{"id":14672,"date":"2025-01-02T17:06:04","date_gmt":"2025-01-02T21:36:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14672"},"modified":"2025-01-02T17:06:04","modified_gmt":"2025-01-02T21:36:04","slug":"experimento-a-un-perfecto-extrano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/experimento-a-un-perfecto-extrano\/","title":{"rendered":"Experimento a un perfecto extra\u00f1o"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Urriola<\/h4>\n\n\n\n<p><em>El 9 de septiembre de 2015 recib\u00ed una limada telef\u00f3nica a altas horas de la noche. Con voz fatigosa mi amigo P.L. me rog\u00f3 que fuera de inmediato a su casa. Era algo importante y quer\u00eda hacerme entrega de un documento. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No pod\u00eda esperar. Me fui de p\u00e9sima gana y dando una mala excusa a mi mujer. No quise preocuparla, ella tambi\u00e9n le ten\u00eda un extra\u00f1o afecto a P.L. y bien sab\u00eda que cualquier noticia desagradable sobre \u00e9l la iba a angustiar mas de lo normal.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuando llegu\u00e9 a casa de P.L. hab\u00eda una nota sobre la puerta: \u00absimplemente empuja\u00bb. Pas\u00e9, nadie respondi\u00f3 a mi saludo. Una \u00fanica luz alumbraba al fondo del pasillo, ol\u00eda a ropa h\u00fameda y a platos sucios, tambi\u00e9n a cigarrillos fumados en medio del fr\u00edo con las ventanas cerradas durante semanas. No hac\u00eda falta que terminara de recorrer el pasillo para saber lo que me esperaba al final. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo encontr\u00e9 con la cabeza perforada por el balazo. El manch\u00f3n grueso aplastado contra la pared de fondo. El charco copioso sobre la computadora y el mes\u00f3n, ti\u00f1\u00e9ndolo todo de rojo. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>A pocos cent\u00edmetros de su cabeza hab\u00eda una carpeta llena de papeles identificada con el titulo: \u00abCerebro que no se apaga, experimento de un perfecto extra\u00f1o\u00bb. Y bajo el t\u00edtulo una nota: \u00abpor favor publicarlo tal cual como est\u00e1, no corregir una coma ni un errar ortogr\u00e1fico, no alterar el orden de las p\u00e1ginas. Es mi voluntad, que se publique tal cual como lo he dejado\u00bb. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Me invadi\u00f3 entonces la rabia porque P.L. se hab\u00eda quitado la vida sin haberlo siquiera anunciado. Sin despedirse. Me dio pena porque se march\u00f3 sin que pudiera demostrarle lo mucho que yo lo estimaba. Y sent\u00ed un inmenso dolor, porque de tener otra oportunidad hubiera sido para \u00e9l un mejor amigo. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero sobre todo me dio miedo. Un miedo terrible, primigenio. Algo siniestro y oscuro rondaba esa habitaci\u00f3n. Ten\u00eda que salir corriendo inmediatamente de all\u00ed. Tomar el manuscrito, llevarlo a un lugar seguro y luego avisar a la polic\u00eda.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>Fue tanto el horror en ese instante que se me nublaron los ojos de l\u00e1grimas, trastabill\u00e9 y cuando quise a toda carrera tomar las hojas mecanografiadas sent\u00ed que me cubri\u00f3 una brisa helada, una cosa espectral, el p\u00e1nico s\u00f3lido en su forra a m\u00e1s pura.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>Tropec\u00e9 el manuscrito con los dedos vueltos un nudo de nervios. Cay\u00f3 desparram\u00e1ndose por el suelo, llen\u00e1ndose de sangre, confundi\u00e9ndose con la tinta a\u00fan fresca. Cerca de doscientas p\u00e1ginas no numeradas regadas all\u00ed. Sin t\u00edtulos ni identificaci\u00f3n para los cap\u00edtulos, sin \u00edndice alguno.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>De cualquier manera -o de la mejor manera que pude- recog\u00ed las hojas y las devolv\u00ed a la carpeta. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Me sent\u00eda observado. Quiz\u00e1 por P.L. que a\u00fan no hab\u00eda desocupado del todo la habitaci\u00f3n. Qui\u00e9n sabe si por otras personas que nos espiaban a ambas. Pero la sombra de lo siniestro estaba all\u00ed en ese momento, lo puedo jurar. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Termin\u00e9 de recoger las p\u00e1ginas y las apil\u00e9 de nuevo dentro de la carpeta. Tambi\u00e9n recog\u00ed una \u00faltima nota -desapercibida hasta entonces- que se hallaba muy cerca del ment\u00f3n de P.L. Estaba escrita a mano, con una letra terriblemente nerviosa y dif\u00edcil de entender. Pero no revelar\u00e9 el contenido de esta nota. Al menos, no por ahora.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>La novela que est\u00e1n a punto de leer es producto de un accidente. Despu\u00e9s de leer sus hojas cientos de veces y de combinarlas otras tantas, intent\u00e9 colocar el texto en un orden que aproximadamente podr\u00eda ser el dejado por P.L. sobre la mesa, la noche de su muerte.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>Este es el orden que le doy yo. Esta estructura es la que yo consegu\u00ed como justa para la obra de P.L. Las separaciones por cap\u00edtulos est\u00e1n hechas a mi criterio. Las reflexiones, a veces insertas entre un cap\u00edtulo y otro, son textos originales de P.L. All\u00ed tampoco se cambi\u00f3 una simple coma ni un error de ortograf\u00eda, mucho menos se consider\u00f3 la m\u00ednima idea de realizar correcciones de estilo. En eso s\u00ed la novela queda inmaculada.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero su orden aut\u00e9ntico s\u00f3lo lo puede tener en su mente P.L. S\u00f3lo \u00e9l y, claro, su cerebro que nunca se apaga.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>Invito a que cada quien deshoje de nuevo este cuerpo extra\u00f1o, lo desparrame por el piso y lo vuelva a ensamblar con su mejor torpeza. Cada quien que se adue\u00f1e del relato de P.L. y lo combine como mejor le venga en gana. Creo que eso es lo que m\u00e1s le gustar\u00eda. S\u00f3lo as\u00ed tendr\u00eda sentido realmente la \u00faltima nota que dej\u00f3. Esa que no revelar\u00e9. No hasta que terminen el tr\u00e1nsito por esta experiencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tengo un cerebro que no se apaga. O \u00e9l me posee a m\u00ed -mejor dicho- lo que viene a resultar bastante peor. El tipo no se detiene, no deja de pensar, est\u00e1 permanentemente maquinando idea tras idea con idea y contra idea. Las superpone, las deconstruye, las reinventa, las combina, las escupe, las procesa mal, las digiere peor. Machaca y martilla incansablemente este cerebro como una m\u00e1quina de perpetuo movimiento. Como si alguien alguna vez le hubiera sembrado un injerto que no deja jam\u00e1s de ramificarse entre los valles, asfixiando bajo su rizoma mis neuronas, intoxicando a su paso los laberintos irritados de mi cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pas\u00e9 la vida intentando apaciguado, enga\u00f1arlo, sedado. No se puede. O no se pudo, y ya.<\/p>\n\n\n\n<p>El asunto me viene desde ni\u00f1o, cuando mi padre acostumbraba inventarme historias. Cuentos alucinados que a veces yo lograba separar de la realidad, otras veces no pod\u00eda y otras simplemente no quise. Opt\u00e9 por creerlas a pesar de tener conciencia de toda su falsedad. Al final todas las historias se me convirtieron en una madeja unificada y ya no era capaz de distinguir entre los relatos sembrados, los acontecidos, entre los fantaseados por el viejo y los condimentados con mi propia sal. Empec\u00e9 a inventar relatos sobre los relatos. Cada evento de mi vida derivaba en un cuento que necesitaba ser contado a otra persona, pero tambi\u00e9n, sobre todo, necesitaba ser contado y recontado mil veces a un interlocutor interno que no era otro que yo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo una teor\u00eda al respecto. Bueno, he de decir que tengo mil tem\u00edas para todo lo que acontece, deja de acontecer o puede acontecer en mi vida; mi vida que adem\u00e1s de la que vivo es la que imagino o la que se me hace imaginar.<\/p>\n\n\n\n<p>La teor\u00eda va m\u00e1s o menos as\u00ed: cuando uno se acostumbra a jugar f\u00fatbol sin otro compa\u00f1ero que una pared que te devuelve en malos botes un bal\u00f3n desinflado, terminas asumiendo el rol de varios equipos, de varias nacionalidades y varias personalidades que al final son un gent\u00edo, un potpurr\u00ed de identidades dispersas que confluyen en uno mismo y que no acaban jam\u00e1s por ponerse de acuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>De esa manera, en un turno era yo quien jugaba a meter goles contra un \u00e1rbol de guayabas que hac\u00eda de portero. El bal\u00f3n rebotaba contra la pared, se me ven\u00eda encima haciendo botes extra\u00f1os y yo me inventaba mi mejor volea, un golpe de taco, acaso una chilena y el bal\u00f3n sal\u00eda disparado hacia el \u00e1ngulo imposible donde las manazas enormes y r\u00edgidas del guayabo, a pesar de todos sus esfuerzos, no llegaban. Golazo. Yo 1, el resto del universo O. El pr\u00f3ximo turno ya no era yo el que jugaba, seria Diego, o Mauricio, o Ar\u00edstides. Fuera quien fuera a quien le tocara el sumo hab\u00eda que hacer la pantomima con toda dignidad. Si Diego iba a intentar meterle un gol al guayabo pues deb\u00eda hacerlo con las mejores armas de su arsenal. Ten\u00eda que echarle bolas, y as\u00ed lo hac\u00eda. Bueno, es decir, ten\u00eda que echarle bolas yo, pero con las bolas de Diego, siempre un poquit\u00edn menos bolas que las que le ponla y ten\u00eda yo. Pero el remate de Diego siempre se iba demasiado alto, siempre chocaba rid\u00edculamente contra el tronco del guayabo o all\u00ed s\u00ed los esfuerzos sobrehumanos -valga el adjetivo para este guayabo portero, que de humano s\u00ed que ten\u00eda algo, lo juro- lograban cerrarle el \u00e1ngulo al disparo.<\/p>\n\n\n\n<p>Eliminado Diego ahora me tocaba ponerme la piel de Mauricio, con sus movimientos, sus tics, sus comentarios, hasta me cambiaba el peinado. Ah, y su limitada capacidad para jugar al f\u00fatbol, tambi\u00e9n. Y aunque su chute no fuera tan bueno, no tuviera la gracia, la maestr\u00eda ni la entrega absoluta del m\u00edo, a veces se colaba rastrero a un costado del tronco con una sequedad desprovista de todo encanto, como un rat\u00f3n envenenado adentr\u00e1ndose por la esquina inferior izquierda de la arquer\u00eda. Y el guayabo ni se inmutaba, la dejaba pasar el muy co\u00f1o e su madre como un arquero desganado de esos que hace vista a pesar de tener plena conciencia de que el chuce va enrumbado a las redes.<\/p>\n\n\n\n<p>Me quitaba la piel de Mauricio y me montaba encima la de Ar\u00edstides, quien tambi\u00e9n se sacaba un remate rid\u00edculo que tambi\u00e9n se convert\u00eda en gol. Esta vez con cierto toque m\u00e1s de gracia, casi imperceptible, pero la verdad es que a este remate de Ar\u00edstides le pon\u00eda m\u00e1s coraz\u00f3n. Por nada en especial, digamos que porque es emocionante siempre tener al menos un par de rivales en segunda fase.<\/p>\n\n\n\n<p>Diego quedaba eliminado. La final se jugar\u00eda entre Mauricio, Ar\u00edstides y yo. Volv\u00eda a ser mi tomo. Y yo fallaba. Fallaba porque no siempre la chilena sale perfecta o porque a veces un mal charco interpuesto entre la pared y yo hac\u00eda botar el bal\u00f3n tres metros m\u00e1s all\u00e1, o porque yo simplemente no era tan buen futbolista como yo mismo me pensaba. El guayabo -hijo de puta, aunque gran compa\u00f1ero de juegos- tambi\u00e9n hac\u00eda de las suyas de vez en cuando y se atravesaba burl\u00f3n en el trayecto de mi tiro. Entonces, r\u00e1pidamente, mi cerebro que nunca apaga, experto timador, enga\u00f1ador de los mil demonios, decid\u00eda instant\u00e1neamente reformular las reglas del juego. Yo ten\u00eda derecho a meter un gol al menos en tres intentos. Y seguro, en uno de esos tres, la pelota se mena y yo pasaba a la final. Mauricio y Ar\u00edstides tambi\u00e9n tendr\u00edan sus tres oportunidades cada uno -es que con las reglas reci\u00e9n instauradas era lo m\u00e1s justo- pero sus intentos desganados, sin tanta pasi\u00f3n ni tanta entrega, pero con la dignidad siempre en pie.<\/p>\n\n\n\n<p>Mauricio, sin tensi\u00f3n sobre los hombros -porque la tensi\u00f3n brutal s\u00f3lo la llevaba yo, en mi turno exclusivamente m\u00edo, el \u00fanico condenado a salir sublime- anotaba a placer sobre una porter\u00eda pr\u00e1cticamente desierta, como si el guayabo otra vez diera un pasito a un costado para dejar pasar la pelota. Gol. Un gol del mont\u00f3n, con esa displicencia que s\u00f3lo dan los buenas botes contra la pared, la pierna que se siente confiada porque solamente tiene que hacerlo bien y no siente la presi\u00f3n de hacerlo perfecto. A m\u00ed la pared muy rara vez me dio rebotes favorables, hab\u00eda demasiada tensi\u00f3n en ese centro preciso que yo mismo me hac\u00eda pero que se me devolv\u00eda haciendo extra\u00f1os, m\u00e1s indescifrables que cualquier topspin del mejor primer servicio de un tenista profesional.<\/p>\n\n\n\n<p>Ar\u00edstides lo intentaba, por triplicado. Pero sus esfuerzos eran in\u00fatiles, pues la final siempre se juega de a dos. Sus turnos eran como un saludo a la bandera, toda una escultura al esfuerzo est\u00e9ril. Se lanzaba de cabeza, se barr\u00eda sobre el lodo, arrancaba a cuajos el poco c\u00e9sped que a\u00fan quedaba en el campo. Pero no la met\u00eda nunca. Estaba destinado al fracaso. Heroico, loable, corajudo, pero fracaso al fin y al cabo.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegaba entonces la final. Yo siempre finalista, yo hecho un manojo de nervios de nylon a punto de estallar de pura tensi\u00f3n. Yo sinti\u00e9ndome un poco culpable porque sab\u00eda que de fallar no pod\u00eda ganar Mauricio -tales circunstancias ameritar\u00edan el replanteamiento de un nuevo juego, la reformulaci\u00f3n de unas reglas que no eran las originales, peno que exig\u00edan ser puestas en pr\u00e1ctica por el bien del ego y la sanidad mental del protagonista- y as\u00ed, con eres o cuatro oportunidades, con la tensi\u00f3n de un futbolista que se juega contra s\u00ed mismo la final de un mundial, yo siempre ganaba. O yo siempre me las inventaba para adelantar la revancha de un pr\u00f3ximo mundial jugado en solitario donde ahora s\u00ed no fallar\u00eda. Se jugar\u00eda hasta sus \u00faltimas consecuencias, aunque llamaran a comer, aunque la hora de las tareas ya tuviera una pr\u00f3rroga irrecuperable, aunque la ca\u00edda de la tarde matara la luz y ya no se viera ni pared ni pelota ni porter\u00eda ni guayabo arquero, aunque el sonido de la pelota chocando contra la pared y luego contra la reja detr\u00e1s del guayabo no dejara conciliar el sue\u00f1o a mis padres.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de la victoria -porque de no haber victoria no hab\u00eda fin de juego- entraba a casa sudado y hecho polvo. Con el coraz\u00f3n a mill\u00f3n pero contento de haber triunfado. Mientras me duchaba recreaba la situaci\u00f3n, imaginaba a las amigas del colegio festejando los goles, hablando fascinadas de lo bien contorneadas que eran mis piernas de futbolista, disput\u00e1ndose en un silencio a gritos mi evidente favoritismo hacia alguna de ellas. Porque yo ya desde entonces ten\u00eda el coraz\u00f3n plural. Acaso si habr\u00eda alguna favorita, alguna que me hac\u00eda temblar especialmente las piernas, que me hac\u00eda sudar las manos un poquit\u00edn m\u00e1s que las dem\u00e1s; pero ten\u00eda un poco para cada una, me pod\u00eda enamorar de todas, no ten\u00eda problemas en compartirlas en lo vasto de mi pecho. Eso s\u00ed, y que quede claro para que nos vayamos entendiendo desde el principio: yo comparto pero no me gusta ser compartido. Mi atenci\u00f3n puede ser dispersa con las mujeres, pero no acepto que su dedicaci\u00f3n a mi sea menos que exclusiva. Bueno, est\u00e1 dicho.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-urriola-una-semblanza-de-su-vida\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Urriola El 9 de septiembre de 2015 recib\u00ed una limada telef\u00f3nica a altas horas de la noche. 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