{"id":14964,"date":"2025-02-03T17:31:52","date_gmt":"2025-02-03T22:01:52","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14964"},"modified":"2025-02-03T17:31:52","modified_gmt":"2025-02-03T22:01:52","slug":"dona-ines-contra-el-olvido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dona-ines-contra-el-olvido\/","title":{"rendered":"Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ana Teresa Torres<\/h4>\n\n\n\n<p>PRIMERA PARTE 1715-1835<br>DO\u00d1A IN\u00c9S ENTRE MEMORIALES<br>(1715-1732)<\/p>\n\n\n\n<p>Mi vida fue atravesar ma\u00f1anas lentas, d\u00edas largos que el tiempo recorr\u00eda despacio, vigilar el trabajo de las esclavas, verlas barrer las lajas de los patios, dar lustre a las baldosas y azulejos que hice traer de Andaluc\u00eda, recoger las hojas sueltas del limonero y regar el guayabo del corral; bordar alg\u00fan punto de un mantel, o darme una vuelta por la cocina para probar la sopa y procurar que todo estuviera de acuerdo antes de que llegara Alejandro, y durante el almuerzo, preguntarle qu\u00e9 se hab\u00eda discutido en el cabildo, a c\u00f3mo estaban los precios del cacao o si se hab\u00eda hundido el barco que lo transportaba. Dormir despu\u00e9s una espaciosa siesta cuando el calor arrecia y disponerme para el obsequio de las visitas, dar \u00f3rdenes y estar atenta a la preparaci\u00f3n de las confituras y tisanas, servidas en los platos de porcelana y los vasos dorados que hice traer de Francia, esperar a que llegaran las se\u00f1oras, y despu\u00e9s que las esclavas las despojasen de las mantillas en el zagu\u00e1n, sentarme en la sala con mis hijas a sostener conversaci\u00f3n, interesarnos por la salud de los nuestros, lo fuerte de las lluvias del invierno, los maridos de viaje en las haciendas, las procesiones o la fiesta que el gobernador ofrec\u00eda para congraciarnos; y al acudir a la hora se\u00f1alada las esclavas con las mantillas en el cesto, despedirnos hasta muy pronto o hasta el domingo en catedral, donde nos encontr\u00e1bamos, las mantuanas, vestidas de negro y cubiertas por un manto, en se\u00f1al de nuestro privilegio, escoltadas por dos esclavas, una para espantar a los mendigos y otra para extender la alfombrilla en los secos ladrillos de la iglesia. Al anochecer, reunirnos todos, hijos y esclavos, a rezar el santo rosario en el oratorio, cenar callados, y mientras Alejandro revisaba las cuentas que le presentaba el mayordomo de la hacienda, y yo jugaba un solitario de cartas, los ni\u00f1os ya dorm\u00edan y se escuchaban los grillos en el patio.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora todos me han dejado sola. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n mis diez hijos nacidos de mis quince partos? Nicol\u00e1s, Alejandro, Mariana, Manuela, Antonio, Isabel, F\u00e9lix, Teresa, Jos\u00e9 Ram\u00f3n, Francisca. Ese llanto que se escucha \u00bfes de alguno de mis ni\u00f1os muertos? Diego, Catalina, Juan Jos\u00e9, Felipe, Sebasti\u00e1n. Todos me han dejado sola, Alejandro. S\u00f3lo me queda el rozar de unos papeles con otros, mientras busco los t\u00edtulos de composici\u00f3n que se me perdieron, los que confirm\u00f3 mi padre en 1663. \u00bfD\u00f3nde estaban esos t\u00edtulos? \u00bfD\u00f3nde han metido los legajos? No los encuentro en los escaparates de la alcoba, ni en el bargue\u00f1o de tu habitaci\u00f3n, ni escudri\u00f1ando las gavetas de mi c\u00f3moda, ni vaciando los hilos de mi costurero, ni hurgando en los resquicios de los arcones, ni husmeando debajo de las alfombras, ni al sacudir las cortinas de Damasco. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n, que ruedan y revolotean cientos de hojas por encima de mi cabeza y no logro dar con ellos? Reales c\u00e9dulas, reales decretos, provisiones y autos, despachos, cartas y sobrecartas, memoriales, escritos y alegatos. Papeles y m\u00e1s papeles, Alejandro, cu\u00e1nto han trabajado los escribanos, cu\u00e1nta tinta, cu\u00e1nto polvo almacenado; alg\u00fan d\u00eda vendr\u00e1n las ratas y se comer\u00e1n, golosas, estos fajos de pergamino, de las rendijas del enlosado saldr\u00e1n espantadas las cucarachas y dejar\u00e1n la mierda pegada de los bordes, aparecer\u00e1n por todas partes sus borrones oscuros, inconfundibles, y quedar\u00e1 manchada hasta la propia firma del rey. El tiempo, Alejandro, borrar\u00e1 mis querellas y desvanecer\u00e1 mis empe\u00f1os, pero yo quiero que mi voz permanezca porque todo lo he visto y escuchado, y seguir\u00e9 buscando mis t\u00edtulos, aunque me ahogue el polvo de los legajos y me asfixie esta monta\u00f1a de hojas viejas, aunque pierda los \u00faltimos rayos de luz en descifrar esta letra garrapateada y los postreros esfuerzos de mi memoria se diluyan en el intento de establecer con ellos una cronolog\u00eda, que venga el escribano y prepare su caja de tinteros, que moje la pluma y levante testimonio de mi memoria; quiero dictar mi historia desparramada entre mis recuerdos y documentos, porque en ellos se encuentra mi pasado y el de muchos, aqu\u00ed mil veces aparece mi nombre: In\u00e9s Villegas y Sol\u00f3rzano, y el tuyo: Alejandro Mart\u00ednez de Villegas y Blanco, y el tuyo: Juan del Rosario Villegas, que yo siempre acompa\u00f1o de la apostilla, mi liberto, para que lo sepas, para que no lo olvides ni siquiera muerto. Aqu\u00ed estoy, acostada en la cama desde donde llamo en vano a las esclavas para que acudan a cambiarla y saquen al sol las s\u00e1banas apestosas de orines; entre la ropa de hilo y las fundas de muselina, bajo las plumas de las almohadas, se esconden los papeles, duermo con ellos y apenas me despierto, los miro y reinicio la labor de desembrollarlos, hasta que finalmente, en alg\u00fan momento que no sabr\u00e9 si es una hora del d\u00eda o de la noche, habr\u00e9 culminado mi tarea y estar\u00e1n todos en orden.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 dices, Alejandro? Te escucho mal, h\u00e1blame m\u00e1s alto, sabes que estoy sorda y lo haces a prop\u00f3sito. \u00bfNo quieres que te oiga? \u00bfDe qu\u00e9 te r\u00edes? \u00bfQuieres decirme que yo, como mis t\u00edtulos, soy s\u00f3lo una hoja arrebatada por el tiempo y que estoy buscando unos papeles que \u00fanicamente servir\u00e1n para encender el fuego o limpiarme la mierda yo misma, porque las esclavas hace mucho que me han dejado sola? \u00bfQuieres decirme que es in\u00fatil que me agache y me doble el espinazo rastreando debajo de las camas, levantando las alfombras, hurgando en los resquicios de los escaparates y en las hendijas de los arcones, para encontrar la historia que he perdido? Pues, aun as\u00ed, me quedar\u00e9 peinando mis gre\u00f1as ralas y blancas, aguzando mis ojos oscurecidos, tembl\u00e1ndome las manos engurru\u00f1adas, a cuidar mi cad\u00e1ver para que no se desmorone en polvo, encerrada en este cuchitril que es ahora mi cuarto y del que no saldr\u00e9 hasta que haya yo quedado a mi vez convertida en un fantasma de papel.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora debo buscar mis t\u00edtulos, los nuestros, los que confirm\u00f3 mi padre en 1663, para componer mi historia. Pensar\u00e1s que no los encuentro porque tengo los ojos gastados, es poca la luz que me llega. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n mis espejuelos? No s\u00e9 d\u00f3nde los he dejado. Quiz\u00e1s deber\u00eda abrir las ventanas, no estoy muy segura si es de d\u00eda o si es de noche, me muevo en una penumbra que no me deja saber si amanece o anochece, y lo mismo puedo dormir durante la claridad que en la oscuridad, con los ojos abiertos o cerrados, y tanto me da si escucho las campanadas del Angelus al mediod\u00eda como al atardecer, ya que los postigos est\u00e1n cerrados para impedir que me ciegue la luminosidad o me perjudique el sereno. S\u00f3lo veo los mismos rostros, los mismos cuerpos, los mismos nombres de mi memoria, los siento y los huelo, me acompa\u00f1an, me acosan, no me dejan ni un momento quieta ni me permiten descansar. A veces creo que las sombras que me rodean esconden los papeles, conocen su lugar pero deliberadamente lo niegan para que yo siga eternamente busc\u00e1ndolos, pero no importa, triunfar\u00e9 sobre ellas, tengo todo el tiempo del mundo para entregarme a la b\u00fasqueda de mis t\u00edtulos. Levantar\u00e9 hasta la \u00faltima teja del techo y hasta la \u00faltima baldosa del piso, desencuadernar\u00e9 todas las puertas y desclavar\u00e9 todas las ventanas, arrancar\u00e9 todos los ladrillos y descolocar\u00e9 todas las columnas, y si es necesario, destrozar\u00e9 mi casa porque s\u00e9 que en alguna parte se hallan y estoy dispuesta a que lluevan todos los siglos hasta que aparezcan. El tiempo ha dejado de interesarme, no me inquietan ya sus movimientos, porque he muerto hace mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY d\u00f3nde est\u00e1s t\u00fa, Juan del Rosario? Te has escondido para que yo no te vea ocultarme los papeles. \u00bfHas vuelto, no es verdad, a quit\u00e1rmelos? Porque t\u00fa s\u00ed sabes d\u00f3nde est\u00e1n. \u00bfO me vas a negar que t\u00fa conoces mejor que yo los escondrijos de esta casa? \u00bfAcaso no naciste en ella o tengo ya mala memoria y no recuerdo que eres t\u00fa el ni\u00f1o que corretea atr\u00e1s en el patio de la servidumbre? \u00bfNo eres t\u00fa el que lleva el botij\u00f3n de agua a la cocina? \u00bfEl que se revuelca con los cochinos y persigue a las gallinas? \u00bfEl que se recuesta a la sombra del guayabo a jugar al trompo con mis hijos? Eres t\u00fa y lo sabes muy bien, no me mientas, negro mentiroso. Dile que no me mienta, Alejandro, \u00bfno fue acaso tu hijo? Tengo muy presente a la madre de este ni\u00f1o que me obligaste a tener de paje, la veo, como si fuera ahora, ponerte las cataplasmas, servirte las tisanas y sobarte la descompostura de la mano que te torciste al caer del caballo, la oigo rezar por las noches el Padre Nuestro al rev\u00e9s para invocar a Mandinga, esp\u00edo sus pasos en la cocina mientras las otras negras duermen, y dice all\u00ed sus ensalmes cuando prepara los bebedizos para amarrar voluntades. \u00bfCrees t\u00fa que no distingu\u00eda su voz cuando conversaba con las brujas? De nada me vali\u00f3 la Virgen de la Gu\u00eda que ten\u00eda encaramada en el caballete del tejado para espantarlas. Desde los doce a\u00f1os la encerraba de noche bajo llave, porque desde esa edad le reconoc\u00ed la malicia, y sin embargo se escapaba, encontraba la llave o Mandinga se la daba y abr\u00eda la cerradura. Ten\u00eda bien calada a tu madre, Juan del Rosario, \u00bfcrees t\u00fa que no sab\u00eda c\u00f3mo desafiaba todas las leyes y disposiciones y se saltaba a la torera cualquier norma, sin importarle que les estuviera prohibido el paso de noche a las sirvientas? Parec\u00eda que esperara todo el a\u00f1o a que fueran carnavales o fiestas de San Juan, y poco le hac\u00eda que el obispo Escalona hubiera condenado las vivas y artificiosas expresiones de libertad en juegos y bailes, y lazos de ambos sexos, contactos de manos y acciones descompuestas y deshonestas, y cuando honestas, indispuestas, siempre peligrosas. Sal\u00eda a mojar con bet\u00fan y harina a los transe\u00fantes, pero no eran los juegos de agua y pintura lo que le llamaba la atenci\u00f3n, no, qu\u00e9 va, lo que apetec\u00eda eran los bailecitos y retozos y los juegos de escondite. Se burlaba bien de las recomendaciones del comisario del Santo Oficio que muy claro hab\u00edan vetado las comedias y pandorgas, los fandangos y danzas, tanto en los despoblados como en los arrabales, y los paseos de im\u00e1genes de santos adornados y las supercher\u00edas en los velorios de los p\u00e1rvulos difuntos, donde todo eran solicitaciones deshonestas, adulterios, incestos, fornicaciones, desaf\u00edos, quimeras y otras consecuencias perniciosas. Pero ella, por m\u00e1s que la encerraba, no estaba sino pendiente de donde era el fandango y se la pasaba bailando y rocheleando.<\/p>\n\n\n\n<p>Hijo de gato caza rat\u00f3n. Te conozco a ti, Juan del Rosario, aunque te escondas por los rincones, te estoy viendo muy bien, aunque no veo ya casi nada, te huelo aunque est\u00e9s lejos y te escucho claramente la voz, a pesar de la sordera que hac\u00eda a las esclavas re\u00edrse de m\u00ed y fingir hablarme cuando s\u00f3lo musitaban remedos de palabras. Esa mancha blanca son tus dientes ri\u00e9ndose tambi\u00e9n. \u00bfQu\u00e9 edad tienes ahora, Juan del Rosario? Yo te veo que has cumplido los quince, o quiz\u00e1s los veinte, y vuelves de Barlovento, a donde te mand\u00f3 tu padre, siguiendo mi consejo porque yo misma le dije que no ten\u00edas habilidades de artesano y que aqu\u00ed en la casa acabar\u00edas de dom\u00e9stico sin oficio, y que te llevara a la hacienda, que con el tiempo ser\u00edas un buen mayordomo. Vuelves y andas regando que tu amo don Alejandro, tu amo y padrino de bautismo, te dijo que en el valle de Curiepe hab\u00eda muchas tierras realengas y sin desbrozar y que ni \u00e9l mismo conoc\u00eda bien los l\u00edmites de sus composiciones. \u00bfEs verdad eso, Alejandro, que t\u00fa le dijiste que se fuera con otros negros a desmontar el terreno y fundar una hacienda, y que el valle de Curiepe, despu\u00e9s de tu muerte, quedar\u00eda para ellos? No lo creo, Alejandro, dime si t\u00fa le hiciste esa promesa. Est\u00e1s muy equivocado, Juan del Rosario, si cre\u00edste en su palabra, patra\u00f1as y mentiras todo lo que alegaste en tus escritos. \u00bfQui\u00e9n te pod\u00eda creer esas f\u00e1bulas? \u00bfLa Audiencia de Santo Domingo? \u00bfLa de Santa Fe? \u00bfEl virrey? \u00a1C\u00f3mo ser\u00e1 de alzado un negro que le escribe al rey!, \u00bfno tuviste esa osad\u00eda? Aqu\u00ed est\u00e1 tu primer memorial suplicatorio de 1715, \u00bfquieres que te lo lea?<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2026y por parecerles a los dichos suplicantes con el celo y fervor que les alienta de leales vasallos, y ser muchos los morenos libres que nos hallamos sin tener donde poblar, ser\u00e1 de mucho reparo y freno para los enemigos, siendo servida Vuestra Majestad de darnos licencia para poner un pueblo en el sitio de la Sabana de Oro y puerto que es la ensenada de Higuerote\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed aparece tu nombre y tu t\u00edtulo: Capit\u00e1n de la Compa\u00f1\u00eda de Morenos Libres del Batall\u00f3n de Milicias de Caracas. \u00bfQui\u00e9n te concedi\u00f3 ese t\u00edtulo? S\u00f3lo a un loco y a un b\u00e1rbaro como Ca\u00f1as y Merino se le pod\u00eda haber ocurrido. \u00a1Vaya gobernador que te serviste en mandarnos, Felipe Quinto! Un rufi\u00e1n con la cara partida en dos de alg\u00fan golpe de alfanje que le dieron los moros en Or\u00e1n. \u00bfSabes cu\u00e1l era, Felipe Quinto, el solaz de sus horas libres, por cierto muchas, porque poca atenci\u00f3n le dispensaba al cabildo, en el odio e inquina que sent\u00eda por nosotros, los mantuanos? Pues no hall\u00f3 mejor diversi\u00f3n que amarrar cacerolas a las colas de los gatos y establecer carreras a caballo, para darles premios a quienes m\u00e1s gatos mataran a latigazos; y cuando no encontraba gatos arremet\u00eda con los pollos, enterr\u00e1ndolos y dej\u00e1ndoles s\u00f3lo la cabeza a la vista, para despu\u00e9s, montado y con la espada, irlos decapitando. As\u00ed se le pasaba el tiempo de gobernar los tant\u00edsimos problemas de la provincia de Venezuela, y luego, por las noches, calmaba sus rijosidades con las mulatas. Pero no te bast\u00f3 con eso, bandolero, tuviste la audacia de llevarte por la fuerza a una ni\u00f1a de casa principal y ensuciarla para siempre en las riberas del Guaire. Se nos agot\u00f3 la paciencia y lo devolvimos. Ca\u00f1as y Merino, no supe m\u00e1s de ti, pero conf\u00edo en que te hayan dado muerte en Espa\u00f1a o te hayas podrido en alguna c\u00e1rcel. Pues \u00e9se fue, nada m\u00e1s y nada menos, quien le concedi\u00f3 a mi paje y mi liberto, Juan del Rosario Villegas, el t\u00edtulo de Capit\u00e1n de los Morenos Libres. Otra cosa muy distinta la raz\u00f3n y tino de don Alberto de Bertodano, que tendi\u00f3 un ol\u00edmpico desprecio sobre ese rid\u00edculo memorial que ped\u00eda y pretend\u00eda fundarnos un pueblo en Curiepe, en las mism\u00edsimas narices de nuestra hacienda. \u00bfDe cu\u00e1ndo ac\u00e1 los negros fundan pueblos? Tanto Alejandro como yo somos, ambos y por igual, bisnietos de don Francisco Maldonado de Almend\u00e1riz, hijodalgo de Villacast\u00edn, y nietos del conquistador y capit\u00e1n don Pedro de Villegas, hijo de nada, pero fundador de varias ciudades en esta provincia, y hemos probado sobradamente nuestros servicios a la Corona y nuestra limpieza y m\u00e9rito de sangre para que aun as\u00ed tuvi\u00e9ramos que soportar la afrenta de ese gobernador contrabandista que fue Betancourt y Castro, a quien se le ocurri\u00f3 la peregrina idea de darle a Juan del Rosario licencia para reconocer las tierras y confirmaci\u00f3n del t\u00edtulo de Fundador Real que le otorg\u00f3 Ca\u00f1as y Merino. \u00bfReconocer qu\u00e9 y c\u00f3mo? Espera a que encuentre los t\u00edtulos, que de tanto guardarlos se me han perdido, pero estoy segura de poseerlos y puedo recitarlos de memoria. Dec\u00edan as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tengo y poseo unas tierras y valle nombrado Curiepe, que son dos leguas m\u00e1s arriba del Cabo de Codera en la ensenada que llaman de Higuerote.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo es verdad, Alejandro, que as\u00ed dec\u00edan los t\u00edtulos que le confirm\u00f3 Porras y Toledo a mi padre? Te estoy viendo, Alejandro, cuando saliste con mi cu\u00f1ado Francisco, para dirigirte al cabildo y llamar al despacho de Portales y Meneses, \u00bfno eras acaso alcalde ordinario?, y presentar un alegato en contra de ese negro alzado que no hac\u00eda otra cosa que enviar escritos a diestra y siniestra. \u00bfNo tuvo la desverg\u00fcenza de escribirle directamente al rey? Pues cu\u00e1nto menos era enviarle un nuevo memorial al virrey de Santa Fe. Muchas y bastantes veces te lo dije, Alejandro, que no confiaras en un virrey que demostr\u00f3 su insolencia al abusar de su poder y mand\u00f3 a quitarte el privilegio de alcalde y te amenaz\u00f3 con prisi\u00f3n, multa y embargo si no aceptabas a ese leguleyo de \u00c1lvarez de Abreu, que de tanto derecho que sab\u00eda, no se le ocurri\u00f3 otra cosa que darle nueva licencia a Juan del Rosario para que recogiera a cuanto negro arrochelado encontrase y se fueran a Curiepe a desmontar y desbrozar mis tierras. Todav\u00eda me parece escuchar sus voces y machetazos en el valle, sostenidos y amparados en que el virrey hab\u00eda le\u00eddo su memorial y erguidos en la idea de que Portales ten\u00eda que poner en ejecuci\u00f3n el despacho. Y all\u00ed se quedaron mientras Portales resolv\u00eda sus dudas, unas veces con nosotros, otras en contra. Se cre\u00eda Portales que pod\u00eda desconocer al cabildo as\u00ed como as\u00ed, qu\u00e9 equivocado, como era necesario que fuera preso, preso lo pusimos hasta que entrara en raz\u00f3n, y cuando fue entrando en ella, no le qued\u00f3 m\u00e1s remedio que quitarle a Juan del Rosario ese desatinado reconocimiento para celar el contrabando.<\/p>\n\n\n\n<p>No los encuentro, reviso y vac\u00edo las gavetas, me agacho debajo de las camas, levanto las alfombras y no veo los t\u00edtulos de composici\u00f3n, pero estaban, claro que estaban. Te veo muy bien, Alejandro, el d\u00eda que saliste con ellos a present\u00e1rselos de una vez por todas a Portales, a convencerlo de que deb\u00eda dar orden de lanzamiento al capit\u00e1n Juan Joseph de Espinosa para que acabara de demoler el pueblo y se trasladaran los negros a Caracas. Mentiroso, Juan del Rosario, te hiciste el loco y dijiste que estabas enfermo para no reconocer el auto, pero s\u00e9 muy bien que te escondieron tus secuaces, y por debajo de las \u00f3rdenes le dijiste a tus negros que acataran pero no cumpliesen, que a la larga ellos ganar\u00edan el pleito porque t\u00fa ibas a seguir escribiendo. Y despu\u00e9s que te llegaron reales c\u00e9dulas, te sentiste hinchado de orgullo y a punto de creer que nos hab\u00edas ganado la partida. C\u00e9dulas del rey a tu nombre, \u00a1d\u00edgame eso!, s\u00f3lo te faltaba pasearte por Caracas con paraguas y bast\u00f3n para creerte blanco. Pero mientras tanto los soldados de Espinosa cumplieron bien su misi\u00f3n y ardi\u00f3 el pueblo, las diecis\u00e9is casas se quemaron y cayeron en pedazos sobre las dos calles. Hasta iglesia hab\u00edas levantado, pues en tea se convirti\u00f3 la choza de bahareque y palma con cruz de palo, que encomendaste a la Virgen de Altagracia y a San Jos\u00e9 y San Juan. Negro mentiroso, \u00bfte iba a creer yo, que te conoc\u00ed desde ni\u00f1o, a ti y a tu madre, que ten\u00edas fe en la Virgen y en los santos? Esa patra\u00f1a s\u00f3lo pod\u00eda servir para convencer a sus Cat\u00f3licas Majestades de que t\u00fa y los otros negros estaban devotamente esperando las visitas del p\u00e1rroco de Capaya, pero ah\u00ed qued\u00f3, en cenizas, y terco como eras, le enviaste una nueva petici\u00f3n al gobernador, esta vez con auto de procurador, diciendo que los alcaldes desobedec\u00edan a las Audiencias, al virrey y al mismo rey; y como bast\u00f3 y sobr\u00f3 que los soldados de Espinosa abandonaran el lugar para que tus negros limpiaran los escombros y volvieran a alzar las casas, tuve que escribir otro alegato:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Y no obstante no han desistido y separ\u00e1dose, antes s\u00ed, volviendo a reedificar lo que se demoli\u00f3, se hallan contumaces con inobediencia notoria, rebeld\u00eda y desacato, con que como sublevados proceden sin respeto ni veneraci\u00f3n alguna.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfLo recuerdas? Lo tengo a mano, se han borrado algunas l\u00edneas o la falta de luz me impide leerlas de corrido, pero esc\u00fachame, aqu\u00ed dice:<\/p>\n\n\n\n<p><em>de la pretensi\u00f3n violenta del negro Juan del Rosario, mi paje y liberto de mi parte, quiso el sobredicho negro poblarse con algunos de su color, en mis propios predios. Para ello pidieron al Virrey les concediera el sitio de la Sabana de Oro, dos leguas distantes del valle de Curiepe, y cuando se pidi\u00f3 informe a este Gobierno, los negros se propasaron de hecho y contra derecho, sin nombrar ni haber nombrado el dicho valle de Curiepe, de donde m\u00e1s se verifica el despojo predicho, lo que indica su siniestra malicia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed m\u00e1s adelante vienen varios p\u00e1rrafos que no logro descifrar, pero me imagino que estar\u00eda explicando la insensatez de asentar, en un lugar tan distante de la vigilancia de las autoridades, un pueblo de negros de tan poca confianza, y termino pidiendo orden de correcci\u00f3n y captura, en castigo por no haber obedecido al auto de lanzamiento, porque despu\u00e9s de la quema ah\u00ed se quedaron las sesenta y seis personas, \u00bfsesenta y seis eran, no es verdad, Juan del Rosario?, que las tengo muy contadas de la matr\u00edcula del p\u00e1rroco de Capaya, a quien mandaste a sacar de mala manera, pensando que ven\u00eda de parte m\u00eda. Pues no era as\u00ed, fue cumpliendo su deber, y adem\u00e1s, \u00bfno te la pasabas llorando que no ten\u00edas iglesia y pomposamente bautizaste el caser\u00edo con el nombre de Nuestra Se\u00f1ora de Altagracia y San Joseph de la Nueva Sevilla de Curiepe? Capit\u00e1n Poblador, eso es lo que quer\u00edas ser, pero ya viste c\u00f3mo Portales te quit\u00f3 el nombramiento en cuanto vino agachadito de su prisi\u00f3n en Santa Fe, de la que no lo salvaron los gritos de ese santurr\u00f3n del obispo Escalona, que encima nos ten\u00eda obligados a poner nichos de santos en cada esquina y a rezar el rosario a cualquier hora, empe\u00f1ado como estaba en que la ciudad fuera convento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEse Portales fue el que se disfraz\u00f3 de fraile para refugiarse de la ira del cabildo? \u00a1Ah no!, era Lope Carrillo. Fueron tantos los gobernadores que conocimos que es dif\u00edcil llevar la seguidilla. \u00bfTe acuerdas de Lope Carrillo, Alejandro, o ya te hab\u00edas muerto? En vez de ocuparse de los problemas que nos aflig\u00edan, este tal don Lope, quien por cierto estuvo esperando m\u00e1s a\u00f1os que nadie la futura del cargo, en lo que toc\u00f3 tierra, cuadr\u00f3 pleito con todo el mundo. Vaya usted a saber por qu\u00e9 se le atraves\u00f3 entre ceja y ceja que los can\u00f3nigos no pod\u00edan usar quitasoles rojos o verdes para resguardarse de los ardores del sol, ni llevar caudatarios con sobrepellices y bonetes para alzarles las colas y as\u00ed protegerlas de las inmundicias de la calle, cuando hab\u00eda procesi\u00f3n. Pero aqu\u00ed a los can\u00f3nigos les molesta mucho el sol o son de mal car\u00e1cter, de modo que el Domingo de Ramos se arm\u00f3 un bochinche y la gente sal\u00eda a la calle m\u00e1s por los gritos que por los santos; intervino la guardia y dispersaron a los eclesi\u00e1sticos, que no se quedaron con \u00e9sa, hasta que le formaron expediente y tuvo que salir vestido de monje a La Guaira y sin que nadie le llevara la cola.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 te estaba hablando, Juan del Rosario?, se me va el hilo, perdida como estoy entre los memoriales. \u00bfCu\u00e1ntos escribimos? Uno t\u00fa, uno yo, otro t\u00fa, otro yo. No hubo instancia que dej\u00e1ramos quieta, nos escucharon los alcaldes del cabildo, los gobernadores, la Audiencia de Santa Fe, la Audiencia de Santo Domingo, el virrey del Nuevo Reino de Granada, y luego, como la culebra se mata por la cabeza, nos fuimos al Consejo de Indias y al mism\u00edsimo rey. Te ech\u00e9 mucho de menos cuando te moriste, tu terquedad y tu desaf\u00edo eran la medida de mi orgullo. \u00bfQu\u00e9 te pasa que no me contestas, por qu\u00e9 no oigo tu vozarr\u00f3n en el patio? En la soledad en que me encuentro me parece verte jugando por los corredores con mis hijos y me parece o\u00edrme, llam\u00e1ndote, mezclando en mi boca tu nombre con los suyos, para que vengas a tomar el chocolate de la merienda. Esos gritos que da Nicol\u00e1s son porque te ca\u00edste de lo alto del muro, tratando de alcanzar un nido de p\u00e1jaros, y soy yo la mujer que te limpia la herida y lleva al patio de la servidumbre cataplasmas de sal de higuera para bajarte la hinchaz\u00f3n. S\u00ed, mi paje y mi liberto, deber\u00edas recordar los d\u00edas de tu infancia, cuando temblabas de fiebre en unas viruelas y mand\u00e9 a traer al m\u00e9dico porque tem\u00ed por tu vida; y deber\u00edas recordar cuando le dije a tu padre, \u00bfno fuiste acaso su padre, Alejandro?, que no te vendiera porque Alejandrito y Nicol\u00e1s se divert\u00edan contigo. S\u00ed, mi paje y mi liberto, recordar\u00e1s tambi\u00e9n que cuando te manumit\u00ed hasta tu padre me reclam\u00f3 el disparate, que eras un buen mozo, dijo, y que val\u00edas no menos de trescientos pesos. S\u00ed, mi paje y mi liberto, deber\u00edas recordar el d\u00eda en que naciste y recog\u00ed en una s\u00e1bana tu pedazo de carne sucia de sangre y excrementos, y rode\u00e1ndote con ella, te lav\u00e9, te mostr\u00e9 delante de todo el mundo y te escog\u00ed el nombre. \u00a1Y as\u00ed me pagaste, negro alzado! diciendo que las tierras eran tuyas. \u00bfTuyas de qu\u00e9 y de cu\u00e1ndo? No tienes nada, me oyes, nada que yo no te haya dado. Nada que no provenga de mi generosidad y mi poder, negro andrajoso, desnudo te cargu\u00e9 en mis brazos el d\u00eda que naciste y hubiera podido ahogarte en el pozo de mi casa, sin remordimiento ni castigo; hasta me debes la madre, que negra m\u00e1s floja y falta de respeto no tuve nunca y m\u00e1s de una vez quise venderla y salir de ella, y no lo hice por l\u00e1stima de ti, por no dejarte hu\u00e9rfano, y consent\u00ed en la casucha que Alejandro quiso regalarle, m\u00e1s all\u00e1 de la quebrada del Anauco, para que tuvieras donde vivir cuando te fueras de mi casa, \u00bfpero que te ufanaras de tu padre, que le gritaras al mundo que esas tierras eran tuyas y que \u00e9l te las daba porque \u00e9sa era tu herencia?, eso, Juan del Rosario, no lo pude soportar. \u00bfDue\u00f1o de mi patrimonio?, \u00bfde tierras de merced?, \u00bfnieto de conquistadores?, \u00bfsembrador de pueblos? Si t\u00fa me hubieras rogado que te regalara un pedazo de mi hacienda, te lo hubiera dado, como te vest\u00ed con la ropa de mis hijos, como te ense\u00f1\u00e9 a leer y a escribir con sus maestros, como te dej\u00e9 esconderte entre mis sayas cuando llorabas por la noche, confundido de miedo a los fantasmas, pero \u00bfalzado con unos papeles y esgrimi\u00e9ndote en Fundador Real? No, as\u00ed no es la cosa, mi paje y mi liberto, as\u00ed me obligaste a demostrar qui\u00e9n ronca m\u00e1s fuerte y lograste enfurecerme por siglos. As\u00ed me consagr\u00e9 a querellarme contigo. \u00bfTe acuerdas de este escrito? Es la Real Provisi\u00f3n Compulsoria de la Real Audiencia de Santo Domingo de 1726. El procurador alega en tu favor que, de todo este pleito, es el m\u00e1s ofendido Su Majestad, porque el pueblo de Curiepe es de gran utilidad para la Corona, servir\u00e1 de defensa contra los piratas ingleses y ser\u00e1 basti\u00f3n para frenar el contrabando de los holandeses de Curazao, y sobre todo, refugio para tantos fieles vasallos que andan buscando la doctrina cristiana, porque parece ser que los negros de Curazao, los que llaman loangos, se vienen a estas costas porque quieren ser cristianos. Eso lo porfi\u00e9 en mi alegato: que de d\u00f3nde me iban a decir a m\u00ed que esos negros, que ni siquiera hab\u00edan nacido aqu\u00ed, eran fieles vasallos; se escapaban a Barlovento porque los espa\u00f1oles les d\u00e1bamos mejor trato, y adem\u00e1s tengo muy clara la composici\u00f3n de tu gente y conozco por sus nombres qui\u00e9nes eran criollos y qui\u00e9nes negros de mala entrada. T\u00fa mismo pagaste las consecuencias de haberte aliado con ellos porque no s\u00f3lo quisieron desplazar a los criollos, que fueron los que iniciaron este pleito, sino que hasta te quitaron unas tierritas que le dejaste a tu \u00fanica hija. Pues s\u00ed, en esta provisi\u00f3n la Audiencia de Santo Domingo pide que se le remitan los autos, que se mantengan los negros en su vecindad y que se multe a Portales por su mal comportamiento de haber quemado el pueblo. Mira, Portales, acertaste al embarcarte para Espa\u00f1a y en hacerlo precipitadamente, que no te fue muy bien por estas tierras. Adem\u00e1s, cuando lleg\u00f3 esa Real Provisi\u00f3n, que lo supe enseguida, no me daban traslado, con perjuicio para m\u00ed, porque no ibas a pensar, Juan del Rosario, que yo me iba a quedar sin procurador para contestar a la Audiencia. Esper\u00e9 dos a\u00f1os, y cuando lleg\u00f3 la sentencia, aqu\u00ed la tengo, de 1728, ped\u00ed revisi\u00f3n de la misma. \u00bfSabes qu\u00e9 me contestaron en Santo Domingo los oidores y fiscales?, que me devolvieron ciento diecisiete pesos y medio para pagarme las composiciones porque el valle de Curiepe nunca fue confirmado ni poblado. \u00a1Ciento diecisiete pesos y medio! \u00bfCon esa cantidad me quer\u00edas arreglar, Felipe Quinto? \u00bfPensabas que era blanca de orilla y vend\u00eda aceite en una pulper\u00eda? Estabas muy equivocado, mi rey y mi se\u00f1or, si cre\u00edste que este pleito era de los que se terminan con ciento diecisiete pesos y medio. Ped\u00ed que revisaran de nuevo la sentencia y segu\u00ed esperando; yo no me pod\u00eda quedar con \u00e9sas, Juan del Rosario, t\u00fa lo sabes muy bien porque me conoces. \u00bfNo te cri\u00e9 yo en mi casa y no fuiste mi paje? Esa zoquetada de que me pagaran las composiciones, con la que me mand\u00f3 a contentar la Real Audiencia, no colmaba ni mucho menos mi medida, as\u00ed que a los reales oidores les dije que no hab\u00edan o\u00eddo bien y como, por lo visto, era necesario que gritara m\u00e1s alto, recurr\u00ed al Consejo de Indias y entabl\u00e9 pleito en la Sala de Justicia. \u00bfQue era cosa de esperar? Pues a esperar, y en 1731, m\u00edrala aqu\u00ed, me lleg\u00f3 una Real C\u00e9dula como es debido, autoriz\u00e1ndome a un nuevo auto de lanzamiento. Ay, pero entonces me di de narices con Garc\u00eda de la Torre, que ya era bastante enemigo nuestro y en cuanto le dieron bast\u00f3n de mando corri\u00f3 a defender a la Compa\u00f1\u00eda Guipuzcoana. \u00bfCu\u00e1ntos doblones te pasaban al a\u00f1o para que establecieras ese monopolio? Unos dec\u00edan que mil, otros que dos mil. Tambi\u00e9n t\u00fa, Garc\u00eda de la Torre, me mandaste a esperar; que estabas muy afanado con la rebeli\u00f3n de los zambos de Andresote en Yaracuy, te excusaste, para estarte ocupando de mi auto de lanzamiento. Pues bien, yo espero, te contest\u00e9 entonces. Y mi espera fue para ti de mal ag\u00fcero porque, mira por donde, te acusaron de contrabando y te mandaron a Lardiz\u00e1bal como juez pesquisidor. Te pusiste en la cabeza todas las cartas reales y juraste obedecer a tu rey y a tu se\u00f1or, pero estabas perdido, Garc\u00eda de la Torre. Otro que visti\u00f3 de monje y se escondi\u00f3 en un convento hasta encontrar goleta que lo devolviera a Espa\u00f1a. Y t\u00fa, Lardiz\u00e1bal, mira que te lo dije, que esos negros t\u00fa no los conoces, que una cosa es quitarle el mando a un gobernador y otra arregl\u00e1rtelas con esta gente. Cuando entraste con tus hombres se fueron, haci\u00e9ndote creer que estaban asustados porque se acordaban de cuando Portales les quem\u00f3 las casas, pero no creas en ellos. Te lo dije y no me pusiste atenci\u00f3n, s\u00f3lo la tonter\u00eda que se te ocurri\u00f3 para tranquilizarlos: que les pagara las bienhechur\u00edas y dejara escritura de fianza, a lo que no hice ning\u00fan caso. Y mientras tanto, all\u00ed se quedaron en los alrededores, sembrando conucos y esperando a que me distrajera para encontrar mejor ocasi\u00f3n y volver. A\u00f1os de tregua en los que yo dej\u00e9 pasar el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00c9QUIEM<\/p>\n\n\n\n<p>Viene avanzando por la calle el sonido de la doble esquila. Bajo palio el sacerdote seguido de cuatro frailes y cuatro monaguillos alcanza la puerta de la casa, curiosos los vecinos abren las ventanas y se iluminan las antorchas a su paso. Se escuchan voces de \u00f3rdenes, de avisos y rezos que resuenan en las piedras de la calzada, y por el estrecho camino llegan los cofrades que invaden el zagu\u00e1n y el patio. Est\u00e1n los de las \u00c1nimas, los del Sant\u00edsimo, los de las Mercedes, los Trinitarios, los de El Carmen. Hace fr\u00edo en la ventana, la madrugada se transparenta y deja ver las sombras de sus h\u00e1bitos morados y marrones, blancos y azules, blancos y negros, h\u00e1bitos y velas que cantan seriamente acompa\u00f1ando al sacerdote, quien sobre la mesa del comedor da inicio al oficio de difuntos. Una bandada de mendicantes llora a gritos en la puerta y pide una limosna por su descanso eterno. \u00bfQu\u00e9 d\u00eda es hoy, Alejandro?, \u00bfes hoy el d\u00eda de tu muerte? Te veo en tu mejor traje, vestido con casaca de terciopelo negro abotonada en plata, la chupa de tafet\u00e1n aceitunado, los calzones de hol\u00e1n, los pu\u00f1os de encaje, el corbat\u00edn de gasa y las medias sevillanas con escarpines de breta\u00f1a y zapatos de cordob\u00e1n. Te veo extendido en la cama, a cada pilar un cirio, la sombra del dosel sobre tu rostro, transparente la piel y las venas de tu cabeza, la peluca entalcada bajo el tricornio bordado con plumas de garza y al cinto tu espada cubierta por la capa de estame\u00f1a orlada de alamares. En el interior de la casa los lloros se confunden en un sonido r\u00edtmico que de vez en cuando cesa, deja o\u00edr el responso y vuelve a su tono, mientras las mujeres trajinan en la cocina y los hombres hablan en el patio, sobrecogidos en la tibieza de la noche. Dos esclavos se adelantan y cargan el cuerpo ex\u00e1nime, lo depositan en la urna, la alzan y la llevan hasta el comedor donde aguardan el sacerdote, los frailes y los monaguillos. Las mujeres se cubren con sus mantos negros y una voz reza los Misterios de Dolor de la Pasi\u00f3n y Muerte de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Las esclavas cierran las ventanas a los curiosos que preguntan qui\u00e9n ha muerto y corren telas p\u00farpuras sobre los cuadros y los espejos, y despu\u00e9s, arrodilladas, siguen el rezo del rosario que durar\u00e1 hasta clarear la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>No quiero ver sobre la cama tu cuerpo desnudo cubierto por un liencillo, las piernas enflaquecidas abult\u00e1ndose debajo de las s\u00e1banas de hilo, ni a las esclavas cambi\u00e1ndote las compresas de agua fr\u00eda sobre la frente, ni a los esclavos incorporando tu cuerpo inerte, faj\u00e1ndote el ment\u00f3n, visti\u00e9ndote y cruzando sobre tu pecho las manos que sostienen la cruz. No quiero, Alejandro, que est\u00e9s en esa caja destapada, ni que te zarandeen en el aire. No quiero escuchar el responso ni los rezos, ni ver salir en doble fila a los cofrades, las hachas en la mano y la cabeza descubierta, ni quedarme aqu\u00ed sentada, rodeada de mis hijas y parientes, mientras mis hijos alzan tu urna y la comitiva de tu entierro enfila el paso hacia la catedral y se pierde en la lejana luz que alumbra la calle sola. No quiero, Alejandro, que te mueras. Eras bello, Alejandro, eras hermoso. \u00bfNunca te lo dije?, \u00bfno me estaba permitido, o no me atrev\u00ed? Pero s\u00ed, estoy segura de que alg\u00fan d\u00eda, en la penumbra de la madrugada, col\u00e1ndose el sol entre las cortinas con el fr\u00edo del \u00faltimo rasgo de la noche, me acerqu\u00e9 a ti y te dije que eras hermoso al sentir el calor amodorrado de tu piel. Me desagradaba encontrar en tu cuerpo el sudor de las negras, \u00bfpensabas que no me daba cuenta y dorm\u00eda cuando sal\u00edas de noche de nuestra habitaci\u00f3n y tocabas a la puerta de la servidumbre? \u00bfEras t\u00fa o era el demonio quien le abr\u00eda a la madre de Juan del Rosario el cerrojo que yo tan celosamente guardaba? Pero finalmente, poco importa, si confiesas que tambi\u00e9n en m\u00ed, bajo las s\u00e1banas de hilo, dejaste con ternura tu simiente entre mis piernas. \u00bfO era mentira? \u00bfS\u00f3lo amaste en m\u00ed la pureza del linaje, la cercan\u00eda del parentesco y la continuidad de las costumbres? Dime que no, no seas mezquino, dime que tambi\u00e9n mi cuerpo fue pasto de tu codicia y que yo tambi\u00e9n te tent\u00e9 a la sombra del guayabo. Fuimos ni\u00f1os, y jugando en los corredores del patio de la casa de mi padre, me pusiste la mano en el corpi\u00f1o y buscaste mis senos que apenas apuntaban. Fuimos primos y tu mirada me recorr\u00eda impune cuando almorz\u00e1bamos toda la familia reunida y tus pies rozaban los m\u00edos debajo de la mesa. Fuimos adolescentes y eran tus pasos los que se escuchaban al anochecer, cuando arrojabas piedras a mi ventana para verme una \u00faltima vez antes de alejarte. Si quieres puedes olvidarlo, pero no podr\u00e1s despojarme de mi memoria ni del aliento de tu piel cuando nos casamos en catedral y esa noche conoc\u00ed tu fuerza y tu ardor. \u00bfCu\u00e1ntos d\u00edas han pasado desde entonces, Alejandro? Encerrada en esta habitaci\u00f3n, gastando la poca luz que me queda en escudri\u00f1ar mis papeles, condenada a no escuchar sino el desplomarse de la lluvia en el aguacero, creo que pas\u00f3 el d\u00eda de mi propia muerte sin yo saberlo. \u00bfSer\u00e1 eso posible? Cuando t\u00fa te moriste, \u00bffue saber que te mor\u00edas o s\u00f3lo vestirte con casaca de seda fina y dejarte balancear por las manos de los esclavos que te amortajaban? Quisiera que alguien me hablara en este silencio. T\u00fa tambi\u00e9n me has dejado sola, Alejandro, y t\u00fa, Juan del Rosario, contrad\u00edceme, disp\u00fatame. Cada vez que le\u00eda un auto tuyo me encontraba a m\u00ed misma, a cada nueva pretensi\u00f3n que se te ocurr\u00eda, m\u00e1s me afirmaba, a cada anhelo que consignaste, m\u00e1s me opuse, a cada derecho que me combatiste, m\u00e1s encontr\u00e9 mi raz\u00f3n, a cada pedazo de tierra que quisiste ocupar, m\u00e1s me enterr\u00e9 en mi posesi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 es eso que escucho? Son las campanas de mi vi\u00e1tico. \u00bfQui\u00e9n sin mi permiso le ha avisado al cura? Ser\u00e1n las esclavas que tratan de hacerme creer que estoy muerta para que me deje llevar, deseando como est\u00e1n que yo me muera para salir a bailar y a celebrar. \u00bfPor qu\u00e9 no usan su derecho a ponerse en venta y buscar nuevo due\u00f1o? Ninguna lo hace, prefieren quedarse aqu\u00ed, donde ya no les doy ning\u00fan trabajo, aunque es verdad que a veces les toco la campanilla a medianoche para que preparen dulces y tortas, perdida como estoy en mis pensamientos, sin saber si es de d\u00eda o si es de noche, sentada entre los papeles, en camis\u00f3n de seda negro, las u\u00f1as tan largas como un gavil\u00e1n porque no dejo que nadie las corte, y el pelo como un manto blanco y deshilachado porque no dejo que nadie lo recoja. Me toco los brazos y me falta luz para distinguir si son ramas secas de \u00e1rbol o corcho que parece duro y se desmigaja. Me toco los ojos y no s\u00e9 si las sombras que apenas alcanzo a sospechar son los cuerpos que ocupan esta habitaci\u00f3n o es ya s\u00f3lo una penumbra interior y he dejado de mirar hacia afuera para siempre. Me toco las orejas para poder diferenciar si el ruido que me llega es el rumor de mi propio cuerpo o es el agua golpeando la ventana. \u00bfSer\u00e1 que todo el tiempo ha pasado, Alejandro, y no nos hemos dado cuenta? \u00bfQu\u00e9 d\u00eda es hoy? Hoy venden las bulas de muertos y debo acudir a la iglesia de las monjas Concepciones, vengan ligero las esclavas a vestirme. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n que no me traen la saya y el corpi\u00f1o?, que vengan para que me ajusten el apretador de tafet\u00e1n y me pongan la casaquilla de seda negra, me alcancen mis fustanes y el tapapi\u00e9s de raso de Toledo, el de las flores negras y blancas, que hoy es d\u00eda de luto, y me cubran la cabeza con la mantilla de terciopelo guarnecido en cuchillejo de plata y me adornen la montera con plumas de pato negro. \u00a1Pronto, mis chinelas, los guantes y el abanico!, que las moscas de la calle se me vendr\u00e1n encima si no las espanto, \u00a1que se apuren esas flojas, venga la silla de mano! No puedo perder un minuto, a las nueve en punto salen las autoridades de la plaza Mayor a la capilla de las monjas. \u00bfQu\u00e9 hora es? Me falta tiempo, ya est\u00e1n recogiendo los paquetes de las bulas y va saliendo la procesi\u00f3n por las calles hasta llegar a la catedral. Quiero comprarte una bula, Alejandro, y quiero que en ella inscriban tu nombre para que te den paso las puertas del Para\u00edso; a pesar de tus muchos pecados, que el Se\u00f1or tenga piedad de tu alma y te conceda el descanso eterno, que perdone tus faltas y borre tus desaciertos. \u00bfSe r\u00eden de m\u00ed las esclavas porque las llamo a gritos para que se apuren porque salimos en procesi\u00f3n?, \u00bfo eres t\u00fa quien se r\u00ede, Juan del Rosario? En esta soledad, las voces de mi memoria se confunden y la \u00fanica coherencia que me gu\u00eda es la cronolog\u00eda de mi litigio. Pero, \u00bfqu\u00e9 te pasa que no me contestas? \u00bfNo te ense\u00f1\u00e9 a acudir al sonido de mi voz? \u00bfNo te dijo tu padre que ser\u00edas mi paje y me obedecer\u00edas siempre? \u00bfY por qu\u00e9 no vienes ahora? \u00a1\u00d3yeme, Juan del Rosario, que te estoy hablando! No escucho tu vozarr\u00f3n en el patio, jugando con Alejandrito y Nicol\u00e1s, y escucho en cambio los cumacos y las minas, los tambores y las curbetas de los negros que te est\u00e1n llorando, todos ah\u00edtos de aguardiente, pidi\u00e9ndole a San Juan alimento y salud, buena lluvia y sol a tiempo, ligereza para la huida y resistencia ante la ira. Est\u00e1n rogando por ti, para que desde los cielos los sigas protegiendo. Te has muerto, Juan del Rosario. Est\u00e1 saliendo la cofrad\u00eda de negros, la de San Juan que fundaron los tar\u00eds, a la que pagaste los siete pesos y cuatro reales para ser hermano redimido y contar as\u00ed, en la hora de tu muerte, con ata\u00fad y oficios y acompa\u00f1amiento solemne. Est\u00e1 pasando por la calle y de vez en cuando tocan la esquila, nadie los sigue, nadie pide limosna, nadie pregunta qui\u00e9n ha muerto, van de noche y en silencio a darte sepultura en la iglesia de San Mauricio, y oigo desde mi ventana la breve campana que anuncia tu entierro. Yo no dese\u00e9 tu muerte como t\u00fa tampoco la m\u00eda, nos quer\u00edamos vivos, acech\u00e1ndonos sin descanso, husme\u00e1ndonos frente a frente. Ahora Curiepe quedar\u00e1 desierto en un largo silencio en el que permanecer\u00e1n las casas de bahareque, pero sin un alma, all\u00ed estar\u00e1 la iglesia con cura capell\u00e1n, pero sin un cuerpo que se arrodille en el suelo de tierra. Pareciera que el pueblo ha muerto, desaparecido contigo. La tregua no durar\u00e1 mucho, te gustar\u00e1 saber que me volvieron las ganas de escribir, t\u00fa lo comprendes, si hubieras estado vivo no les habr\u00edamos dado paz a las Audiencias durante estos a\u00f1os que quedaron en blanco. En 1742 volv\u00ed a ocurrir al rey, t\u00fa tambi\u00e9n te hab\u00edas puesto viejo ya, Felipe Quinto, y me lleg\u00f3 Real C\u00e9dula a mi favor, pero \u00e9sa no la le\u00edste t\u00fa, Juan del Rosario, ni t\u00fa, Alejandro. Empezaron este pleito conmigo y se quedaron dormidos. Ati\u00e9ndanme, que estoy asentando mi cr\u00f3nica.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ana-teresa-torres-semblanza\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a> <\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Teresa Torres PRIMERA PARTE 1715-1835DO\u00d1A IN\u00c9S ENTRE MEMORIALES(1715-1732) Mi vida fue atravesar ma\u00f1anas lentas, d\u00edas largos que el tiempo recorr\u00eda despacio, vigilar el trabajo de las esclavas, verlas barrer las lajas de los patios, dar lustre a las baldosas y azulejos que hice traer de Andaluc\u00eda, recoger las hojas sueltas del limonero y regar [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":14965,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14964"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14964"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14964\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14966,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14964\/revisions\/14966"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14965"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14964"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14964"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14964"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}