{"id":14830,"date":"2025-01-24T17:21:16","date_gmt":"2025-01-24T21:51:16","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14830"},"modified":"2025-01-24T17:21:16","modified_gmt":"2025-01-24T21:51:16","slug":"ensayos-mata-gil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ensayos-mata-gil\/","title":{"rendered":"Dos ensayos de Milagros Mata Gil"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PERCUSI\u00d3N: LA CONSAGRACI\u00d3N DEL INSTANTE<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Y nosotros so\u00f1amos con una hora divina que lo diera todo. No con la hora plena sino con la hora completa. La hora en que todos los instantes del Tiempo fueran utilizados por la materia, la hora en que todos los instantes realizados en la materia fueran utilizados en la vida, la hora en que todos los instantes vivos fueran sentidos, amados y pensados. Por consiguiente, la hora en que la relatividad de la consciencia estar\u00eda a la medida exacta del Tiempo completo. Gast\u00f3n Bachelard: El Instante<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Paracelso se qued\u00f3 solo. Antes de apagar la l\u00e1mpara y de sentarse en el fatigado sill\u00f3n, volc\u00f3 el tenue pu\u00f1ado de ceniza en la mano c\u00f3ncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgi\u00f3. Jorge Luis Borges<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A prop\u00f3sito de ese concepto del Tiempo recuperable que desarrolla Balza en <em>Percusi\u00f3n<\/em>, citemos a Thomas Mann: \u2026lo eternamente humano est\u00e1 sujeto a las transformaciones. Debe ser y ser\u00e1, no puede morir, sino \u00fanicamente pasar a nuevas formas de vida, como todo aquello que es de su misma naturaleza. Su devenir en una determinada \u00e9poca no es sino una apariencia; lleva en s\u00ed mismo la fuerza gracias a la cual, despu\u00e9s de cada profanaci\u00f3n, vuelve a santificarse\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Si internalizamos estas palabras, si las analizamos y proyectamos luego sobre la lectura de la novela en cuesti\u00f3n, quiz\u00e1 podamos participar de las genuinas im\u00e1genes de un Tiempo que fluye, converge en un punto (en un instante) y estalla con verdadera fe para instalarse en una verdad plurivalente y necesaria: la del hombre que recupera su juventud. S\u00f3lo alguien profundamente atemorizado por el poder disolutorio del Tiempo podr\u00eda concebir ese artificio en el cual la escritura restituye las cualidades del ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir: en cada percusi\u00f3n, en cada latido temporal condensado y manifestado, en este caso aprehendido por medio de la escritura, hay un elemento que santifica el objeto despu\u00e9s de la profanaci\u00f3n: el Tiempo as\u00ed concebido tiene el poder de curar. O, como dice Mircea Eliade: Partiendo de un momento cualquiera de la duraci\u00f3n temporal, se puede agotar esa duraci\u00f3n, recorri\u00e9ndola al rev\u00e9s, y desembocar as\u00ed en la eternidad\u2026 Por lo dem\u00e1s, en la concepci\u00f3n t\u00e1ntrica, la inmortalidad no puede obtenerse m\u00e1s que devolviendo el proceso de desintegraci\u00f3n y recobrando as\u00ed la unidad primordial. Se trata de realizar el proceso de reabsorci\u00f3n c\u00f3smica de uno mismo para curarse de la acci\u00f3n del Tiempo.<sup>1<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, <em>Percusi\u00f3n<\/em> podr\u00eda adoptarse como una muestra de la metaf\u00edsica del instante: en ella se inmoviliza la vida, se genera la simultaneidad esencial en la que el hombre m\u00e1s disperso se vuelve homog\u00e9neo, se convierte el Tiempo en un instrumento puro: el r\u00edo refleja lo m\u00f3vil, espejo rodante, sin transcurso. Se realiza la paradoja: si la vida corre, sucede, dura, en la palabra se mantiene, no-sucede, y, sin embargo, es duradera. En la concepci\u00f3n novel\u00edstica de esta obra, el relato parece transcurrir, pero en realidad, tiende a instalarse en lo eterno, sin perder su cualidad sucesiva. Cuando el protagonista vuelve a su lugar de origen (un protagonista innominado, pues, siguiendo una tradici\u00f3n muy antigua, la obliteraci\u00f3n del nombre es una forma de asegurar la resurrecci\u00f3n, el recomienzo de la vida) el ser se detiene, rememora y reduce lo simult\u00e1neo a lo sucesivo. As\u00ed, vemos que la memoria es un factor important\u00edsimo que va a producir intelectiva y espiritualmente, el prodigio de la recuperaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Porque ser\u00e1 m\u00e1s tarde, siempre despu\u00e9s, cuando el dolor o el triunfo aclaren la significaci\u00f3n de aquella secuencia. Y entonces comprend\u00ed una alusi\u00f3n de Giordano Bruno: a cada segmento del mundo (un beso, una batalla, las frutas) corresponde tener un sentido. Presencia y finalidad son paralelas. Aqu\u00e9lla repercute en \u00e9sta, sin equ\u00edvocos: pero no lo sabemos. Al recordar, al ubicar todo desde el futuro, hallaremos la infalible percusi\u00f3n: los hechos no se esconden puesto que, siempre, dicen su unidad. Cuando sepamos leerlos, seremos l\u00facidos. Pero consume la vida valorar cada latencia y cada significaci\u00f3n<\/em><sup>2<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo significativo y ex\u00f3tico es que esa recuperaci\u00f3n del Tiempo y del espacio lleva en s\u00ed un componente biol\u00f3gico que es, en verdad, una met\u00e1fora de reflexi\u00f3n ontol\u00f3gica: Nietzsche: la repetici\u00f3n del ciclo con todos sus desniveles y carencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, las simultaneidades y multiplicidades que se acumulan en el instante textual poseen un orden y una caracter\u00edstica: el orden lo da la duraci\u00f3n accesible por medio del recuerdo; la caracter\u00edstica es que en el texto, el Tiempo brota. Y en ese brote s\u00f3lo existe la cualidad por medio de la cual un hombre se eleva m\u00e1s all\u00e1 de sus limitaciones mortales y viaja: va traicionando sus im\u00e1genes, rehaciendo sus fantasmas, para luego recalar, con ir\u00f3nica esperanza, en un punto original donde se desliga de la historia \u00edntima y se cura. Es decir: rejuvenece, se devuelve, aunque con la consciencia de que recomenzar es repetir. Remontar el Tiempo es una experiencia vinculada a lo personal. Si la memoria es el conocimiento por excelencia, aqu\u00e9l que sea capaz de recordar(se), ser\u00e1 capaz de conocer(se).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La memoria va a mostrar sus verdades (deslumbrantes y sanas, terribles, inaplazables) pero s\u00f3lo cuando el Tiempo vuelva a dejar parte de nosotros atr\u00e1s<\/em><sup>3<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien: s\u00f3lo la palabra otorga a ese estilo de recuperaci\u00f3n una legitimidad moral que depende en muchos aspectos de la ejecuci\u00f3n del desdoblamiento. Justo en el instante en que el ser se vincula con su Muerte (origen y fin roz\u00e1ndose, estallando): la certeza de la destrucci\u00f3n (o autodestrucci\u00f3n) convierte lo individual en colectivo, lo subjetivo, en objetivo. La certeza de la vejez y, por ende, de la Muerte y disoluci\u00f3n, debe ser remontada y trastocada para que no alcance el l\u00edmite \u00e9tico de la desesperaci\u00f3n.<br>Pero el desdoblamiento que mencionamos es tan ambiguo que admite la posibilidad de interpretar la existencia de un interlocutor demon\u00edaco con el que se puede realizar el pacto f\u00e1ustico. Cuando el hombre, en forma voluntaria, se coloca fuera de la especie, de la sociedad, del clan, y aun de todo otro c\u00edrculo, muere, y precisamente a causa de esa Muerte, adquiere su identidad personal definitiva, que es, a la vez, inidentidad. Parad\u00f3jicamente, es en ese caso en que su ser se reconstituye.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, en Percusi\u00f3n se va desarrollando una consciencia m\u00edtica a trav\u00e9s de diferentes s\u00edmbolos. Quiz\u00e1 sea Jos\u00e9 Balza el m\u00e1s importante de los escritores mitol\u00f3gicos venezolanos, y por eso su obra tiene el valor de un paradigma. Aun as\u00ed, no ser\u00eda justo afirmar que Balza expresa fe en el valor moral del mito o en sus expresiones religiosas. Alcanza su flujo, evoca sus im\u00e1genes, pero se mantiene siempre un paso atr\u00e1s, no se compromete, no entrega ni libertad ni pasi\u00f3n, ni se sumerge en los pozos profundos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La memoria es la sombra que atraviesa el espejo, id\u00e9ntica a s\u00ed misma en uno u otro lado del espejo<\/em>, dice en <em>Narrativa, instrumental y observaciones<\/em>. Y esa cita se\u00f1ala una precisa y sensible noci\u00f3n que conf\u00eda en la memoria como intensificaci\u00f3n de las v\u00edas de acceso al mito. La memoria provoca epifan\u00edas. Sin llegar a formulaciones teol\u00f3gicas, coloca al individuo fuera del Tiempo: el personaje es un outsider, y no hay una palabra castellana que puede sinonimizar este t\u00e9rmino y su valor ideol\u00f3gico: el personaje est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la nostalgia y la moral, m\u00e1s all\u00e1 del amparo de la divinidad. El Tiempo abolido deriva, adem\u00e1s, directamente del aislamiento: es una experiencia en soledad: toda profanaci\u00f3n se produce al entrar el sujeto en contacto con elementos exot\u00e9ricos, y toda purificaci\u00f3n deviene entonces de un reingreso al secreto, a la exclusi\u00f3n de lo colectivo: al herm\u00e9tico dise\u00f1o de un mundo, discutible pero posible.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Una imprecisa situaci\u00f3n de debilidad o de suprema fortaleza, me envolvi\u00f3. Inm\u00f3vil, percib\u00ed gente de la aldea que se mov\u00eda cerca de m\u00ed: deb\u00edan saludar como siempre, ignorantes de mi desdoblamiento. Yo era algo aislado, sereno, sin \u00e9poca, distante de todo espacio\u2026<\/em><sup>4<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En sus ensayos sobre los retornos c\u00edclicos, Mircea Eliade afirma que hay dos maneras de recuperar el Tiempo m\u00edticamente: una es participar nuevamente del ritmo de la creaci\u00f3n, rememorar el todo, sin eludir el dolor ni el horror de la historia, remontarla hasta llegar a la convergencia que re-instaura el Tiempo primordial. Y la otra es la rememoraci\u00f3n que recurre a la aprehensi\u00f3n y solidificaci\u00f3n de los instantes, a la fijaci\u00f3n de las im\u00e1genes. En uno y otro caso, la memoria es el primer y efectivo triunfo sobre lo mortal y lo ef\u00edmero, aunque lo que se recuerda no es sino la imagen que los hombres poseen de lo que han perdido.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de <em>Percusi\u00f3n<\/em>, el elemento m\u00edtico se convierte en instrumento abierto a la esfera de lo individual que comprende manifiestos de sue\u00f1o aportados por un Giordano Bruno muy lleno de la vigilia propuesta por Her\u00e1clito. La obra es un acercamiento parcial al problema de la Muerte: problema b\u00e1sico de la obra de Balza. La experiencia espiritual del protagonista: el renacimiento, es una viscisitud de excepci\u00f3n para alejarse del fin. Es una especie de devoci\u00f3n rechazante, si es posible la conciliaci\u00f3n de tal paradoja, que sucede al margen de la voluntad y de la consciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Furio Jesi dice que: la memoria es una realidad part\u00edcipe m\u00e1s del presente que del pasado: un acto creativo el cual se justifica proponiendo el pasado como propia perspectiva y proyectando sobre el fondo del pasado los propios componentes no resueltos, los temores generados por la constataci\u00f3n decomponentes no racionales o de im\u00e1genes h\u00f3rridas que en otro Tiempo fueron ben\u00e9ficas o que en otra forma habr\u00edan podido serlo.<sup>5<\/sup> Esta misma actitud es la asumida por el autor de Percusi\u00f3n. Hay una reversi\u00f3n que asegura no s\u00f3lo la supervivencia sino la inmortalidad. Hay un intento vigoroso de vencer el miedo. Hay una suerte de ilusi\u00f3n \u00f3ptica que pretende asumirse como realidad-real. El Para\u00edso es (est\u00e1 en\u2026) el Pasado: la Monta\u00f1a (an\u00e1loga, simult\u00e1nea) surge de la niebla como una promesa de eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Todo ha durado un minuto: despu\u00e9s de dejar el equipaje, afront\u00e9 los volcanes y el valle, y mi cuerpo comenz\u00f3 a ser otro. Apenas he tenido Tiempo -dentro de estos segundos- para recorrer mi historia, mi vida: \u00fanica cosa que pretendo rescatar para ti -para mi- con dolorosa prisa, temeroso de que puedas olvidarla o repetirla. Porque debo ser feliz. Podr\u00eda serlo claramente si un leve temor, una probabilidad dentro de miles, no hincara la imaginaci\u00f3n con sa\u00f1a: la posibilidad de haber resurgido para repetir uno tras otro los actos de mi pasada existencia. El horror de circular en el Tiempo, siempre como un hombre id\u00e9ntico a s\u00ed mismo. S\u00f3lo corroe mi felicidad ese leve temor que me har\u00eda preferir, entonces, la idea de morir ya.<\/em><sup>6<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed interviene un componente del ser que es misterioso y determina tanto lo individual como lo colectivo, y es el componente f\u00e1ustico: el deseo de retener juventud y belleza, pero sin perder la experiencia de lo vivido (deseo que, no obstante, tropieza con la certeza de la repetici\u00f3n: pesares, errores, horror). Winckelmann escribi\u00f3: Si hemos de ser exactos, puede decirse que hay un instante en que el hombre bello es bello, un solo instante de belleza y no una continuidad de vida en la belleza, un instante de belleza y luego la belleza est\u00e9ril: la Muerte.<sup>7<\/sup> Balza dice: el hombre m\u00e1s bello es quien llega desde el lugar m\u00e1s lejano: un refr\u00e1n de Szmarkand que resulta apenas una vaga met\u00e1fora para reflejar cu\u00e1n remoto es el regreso a que es sometido el personaje.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Dije en voz alta el \u00fanico pensamiento que alcanc\u00e9 a articular: un refr\u00e1n tra\u00eddo desde las tierras de Szmarkand: pobre frase para envolver lo que me estaba ocurriendo, cuya sabia vaguedad ofrec\u00eda consuelo en sus simples t\u00e9rminos: deb\u00eda ser bello cuanto suced\u00eda; deb\u00eda ser remoto mi lugar de procedencia: este mismo cuerpo dejado cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El hombre llega al reino y el reino es, a la vez, origen y final: todo s\u00edmbolo del pasado, aun de ese que se reconquista participando de la met\u00e1fora de lo visible en invisible, es la Muerte. Varios estadios de la consciencia se penetran, se entrecruzan, se enriquecen y ofrecen entonces la exacta visi\u00f3n del abismo.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, todas las interpretaciones suelen ser incompletas, y las relaciones que se establezcan en base a ellas ser\u00e1n siempre arbitrarias. Si el regreso al origen es la historia \u00fanica del ingreso a la Muerte, y, de all\u00ed, a otro nacimiento, es l\u00edcito pensar que el Tiempo es s\u00f3lo un presupuesto existencial manipulable: una teleolog\u00eda. Podemos decir que el Tiempo nos explica \u00edntegramente la vida. Su sentido es otorgar humanidad a cada hombre y hacer que cada cosa, por el hecho de su limitaci\u00f3n, cobre una realidad que le sea propia. El fen\u00f3meno es vasto y complejo. Una de las maneras de abordarlo es la reflexi\u00f3n: teol\u00f3gica, cosmol\u00f3gica o filos\u00f3fica. La otra, la m\u00e1s completa, es la escritura, secreto elixir de toda eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>EL OSARIO DE DIOS: MEMORIA Y ETERNIDAD<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>La felicidad m\u00e1s pura es la que se ha perdido. Es posible que, para ser, toda felicidad tenga antes<br>que perderse.<\/em> Jean Lescure<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>La primera y principal de las formas de supervivencia es la pura y simple memoria. <\/em>Jos\u00e9 Ferrater Mora<\/p>\n\n\n\n<p><strong>De la desintegraci\u00f3n formal a la reintegraci\u00f3n del Tiempo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es posible que no sea ortodoxo el concepto de novela aplicado a <em>El Osario de Dios<\/em>, de Armas Alfonzo. Si tomamos como referencia el concepto de un te\u00f3rico como David Lodge (<em>The novelist at crossroad<\/em>): La novela es una estructura compleja que se caracteriza, en primer lugar, por ser una cadena de sucesos entrelazados, unidos por un discurso convincente y por aquella materia de la vida que, transcrita como discurso, asume para el autor el car\u00e1cter de interconexi\u00f3n, podemos asumir que dicha obra no solamente es una novela, sino tal vez la primera novela de forma fragmentaria que se ha producido en la literatura venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil enumerar los elementos que crearon la consciencia de la novela moderna, pero por lo menos hay dos que afectaron esencialmente el concepto tradicional: uno es la apertura hacia la captaci\u00f3n global de la naturaleza estallada, y el otro es la concomitancia entre el arte y las formas filos\u00f3ficas y cient\u00edficas que provocaron la ruptura del universo newtoniano. Ambos factores transformaron radicalmente todas las formas art\u00edsticas. A medida que los absolutos comenzaron a ser cuestionados, el arte perdi\u00f3 su cualidad monol\u00edtica y homog\u00e9nea: estall\u00f3 y exhibi\u00f3 bases ontol\u00f3gicas y epistemol\u00f3gicas incongruentes, destinadas a crear nuevos g\u00e9neros-sin-g\u00e9nero. De todas maneras, el concepto de novela nunca ha sido muy exacto.<\/p>\n\n\n\n<p>Un cr\u00edtico respetable como Domingo Miliani considera <em>El Osario de Dios<\/em> como un conjunto de cuentos cortos, y llama a Armas Alfonzo maestro venezolano del g\u00e9nero. Pero si nos remitimos a la novela como forma de creaci\u00f3n de un espacio geogr\u00e1fico homog\u00e9neo, donde se juega a lo ambiguo y atemporal, as\u00ed como a la idea de la novela como saga \u00e9pica y tr\u00e1gica, estructurada a la manera de un fresco gigantesco o de un \u00e1lbum familiar, para acercarnos a la ordenaci\u00f3n del caos, tenemos all\u00ed una proposici\u00f3n que el autor ejecuta como una necesidad vital, y cuya consistencia sirve de soporte al espacio y las acciones de una realidad cosmog\u00f3nica colectiva: una novela.<\/p>\n\n\n\n<p>En este universo, el Tiempo hace al espacio y lo determina. No el Tiempo cuantificable por v\u00edas usuales, sino el Tiempo m\u00edtico que Mircea Eliade identifica con la memoria colectiva. Tiempo considerado en su pureza original, enriquecido para ofrecer al Yo la idea de duraci\u00f3n. Esta es asumida como el progreso continuo del pasado que avanza, dejando sentir su influencia: el pasado que crece acumulativamente y se solidifica. Susceptible de ser desvelado por la rememoraci\u00f3n. El pasado que se convierte en algo m\u00e1s que el sencillo antecedente del presente: es su fuente. Remont\u00e1ndolo, el autor no trata de situar los acontecimientos en un marco temporal reconocible, sino de alcanzar el fondo del ser, descubrir lo originario, la realidad raigal de la que ha surgido el cosmos y que le permitir\u00e1 comprender el devenir.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, Armas Alfonzo hace uso del privilegio que le permite romper la sucesividad. Consciente de que s\u00f3lo en el olvido est\u00e1 la Muerte del ser, redimensiona la Muerte para vivir con plena eternidad en la memoria recobrada: recrea los sucesos hist\u00f3ricos y personales y las particulares transfiguraciones para recuperar un Para\u00edso que es eterno. A la manera de Plotino, hace de la eternidad la vida de la estirpe: la permanencia del UNO en el OTRO. El relata historias de una manera antigua, sencilla, sincera y clara: es un narrador profesional: un aeda que re\u00fane en torno a s\u00ed a un p\u00fablico y ese p\u00fablico conf\u00eda en su palabra como posibilidad de reconstruir la vida. En este sentido, el presente eterno, que es su marca estil\u00edstica, corresponde a este modo de narrar: los episodios son sintetizados, alcanzan la simplicidad primigenia, no soportan una gran carga tem\u00e1tica. Los personajes son apenas esbozados (pero poseen un nombre: un emblema familiar) y el lenguaje es directo y cotidiano, con referencias muy concretas al paisaje, a la fauna, a la flora, a los topon\u00edmicos: a la magia fon\u00e9tica del habla regional, lo que da al narrador la autoridad indispensable para provocar la abolici\u00f3n del Tiempo, a la vez que crear el espacio y transmitirlo como memoria colectiva, y, por lo tanto, resguardable.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La recuperaci\u00f3n del origen<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>A trav\u00e9s de todos los seres pasa el espacio \u00fanico espacio interior del mundo. En silencio los p\u00e1jaros vuelan a trav\u00e9s de nosotros. Y yo que quiero crecer yo miro hacia afuera y es en m\u00ed que el \u00e1rbol crece. <\/em>Rainer Mar\u00eda Rilke<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguna vuelta al origen es paradis\u00edaca, porque todos los verdaderos Para\u00edsos son Para\u00edsos Perdidos, dice Proust. En todo caso, la rememoraci\u00f3n se plantea como una forma de sobrevivencia por recuperaci\u00f3n del ser original y esencial del hombre-entidad colectiva. Ese es el caso de un libro como <em>El Osario de Dios<\/em>, donde el autor, por medio de una serie de relatos concatenados, homogeneizados por un tema com\u00fan: la \u00e9pica y la cotidianeidad de la regi\u00f3n del Unare, logra consolidar un universo anterior a este Tiempo, un universo que, por carecer de una temporalidad precisa y reconocible, adquiere matices m\u00edticos y resonancias colectivas.<\/p>\n\n\n\n<p>El pasado, as\u00ed desvelado, es mucho m\u00e1s que el antecedente de lo presente: es su fuente. Remontando en la memoria, el autor no trata de situar los acontecimientos dentro de un marco espec\u00edfico y cuantificable: al abolir ese marco, \u00e9l llega al fondo del asunto: al origen: a la realidad primordial de la que ha surgido el cosmos. \u00bfNo es tambi\u00e9n esta abolici\u00f3n del Tiempo una forma de consagrarlo en acto \u00fanico y potente: acto audazmente aprehendido en su dimensi\u00f3n desgarrada y ef\u00edmera, representaci\u00f3n de una metaf\u00edsica del instante? Se podr\u00eda decir, sin embargo, que en esa condici\u00f3n lo abierto tiende hacia la absoluta certidumbre: todos los rostros y lugares son reconocibles: espejos de una realidad rememorada y, por eso, iluminada m\u00e1gicamente. De esta manera se restituye, desde una instancia puntual, la extensi\u00f3n de la esencia. El escritor es dios padre y creador del mundo: todopoderoso y omnipresente, justo y misericordioso, pero revestido de la efimeridad y fragilidad de su condici\u00f3n humana y, justo por eso, m\u00e1s potente metaf\u00edsicamente hablando, m\u00e1s capaz de alcanzarnos a todos, y es por ello que su vida, su Muerte: su ciclo vital, nos pertenecen de manera tan \u00edntima, dolorosa e insufrible.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos preguntarnos: \u00bfqu\u00e9 pasa cuando, alej\u00e1ndonos cada vez m\u00e1s de la noci\u00f3n regular del Tiempo creamos un espacio en el vac\u00edo de las horas, en ese lapso de la ca\u00edda de la arena del reloj? La consciencia busca lo irracional como salida: hay una pureza inmanente en ese gesto. Pero tambi\u00e9n una gran angustia por lo que ya se ha perdido. Armas Alfonzo crea, al abolir lo temporal, una v\u00eda para transformar los significantes habituales y rutinarios. Trata de tomar una mayor consciencia de la vida, buscando en el pasado y en la consciencia de la estirpe, un elixir que lo salve (que nos salve) de la disoluci\u00f3n, de la Muerte y del olvido. Para ello, no s\u00f3lo utiliza las formas de su exterior rememorado, sino que participa de otras formas superiores: es divinidad que invierte el destino, lo representa, lo purifica y hace de sus im\u00e1genes los sustitutos de la realidad objetiva. Su ruptura temporal no apunta s\u00f3lo hacia el vac\u00edo, sino hacia una posibilidad m\u00e1s alta: la de convertirse en fuente de la eternidad, no s\u00f3lo de s\u00ed mismo sino la de todo su pueblo, su paisaje, su designio familiar. Esa consciencia es m\u00e1s ambiciosa: \u00e9l se introduce en ella, como Rilke, por medio de coordenadas independientes del Tiempo, del espacio y de la existencia terrestre. Y su introducci\u00f3n se traduce en estallido y surgimiento de una obra escrita. Tal como escribiera Kafka alguna vez, Armas Alfonzo podr\u00eda decir: Pero a pesar de todo escribir\u00e9, pase lo que pase; es mi lucha por sobrevivir.<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el punto esencial. El escritor est\u00e1 ligado a las cosas, est\u00e1 en medio de ellas, y si renuncia actividad representadora y creativa, si se retira aparentemente hacia el fondo de s\u00ed mismo, no es para eliminar las humildes y caducas realidades de su historia, sino para hacerlas participar de su interiorizaci\u00f3n, all\u00ed donde pierden su posibilidad mortal, su valor de uso o de intercambio, sus estrechos l\u00edmites, y trascienden: el Tiempo se abuele y el espacio, creado por el Tiempo y la sensibilidad del escritor, adquiere una dimensi\u00f3n lejana y cercana a la vez: una vez m\u00e1s, es la metamorfosis de lo visible en potencia prodigiosa, iluminado s\u00f3lo para nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Blanchot dice que cada hombre est\u00e1 llamado a recomenzar la misi\u00f3n de No\u00e9. Si cada hombre es No\u00e9, entonces \u00e9l debe ser el refugio donde reciban amparo las especies de lo que existe y lo que existi\u00f3, para evitar que se extingan. All\u00ed deben permanecer las cosas sangrientas, rom\u00e1nticas, terribles. La soledad y el amor. La enfermedad y la ambici\u00f3n. Los espectros amigos o enemigos. Las aves que nutrieron la infancia y ya no est\u00e1n. Las nubes en el cielo. Los d\u00edas tormentosos y el abismo. El miedo y la dicha. Todo debe conservarse. De un modo extra\u00f1o, un hombre como Armas Alfonzo toma esas cosas sobre s\u00ed, como un fardo, y las sumerge en el esplendor de su palabra para que no desaparezcan radicalmente.<\/p>\n\n\n\n<p>En eso reside su vocaci\u00f3n primera: la de ofrecer en esa tarea de salvaci\u00f3n su aptitud para perecer, su fragilidad, su caducidad, su don de Muerte, para encontrar la condici\u00f3n de inmortal y eterno que da la transmutaci\u00f3n del Tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Tiempo como espacio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ninguna parte es permanecer. Lo que se encierra en el hecho de permanecer, ya est\u00e1 petrificado, dice el Rilke de las <em>Eleg\u00edas<\/em><sup>8<\/sup>. Todo muere, y lo m\u00e1s susceptible de morir es el hombre, porque el olvido implica la Muerte m\u00e1s exacta. No s\u00f3lo en <em>El Osario de Dios<\/em> sino en toda la obra de Armas Alfonzo (que se puede admitir como una \u00e9pica y una dram\u00e1tica de la zona oriental venezolana), la necesidad de conjurar el olvido es una constante. El se opone a la transformaci\u00f3n de las cosas porque desea hacer m\u00e1s seguras las im\u00e1genes que eternizar\u00e1 para el consumo de su estirpe futura. En ese acto corre un riesgo: el de retenerse en el interior de ese universo. El espacio es, entonces, su l\u00edmite y su traducci\u00f3n. Un espacio ilimitado y esencial: un espacio inaugural, m\u00edtico y que, aun perteneci\u00e9ndole, no le pertenecer\u00e1 jam\u00e1s. Ciertamente, esa entrega del escritor a sus fantasmas es audaz: \u00e9l est\u00e1 ausente de lo presente, se ha unido espiritualmente a su escritura y permanece en un n\u00facleo sin relojes: la eternidad en movimiento planteada por Plat\u00f3n. Una cosa es verlo todo desde afuera, como hace Balza, cuidadoso de los compromisos. Y otra es introducirse en el fen\u00f3meno de las metamorfosis y convertirse en s\u00f3lo palabra.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los vencimientos de la Muerte<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Rilke escribi\u00f3 acerca de las <em>Eleg\u00edas Duinesas<\/em>: En realidad, estaba libre desde hac\u00eda Tiempo, y lo \u00fanico que le imped\u00eda morir era simplemente que alguna vez, por descuido, hab\u00eda olvidado hacerlo, y que no deb\u00eda entonces, como los otros, seguir su camino para llegar a la Muerte, sino al contrario, remontarlo hacia atr\u00e1s. Su acci\u00f3n estaba ya en el afuera, en las cosas convencidas con las que juegan los ni\u00f1os y perec\u00eda en ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto conduce a una consumaci\u00f3n del ser individual en aras del ser colectivo. Sobrevivir es, de nuevo, vencer la acci\u00f3n disolutoria del Tiempo. Si en <em>Percusi\u00f3n<\/em> un protagonista innominado vence el Tiempo alej\u00e1ndose de su transcurso y su posibilidad de degeneraci\u00f3n, en <em>El Osario de Dios<\/em> muchos protagonistas identificados con sus nombres propios perpet\u00faan la historia colectiva, escapan de la Muerte, aun muriendo en el texto.<\/p>\n\n\n\n<p>Los planteamientos, los enfoques, son distintos. Tambi\u00e9n lo son las caracter\u00edsticas \u00e9ticas y est\u00e9ticas de quienes los crean. Pero hay algo que los emparenta con una fuerza indefectible: el deseo de vencer la Muerte, la vida limitada de la Muerte. Ambos son hombres emancipados de la Muerte. Para ellos morir no es ya morir, sino transformarse en palabras que consagran la eternidad de instantes felices o desdichados.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay que olvidar que este esfuerzo por vencer la Muerte venciendo el transcurso del Tiempo implica una decisi\u00f3n de hacer converger en un punto todos los asuntos interiores y exteriores: la fuerza de lo vivido y de lo que se vivir\u00e1. Eso es esencial, porque determina la responsabilidad total de quien lo asume. Gracias a esa doble exigencia, la tensi\u00f3n que se produce impide que se desvanezca la realidad en el imperfecto olvido. El arte tiende un puente hacia lo duradero. Resuena. En \u00e9l se cruzan todas las coordenadas y es el comienzo infinito, el infinito fin: lugar abierto y cerrado. Posibilidad que s\u00f3lo al artista incumbe de llenarlo o dejarlo en el vac\u00edo para salvarse de la acci\u00f3n del Tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<ol>\n<li>ELIADE, Mito y Realidad, p. 92-93<\/li>\n\n\n\n<li>BALZA, Percusi\u00f3n<\/li>\n\n\n\n<li>BALZA, Obra citada<\/li>\n\n\n\n<li>BALZA, Obra citada<\/li>\n\n\n\n<li>JESI, Literatura y mito<\/li>\n\n\n\n<li>BALZA, Idem<\/li>\n\n\n\n<li>Citado por Furi\u00f3 Jesi en la Obra Citada.<\/li>\n\n\n\n<li>Eleg\u00edas del Duino<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/milagros-mata-gil-por-si-misma\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado en http:\/\/siglo20procesosliterariosvenezolanos.blogspot.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PERCUSI\u00d3N: LA CONSAGRACI\u00d3N DEL INSTANTE Y nosotros so\u00f1amos con una hora divina que lo diera todo. 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