{"id":14970,"date":"2025-01-04T14:24:00","date_gmt":"2025-01-04T18:54:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14970"},"modified":"2025-02-04T14:25:34","modified_gmt":"2025-02-04T18:55:34","slug":"el-fin-de-la-tristeza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-fin-de-la-tristeza\/","title":{"rendered":"El fin de la tristeza"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Alberto Barrera Tyszka<\/h4>\n\n\n\n<p>\u00bfNo te ha pasado que, de pronto, te cruzas con alguien desconocido, con alguien que no has visto nunca, y se miran y sientes algo especial, como si esa persona \u2014de la que no sabes nada\u2014 estuviera secretamente conectada contigo, como si pudiera llegar a ser alguien importante en tu vida?<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed comienza todo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la ma\u00f1ana, al salir del metro en la estaci\u00f3n Capitolio, tengo un presentimiento. No s\u00e9 exactamente qu\u00e9 es pero algo me empuja a cambiar la ruta que sigo todos los d\u00edas para llegar a la oficina. En vez de caminar como siempre por la avenida, giro en una esquina y&nbsp;voy por una calle lateral que, de forma paralela, recorre casi el mismo trayecto. Es un impulso irracional, inexplicable.<\/p>\n\n\n\n<p>La peque\u00f1a calle est\u00e1 casi vac\u00eda. A medida que voy caminando, sin embargo, comienzo a percibir a lo lejos una peque\u00f1a mancha. Unos pasos despu\u00e9s, la mancha se convierte en una danza m\u00e1s clara, en un movimiento que anuncia una silueta; luego se transforma en una figura, en un cuerpo con un pantal\u00f3n azul y una camisa blanca. Es una mujer con la piel de color madera y el cabello oscuro y corto. Cuando cruza junto a m\u00ed, veo un destello gris en medio de sus ojos. Y siento v\u00e9rtigo. Y me quedo sin aliento. Y me detengo.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy desconcertado. Lo que acaba de suceder es algo m\u00ednimo, imperceptible, y a la vez enorme e incontrolable.&nbsp; Una desconocida de una rara belleza, en mitad de una calle cualquiera, de pronto se convierte en una aparici\u00f3n sobrecogedora. \u00bfCu\u00e1nto tiempo puede haber durado este encuentro? \u00bfCu\u00e1ntos segundos?&nbsp; Siento que necesito llenarme de ox\u00edgeno. Como si el aire fuera algo f\u00edsico, s\u00f3lido; como si el aire pudiera sostenerme de pie. Espero un instante y luego ladeo un poco la cabeza y observo el tramo de calle que acabo de dejar atr\u00e1s: ah\u00ed est\u00e1 ella, todav\u00eda, alej\u00e1ndose. Y entonces vuelve a ocurrir: de repente, la mujer se detiene, voltea el rostro y me observa.<\/p>\n\n\n\n<p>Las dos miradas chocan en el aire y se deshacen. Caen sobre el asfalto.<\/p>\n\n\n\n<p>Inmediatamente, trato de disimular. Muevo mi torso, aparentando que que en realidad estoy mirando una tienda que vende televisores y aparatos de m\u00fasica. Espero unos momentos frente a esa vitrina donde brillan monitores de diferentes tama\u00f1os, colgados uno junto a otro, todos encendidos y sintonizados en el mismo canal.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, pronto, veo a mi psiquiatra.<\/p>\n\n\n\n<p>No me lo creo. Me parece ins\u00f3lito que la doctora Villalba aparezca en la televisi\u00f3n. Su imagen no se distingue con nitidez. Me acerco m\u00e1s. El escaparate de la tienda parece una enorme pecera muda, llena de pantallas que repiten todas la misma imagen. Una narradora habla con expresi\u00f3n grave, moviendo los labios secamente, como si partiera con ellos cada s\u00edlaba.&nbsp; Yo no puedo o\u00edr nada pero sigo con los ojos la transmisi\u00f3n. Mi terapeuta camina junto a dos oficiales vestidos de negro, uno de ellos carga en los brazos un arma larga. Ella tiene las manos juntas, es evidente que est\u00e1n esposadas. La leyenda que aparece en el generador de caracteres dice: <em>Detienen a la Doctora Suicidio<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Siento una l\u00ednea de fr\u00edo que cruza por dentro mi cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Hielos debajo de los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso: esta historia va a terminar mal.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando vuelvo a mirar hacia la calle, ya la mujer ha desaparecido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Llego apurado a la oficina. La noticia me ha dejado inseguro y nervioso. No puedo entender qu\u00e9 puede estar ocurriendo. Avanzo por el pasillo y entro a mi oficina r\u00e1pidamente, saludando apenas con peque\u00f1os movimientos de cabeza. Siento que no tengo control de mi cuerpo, que me muevo impulsado por una inquietud m\u00e1s fuerte y oscura que mi propia voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante casi toda la ma\u00f1ana no logro concentrarme, no puedo trabajar. Me pregunto si debo llamar al consultorio, hablar con la secretaria, tratar de saber qu\u00e9 sucede. Pero me frena el temor, no s\u00e9 si una llamada puede meterme en problemas. Tambi\u00e9n recuerdo a la desconocida con la que apenas me cruc\u00e9 en la calle. Nunca me hab\u00eda pasado algo as\u00ed. Recuerdo su figura, su vaiv\u00e9n, su mirada. Siento que entre ella y yo hay algo especial, que \u2014al mirarnos\u2014 ocurri\u00f3 algo, algo m\u00e1s que una simple mirada.<\/p>\n\n\n\n<p>Siento que estoy atrapado en el vaiv\u00e9n de esas dos im\u00e1genes. Una mujer con un resplandor gris en los ojos que, al cruzar a mi lado, me deja temblando sobre un precipicio invisible, y mi terapeuta, una mujer que inesperadamente aparece en el noticiero de la televisi\u00f3n como si fuera una criminal. La \u00fanica relaci\u00f3n que hay entre ambas es una peque\u00f1a casualidad. Si yo no hubiera seguido ese impulso indescifrable, si no hubiera decidido cambiar de ruta y caminar por una calle paralela, jam\u00e1s me hubiera cruzado con esa muchacha y, de la misma manera, si jam\u00e1s me hubiera cruzado con ella, probablemente tampoco nunca me habr\u00eda detenido frente a esa vitrina, no me habr\u00eda enterado as\u00ed de la detenci\u00f3n la doctora Villaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso: no hay que desesperarse buscando explicaciones que quiz\u00e1s no existen. la mayor\u00eda de las cosas que suceden en la vida no tienen una causa clara ni un origen coherente. La l\u00f3gica solo es una ficci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Natalia toca la puerta y, sin esperar una respuesta, entra y deja unos papeles sobre mi escritorio.&nbsp; Algo me cuenta de una nueva normativa, algo que suena muy aburrido, una frase que no llega a levantar el vuelo. La escucho lejanamente y permanezco ensimismado hasta que ella pone sus manos en la mesa y alza la voz y me pregunta qu\u00e9 pasa. Dudo por un instante si contarle o no la verdad. La conozco desde hace tiempo, no tengo motivos para desconfiar de ella, pero \u2013aun as\u00ed\u2014 no quiero arriesgarme. Decido que lo mejor es s\u00f3lo contar la mitad de mi experiencia. Y entonces le pregunto:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfNo te ha pasado que, de pronto, te cruzas con alguien desconocido, con alguien que no has visto nunca, y se miran y sientes algo especial, como si esa persona \u2014de la que no sabes nada\u2014 estuviera secretamente conectada contigo, como si pudiera llegar a ser alguien importante en tu vida?<\/p>\n\n\n\n<p>Natalia se queda unos segundos en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No. Nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece decepcionada, da media vuelta y sale de mi oficina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Llevo ya tres a\u00f1os trabajando en el Departamento del Archivo Principal de la Secretar\u00eda Central de Registros y Notar\u00edas. Seg\u00fan sus siglas, es la DAPSCRN. Es un nombre impronunciable y por eso todos se refieren a la instituci\u00f3n como El Archivo. Es el lugar a d\u00f3nde se remiten todos los documentos firmados y sellados en cada una de las notar\u00edas y registros p\u00fablicos. En el momento de su creaci\u00f3n, dijeron que ser\u00eda un gran centro de digitalizaci\u00f3n de toda la actividad legal del pa\u00eds. Era un proyecto moderno y ambicioso que, desde el inicio, fracas\u00f3 eficientemente. El presupuesto se perdi\u00f3 en tr\u00e1mites inexistentes, jam\u00e1s se adquirieron los equipos adecuados, no se contrat\u00f3 al personal especializado, y muy pronto El Archivo pas\u00f3 a convertirse en un inmenso dep\u00f3sito, poblado por cajas de cart\u00f3n llenas de documentos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aqu\u00ed los papeles se reproducen m\u00e1s r\u00e1pido que las polillas.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue la primera frase que escuch\u00e9 el d\u00eda que comenc\u00e9 a trabajar. Me la dijo mi supervisor, tras abrir la gruesa puerta de metal del \u00c1rea 5 y mostrarme el espacio, totalmente ocupado por hileras de estantes de metal cargados de cajas. Hab\u00eda conseguido el puesto gracias a una prima que ten\u00eda contactos en el Ministerio. Ella me avis\u00f3 que hab\u00eda una vacante en El Archivo, que el departamento de Recursos Humanos buscaba a un licenciado en bibliotecolog\u00eda. Yo hab\u00eda estudiado Geograf\u00eda pero necesitaba un trabajo. Mi prima me asegur\u00f3 que la carrera universitaria era un detalle menor. Me dijo que lo importante era que no hubiera un expediente en mi contra. T\u00fa nunca te has estado en l\u00edos, \u00bfverdad?, pregunt\u00f3. Estar en l\u00edos significaba:<\/p>\n\n\n\n<p>Votar en contra de.<\/p>\n\n\n\n<p>Asistir en marchas que se oponen a.<\/p>\n\n\n\n<p>Firmar remitidos denunciando que.<\/p>\n\n\n\n<p>Pertenecer a sindicatos independientes o a organizaciones civiles contrarias a.<\/p>\n\n\n\n<p>Respond\u00ed que no. Claro que no. Por supuesto que no. A la semana siguiente, empec\u00e9 a trabajar en El Archivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi primera tarea consisti\u00f3 en ordenar y clasificar documentos. Los criterios eran muy b\u00e1sicos: a\u00f1o de emisi\u00f3n y lugar de procedencia. Con el tiempo, logr\u00e9 ascender y convertirme en coordinador de sala. Me dieron una oficina y mi misi\u00f3n, entonces, consist\u00eda en vaciar en el sistema central de informaci\u00f3n los reportes diarios con el resumen de los documentos que ya hab\u00edan sido organizados y catalogados en las salas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es un buen ascenso \u2013me dijo el supervisor\u2013. El sueldo es mayor y, sobre todo, vas a tener menos contacto con el papel.<\/p>\n\n\n\n<p>El peligro del papel es un tema recurrente en El Archivo. Las especulaciones sobre las posibles consecuencias fatales, a causa del contacto permanente con la hojas, siempre est\u00e1n circulando entre todos los empleados.&nbsp; Una vez convocaron a una asamblea para informarnos sobre un tipo de hongos que, supuestamente, podr\u00edan invadir y habitar los pulmones de aquellas personas que pasan largas temporadas en dep\u00f3sitos llenos de documentos.&nbsp; Todo el mundo entr\u00f3 en p\u00e1nico. A m\u00ed, sin embargo, me preocupan m\u00e1s los dedos.&nbsp; Hay tambi\u00e9n una teor\u00eda que asegura que pasar tanto tiempo trabajando con papel, m\u00e1s temprano que tarde, termina borrando las huellas dactilares. Quedarse sin esos rasgos particulares, sin el relieve invisible que respira en la punta de los dedos, me parece incre\u00edble y aterrador. Siento que es una forma de perder mi identidad, mi cuerpo; una rara manera de comenzar a esfumarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez por eso, al salir del trabajo, siempre me siento agobiado y sucio. Esa sensaci\u00f3n ya forma parte de mi rutina cotidiana, es la extensi\u00f3n de la oficina sobre mi piel.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas llego a casa, me quito la ropa y voy directo al ba\u00f1o. No puedo retrasarme. En mi edificio s\u00f3lo hay agua de seis a siete. En la ma\u00f1ana y en la tarde, pero s\u00f3lo a esas horas.&nbsp; Todas las tardes me quedo unos minutos&nbsp;debajo de la regadera con la ilusi\u00f3n de que el agua lave los restos de todas las palabras muertas en tantos documentos in\u00fatiles.&nbsp; Miro hacia el piso, imaginando muchas letras desordenadas, arrastradas por el l\u00edquido, dando vueltas, girando alrededor del agujero del desag\u00fce.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hoy, cuando estoy bajo el agua, de repente vuelven a aparecer. Se cruzan las dos figuras. La muchacha con el destello gris en los ojos y&nbsp; la doctora Elena Villalba, cabizbaja y en sandalias, esposada.&nbsp; Ambas de pronto se juntan debajo de esa delgada lluvia. Siento que puedo tocarlas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cerrar la llave,&nbsp;todo se desvanece.<\/p>\n\n\n\n<p>Salgo de la regadera y me encuentro otra vez con la noticia.&nbsp; El peque\u00f1o espejo del gabinete del ba\u00f1o se transforma en una pantalla donde puedo ver una vez m\u00e1s la secuencia. Los dos oficiales que escoltan a mi psiquiatra me parecen ahora m\u00e1s fuertes, m\u00e1s grandes. Ella camina muy despacio.&nbsp; Sus manos est\u00e1n atadas por un lazo de metal que no se ve pero que se intuye perfectamente. Tiene la cabeza gacha aunque no parece estar avergonzada. Se mueve con una extra\u00f1a serenidad. Verla de nuevo me llena de angustia. Est\u00e1 demasiado serena, como si nada estuviera pasando. O como si todo lo que est\u00e1 pasando no le estuviera pasando a ella. Debajo de su figura, se dibuja sobre el vaho que nubla el espejo la misma leyenda que le\u00ed esta ma\u00f1ana: <em>Detienen a la Doctora Suicidio<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace tiempo, decid\u00ed dejar de ver los noticieros.&nbsp; No quer\u00eda&nbsp;tener ninguna relaci\u00f3n con la actualidad.&nbsp; Ya no me interesaba.&nbsp; Lleg\u00f3 un momento en que no soport\u00e9 m\u00e1s estar informado. No deseaba saber nada sobre la situaci\u00f3n del pa\u00eds o del mundo, sobre los conflictos pol\u00edticos, sobre las distintas formas de violencia, sobre las guerras, sobre las epidemias, sobre las diferentes e innumerables crisis de todo.&nbsp; Un d\u00eda, no recuerdo muy bien c\u00f3mo o por qu\u00e9, cu\u00e1l fue el detonante exacto, me hart\u00e9. Algo estall\u00f3 dentro de m\u00ed. Pero fue una explosi\u00f3n sin ruido, sin estampida y sin esquirlas. Me hart\u00e9 de vivir siempre excitado, alterado, persiguiendo informaciones, pendiente de aquello que en cualquier instante pod\u00eda ocurrir. Decid\u00ed comenzar a vivir conociendo lo menos posible del contexto, ignorando las circunstancias, obviando las coyunturas. A partir de ese momento, apagu\u00e9 cualquier v\u00ednculo con las noticias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Uno puede vivir sin la realidad\u2014 lo repito a cada rato.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00e9 de ver televisi\u00f3n, dej\u00e9 de escuchar radio, dej\u00e9 de usar mis cuentas en las redes sociales\u2026 No utilic\u00e9 m\u00e1s la computadora para enterarme de lo que suced\u00eda o no suced\u00eda en ning\u00fan lado.&nbsp; Al principio me cost\u00f3, no estaba acostumbrado, me sent\u00eda raro. Pero poco a poco fui adapt\u00e1ndome a la nueva forma de vida que hab\u00eda elegido, evitando continuamente contaminarme de actualidad. En las conversaciones con mis compa\u00f1eros de trabajo, si alguna vez surg\u00eda de pronto alg\u00fan tema noticioso, simplemente me hac\u00eda el tonto, pasaba de largo, sonre\u00eda sin decir nada, como si fuera un distra\u00eddo o un fr\u00edvolo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora s\u00e9 que puede perder toda esa tranquilidad. Las im\u00e1genes de mi terapueta ponen en peligro mi orden, amenazan con regresarme al pasado, a la estridencia apocal\u00edtica de un pa\u00eds lleno de \u00faltimas noticias, de hechos siempre urgentes, de tragedias que acaban de suceder o que est\u00e1n por venir. La realidad, de pronto, se cuela por una rendija inesperada y est\u00e1 otra vez demasiado cerca de m\u00ed, tan cerca que la encuentro en el espejo de mi ba\u00f1o. Me afeito sobre ella.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/barrera-tyszka\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Barrera Tyszka \u00bfNo te ha pasado que, de pronto, te cruzas con alguien desconocido, con alguien que no has visto nunca, y se miran y sientes algo especial, como si esa persona \u2014de la que no sabes nada\u2014 estuviera secretamente conectada contigo, como si pudiera llegar a ser alguien importante en tu vida? As\u00ed [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":14971,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14970"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14970"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14970\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14973,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14970\/revisions\/14973"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14971"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14970"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14970"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14970"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}