{"id":14564,"date":"2024-12-24T15:00:45","date_gmt":"2024-12-24T19:30:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14564"},"modified":"2024-12-24T15:03:32","modified_gmt":"2024-12-24T19:33:32","slug":"poesia-y-suicidio-seleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/poesia-y-suicidio-seleccion\/","title":{"rendered":"Poes\u00eda y suicidio. Venezuela, siglo XX (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Miguel Marcotrigiano<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>\u00a1Oh mi alma, sue\u00f1o de un dios, incoherencia!: El\u00edas David Curiel<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El\u00edas David Curiel, nacido en Santa Ana de Coro, el 9 de agosto de 1871, y fallecido el 24 de septiembre de 1924, vino al mundo en el seno de una familia llegada al lugar, proveniente de la isla de Curazao. Era una de las tantas familias de jud\u00edos sefarditas, cuya procedencia original era los Pa\u00edses Bajos. Como tantos otros, sus padres se hab\u00edan radicado en esta entra\u00f1able provincia de Venezuela, a finales del siglo XIX, con la firme ilusi\u00f3n de mejorar su condici\u00f3n econ\u00f3mica, con trabajo honesto y esfuerzo duplicado. No obstante, nuestro poeta pareci\u00f3 estar alejado de esta concepci\u00f3n, pues \u00abpor su misma forma de entender y concebir la vida, por su fuerte atracci\u00f3n por la poes\u00eda y otros valores radicalmente adversos al mercantilismo (Arenas, 2002: 42), comenz\u00f3 a mostrarse como un \u00abraro\u00bb, no s\u00f3lo en el n\u00facleo de su familia, sino entendido como miembro de una sociedad para la que fue casi un ausente.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso de El\u00edas David Curiel es el de un poeta de proporciones extraordinarias y decir muy particular dentro de la est\u00e9tica l\u00edrica y la cultura imperantes en sus d\u00edas. Mientras el estilo en poes\u00eda recorr\u00eda las calles de un romanticismo tard\u00edo, podr\u00edamos decir decadente, la palabra de Curiel mostraba los haces de luz provenientes de una imagen y un verbo propios de un modernismo ajeno, por lo menos, a la mirada de la Venezuela de entonces. Asimismo, le fueron ajenos la pasi\u00f3n pol\u00edtica (quiz\u00e1s debiera decirse \u00abpartidista\u00bb) y el fanatismo religioso. Al parecer todo aquello que implicase compromiso social, inmersi\u00f3n en obligaciones que la sociedad exigiera, estaba lejano de sus intereses donde ninguna atadura era permitida. Eso hizo que quienes lo conocieron, lo describieran como un solitario, caminando cabizbajo por las calles de la ciudad de Coro.<\/p>\n\n\n\n<p>Su obra ha sido publicada, bajo la forma de libros, s\u00f3lo despu\u00e9s de su muerte. Muchos se encargaron de preparar las diversas ediciones de que ha sido objeto. En vida de su autor, su trabajo s\u00f3lo conoci\u00f3 la edici\u00f3n \u201cef\u00edmera\u201d de peri\u00f3dicos y revistas<sup>1<\/sup>. La historia de las diversas publicaciones de su obra puede hallarse en el \u201cPr\u00f3logo\u201d que escribiera Egla Charmell a <em>Ebriedad<\/em> <em>de<\/em> <em>nube<\/em> (2003), la edici\u00f3n m\u00e1s reciente y casi definitiva de la poes\u00eda de El\u00edas David Curiel. Lo cierto es que, de ser un \u201craro\u201d y un \u201colvidado\u201d en la historia l\u00edrica nacional, el poeta ha sido objeto de numerosas lecturas y estudios, sobre todo por parte de estudiantes universitarios y profesores-investigadores de las carreras de letras. Documento bastante completo acerca de la vida y obra de este \u201cgran desconocido\u201d, puede verse en l\u00ednea en cuatro entregas del trabajo preparado para la televisi\u00f3n por Macki Arenas. Asimismo, puede accederse a otro documental, en dos entregas, tambi\u00e9n disponible en l\u00ednea.<\/p>\n\n\n\n<p>Intentar reducir la l\u00edrica de Curiel a una escuela o tendencia literaria implica un error, como ocurre siempre que quiere reducirse el estilo personal de un artista a una casilla. Es cierto que sus im\u00e1genes y muchos de sus vocablos llevan a pensar inmediatamente en el modernismo, pero m\u00e1s por lo que \u00e9ste tiene de \u201cmodernidad\u201d que por el concepto de escuela literaria. Fue un lector concienzudo y furibundo \u2013si cabe el t\u00e9rmino\u2013 de los simbolistas franceses, pero tambi\u00e9n de los rom\u00e1nticos m\u00e1s prestigiosos y de los cl\u00e1sicos m\u00e1s encumbrados. Su biblioteca personal desentonaba con lo que pod\u00eda conseguirse en la Venezuela del momento \u2013deber\u00edamos decir, en el estado Falc\u00f3n de ese entonces\u2013; pero su pertenencia a una familia con miembros en el exterior le permiti\u00f3 hacerse con tomos valiosos de lo m\u00e1s granado de la l\u00edrica universal. Un erudito, pues, como el cuman\u00e9s Ramos Sucre.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como los simbolistas que le\u00eda, El\u00edas David Curiel lleg\u00f3 a resumir su palabra en figuras contradictorias, en im\u00e1genes b\u00edfidas, donde el significado se resolv\u00eda en sue\u00f1o- vigilia, muerte-vida, oscuridad-luz. Una suerte de m\u00edstico que alcanzaba tal iluminaci\u00f3n mediante un procedimiento inverso, tal como Charles Baudelaire, por ejemplo. El signo es, pues, resultado de la doble vida que deb\u00eda enfrentar el poeta: desde la interioridad de su ser, desde la casa de su infancia poblada de fantasmas, hacia un mundo exterior al cual se asoma porque la cotidianidad lo exige. La preparaci\u00f3n, su formaci\u00f3n cultural, tambi\u00e9n le recordaba el contraste con una ciudad donde iba a hallar pocos contertulios. O, por lo menos, alguien con quien poder conversar de t\u00fa a t\u00fa. Otro elemento que lo va a hacerse concebir como un escindido se encuentra en la contraposici\u00f3n que implica su procedencia sefard\u00ed y la cultura cristiana que, a fin de cuentas, era la que imperaba en la sociedad en que le toc\u00f3 desenvolverse.<\/p>\n\n\n\n<p>Si algo tiene de modernista El\u00edas David Curiel, es su contacto con el Decadentismo y de \u00e9ste, el encuentro con la nada. Los poetas de la modernidad l\u00edrica occidental son antecedentes ciertos de los escritores existencialistas, m\u00e1s a\u00fan, nihilistas. Por supuesto, la referencia es al existencialismo negativo, al estilo sartreano, donde el sinsentido de la vida es un componente base. Vemos, entonces, una cierta \u201cexplicaci\u00f3n\u201d entre el modo de vida y la preponderancia del Th\u00e1nathos en la obra de Curiel. Una cierta \u201cjustificaci\u00f3n\u201d de lo que el destino le ten\u00eda reservado al creador-suicida.<\/p>\n\n\n\n<p>De la extensa obra l\u00edrica del poeta, b\u00e1stenos detenernos en dos poemas para analizar su sentido y su vinculaci\u00f3n con el asunto del suicidio: \u201cAl trav\u00e9s de mi vida\u201d y \u201cZona ambiente\u201d. El primero pertenece a su libro <em>M\u00fasica<\/em> <em>astral<\/em> (2003: 169-183) y el segundo a <em>Ap\u00e9ndice<\/em> <em>l\u00edrico<\/em> (Ibid: 306). El texto primero, dedicado a su hermano, el tambi\u00e9n escritor Jos\u00e9 David Curiel, est\u00e1 conformado por cuarenta estrofas. Entre ellas, destacan dos estribillos: el primero, un d\u00edstico formado por dos dodecas\u00edlabos, y con el que subtitulamos este apartado reza: \u201c\u00a1Oh mi alma, sue\u00f1o de un dios, incoherencia \/ de un dios atediado de su omnipresencia!\u201d (p. 169); el segundo estribillo, elemento de unidad r\u00edtmico-sem\u00e1ntica, que se recrea en la segunda parte del poema, dice: \u201cMientras por la casa voy de Ceca en Meca, \/ hila que deshila mi madre su rueca.\u201d (p. 173) Ya estos dos d\u00edsticos (o d\u00edpticos, que valen ambas denominaciones en cuanto metaforizaciones) sintetizan un contenido que va a desplegarse en las estrofas restantes: el alma, elemento simb\u00f3lico en la poes\u00eda de Curiel, siempre es descrita o interpelada por el hablante y suele referirse a su aspecto m\u00e1s \u00edntimo y definitorio como persona. Su alma apenas es sue\u00f1o, para nada realidad. Ni m\u00edstica siquiera. Sue\u00f1o de un \u201cdios\u201d, as\u00ed, con min\u00fascula inicial, devaneo de un dios, \u201cincoherencia de alg\u00fan dios\u201d que se encuentra inmerso en el hast\u00edo, en el tedio que le causa su condici\u00f3n de estar en todas partes, de ser omnipresente. En el segundo estribillo, el hablante particulariza su decir reduciendo el espacio al hogar materno, el de la infancia. Ir \u201cde Ceca en Meca\u201d es un dicho popular, que a nosotros nos viene de la cultura espa\u00f1ola y significa ir alocadamente de un lugar a otro. En El Quijote, Cervantes pone la frase en boca de Sancho: \u201cY lo que ser\u00eda mejor y m\u00e1s acertado\u2026 fuera el volvernos a nuestro lugar\u2026 dej\u00e1ndonos de andar de ceca en meca y de zoca en colodra, como dicen\u201d (Parte I, cap. 18).<sup>2<\/sup> El hablante, ni\u00f1o o adulto en casa de sus progenitores, deambula sin rumbo fijo y, mientras busca su sosiego, la madre fabrica el hilo. La imagen de las nefastas parcas, tambi\u00e9n, acude a nuestra mente: son tres: una hace girar la rueca, otra elabora el hilo de nuestras vidas y la tercera, funesta, lo corta. La madre aparece ac\u00e1 como hilandera, la hilandera de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>El gran tema del poema relaciona la vida del hablante durante su ni\u00f1ez en la casa materna (sus miedos y fantasmas, los tab\u00faes sexuales, su relaci\u00f3n con los miembros de la casa) con su observaci\u00f3n sobre la propia esencia. A ratos, es de suponer, aparecen im\u00e1genes vinculadas con la muerte (siempre un gran s\u00edmbolo en la poes\u00eda de Curiel). \u201cLos suicidas tienen una predisposici\u00f3n patol\u00f3gica hacia la muerte, a la cual resisten en realidad, pero que no pueden suprimir\u201d (Cioran, 2003: 95). Si seguimos al pie de la letra esta suerte de m\u00e1xima de Cioran, podr\u00edamos despachar de un trazo el asunto. Pero el mismo pensador rumano sabe que esto no es f\u00e1cil. Un poeta no \u201crazona\u201d igual que un fil\u00f3sofo y, cuando tras el aedo se esconde el razonador, el tema se torna complejo. No s\u00f3lo quien reflexiona durante toda su existencia sobre esto de la finitud de la vida y, a\u00fan m\u00e1s, del t\u00e9rmino de la vida propia, recibe un \u201cherida\u201d dif\u00edcil de sanar. Cuando el asunto no viene a trav\u00e9s de las ideas sino por mediaci\u00f3n de las im\u00e1genes \u2013es una muy particular observaci\u00f3n nuestra\u2013, ya no hay salida posible que la de entregarse a esa nada, a esa \u201csoluci\u00f3n\u201d, a esa \u201clibertad absoluta\u201d que implica el suicidio. El otro camino, muchas veces frecuentado como clara antesala, es la locura. Entregarse al sinsentido. Poes\u00eda y muerte voluntaria \u2013hemos visto\u2013 tienen una larga historia de vida en com\u00fan. Y el grado m\u00e1ximo de poes\u00eda (en este caso) es la finitud de la vida por decisi\u00f3n propia: \u201c<em>El<\/em> <em>lirismo<\/em> <em>absoluto<\/em> <em>es<\/em> <em>el<\/em> <em>lirismo<\/em> <em>de<\/em> <em>los<\/em> <em>\u00faltimos<\/em> <em>instantes<\/em>. La expresi\u00f3n se confunde en ellos con la realidad, se vuelve todo\u201d, dir\u00e1 Cioran (2003: 99).<\/p>\n\n\n\n<p>En la segunda parte del poema, el hablante-ni\u00f1o describe una serie de visiones: otros ni\u00f1os fantasmas, un par de querubines y la Virgen (el elemento cristiano que se enfrenta al hebreo), sombras que lo interpelan o le susurran su llanto al o\u00eddo, su misma madre (figura epic\u00e9ntrica de esta parte). El poeta es vidente. El mismo hablante observa c\u00f3mo su alma se desprende del cuerpo y, ya cad\u00e1ver, contin\u00faa el descenso al infierno, el enfrentamiento con sus m\u00e1s at\u00e1vicos temores. Duendes, trasgos, esp\u00edritus desencarnados, circundan la voz que nos habla en un fant\u00e1stico corro. La muerte \u2013cuenta el hablante\u2013 ha estado presente desde su m\u00e1s remota ni\u00f1ez.<\/p>\n\n\n\n<p>En el poema \u201cZona ambiente\u201d,<sup>3<\/sup> en cambio, el poeta salda cuentas con su dif\u00edcil relaci\u00f3n con el otro, centr\u00e1ndose en el tema de la ciudad que lo vio nacer y que ser\u00eda el escenario casi \u00fanico de su vida. Se trata de un soneto, el segundo texto de <em>Ap\u00e9ndice<\/em> <em>l\u00edrico<\/em>, compuesto esta vez por endecas\u00edlabos y articulado por encabalgamientos claves. S\u00edntomas como \u201cvida mon\u00f3tona\u201d, \u201cmuerta ciudad\u201d, \u201cest\u00e9ril calma\u201d, \u201caridez de mi regi\u00f3n\u201d, \u201csed del alma\u201d, \u201cmi pecho del fastidio cuna\u201d, \u201ccanci\u00f3n de hielo\u201d, \u201ctediosa calma\u201d, \u201cb\u00f3veda ardiente\u201d,&nbsp; dan cuenta de los signos indiciales que conducen al n\u00facleo tem\u00e1tico del poema: su incomodidad en una ciudad que le es ajena al esp\u00edritu. Un esp\u00edritu muy cercano a los grandes malditos que han vencido a la vida a trav\u00e9s de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Sumido en crisis de todo tipo, pero sobre todo relativas a sus relaciones sociales, El\u00edas David Curiel opt\u00f3 por colgar su cuerpo en un balanceo definitivo. Nos refiere el poeta C\u00e9sar Seco que un vecino se asom\u00f3 por el ojo del port\u00f3n de la casa de la calle Garc\u00e9s, que habitada junto con su madre, y alcanz\u00f3 ver, al fondo de la puerta entreabierta del cuarto que ocupaba, el cuerpo del poeta pendiendo de una viga, colgado de un mecate. \u201cCon ceniza de muertos fue amasada mi vida\u201d, dir\u00e1 en un poema clave. La mayor\u00eda de las veces sus versos fueron testimonio de una situaci\u00f3n emocional que lo describ\u00eda como un incomprendido, como un \u201craro\u201d. Aunque no se tiene conocimiento de intentos de suicidio previos, C\u00e9sar Seco se\u00f1ala: \u201cEra un muerto vivo, en un caser\u00f3n de sombras con sus fantasmas, en un di\u00e1logo cifrado de referencias medi\u00famnicas, pitag\u00f3ricas y cabal\u00edsticas\u201d. (2010) Se a\u00f1ade \u2013y esto no es m\u00e1s que relatos mediados por murmuraciones y comentarios\u2013 que el poeta no tuvo suerte en el amor y que siendo atormentado por la sexualidad, buscaba sosiego en sus andares por los bajos fondos de la comarca.<\/p>\n\n\n\n<p>El hast\u00edo, el tedio vital de los grandes simbolistas, fue un lugar com\u00fan en su palabra y en muchos de sus actos. Sumemos la locura, la desesperaci\u00f3n y el tormento que se lleva interiormente; a\u00f1adamos una palabra brillante, precisa, muchas veces inventada a falta de t\u00e9rminos que transfieran el sentido deseado, y tendremos a uno de los m\u00e1s grandes poetas que ha dado la tierra venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Vida:<\/em><\/strong> <strong><em>\u00bfeso<\/em><\/strong> <strong><em>es<\/em><\/strong> <strong><em>todo?<\/em><\/strong><strong>:<\/strong> <strong>Gloria<\/strong> <strong>Stolk<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Gloria Pinedo de Marchena de Stolk nace en Caracas por decisi\u00f3n del destino, el 18 de agosto de 1912, y muere en la misma ciudad por voluntad propia, tras sesenta y siete a\u00f1os de una prol\u00edfica vida intelectual, el 24 de febrero de 1979. Dej\u00f3 una obra narrativa considerable, pero apenas dos libros de poemas: <em>Rescate<\/em> <em>y<\/em> <em>otros<\/em> <em>poemas<\/em> (1950) y <em>Cielo<\/em> <em>insistente<\/em> (1960). \u201cUn d\u00eda despu\u00e9s de su suicidio, el narrador Orlando Araujo escribi\u00f3 en <em>El<\/em> <em>Nacional<\/em>, del 25-2-79, una s\u00edntesis de su vida y obra: <em>Toda<\/em> <em>vestida<\/em> <em>de<\/em> <em>misterio<\/em> <em>se<\/em> <em>acerc\u00f3<\/em> <em>a<\/em> <em>la<\/em> <em>muerte<\/em> <em>sin<\/em> <em>que<\/em> <em>nadie<\/em> <em>pudiera<\/em> <em>sospecharlo<\/em>\u201d. (P\u00e9rez Carmona, 2004: 241)<\/p>\n\n\n\n<p>Con formaci\u00f3n autodidacta, en una Venezuela en la que la mujer ten\u00eda pocas posibilidades de descollar en el \u00e1mbito intelectual, a los cursos de primaria (la \u00fanica educaci\u00f3n sistem\u00e1tica que tuvo) se suman las clases privadas que recibi\u00f3 en su hogar. Desde muy peque\u00f1a fue una lectora empedernida pues creci\u00f3 en una casa caracterizada por un ambiente cultural de alto nivel. En el a\u00f1o 1942, la escritora enviuda. Su esposo, Teunis Felipe Stolk Mendoza fallece de forma tr\u00e1gica. Este hecho parece haber sido decisivo para el final tambi\u00e9n tr\u00e1gico de Gloria, quien sufre un per\u00edodo de profunda depresi\u00f3n y de un extenso duelo que no logra superar del todo. Seis a\u00f1os despu\u00e9s de la traum\u00e1tica desaparici\u00f3n de su marido, en 1948, la poeta muestra por vez primera sus poemas a Carlos Le\u00f3n Mendoza, hijo del due\u00f1o del diario <em>LaEsfera<\/em>, quien reconoce sus dotes literarias y le recomienda publicar sus trabajos. Es este peri\u00f3dico la palestra que permite a Gloria forjarse como escritora y, podr\u00eda afirmarse, fueron el duelo y la depresi\u00f3n los detonantes de su escritura creativa sistem\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan&nbsp;parece, este tormento interior acompa\u00f1ar\u00e1 a la escritora durante el resto de su vida, hasta el d\u00eda fatal de 1979 en que decide liberarse de su experiencia dolorosa fundamental. La defenestraci\u00f3n fue la manera como Gloria Stolk puso fin a sus d\u00edas.<sup>4<\/sup> Esta forma espec\u00edfica de suicidio responde, generalmente, a que no necesita mayores preparaciones, por lo que estimamos que su decisi\u00f3n obedeci\u00f3 a un acto repentino y no obsesivamente planificado. Como es l\u00f3gico, el estado mental juega un papel principal, y si a esto sumamos la depresi\u00f3n y el duelo no superados entenderemos que el asunto estaba probablemente predestinado. Por otra parte, la defenestraci\u00f3n implica una desaparici\u00f3n del l\u00edmite entre el \u201cadentro\u201d y el \u201cafuera\u201d que imponen las paredes. El interior supone un clima claustrof\u00f3bico insoportable y el exterior del recinto (que ofrece la ventana o el balc\u00f3n) sugiere una liberaci\u00f3n, una \u201csoluci\u00f3n\u201d a la angustia que impide la paz interior. Esto seg\u00fan Bota. Para Bourgeois, esta manera de muerte voluntaria supone dos momentos: uno \u201cascensional\u201d, de liberaci\u00f3n de lo que pesa y salto en el vac\u00edo, y otro \u201cdescendente\u201d o \u201cde ca\u00edda\u201d, que se resume en el \u201cretorno a la tierra\u201d traducido en un \u201cdeseo de muerte real\u201d. (cfr. Bota, Bourgeois y otros, 2010)<\/p>\n\n\n\n<p>Interesante es el punto de vista psicoanal\u00edtico sobre este asunto. En la misma fuente podemos leer (y no hacemos m\u00e1s comentario al respecto debido a la elocuencia de la anotaci\u00f3n) lo siguiente:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cA partir de una observaci\u00f3n de Freud, Lacan vio en el acto de \u00b4dejarse caer\u00b4 la marca de una falla del discurso. El acto se\u00f1alar\u00eda el punto donde no hay m\u00e1s palabra posible. Y para Lacan, ese \u00b4dejarse caer\u00b4 es el correlato esencial de todo pasaje al acto\u201d. (ldem)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos a\u00f1adir, quiz\u00e1s, que el hecho de enfundar su cabeza antes de arrojarse al vac\u00edo podr\u00eda ser un atisbo de negaci\u00f3n \u00faltima a aceptar el hecho que estaba a punto de cometer. O, tal vez atendiendo a la creencia generalizada en que las mujeres suelen preocuparse por su aspecto exterior al momento de tomar la determinaci\u00f3n (y las fotograf\u00edas y testimonios sobre Gloria Stolk hablan de una mujer bella por dentro y por fuera), es probable que el arranque no haya impedido a nuestra poetisa tomar tal previsi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos primeros textos de <em>Rescate<\/em> <em>y<\/em> <em>otros<\/em> <em>poemas<\/em> son sintom\u00e1ticos del tr\u00e1gico fin: en \u201cRescate\u201d (Stolk, 1950: 3-4) la hablante dice de su descenso a un pozo (a un infierno particular) de donde pudo sacar a su alma. Los signos apuntan a lo tenebroso y a la dificultad que implicaba descender y luego asir a su alma para enfrentarla. Un vistazo a los signos basta para entender el ambiente sem\u00e1ntico que crea: \u201cpozo negro\u201d, \u201cserpientes\u201d, \u201cl\u00e1tigos\u201d, \u201cojos ext\u00e1ticos\u201d, \u201carterias\u201d, \u201chuesos\u201d, \u201cgemidos destrozados\u201d, \u201cterrores ilesos\u201d, \u201cparedes fr\u00edas y empinadas\u201d, \u201cu\u00f1as arrancadas\u201d, \u201cfondo inenarrable\u201d, \u201cv\u00e9rtigo\u201d, \u201ctorbellino\u201d, \u201cnoche de todas mis angustias\u201d, \u201cdesvar\u00edo de su luz\u201d, \u201calma l\u00edvida\u201d\u2026 Es f\u00e1cil seguir la decodificaci\u00f3n del poema porque su estilo es directo, pese al discurso oculto en la lectura paradigm\u00e1tica. Una frase se constituye en epicentro sensible y fundacional del poema: \u201cY mor\u00ed sin morir\u201d. Esta muerte en vida alude, por supuesto, a un sacrificio particular \u2013por libre escogencia o no: el hecho impuesto por la vida, la muerte del esposo, o el \u201cletargo\u201d del que tuvo que salir la hablante-autora real- y que anunciar\u00e1 en otros poemas.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cLa rescatada\u201d (ibid: 5-6) vuelve el mismo tema del alma salvada o arrancada de su destino. Ya su alma ha sido sacada \u201cdel abismo\u201d y la hablante se ha enfrentado a \u201csu rostro \/ sangrante y macilento\u201d. Aparece de nuevo la idea en el epicentro de \u201caquella muerte viva\u201d, la peor de todas seg\u00fan la voz del poema. Ese es el verdadero pozo, la suerte de letargo. Tambi\u00e9n aparece relacionada de nuevo la idea de la \u201cluz\u201d que impregna, emana o contiene el alma. La \u201crara luz\u201d del poema anterior hace que el alma ahora arda \u201ccomo una l\u00e1mpara votiva\u201d. Esta tem\u00e1tica, claro est\u00e1, alude a la vuelta a la vida a trav\u00e9s de la escritura. La voz se sabe fallecida, tambi\u00e9n rescatada de la muerte, dispuesta a vivir una vida que \u2013ya sabemos\u2013 la conducir\u00e1 al fin inevitable, a la muerte verdadera por el camino m\u00e1s inesperado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEsperar\u201d (pp. 13-14) es tambi\u00e9n otro de los textos que se resume en la muerte como v\u00eda y fin de camino. \u201cSe alarga larga la espera \/ como una oscura serpiente. \/ Dile a la vida que muera, \/ que el que muere nada siente\u201d. Lo dicho, la muerte es una v\u00eda de escape al sufrimiento. La vida, por otro lado, es una muerte en camino. Por ello: \u201csi he de esperar muriendo (\u2026) \/ para qu\u00e9 seguir viviendo?\u201d Varias son las veces en que la referencia es a la vida estando muerta, a la muerte en vida, a vivir muriendo. La vida transcurre, mientras la hablante la observa desde su no-lugar: \u201cA mi lado feliz pasa la vida\u2026 \/ Yo la contemplo con sonrisa lenta.\u201d dir\u00e1 en \u201cLa mujer de Lot\u201d (p. 39).<\/p>\n\n\n\n<p>El anhelo o la a\u00f1oranza por el estado de muerte tambi\u00e9n es una referencia constante en los poemas que conforman este libro. As\u00ed, en \u201cAlba\u201d expresar\u00e1 su voz: \u201cC\u00f3mo anhelo los c\u00edrculos de ausencia \/ que crea el sue\u00f1o al caer como una piedra\u201d\u2026 [aqu\u00ed la referencia a la ca\u00edda] \/ \u201cen el fondo sin luz de la conciencia!\u201d (p. 52). Y en \u201cArena\u201d: \u201cC\u00f3mo anhelo perderme en el desierto, \/ ser arena barrida por el viento!\u201d (p. 54).<\/p>\n\n\n\n<p>Este libro es una puerta a la esperanza, por cuanto implica un camino cierto al renacimiento bajo la forma de la escritura. Recordemos que es su primer libro publicado (no s\u00f3lo de poes\u00eda, sino el primero de toda su obra editada). Ocurre que esta esperanza va cargada de un significado enrarecido, contradictorio. \u201cMe atra\u00eda el secreto de la muerte,<\/p>\n\n\n\n<p>\/ su calma tersa\u201d, dir\u00e1 \u2013justamente\u2013 en su texto \u201cEsperanza\u201d (p. 78).<\/p>\n\n\n\n<p>Debemos advertir las obvias referencias a la ca\u00edda, al descenso, a alcanzar el fondo. Es aventurado relacionar directamente esto a la defenestraci\u00f3n de la que ser\u00e1 autora y v\u00edctima, mas tampoco resulta descartable en lo absoluto. Quien se arroja al vac\u00edo deviene divinidad que anhela corporeizar su esencia divina. La escritora \u2013la voz que ac\u00e1 habla\u2013 se torna humana, buscando su centro, su esencia, su integraci\u00f3n a la tierra. La escritura transmuta este impulso en avisos hechos palabras. La poes\u00eda es, as\u00ed, una forma de anuncio y despedida.<\/p>\n\n\n\n<p>Diez a\u00f1os despu\u00e9s aparecer\u00e1 su segundo libro de poemas, <em>Cielo<\/em> <em>insistente<\/em> (1960). En el \u00ednterin han aparecido varias novelas, tomos de cuentos y ensayos sobre literatura y arte. En este nuevo libro de poes\u00eda son varios los textos que hacen alusiones a otro estado: vuelven a hacer presencia los signos \u201csue\u00f1o\u201d, \u201calma\u201d, \u201cnoche\u201d, \u201csilencio\u201d, \u201cmorir\u201d, \u201csed\u201d, \u201cvigilia\u201d, as\u00ed como el concepto de otredad, del doble que acecha desde alg\u00fan lugar profundo, siempre reflejo, esencialidad, complemento (\u201cM\u00e1s [sic] de pronto, con los ojos cerrados, \/ siento que alguien me avizora: \/ All\u00ed, en el fondo de m\u00ed misma est\u00e1 la otra \/ sentada como estatua, impasible, \/ mirando\u2026\u201d) (Stolk, 1960: 23). En los poemas dedicados a sus hijas \u201cHija primera\u201d e \u201cHija segunda\u201d, (pp. 3-5), que sirven de p\u00f3rtico al libro, se sostiene la idea de la continuidad de la vida en la progenie. Los signos referidos a la finitud de la vida, claro est\u00e1, no se encuentran ausentes: \u201ccuando la luz se ciegue, noche para la noche, \/ con la tuya seguir\u00e9 viendo el mundo\u201d\u2026 o \u201cDe pronto se irgue [sic] augusto el silencio \/ en un perfil de arc\u00e1ngel\u201d. Las dicotom\u00edas luz-noche, silencio-palabra, son claros mensajes de lo evidente (la an\u00e9cdota, en una primera lectura), pero tambi\u00e9n de lo que subyace.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabemos que en poes\u00eda algunos textos son m\u00e1s elocuentes que otros. Substituyen la substancia po\u00e9tica contenida en la imagen, en la met\u00e1fora, por la contundencia en el decir o, bien, por la profundidad de lo dicho. El poema \u201cAndando\u201d, por ejemplo, hace gala de Ia eIocuencia y deI mensaje que buscamos en este trabajo cuando manifiesta: \u201cVida: \u00bfeso es todo? \/ Detr\u00e1s de eso: \/ \u00bfm\u00e1s nada?\u201d (p. 27).<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda y \u00faItima parte deI Iibro, \u201cSonetos\u201d, est\u00e1 formada por una serie de doce de estas composiciones po\u00e9ticas. Entre ellas destaca para nuestro inter\u00e9s el intitulado \u201cAIma\u201d. De nuevo Ia b\u00fasqueda de s\u00ed misma acaba enfrentando a la hablante con su rostro reflejado, enmarcado en un clima de ocultamiento generador del miedo. Copiamos los primeros seis versos y dejamos que sea la voz del texto quien sugiera pero tambi\u00e9n pontifique con pasmosa rotundidad:<\/p>\n\n\n\n<p>AIma te busco y te me pierdes, aIma&#8230;<br>\u00bfEn qu\u00e9 rinc\u00f3n profundo y escondido<br>te ocultas, sin aliento, sin gemido,<br>peque\u00f1a, inm\u00f3vil, en terrible calma?<br>No te oigo respirar. Me asustas aIma\u2026<br>y te busco con miedo contenido\u2026(p. 37)<\/p>\n\n\n\n<p>Esta oposici\u00f3n de contrarios, esta dualidad (hablante-alma), nos transporta irremediablemente a la noci\u00f3n de conflicto, de escisi\u00f3n interna que culmina en una angustia que no se resuelve (como suele ocurrir) en la p\u00e9rdida de la raz\u00f3n; sin embargo, el camino conducir\u00e1 a la eliminaci\u00f3n de una de las partes, aqu\u00e9lla sobre la que tenemos absoluto poder de decisi\u00f3n: la desaparici\u00f3n f\u00edsica fue tema, historia familiar y discurso, en la vida y en la obra de esta importante escritora venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Para<\/em><\/strong> <strong><em>sobrevivir<\/em><\/strong> <strong><em>a<\/em><\/strong> <strong><em>la<\/em><\/strong> <strong><em>muerte<\/em><\/strong><strong>:<\/strong> <strong>Atilio<\/strong> <strong>Storey<\/strong> <strong>Richardson<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Una de las formas m\u00e1s terribles de darse muerte a s\u00ed mismo la constituye la inmolaci\u00f3n por fuego. Tambi\u00e9n es una de los m\u00e9todos m\u00e1s antiguos y tiene una clara orientaci\u00f3n al sacrificio, por una divinidad o por el bien colectivo. La imagen que nos viene en forma instant\u00e1nea es la del fot\u00f3grafo David Halberstam, quien capt\u00f3 el momento en que el monje vietnamita Thich Quang Duc, nacido en 1897, se inmolaba en una calle muy transitada de Saig\u00f3n, el 11 de junio de 1963. Esto, en se\u00f1al de protesta por la forma como el gobierno oprim\u00eda a los budistas. Durante su incineraci\u00f3n el bonzo permaneci\u00f3 en actitud hier\u00e1tica, sin emitir un solo sonido o movimiento. Luego de \u00e9l, otros monjes han imitado esta forma de inmolaci\u00f3n conocida, precisamente, como \u201cquemarse a lo bonzo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero mucho m\u00e1s com\u00fan que autolesionarse con fuego es el hecho de quemar los manuscritos o el libro ya publicado. Puede esto interpretarse como una suerte de suicidio literario pues, en el caso del manuscrito, se trata de poner fin definitivo a una obra que ya no ver\u00e1 la luz; y, en el caso del libro ya editado, un intento por hacer desaparecer f\u00edsicamente la producci\u00f3n literaria. La historia de la literatura est\u00e1 llena de estos casos.<\/p>\n\n\n\n<p>Simb\u00f3licamente, el fuego es un elemento de doble orientaci\u00f3n interpretativa: puede entenderse como fundamento que conduce a la destrucci\u00f3n absoluta, pero tambi\u00e9n como signo de transformaci\u00f3n. Purifica, mas conlleva la destrucci\u00f3n de las fuerzas del mal. (Cirlot, 1995: 209-210) Lo cierto es que la concepci\u00f3n de Her\u00e1clito del fuego como agente de \u201cdestrucci\u00f3n y renovaci\u00f3n\u201d puede observarse en antiguos textos sagrados hind\u00faes, as\u00ed como en el \u201cApocalipsis\u201d b\u00edblico. Justamente \u00e9ste es el nombre de la agrupaci\u00f3n literaria surgida en Maracaibo, en 1955, a la que perteneci\u00f3 el poeta que ahora nos ocupa, Atilio Storey Richardson, quien escogi\u00f3 como manera de poner fin a su vida \u00e9sta que ac\u00e1 hemos descrito: la autoinmolaci\u00f3n por fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>Nacido y fallecido en Maracaibo, Atilio Storey Richardson (1937 &#8211; 1991) fue \u2013como hemos dicho\u2013 uno de los miembros principales de este m\u00edtico Apocalipsis, fundado el 12 de noviembre de 1955, junto con Hesnor Rivera, R\u00e9gulo Villegas, N\u00e9stor Leal, Miy\u00f3 Vestrini, C\u00e9sar David Rinc\u00f3n, Laurencio S\u00e1nchez Palomares e Ignacio de la Cruz. Entre los objetivos de este grupo estaban, por una parte, la ruptura con los esquemas tradicionales de la literatura de la regi\u00f3n zuliana, en especial con la poes\u00eda que segu\u00eda los modelos de Rafael Mar\u00eda Baralt y Ud\u00f3n P\u00e9rez; y por la otra, seguir las teor\u00edas de las escuelas vanguardistas, principalmente las surrealistas. Estos rasgos, claro est\u00e1, los podemos observar en el \u00fanico libro que llegase a publicar Storey Richardson, aunque tard\u00edamente: <em>Vino<\/em> <em>para<\/em> <em>el<\/em> <em>fest\u00edn<\/em> (1988).<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s que un libro org\u00e1nico, pensado como tal, <em>Vino<\/em> <em>para<\/em> <em>el<\/em> <em>fest\u00edn<\/em> es una suerte de poemario (colecci\u00f3n de poemas), que recoge textos varios escritos o publicados en revistas y peri\u00f3dicos, que fueron producidos entre los a\u00f1os 1955 y 1988. Se trata de veinticuatro poemas (si consideramos los dos \u201cSonetos a Chenda\u201d individualmente), que parecieran haber sido producidos para una situaci\u00f3n especial cada uno. No obstante, una caracter\u00edstica de sus escritos produce la amalgama precisa, obteniendo as\u00ed este trabajo la organicidad necesaria para ser considerado propiamente un libro. Dir\u00e1 Gabriel Payares (2010: 11) que la recurrencia de ciertas im\u00e1genes \u201cofrece un sentido on\u00edrico de la lectura\u201d, en el que cada poema forma parte de un mismo juego escritural.<\/p>\n\n\n\n<p>Maracaibo \u2013como vimos\u2013 es la ciudad natal de este poeta. All\u00ed crece y recibe su formaci\u00f3n m\u00e1s temprana. Su abuela Elvira lo puso en contacto, desde muy joven, con la literatura y las artes. Memorizaba poemas para recitarlos luego. Fue un lector consumado y, adem\u00e1s, estudi\u00f3 m\u00fasica guiado por la mano de Emil Friedman. Form\u00f3 parte de la primera orquesta sinf\u00f3nica del Zulia que dirigi\u00f3 el propio maestro Friedman.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el lado de la pol\u00edtica, se alist\u00f3 en las filas de Acci\u00f3n Democr\u00e1tica y sufri\u00f3 los rigores de la prisi\u00f3n bajo el r\u00e9gimen dictatorial de Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez. Destacado periodista, se distingui\u00f3 en esta labor en su columna \u201cVer, o\u00edr y callar\u201d, entre 1956 y 1958, en el diario <em>Panorama<\/em>, firmando bajo el pseud\u00f3nimo Pablo Morel. En el a\u00f1o 1958 fue becado para realizar estudios en Francia, donde obtuvo el Certificado de Estudios Generales Literarios, en la Sorbona, de Par\u00eds. De esta etapa destaca la an\u00e9cdota de haber dejado de recibir la ayuda econ\u00f3mica y tener que sustentarse como cantante de m\u00fasica latinoamericana, en locales varios de la Ciudad Luz, acompa\u00f1ado a la guitarra por el maestro Jes\u00fas Soto.<\/p>\n\n\n\n<p>De regreso a Venezuela, participa en Apocalipsis, como hemos rese\u00f1ado, y obtiene la licenciatura en Letras por la Universidad de Los Andes, en 1965.<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo a <em>Vino<\/em> <em>para<\/em> <em>el<\/em> <em>fest\u00edn<\/em>, que conoci\u00f3 una segunda edici\u00f3n por las publicaciones de la Universidad Cat\u00f3lica Cecilio Acosta, en 2005, debemos se\u00f1alar su fuerte apego a una est\u00e9tica de car\u00e1cter surrealista, particularmente on\u00edrica, donde los temas de la naturaleza y la mujer cobran especial protagonismo. Como se ha afirmado, los poemas parecen m\u00e1s bien producto de un momento, inspirados por una situaci\u00f3n particular en cada caso, y nunca escritos como parte de un libro planificado. No obstante, su est\u00e9tica y las im\u00e1genes que recurren una y otra vez, saltando de un texto a otro, permitir\u00edan que este libro pueda apreciarse como un todo previamente organizado. Im\u00e1genes, signos, pistas l\u00edricas pueden organizarse en los campos sem\u00e1nticos de la mujer, la naturaleza, el vino y resumirse, quiz\u00e1s, en la embriaguez del coraz\u00f3n. Contrario a lo que pudiera pensarse, la poes\u00eda de Storey Richardson es vitalista, de plenitud, de canto a la existencia. Pertenece, as\u00ed, este poeta, a aquellos suicidas cuya obra muestra, en general, una visi\u00f3n lejana de lo que esperamos. Forma parte de aquellos poetas como Osorio Calatrava o Casasola quienes, lejos de satisfacer el morbo del lector, sorprenden con una poes\u00eda m\u00e1s bien luminosa, plena, portadora de im\u00e1genes que reconfortan y reconcilian con la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Una lectura dirigida, sesgada (\u00bfacaso no lo son todas?), nos har\u00eda percatar de una serie de signos conducentes todos hacia un mismo concepto: la luz (o el sol, o la aurora, o la llama). El fuego, presente en algunos de los textos de este libro, bajo sus distintas denominaciones \u201cs\u00edgnicas\u201d, est\u00e1 hermanado con elementos de significaci\u00f3n sexual, seg\u00fan los estudiosos de los s\u00edmbolos Eliade y Chevalier. (Albert de Paco, 2003: 257-258) Esto podr\u00eda justificar la confluencia del tema amoroso, o sexual, centrado en la figura de la mujer. Pero tambi\u00e9n es se\u00f1al de purificaci\u00f3n, renacimiento (en el o lo otro). La iluminaci\u00f3n producto del fuego transmuta lo f\u00edsico en fuerza espiritual. El girasol (flor asociada al astro rey), la aurora, el alba, la l\u00e1mpara, el sol mismo, el fulgor y la lumbre, aparecen para ofrecernos una lectura paradigm\u00e1tica bastante frecuente en los textos de Storey Richardson (\u201cLos sonetos de Chenda\u201d, \u201cMuchachas de diciembre\u201d, \u201cAlgo que ella preside\u201d, \u201cRetorno de la amada\u201d, \u201cTestimonio del viento\u201d, \u201cMemoria de Par\u00eds\u201d, \u201cVino para el fest\u00edn\u201d, \u201cLa muerte del alma\u201d, entre otros).<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, la muerte y la finitud de la vida tambi\u00e9n son temas que se asoman entre texto y texto. No conformar\u00e1n, quiz\u00e1s, el asunto central de alg\u00fan poema, mas su presencia es insoslayable y nos obliga a percatarnos de ellos. La voz de la madre sentencia en \u201cSobre la madre\u201d, que \u201crealmente los d\u00edas son escasos\u201d (p. 10); el hablante de \u201cAlgo que ella preside\u201d nos advierte que \u201cpodr\u00eda llegar ahora nuestra liviana muerte\u201d (p. 14); la voz que habla en \u201cCanto del Para\u00edso\u201d se define como \u201cla sombra de tu amada\u201d, quien pide que comunique el mensaje \u201ca los sobrevivientes\u201d, un mensaje de amor que permita la supervivencia: \u201cnuestros besos sean un c\u00e1liz de ternura \/ para sobrevivir a la muerte\u201d. (p. 15) La idea del naufragio tambi\u00e9n est\u00e1 presente en algunos poemas: \u201cRegistro de la novia que domestica las Cigarras\u201d y \u201cMemoria de un naufragio\u201d, por ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sentenciosos son los siguientes versos: \u201cpor qu\u00e9 preside \/ con una plenitud de fuego ileso \/ mis rutas cotidianas\u201d (en \u201cMuchachas de diciembre\u201d); \u201cun aire de ceniza rod\u00f3 sobre los muros\u201d (en \u201cRetorno de la amada\u201d); \u201cEncendemos la jubilosa lumbre\u201d (en \u201cVino para el fest\u00edn\u201d); \u201c\u00a1Dame otra vez las bridas, \/ l\u00e1mpara que canta en mayo!\u201d (en \u201cLa muerte del alma\u201d). Es una lectura vertical (y forzada, dir\u00e1 alguno), pero los signos est\u00e1n all\u00ed tratando de imponerse en el torrente del lenguaje. Discurso y destino est\u00e1n entrelazados, aun pese al mismo autor. \u00bfCrimen contra la naturaleza o fusi\u00f3n definitiva con ella? El fuego lo arrasa todo para que se d\u00e9 el renacimiento. El mundo se destruye, desaparece y, parad\u00f3jicamente, la vida se renueva\u2026 En el discurso, por lo menos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Un<\/em><\/strong> <strong><em>firme<\/em><\/strong> <strong><em>prop\u00f3sito<\/em><\/strong> <strong><em>de<\/em><\/strong> <strong><em>morir<\/em><\/strong><strong>:<\/strong> <strong>Miy\u00f3<\/strong> <strong>Vestrini<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Algunas veces el suicidio de un artista no causa mayores sorpresas. Es un hecho anunciado una y otra vez en su obra. Si a esto le sumamos que en las conversaciones con amigos el tema sale a relucir con cierta frecuencia, pues nada m\u00e1s hay que a\u00f1adir. Agreguemos, tambi\u00e9n, que las referencias que aparecen en el lenguaje elusivo de la poes\u00eda son m\u00faltiples y que, adem\u00e1s, no necesitan de gran capacidad interpretativa para observar lo que est\u00e1 a la vista. Este es el caso de Miy\u00f3 Vestrini (pseud\u00f3nimo de Mar\u00eda Josefina Fauvell Ripert), quien viera las primeras luces en Nimes, Francia, en el a\u00f1o 1938, y cerrara sus ojos definitivamente en Caracas en la madrugada del 29 de noviembre de 1991. Su cuerpo fue hallado flotando en la ba\u00f1era de su apartamento. La escena no pod\u00eda ser m\u00e1s dram\u00e1tica: se hallaba totalmente vestida y calzada, el agua rebasaba, un tocadiscos giraba, ya in\u00fatilmente, sin arrancar al <em>Long<\/em> <em>play<\/em> m\u00e1s que sonidos carrasposos (Roc\u00edo Durcal hab\u00eda enmudecido en el surco final), y afuera \u2013encima de una mesa\u2013 dos notas: un borrador de la que dejara en la puerta del ba\u00f1o para su hijo (\u201cErnesto por favor, no entres, llama a tu pap\u00e1, \u00e9l sabr\u00e1 qu\u00e9 hacer\u201d) y otra en la que, literalmente, rezaba: \u201cSe\u00f1or ahora ya no molestar\u00e9 m\u00e1s, los dejar\u00e9 ser felices\u201d. Junto al cuerpo flotaba en el agua una estampita de San Judas Tadeo: la suicida se aferraba a su religi\u00f3n, al momento de poner fin a su vida. Hab\u00eda ingerido gran cantidad de un tranquilizante. Esta vez hab\u00eda logrado lo que en sus siete intentos de suicidio anteriores no hab\u00eda podido alcanzar. Esta vez el lavado estomacal ser\u00eda in\u00fatil. Se hab\u00eda entregado al sue\u00f1o perpetuo. Hab\u00eda cruzado la delgada l\u00ednea lim\u00edtrofe entre el sue\u00f1o cotidiano y la noche definitiva. Sobre su mesa de noche se encontr\u00f3 el manuscrito de <em>Valiente<\/em> <em>ciudadano<\/em>, \u00faltimo poemario de Vestrini, recogido en <em>Todos<\/em> <em>los<\/em> <em>poemas<\/em>. (cfr. D\u00edaz, 2008)<\/p>\n\n\n\n<p>Su obra po\u00e9tica se encuentra reunida en <em>Todos<\/em> <em>los<\/em> <em>poemas<\/em> (1993), en edici\u00f3n de Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, introducida por un repaso preciso, de sus libros escrito por Julio Miranda. Que sepamos, no ha habido una reedici\u00f3n de esta important\u00edsima obra de la poes\u00eda venezolana. Si bien la pasant\u00eda de Miy\u00f3 Vestrini por<\/p>\n\n\n\n<p>Apocalipsis no coincidi\u00f3 con ciertas caracter\u00edsticas est\u00e9ticas (apego al surrealismo, especialmente a las im\u00e1genes ins\u00f3litas, a la enumeraci\u00f3n ca\u00f3tica y a la construcci\u00f3n de met\u00e1foras extra\u00f1as y, casi siempre, de car\u00e1cter artificial), s\u00ed lo hizo, en cambio, con cierta visi\u00f3n tr\u00e1gica de la realidad, con el modo de vivir apasionado de sus miembros (que enfrentaban su pensamiento po\u00e9tico a una realidad que sent\u00edan ajena) y, es justo decirlo, con el fin tr\u00e1gico de otro de sus poetas, Atilio Storey Richardson. Los cuatro libros que conforman la obra po\u00e9tica de Vestrini (<em>Las<\/em> <em>historias<\/em> <em>de<\/em> <em>Giovanna<\/em>, 1971; <em>El<\/em> <em>invierno<\/em> <em>pr\u00f3ximo<\/em>, 1975; <em>Pocas<\/em> <em>virtudes<\/em>, 1986; y <em>Valiente<\/em> <em>ciudadano<\/em>, 1993), dan cuenta de una personalidad po\u00e9tica bien definida, encarnada en los hablantes de cada uno de sus trabajos l\u00edricos. Personalidad delimitada por una caracter\u00edstica que va desde la incomprensi\u00f3n de la vida, pasando por una mirada negativa de s\u00ed mismo, hasta la valent\u00eda para enfrentar la muerte cotidiana o esa incomprensi\u00f3n a la que nos hemos referido.<\/p>\n\n\n\n<p>Intuimos que la forma de suicidio \u201cescogida\u201d por cada poeta podr\u00eda responder al momento, a lo que se tiene m\u00e1s a mano, al impulso de muerte que en esa fat\u00eddica ocasi\u00f3n se hizo con el dominio de todo y llev\u00f3 al malogrado escritor a su fin. Pero sospechamos tambi\u00e9n que podr\u00eda la acci\u00f3n ser dictada desde el inconsciente, pues all\u00ed estaba anidada bajo la forma de la imagen fatal. Si el poeta se arroja al vac\u00edo o, literalmente, se corta las venas; si el suicida que escribe decide el camino tenebroso a trav\u00e9s del t\u00fanel que le ofrece el gas que lo asfixia o, bien, ingiere una sobredosis de somn\u00edfero; si el aedo se deja llevar por la ruta que le abren las aguas que lo atraen o, si no, permite que las llamas se hagan con su cuerpo\u2026 todo esto sigue el mandato de aquella imagen que la vida, su vida, fue formando, d\u00eda a d\u00eda, a\u00f1o tras a\u00f1o, en lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de su cerebro. Por ello, en muchas oportunidades, vemos c\u00f3mo se desliza esta imagen de una u otra manera, bajo uno u otro ropaje, tras una u otra m\u00e1scara, a lo largo de su producci\u00f3n po\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p>No es nada novedosa la idea que emparenta al sue\u00f1o (el cotidiano) con el Sue\u00f1o (definitivo). Dormir y morir han sido temas hermanados en m\u00e1s de una producci\u00f3n art\u00edstica. B\u00e1stenos esta cita de <em>Hamlet<\/em> que, por s\u00ed misma, es elocuente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Morir,\u2026 dormir, no m\u00e1s! \u00a1Y pensar que con un sue\u00f1o damos fin al pesar del coraz\u00f3n y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! \u00a1He aqu\u00ed un t\u00e9rmino devotamente apetecible!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Morir,\u2026 dormir! \u00a1Dormir!&#8230; \u00a1Tal vez so\u00f1ar!, \u00a1s\u00ed, ah\u00ed est\u00e1 el problema! \u00a1Porque es forzoso que nos detenga el considerar qu\u00e9 sue\u00f1os pueden sobrevenir en aquel sue\u00f1o de la muerte, cuando nos hayamos liberado del torbellino de la vida! \u00a1He aqu\u00ed la reflexi\u00f3n que da existencia tan larga al infortunio!<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el sue\u00f1o se aparenta la muerte o \u00e9sta se nos presenta en forma temporal en aqu\u00e9l. Quien duerme hace un par\u00e9ntesis en la vida cotidiana, durante la vigilia. Quien duerme, muere por unas horas. Quien muere, duerme para siempre. So\u00f1ar la muerte, en cambio, o so\u00f1ar durante la muerte, es otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00e9todo del suicidio por v\u00eda de sobredosis de somn\u00edferos o tranquilizantes lleva a pensar que el suicida quer\u00eda una muerte apacible, indolora. No obstante, muchos suicidas que optan por esta v\u00eda han fracasado en varios intentos y han sido sometidos, luego, a lavados estomacales, al parecer nada gratos. Sin embargo, la intencionalidad pareciera estar dirigida a eso: a una muerte sin mayores traumas. \u201cYo quisiera morirme mientras duermo\u201d, manifiesta m\u00e1s de uno, pensando que as\u00ed no se pasa por el trauma de la conciencia de la propia muerte. Es decir, la muerte sin estar consciente de ella, que promete un dolor (f\u00edsico y psicol\u00f3gico) minimizado.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de la elocuencia de algunos poemas de Vestrini el texto titulado \u201cZanahoria rallada\u201d (1993: 136) es uno de los m\u00e1s citados de la autora.<sup>5<\/sup> El \u201cprimer suicidio\u201d al que se alude es, por supuesto, el primer intento de suicidio. Eficaz, terriblemente certero, como ning\u00fan otro, pues ya se ha probado del n\u00e9ctar fatal. De ah\u00ed en adelante todo ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil. Los siete intentos que precedieron al definitivo solo fueron el camino a la perfecci\u00f3n. Se nos habla ac\u00e1, adem\u00e1s, y a trav\u00e9s de los ojos del sarcasmo y la iron\u00eda, de la mirada del otro, de la incomprensi\u00f3n y falta de visi\u00f3n de los dem\u00e1s, quienes s\u00f3lo aciertan a esconderse detr\u00e1s de la burla (el doctor, la enfermera), pues se enfrentan y temen a su propia muerte. La hablante es la paciente-poeta. Su voz, claro est\u00e1, la amargura. Porque de lo que se trata, como dice en otro poema, \u201cEI siIencio\u201d, es de que \u201ceI siIencio (por fin) te tome en cuenta\u201d. (p. 131)<\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo de su obra, la muerte est\u00e1 siendo forjada, reclamada. La hablante ora por eIIa, Ia desea: \u201cDame, se\u00f1or, \/ una muerte que enfurezca. \/ Una muerte tan ofensiva \/ como a Ios que ofend\u00ed.\u201d Se trata de una pr\u00e1ctica \u2013dir\u00edamos- budista, pues de tanto desearIa, pensarIa, sentirIa, se Ie habr\u00e1 perdido eI miedo. \u201cDame, se\u00f1or, \/ esa muerte de Ia intemperie \/ que sorprende y tranquiIiza.\u201d Se desea, tambi\u00e9n, Ia muerte del otro, de los dem\u00e1s: \u201cdeseando muerte ajena\u201d. EI Ienguaje directo, IIano, no permite ocuItar eI mensaje en im\u00e1genes que obligar\u00edan a un ejercicio semi\u00f3tico. La muerte es venganza. Venganza de los otros. La muerte es obscena, reveladora de la intimidad: \u201cQue venga Ia muerte \/ cuando descubras en m\u00ed \/ alguna oculta intenci\u00f3n de poder \/ y cuando sepas, \/ por tus informantes, \/ de mis maniobras para pasar a Ia historia.\u201d La muerte, eI suicidio, se van convirtiendo en discurso, apoder\u00e1ndose de \u00e9l desde el tema mismo, hasta hacerse imposibIe de sosIayar: \u201cPerm\u00edteme, se\u00f1or, \/ contempIarme c\u00f3mo soy: \/ eI rifIe en Ia mano \/ Ia granada en Ia boca \/ destripando a Ia gente que amo\u201d. EI poema es una forma de comunicarse; los actos en vida tambi\u00e9n lo son. Sus poemas hablan de soledad, de incomprensi\u00f3n, de desaciertos. Se alcanza la muerte en la palabra, mientras se espera por asirIa en Ia reaIidad: \u201cAcu\u00e9state conmigo en Ia madrugada, se\u00f1or, \/ cuando mi respiraci\u00f3n es un golpe de piedras \/ en la corriente del r\u00edo. \/\/ Y ver\u00e1s como nada, \/ ni siquiera Ia Ieche de tus cantares, \/ puede darme una muerte que me enfurezca.\u201d (\u201cVaIiente ciudadano\u201d, Ibid: 117-119)<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s deI ya citado \u201cZanahoria raIIada\u201d, otros poemas suyos habIan directamente del suicidio. No hay nada que ocuItar y tampoco es dif\u00edciI de describir este asunto. \u201c\u00bfqui\u00e9n atender\u00e1 Ias advertencias, \/ Ia voz de aIto, Ia verdadera ira \/ de Ios suicidas?\u201d (\u201cHe preparado tu muerte a pIena Iuz deI soI\u201d, 1993:105). La muerte de un famiIiar, su suicidio, anticipa eI de Ia habIante: \u201cMi abueIo decidi\u00f3 suicidarse: (\u2026) \/\/ Me dej\u00f3 una carta \/ para decirme que volver\u00eda a la vida \/ cuando en lo m\u00e1s verde de la colina \/ mi voz llegara a ser m\u00e1s fuerte que eI rumor deI mar\u201d (\u201cDeshabitada\u201d, 1993: 100) De aIguna manera Ia muerte es una v\u00eda para escapar de la decrepitud: \u201cSer\u00e9 lo que t\u00fa quieras \/ penitente y amado \/ pero cerrar\u00e9 los ojos \/ para no envejecer juntos.\u201d (\u201cSortilegio\u201d, 1993: 97)<\/p>\n\n\n\n<p>La muerte y el suicidio tienen una \u201cpresencia masiva\u201d en la poes\u00eda de Miy\u00f3 Vestrini, tal y como se\u00f1al\u00f3 C\u00f3simo Mandrillo (2005). Una reiteraci\u00f3n m\u00e1s que insistente, una sintomatolog\u00eda de la muerte por mano propia, que podr\u00eda resumirse en pocas palabras. En \u201clnvierno pr\u00f3ximo\u201d, afirma la voz: \u201cque la muerte sea simple y limpia \/ como un trago de an\u00eds caliente \/ o una palmada cuyo eco se pierde en el monte.\u201d (1993: 73).<\/p>\n\n\n\n<p>Su poes\u00eda, al final, es una escritura de denuncia: primero, de una sociedad en la que no se puede vivir, que no se entiende ni se acepta; pero luego va transform\u00e1ndose en una denuncia de s\u00ed misma y de su condici\u00f3n particular. La hablante se descubre ajena a lo exterior, mundo que se torna impreciso, impalpable, por el propio desinter\u00e9s de quien dice: \u201cEscucha c\u00f3mo paso de largo \/ y todo se hace tan fr\u00e1gil, \/ tan triste.\u201d (lbid: 67). Hay, tambi\u00e9n, otros temas, otros campos de significado que al final se emparentan con el gran s\u00edmbolo de la muerte provocada: la maternidad, el alcohol como evasi\u00f3n, la noche, el invierno, la nostalgia y\/o melancol\u00eda, la sexualidad como rigurosa obligaci\u00f3n, el mar, la historia propia y la Historia (con may\u00fascula). Todos ellos, y otros, terminan siendo atra\u00eddos por el v\u00f3rtex de la muerte voluntaria, del sue\u00f1o provocado y definitivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Observamos tambi\u00e9n una tensi\u00f3n de signos opuestos que hablan de un espacio sensible en el que se resuelven estos poemas. Bien observa Gina Saraceni este fen\u00f3meno y nos lo hace notar: \u201cla derrota y la esperanza, el grito y la plegaria, la infancia y la vejez, la crucifixi\u00f3n y la resurrecci\u00f3n, la vida y la muerte, el amor y el odio\u201d. (2010: 7)<\/p>\n\n\n\n<p>El escritor Salvador Garmendia, amigo entra\u00f1able de Miy\u00f3 Vestrini, encontr\u00f3 entre sus papeles una larga versi\u00f3n (hasta hace poco in\u00e9dita) del poema-testamento, incluido en \u201cValiente ciudadano\u201d. El texto se reproduce \u00edntegro en la excelente biograf\u00eda de la poeta que hiciera Mariela D\u00edaz. Los primeros versos, abren las puertas de un paseo \u00edntimo por la vida de la autora. La falta de conexi\u00f3n sint\u00e1ctica avisa de un momento de intensidad dram\u00e1tica que supuso su etapa final: \u201cTe preguntan, \/ \u00bfa qui\u00e9n dejar\u00e1s tus cosas cuando mueras? \/ Entonces mir\u00e9 mi casa y sus objetos. \/ No hab\u00eda nada que repartir, \/ salvo mi olor a rancio.\u201d (D\u00edaz, 2008: 96)<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><sup>1<\/sup> Entre estos, <em>El<\/em> <em>Cojo<\/em> <em>Ilustrado,<\/em> una publicaci\u00f3n peri\u00f3dica de gran prestigio, no s\u00f3lo porque se editara en Caracas, sino porque all\u00ed publicaban grandes poetas del pa\u00eds y de Latinoam\u00e9rica toda).<\/p>\n\n\n\n<p><sup>2<\/sup> La ra\u00edz del refr\u00e1n es, claro est\u00e1, de origen musulm\u00e1n: Ir de la Ceca (Zakkah, la casa de la moneda) hasta la Meca (ciudad santa que implica peregrinaci\u00f3n y paz espiritual). O, lo que es lo mismo, hacer el camino que lleve a la tranquilidad o el sosiego.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>3<\/sup> \u201c<strong>Zona<\/strong> <strong>ambiente<\/strong>. Vivo vida mon\u00f3tona, la calma \/ de la muerta ciudad que fue mi cuna, \/ en donde empedrada, como en una \/ b\u00f3veda ardiente, se me asfixia el alma. \/\/ Floreci\u00f3 el numen en mi est\u00e9ril calma. \/ Fu\u00e9 la aridez de mi regi\u00f3n la cuna \/ de mis estrofas, donde encuentro una \/ linfa de amor para la sed del alma. \/\/ Cuando es mi pecho del fastidio cuna \/ e intento entonces respirar en una \/ canci\u00f3n de hielo mi tediosa calma; \/\/ si la intenci\u00f3n no halla en el estro cuna, \/ mi nativa ciudad me parece una \/ b\u00f3veda ardiente en que se asfixia el alma.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><sup>4<\/sup> Cuentan mis informantes, quienes prefirieron dejar sus nombres ocultos, que la autora coloc\u00f3 una funda de almohada en su cabeza y se arroj\u00f3 desde su apartamento ubicado en el Edificio Trapiche, en la Urbanizaci\u00f3n Las Mercedes, de Caracas, ese fat\u00eddico 24 de febrero de 1979.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>5<\/sup> El primer suicidio es \u00fanico. \/ Siempre te preguntan si fue un accidente \/ o un firme prop\u00f3sito de morir. \/ Te pasan un tubo por la nariz, \/ con fuerza, \/ para que duela \/ y aprendas a no perturbar al pr\u00f3jimo. \/ Cuando comienzas a explicar que ( la-muerte-en-realidad-te-parec\u00eda-la-\u00fanica-salida \/ o que lo haces \/ para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia, \/ ya te han dado la espalda \/ y est\u00e1n mirando el tubo transparente \/ por el que desfila tu \u00faltima cena. \/ Apuestan sin son fideos o arroz chino. \/ El m\u00e9dico de guardia se muestra intransigente: \/ es zanahoria rallada. \/ Asco, dice la enfermera bembona. \/ Me despacharon furiosos, \/ porque ninguno gan\u00f3 la apuesta. \/ El suero baj\u00f3 aprisa \/ y en diez minutos, \/ ya estaba de vuelta a casa. \/ No hubo espacio d\u00f3nde llorar, \/ ni tiempo para sentir fr\u00edo y temor. \/ La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor. <em>\/<\/em> Cosas de ni\u00f1os, \/ dicen, \/ como si los ni\u00f1os se suicidaran a diario. \/ Busqu\u00e9 a Hammett en la p\u00e1gina precisa: \/ nunca dir\u00e9 una palabra sobre tu vida \/ en ning\u00fan libro, \/ si puedo evitarlo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/miguel-marcotrigiano\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel Marcotrigiano \u00a1Oh mi alma, sue\u00f1o de un dios, incoherencia!: El\u00edas David Curiel El\u00edas David Curiel, nacido en Santa Ana de Coro, el 9 de agosto de 1871, y fallecido el 24 de septiembre de 1924, vino al mundo en el seno de una familia llegada al lugar, proveniente de la isla de Curazao. 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