{"id":14606,"date":"2023-12-30T16:32:00","date_gmt":"2023-12-30T21:02:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14606"},"modified":"2024-12-30T17:02:37","modified_gmt":"2024-12-30T21:32:37","slug":"el-cielo-de-esmalte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-cielo-de-esmalte\/","title":{"rendered":"El cielo de esmalte (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>El clamor<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo viv\u00eda sumergido en la sombra de un jard\u00edn letal. Un ser afectuoso me hab\u00eda dejado en la soledad y yo honraba constantemente su memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Unos muros altos, de vejez secular, defend\u00edan el silencio. Los sauces luc\u00edan las flores de unas ramas ajenas, tejidas por m\u00ed mismo en su follaje est\u00e9ril.<\/p>\n\n\n\n<p>He salido de esa ciudad, asentada en un suelo pedregoso, durante el sue\u00f1o narc\u00f3tico de una noche y he olvidado el camino del regreso. \u00bfHabr\u00e9 visto su nombre leyendo el derrotero de los ap\u00f3stoles? Yo estaba al arbitrio de mis mayores y no les pregunt\u00e9, antes de su muerte, por el lugar de mi infancia.<\/p>\n\n\n\n<p>La nostalgia se torna aguda de vez en cuando. La voz del ser afectuoso me visita a trav\u00e9s del tiempo desvanecido y yo esfuerzo el pensamiento hasta caer en el delirio.<\/p>\n\n\n\n<p>He entrevisto la ciudad en el curso de un soliloquio, hall\u00e1ndome enfermo y macilento. La voz amable me imploraba desde el recinto de un presidio y una muchedumbre me imped\u00eda el intento de un socorro. Los<br>semblantes abominables se aven\u00edan con los s\u00edmbolos de sus banderas.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no acostumbraba salir de casa en la ciudad de mi infancia. Mis padres me deten\u00edan en la puerta de la calle con un gesto de terror.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El olvido<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo no pisaba las huellas del cazador extravagante. Quer\u00eda evitar el contagio de su pesadumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>Mor\u00e1bamos vecinos en un pa\u00eds de belleza augusta. El azufre y dem\u00e1s f\u00f3siles predilectos del fuego se juntaban en la composici\u00f3n de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>El cazador frecuentaba los montes de granito. Su gesto valiente se dibujaba en la zona del \u00e9ter c\u00e1ndido. Una lumbre fugitiva dirig\u00eda sus pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda domesticado el ser m\u00e1s viejo entre las gamuzas repentinas. Acertaba de espaldas con el objeto de sus tiros.<\/p>\n\n\n\n<p>No lo abord\u00e9 sino una vez, para dar con el motivo de su desv\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>La manera grave de su discurso no me permiti\u00f3 recoger una vislumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda fabricado su caba\u00f1a a la sombra de un pino glacial.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo la visit\u00e9 furtivamente al advertir su ausencia de una semana. El cazador, libre de los efectos delet\u00e9reos de la muerte, yac\u00eda en un ata\u00fad de piedra. El semblante helado, ajeno del pesar, no inspiraba conjeturas sobre la causa del fallecimiento. Un reguero de carbunclos magn\u00e9ticos hab\u00eda ca\u00eddo de su diestra.<\/p>\n\n\n\n<p>Un torrente, creado por la lluvia fortuita, arroja sobre la caba\u00f1a un sedimento de arena y promete cegarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La merced de la bruma<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo vivo a los pies de la dama cort\u00e9s, atisbando su benigna sonrisa de numen.<\/p>\n\n\n\n<p>El cierzo invade la sala friolenta y cautiva en su torbellino las quimeras y los fantasmas del hast\u00edo. Repite el mon\u00f3logo del pino desventurado y humedece \u00a1oh l\u00e1grimas invisibles! la faz de los espejos y de las consolas de un dorado triste.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo diviso a trav\u00e9s de la ventana el desm\u00e1n de un oso y el sobresalto de unas aves lentas, de sue\u00f1o precoz. La tarde engalana el bosque de luces taciturnas.<\/p>\n\n\n\n<p>El discurso de la mujer insinuante no consigue mitigar la pesadumbre del exilio. Yo padezco el sortilegio de su voluntad repentina y declaro en frases indirectas el pensamiento del retorno al mediod\u00eda jovial. Mis palabras vuelan ateridas, enfermas de la congoja del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>La dama cort\u00e9s adivina en lontananza un mensaje ben\u00e9volo. Recibe de manos de un jinete menudo y suspicaz el secreto de la belleza inmortal, el iris de los polos, una flor ignorada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La zarza de los m\u00e9danos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El pa\u00eds de mi infancia adolec\u00eda de una aridez penitencial. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo sufr\u00eda el ascendiente de un cielo desva\u00eddo y divisaba el perfil de una torre m\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p>Los montes sobrios y de cima rec\u00f3ndita prefer\u00edan el capuz de noviembre.<\/p>\n\n\n\n<p>Las almas de los difuntos, seg\u00fan el pensamiento de una criatura pusil\u00e1nime, se recataban en su esquivez, segu\u00edan las vicisitudes de un r\u00edo perplejo y volaban en la brisa del oc\u00e9ano.<\/p>\n\n\n\n<p>Venc\u00edamos el susto de las noches visionarias a trav\u00e9s del p\u00e1ramo, en la carroza veloz. Unos juncos lacios interrump\u00edan la fuga de las ruedas y la luna indolente vert\u00eda a la redonda el embeleso de sus matices de plata.<\/p>\n\n\n\n<p>La criatura infantil, objeto de mis cuitas, amaba de modo f\u00e9rvido unas flores bals\u00e1micas, de origen sideral, imbuidas en el aire salobre. Viv\u00eda suspensa del anuncio de la muerte y las demandaba para su tumba. Yo he defendido las hojas montaraces del asalto de las arenas.<\/p>\n\n\n\n<p>El mar sali\u00f3 de sus l\u00edmites a cubrir el litoral desventurado. Una sombra muda y transparente dirigi\u00f3 el esquife de mi salud al reino de la aurora, a la felicidad inequ\u00edvoca. Yo despertaba de unos sue\u00f1os encantados y percib\u00eda en el aire del aposento los efluvios de la maleza fragante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>De profundis<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>He recorrido el palacio m\u00e1gico del sue\u00f1o. Me he fatigado en vano por descubrir el vestigio de una mujer ausente de este mundo. Yo deseaba restablecerla en mi pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Conservo mis afectos de adolescente sufrido y cabizbajo. Su belleza adornaba una calle de ruinas. Yo me insinuaba hasta su ventana en medio de la oscuridad crepuscular. Me exced\u00eda en algunos a\u00f1os y yo ocultaba de los maldicientes mi pasi\u00f3n delirante.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00f3 de presentarse en una noche de temores y congojas y record\u00e9 infructuosamente las se\u00f1as de su vivienda. Un temporal corr\u00eda la inmensidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo segu\u00ed a desahogar la melancol\u00eda indeleble en una aventura, donde mis compa\u00f1eros se perdieron y murieron. Yo amanec\u00ed en el recinto de una iglesia, monumento erigido por una doncella de otros siglos. El sacerdote encarec\u00eda las pruebas de su devoci\u00f3n y anunciaba desde el p\u00falpito amenazas invariables. Celebr\u00f3 despu\u00e9s el oficio de difuntos y llen\u00f3 mis o\u00eddos con el rumor de un salmo siniestro<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La procesi\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo rodeaba la vega de la ciudad inmemorial en solicitud de maravillas. Hab\u00eda recibido de un jardinero la quim\u00e9rica flor azul.<\/p>\n\n\n\n<p>Un anciano se acerc\u00f3 a dirigir mis pasos. Me preced\u00eda con una espada en la mano y portaba en un dedo la amatista pontifical. El anciano hab\u00eda ahuyentado a Atila de su carrera, apareci\u00e9ndole en sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Dirigi\u00f3 la palabra a las siete mil estatuas de una bas\u00edlica de m\u00e1rmol y bajaron de sus z\u00f3calos y nos siguieron por las calles desiertas. Las estatuas representaban el trovador, el caballero y el monje, los ejemplares m\u00e1s distinguidos de la Edad Media.<\/p>\n\n\n\n<p>Unas campanas invisibles difundieron a la hora del \u00e1ngelus el son glacial de una arm\u00f3nica.<\/p>\n\n\n\n<p>El anciano y la muchedumbre de los personajes eternos me acompa\u00f1aron hasta el campo y se devolvieron de m\u00ed cuando las estrellas profundas imitaban un reguero de perlas sobre terciopelo negro, sugiriendo una imagen del fastuoso pincel veneciano. Se alejaron elevando un c\u00e1ntico radiante.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo ca\u00ed de rodillas sobre la hierba d\u00f3cil, rezando un terceto en alabanza de Beatriz, y un centauro desterrado pas\u00f3 a galope en la noche de la incertidumbre<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>El extranjero<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda resuelto esconderse para el sufrimiento. Se holgaba en una vivienda sepulcral, asilo del musgo decadente y del hongo senil. Una l\u00e1mpara in\u00fatil significaba la desidia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda renunciado los escr\u00fapulos de la civilizaci\u00f3n y la consideraba un trasunto de la molicie. Descansaba audazmente al raso, en medio de una hierba prehensil.<\/p>\n\n\n\n<p>Insinuaba la imagen de un ser primario, intento o desvar\u00edo de la vida en una \u00e9poca diluvial. El cabello y la barba de limo parec\u00edan alterados con el sedimento de un refugio lacustre.<\/p>\n\n\n\n<p>Se vest\u00eda de flores y de hojas para festejar las vicisitudes del cielo, efem\u00e9rides culminantes en el calendario del r\u00fastico.<\/p>\n\n\n\n<p>Se recreaba con el pensamiento de volver al seno de la tierra y perderse en su oscuridad. Se preven\u00eda para la desnudez en la fosa indistinta arroj\u00e1ndose a los azares de la naturaleza, recibiendo en su persona la lluvia fugaz del verano. Dej\u00f3 de ser en un d\u00eda de noviembre, el mes de las siluetas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El cautivo de una sombra<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo no intentaba salir de la ciudad, de contorno infecundo, anegada en la arena del litoral. Sufr\u00eda, a semejanza de mis compatriotas, la amargura de la decadencia. Los ayudaba con mis amonestaciones y con el ejemplo de una pobreza altiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo me apresur\u00e9 a recibirlos al pie de la escalera de mi casa vetusta, cuando volvieron de perder una lid desigual. Los consol\u00e9 en nombre de mis antepasados.<\/p>\n\n\n\n<p>Los contratiempos me desviaron de la realidad y me persuadieron a la esquivez. Yo viv\u00eda absorto en la contemplaci\u00f3n del puerto vac\u00edo. Los bajeles evitaban el pa\u00eds indigente.<\/p>\n\n\n\n<p>Una doncella de mi afecto, destinada a acompa\u00f1arme, no sobrevivi\u00f3 al desvanecimiento de mis sue\u00f1os. Los cabellos rojos y la tez blanca se aven\u00edan con la tarde viol\u00e1cea, hora de nuestra cita. Acudi\u00f3, la vez \u00faltima, con un ramo de adelfas y con un espejo en forma de luna, s\u00edmbolo de la brava castidad de Diana.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobrellevo el retiro con la cabeza hundida entre las manos y sin exhalar una voz. El infortunio me arraiga de nuevo en el suelo de mi nacimiento. Despu\u00e9s de su muerte, una figura suspicaz adivina el sentido de mis pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>He encendido un fanal sobre su tumba, al pie de un monte r\u00edspido, y la visitan las aves de la lluvia y del agua estancada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El selenita<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo no sabr\u00eda distinguir, en las cartas m\u00e1s fieles de los n\u00e1uticos, d\u00f3nde se hallaba la isla de mi cautiverio. Debe de aparecer con el nombre de un arrecife.<\/p>\n\n\n\n<p>La luna deprim\u00eda su vuelo a trav\u00e9s de la oscuridad e inspiraba la ilusi\u00f3n de comenzarlo desde una torre impenetrable. Yo me reclin\u00e9 sobre su escalinata pulverulenta y fui adormecido por el p\u00edfano de un pastor de bisontes. So\u00f1\u00e9 con una doncella de otras edades y con un vestigio de su breve estancia en la isla de los torrentes. La reliquia de su paso, oculta en unos escombros olvidados, pod\u00eda restituirme al seno del mundo civil.<\/p>\n\n\n\n<p>Ignoro si yo hab\u00eda despertado cuando emprend\u00ed la demanda quim\u00e9rica, la v\u00eda de la sierra. No me dej\u00e9 espantar de unas mujeres bellas e irascibles, reunidas en tumulto y armadas de tallos y de ramos de ortigas.<\/p>\n\n\n\n<p>El hechizo del p\u00edfano me suspend\u00eda en los aires y yo volaba, convertido en una sustancia leve, sobre los roquedos y precipicios. La isla estaba desierta y los residuos solemnes de una raza difunta no se daban sino en la cima de los montes inc\u00f3lumes.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo encontr\u00e9 un anillo de oro, la prenda augurada, entre las ruinas de un alc\u00e1zar, vivienda rupestre, en donde circulaban todav\u00eda el estampido y el humo de un rayo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La p\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El temor encadena mis facultades si pienso en la aridez, en el olvido, en el silencio m\u00e1gico del pa\u00eds fulminado.<\/p>\n\n\n\n<p>Una forma leve se dibujaba en el aire. Se hab\u00eda desprendido de un cortejo de hero\u00ednas, de santas imperfectas, alejadas en un cielo fatal, desiguales con el privilegio del nimbo.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo vine entonces a reconstituir la desventura de una joven ferviente, ajena del siglo. Muri\u00f3 v\u00edctima de los celos, precipitada de un mirador, y yo la recog\u00ed de la tierra. He sostenido la verdad de su inocencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una gracia, un bien superior a las ventajas del mundo, retribuye mi denuedo. Su imagen cristalina me socorre en los trances de la amargura, adivinando, desde el mirador de su tragedia, los colores at\u00f3nitos del alba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>El tejedor de mimbres<\/p>\n\n\n\n<p>Un ave espectral, imagen de la pesadumbre y del sacrificio, volaba entre el humo y el \u00e1mbar de noviembre. Yo me perd\u00eda en la contemplaci\u00f3n del vuelo mon\u00f3tono.<\/p>\n\n\n\n<p>Los h\u00e1bitos indolentes, la afici\u00f3n al ensue\u00f1o, imped\u00edan mi rescate de la miseria. Yo me escond\u00eda en la maleza de un r\u00edo palustre.<\/p>\n\n\n\n<p>Una beldad ser\u00e1fica aparec\u00eda a interrumpir mi desidia y me se\u00f1alaba el camino del oc\u00e9ano. Yo me aventuraba a recoger unas hierbas salobres y, pensando en el atav\u00edo de su persona, las despojaba de sus flores de marfil, emitidas s\u00fabitamente en el d\u00eda m\u00e1s prolijo del a\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo asist\u00ed de lejos a la fiesta de sus bodas, perdido en la muchedumbre de los descalzos. La doncella clemente vest\u00eda de luto y las luces de la bas\u00edlica, una joya italiana, la rodeaban de un aura mortecina. Hab\u00eda nacido para el embeleso de un amor ideal.<\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00f3 brevemente de esta vida. Su caballo la derrib\u00f3 por tierra, al emprender un viaje fortuito.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo penetr\u00e9 en la sala de su vivienda, la semana misma del llanto. Los deudos solemnes preguntaban el linaje de sus flores de marfil, reunidas sobre un coj\u00edn de terciopelo. No alcanzaban a comprender su origen de un mundo invisible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Omega<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la muerte acuda finalmente a mi ruego y sus avisos me hayan habilitado para el viaje solitario, yo invocar\u00e9 un ser primaveral, con el fin de solicitar la asistencia de la armon\u00eda de origen supremo, y un solaz infinito reposar\u00e1 mi semblante.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis reliquias, ocultas en el seno de la oscuridad y animadas de una vida informe, responder\u00e1n desde su destierro al magnetismo de una voz inquieta, proferida en un litoral desnudo.<\/p>\n\n\n\n<p>El recuerdo elocuente, a semejanza de una luna exigua sobre la vista de un ave son\u00e1mbula, estorbar\u00e1 mi sue\u00f1o impersonal hasta la hora de sumirse, con mi nombre, en el olvido solemne.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-antonio-ramos-sucre\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre El clamor Yo viv\u00eda sumergido en la sombra de un jard\u00edn letal. 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