{"id":14867,"date":"2025-01-28T17:56:21","date_gmt":"2025-01-28T22:26:21","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14867"},"modified":"2025-01-28T17:59:52","modified_gmt":"2025-01-28T22:29:52","slug":"cuentos-breves-de-alfredo-armas-alfonzo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-breves-de-alfredo-armas-alfonzo\/","title":{"rendered":"Cuentos breves de Alfredo Armas Alfonzo"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda una cruz en La Cruz de Bel\u00e9n, otra en La Cruz del Zorro, otra en La Cruz de P\u00edritu, otra en la Cruz de Pacheco, esto es al norte, al sur, al este y al oeste, sin contar las tres de El Calvario, donde se rascaban el lomo los chivos en caso de necesidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 nos iba a pasar. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando a las cruces se les podr\u00eda la pata Pedro Iginio labraba otras que pagaban las rentas y las viejas las cog\u00edan para le\u00f1a. A este humo y a esta lumbre le atribu\u00edan muchos bienes. Quienquiera que a su rescoldo se mantuviera ya no se mor\u00eda de males del cuerpo, ni de entuertos ni de acechanzas ni de maldades.<\/p>\n\n\n\n<p>Concho Guaita no lo crey\u00f3 porque para la fecha de este conocimiento Concho Guaita hab\u00eda sustituido su Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>3<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de llevarse la mano al pecho, en un sencillo gesto que a veces conten\u00eda la intenci\u00f3n de persignarse, igual que lo hiciera siempre antes de coger camino, Don Concho Guaita se dobleg\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>En la noche descans\u00f3 en su casa por \u00faltima vez y a la ma\u00f1ana del siguiente d\u00eda lo pusieron entre la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda sesenta a\u00f1os, dec\u00eda \u00e9l, un cuerpo grueso y alto, el pelo colorado como el del araguato, el coraz\u00f3n de patilla de la concha verde, que es la dulce.<\/p>\n\n\n\n<p>Trabajaba la tierra de Unare este Concho Guaita y no dej\u00f3 de guardar restos de suelo en las u\u00f1as ni siquiera despu\u00e9s de muerto, a pesar de la mortaja.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>9<\/p>\n\n\n\n<p>Es\u00fa Borotoche persegu\u00eda los p\u00e1jaros del monte en un empe\u00f1o de identificar entre ellos aquel que cantaba siempre a la hora del alba elindioesvil elindioesvil elindioesvil, porque, seg\u00fan sus arrebatos y sus man\u00edas, la canora lo estaba sindicando a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>En las manazas de piedra de moler de Es\u00fa Borotoche hallaron muerte cristofu\u00e9s, torditos, sinfines, guacharacas, piscuas, azulejos, banderalemanas, picoeplatas, arrendajos, perdices, cucaracheros, turupiales, conotos, canaritos, sangretoros, reinitas, catanas, carasucias, diosted\u00e9s, piapocos, guaros y, por<br>supuesto, indioesviles.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Es\u00fa Borotoche jam\u00e1s alcanz\u00f3 su prop\u00f3sito de acallar su conciencia y se muri\u00f3 de una embestida de sol y el indioesvil volaba del nido a la cruz de palo y ah\u00ed, hasta que la tierra se iluminaba del todo, cantaba y cantaba sin importarle mayor cosa que Es\u00fa Borotoche se conmoviera entre los terrones que le correspondieron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>15<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Nolbelto de gracia y ello le bastaba para identificarse, tuvo su cara completa antes de que la lepra se la acabara. Primero le tarasque\u00f3 el o\u00eddo de la derecha, le abri\u00f3 la mejilla al punto de v\u00e9rsele las muelas y por entre estos huesos la enfermedad se le pas\u00f3 a la nariz, que tambi\u00e9n se la tumb\u00f3, hasta que finalmente<br>se le corri\u00f3 al ojo derecho de los dos que ten\u00eda azules y se lo escarneci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los a\u00f1os sin faltarle ni uno solo, Sotera su mujer le par\u00eda un hijo entre la candela, porque era epil\u00e9ptica, hasta que la llaga lo mat\u00f3, pero Sotera sigui\u00f3 pariendo lo mismo y los muchachitos siguientes sacaban todos el ojo derecho azul.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>17<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Durante cincuenta y seis de los sesenta y ocho de su edad, quebrantado por la luna, Antero Tarife colect\u00f3 botellas vac\u00edas y con estos como vientres de vidrio, aire y reluciencia fue poblando de reflejos aquella casa de corredores abandonada de la que todo el mundo hab\u00eda olvidado qu\u00e9 amo la ten\u00eda escriturada.<\/p>\n\n\n\n<p>En una fiesta de Santa Clara un cohete prendi\u00f3 la juajua del alar desguarnecido por la intemperie y Antero Tarife estall\u00f3 entre la cristaler\u00eda. Ni un solo recipiente escap\u00f3 al \u00edgneo resplandor.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso en El Cerro de los Chivos se encuentra tanto culo de botella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>18<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cochino Macho, el hijo de La Conga, cazaba los torditos con trampajaula, con pega, con lazo, con habilidad, les pintaba las plumas de las alas y el pecho con pintura amarilla y los pasaba como turupiales, a siete reales el casal.<\/p>\n\n\n\n<p>Los compradores se quejaban despu\u00e9s de que los turupiales cantaban como torditos<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>23<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Dolores Anato se negaba a creerlo. En lugar de un ni\u00f1o como ella estaba acostumbrada a partear, aquello no era sino un huevo, como los de las aves, pero mucho m\u00e1s grande por supuesto, y bien pod\u00eda contenerse en la c\u00e1scara un feto. Aquella mujer no par\u00eda. Aquella mujer pon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pavigallo y que la nombraban, y es lo cierto que Dolores Anato se llev\u00f3 el secreto consigo. A nadie le expuso cu\u00e1ntos d\u00edas duraba echada la parturienta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>45<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Vino Juan Evangelista Arvel\u00e1iz llamado a gritos por la madre. La Yuquita se mor\u00eda, extraviada ya la mirada, la respiraci\u00f3n entrecortada, las manos fr\u00edas y agarrotadas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esto ya no es de medicina sino de enterrador \u2014opin\u00f3 Don Juan Evangelista.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la Yuquita sobrevivi\u00f3, aunque nunca se despoj\u00f3 de aquel color de anemia cr\u00f3nica y cuando se encontraba con Don Juan Evangelista le sacaba la lengua y hac\u00eda burlas de \u00e9l, una conducta que a Don Juan Evangelista no dejaba de incomodarle, hasta que se cumpli\u00f3 su diagn\u00f3stico.<\/p>\n\n\n\n<p>En urna blanca, con velo de punto sobre el rostro, la metieron y ni siquiera as\u00ed adquiri\u00f3 otro color.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>68<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A Diotima la trajeron de Guaribe Tenepe y no le daba la gana hablar. La llamaban y no contestaba aunque no dejaba de hacer el oficio que le mandaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca acept\u00f3 ponerse alpargatas y como prefer\u00eda estar descalza andaba por toda la casa y no se le sent\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Diotima era una india y Tura la viv\u00eda comparando por lo bonita con una figura de un libro de la biblioteca del abuelo. Los indios caribes como que se llamaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Diotima arrancaba cundiamor y se lo echaba por encima y las hojas, las flores y aquellos frutos que cuando maduraban se abr\u00edan como p\u00e9talos imped\u00edan que Diotima apareciera como estaba, sin la \u00fanica ropa que ten\u00eda. Los camisones que Tura le compr\u00f3, Diotima los enterraba o los hac\u00eda tiras y no se los pon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Diotima se com\u00eda verdes las guayabas y no dejaba madurar las mandarinas. Tura la rega\u00f1aba por eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana la llamaron y la buscaron y Diotima ni contest\u00f3 ni apareci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>No estaba en el traspatio, junto a las bardas que el cundiamor revest\u00eda. A Diotima se la trag\u00f3 la noche esa que reci\u00e9n hab\u00eda trascurrido y ni siquiera se pudo mandar un recado a Guaribe Tenepe porque era invierno y la l\u00ednea del tel\u00e9grafo estaba mala a consecuencia de un rayo que tumb\u00f3 un cereipo sobre<br>los alambres. Las mandarinas s\u00ed que cargaron ese a\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>87<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A Mar\u00eda Amaricua la mat\u00f3 la cirrosis, seg\u00fan el diagn\u00f3stico que dio el doctor Andreani Pieretti, a quien le consultaron por tel\u00e9fono a Onoto. Mar\u00eda sab\u00eda que se mor\u00eda antes que la mata de guan\u00e1bana del patio cargara y me lo mand\u00f3 a decir. Me mand\u00f3 a decir que si se mor\u00eda me sal\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En la madrugada, todav\u00eda despierto, sent\u00ed que desde el guan\u00e1bano se desprend\u00edan aquellos como s\u00e9palos amarillos gruesos y pesados que anuncian la floraci\u00f3n de los catuches.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras corr\u00eda buscando amparo en los brazos de Mamach\u00eda, que viv\u00eda en la casa de esquina de la que despu\u00e9s la despojaron, me intercept\u00f3 Isaac Sifontes, que llevaba la urna, y con cantos de gallos la enterraron.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/alfredo-armas-alfonzo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 Hab\u00eda una cruz en La Cruz de Bel\u00e9n, otra en La Cruz del Zorro, otra en La Cruz de P\u00edritu, otra en la Cruz de Pacheco, esto es al norte, al sur, al este y al oeste, sin contar las tres de El Calvario, donde se rascaban el lomo los chivos en caso de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":14871,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14867"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14867"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14867\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14869,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14867\/revisions\/14869"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14871"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14867"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14867"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14867"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}