra! A buen seguro que no pedir\u00e1s que llueva\u2026 \u00abEl padre cura se ha empe\u00f1ado, y hay algo de convicci\u00f3n, de una profunda verdad\u2026\u00bb. \u00abSe lo he le\u00eddo en los ojos\u2026\u00bb. \u00abN\u00e1 se pierde con prob\u00e1\u00bb, hab\u00eda dicho Tota, y sin embargo, fu\u00e9 a rascarse al tarant\u00edn\u2026 \u00bfY si lloviera? Al menos era el deseo de todos. \u00bfQu\u00e9 importaba entonces el mal deseo de uno solo, de un isle\u00f1o hip\u00f3crita ante el deseo de un pueblo?\u2026 Si existe un Dios\u2026 Pero el maestro hab\u00eda dicho\u2026 \u00a1A la porra con el loco del maestro de escuela!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00a0III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Eran c\u00e1lidos los d\u00edas de noviembre.<\/p>\n\n\n\n<p>El coraz\u00f3n de los habitantes comenz\u00f3 a alentarse con aquellos turbios nubarrones que cruzaban el cielo. Y el cielo desgaj\u00f3 su bendici\u00f3n sobre los campos que volvieron a sentir el roce de los linieros y el golpe fecundante de la chicura.<\/p>\n\n\n\n<p>Vinieron ligeros d\u00edas de sol y la siembra qued\u00f3 reto\u00f1ando, arrullada por brisas augurales. La brisa tra\u00eda su olor a pan y a flores, a comodidad y olvido de tantas necesidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 del Sa\u00fa hall\u00f3 a Tota en el tarant\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 tal, compae Tota? \u00bfC\u00f3mo va el negocio, Tuerto? \u2014El ojo solitario del tarantinero, rojizo y maligno, le hizo un gui\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pura catamita es esto, Jos\u00e9\u2026 \u00bfLluvias?\u2026 \u00a1Me enjuago el ojo con ellas!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vayan a ver mi conuco\u2026 Hay ya m\u00e1s de mil nenes de pl\u00e1tano sanitos. Todo el mundo trabaja en la finca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esperamos la buena\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Yo no espero un ca\u2026 rrizo! \u2014exclam\u00f3 Tota, medio borracho\u2014; preg\u00fantale al Tuerto\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Asina es, Jos\u00e9. \u00bfA qui\u00e9n se le ocurre sembr\u00e1 en noviembre?\u2026 \u00c9ste se est\u00e1 bebiendo lo que le queda, y yo estoy vendiendo lo que escurro de ese barril que est\u00e1 hay\u2026 \u00bfSabes qui\u00e9nes se fueron anoche?\u2026 Los Monterolas, Manuel Rosendo, Socorro. Se llevaron hasta sus mujeres. \u00a1J\u00e1, j\u00e1, j\u00e1!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo no tengo muj\u00e9, Tuerto; ni hermanos\u2026 S\u00f3lo me queda esa t\u00eda vieja, que enterrar\u00e1 sus g\u00fcesos aqu\u00ed\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 cara! \u2014terci\u00f3 Tota, con la lengua torpe\u2014; t\u00fa aspiras a mucho\u2026 T\u00fa eres grandero\u2026 \u00a1Sirve otro pa los tres, Tuerto!<\/p>\n\n\n\n<p>Tota, agarr\u00f3 su vaso, lo vaci\u00f3 de un golpe y chasque\u00f3 un poco, pas\u00e1ndose luego la manga del brazo por la boca\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1No hay como Caracas!\u2026 Yo s\u00f3lo espero ve en que para toa esta vaina, pa decile a mi salao: \u00a1alza y r\u00e1spalo!<\/p>\n\n\n\n<p>El Tuerto levant\u00f3 su vaso y mir\u00f3 al trasluz del vidrio con un solo ojo, durante un instante. El verdoso licor herido por la claridad solar, hizo destellar su pupila con reflejos siniestros\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Todos tenemos que dimos, Jos\u00e9 conv\u00e9ncete\u2026 Tenemos que dimos, como se fueron los otros\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Dijo y apur\u00f3 el palo con envi\u00f3n desesperado.<\/p>\n\n\n\n<p>Oscuros nubarrones se condensaban all\u00e1 en el horizonte. El coraz\u00f3n del agricultor se encog\u00eda dolorido, pero al mismo tiempo alentaba esperanza. Y la lluvia volvi\u00f3, esta vez menuda, juguetona, como mujer liviana\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es un norte pasajero\u2026 Mi conuco sigue echando d\u2019arriba, p\u2019arriba\u2026 \u00ab\u00bfA qui\u00e9n se le ocurre sembr\u00e1 en noviembre?\u00bb\u2026 \u00a1Flojazos! Pa Caracas huy\u00e9ndole a la tierra, al trabajo\u2026 \u00abT\u00fa aspiras a mucho\u00bb. \u00ab\u00bfT\u00fa eres grandero?\u00bb\u2026 \u00a1J\u00e1, j\u00e1, j\u00e1! Ya lo creo que lo era, pero ellos no sab\u00edan con qui\u00e9n\u2026 La cosa ser\u00eda as\u00ed: primero un buen racimo de dominicos expresamente pintoniados para ella\u2026 Melones, jojotos\u2026 Despu\u00e9s cuando comprara la canoa, y el ranchito\u2026 Bajar\u00e9 yo mismo mi pl\u00e1tano por el r\u00edo\u2026 \u00bfMusi\u00fa Valent\u00edn, el blanco aquel almacenista del puerto, p\u00e1lido como una pastilla socata? S\u00ed. Le vender\u00eda de contado. \u00a1Eso s\u00ed!\u2026 \u00abPura catamita es esto, Jos\u00e9. \u00bfLluvias?\u2026 \u00a1Me enjuago el ojo!\u2026\u00bb. \u00a1Est\u00fapido! \u00a1Grosero!<\/p>\n\n\n\n<p>Caminaba hacia la esquina de don Roque\u2026 El letrero rojo\u2026 Violante, vestida de azul, con sus cabellos tintos como las noches de Pueblo Viejo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buenas tardes, don Roque.<\/p>\n\n\n\n<p>El aludido mir\u00f3 entrar a Jos\u00e9 del Sa\u00fa, con frialdad, pero un vivo inter\u00e9s le bail\u00f3 en los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Muy buenas, muchacho. \u00bfC\u00f3mo anda la siembra?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Don Roque: cuando coseche, no s\u00f3lo le pagar\u00e9 ese piquito\u2026 Tal vez le compre el ranchito aquel suyo, el del Cerro\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1No me digas, m\u2019hijo! Ya t\u00fa sabes que \u00e9sta es tu casa\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Gruesos goterones comenzaron a golpear los tejados y la desnuda tierra de las calles. Pronto se desat\u00f3 del cielo la furia pluvial, inacabable\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 la noche y el aguacero era cada vez m\u00e1s recio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Muchacho \u2014dijo el isle\u00f1o\u2014; qu\u00e9date a comer con nosotros\u2026 Este palo de agua pasar\u00e1 pronto\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si es su gusto \u2014hab\u00eda dicho Jos\u00e9; mas, en su alma, sent\u00eda el fr\u00edo golpe del agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron al interior, atravesando el corredor a oscuras que comunicaba con las habitaciones de la familia. En el camino, el isle\u00f1o segu\u00eda diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y si sucede lo peor, t\u00fa sabes que puedo hacer negocio por la hacienda de tu t\u00eda\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ella no quiere vender.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Bah!\u2026 Tu t\u00eda es ya una anciana que no vale\u2026 De todas maneras, yo puedo esperar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 del Sa\u00fa, se deshizo instintivamente del brazo, de aquel brazo gordo y peludo capaz de estrangular y robar, que engarzaba el suyo\u2026 \u00a1Pero Violante!\u2026 La emoci\u00f3n de verla tan cerca\u2026 De hablarle\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La luz de la l\u00e1mpara del comedor se le meti\u00f3 en los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Se\u00f1ora Bartola! \u2014rugi\u00f3 la voz de don Roque\u2014; tr\u00e1igase un servicio m\u00e1s a la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aj\u00e1 \u2014contestaron temblonamente desde la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pap\u00e1 \u2014y la voz de Violante, clara, dulce, sal\u00eda de un cuarto cuya entornada puerta velaba una fina cortina\u2014; \u00bfa qui\u00e9n has tra\u00eddo? \u00bfAl padre o al maestro?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un amigo m\u00edo, Violante: Jos\u00e9, el sobrino de la se\u00f1ora Catana.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigui\u00f3 un silencio. Los o\u00eddos de Jos\u00e9, se llenaron de todos los ruidos de la noche; el rumor interminable de la lluvia; el gl\u00fa-gl\u00fa del agua rebosando los canalones\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Papa\u00edto, espera un momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco despu\u00e9s sali\u00f3, tomando asiento. Sonri\u00f3 al saludar a Jos\u00e9, y \u00e9l no pudo reprimir un suspiro.<\/p>\n\n\n\n<p>Comieron calladamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego del caf\u00e9, Don Roque sac\u00f3 una caja de gu\u00e1charos. Jos\u00e9 lanzaba el humo hacia el techo, y del techo renegrido bajaban sus ojos zarcos hasta las pupilas negr\u00edsimas, sombreadas de dulces pesta\u00f1as de Violante.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella comenz\u00f3 a decir:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cu\u00e9ntenos algo, Jos\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Un absurdo temblor le cogi\u00f3 las manos, se le subi\u00f3 a la garganta. \u00bfQu\u00e9 contar\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No me acuerdo de nada, Violante\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Una cosa as\u00ed, que no sea cuento, pero que parezca un cuento\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Una cosa as\u00ed\u2026 Por ejemplo, \u00bflo del chingo Dolores, pescando, con la guabina encant\u00e1?\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 gracia! No existen encantados, bobo. Otra cosa\u2026 Por ejemplo, algo de brujer\u00edas\u2026 \u00bfUsted cree que existan brujos, Jos\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>Qued\u00f3 pensativo \u00a1Qu\u00e9 gracia! No hab\u00eda encantados. Exist\u00edan los da\u00f1os\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>De repente, se le vino algo bueno:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Seg\u00fan me cuenta t\u00eda Catana, all\u00e1 por la Legalid\u00e1, vivi\u00f3 un hombre a quien mentaban el zambo Baldomero\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El isle\u00f1o roncaba en su sillet\u00f3n. Afuera, segu\u00edan los gruesos goterones golpeando los tejados y el enladrillado del patio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00a0IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Llovi\u00f3 durante cuatro d\u00edas seguidos. Crecieron el r\u00edo y los ca\u00f1os hasta desbordarse, inundando campos y sementeras.<\/p>\n\n\n\n<p>La brisa gris tra\u00eda nuevamente ese viejo olor a ruina y a podredumbre que sub\u00eda de la tierra. Y los hombres comenzaron a dudar de Dios\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1J\u00e1, j\u00e1, j\u00e1! \u2014re\u00eda a todo pulm\u00f3n el tarantinero, y su ojo hu\u00e9rfano brillaba malignamente\u2014; \u00a1me ensucio en el cura y en las rogativas!<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres le escuchaban y gesticulaban, cada quien diciendo a voz en cuello horrores del p\u00e1rroco y de las beatas.<\/p>\n\n\n\n<p>El isle\u00f1o hac\u00eda buenos negocios. Compraba a trueque lo que pod\u00eda salvarse de las cosechas. Viv\u00eda alerta, como un p\u00e1jaro necr\u00f3fago en medio de las ruinas. Muchas haciendas, tierras, animales, joyas y objetos valorables pod\u00eda aun aprovechar si ten\u00eda paciencia en la espera\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 del Sa\u00fa pudo, a pesar de la fatalidad, realizar en parte su sue\u00f1o. Con lo que logr\u00f3 salvar, compr\u00f3 una canoa y aun le sobraron algunos bol\u00edvares para abonarle el piquito a don Roque.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La pint\u00e9 de azul y le puse un letrero blanco. \u00abViolante\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 linda qued\u00f3 mi canoa!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Piazo e\u2019bolser\u00eda has cometi\u00f3! \u2014arguy\u00f3 Tota, tambale\u00e1ndose\u2014; \u00a1ponerle el nombre de la hija de ese ladr\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1C\u00e1llate! \u2014le grit\u00f3 Jos\u00e9, casi con adem\u00e1n de pegarle. Luego, baj\u00f3 la voz\u2014: No hables as\u00ed, compae, por el sacramento que tenemos.<\/p>\n\n\n\n<p>El otro continu\u00f3, sin hacer caso:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Treinta pesos una canoa y el resto nos lo bebemos, \u00bfverd\u00e1? \u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s da? Vendes a \u00abViolante\u00bb y tambi\u00e9n nos la tiramos, \u00a1j\u00e1, j\u00e1, j\u00e1!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 sali\u00f3 del tarant\u00edn aturdido. Treinta pesos una canoa que tambi\u00e9n tendr\u00eda que vender. No hab\u00eda ca\u00eddo en la cosa. Treinta pesos\u2026 \u00bfy despu\u00e9s?\u2026 \u00abTodos tenemos que dimos\u2026\u00bb, como los otros\u2026 \u00bfY ella? Ni siquiera sab\u00eda que su canoa ten\u00eda su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Eh! \u00a1Jos\u00e9!\u2026 \u00a1Eh!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Volvi\u00f3se. Era la se\u00f1ora Bartola, con un recado de Violante, que lo mandaba llamar. Apenas contest\u00f3, ech\u00f3 a caminar aceleradamente. Violante quer\u00eda que \u00e9l le desramara una mata del patio\u2026 El coraz\u00f3n se le saltaba y sus latidos se confund\u00edan con los golpes de sus talones sobre la tierra\u2026 La dir\u00eda: tengo una canoa nueva\u2026 No. Mejor: le pint\u00e9 con letras blancas\u2026 Y ella echar\u00eda a re\u00edr. Se echar\u00eda a re\u00edr y le dir\u00eda bobo. Ella dir\u00eda: \u00a1Qu\u00e9 gracia\u2026! Pero \u00bfy si se burlaba de \u00e9l?\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Entr\u00f3 en la casa. El isle\u00f1o le palmote\u00f3 un hombro:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya sabes muchacho, yo puedo esperar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>No contest\u00f3 y sigui\u00f3 adelante. Desde un cuarto, con la puerta entornada y velada por la fina cortina, su voz lo hizo detenerse.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Jos\u00e9; m\u00f3ntate sobre el bahareque y c\u00f3rtale las ramas a esa mata de guan\u00e1bana. Ha llenado toda la casa de hormigas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Luego agreg\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfNo ser\u00eda una brujer\u00eda, Jos\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>Ri\u00f3 de aquello y continu\u00f3 hasta el patio. Tom\u00f3 un machete de la cocina y montando en un caj\u00f3n, logr\u00f3, con alg\u00fan esfuerzo, pararse sobre la gruesa pared. Mir\u00f3 las ramas y al fondo de la casa vecina, una casa abandonada y solitaria\u2026 \u00a1Tambi\u00e9n se hab\u00edan ido!\u2026 Cort\u00f3 una rama. \u00ab\u00a1No hay como Caracas!\u00bb\u2026 Y Violante all\u00ed mismo, tal vez acostada, con su bata de encajes, como la noche de la lluvia\u2026 \u00abUna cosa as\u00ed, que no sea cuento\u00bb\u2026 \u00ab\u00bfNo ser\u00eda una brujer\u00eda, Jos\u00e9?\u00bb\u2026 Cort\u00f3 esa rama tambi\u00e9n\u2026 \u00bfsi estuviera medio vestida?, leyendo descuidadamente en uno de sus bonitos libros\u2026 S\u00ed. Medio desnuda, suelto el perfumado pelo, los senos escapados del sost\u00e9n, palpitante, tibia\u2026 Sola en el cuarto\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La cruel picaz\u00f3n del hormiguero le hizo darse un manot\u00f3n, y el filo del liniero le cogi\u00f3 la mu\u00f1eca. Lanz\u00f3 una exclamaci\u00f3n y chupo la herida, algo profunda. Tumb\u00f3 a\u00fan la \u00faltima rama y se tir\u00f3 al piso, echando abajo el caj\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El estropicio hizo salir a Violante. Vest\u00eda una bata blanca, ce\u00f1ida, que marcaba sus formas perfectas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Dios santo! \u2014exclam\u00f3 al mirar la sangre, cubri\u00e9ndose el rostro con las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No es nada, Violante\u2026 No sea miedosa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPero c\u00f3mo no, hijo?<\/p>\n\n\n\n<p>Trajo agua, yodo y vendas. Mientras le curaba, \u00e9l miraba su negro pelo, abierto en dos sobre la frente. Miraba el nacimiento de sus senos peque\u00f1os, su cuerpo todo, perfumado, oloroso a hembra\u2026 Aquel absurdo temblor le cogi\u00f3 nuevamente las manos, se le subi\u00f3 a la garganta\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1orita Violante\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mire\u2026 Esto no es nada para lo que me hice en el conuco\u2026 Cortaba racimos para bajarlos en mi canoa\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mi canoa\u2026 La pint\u00e9 de azul como\u2026 \u00bfqu\u00e9 digo?, le puse el nombre suyo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfMi nombre?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, con letras blancas\u2026 Con letras blancas, le puse: \u00abViolante\u00bb\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no dijo nada. Ni sonri\u00f3 siquiera. Lo vend\u00f3 cuidadosamente y al despedirlo, lo mir\u00f3 con aquellas pupilas tan negras como las noches de Pueblo Viejo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00a0V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres no pod\u00edan vender ahora ni el pl\u00e1tano. Los tiraban a los cerdos. Estaban manchados por el hereque, blanco y endurecido como la fr\u00eda cal con que amortajaban los cad\u00e1veres\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ahora, hasta el pan!\u2026 Qu\u00e9 linda estaba la canoa, pintada de azul, con sus letras blancas, cuando ella fu\u00e9 con su padre a verla\u2026 Veinte pesos solamente quiso aflojar el taca\u00f1o\u2026 Ya no podr\u00eda manejar una palanca\u2026 Y ella dijo indignada: \u00a1Qu\u00e9 horror, papa\u00edto! \u00a1Le pusieron una&nbsp;B de burro a mi nombre!\u2026 \u00a1Una B de burro!\u2026 \u2014Y el mundo le comenz\u00f3 a dar vueltas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Compae Tota, vend\u00ed la Biolante\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Eso merece un palo, compa\u00edto!<\/p>\n\n\n\n<p>Tota lo arrastr\u00f3 al tarant\u00edn. Bebieron hasta el anochecer. Parpadeaban las estrellas en la noche fresca y silenciosa, cuando llegaron bajo los \u00e1rboles de la plaza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Despu\u00e9s de lo que me ha contao, compae Jos\u00e9, voy a decirle algo: Esa muchacha es la maldici\u00f3n de este pueblo\u2026 Ya nos ha pasao a muchos lo mismo. Es como un cebo que atrae a todos los hombres\u2026 Suspira uno; quiere volver a empezar; suda la sangre sobre la siembra\u2026 Y termina debi\u00e9ndole hasta la franela al isle\u00f1o. Porque ella es bonita. Blanca como el hereque, \u00a1esa enfermed\u00e1 que nos arruin\u00f3 a todos!\u2026 \u00a1y el taita le bebe la sopa a los gu\u00e9rfanos!<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 lanz\u00f3 un salivazo contra un \u00e1rbol. Era tambi\u00e9n un hu\u00e9rfano. No ten\u00eda m\u00e1s que aquella viejecita enferma, agonizante sobre un catre\u2026 \u00abYo puedo esperar\u2026\u00bb. Ya lo creo; la hacienda\u2026, lo que quedaba para enterrar sus pobres huesos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1No hay como Caracas! \u2014dijo Tota, y sigui\u00f3, con voz m\u00e1s ronca\u2014: Ma\u00f1ana me amanecer\u00e1 en el camino, compae\u2026 \u00a1Esto aqu\u00ed se pudre!<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 comenz\u00f3 a dar pasos sin rumbo, calle abajo. Hab\u00eda dejado a Tota maldiciendo, llorando como un ni\u00f1o, y era como o\u00edr el lamento, la maldici\u00f3n de todos los hombres\u2026 Y ella se hab\u00eda indignado, re\u00eddo de su ignorancia; de aquella&nbsp;B blanca, como la enfermedad maldita que ahora sub\u00eda de la tierra hasta su coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el cielo, un lucero le hac\u00eda gui\u00f1os cambiantes. Imagin\u00f3 el ojo solitario del Tuerto, mirando a trav\u00e9s de un cristal inmenso\u2026 Un perro aull\u00f3 tristemente en la quietud de la noche.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?s=juan+pablo+sojo\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Pablo Sojo Hasta ahora el pan estaba maldito. \u00a1Aquellos frutos manchados por el hereque, blanco y endurecido como la fr\u00eda cal con que rellenan las urnas de los muertos!\u2026 \u00a0I Un sino fatal se cumpli\u00f3 sobre los pueblos. 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