{"id":14843,"date":"2024-01-25T17:47:00","date_gmt":"2024-01-25T22:17:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14843"},"modified":"2025-01-26T15:05:46","modified_gmt":"2025-01-26T19:35:46","slug":"las-formas-del-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/las-formas-del-fuego\/","title":{"rendered":"Las formas del fuego"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>La amada<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La hermosa vela y defiende mi vida desde un templo orbicular, rotonda de siete columnas.<\/p>\n\n\n\n<p>Su voz imperiosa desciende, por mi causa, a las modulaciones del canto.<\/p>\n\n\n\n<p>Sal\u00ed confortado de su presencia, llevando, por su mandamiento, una rama de cedro.<\/p>\n\n\n\n<p>Descend\u00ed por una vereda montuosa hasta la orilla del mar, donde se balanzaba mi esquife.<\/p>\n\n\n\n<p>El c\u00e1ntico segu\u00eda sonando, ascendente y magn\u00edfico. Paralizaba el curso de la naturaleza. Me alent\u00f3 a salvar la zona de la borrasca.<\/p>\n\n\n\n<p>El sol permaneci\u00f3, horas enteras, asomado sobre la raya del horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El n\u00f3made<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo pertenec\u00eda a una casta de hombres imp\u00edos. La yerba de nuestros caballos vegetaba en el sitio de extintas aldeas, igualadas con el suelo. Hab\u00edamos esterilizado un territorio fluvial y goz\u00e1bamos llevando el terror al palacio de los reyes vestidos de faldas, entretenidos en juegos sedentarios de previsi\u00f3n y de c\u00e1lculo.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo me hab\u00eda apartado a descansar, lejos de los m\u00edos, en el escombro de una vivienda de recreo, disimulada en un vergel.<\/p>\n\n\n\n<p>Un aldeano me trajo p\u00e9rfidamente el vino m\u00e1s espirituoso, originado de una palma.<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed una embriaguez hilarante y ejecut\u00e9, riendo y vociferando, los actos m\u00e1s audaces del fun\u00e1mbulo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un peregrino, de rostro consumido, acert\u00f3 a pasar delante de m\u00ed. Dijo su nombre entre balbuceos de miedo. Significaba Ornamento de Doctrina en su idioma lit\u00fargico.<\/p>\n\n\n\n<p>La poquedad del anciano acab\u00f3 de sacarme de m\u00ed mismo. Lo tom\u00e9 en brazos y lo sumerg\u00ed repetidas veces en un r\u00edo cubierto de limo. La sucedumbre se colgaba a los sencillos lienzos de su veste. Lo trat\u00e9 de ese modo hasta su \u00faltimo aliento.<\/p>\n\n\n\n<p>Devolv\u00eda por la boca una corriente de lodo.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuper\u00e9 el discernimiento al escuchar su amenaza proferida en el extremo de la agon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Me anunciaba, para muy temprano, la venganza de su \u00eddolo de bronce.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La entrevista<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La hermosa descansa a sus anchas en la butaca y la llena con su persona y con las cintas y volantes de su traje suntuoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Miro a sus espaldas el campo de yerba alegre y su t\u00e9rmino en el monte de zafir.<\/p>\n\n\n\n<p>La dama trashumante refiere los percances de la vida mundana, suplicio de la inteligencia susceptible. Reproduce el gesto del sinsabor y se ensimisma a ratos, guardando una pausa lenitiva.<\/p>\n\n\n\n<p>La majestad de su belleza aumenta en el paraje de reposo diuturno, alivio de un alma descontenta. El raudal mitiga una rotura de la sierra y suma, en un remanso, la atm\u00f3sfera severa del paisaje.<\/p>\n\n\n\n<p>La hermosa perfecciona el hechizo de su rostro de marfil, desatando los cabellos renegridos, en donde se pierde una espiga humilde.<\/p>\n\n\n\n<p>Teme las zozobras del aire, avisadas por los disones y preludios del arpa del oto\u00f1o, y emprende el camino de su vivienda.<\/p>\n\n\n\n<p>Asume el porte y el paso de una divinidad tel\u00farica, anunciada por un largo trueno de c\u00edmbalos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El \u00eddolo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La hermosa amenaz\u00f3 con el ce\u00f1o al fijarse en mi negativa a uno de sus caprichos. Volv\u00ed de mi decisi\u00f3n a\u00f1adiendo los agasajos de la condescendencia y del afecto. Yo tem\u00eda acelerar el desenvolvimiento de sus dolores.<\/p>\n\n\n\n<p>Sucumbi\u00f3 esa misma noche en la crisis de un delirio. Narraba una vez m\u00e1s, en t\u00e9rminos apasionados, las cuitas de su ni\u00f1ez y de su adolescencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo amanec\u00ed a los pies de su cama de roble.<\/p>\n\n\n\n<p>Recorro sin descanso los aposentos de mi casa antigua, recatada en la esquivez de una sierra. Solo perdura el techo de una torre vigilante.<\/p>\n\n\n\n<p>Reh\u00faso volver al mundo y menosprecio las invitaciones de mis amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Deseo reconstituir la situaci\u00f3n de \u00e1nimo de aquel d\u00eda nefasto y el adem\u00e1n est\u00e9ril de juntar con mi pecho su cabeza inerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El desesperado<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo regaba de l\u00e1grimas la almohada en el secreto de la noche. Distingu\u00eda los rumores perdidos en la oscuridad firme.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda ca\u00eddo, un mes antes, herido de muerte en un lance comprometido.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer idolatrada rehusaba aliviar, con su presencia, los dolores inhumanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Decid\u00ed levantarme del lecho, para concluir de una vez la vida intolerable y me dirig\u00ed a la ventana de recios balaustres, alzada vertiginosamente sobre un terreno fragoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Esperaba mirar, en la crisis de la agon\u00eda, el destello de la ma\u00f1ana sobre la c\u00faspide serena del monte.<\/p>\n\n\n\n<p>Provoqu\u00e9 el rompimiento de las suturas al esforzar el paso vacilante y desfallec\u00ed cuando sobrevino el s\u00fabito raudal de sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed en mi acuerdo por efecto de la diligencia de los criados.<\/p>\n\n\n\n<p>He sentido el estupor y la felicidad de la muerte. Un aura deliciosa, viajera de otros mundos, solazaba mi frente e invitaba al canto los cisnes del alba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El alivio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo hab\u00eda crecido bajo la encomienda de mi hermano mayor.<\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s sal\u00ed de casa a divertirme con los ni\u00f1os de mi edad en la plaza vecina.<\/p>\n\n\n\n<p>Las ventanas del contorno permanec\u00edan cerradas y ninguna doncella se asomaba a mirar el parque silencioso. Las ramas de los \u00e1rboles centenarios bajaban hasta el suelo, relajadas por el agua. Yo recordaba los sauces fluviales en donde suspend\u00edan el salterio, un d\u00eda de nostalgia, los hijos de Si\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ni\u00f1os se enfermaban de trajinar y corretear sobre la yerba infecta. Sus voces circulaban apenas en el aire torpe.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo ignoraba las tradiciones de mi familia y c\u00f3mo se hab\u00eda extinguido en mi casa infausta. Qued\u00e9 sumido en la incertidumbre despu\u00e9s de la muerte de mi hermano. \u00c9l viv\u00eda hosco y taciturno, perdido en el vicio del alcohol, y no se permit\u00eda conmigo ninguna efusi\u00f3n. Se vest\u00eda de pa\u00f1os ra\u00eddos y de color negro. Era, a un mismo tiempo, sombr\u00edo y bondadoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Entr\u00f3 de la calle y se encerr\u00f3, para morir, en la sala donde acostumbraba reservarse. Me dej\u00f3 un papel sobre la tapa de un piano inv\u00e1lido.<\/p>\n\n\n\n<p>Conceb\u00ed un dolor \u00edntimo y sin desahogo y pasaba horas continuas de la noche descifrando su expresi\u00f3n incoherente a la luz de un farol de la plaza, cercado por un halo de humedad.<\/p>\n\n\n\n<p>El empe\u00f1o de calar su pensamiento y el recuerdo de su generosidad llegaron a desecarme y me inspiraron el deseo de seguirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed, por vez primera, el afecto a la vida cuando se deshizo en mis manos la carta pulverulenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El sopor<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No puedo mover la cabeza amodorrada y vac\u00eda. El malestar ha disipado el entendimiento. Soy una piedra del paisaje est\u00e9ril.<\/p>\n\n\n\n<p>El fantasma de entrecejo imperioso vino en el secreto de la sombra y sent\u00f3 sobre mi frente su mano glacial. A su lado se esbozaba un mast\u00edn negro.<\/p>\n\n\n\n<p>He sentido, en su presencia y durante la noche, el continuo fragor de un trueno. El estampido her\u00eda la ra\u00edz del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>La ma\u00f1ana me sobrecogi\u00f3 lejos de mi casa y bajo el ascendiente de la visi\u00f3n let\u00e1rgica.<\/p>\n\n\n\n<p>El sol dora mis cabellos y empieza a suscitar mis pensamientos informes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ca\u00eddo sobre el rostro, yo represento el simulacro de un adalid abatido sobre su espada rota, en una guerra antigua.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El hidalgo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>He salido a cabalgar fuera de la ciudad, al principio de una tarde pl\u00e1cida.<\/p>\n\n\n\n<p>El campo muestra los colores ambiguos y fr\u00e1giles de un espejismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Reconstituyo el pasaje de una guerra lastimosa, donde se agot\u00f3 mi juventud. Sal\u00ed sin escolta, lejos de una fortaleza amenazada, a la campa\u00f1a rasa, en medio del asombro de mis compa\u00f1eros de armas. El recuerdo orgulloso compensa ahora el sentimiento de los a\u00f1os pret\u00e9ritos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ejecut\u00e9 la haza\u00f1a al otro d\u00eda de una ocasi\u00f3n memorable. El m\u00e1s fraternal de los camaradas me hab\u00eda conducido a la presencia de su prometida. Correspond\u00ed a la urbanidad de la mujer lozana permaneciendo mudo y con los ojos bajos. Me retir\u00e9 fingiendo una s\u00fabita ausencia de la atenci\u00f3n y de la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Decido terminar el paseo vespertino y volver al refugio de mi casa, a componer, seg\u00fan costumbre, la viva y alucinante representaci\u00f3n de esa entrevista, donde empieza la agon\u00eda de mi alma impar. Las vislumbres del rel\u00e1mpago marean la franja de la noche reci\u00e9n iniciada del mes de agosto.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo pienso en los signos de fuego, presagios del infortunio, descifrados por un visionario en la sala de un rey maldito.<\/p>\n\n\n\n<p>Regreso por la calle modesta y sin lumbre, donde he escogido mi morada. Conduzco la cabalgadura al sitio de su reposo y me encierro en la sala defendida por las puertas viejas y resonantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo padezco, sumergido en la sombra, la ceguedad de una estatua de m\u00e1rmol y su tristeza inmortal<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cenit<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La virgen ahuyenta unas aves largas, acostumbradas a retozar en el pantano, afines, conforme el talle, del canuto de vida acu\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>La caravana de las nubes c\u00e1ndidas sufre de sed en el desierto radiante.<\/p>\n\n\n\n<p>El esclavo sube el agua de un pozo vac\u00edo y refresca el pie de un granado.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprovecha el ministerio de una polea, ejecutando movimientos iguales, mec\u00e1nicos.<\/p>\n\n\n\n<p>El espejismo oscila en el arenal, l\u00e1mina desnuda, al trasluz de una evaporaci\u00f3n viva.<\/p>\n\n\n\n<p>Un lago oleoso interrumpe el suelo de bet\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>La virgen permanece en la azotea, de donde corri\u00f3 los p\u00e1jaros desva\u00eddos.<\/p>\n\n\n\n<p>Registra, de una sola mirada, la redonda.<\/p>\n\n\n\n<p>Canta o grita en idioma venerable, con voz firme, avezada a la distancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Festeja la gloria del fuego elemental.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La verdad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La golondrina conoce el calendario, divide el a\u00f1o por el consejo de una sabidur\u00eda innata. Puede prescindir del aviso de la luna variable.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan la ciencia natural, la belleza de la golondrina es el ordenamiento de su organismo para el vuelo, una proporci\u00f3n entre el medio y el fin, entre el m\u00e9todo y el resultado, una idea socr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>La golondrina salva continentes en un d\u00eda de viaje y ha conocido desde anta\u00f1o la medida del orbe terrestre, anticip\u00e1ndose a los dragones infalibles del mito.<\/p>\n\n\n\n<p>Un astr\u00f3nomo desvariado cavilaba en su isla de pinos y roquedos, presente de un rey, sobre los anillos de Saturno y otras maravillas del espacio y sobre el esp\u00edritu elemental del fuego, el f\u00f3sforo inquieto. Un prejuicio teol\u00f3gico le hab\u00eda inspirado el pensamiento de situar en el ruedo del sol el destierro de las almas condenadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuper\u00f3 el sentimiento humano de la realidad en medio de una primavera tibia. Las golondrinas habituadas a rodear los monumentos de un reino difunto, erigidos conforme una aritm\u00e9tica primordial, subieron hasta el clima riguroso y dijeron al o\u00eddo del sabio la soluci\u00f3n del enigma del universo, el secreto de la esfinge imp\u00fadica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La suspirante<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La hermosa ha regresado de muy lejos. Se encierra nuevamente en su c\u00e1mara inaccesible, satisfaci\u00e9ndose con el mueble esbelto y la baratija ex\u00f3tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Impone el recuerdo de una era se\u00f1orial, rode\u00e1ndose de las escenas sucesivas de un tapiz.<\/p>\n\n\n\n<p>La hermosa se pierde en la lectura de sucesos extravagantes, acontecidos en reinos imaginarios, y narrados con semblante de parodia. Vuelve sobre un pasaje burlesco, en donde alterna un pastor con el buf\u00f3n expulsado de la corte.<\/p>\n\n\n\n<p>La dama displicente se engolfa en las peripecias de un relato incomparable y suspende el entretenimiento cuando empieza una batalla entre caballeros de sobrenombres \u00ednclitos.<\/p>\n\n\n\n<p>La dama renuente, aficionada a las quimeras de la imaginaci\u00f3n, sue\u00f1a con huir de este mundo a otro ilusorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie podr\u00eda averiguar el derrotero de su fuga.<\/p>\n\n\n\n<p>La hermosa vuela sobre los caminos cegados por la nieve y un b\u00faho solitario da el alarma en la noche fascinada por el plenilunio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El viaje<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mi pensamiento sigue las inflexiones de su voz ondulante.<\/p>\n\n\n\n<p>Una imagen vaporosa se anuncia detr\u00e1s de los vidrios h\u00famedos y viejos de la ventana y se pierde velozmente en la profundidad de los salones interiores.<\/p>\n\n\n\n<p>El edificio rasga, con sus \u00e1ngulos y perfiles violentos, la sombra perezosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo marchaba sin descanso, activado por una voluntad superior.<\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda sobrevino a iluminar el paraje desierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la noche me sorprendi\u00f3 una vez m\u00e1s dentro del c\u00edrculo inexorable de los montes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El entierro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Erase un mocet\u00f3n dicaz y engre\u00eddo. Ven\u00eda de la guerra civil, de lucirse en una jornada sangrienta, de esclarecer el abolengo marcial en presencia de un caudillo ambicioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda en sus manos el gobierno de una aldea.<\/p>\n\n\n\n<p>Sali\u00f3 una noche fuera de poblado a gozar un paisaje esquivo y silencioso.<\/p>\n\n\n\n<p>La luna asomaba sobre un estribo de la sierra.<\/p>\n\n\n\n<p>El mozo distingui\u00f3, en la hora ambigua, el paso de un cortejo. Algunos burladores iban a su frente, llevando sobre s\u00ed una cama y pregonando la nueva de una muerte. Eran lugare\u00f1os de vida traviesa y faz alcoholizada.<\/p>\n\n\n\n<p>El joven escuch\u00f3 su propio nombre al preguntar el del ca\u00eddo. Los persuadi\u00f3 f\u00e1cilmente al abandono de la farsa l\u00fagubre y a desbandarse en demanda de sus hogares.<\/p>\n\n\n\n<p>Se juntaron, la noche siguiente, para la misma diversi\u00f3n a la vista de la luna exang\u00fce, y retiraron el aviso de la muerte del joven. El los deshizo espada en mano, a tajos y denuestos y arrest\u00f3 los m\u00e1s culpables.<br>Una fiesta se dio, a los pocos d\u00edas, en la casa de un hidalgo rural.<\/p>\n\n\n\n<p>El h\u00e9roe agasajaba sumisamente a las hermosas y las trenzaba guirnaldas de flores pasajeras.<\/p>\n\n\n\n<p>Un hombre macizo y desgre\u00f1ado penetr\u00f3 en la sala y se trab\u00f3 con el gal\u00e1n. Ven\u00eda de la maleza y del barranco y desahogaba una acometividad irreflexiva.<\/p>\n\n\n\n<p>El desconocido parec\u00eda invulnerable al arma de fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>La lucha se decidi\u00f3 con el pu\u00f1al y termin\u00f3, despu\u00e9s de unos momentos premiosos, con la muerte de ambos adversarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Los lugare\u00f1os, de vida traviesa y faz alcoholizada, fueron absueltos de su arresto y encargados de llevarse el cad\u00e1ver del joven.<\/p>\n\n\n\n<p>No consiguieron identificar el del importuno<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El reino de los Cabiros<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Unas aves negras y de ojos encarnizados se alojaban entre los m\u00e1rmoles derruidos. Inflig\u00edan la afrenta de las harp\u00edas soeces. Andaban a saltos menudos y alzaban un vuelo inelegante.<\/p>\n\n\n\n<p>La vega de la ciudad abundaba en arbustos malignos citados, para memoria de la venganza y de la amargura, en m\u00e1s de un libro sapiencial.<\/p>\n\n\n\n<p>Un busto de mirada absorta, ce\u00f1ido de una guirnalda de yedra, se alzaba a cada momento sobre su pedestal roto. El suelo de los jardines violados hab\u00eda dado albergue, un siglo antes, a las v\u00edctimas de una hist\u00f3rica epidemia.<\/p>\n\n\n\n<p>La luz del d\u00eda regurgitaba de una rotura del globo del sol, y la noche, duradera cual las del invierno, estaba a cargo de un astro, de orbe incompleto y de trav\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Unos hombrecillos deformes brotaban del suelo, en medio del sopor nocturno. Sal\u00edan por una apertura semejante al escotill\u00f3n de un tablado.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus ojos eran oblicuos y el cabello lacio y espeso invad\u00eda la angosta zona de la frente. Respondieron a mi interpelaci\u00f3n vali\u00e9ndose de un gesto l\u00fabrico y hube de asestarles el pu\u00f1o sobre la faz dura, como de piedra. La mano me sangra todav\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no contaba otra amistad sino la de una mujer desconsolada, atenta a mi bien y a las memorias de un mundo superior. No sabr\u00eda decir su nombre. Yo olvidaba, en el principio de cada ma\u00f1ana, su discurso.<br>Ella misma me puso en el camino del mar y me se\u00f1al\u00f3 una estrella sin ocaso.<\/p>\n\n\n\n<p>A poco de soltar las velas al viento pr\u00f3spero, vi alzarse, desde el sitio donde me hab\u00eda despedido con lamentos, una interminable espiral de humo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La Sirte <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ariel se hab\u00eda refugiado en un acanto del capitel corintio. Un arquitecto, agradecido a las seducciones y recuerdos de Italia, hab\u00eda erigido un palacio de l\u00edneas seguras e inspiraci\u00f3n cl\u00e1sica.<\/p>\n\n\n\n<p>El rey lo hab\u00eda dado en presente al astr\u00f3nomo de su corte, versado en los presagios de las esferas. Delante del palacio, edificado en una isla desierta, se extend\u00eda el mar ext\u00e1tico. Un alma errante hab\u00eda preferido aquel panorama a la ventura celeste. Los pescadores refer\u00edan esta leyenda y la de un cazador nocturno, sentenciado a seguir una presa inalcanzable hasta el cataclismo final del universo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel astr\u00f3nomo hab\u00eda cegado el entendimiento del rey y lo animaba asiduamente en contra de sus familiares. Negaba a la naci\u00f3n las avenidas del trono.<\/p>\n\n\n\n<p>El envolvi\u00f3 el reino en una guerra intempestiva y prometi\u00f3 caudales brillantes, reservados en el suelo, para esquifar una armada vencedora.<\/p>\n\n\n\n<p>La suerte prepar\u00f3 sigilosamente un abismo a los proyectos de la soberbia y las naves se dispersaron, por consecuencia de un miedo superior, el d\u00eda de la batalla.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese momento acarre\u00f3 la desaparici\u00f3n del consejero pernicioso. <\/p>\n\n\n\n<p>La isla de su domicilio se hundi\u00f3 algunos pies debajo de la superficie del mar y se convirti\u00f3 en un arrecife enemigo de la navegaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El hallazgo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los marinos me hab\u00edan acostado en el ata\u00fad de sicomoro, habilit\u00e1ndome para el sue\u00f1o subterr\u00e1neo. Se ausentaron despu\u00e9s de ensayar conmigo una planta de cebolla, de olor nauseabundo. Me dieron a beber el zumo de sus hojas velludas y de su ra\u00edz, del grueso de un dedo. Se pagaba del suelo secano y sus flores apacentaban la voracidad de un enjambre de sabandijas de coselete doble, abastecidas con el aparejo de un verdugo.<\/p>\n\n\n\n<p>El dolor de cabeza y un ligero frenes\u00ed me asaltaron despu\u00e9s del cesamiento del sopor. No vi sino im\u00e1genes de espanto y de crueldad. Un p\u00e1jaro se ensa\u00f1aba con su hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>He roto sin darme cuenta la cifra de un pensamiento inexpresable, dibujada en la frente de un monolito, y mir\u00e9 alzarse delante de m\u00ed una serie de estatuas indignadas, de ojos de esmalte.<\/p>\n\n\n\n<p>He desechado, recelando una perfidia, la nave suelta en el vecino r\u00edo de lodo, en medio de una selva marchita.<\/p>\n\n\n\n<p>Esforc\u00e9 el paso en demanda de un monte sereno, en donde nacieron y posaron la planta fugitiva, una vez proscritos, los n\u00famenes alegres del paraje.<\/p>\n\n\n\n<p>Descubr\u00ed una l\u00e1pida adherida a un sitio inaccesible de la cuesta, y la alcanc\u00e9 a rastras y jadeando. Mostraba, a manera de se\u00f1al, una figura humana terminada en el pico de un ave rapaz. Cedi\u00f3 f\u00e1cilmente al empuje de mis manos y dej\u00f3 ver un aposento h\u00famedo y fosforescente.<\/p>\n\n\n\n<p>He escondido de los compa\u00f1eros infieles el secreto de mi riqueza inagotable.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-antonio-ramos-sucre\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre La amada La hermosa vela y defiende mi vida desde un templo orbicular, rotonda de siete columnas. Su voz imperiosa desciende, por mi causa, a las modulaciones del canto. Sal\u00ed confortado de su presencia, llevando, por su mandamiento, una rama de cedro. 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