{"id":14909,"date":"2025-01-31T17:35:37","date_gmt":"2025-01-31T22:05:37","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14909"},"modified":"2025-01-31T17:35:37","modified_gmt":"2025-01-31T22:05:37","slug":"cancion-de-negros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cancion-de-negros\/","title":{"rendered":"Canci\u00f3n de negros"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Guillermo Meneses<\/h4>\n\n\n\n<p>CAPITULO 1<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Aaaaahhhh\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>Extendi\u00f3 las piernas, alz\u00f3 los brazos fuertes y bostez\u00f3 cansado: \u00a1ten\u00eda ganas de comer\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>Acompa\u00f1ada de olor de cocina lleg\u00f3 la voz de ella, que estaba haciendo el caf\u00e9. Y, a trav\u00e9s de la pared, blanca de cal, se hizo el di\u00e1logo. El le dice negrita, mi amorcito, mi amor. Le repite muchas veces, ani\u00f1adas por los diminutivos, las mismas cosas. Pregunta ella, si est\u00e1 muy cansado, si est\u00e1 muerto de hambre. Y \u00e9l: que s\u00ed, que ha estado trabajando hasta ahorita y que ya lo creo que tiene hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>Un momento se qued\u00f3 callado viendo entrar a su mujer, pero en seguida volvi\u00f3 a soltar su chorro de cari\u00f1os, mientras ella nombraba las comidas que le hab\u00eda hecho. Cachapas, arepas, las caraotas fritas, la carne tostada, humeante todav\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer chasquea la lengua: \u00a1est\u00e1n sabrosazas\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un besito, mi amor\u2026<br>\u2014\u00bfY no estaba cansado?, \u00bfmuertico de hambre?<\/p>\n\n\n\n<p>Sonre\u00edda se acerc\u00f3 a Pedro, que escondi\u00f3 la cabeza entre sus pechos grandes y fuertes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Mi negrita, mi negrita, mi negrita!<\/p>\n\n\n\n<p>Temblaba ella alegre y secaba el sudor de su cara p\u00e1lida, aindiada, redonda. Luego re\u00eda tenue y acariciaba, con cari\u00f1os de madre, a su hombre, encogido dentro del goce. Si se empezaba a quererla, era para no terminar: \u00a1C\u00f3mo se escond\u00eda la ternura en aquel cuerpo robusto y c\u00f3mo sab\u00eda sacar ternura su amorcito tranquilo!<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro le pas\u00f3 el brazo por las caderas anchas y firmes, la llev\u00f3 hasta la mesa y se sent\u00f3 a comer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed hab\u00edan vivido siempre. Contentos y felices. Colgando entre un mi amor y un mi negro. Tendi\u00e9ndose entre esas frases, como ropa blanca, la felicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>No ten\u00edan ninguna grande tristeza. S\u00f3lo penitas, como hu\u00e9spedes tranquilos, como duendecillos suaves.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor de las penas, no tener hijos. Pasaba el casar los cuarenta y no maduraba de buen fruto el vientre de la hembra trigue\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguna vez, en mitad de los cari\u00f1itos, suspiraba el hombre. Ella no ha de preguntarle \u00bfqu\u00e9 te pasa Pedro?, porque lo sabe muy bien.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre suspira: \u00bfpara qui\u00e9n trabaja?, \u00bfpara qui\u00e9n se afana y lucha d\u00eda a d\u00eda con la piedra dura\u2026?<\/p>\n\n\n\n<p>Ana Dolores sabe esa tristeza y quiere darle a su hombre el premio de un muchach\u00f3n. Pasar\u00e1n los a\u00f1os\u2026<br>Muerta ella, Pedro la recordar\u00e1, porque ir\u00e1 su hijo con \u00e9l al trabajo\u2026 y clavar\u00e1 la azada en la tierra, mientras la siembra verdea en reto\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>En la capillita, ante la virgen del manto ra\u00eddo y la sonrisa triste, reza Ana Dolores cada d\u00eda: \u00a1Un hijo!, \u00a1un hijo! Para que sea su orgullo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Y es lo que le dice a Pedro cualquier amigo: que se acuerde del indio Juan y de Encarnaci\u00f3n. Sesenta a\u00f1os ten\u00eda el indio y, sin embargo, por ah\u00ed anda brincando Juan Jos\u00e9. Y alegrando a los viejos. Ya llegar\u00e1 el muchacho.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro sonr\u00ede esperanzado. Si no encontrara amigos como \u00e9ste ser\u00eda mala su vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211; <\/p>\n\n\n\n<p>Al fin un d\u00eda \u2014un d\u00eda como todos\u2014 presiente Ana la madura redondez de su vientre.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda ella se colorea en rojo y no cae de sus manos la novena de San Ram\u00f3n Nonato.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se lo dijo a Pedro, espi\u00f3 c\u00f3mo ba\u00f1aba la alegr\u00eda cada rasgo. El hombre grit\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfVerdad?, \u00bfverdad?<\/p>\n\n\n\n<p>Ganas le daban de apretarla, de fundirse en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se lo va contando a todo. A las ramas fr\u00e1giles y verdes, que dobla el viento\u2026 Al r\u00edo ruidoso de piedrecillas. A los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Su alegr\u00eda es grande. Mayor que el puebl\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>El vientre de Ana Dolores se abulta, crece. Ella, orgullosa, lo muestra a todo el pueblo como si fuera la \u00fanica mujer fecunda. Camina las callecitas mirando desde lo alto a las viejas arrugadas y a las v\u00edrgenes flacas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cabo de unos meses ha crecido tanto la redondez vital, que \u2014opina la comadrona\u2014 ser\u00e1 un par lo que viene.<\/p>\n\n\n\n<p>Ana siente agudos dolores. Enflaquece. Le arrastra aquella enorme carga el cuerpecillo de \u00e1ngulos  agudizados. Aqu\u00e9l que era antes el gran ocultador de su ternura.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro trabaja con ardor. Cada gota de su cansancio es oro puro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211; <\/p>\n\n\n\n<p>Un resbal\u00f3n al salir de la casa, y se afianz\u00f3 \u2014duro\u2014 el dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Naci\u00f3 un muchacho flaco. Var\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En los labios resecos se abri\u00f3 la sonrisa p\u00e1lida. Y, como buj\u00eda vieja e inservible, se apag\u00f3 Ana Dolores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211; <\/p>\n\n\n\n<p>Muri\u00f3 Ana Dolores.<\/p>\n\n\n\n<p>En el tiempo rojo de los bucares florecidos, tiempo feliz que colorea mejillas y \u00e1rboles, se destroz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro anda gris\u00e1ceo, como si la tristeza fuera en \u00e9l cenicienta y desolada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya se perdi\u00f3 todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya ella no dir\u00e1: \u00a1ay, mi amor!<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no habr\u00e1 en la casa el olor que esparc\u00eda su falda gruesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya nunca m\u00e1s los cari\u00f1os de Ana, su risita suave, sus medias palabritas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya Ana es nada.<\/p>\n\n\n\n<p>A Pedro le pesa su dolor como un castigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>En la atm\u00f3sfera del pueblo hay amargos s\u00edmbolos.<\/p>\n\n\n\n<p>Suenan a veces, en el vientre oscuro de las noches, zumbidos de alg\u00fan joropo lejano. Rezonga el furruco. Puntea el cuatro. Brincan las maracas. Pero en los o\u00eddos del pueblo, llora el joropo alegre.<\/p>\n\n\n\n<p>Las viejas miran rosarios en cada caravana de hormigas.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los palos forman cruces en el suelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las hojas caen como l\u00e1grimas lentas en el aire enneblinado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211; <\/p>\n\n\n\n<p>En la tarde, los hombres llevaron la urna a un descampado, a la vera del Camino Grande.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es el cementerio de los pueblos peque\u00f1os: un mont\u00f3n de piedras y una cruz clavada.<\/p>\n\n\n\n<p>Los campesinos, al pasar delante, se quitan el sombrero y, apresurando el paso, rezan en recuerdo de Ana.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/guillermo-meneses\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guillermo Meneses CAPITULO 1 \u2014 \u00a1Aaaaahhhh\u2026! 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