{"id":14939,"date":"2025-01-03T13:30:00","date_gmt":"2025-01-03T18:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14939"},"modified":"2025-02-03T13:36:25","modified_gmt":"2025-02-03T18:06:25","slug":"casas-muertas-de-miguel-otero-silva-entre-los-miedos-y-el-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/casas-muertas-de-miguel-otero-silva-entre-los-miedos-y-el-silencio\/","title":{"rendered":"\u00abCasas muertas\u00bb de Miguel Otero Silva: entre los miedos y el silencio"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por Deisy Manzanillo<\/h4>\n\n\n\n<p>El fil\u00f3sofo, pol\u00edtico y orador Cicer\u00f3n dijo: -\u00abNo saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente ni\u00f1os\u00bb-, palabras ciertas para volver la mirada a la lectura de la novela&nbsp;<strong>Casas muertas<\/strong>&nbsp;(1955), obra fundamental en la&nbsp;<strong>literatura venezolana<\/strong>. Su contenido ha perdurado en el tiempo para reflexionar y redescubrir algunos de los temas que afloran en esa historia que marcaron el devenir de un pueblo, como son los miedos al abandono, al autoritarismo, al caudillismo, a la muerte misma y el resultante silencio de lo que se piensa, se calla y se olvida \u2026<\/p>\n\n\n\n<p>En esta\u00a0novela,\u00a0<strong>Miguel Otero Silva\u00a0<\/strong>(1908 \u2013 1985), periodista, novelista, escritor, humorista y pol\u00edtico venezolano, quien estuvo vehemente comprometido con el acontecer pol\u00edtico y social de su pa\u00eds, percibe su corpus narrativo apoyado en aspectos de contenido social, referencias hist\u00f3ricas, s\u00edmbolos culturales y naturales y de manera ecl\u00e9ctica manifiesta el momento hist\u00f3rico que vivi\u00f3. Es una narrativa inscrita entre lo realista, modernista y con un alto contenido de criollismo venezolano, al recrear las inquietudes de una cultura, sus paisajes, sus hombres y acentuando la cr\u00edtica moral, social y pol\u00edtica de la \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ortiz, el pueblo y su decadencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Casas muertas, met\u00e1fora de decadencia, es un entramado de historias de vida de un pueblo agr\u00edcola llamado Ortiz, ubicado en el Estado Gu\u00e1rico, coraz\u00f3n del Llano venezolano, parte central de Venezuela. Durante d\u00e9cadas, Ortiz fue considerada \u00abla flor de los Llanos\u00bb por su bonanza y esplendor en su econom\u00eda y puerta de entrada y salida tanto para los colonizadores espa\u00f1oles como para los nativos; sin embargo, en los albores del siglo XX la poblaci\u00f3n comenz\u00f3 a sufrir de epidemias, aunado a la larga dictadura del general Juan Vicente G\u00f3mez y a la guerra civil instaurada. Todo esto coincide con el desarrollo de la industria petrolera venezolana, la cual tuvo un impacto directo en el \u00e9xodo rural de la poblaci\u00f3n a las ciudades principales y a las zonas petroleras.<\/p>\n\n\n\n<p>La tragedia de Ortiz se afianza con las lluvias que trajo consigo la fiebre amarilla, el paludismo, la hematuria, el hambre y la miseria: \u00abLa salida de aguas arroj\u00f3 sobre Ortiz y sobre Parapara, sobre todos los caser\u00edos contiguos, una implacable marea de fiebre y muerte que amenaz\u00f3 con borrar para siempre el rastro de aquellos pueblos.\u00bb (1975 : 68).<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las historias en la narrativa convergen en el decaimiento del pueblo, y por ende, en el de sus casas y sus pobladores; ya sea, por muerte de sus habitantes o porque ellos hu\u00edan atemorizados buscando salvarse del inevitable destino. As\u00ed, Ortiz, de pueblo pr\u00f3spero se fue derrumbando poco a poco, por un lado, por el abandono y el olvido de los gobernantes de la \u00e9poca que no aplicaron una pol\u00edtica de salud ambiental ni incentivaron la econom\u00eda rural, y, por el otro, por la fuerza natural de las lluvias que trajeron enfermedades dejando vestigios de ruinas y espantos.<\/p>\n\n\n\n<p>Se recuerda a \u00abLuvina\u00bb (Juan Rulfo, 1953), a su tristeza y desolaci\u00f3n: -\u00abUn lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y ya no hay ni quien le ladre al silencio \u2026 sino el silencio que hay en todas las soledades\u00bb. En ambos poblados el ambiente interviene directamente en el sentir y las acciones de los personajes: las casas destruidas, los miedos, el silencio de los afectados, el conformismo, y, por supuesto, la muerte y el espanto rondando al mejor estilo de un pueblo fantasma.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los personajes<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Carmen Rosa Villena<\/strong>, personaje principal, so\u00f1adora e inteligente, amante de las plantas, las flores y sus frutos, s\u00edmbolos de vida y grandeza, representa la fuerza que le transmiten las plantas, la naturaleza viva. Acaba de perder a su amor Sebasti\u00e1n, el fuerte, el l\u00edder, invulnerable como el tamarindo, el so\u00f1ador de libertades. \u00c9l es personificado, entre los pocos que quisieron levantar su voz, como el h\u00e9roe posible; se apag\u00f3 como las l\u00e1mparas que alumbraban el pueblo, \u00bfqu\u00e9 pod\u00edan esperar los dem\u00e1s?. Con Sebasti\u00e1n desaparec\u00eda la esperanza de luchar contra los males que ahogaban a la poblaci\u00f3n. Su muerte agranda los miedos y el silencio de sobrevivir en Ortiz. Sebasti\u00e1n reflexionaba en secreto: \u2013 \u00abNo es posible soportar m\u00e1s. A este pa\u00eds se lo han cogido cuatro b\u00e1rbaros, veinte b\u00e1rbaros, a punta de lanza y l\u00e1tigo \u2026 \u00bb (1975: 50), pero la muerte lo abraz\u00f3 muy temprano y con \u00e9l acabaron los sue\u00f1os de otros de luchar por la justicia:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Esa ma\u00f1ana enterraron a Sebasti\u00e1n. El padre Pern\u00eda, que tanto afecto le profes\u00f3, se hab\u00eda puesto la sotana menos zurcida, la de visitar al Obispo, y el manteo y el bonete de las grandes ocasiones. Un entierro no era un acontecimiento inusitado en Ortiz. Por el contrario, ya el tanto arrastrarse de las alpargatas hab\u00eda extinguido definitivamente la hierba del camino que conduc\u00eda al cementerio, y los perros segu\u00edan con rutinaria mansedumbre a quienes cargaban la urna o les preced\u00edan se\u00f1alando la ruta mil veces transitada. (\u2026)&nbsp;<\/em>(1975:2)<\/p>\n\n\n\n<p>Otros personajes arquetipos y voces en la narrativa fueron: la Srta. Berenice, la maestra del pueblo, responsable de fomentar las luces y las letras en Carmen Rosa; el Sr. Cartaya, conocedor y contador de las memorias del pueblo, \u00e9l nos ubica en el espacio y tiempo al historiar las vicisitudes de Ortiz y del pa\u00eds: \u00ab-La \u00faltima gran fiesta de Ortiz -precisaba el viejo Cartaya- fue en el 91, cuando Andueza preparaba el continuismo. \u2026 y lo festej\u00f3 con bailes y terneras que hicieron \u00e9poca.-\u00bb (1975: 13); do\u00f1a Carmelita, mam\u00e1 de Carmen Rosa, emprendedora y valiente; el compadre Feliciano, otro h\u00e9roe an\u00f3nimo, pero tuvo que huir para no ser arrestado; el padre Pern\u00eda; el coronel Cubillos, jefe civil, el antih\u00e9roe del pueblo y de sus valores y la valiente Petra Socorro quien desaf\u00edo el poder del jefe civil al no permitirle sus deseos varoniles a la fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las tradiciones y los s\u00edmbolos de Ortiz<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No todo es negativo en la narrativa. Pues el autor, de manera po\u00e9tica, retrata los s\u00edmbolos de vida de la nost\u00e1lgica \u00abflor de los Llanos\u00bb al describir el jard\u00edn que Carmen Rosa cuidaba con amor. Probablemente, aqu\u00ed se contrasta los signos de vidas versus la destrucci\u00f3n del pueblo en esa tierra desolada y abandonada donde Carmen Rosa vivi\u00f3 y cuyas historias oy\u00f3 desde ni\u00f1a:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abEl patio era el m\u00e1s hermoso de Ortiz, posiblemente el \u00fanico patio hermoso de Ortiz. En sembrarlo, en cuidarlo, en hacerlo florecer hab\u00eda empecinado Carmen Rosa su fibra juvenil, tercamente afanada en construir algo mientras a su alrededor todo se destru\u00eda\u00bb&nbsp;<\/em>(1975: 5)<\/p>\n\n\n\n<p>Con igual destreza, el autor exalta los valores de la sociedad rural, las tradiciones del pueblo como las fiestas de Santos y procesiones, la m\u00fasica, la iglesia y el r\u00edo Paya que bordeaba la ciudad y que los personajes recrean con nostalgia. Simult\u00e1neamente, el narrador revela los s\u00edmbolos que usurpan o que se apropian de la vida y el espacio de los pobladores de Ortiz, como lo son: el paisaje llanero, tierra abierta y desolada, el calor, las lluvias, todos ellos connotan abandono, desesperanza, enfermedades, estela de muerte y destrucci\u00f3n a su paso:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Las plantas del patio, que recibieron alegremente las primeras lluvias, sufr\u00edan ahora la furia asoladora del llover sin acabar. Se doblegaron mustias las cayenas, se desnud\u00f3 de blanco el jazminero, \u2026, se fugaron en busca de azul los arrendajos y los turpiales. Entre los charcos del jard\u00edn nacieron deformes sapos terrosos (\u2026)<\/em>\u00a0(1975: 64)<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El tiempo y el narrador<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La singularidad del inicio, un entierro, nos anuncia un mal presagio en el presente. El tiempo en Casas muertas es llevado de manera circular, inicia con el final y regresa al inicio, con el entierro de Sebasti\u00e1n y el \u00e9xodo de Carmen Rosa; de manera, c\u00edclica como la historia, como la vida: pueblos que mueren, pueblos que nacen \u2026 El tiempo pasado es el referente de la vida de los pobladores, el presente y el futuro no se vislumbraban: \u00abHacia adelante no esperaba sino la fiebre, la muerte y el gamelote del cementerio\u00bb (1975: 8).<\/p>\n\n\n\n<p>El narrador omnisciente nos habla a trav\u00e9s de las voces de sus personajes, un poco ficci\u00f3n y otro rato realidad, al apoyarse en las referencias hist\u00f3ricas y personajes reales que pudieron guiarnos en informaci\u00f3n: -\u00bfVan para El Sombrero? -pregunt\u00f3 la se\u00f1orita Berenice.-Vamos hasta donde podamos -respondi\u00f3 la madre-. Mi hijo es estudiante y est\u00e1 preso en Palenque, \u2026 Vamos a ver si logramos verlo, a preguntar si todav\u00eda est\u00e1 vivo. (1975: 55)<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los Miedos y el silencio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Bien, pues, en Casas muertas asistimos a los miedos y al silencio simult\u00e1neo que ahogan y queman la piel. El miedo al poder y sus represalias, el miedo al entorno de pestes y hambre que diezmaban la vida humana en ese peque\u00f1o pueblo. Ya nadie se quejaba, sus lamentos silenciosos eran los compa\u00f1eros inevitables, el mecanismo de resistencia que oculta y reprime la sensibilidad, el sentido cr\u00edtico y empeque\u00f1ecen la acci\u00f3n. Ese silencio, igualmente, se observaba en los cientos de prisioneros que protestaban por una mejor vida, y quienes eran llevados a la c\u00e1rcel del Palenque, cerca de Ortiz, para acallar sus protestas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tan solo vislumbraron el destino que les aguardaba cuando el autob\u00fas abandon\u00f3 la carretera que iba en busca del mar y torci\u00f3 bruscamente hacia los Llanos. Entonces uno de ellos dijo simplemente: -Este es el camino de Palenque. Los dem\u00e1s comprendieron y callaron.<\/em>&nbsp;(1975: 46)<\/p>\n\n\n\n<p>Mas, sin embargo, a pesar de las muertes, hambre y desesperanza, en paralelo, se destacan la fuerza y valent\u00eda de las mujeres que no sucumbieron frente a las circunstancias. Ellas no terminaron como s\u00edmbolos de ignorancia y miedo sino como protagonistas testigos de un pasado que buscaron cambiar. Muestra de esta fortaleza se representa en Carmen Rosa, la Srta. Berenice y Petra Socorro.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El despertar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, despu\u00e9s de la muerte de Sebasti\u00e1n y de muchos otros pobladores, Carmen Rosa, cuando vio que todo se hab\u00eda acabado, cuando ya su jard\u00edn mor\u00eda, busc\u00f3 la ruta de escapar para no sucumbir como los dem\u00e1s. De esta forma, ella, su mam\u00e1 y el fiel servidor Olegario partieron hacia la nueva naciente ciudad petrolera. Los pocos pobladores que quedaron no pudieron deslindarse de los recuerdos o no pudieron levantarse y prefirieron seguir siendo arrastrados por los miedos y el silencio:<\/p>\n\n\n\n<p>En aquel mediod\u00eda caliente y sordo se percib\u00eda m\u00e1s hondamente la yerma desolaci\u00f3n de Ortiz, el sobrecogedor mensaje de sus despojos. No transitaba un ser humano por las calles, ni se refugiaba tampoco entre los muros desgarrados de las casas, cual si todos hubiesen escapado aterrados ante el estallido cataclismo, ante la maldici\u00f3n de un Dios cruel. Apenas, desde un rancho miserable, llegaba el estertor de un hombre que sudaba su fiebre agarrotado \u2026 A su alrededor volaban sosegadamente las moscas, moscas verdes, gordas, \u2026 \u00fanica revelaci\u00f3n de vida entre los terrones de las casas muertas. Cuando el cami\u00f3n pas\u00f3 frente a la \u00faltima pared tumbada y enfil\u00f3 hacia la sabana parda, dijo do\u00f1a Carmelita: -\u00a1Qu\u00e9 espanto, Dios m\u00edo! (1975: 86)<\/p>\n\n\n\n<p>Y he aqu\u00ed las v\u00edctimas de la avaricia, de los desmanes, la crueldad y del falso progreso centralizado en las grandes ciudades; mientras la vida de los pueblos van decayendo por pol\u00edticas desiguales y sin planificaci\u00f3n que solo van dejando casas muertas, muertes, v\u00edctimas y el desarraigo de las poblaciones que sobreviven.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, las historias vuelven a repetirse. Parafraseando el pensamiento de Cicer\u00f3n: debemos conocer nuestra historia para no cometer los mismos errores, valorar el pasado y proyectar el futuro. No obstante, a\u00fan tenemos muchas Casas muertas en nuestro pa\u00eds y el \u00e9xodo de miles de personas que huyen del hambre y la miseria. Pero no a las grandes ciudades que progresan en detrimento de las poblaciones rurales, sino a otros pa\u00edses, otros continentes, empujando el desarraigo y rompiendo los lazos familiares. Seguimos viendo casas muertas y vac\u00edas que yerguen en los pueblos y ciudades como s\u00edmbolos de fracaso, de los miedos y del silencio con acusaciones pesimistas que nos convierten en c\u00f3mplices\u2026<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado en: https:\/\/www.lectura-abierta.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Deisy Manzanillo El fil\u00f3sofo, pol\u00edtico y orador Cicer\u00f3n dijo: -\u00abNo saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente ni\u00f1os\u00bb-, palabras ciertas para volver la mirada a la lectura de la novela&nbsp;Casas muertas&nbsp;(1955), obra fundamental en la&nbsp;literatura venezolana. 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