{"id":14985,"date":"2025-02-06T14:30:17","date_gmt":"2025-02-06T19:00:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14985"},"modified":"2025-04-12T08:43:04","modified_gmt":"2025-04-12T13:13:04","slug":"cuentos-vasquez-silva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-vasquez-silva\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Jos\u00e9 Luis V\u00e1squez Silva"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Colorina<\/h3>\n\n\n\n<p>Todos sab\u00edamos que por esas horas se trastocaban dos mundos muy disimiles, y por eso me extra\u00f1o ver entre mi marcha apresurada, a una mujer erguida sobre una piedra, a la orilla del r\u00edo que pasaba al costado del camino. Dud\u00e9 entre acercarme para advertirle del peligro eminente o el seguir mi seguro camino a casa, para llegar antes de que terminara de cerrarse el d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que lo recuerdo, en nuestra comunidad eramos conocedores de las dos realidades que se transpon\u00edan, al igual que la luz del sol cuando es desplazada por las penumbras de la noche. Todas las actividades \u201cnaturales\u201d del pueblo se cerraban: comercios, escuelas, edificios culturales y hasta los centros de salud; siendo sustituidos por el tr\u00e1fico de licores, armas, drogas y sexo. Era una especie de toque de queda, al que nos hab\u00edamos acostumbrado durante tantos a\u00f1os. Ser ultrajado y muerto en la noche, significaba pasar de inmediato al anonimato, a ser cremado y esparcidas nuestras cenizas al r\u00edo, sin honores, sin reclamos y sin preguntas. Esa era la ley, a la que impl\u00edcitamente acat\u00e1bamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi conciencia no me dej\u00f3 seguir de largo y me llegu\u00e9 hasta la pe\u00f1a que serv\u00eda de atalaya a la mujer, quien oteaba la brisa fr\u00eda ribere\u00f1a; le extend\u00ed mi brazo para ayudarla a apearse y fui yo el que casi se va de bruces, al verle la cara a la dama: era el rostro de mi esposa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQue haces aqu\u00ed? \u00bfCuando llegaste? \u00a1V\u00e1monos para la casa! \u2014le dije, mientras mi mente trataba de asimilar aquella situaci\u00f3n inesperada. Mi mujer, era lo que supon\u00eda en ese momento, deber\u00eda estar adelantando sus vacaciones en casa de sus padres, a la que habr\u00eda llegado de sorpresa hac\u00eda poco m\u00e1s de dos semanas, para atender una enfermedad de su madre, y esperando a que yo me le uniera en un par de semanas, cuando me concedieran mis vacaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el corto camino hasta nuestro hogar, mi esposa trataba de escaparse; sacud\u00eda mis manos y me gritaba que la dejara tranquila, y entonces no hall\u00e9 otra opci\u00f3n que sub\u00edrmela enhorquetada a mis hombros, durante el \u00faltimo trecho, para cruzar el port\u00f3n, la puerta de la sala y lanzarla al viejo sof\u00e1, antes de asegurar todas las entradas y salidas, porque ella segu\u00eda intentando huir, mientras me lanzaba garrotazos con una escoba que hab\u00eda cogido por el mango.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te pasa? \u00bfPor qu\u00e9 tienes ese pelo colorado? \u00bfTe puedes calmar? \u2014le lanzaba docenas de preguntas, al tanto que trataba de asimilar aquella extra\u00f1a situaci\u00f3n y comprender la nueva apariencia de mi esposa y la de su actitud hostil hacia mi persona.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1D\u00e9jeme quieta! \u2014me contestaba, mientras segu\u00eda con los escobazos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi intuici\u00f3n me llev\u00f3 a entender que, en apariencia, ella no me estaba reconociendo y decid\u00ed cambiar de estrategia y empec\u00e9 a tratarla como a una desconocida, a la cual quer\u00eda ayudar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1ora, qu\u00e9dese tranquila, que yo no le har\u00e9 da\u00f1o. Si\u00e9ntese por favor \u2014le dije, mientras le hacia se\u00f1as de calma con mis manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi actitud pareci\u00f3 dar resultados y mi mi mujer se sent\u00f3 en un mueble, se tap\u00f3 la cara con las manos y se ech\u00f3 a llorar. Yo tambi\u00e9n me sent\u00e9, sin saber que hacer. Solo me qued\u00e9 observando la extra\u00f1a manera como andaba vestida, con ropa muy juvenil y colorida, muy diferente a su leg\u00edtimo atuendo de una ama de casa que pasaba los cuarenta.<\/p>\n\n\n\n<p>A mi gran incertidumbre, la arrop\u00f3 otra incertidumbre mayor, cuando ella, levantando su rostro cruzado por los pelos mojados de l\u00e1grimas, me pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es usted y por qu\u00e9 me trajo aqu\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, anonadado, apelando al poco raciocinio que me quedaba, respire profundo y le respond\u00ed con otras preguntas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfUsted sabe qui\u00e9n es, c\u00f3mo se llama y en d\u00f3nde vive?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por supuesto \u2014me dijo; pero cuando parec\u00eda que iba a responder mis preguntas, se qued\u00f3 pensativa, se apart\u00f3 las gre\u00f1as, mientras abr\u00eda las piernas en forma tan descuidada, que me provoc\u00f3 ir a cerr\u00e1rselas; pero me contuve, tratando de mantener la situaci\u00f3n bajo control.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo se llama usted? \u2014le repregunt\u00e9; y ella, despu\u00e9s de mirar con los ojos muy abiertos hacia el techo, me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Colorina!, \u00a1me llamo Colorina!<\/p>\n\n\n\n<p>Pasamos unos inc\u00f3modos minutos, pr\u00e1cticamente sin hablarnos, como dos desconocidos en una sala de espera; yo apenas intercambiando monos\u00edlabos con aquella mujer, la que hace pocos d\u00edas era mi feliz esposa, que de seguro estaba a la caza de un descuido mio para escaparse.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfLe apetece algo de comer?, \u00bfde donde proviene usted? \u2014le mezclaba preguntas inconexas, tratando de averiguar que diablos era lo que le estaba pasando.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi mujer, observ\u00e1ndome con desconfianza, me acept\u00f3 un pan con queso y un vaso de avena, lo \u00fanico comestible que tenia a mano; y yo, para darle confianza, los compart\u00ed con ella. Sent\u00ed descansar mi mente, solo por un breve instante, porque ella enseguida me mir\u00f3 con los ojos llorosos, para rogarme:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1or, d\u00e9jeme ir, que voy a llegar tarde a mi trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDe verdad usted no se acuerda de m\u00ed y de esta casa? \u2014la interrogu\u00e9 angustiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella sacudi\u00f3 la cabeza y me dijo que lo \u00fanico que necesitaba era llegar hasta \u201cEl pez dorado\u201d, donde trabajaba, no recordando desde cuando. Me sent\u00ed morir, al escuchar nombrar a aquel sitio, famoso por sus espect\u00e1culos con mujeres de la vida galante; y en un inesperado, pero justificado ataque de celos, le dije que no le cre\u00eda nada de aquello, porque all\u00ed solo contrataban a mujeres j\u00f3venes y bonitas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 se cree usted!, cada quien tiene lo suyo \u2014me dijo indignada, mientras se levantaba el vestido, para mostrarme sus a\u00fan portentosas piernas; para, despu\u00e9s de distraerme, salir corriendo hasta la puerta e intentar abrirla.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegado a aquel punto, no aguant\u00e9 la presi\u00f3n, tom\u00e9 a mi esposa por la cintura, me la incrust\u00e9 en un hombro y me la llev\u00e9 hasta el cuarto. Ella, en oposici\u00f3n, me insert\u00f3 un mordisco en el brazo. Yo, fuera de control, la lanc\u00e9 a la cama y le di una soberana cachetada, que la aturdi\u00f3; lo cual aproveche para amarrarla de piernas y brazos sobre la cama, utilizando las sabanas que encontraba a mi alcance, hasta que pr\u00e1cticamente la momifiqu\u00e9. Al final, la dej\u00e9 gritando en el cuarto y me fui hacia al sof\u00e1, donde empec\u00e9 a llorar, acurrucado como un ni\u00f1o, hasta quedarme dormido, no se por cuantas horas.<\/p>\n\n\n\n<p>Despertando, sal\u00ed de una pesadilla, donde mi esposa bailaba apretujada con un desconocido, para entrar en otra, en la cual mi mujer estaba amarrada a nuestra cama, desconociendo su propio hogar. Entr\u00e9 al cuarto y aprovech\u00e9 que estaba dormida, para inspeccionarla con m\u00e1s calma. Era sin dudas mi esposa, con su hermoso rostro; quiz\u00e1s rejuvenecida, porque ahora estaba muy bien maquillada y tenia el pelo colorado, cortado en zig-zag, lo cual, deb\u00eda admitirlo, le restaba unos diez a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Al ver que nuestro reloj despertador estaba por marcar el amanecer, me apresur\u00e9 a preparar la escena para una larga conversa con mi se\u00f1ora. La desat\u00e9 de las s\u00e1banas, pero la amarr\u00e9 de manos y piernas y le tap\u00e9 la boca, pero de tal manera que pudiese respirar sin dificultad; y de inmediato me fui a preparar un buen desayuno, al que coloqu\u00e9 al lado de la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi esposa despert\u00f3 s\u00faper agitada, tratando de apartarse la venda de la boca. Yo esper\u00e9 a que, agotada, se apaciguara un poco y empec\u00e9 a comentarle:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSe\u00f1ora Colorina, d\u00e9jeme decirle que no se lo que esta pasando. Usted se llama de esta y otra manera, es mi esposa desde hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os y tenemos dos hijos, que tienen estos nombres y los cuales est\u00e1n estudiando en la universidad tal, en la gran Capital Occidental. Se supone que usted se fue a visitar hace dos semanas a sus padres, en la poblaci\u00f3n donde ellos viven, y que yo me unir\u00eda a usted dentro de unos quince d\u00edas; de no ser porque me la encontr\u00e9 ayer, subida en una pe\u00f1a del r\u00edo; a la hora en la que todas las personas decentes debemos recogernos en nuestras casas, para que no nos da\u00f1en los malandros que gobiernan en las noches a este maldito pueblo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de una corta pausa, en la que tom\u00e9 medio vaso de agua, prosegu\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cYo no quiero hacerle da\u00f1o, y al contrario, deseo protegerla, como el esposo suyo que soy. Pero necesito de su colaboraci\u00f3n y le pido que compartamos con calma esta comida, despu\u00e9s de que usted pueda ir al ba\u00f1o y asearse. Durante el desayuno y despu\u00e9s de \u00e9l, podemos compartir informaci\u00f3n, para poder desenmara\u00f1ar todo este embrollo. Le jur\u00f3 que de ninguna manera le causar\u00e9 alg\u00fan perjuicio, si usted me escucha y parlamenta conmigo, en buenos t\u00e9rminos\u201d; termin\u00e9 de decirle, cogiendo aire para tranquilizarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Al concluir mi exposici\u00f3n, mi mujer, mirando al techo, movi\u00f3 la cabeza, para decirme que si, a lo que yo estuviese dici\u00e9ndole o a lo que ella hubiese interpretado. Enseguida le quit\u00e9 la venda de la boca, la ayud\u00e9 a levantarse y llev\u00e9 hasta el ba\u00f1o del cuarto, pero sin soltarle las amarras. Dej\u00e9 la puerta entre abierta, porque hab\u00eda algo que me dec\u00eda que no me confiara en esta mujer, aunque fuese mi amada esposa.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi se\u00f1ora, como si no hubiese comido en d\u00edas, empez\u00f3 a engullir la vianda con las manos, dejando caer trozos de comida sobre su ropa y haciendo ruidos de un cerdo. Yo aprovech\u00e9 de preguntarle:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY entonces?, \u00bfrecuerda algo de todo lo que le dije?<\/p>\n\n\n\n<p>Ella, mir\u00e1ndome de arriba abajo, me solt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1or, yo no puedo ser su esposa. No pude haberme casado con alguien tan feo y tan pobre.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquellas pu\u00f1aladas en prosa me hicieron trastabillar sobre la silla, me levant\u00e9 y coloqu\u00e9 de espaldas, para que no viese llorar. Enseguida me acerqu\u00e9 al ceib\u00f3, saqu\u00e9 un \u00e1lbum de fotos y se lo deje caer en la mesa. Ella, sin dejar de comer, empez\u00f3 a hojearlo. La vi sonre\u00edr. Al terminarlo, me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Su esposa se parece un poco a mi, pero est\u00e1 m\u00e1s fea y m\u00e1s vieja.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo tom\u00e9 el \u00e1lbum y lo lanc\u00e9 al trasto de la basura. Enseguida me acaball\u00e9 sobre una silla, coloc\u00e1ndome muy cerca de su rostro, conteniendo mis ganas de besarla; para decirle, como en una confidencia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo lo que creo es que a ti, o a usted, como lo prefiera, de alguna manera la raptaron los malandros de la noche, la golpearon, la drogaron y no se qu\u00e9 m\u00e1s le hicieron, para llev\u00e1rsela a trabajar a ese lugar de putas.<\/p>\n\n\n\n<p>Colorina dej\u00f3 que terminara de hablar, se levant\u00f3 como pudo y me dijo con altivo orgullo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mire, se\u00f1or, por lo que yo se, por fin soy una mujer feliz, trabajando en ese sitio. Tengo fiestas cinco d\u00edas a la semana, donde bebo, bailo, tengo sexo las veces que quiera y termino con mis bolsillos llenos de plata. Nada de eso, es muy evidente, podr\u00eda tener yo aqu\u00ed, en esta, \u201cnuestra\u201d miserable casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras ella hablaba, mis venas se iban llenando de sangre envenenada, y apenas pude o\u00edr cuando ella continu\u00f3 diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por cierto, ayer me perd\u00ed una gran celebraci\u00f3n, porque a usted se le ocurri\u00f3 secuestrarme, cuando yo solo estaba cogiendo aire, esperando a mi novio, el que lleva mis cuentas y me protege. Un bote nuevecito, no un desgastado carcamal como usted.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento, cegado por una luz que incendiaba mi cerebro, camin\u00e9 hasta la platera, cog\u00ed el cuchillo m\u00e1s afilado que ten\u00edamos y lo levant\u00e9 delante de ella para asestarle siete severos cortes a los nudos que le ataban.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el port\u00f3n de mi casa vi a a mi antigua mujer alejarse apresurada, y, quiz\u00e1s al sentirse segura por la distancia, voltearse y colocar sus manos en meg\u00e1fono, para gritarme:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Gracias, viejo!, estuvo rico el desayuno. \u00a1Un d\u00eda de estos pasas a visitarme!<\/p>\n\n\n\n<p>No tuve otra opci\u00f3n que levantar mi brazo, para despedirla.<\/p>\n\n\n\n<p>Entrando a mi cuarto, que se ve\u00eda inmenso y desolado, medit\u00e9 la posibilidad de visitar esa misma noche a Colorina, porque ya empezaba a extra\u00f1arla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Farewell<\/h3>\n\n\n\n<p>Me manten\u00eda recto, muy firme, y en apariencia bastante tranquilo, mirando por la peque\u00f1a ventana; hasta que mi se\u00f1ora, percat\u00e1ndose de mi disimulada impaciencia, decidi\u00f3 abrir la puerta, para que empezasen a desfilar los invitados. Mi querida esposa, siempre adelant\u00e1ndose a mis deseos, se ech\u00f3 a un lado, para que todos pudiesen saludarme con la suficiente comodidad, en el orden en el cual iban present\u00e1ndose. La mayor\u00eda evitaba mirarme a los ojos, limit\u00e1ndose a inclinar la cabeza, en un leve y formal saludo. Algunos pocos luc\u00edan sinceros y se notaba en sus ademanes un aprecio real hacia mi persona. Yo casi no les prestaba atenci\u00f3n; ansioso, solo pendiente del arribo de una sola persona.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella, creo que con intenci\u00f3n, lleg\u00f3 a lo \u00faltimo, acompa\u00f1ada de su eterno pretendiente, el que se hab\u00eda hecho viejo esper\u00e1ndola. Aquello, no puedo negarlo, me molest\u00f3; pero ya que, ya no podr\u00eda hacer m\u00e1s nada sobre ese inc\u00f3modo asunto. \u00c9l hab\u00eda sido mi enemigo natural, al que hab\u00eda siempre derrotado, por lo menos hasta aquellos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando \u201cla pareja\u201d se acerc\u00f3 a m\u00ed, tambi\u00e9n lo hizo mi esposa, surgiendo la figura de un desequilibrado cuadril\u00e1tero amoroso, que de seguro fue lo que dio inicio a la ola de murmullos, que se pase\u00f3 a sus anchas por toda la abarrotada sala. Despu\u00e9s de terminado el inc\u00f3modo silencio entre los cuatro, mi esposa, como siempre tan amable y discreta, decidi\u00f3 alejarse, para darle cancha libre a su rival; y la otra, con algunos gestos sutiles, hizo que tambi\u00e9n su pretendiente se alejara. \u00c9l, en su eterno papel de perro faldero -no lo vi, pero lo supuse- se acerc\u00f3 a mi esposa, en un vano intento por equilibrar la balanza entre ambos; entre \u00e9l y mi persona, quise decir.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando al fin nos dejaron \u201csolos\u201d, pude notar que la exquisita dama me hab\u00eda complacido; puesto que en nuestra \u00faltima pl\u00e1tica le hab\u00eda pedido que la pr\u00f3xima vez se pusiese el hermoso vestido rojo, aquel que resaltaba el brillo dorado de la piel de sus omoplatos. Claro, ella lo llevaba puesto debajo de la vestimenta oscura, que se estilaba para estas reuniones tan formales; y me lo mostr\u00f3 cuando se inclin\u00f3 hacia m\u00ed, apartando con disimulo la gruesa solapa del abrigo negro; como para que yo comprobara que hasta lo \u00faltimo ella hubiese estado dispuesta a seguir mis instrucciones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa gata loca\u201d, como yo le llamaba en nuestra intimidad; tanto por los ara\u00f1azos, como por los ojos amarillos y sobre todo por su actitud irreverente ante la vida; empez\u00f3 a hablarme muy quedo, de tal forma que apenas necesitaba mover sus labios de pomarrosa. Me doli\u00f3 mucho, pero deb\u00ed entenderla, porque ella, al borde del sollozo, me anunci\u00f3 que solo ven\u00eda a despedirse, puesto que pr\u00f3ximamente se casar\u00eda con Ignacio; el \u00fanico hombre en este mundo dispuesto a comprometerse con una dama en tal condici\u00f3n, muy desgastada por el amor a otro, hacia precisamente el rival; aquel oscuro papel que hasta hac\u00eda poco tiempo tuve que representar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando ella se inclin\u00f3, para acercarse m\u00e1s a m\u00ed, lista para estamparme un beso en la boca; como siempre, en el m\u00e1s preciso de los momentos, reapareci\u00f3 mi se\u00f1ora, para cerrarle la puerta, casi estrell\u00e1ndola en sus altivas narices. Casi pude o\u00edr el aleteo del murmullo, que otra vez alz\u00f3 vuelo dentro de la apretujada sala.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de o\u00edr el anuncio de la boda, hab\u00eda empezado a dudar de su amor; pero asum\u00ed su sinceridad, cuando vi como dos de sus l\u00e1grimas volaban horizontalmente desde cada uno de sus apagados soles, para estrellarse contra la ventanilla de vidrio, y formar una \u00faltima imagen caleidosc\u00f3pica de su hermoso pero ahora deformado rostro. En ese justo momento todo se me hizo pr\u00edstinamente oscuro, entendiendo que todo hab\u00eda terminado; mucho m\u00e1s cuando el brusco cerrar de la puerta aliment\u00f3 tanto a la portentosa ola de rumores, que al final se qued\u00f3 encerrada, soplando tan fuerte dentro de la sala, obligando a que a los cuatro cirios que me rodeaban, terminasen de apagar sus ya moribundas flamas.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-luis-vasquez-silva-por-si-mismo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Colorina Todos sab\u00edamos que por esas horas se trastocaban dos mundos muy disimiles, y por eso me extra\u00f1o ver entre mi marcha apresurada, a una mujer erguida sobre una piedra, a la orilla del r\u00edo que pasaba al costado del camino. 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