{"id":15046,"date":"2025-02-08T09:32:12","date_gmt":"2025-02-08T14:02:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=15046"},"modified":"2025-02-08T09:34:03","modified_gmt":"2025-02-08T14:04:03","slug":"la-piedra-que-era-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-piedra-que-era-cristo\/","title":{"rendered":"La piedra que era Cristo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Miguel Otero Silva<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Juan el Profeta<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>TODOS SE ARRIMARON al pozo en busca del agua, luego se pusieron a hablar entre s\u00ed aunque nunca se hab\u00edan visto antes.<\/p>\n\n\n\n<p>Eleazar lleg\u00f3 seguido por dos camellos cargados de g\u00e9neros, las sombras del hombre y sus animales cruzaron bajo el resplandor blanco del mediod\u00eda un brazo de desierto gris, la tarde les salpic\u00f3 lampos de oro, el anochecer les empavon\u00f3 franjas violetas.<\/p>\n\n\n\n<p>Gamaliel descendi\u00f3 de Jeric\u00f3 con sus burritos, ufanos ellos del donaire de su andadura, engalanados por el tricolor de las manzanas y el aroma de la albahaca.<\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00e1s o Teoma, as\u00ed llamado por haber nacido hermano mellizo de otro Tom\u00e1s, era un marinero de barba bermeja y cuadrada, dej\u00f3 barca y remos abandonados en un recodo del lago Tiber\u00edades para venir a escuchar la voz del profeta.<\/p>\n\n\n\n<p>El viejo Jacobo trajo el polvo irredento del \u00e9xodo en las sandalias, las cenizas de Babilonia en el pensamiento y las brumas opacas del mar Muerto en las pupilas.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00fanica mujer del grupo era Micaela, c\u00e1ntaro colorado al cuadril, velo azul celeste apaciguando el negror de los cabellos, inmensos ojos rielosos de asombro.<\/p>\n\n\n\n<p>Dijo el viejo Jacobo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por todos los atajos de las monta\u00f1as de Judea anda dando tumbos la historia de Juan el Profeta.<\/p>\n\n\n\n<p>(Sus padres, el sacerdote Zacar\u00edas y su esposa Elizabet, ambos de religiosa estirpe, eran dos ancianos justos y amorosos, pero entecos y sin hijos. Al principio no lograron traerlos al mundo porque Elizabet era est\u00e9ril, se lo hab\u00edan avisado los m\u00e9dicos doctos y las curanderas ensalmadoras, ella misma lo percib\u00eda en el rezongo \u00e1spero de sus entra\u00f1as. Por \u00faltimo se resignaron a no tener m\u00e1s travesuras a su cuidado que las siete llamas saltarinas del candelabro, m\u00e1s arrullo en sus labios que el rumor impersonal de las oraciones, m\u00e1s ternura a su vera que la fragancia de los rosales. Zacar\u00edas hab\u00eda cumplido ochenta a\u00f1os y el sexo era para \u00e9l apenas una empa\u00f1ada remembranza.)<\/p>\n\n\n\n<p>Sigui\u00f3 diciendo el viejo Jacobo: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014De s\u00fabito, una ma\u00f1ana, cuando se hallaba abstra\u00eddo en la penumbra del santuario, soplando las brasas del incienso, levant\u00f3 Zacar\u00edas los ojos hacia el altar y vio entre jirones de nubes la figura del arc\u00e1ngel Gabriel que hab\u00eda bajado a la tierra para anunciarle una portentosa noticia.<\/p>\n\n\n\n<p>(Era aquella la tercera aparici\u00f3n de Gabriel, mensajero de Dios, entre nosotros los nacidos de mujer. Las dos primeras fueron motivadas por el encargo de revelarle a Daniel, el \u00faltimo entre los profetas mayores, las duras guerras del porvenir y sus desenlaces, y predecirle a la par la \u00e9poca del nacimiento de un pr\u00edncipe Mes\u00edas que ser\u00eda suprimido por los hombres. Ahora retornaba el arc\u00e1ngel, mas esta vez no tra\u00eda consigo las formas humanas ni el vestido de lino, sino desplegaba como velamen sus grandes alas policromadas, ergu\u00eda su cuerpo diamantino como forjado en lava de los volcanes, incendiaba las cosas con sus ojos como emanados del rel\u00e1mpago, su palabra atronaba como el clamor de todo un pueblo amotinado. Pero ning\u00fan otro ser sino Zacar\u00edas alcanzaba a verlo y o\u00edrlo, pues s\u00f3lo para mostrarse a \u00e9l y hablarle a \u00e9l hab\u00eda bajado en vuelo desde los cielos.)<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed sigui\u00f3 diciendo el viejo Jacobo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Las rodillas de Zacar\u00edas entrechocaban como platillos de c\u00edmbalo, sus manos tiritaban como cervatos en cautiverio. <\/p>\n\n\n\n<p>(Mas el \u00e1ngel no hab\u00eda venido a aniquilarlo sino a colmarlo de gozo. La melancol\u00eda de sus soledades estaba a la orilla de finalizar. Elizabet dar\u00e1 a luz un ni\u00f1o que por mandato de Dios deber\u00e1 llamarse Juan, un hijo que crecer\u00e1 rebosado de Esp\u00edritu Santo, y lograr\u00e1 atesorar en su pecho el h\u00e1lito y la pujanza del profeta El\u00edas, y sus palabras preparar\u00e1n al pueblo de Israel para recibir al Mes\u00edas cuyos pasos ya est\u00e1n en camino a trav\u00e9s de los vientos y las estrellas. El vaticinio de tanta dicha y tan excelsa gloria trastorn\u00f3 el \u00e1nima asustadiza del anciano sacerdote. \u00ab\u00bfUn hijo a mis avanzados a\u00f1os, un ni\u00f1o concebido en la carne yerma de mi pobre Elizabet?\u00bb, balbuce\u00f3 cual si hablara consigo mismo. \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 modo lo reconocer\u00e9?\u00bb, pregunt\u00f3 luego receloso al arc\u00e1ngel, repitiendo la frase que dijo Abraham cuando el Se\u00f1or le dio a conocer que le ser\u00eda donada en propiedad la tierra de Cana\u00e1n. \u00abSe te pegar\u00e1 la lengua al paladar y quedar\u00e1s mudo hasta que los hechos te convenzan, y tu mudez ser\u00e1 la se\u00f1al que pides para aceptar la verdad del prodigio cumplido\u00bb, dijo el \u00e1ngel, y su visi\u00f3n se esfum\u00f3 rasgo a rasgo en medio de una dulc\u00edsima m\u00fasica de la\u00fades que nadie pod\u00eda o\u00edr, ni siquiera Zacar\u00edas pues ya se hab\u00eda vuelto sordo a m\u00e1s de mudo. Viose obligado a explicar por signos cuanto hab\u00eda sucedido, y la gente que se api\u00f1aba a la puerta del templo no logr\u00f3 entender el acontecimiento que ansiaba relatar, tan crecidas eran su turbaci\u00f3n y su torpeza. Lo entendieron, s\u00ed, cinco meses m\u00e1s tarde, cuando el vientre de Elizabet dio muestras de haberse liberado del oprobio de su esterilidad, y lo celebraron con gran alborozo cuando ella dio a luz un ni\u00f1o y, tal como hab\u00eda ordenado el verbo de Gabriel, \u00e9ste fue presentado al templo bajo el nombre de Juan que significa \u00abJehov\u00e1 ha sido misericordioso\u00bb, y Zacar\u00edas recuper\u00f3 entonces el habla, y compuso un c\u00e1ntico de veintisiete versos para su hijo en el cual auguraba: \u00abA ti, ni\u00f1o, te llamar\u00e1n profeta del Alt\u00edsimo, porque ir\u00e1s delante del Se\u00f1or a preparar sus caminos\u00bb.)<\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00e1s, el marinero de la barba bermeja y cuadrada, fue el primero en responder:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Para creer en la aparici\u00f3n del arc\u00e1ngel Gabriel tendr\u00eda que haberla visto con mis propios ojos, no con la pupila envejecida y febril de Zacar\u00edas. Como tampoco admito sin recelos esa historia de una anciana que, pasados ochenta a\u00f1os de vida in\u00fatil, rompe su esterilidad y echa al mundo una criatura.<\/p>\n\n\n\n<p>(M\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 importa que Tom\u00e1s no crea en leyendas accesorias, si cree en la noticia que su alma rastrea sin sosiego? La noticia esencial es que un profeta llamado Juan anda descalzo por entre rocas y follajes, y predica pose\u00eddo por el lenguaje y la c\u00f3lera de El\u00edas, y anuncia para el pueblo de Israel la cercana presencia del Redentor. El Cristo vendr\u00e1 a nosotros como rey de reyes, hijo de David y depositario de su fortaleza, y humillar\u00e1 la altivez de nuestros enemigos, y los har\u00e1 pedazos como tazones de arcilla. El pueblo, y cuando Tom\u00e1s dice pueblo quiere decir los pobres, el pobre pueblo de Israel llora que llora siglo tras siglo, sometido a las amarras y al desprecio de invasores envilecidos por la idolatr\u00eda y la maldad: persas, griegos, egipcios, partos, sirios, y \u00e9stos de hoy que nadie se arriesga a nombrar. En el presente somos una raza miserable y triste, no la que guiada por el cayado de Abraham dor\u00f3 de trigo los collados de Cana\u00e1n, no la que lleg\u00f3 campante a la tierra prometida en pos del estandarte de Mois\u00e9s ya muerto, no la que edific\u00f3 con m\u00e1rmoles y oro el templo de Salom\u00f3n, nunca la que libr\u00f3 cien mil batallas del brazo y del aliento. Con arrebato de campanas saludar\u00e1 el esp\u00edritu sublevado de Tom\u00e1s la pr\u00e9dica de un profeta llamado Juan que estremece los arenales anunciando la proximidad del Mes\u00edas vengador y todopoderoso.) <\/p>\n\n\n\n<p>Entonces dijo Micaela la aguadora: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por la ca\u00f1ada vi pasar ayer su tama\u00f1o y su sombra.<\/p>\n\n\n\n<p>El profeta bajaba hacia la ribera del Jord\u00e1n, seguido por un pu\u00f1ado de disc\u00edpulos que marchaban deslumbrados detr\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>(Jam\u00e1s la hab\u00edan mirado ojos tan desolados y tan roturados de ira como los suyos. Sobre la frente le ca\u00edan las gre\u00f1as como hervidero de serpientes. Es tan alto como los cedros que se le cruzan en su camino. De la piel de camello que lo cubre asoman al andar sus muslos macizos como torres de metal fundido y sus rodillas huesudas y punzantes. Tanto lo ha quemado el sol del desierto que m\u00e1s parece un \u00e1ngel negro que un hombre blanco. Sus ojos son fogatas maldicientes o tal vez oleaje tenebroso de la noche. Sus sermones se vuelcan en la resignaci\u00f3n de los oprimidos y la convierten en implacable riada de condena. Aunque Micaela llegase a vivir mil a\u00f1os como los antiguos patriarcas, jam\u00e1s se le amustiar\u00e1n el destello de su mirada y el llamado de su voz.)<\/p>\n\n\n\n<p>Eleazar, el comerciante en g\u00e9neros que hab\u00eda torcido el rumbo de sus camellos para venir a escuchar al profeta, dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es? \u00bfQu\u00e9 reclama de nosotros? \u00bfQu\u00e9 intenciones sagradas o imp\u00edas encaminan sus pasos?<\/p>\n\n\n\n<p>(\u00bfEs acaso un saduceo poderoso que se ha despojado de sus suntuosas vestiduras para descender hasta el sudor de los de abajo y hacerse perdonar sus complacencias para con los extranjeros; un saduceo hijo y nieto de sacerdotes que se disfraza de ermita\u00f1o para encubrir la codicia que lo encadena a sus bienes terrenales? \u00bfO es un fariseo enardecido de patriotismo y pasi\u00f3n religiosa, fan\u00e1tico de la letra de los libros, so\u00f1ador en perseguimiento de un Cristo que transforme en realidad verdadera sus vaporosas ilusiones de justicia? \u00bfO es un esenio desmontado de sus escarpados monasterios para predicar a campo abierto la castidad de cuerpo y la comunidad de bienes como trasuntos de la pureza interior que se requiere para recibir con dignidad al Maestro de Justicia? \u00bfO es tal vez un celote con una daga curva oculta en su cintur\u00f3n de cuero, un sicario insumiso y furioso que sigila bajo su ramaz\u00f3n de palabras los prop\u00f3sitos de mot\u00edn que le justifican la vida?)<\/p>\n\n\n\n<p>Volvi\u00f3 a hablar el viejo Jacobo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, no es ninguna de esas cosas. Pudo ser un saduceo prominente si lo hubiera querido, porque su sangre es savia destilada del gran \u00e1rbol sacerdotal, sus huesos descienden de los de Aar\u00f3n y Nadab, y en sus manos estaba medrar y avasallar si hacia tales predominios materiales se hubiera inclinado su apetencia. Pudo ser un fariseo respetable porque bebi\u00f3 sabidur\u00eda en el templo y en las sinagogas, es piadoso de \u00edndole y su naturaleza lo impulsa a mezclarse con los infelices y hacerse amar de ellos. Pudo ser un esenio puro e inalterable porque odia la riqueza, la esclavitud y la guerra, tanto como ama la castidad, el trabajo y el estudio. Pudo ser un celote irreductible porque desconoce el miedo y se har\u00eda matar con agrado por sus principios. Pero no es ninguna de esas cosas, hijos m\u00edos, sino el regreso corporal del profeta El\u00edas que hemos esperado tan alargadamente. Helo aqu\u00ed, violento y visionario como El\u00edas, enemigo obstinado como El\u00edas de la idolatr\u00eda y la impostura. Es \u00e9l la voz clamante en el desierto prevista por Isa\u00edas en su libro revelador. Atravesando cinco centurias de silencio y tinieblas ha brotado en el desierto de Israel un profeta definitivo. \u00c9l desbroza de piedras y ortigas el camino del Mes\u00edas que viene en pos de \u00e9l. Entre tanto purifica nuestras almas por virtud del agua lustral con que nos bautiza.<\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00e1s, el marinero de la barba bermeja y cuadrada, volvi\u00f3 a dudar:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPretende lavar de pecados nuestras almas ba\u00f1ando nuestros cuerpos con las aguas pantanosas de los vados del Jord\u00e1n, charcas meadas por los camellos y cagadas por las borricas?<\/p>\n\n\n\n<p>Gamaliel el hortelano dijo a su vez:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014He o\u00eddo murmurar a los levitas en los mercados que el rito de sumergirse en las aguas de los r\u00edos en ruego de perdones ha sido cultivado en tiempos pasados por otras religiones y otros pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p>La paciencia del viejo Jacobo era una ciudadela inexpugnable. Se acarici\u00f3 la barba algodonosa, se acerc\u00f3 dos pasos hacia los desconfiados y replic\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El bautismo que reparte el profeta con sus propias manos no encuentra referencia en libro alguno, salvo en los or\u00e1culos de Ezequiel cuando predijeron que Jehov\u00e1 purificar\u00eda a los hombres vali\u00e9ndose para ello de la inocencia del agua. Nada importa que hoy sea el agua mancillada del Jord\u00e1n, o que ma\u00f1ana sea el agua inmaculada de los manantiales, ya que ella no salta de los dedos del Bautista para dar limpieza a la piel del hombre sino para empollar un hombre nuevo debajo de cada piel. Juan vendimia nuestro arrepentimiento, despinta nuestras culpas con el agua del bautismo y nos lanza a volar una vida diferente.<\/p>\n\n\n\n<p>Dijo ya al final Micaela la aguadora: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No es su mirada sino su voz el ventarr\u00f3n que nos desnuda, su voz la trompeta que nos subleva, su voz el caramillo que nos apacienta. <\/p>\n\n\n\n<p>(Su garganta es como el clamor de los esclavos que amedrenta a los pr\u00edncipes, como la centella justiciera que hace retroceder a los salteadores, como el alba que aclara la cerraz\u00f3n del bosque. Micaela atravesar\u00eda de rodillas el desierto si fuera \u00e9sa la \u00fanica ruta que la llevara a escuchar su discurso.)<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s qued\u00e1ronse en turbado silencio porque comenzaba a anochecer, primero lo anunci\u00f3 el gemido de la t\u00f3rtola y luego la leche rosada del poniente. Juntos emprendieron el descenso por entre tierras no sembradas y roquedales gibosos. El viejo Jacobo marchaba a la zaga de todos mascullando salmos y quejumbres. En la hondonada se elev\u00f3 un remolino de humo y ondularon las llamas de una hoguera. <\/p>\n\n\n\n<p>Por sobre el ruido de las aguas del r\u00edo, sobreponi\u00e9ndose al zumbido de la muchedumbre, restallaba la palabra de Juan el Bautista: <\/p>\n\n\n\n<p>Yo soy una voz que clama en el desierto, desarrapada voz del pensamiento y de la sangre; soy el gru\u00f1ido del trueno anunciador de aguaceros fren\u00e9ticos, y el aliento de la noche que abrillanta colores y luces en el yunque donde los herreros del Se\u00f1or forjan la aurora. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo soy una voz desgarrada por el viento, soy el viento mismo que silba en las arenas para exaltar la natividad tangible del reino de Dios: ya se vislumbran los perfiles indelebles de sus rasgos, se percibe la resonancia exquisita de su aroma, se escucha el invicto redoble de sus tambores, se saborea la ambros\u00eda de sus manjares, se palpa la tersura de su corteza inmaterial. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo soy una voz que clama en el desierto, voz heredera de legiones de otras voces ya muertas, voz milenaria que os requiere la pesadumbre de vuestras culpas, pues s\u00f3lo los limpios de coraz\u00f3n ser\u00e1n convidados a la fiesta del reino de Dios. Yo os anuncio el advenimiento del reino de Dios que ser\u00e1 tal como si la verdad y la justicia desbordaran por la tierra sus mares de igualdad. Yo os anuncio la aparici\u00f3n del fuego que har\u00e1 arder el palacio del usurero, y del hacha que derribar\u00e1 los reductos del d\u00e9spota, y de la piedra que aplastar\u00e1 los sesos del traidor. Los buitres devorar\u00e1n con sa\u00f1a los ojos y las tripas de aquellos que convirtieron su naci\u00f3n en herramienta de opresores, su poder\u00edo en acoso de desdichados, su religi\u00f3n en l\u00e1tigo, su linaje en cuchillo. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo os digo que la soberbia es una yerba ponzo\u00f1osa, que la arrogancia es un \u00e1spid escondido entre las hendiduras del alma, que el esp\u00edritu de casta es una hiena devoradora de la ternura humar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos hijos de Abraham, es cierto, pero est\u00e1 ciego quien no sabe que el brazo del Se\u00f1or es capaz de hacer parir hijos de Abraham al pe\u00f1asco, hijos de Jacob al Ixirro, hijos de Mois\u00e9s al le\u00f1o, si as\u00ed lo decide su santa voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p>No son la aldea de nacimiento ni el tinte de la piel las virtudes que salvar\u00e1n al hombre de la gehena sino la peque\u00f1a colmena donde se le endulza el coraz\u00f3n y la lamparilla azul que le ilumina la conciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s merecedores de abrigarse en el regazo del Se\u00f1or son un \u00e1rabe fam\u00e9lico, un babilonio andrajoso, un egipcio mendigo, que un israelita adinerado y poderoso, si \u00e9ste amas\u00f3 sus tesoros manipulando inicuamente los Libros Sagrados y edific\u00f3 su potestad torciendo el conocimiento de los proverbios para perder a los humildes.<\/p>\n\n\n\n<p>Amasijo de v\u00edboras trenzadas por la concupiscencia y la avaricia, labios tramposos ensalivados por la maledicencia y la mentira \u00e1vidas manos enjuagadas en llanto de pobres y en sangre de inocentes, santurrones hediondos a v\u00f3mitos de ebrios y a sudor ceniciento de rameras, no os ata\u00f1e la insignia de Israel que usurp\u00e1is, no os pertenece el nombre de hijos de Si\u00f3n que deshonr\u00e1is.<\/p>\n\n\n\n<p>El reino de Dios est\u00e1 cercano, os lo anuncio sacudido de gozo y alegr\u00eda, y os prevengo que a su recinto no entrar\u00e1n los malvados, ni los rencorosos, ni los vertedores de sangre, ni los ladrones, ni los corrompidos.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/otero-silva-miguel\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel Otero Silva Juan el Profeta TODOS SE ARRIMARON al pozo en busca del agua, luego se pusieron a hablar entre s\u00ed aunque nunca se hab\u00edan visto antes. 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