{"id":14661,"date":"2025-01-01T17:12:54","date_gmt":"2025-01-01T21:42:54","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14661"},"modified":"2025-01-03T16:24:40","modified_gmt":"2025-01-03T20:54:40","slug":"50-imprescindibles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/50-imprescindibles\/","title":{"rendered":"Sobre \u00ab50 imprescindibles\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por: R.J. Lovera De-Sola<\/h4>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez logr\u00f3 compilar y dirigir el volumen <em>50 imprescindibles <\/em>(Caracas: Fundaci\u00f3n para la Cultura Urbana, 2002. XXM,618 p.). Este es un libro que va a quedar, que se va a consultar por largo tiempo, ya que nos propone todo un itinerario de comprensi\u00f3n de Venezuela, se puede extraer de \u00e9l una suerte de teor\u00eda de Venezuela.\u00bb <em>Se trata de una selecci\u00f3n de los cincuenta libros que, bajo el criterio del maestro Sanoja Hern\u00e1ndez, son fundamentales para aproximarse a una lectura de Venezuela que viaja desde Crist\u00f3bal Col\u00f3n hasta Jos\u00e9 Ignacio Cabrujas\u201d <\/em>(p.X) dice Nels\u00f3n Rivera en el pr\u00f3logo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dice Sanoja sobre su proyecto, ahora felizmente realizado: \u00ab<em>Se necesitaba ir construyendo a pedazos con varios autores, la historia de Venezuela, y no de un solo golpe a trav\u00e9s de un autor, para que hubiese posibilidades, diversidad de opiniones&#8217; <\/em>(p.XV), creo, apunta,\u00bb <em>que hay un hilo rojo que une todo y es la b\u00fasqueda de un pa\u00eds real&#8230; Es la b\u00fasqueda del pa\u00eds real y del pa\u00eds ut\u00f3pico\u00bb<\/em>(p.XV).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo est\u00e1 consciente que \u00ab<em>Las selecciones son <\/em>(eufemismo dif\u00edcil de tragar) <em>para los selectos, entendiendo com0 selectos aquellos que se acomodan al gusto del cr\u00edtico o a su particular metodolog\u00eda de escogencia <\/em>(p.21).<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo que logr\u00f3 lo describe muy bien Stefania Mosca al escribir en su contribuci\u00f3n a la obra: <em>\u00abNos sentimos, a\u00fan hoy, en la obligaci\u00f3n, en la deberosa tarea de recomponer la memoria: nuestra memoria\u201d <\/em>(p.183).<\/p>\n\n\n\n<p>Este es un ejercicio que le viene muy bien\u00bb <em>a un pa\u00eds en el que se glorifica a los personajes, pero se ignora su pensamiento\u00bb <\/em>(p.519), como escribe Acianela Montes de Oca.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero penetremos en el sustancioso volumen. Este se abre en el Siglo XV con Crist\u00f3bal Col\u00f3n (1451-1506) por haber sido, en su <strong>Relaci\u00f3n del tercer viaje <\/strong>(1498), el primero en nombrar \u201c<em>nuestro paisaje&#8230; para la historia de occidente\u201d <\/em>(p. 309). Por ello es el <em>\u00abiniciador de las letras venezolanas\u201d <\/em>que dijo Augusto Germ\u00e1n Orihuela <em>(Desde la colina. <\/em>Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n, 1969, p.15).<\/p>\n\n\n\n<p>En el siglo XVI hallamos a Juan de Castellanos (1522-1607) porque a trav\u00e9s de sus <em>Eleg\u00edas de varones ilustres de Indias <\/em>(1589) fue el primero en reflejar a Venezuela en el \u00e1mbito de la poes\u00eda, fue <em>\u00abtambi\u00e9n el primer poeta, cronol\u00f3gicamente, de nuestra literatura\u201d <\/em>(p.353) acota Sanoja, y por ser quiz\u00e1 el escritor m\u00e1s laborioso que hemos tenido, constancia que requiri\u00f3 para la composici\u00f3n de sus amplias <em>Eleg\u00edas, <\/em>formadas por m\u00e1s de cien mil versos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el siglo XVIII nos encontramos con varios rostros:<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Oviedo y Ba\u00f1os (1671-1738) quien en su <em>Historia de la conquista y poblaci\u00f3n de la provincia de Venezuela <\/em>(1723) escribi\u00f3 p\u00e1ginas entra\u00f1ables para el sentimiento de lo venezolano. Tal su descripci\u00f3n de Caracas.<\/p>\n\n\n\n<p>El padre Jos\u00e9 Gunilla (1686-1750), aquel <em>\u00abhombre de pluma inquieta y detallista\u201d<\/em>que dice Roberto Echeto, quien en <em>El Orinoco ilustrado y defendido <\/em>(1741), nos mostr\u00f3 las potencialidades de la regi\u00f3n guayanesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Alejandro de Humbodlt (1769-1859) representado por su <em>Viaje a las regiones equinoccionales del nuevo continente <\/em>(1814), la cual bien podr\u00eda \u00ab<em>considerarse como un poema cient\u00edfico pues nadie supo como \u00e9l mostrar e interpretar el prodigio de nuestras tierras\u201d <\/em>(p.35). Fue Miguel Acosta Saignes quien consider\u00f3 su <em>Viaje&#8230; \u00abuno de los libros cl\u00e1sicos de la cultura venezolana\u201d <\/em>(p.44 ).<\/p>\n\n\n\n<p>Sim\u00f3n Rodr\u00edguez (1769-1954) quien nos mostr\u00f3, sobre todo en sus <em>Sociedades americanas <\/em>(1828), hasta qu\u00e9 punto formamos un mundo peculiar los hispanoamericanos. Particular y misterioso, el cual requiere de cl\u00e1usulas propias para ser gobernado.<\/p>\n\n\n\n<p>Andr\u00e9s Bello (1781-1865), <em>\u00abautor inagotable\u201d <\/em>(p.439) admite Sanoja, quien con su <em>Gram\u00e1tica castellana para uso de los americanos <\/em>(1847) nos ense\u00f1\u00f3 a hablar y a escribir a los latinoamericanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sim\u00f3n Bol\u00edvar (1783-1830) en cuyas <em>Cartas y discursos, <\/em>la obra elegida, est\u00e1n los rasgos de el Libertador como escritor, \u00ab<em>Aunque escrib\u00eda sin parar, podr\u00eda afirmarse con solvencia que Bol\u00edvar dividi\u00f3 su vida entre la refriega y la escritura, el Libertador no era considerado, a la hora de su muerte, un hombre de letras\u201d, <\/em>(p.278) acota Milagros Socorro quien nos muestra las pruebas para considerarlo como un hombre a quien como pol\u00edtico el escribir sedujo. Sus cartas son un modelo de escritura, ellas nos siguen fascinando. Fue tambi\u00e9n un voraz lector. En fin: un pol\u00edtico culto para quien la cultura y la acci\u00f3n pol\u00edtica no estaban re\u00f1idas.<\/p>\n\n\n\n<p>Agust\u00edn Codazzi (1793-1859) quien a trav\u00e9s de su <em>Resumen de la geograf\u00eda de Venezuela (1841) <\/em>fue el primero en trazar los rasgos de la Venezuela f\u00edsica y pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Nacidos en el siglo XIX vamos a encontrar varios. Algunos cuya acci\u00f3n transcurri\u00f3 en el XX. Hallaremos a don Ferm\u00edn Toro (1806-1865), el gran te\u00f3rico pol\u00edtico quien avizor\u00f3 la lucha por la justicia social y fue pionero de la descentralizaci\u00f3n. Demostr\u00f3 que un te\u00f3rico de las ciencias del gobierno pod\u00eda participar en la acci\u00f3n p\u00fablica, que se pod\u00eda dejar huella en las faenas administrativas y que se pod\u00eda pensar con independencia sobre los grandes procesos sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Ar\u00edstides Rojas (1826-1894) quien en su <em>Cr\u00f3nica de Caracas <\/em>(1946) nos mostr\u00f3 sus cualidades de \u00abanticuario\u00bb pero tambi\u00e9n de formador y formulador de nuestra historiograf\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Antonio P\u00e9rez Bonalde (1846-1892), nuestro mayor poeta rom\u00e1ntico, rom\u00e1ntico crepuscular como B\u00e9cquer, quien en sus <em>Poes\u00edas y traducciones, <\/em>especialmente en su <em>Vuelta a la patria, <\/em>senos presenta como el cantor de lo m\u00e1s entra\u00f1able del esp\u00edritu venezolano ya que en \u00e9l se confunden madre y patria, terru\u00f1o y los ensue\u00f1os del desterrado por el lar nativo. La Venezuela \u00edntima, la sentida con el afecto, est\u00e1 en sus metros.<\/p>\n\n\n\n<p>Henri Pittier (1857-1950) el autor del <em>Manual de Plantas usuales de Venezuela <\/em>(1926), el cient\u00edfico que comprendi\u00f3 <em>\u00abque la \u00fanica forma para que la investigaci\u00f3n de la flora nativa echara bases firmes en el pa\u00eds era creando un herbario nacional, complementado por una bien surtida biblioteca especializada, de modo que ambos sirviesen como fundamentos y puntos de referencia para las investigaciones posteriores&#8217; <\/em>(p.48) como asienta Bruno Manara.<\/p>\n\n\n\n<p>Lisandro Alvarado (1858-1929) cuyas <strong>Obras completas <\/strong>nos muestran las mil conjeturas que aquel drom\u00f3mano, aquel constante caminante, quien se fue por los mil senderos, se hizo; un hombre que se consideraba <em>\u00abliberal&#8230; aunque siempre quer\u00eda ser ecl\u00e9ctico\u00bb <\/em>(p.542), como nos lo hace ver Maruna Dagnino.<\/p>\n\n\n\n<p>Le sigue su amigo dilecto Jos\u00e9 Gil Fortoul (1861-1943) quien debe figurar aqu\u00ed no s\u00f3lo por su <em>Historia constitucional de Venezuela <\/em>(1909), que a\u00fan podemos leer con delectaci\u00f3n gracias a la belleza de su estilo y gracias a agudo examen de nuestra pol\u00edtica en el siglo XIX.Fueron tambi\u00e9n otras sus contribuciones al sentimiento de lo nacional. Fue la gran figura intelectual entre dos siglos, un perpetuo aspirante a la belleza, a componer la vida como los acordes de una sinfon\u00eda, siempre pretendiendo \u00abembellecer la vida\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Luis Razetti (1862-1932): quien con <em>\u00bfQu\u00e9 es la vida?, \u00abavizor\u00f3 mucho de lo por venir\u201d <\/em>(p.518-519) en el campo de la ciencia como nos lo hace ver Acianela Montes de Oca.<\/p>\n\n\n\n<p>Laurean o Vallenilla Lanz (1870-19 36) de quien <em>Cesarismo democr\u00e1tico <\/em>es el libro significativo pero quien se coloca en un sitio destacado, dice Marianela Palacios, por el <em>\u00abseguimiento minucioso de la evoluci\u00f3n sociopol\u00edtica del pa\u00eds&#8230; el an\u00e1lisis severo de la documentaci\u00f3n&#8230; el estilo limpio, animado, elegante e incisivo, y la madura argumentaci\u00f3n\u201d <\/em>(p.241 ).<\/p>\n\n\n\n<p>Rufino Blanco Fombona (1874-1944) cuyo <em>Diario <\/em>suscita siempre tantas conjeturas, nos permite ver los mil rostros de su autor, aquellos que no siempre fueron visibles para un hombre de biograf\u00eda turbulenta como la suya. Fue el segundo venezolano, el primero fue Miranda, pionero en tantos asuntos, en referir sus peripecias sexuales, con lo cual fue un iniciador en su tiempo. Claro est\u00e1 que lo hizo como un fal\u00f3crata.<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00f3mulo Gallegos (1884-1969) porque en <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara, \u00abcre\u00f3 un personaje con los ribetes del mito, un ser cuya borrosa silueta resplandece hasta cegar al lector. A ello se debe que sea inapresable y por lo tanto que supere a la muerte&#8230; consigui\u00f3 crear la sombra luminosa que domina su libro de la primera a la \u00faltima p\u00e1gina, un fantasma tan rec\u00f3ndito como las propias botijas que enterraba la devoradora de hombres\u201d <\/em>(p.471) como lo dice Luis Ag\u00fcero.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de la Parra (1889-1936), quien en <em>Las Memorias de Mama Blanca<\/em>, <em>\u00aba lo largo de l68 p\u00e1ginas serenas\u201d <\/em>(p.149), dijo adi\u00f3s a un mundo perdido. Escribe Marcos Salas tambi\u00e9n que las <em>Memorias\u2026 \u00abconstituye la primera gran novela de evocaci\u00f3n de la literatura venezolana&#8217; <\/em>(p.150), memoraci\u00f3n que nos dar\u00e1 a sus hijos: <em>Viaje al amanecer, Ana Isabel una ni\u00f1a decente, Cumboto.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Francisco Pimentel (1889-194) porque en sus <em>Graves y agudos (1940) <\/em>supo convocar lo doloroso y lo sonriente del esp\u00edritu venezolano. Y porque lo hizo, recalca Sanoja, de forma \u201c<em>creadora, rebelde y \u00e9tica\u201d <\/em>(p.201).<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Rafael Pocaterra (1889-1955) quien gracias a sus <em>Memorias de un venezolano de la decadencia <\/em>(1927), <em>\u00abresalta como la del luchador que de mil formas se opuso al dictador Juan Vicente G\u00f3mez\u201d <\/em>(p.359), &nbsp;como lo escribi\u00f3 Mar\u00eda Josefina Tejera, quien tan agudamente lo estudia. Ese pareci\u00f3 ser su destino. Despu\u00e9s de escritas sus <em>Memorias&#8230; <\/em>ya no volvi\u00f3 a escribir m\u00e1s. S\u00f3lo palabras de circunstancias. Nunca m\u00e1s una narraci\u00f3n u otra novela. Adem\u00e1s de redactar sus <em>Memorias&#8230; <\/em>fue Pocaterra tambi\u00e9n un impecable cuentista, el mejor que hemos tenido junto con Uslar Pietri y Meneses, a trav\u00e9s de los cuales hurg\u00f3 en nuestros prototipos y cre\u00f3 su especial sentido de lo grotesco, con el cual bautiz\u00f3 a sus narraciones cortas.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre (1890-1930) quien a trav\u00e9s de los textos, casi todos poemas en prosa, de sus <em>Obras completas, \u00abexplora en lo m\u00e1s profundo el \u00e1mbito de la desolaci\u00f3n\u00bb <\/em>(p.529) como lo explora Ana Mar\u00eda Carrano.<\/p>\n\n\n\n<p>Fernando Paz Castillo (1893-1981) por ser <em>El muro \u00abel sol del sistema planetario del poeta\u201d <\/em>(p.221) que dice Rafael Arraiz Lucca en su pausado examen del universo metaf\u00edsico del gran aeda quien tambi\u00e9n, lo subraya Arraiz, fue un interesante cr\u00edtico y por encima de todo un lector, que es el lugar desde donde se edifica la obra literaria. Un lector porque por m\u00e1s que escriba un escritor sino lee, de forma impenitente, nos da la mitad de su posible escribir. S\u00f3lo los verdaderos lectores nos acercan al misterio de lo literario. Esto lo ratifica Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez en largos pasajes del primer tomo de sus memorias <em>Vivir para contarla. <\/em>Fueron sus lecturas las que le permitieron crear sus universos de ficci\u00f3n. Y ello leyendo las obras literarias de atr\u00e1s hacia delante. Y de fin a principio.<\/p>\n\n\n\n<p>Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez (1895-1964) por la manera que nos muestra, en <em>El hombre de la levita gris <\/em>(1943), la forma de escribir la biograf\u00eda de un hombre de poder, de un presidente. Modo que ha sido seguido despu\u00e9s pero del cual fue pionero: el hombre colocado en su fecha y hora.<\/p>\n\n\n\n<p>Mario Brice\u00f1o Iragorry (1896-1958) cuyo <em>Mensaje sin destino (1951) <\/em>siempre resuena en nuestras reflexiones sobre la naci\u00f3n. Y por haber sido rebelde en la madurez no, como casi todos, en la juventud. Existe una familia de pensadores criollos que tuvieron esta constante. Brice\u00f1o Iragorry los encabeza. Pero tambi\u00e9n est\u00e1 con ellos un hombre como Juan Pablo P\u00e9rez Alfonzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Andr\u00e9s Eloy Blanco (1896-1955) porque si bien <em>Poda <\/em>es su libro decisivo, bien mirado aqu\u00ed por Alfonzo Ram\u00edrez: <em>\u00ab\u00e9l llen\u00f3 un espacio en la Venezuela viva\u201d <\/em>(p. XVI) que dice Sanoja con su forma arquet\u00edpica de participar en nuestra vida colectiva. \u00a1Ya quisieran los pol\u00edticos de hoy poder dar cuenta de sus propios actos y de sus propios peculios como lo hizo Andr\u00e9s Eloy en hora inolvidable para nuestros anales! Y porque hizo del odio al odio su lema de acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Alberto Adriani (1898-1937) a trav\u00e9s de su <em>Labor venezolanista <\/em>(la edici\u00f3n de 1946 es m\u00e1s amplia que la de 1937) mostr\u00f3 el ideario que lo llev\u00f3 a ser el \u00abintroductor\u00bb (p.13 7), entre nosotros, de la planificaci\u00f3n y por su forma prudente y elitesca de concebir la pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Julio Garmendia (1898-1977) quien en <em>La tienda de mu\u00f1ecos <\/em>(1927) nos dej\u00f3 su p\u00e1lpito m\u00e1s l\u00facido; quien pensaba que \u00ab<em>Una sola gota alquitranada hace <\/em><em>recordar todo el perfume de los grandes bosques\u201d <\/em>(p.297). Garmendia, argumenta Mar\u00eda Consuelo Fern\u00e1ndez, <em>\u00abs\u00f3lo public\u00f3 dos libros de relatos&#8230; Nunca actu\u00f3 para lograr aprobaci\u00f3n de los dem\u00e1s&#8230; El sigui\u00f3 su propia voz, la voz de sus recuerdos, de sus nostalgias, de sus preocupaciones m\u00e1s \u00edntimas\u201d <\/em>(p.297). A partir de ello logr\u00f3 ser el creador del realismo fant\u00e1stico en la ficci\u00f3n hispanoamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>Nacidos en el siglo XX han sido elegidos Jos\u00e9 Antonio Calca\u00f1o (1900- 978), quien en <em>La ciudad y su m\u00fasica (1958), <\/em>nos ofreci\u00f3 <em>\u00abuna historia de la m\u00fasica que, en verdad, es el mejor cuento de la ciudad misma\u201d <\/em>(p. 9 3), como lo apunta Federico Pacanins.<\/p>\n\n\n\n<p>Carlos Raul Villanueva (1900-1975), constructor del rostro contempor\u00e1neo de Caracas, quien en su libro <em>Caracas en tres tiempos (1967) <\/em>nos muestra, se\u00f1ala Harmia G\u00f3mez, <em>\u00abuna misteriosa ciudad, como la tierra prometida\u201d <\/em>(p.44 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Mariano Pic\u00f3n Salas (1901-1965) por la forma como nos muestra, siempre sonriendo, gozosamente, el coraz\u00f3n de la naci\u00f3n en su <em>Suma de Venezuela <\/em>(1966 ), sobre todo en su edici\u00f3n ampliada de 1988.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c1ngel Rosenblat (1902-1984) porque a trav\u00e9s de sus <em>Buenas y malas palabras <\/em>(1956), <em>\u00abun oc\u00e9ano de nuestra manera de hablar\u201d <\/em>(p.327) que refiere Francisco Javier P\u00e9rez, <em>\u00absu trabajo m\u00e1s notable\u00bb <\/em>(p.327), a\u00fan no superado, logr\u00f3 mostrarnos las caracter\u00edsticas de la manera como hablamos los venezolanos, y ello porque \u201c<em>sab\u00eda presentar el resultado de sus investigaciones y reflexiones lexicogr\u00e1ficas de tal forma que lograra fascinar y entusiasmar\u201d <\/em>(p.325 ).<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00f3mulo Betancourt (1908-1981) uno de los pocos pol\u00edticos entre nosotros que han hecho el recuento de su acci\u00f3n. P\u00e1ez es el caso paradigm\u00e1tico. Las Memorias de Guzm\u00e1n Blanco duermen en un archivo a\u00fan. R\u00f3mulo hizo el recuento escrito de parte de su acci\u00f3n, la m\u00e1s sustancial, ya que el libro fue publicado en 1956, a trav\u00e9s de <em>Venezuela: pol\u00edtica y petr\u00f3leo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Miguel Otero Silva (1908-1985 ), quien en <em>Cuando quiero llorar no lloro <\/em>(1970) nos mostr\u00f3 el transcurrir de las generaciones contempor\u00e1neas.<\/p>\n\n\n\n<p>Alfredo Boulton (1908-1995) quien con sus trabajos, y en especial con su <em>Historia de la pintura en Venezuela <\/em>(1964), <em>\u00abfund\u00f3 una manera de conocer los procesos del arte nacional\u201d <\/em>(p.11); en sus investigaciones uni\u00f3 <em>\u00abmetodolog\u00eda, intuici\u00f3n y goce\u201d <\/em>(p.14) anota Mar\u00eda Estela Girardin.<\/p>\n\n\n\n<p>Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez (1908-1968) quien a trav\u00e9s de su <em>Guzm\u00e1n, elipse de una ambici\u00f3n de poder <\/em>(1950) nos permiti\u00f3 ver las luces y las sombras de nuestra vida pol\u00edtica, obra, que como explica Milagros Socorro, se nos ofrece en sus muy ricos matices, la cual desde \u00ab<em>la tersura de su prosa, la tentaci\u00f3n de abarcarlo todo, incluso los pensamientos del biografiado, el volumen que adoptan las molduras m\u00e1s nimias del paisaje sugieren, en muchas ocasiones, la presencia de una gran fabulaci\u00f3n centrada alrededor de un arquetipo florentino\u00bb <\/em>(p.494-495).<\/p>\n\n\n\n<p>Guilllermo Meneses (1911-1978) porque en su novela <em>El falso cuaderno de Narciso Espejo (1953), <\/em>su magistral cuento <em>La mano junto al muro <\/em>(1951) y en otras p\u00e1ginas esenciales encontr\u00f3 la manera expresarse con complejidad y severidad, concisamente, seca y desnudamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Vicente Gerbasi (1913-1992), quien <em>\u00abpersigui\u00f3 fantasmas que han de haber sido del desarraigo: Canoabo, Florencia, el padre&#8230; las perdidas ra\u00edces de toda posible certidumbre&#8230; La autenticidad de esos s\u00edmbolos hizo algo m\u00e1s que crear un mundo individual para el poeta, all\u00ed donde \u00e9ste no ten\u00eda ninguno; hizo m\u00e1s, tambi\u00e9n, que entroncar la &nbsp;poes\u00eda venezolana con la literatura universal. Descubri\u00f3, para cada uno de nosotros, la noche donde la conciencia pugna por ser rel\u00e1mpago extasiado; es espacio fugaz, la intemperie donde el hombre debe y acaso puede hacerse de un destino\u00bb <\/em>(p.6-7) seg\u00fan Herm\u00e1n Carrera. Fue as\u00ed como nos dio a <em>Mi padre el inmigrante (1945).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Luis Beltr\u00e1n Guerrero (1914-1997) de quien s\u00f3lo los diez y siete vol\u00famenes de sus <em>Candideces (l962-95), \u00abbastar\u00edan para situar a su autor entre los cl\u00e1sicos contempor\u00e1neos del humanidad\u201d <\/em>(p.506) como sugiere Luis Alberto Crespo o como asegura Sanoja <em>\u00abEs dif\u00edcil encontrar un periodista-cronista-cr\u00edtico literario que haya incursionado en tantos temas y estudiado tantos autores\u201d <\/em>(p.511).<\/p>\n\n\n\n<p>C\u00e9sar Renfigo (1915-1980) porque si bien <em>Lo que dej\u00f3 la tempestad (1961) <\/em>es su obra m\u00e1s significativa a trav\u00e9s de su dramaturgia logr\u00f3 construir \u00ab<em>un friso hist\u00f3rico\u00bb <\/em>(p.336) como escribe Juan Carlos Chirinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Alfredo Armas Alfonzo (1921-1990) quien a trav\u00e9s de <em>El osario de Dios <\/em>(1969) escribi\u00f3 uno de nuestros libros ejemplares, una suerte de <em>Cien a\u00f1os de soledad venezolanos, <\/em>en \u00e9l demarc\u00f3, como dice Marianela Balbi, <em>\u00ablos verdaderos signos de la fragmentariedad, el inobjetable valor de las voces del \u201cotro, los aut\u00e9nticos t\u00e9rminos del di\u00e1logo de la periferia\u201d <\/em>(p.421); porque siempre dominaron en sus escrituras el tema de la muerte y los recovecos de la memoria (p.419). Al leerlo hay que tener en cuenta lo que dice Sanoja \u00ab<em>Y conste que lo que aparece como \u201cregional\u201d no tiene mucho que ver con los l\u00edmites geogr\u00e1ficos y s\u00ed, en cambio, con la construcci\u00f3n de una regi\u00f3n narrativa por donde desfilan m\u00e1s que los habitantes, los seres habitados por fantasmas y evocaciones, pasiones y memorias en una confusi\u00f3n de edades\u201d <\/em>(p.426), por ello la lectura de sus universos nos hace pensar tantas veces en la Santa Mar\u00eda onettiana o en el Macondo del Gabito. Y por ello nos hacen pensar tambi\u00e9n en las tierras sure\u00f1as del norte que novel\u00f3 el maestro de todos ellos: Faulkner.<\/p>\n\n\n\n<p>De Aquiles Nazoa (1926-1976) se escoge aqu\u00ed su <em>Caracas f\u00edsica y espiritual <\/em>(1967). Pero como enfatiza Luis Britto Garc\u00eda <em>\u00abAquiles fue un poeta&#8230; fue adem\u00e1s un poeta popular&#8230; era en oportunidades complejo pero siempre transparente&#8230; fue un humorista&#8230; fue un revolucionario&#8230; De all\u00ed su po\u00e9tica franciscana, que celebra las cosas y las existencias m\u00e1s sencillas&#8230; fue un segregado\u00bb <\/em>(p.479-480).<\/p>\n\n\n\n<p>Orlando Araujo (1927-1987) por lograr en su <em>Narrativa venezolana contempor\u00e1nea (1972) <\/em>hacer<em> \u201cjuicios, es apasionado. No sigue un orden metodol\u00f3gico. Es buscador de signos, relacionadorde textos, gu\u00eda de sentidos\u201d <\/em>(p.182) como apunta Stefania Mosca.<\/p>\n\n\n\n<p>De Francisco Herrera Luque (1927-1991) se eligi\u00f3 <em>La luna de Fausto (1983). <\/em>A este psiquiatra <em>\u00abEl \u00e9xito editorial lo ubic\u00f3 en una posici\u00f3n dif\u00edcil en el mundo literario venezolano: los lectores se volv\u00edan fan\u00e1ticos de sus libros, pero la cr\u00edtica acad\u00e9mica siempre le neg\u00f3 el reconocimiento, al considerarlo casi un autor comercial&#8230; El desd\u00e9n de la cr\u00edtica cambi\u00f3 con la aparici\u00f3n de La luna de Fausto&#8230; Hoy ha sido revaluada&#8230; como el libro m\u00e1s acabado del autor\u201d <\/em>(p.26-27) dice Gonzalo Jim\u00e9nez. Herrera Luque hizo sus libros confesando que <em>\u00abEscribir es noventa por ciento de transpiraci\u00f3n y diez por ciento de inspiraci\u00f3n. Al escribir hago psicoterapia colectiva\u201d <\/em>(p.29). Tambi\u00e9n confes\u00f3: <em>\u00abNo s\u00e9 cu\u00e1l es la diferencia entre la novela hist\u00f3rica y la historia novelada, pero la experiencia me indica lo siguiente: mis obras se diferencian de uno y otro ejemplo. Son ellas un estudio profundo y detenido de nuestra historia y no se quedan en el puro recrear fenomenol\u00f3gico, porque hay reflexi\u00f3n constante sobre el futuro. Mis obras son historia y ficci\u00f3n, sin ser historia pura ni pura ficci\u00f3n. Y esto es lo que yo llamo historia fabulada\u201d <\/em>(p.29-30).<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Vicente Abreu (1927-1987) en <em>Se llamaba SN <\/em>(1964) supo convocar en su p\u00e1gina la \u00ab<em>Voz de excluidos, segregados, encarcelados, que desesperada y tal vez in\u00fatilmente trataba de hacerse o\u00edr \u201cen la Venezuela que vendr\u00e1\u00bb <\/em>(p. 216). Sacrificio, que como recalca Manuel Berm\u00fadez, tiene mucho de m\u00edstico por la grandeza en saber soportar la tortura que llev\u00f3 a la perfecci\u00f3n interior a aquella vida.<\/p>\n\n\n\n<p>De Juan Nu\u00f1o (1927-1995) se toma aqu\u00ed <em>La veneraci\u00f3n de las astucias (1990) <\/em>como el libro m\u00e1s representativo de este hombre quien siempre escribi\u00f3 sus numerosos trabajados dejando claro su actitud anal\u00edtica, su sentido discrepante el cual pudo construir gracias a su universal cultura, tan amplia que hay quien dijo que lo hab\u00eda le\u00eddo todo. Es ejemplar la presentaci\u00f3n que de \u00e9l hace en este libro Argenis Mart\u00ednez, logra penetrar en la esencia del Nu\u00f1o pensador, en su <em>\u00abpasi\u00f3n combativa\u201d <\/em>(p.371), en su <em>\u00abpasi\u00f3n cr\u00edtica indoblegable\u201d <\/em>(p.371).<\/p>\n\n\n\n<p>Carlos Contramaestre (1933), el autor de <em>La mudanza del encanto, <\/em>es para Sanoja <em>\u00abun extra\u00f1o. Estaba m\u00e1s all\u00e1 de la l\u00ednea formal de Sardio y m\u00e1s ac\u00e1 de la pura estridencia. Extra\u00f1o, aunque entra\u00f1able&#8230; fue tambi\u00e9n Rafael Jos\u00e9 Mu\u00f1oz\u201d <\/em>(p.569).<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Ignacio Cabrunas (1937-1995), <em>\u00abLlevaba en la frente la marca de Marx, en la b\u00fasqueda los trazos de Rengifo, en los adentros el juramento renovador\u201d <\/em>(p.74); atormentado, como en las p\u00e1ginas de <em>El pa\u00eds seg\u00fan Cabrujas <\/em>o en los mejores di\u00e1logos de <em>Acto cultural <\/em>o <em>El d\u00eda que me quieras, \u00absituado entre la utop\u00eda de P\u00edo Miranda y el fracaso pol\u00edtico de su propia generaci\u00f3n\u00bb <\/em>(p.75), <em>\u00abComo Nu\u00f1o y Ludovico Silva&#8230; fue un gran incitador, de esos que entran a escena pidiendo pelea &#8230; dejando extensa e intensa obra\u201d <\/em>(p.76 ).<\/p>\n\n\n\n<p>Ludovico Silva (1937-1988): aparece aqu\u00ed por su <em>Anti manual para uso de marxistas, marx\u00f3logos y marxianos <\/em>(1975), por ser este libro un \u00ab<em>ejercicio de heterodoxia, en un tiempo tan aplastado por dogmas, ideolog\u00edas y dem\u00e1s endriagos\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCr\u00edticas? En verdad no est\u00e1n todos. O al lector le faltan nombres que no deb\u00edan dejar de estar. Tal Francisco Miranda y su <em>Diario de viajes <\/em>(1771-92. 4 vols) el cual nos permite observar como un venezolano vio directamente el mundo de la ilustraci\u00f3n, participando en \u00e9l. Con \u00e9l escribi\u00f3 el Precursor la obra en prosa m\u00e1s importante de todo el per\u00edodo colonial, nuestra mayor obra autobiogr\u00e1fica, redactada en castellano y no en ninguno de los otros idiomas que habl\u00f3 aquella figura cosmopolita.<\/p>\n\n\n\n<p>Rafael Mar\u00eda Baralt con su prosa maestra, recomendada por Ramos Sucre para formar el estilo (<em>Obra po\u00e9tica. <\/em>M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1999,p.457 y 487). Pese a ello reconoce Sanoja <em>\u00abyo creo que la Historia de Venezuela, de Baralt, deb\u00eda haber entrado y no entr\u00f3\u201d <\/em>(p.XV).<\/p>\n\n\n\n<p>Arturo Uslar Pietri una figura central, un vig\u00eda siempre en vigilia, hombre cenital, ecum\u00e9nico (\u00bfqu\u00e9 sino son los <em>Valores humanos?), <\/em>sin el cual no se puede entender a Venezuela ni menos el pa\u00eds contempor\u00e1neo en cualquiera de sus caras: \u00e9l fue el venezolano m\u00e1s singular del siglo XX, una personalidad que escapa a cualquier clasificaci\u00f3n, \u00ab<em>el cerebro mejor organizado de nuestra generaci\u00f3n\u00bb, <\/em>que dijo Otero Silva. En cualquier de las \u00e1reas que se desee la presencia del maestro Uslar Pietri est\u00e1 presente. Veamos el campo creativo: sus cuentos, cinco colecciones magistrales, en los que se registra todo un modo de abordar la realidad propio de la literatura hispanoamericana; as\u00ed como tambi\u00e9n en la novela como lo encontramos en <em>Las lanzas coloradas, El camino de El Dorado <\/em>o <em>La isla de Robinson <\/em>con penetrantes miradas sobre nuestros interrogantes b\u00e1sicos, los senderos de la dictadura en <em>Oficio de difuntos <\/em>o los rasgu\u00f1os de la actividad pol\u00edtica en las dos novelas de <em>El laberinto de la fortuna. <\/em>En sus cuentos y novelas es un maestro de nuestra literatura. Fue cr\u00edtico literario en <em>Letras y hombres de Venezuela; <\/em>lo vemos como avezado periodista (\u00bfmedio siglo del Pizarr\u00f3n no bastan?), pol\u00edtico <em>(Materiales para la construcci\u00f3n de Venezuela <\/em>es uno de sus t\u00edtulos cuando estuvo en la arena p\u00fablica), economista (<em>Sumario de la econom\u00eda venezolana <\/em>o <em>Petr\u00f3leo de vida o muerte), <\/em>viajero cautivado por las mil visiones (\u00bfes que se pueden cerrar estos <em>50 imprescindibles sin <\/em>mencionar <em>Tierra venezolana?), <\/em>teatral (\u00bfNo es <em>Chuo Gil <\/em>unolos dramas m\u00e1s universales de nuestro teatro), televisiva (\u00bfqu\u00e9 son <em>Ra\u00edces venezolanas <\/em>o <em>Cu\u00e9ntame a Venezuela?), <\/em>educador como en <em>Educar para Venezuela, <\/em>historiador en <em>El Hacer y deshacer de Venezuela, <\/em>cr\u00edtico de arte en <em>Giotto y compa\u00f1\u00eda <\/em>incluso poeta en sus horas mas calladas: \u00bfno son de antolog\u00eda su prosa po\u00e9tica <em>Escritura <\/em>y su poema <em>Aniversario <\/em>(de <em>El hombre que voy siendo)<\/em>?\u00bfNo es de honda hermosura su soliloquio po\u00e9tico <em>Corro de las horas <\/em>(de <em>Manoa)?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y que no se pod\u00eda vertebrar una interpretaci\u00f3n como la que est\u00e1 en <em>50 imprescindibles sin <\/em>Uslar lo hallamos dentro del mismo libro en el cual hay veinte y siete referencias a \u00e9l. Dos solamente en la p.277 y cuatro en la p.291. Lo cual explica por qu\u00e9 nuestra historia, y nuestras vivencias como sociedad, no se pueden trazar sin su presencia, sin referirse a \u00e9l, sin consultarlo, sin citarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Augusto Mijares refutador de la tesis cesarista en nuestra historia; quien fij\u00f3 los l\u00edmites de lo afirmativo venezolano, precis\u00f3 la tradici\u00f3n de la sociedad civil y la \u00abcontinuidad espiritual de Venezuela\u00bb, expositor en sus obras de una teor\u00eda de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Salvador Garmendia el primer narrador del pa\u00eds desde 1959 cuando public\u00f3 <em>Los peque\u00f1os seres <\/em>y cuentista insuperado con obras perfectas como el relato <em>Tan desnuda como una piedra <\/em>(de sus <em>Cuentos c\u00f3micos). <\/em>M\u00e1s grande, denso, penetrante de lo que hemos visto hasta ahora, con obras profundas y certeras como <em>La mala vida <\/em>o <em>Los pies de barro <\/em>o m\u00e1s de dos docenas de cuentos irreprochables. Fue el creador indiscutido de nuestra literatura urbana. Desde \u00e9l ella se espiga plenamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00e1s Polanco Alc\u00e1ntara quien a trav\u00e9s de biograf\u00edas nos ha vuelto a contar nuestra historia, en base a documentaci\u00f3n de primera mano, desde los d\u00edas de la Compa\u00f1\u00eda Guipuzcoana, durante los cuales naci\u00f3 Miranda (1750), hasta Uslar Pietri, quien muri\u00f3 en 2001. As\u00ed ha formado toda una nueva historia de Venezuela la cual hemos conocido a trav\u00e9s de los diversos cap\u00edtulos que entra\u00f1an cada libro, cada biograf\u00eda. Es un mural de nuestro pret\u00e9rito el que nos ha ofrecido a trav\u00e9s de sus libros. Y con contribuciones novedosas en cada caso. Pasar\u00b4sn muchas d\u00e9cadas para que lo dicho por Polanco, para que las conclusiones a las que ha llegado con Miranda, Bol\u00edvar, P\u00e1ez, Guzm\u00e1n Blanco, G\u00f3mez, Gil Fortoul, Pedro Emilio Coll, Augusto Mijares, Parra P\u00e9rez, Parra Le\u00f3n, Eugenio Mendoza, Uslar Pietri se superen. Polanco es el m\u00e1s grande bi\u00f3grafo nacido en tierra venezolana, quien posee el buril de la historia, la paciencia para desentra\u00f1ar archivos y bibliotecas, la diligencia para encaminarse tras un dato, un documento o un libro, sabidur\u00eda para comprender a cada hombre y cada \u00e9poca, vastos conocimientos en lo que a pol\u00edtica internacional se refiere lo cual le permite colocar cada uno de sus biografiados en su tiempo y en su hora. Ahora trabaja en la biograf\u00eda de R\u00f3mulo Betancourt.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos faltan Rom\u00e1n Chalbaud, Isaac Chocr\u00f3n e incluso Rodolfo Santana.\u00bfEs que acaso nuestra realidad se puede mirar toda sin el teatro? \u00bfO s\u00f3lo con Rengifo y Cabrujas? Nos faltan tambi\u00e9n aqu\u00ed Ram\u00f3n J. Vel\u00e1squez, Guillermo Mor\u00f3n y J.L. Salcedo Bastardo quienes nos han dado visiones precisas, coherentes, largas, detalladas, de la realidad venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p>Sentimos no encontrar a Pablo Vila autor con cuya <em>Geograf\u00eda de Venezuela <\/em>podemos echar una mirada contempor\u00e1nea a nuestro rostro f\u00edsico. Es el continuador de Codazzi. Cada siglo debe escribirse una nueva geograf\u00eda parecen decirnos ambos. Ahora se hacen presentes los trabajos de Pedro Cunill Grau.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSustituciones? En general estamos de acuerdo con la selecci\u00f3n pero habr\u00edamos sacado a Codazzi y colocado por \u00e9l a Pablo Vila con un ac\u00e1pite para Pedro Cunil Grau. Leo est\u00e1 contenido con Job Pim (p.XVII). Hubi\u00e9ramos quitado a Carlos Contramestre y puesto a Arturo Uslar Pietri mucho m\u00e1s decisivo. Y qu\u00e9 no se nos diga ahora que el maestro de <em>La visita en el tiempo, <\/em>obra cumbre si las tenemos, no fue escogido por estar vivo, \u00bffue ello un error? \u00bfSe quiso construir un cementerio literario? \u00bfS\u00f3lo muertos los venezolanos creadores tienen valor? \u00bfPor ello se denomina a Uslar \u00abel sobreviviente\u00bb (p.142)? \u00bfSe ha reparado en los vac\u00edos y lagunas que hay en las obras de recuento hist\u00f3rico que excluyen a los vivos? \u00bfPor qu\u00e9 no ha arraigado entre nosotros el cultivo de la historia contempor\u00e1nea, tanto del pasado pol\u00edtico como la de los universos creadores?<\/p>\n\n\n\n<p>Otra observaci\u00f3n: no se puede criticar a Oviedo y Ba\u00f1os que haya abrevado en Fray Pedro Sim\u00f3n, tampoco se puede decir que lo haya plagiado en base a conceptos contempor\u00e1neos. En verdad Fray Pedro Sim\u00f3n hab\u00eda partido de Fray Pedro de Aguado, este si el primer historiador de Venezuela. Adem\u00e1s el concepto de plagio, el modo de citar otras obras, el uso escrupuloso de fuentes, no exist\u00edan para entonces, para los a\u00f1os anteriores a 1723 cuando Oviedo compuso su <em>Historia. <\/em>Aunque la <em>Historia <\/em>de Aguado s\u00f3lo se haya impreso en 1906 su original manuscrito fue conocido por los historiadores del pasado. Fue redactada en 1581 por un Franciscano y en la congregaci\u00f3n hab\u00eda un sentido de continuidad de la historia escrita: Fray Pedro Sim\u00f3n tambi\u00e9n fue Franciscano. Y la historiograf\u00eda venezolana tiene alto tinte Franciscano: Aguado, Sim\u00f3n, Antonio Caul\u00edn y Oviedo y Ba\u00f1os, aunque civil, fue s\u00edndico de los conventos venezolanos de esa orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene para futuras ediciones de estos <em>50 imprescindibles <\/em>repasar con cuidado las l\u00edneas del volumen para corregir las erratas. Advertimos las que hemos anotado en nuestra lectura: donde dice \u00abanticuado\u00bb (p.XM) con relaci\u00f3n a Ar\u00edstides Rojas debe decir anticuario; el segundo tomo de la <em>Historia de la pintura en Venezuela <\/em>de Alfredo Boulton se public\u00f3 en 1968 y no en 1958 (p.15); <em>Im\u00e1genes del occidente venezolano <\/em>fue escrito por Arturo Uslar Pietri, cosa que se omite (p.19); donde se dice Marisela \u00c1lvarez debe leerse Mariela \u00c1lvarez (p.147); Teresa de la Parra naci\u00f3 en 1889, a\u00f1o en el cual Zulima public\u00f3 su segundo libro (p.154 ). Hacemos esta observaci\u00f3n porque la primera obligaci\u00f3n del historiador es fechar, dice Pierre Vilar, si ello no se hace con exactitud es imposible examinar los procesos; Pic\u00f3n Salas no fue el fundador del <em>Papel Literario <\/em>de <em>El Nacional <\/em>(p.162)sino Juan Liscano, otro de los excluidos de este libro; Laureano Vallenilla Lanz estuvo al frente de <em>El Nuevo diario <\/em>hasta 1931 (p.248); las <em>Buenas y malas palabras <\/em>de \u00c1ngel Rosenblat no fueron impresas en \u00abonce tomos\u00bb (p.321) sino en cuatro, dos en la edici\u00f3n de Monte \u00c1vila Editores (1989); en la p.386 donde se lee \u00abJos\u00e9 Bernardo\u00bb debe leerse Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez; la edici\u00f3n de Amado Alonso de la <em>Gram\u00e1tica <\/em>de Bello fue impresa en 1952 (p.431); no es \u00abdron\u00f3mano\u00bb (p.545) sino drom\u00f3mano, de lo cual padecieron don Sim\u00f3n Rodr\u00edguez y Lisandro Alvarado; donde se lee \u00abconocido\u00bb (p.462) creemos que debe leerse concebido.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/roberto-lovera-de-sola\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: R.J. Lovera De-Sola Jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez logr\u00f3 compilar y dirigir el volumen 50 imprescindibles (Caracas: Fundaci\u00f3n para la Cultura Urbana, 2002. XXM,618 p.). Este es un libro que va a quedar, que se va a consultar por largo tiempo, ya que nos propone todo un itinerario de comprensi\u00f3n de Venezuela, se puede extraer de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":14662,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[24],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14661"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14661"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14661\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14681,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14661\/revisions\/14681"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14662"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14661"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14661"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14661"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}