{"id":14823,"date":"2025-01-23T16:59:12","date_gmt":"2025-01-23T21:29:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14823"},"modified":"2025-01-23T16:59:12","modified_gmt":"2025-01-23T21:29:12","slug":"aguas-reflejos-plata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/aguas-reflejos-plata\/","title":{"rendered":"Las aguas ten\u00edan reflejos de plata"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Laura Antillano<\/h4>\n\n\n\n<p>Cap\u00edtulo I: De c\u00f3mo el hijo del pirata y la Tuna comienzan a vivir su propio destino. De enamoramiento a primera vista y de inicios como orfebre y pardo<\/p>\n\n\n\n<p>Eran los d\u00edas de la muerte de Carlos III de Espa\u00f1a. Por orden expresa de la Corona en sus colonias deb\u00eda guardarse luto riguroso, todos los vecinos deb\u00edan vestir de negro cerrado. El Pend\u00f3n Real estaba en la Plaza Central y te\u00f1\u00edan las campanas de las iglesias.<\/p>\n\n\n\n<p>Gerardo, con el luto exigido, hab\u00eda salido muy temprano de casa con la encomienda de visitar al orfebre m\u00e1s conocido de la ciudad. Llevaba carta de su padre adoptivo y tutor: Don Crist\u00f3bal Mart\u00edn, quien insist\u00eda en preparar debidamente al muchacho, para no dejarlo sin amparo, seguro de que su propia muerte se aproximaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Gerardo en el camino observaba a las mujeres, quienes en grupos de tres y cuatro se dirig\u00edan a cumplir con los oficios religiosos. Se vest\u00edan de negro, como lo mandaba la ordenanza real, pero los de las blancas eran de raso y los de las mestizas de tafet\u00e1n o lanilla. Todas cubiertas con velos de encajes que dificultaban distinguir los detalles de los rostros, permitiendo sin embargo presentir sus miradas esquivas en cuanto percib\u00edan la atenci\u00f3n de los ojos de los caballeros en ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Gerardo es un pardo. Su nariz es perfilada, el profundo oscuro de sus cabellos contrasta con la refulgencia de su piel, tiene un porte de elegancia natural en el que influye una espalda recta y ancha y un caminar  desenvuelto y pausado. Se sabe mirado y esquiva esas miradas con timidez. Al atravesar la plaza una presencia se convierte en im\u00e1n de sus ojos, es una joven quien ha pasado a su lado aceleradamente roz\u00e1ndolo con el borde de su falda.<\/p>\n\n\n\n<p>Un rel\u00e1mpago paralizador se ha producido entre los dos por segundos escasos, luego ella ha corrido para reunirse con otras damas, quienes parecen esperarle en un costado de la Capilla de Santa B\u00e1rbara. <\/p>\n\n\n\n<p>Los ojos de Gerardo siguen prendidos de la espalda y la cintura de ella, y como si todo hubiera sido poco la damita, al llegar al lugar de las otras da vuelta a su cabeza y lo mira una vez m\u00e1s, dej\u00e1ndolo poco menos que a punto de desmayo.<\/p>\n\n\n\n<p>Gerardo piensa que se trata de una se\u00f1al aprobatoria, o casi no lo piensa, porque las muchachas en conjunto acaban de entrar a la capilla.<\/p>\n\n\n\n<p>El muchacho no sabe si continuar su camino original a casa del orfebre o entrar a la Capilla \u00e9l tambi\u00e9n, opta por esto \u00faltimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en el templo descubre que las damas hace tiempo le llevan cierta distancia. Ellas tienen el paso cauteloso propio de estos lugares, Gerardo puede alcanzarlas si lo desea. Pero \u00e9l prefiere mirarlas desde lejos. Van todas frente al altar mayor, sobre \u00e9l hay un retablo de madera con filetes dorados muy finos, el centro del retablo es el Sagrario. Las se\u00f1oritas hacen una inclinaci\u00f3n para persignarse, pero, Gerardo, quien va de un asombro a otro, nota que aquella que es motivo de su zozobra se separa del grupo para dirigirse a un retrato de la Beat\u00edsima Trinidad en un lugar opuesto al altar, se persigna con la inclinaci\u00f3n debida y voltea con sigilo con el rabillo del ojo a mirar a nuestro h\u00e9roe.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l la mira entonces y ella sostiene esa mirada, una de las damas que le acompa\u00f1an la llama con una se\u00f1a de su mano desde el altar mayor, le dirige unas palabras que Gerardo no logra entender aunque escucha<br>el acento franc\u00e9s en ellas (lengua a la que Gerardo se familiariza m\u00e1s d\u00eda a d\u00eda por ense\u00f1anza de Do\u00f1a Solange, la que podr\u00eda decirse su tutora). La muchacha obedece la voz de quien podr\u00eda ser su institutriz, su madre o una t\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Gerardo decide sentarse en una de las bancas de la Capilla desde donde puede seguir mirando a las damas, una profunda sensaci\u00f3n lo lleva a arrodillarse, un suspiro es la se\u00f1al que define el estado de desasosiego que le inspira la presencia misma de la damita en aquel lugar santo, sigue sin separar la vista de aquel rostro blanco entre negros vestidos y velos. El muchacho contempla ahora, tratando de recuperar la calma, las paredes de mamposter\u00eda, los techos, por el exterior de tejas y aqu\u00ed dentro apoyados en tablas de madera y vigas.<\/p>\n\n\n\n<p>El lugar del coro ocupa todo el ancho de la nave. Los frescos en las paredes cuentan escenas religiosas. Gerardo ahora se pone de pie, la muchacha permanece arrodillada frente al altar mayor. \u00c9l recuerda su diligencia y decide salir por la puerta principal de la Capilla. Ya en la calle no puede olvidar los grandes ojos almendrados de aquella muchacha, con su mirada casi retadora.<\/p>\n\n\n\n<p>Gerardo llega finalmente a casa de Don Antonio de Arfe, en la pared de la fachada destella una placa en donde puede leerse: <em>\u201cDon Antonio de Arfe, Orfebre, a su servicio y el de su majestad, el Rey de Espa\u00f1a\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El joven toca la aldaba tres veces y viene a abrirle, muy circunspecta y con un delantal reluciente de blanco, una criada negra de unos veinte a\u00f1os, Gerardo le entrega el pergamino que ha enviado Don Crist\u00f3bal Mart\u00edn y ella desaparece por el corredor con tal encomienda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasados unos minutos viene a recibir al muchacho un recio se\u00f1or, con grandes bigotes pelirrojos, quien le trata con cordialidad e inicia el di\u00e1logo preguntando por su entra\u00f1able amigo Don Crist\u00f3bal.<\/p>\n\n\n\n<p>Gerardo es luego conducido por un largo corredor al Taller de Orfebrer\u00eda de Don Antonio. All\u00ed se sientan los dos en c\u00f3modas butacas de madera labrada y procede el caballero a preguntar a Gerardo sobre su<br>inter\u00e9s por el oficio de orfebre, las horas pasan amigablemente en una conversaci\u00f3n llevada por Don Antonio en la cual Gerardo descubre la pasi\u00f3n del artesano por su oficio y el orgullo naciente de \u00e9ste de tomarlo como aprendiz, impresionado por la humildad, el buen lenguaje y las maneras del muchacho.<\/p>\n\n\n\n<p>En la conversaci\u00f3n se habla de Santiago de Compostela, Sevilla y Valladolid, lugares en donde Don Antonio aprendi\u00f3 el oficio.<\/p>\n\n\n\n<p>Gerardo escucha sorprendido contemplando el brillo de los lingotes de oro, las l\u00e1minas de plata y el resplandor que sale del horno. Cuando sus se acostumbran a la iluminaci\u00f3n del lugar descubre los rasgos de otros rostros juveniles como el suyo, pertenecen a quienes con delantales puestos y peque\u00f1as herramientas en mano, se dedican a su trabajo con delicado ah\u00ednco. Sabe que son sus compa\u00f1eros en la nueva etapa de su vida como aprendiz de orfebre, son: Oscar Montaban, Vicente D\u00e1vila y Ricardo Palacios.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy pronto conocer\u00e1 la buena opini\u00f3n que tienen los muchachos del Maestro, hombre justo y protector aunque fiel devoto a sus majestades de Espa\u00f1a y por lo tanto enemigo a carta cabal de las nuevas ideas venidas de ultramar. <\/p>\n\n\n\n<p>Gerardo sale de la casa de Don Antonio iniciada la tarde, su cabeza llena de ideas coloca muchas palabras el acci\u00f3n, pero, al pasar frente a la Capilla de Santa B\u00e1rbara la imagen de la joven descubierta en la ma\u00f1ana se enciende, y el muchacho entra al templo con el deseo de reencontrarla, por supuesto, no tiene \u00e9xito, y a\u00fan as\u00ed la alegr\u00eda de su coraz\u00f3n impregna hasta el luto que ve por todas partes, dedicado a las<br>exequias de Carlos III.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/laura-antillano\/\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Laura Antillano Cap\u00edtulo I: De c\u00f3mo el hijo del pirata y la Tuna comienzan a vivir su propio destino. 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