{"id":14491,"date":"2024-12-17T16:48:17","date_gmt":"2024-12-17T21:18:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14491"},"modified":"2024-12-17T16:50:04","modified_gmt":"2024-12-17T21:20:04","slug":"esvastica-de-sangre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/esvastica-de-sangre\/","title":{"rendered":"Esv\u00e1stica de sangre (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Eloi Yag\u00fce<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Marilyn rojo sat\u00e9n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Nueva York me propon\u00eda la noche m\u00e1s excitante de mi vida. Poco despu\u00e9s de las once sal\u00ed del local de Sotheby&#8217;s, en la Calle 72 con Avenida York, sin atender la oferta de estrafalarios personajes que se exhib\u00edan en la plaza y aceras adyacentes, y que acaso en otra oportunidad habr\u00edan motivado mi atenci\u00f3n. Pero esta vez no. El objeto de todo mi inter\u00e9s era una peque\u00f1a caja de cart\u00f3n identificada con una etiqueta, y tan liviana que pod\u00eda llevarla en una sola mano. Era como una alucinaci\u00f3n, no pod\u00eda creer lo que hab\u00eda obtenido despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de espera. En alg\u00fan momento la caja desapareci\u00f3 y vaci\u00e9 su contenido en mis bolsillos, tras rozarlo brevemente con estremecimiento. Continu\u00e9 en taxi el trayecto hasta el hotel donde har\u00eda tiempo de cualquier manera (sab\u00eda que no podr\u00eda dormir), hasta que fuera la hora de dirigirme al Aeropuerto Kennedy y abordar el primer vuelo de la ma\u00f1ana con destino a Caracas. Ya cumplida mi misi\u00f3n, nada me reten\u00eda en Estados Unidos. <\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tomaba un whisky en el bar del hotel record\u00e9 la expresi\u00f3n at\u00f3nita del p\u00fablico asistente a la subasta, cuando fue ofrecida a la puja una peque\u00f1a muestra de la ropa interior de Marilyn Monroe. Tanto el martillador como los asistentes se sorprendieron cuando dobl\u00e9 el precio inicial propuesto por la casa. Hubo un comprensible momento de murmullos y sent\u00ed que me miraban y se\u00f1alaban. No hice caso: esa prenda ten\u00eda que ser para m\u00ed y no me importaban los comentarios que pudieran suscitar mis esfuerzos por conseguirla. De pronto alguien del p\u00fablico, que al principio supuse un empleado de la casa subastadora, formul\u00f3 una cifra mayor que la m\u00eda. Mir\u00e9 con rapidez hacia el lugar de origen de la voz y reconoc\u00ed enseguida los inconfundibles rasgos orientales de uno de los agentes de Yoshida, el coleccionista japon\u00e9s que consideraba mi m\u00e1s ac\u00e9rrimo enemigo. Nuestras miradas se cruzaron y not\u00e9 que el individuo estaba asustado, si es que acaso puede notarse la palidez y alg\u00fan gesto bajo aquella imperturbable m\u00e1scara de marfil que, sin embargo, me miraba como pidi\u00e9ndome excusas. Era evidente que su jefe lo hab\u00eda enviado a ese trabajo sin advertirle mi presencia. \u00bfPensar\u00eda el viejo Yoshida que yo iba a delegar tan delicada tarea en cualquiera de mis subalternos? Sin duda los a\u00f1os le hab\u00edan reblandecido el cerebro, y el pobre diablo que hab\u00eda despachado a Nueva York ten\u00eda que enfrentarse a m\u00ed sin estar preparado. <\/p>\n\n\n\n<p>Sin perder tiempo dupliqu\u00e9 su cifra. La sala se alborot\u00f3 ante la suma que yo ofrec\u00eda, tan elevada que mi contrincante no se atrevi\u00f3 a superarla, y opt\u00f3 por retirarse. El martillador, visiblemente satisfecho, cumpli\u00f3 su ritual de rigor, y al o\u00edr el golpe del mazo supe que hab\u00eda conquistado mi anhelado tesoro. <\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s pagu\u00e9 una cantidad adicional para poder llevarme de inmediato mi reciente adquisici\u00f3n. Guard\u00e9 con prisa en mi portafolio los certificados y constancias de autenticidad de las prendas y, renunciando al espl\u00e9ndido brindis que por cuenta de la casa subastadora se ofrec\u00eda a los asistentes, me march\u00e9 pidi\u00e9ndole al administrador que me dejara salir por una puerta trasera, a fin de evitar cualquier contacto con periodistas y dem\u00e1s curiosos. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 lo hice? \u00bfPor qu\u00e9 di tanto por esas peque\u00f1as prendas de tela y encaje negro? La raz\u00f3n es simple: coronar una obsesi\u00f3n que me asedia desde hace muchos a\u00f1os, un desvar\u00edo al que me entrego con secreta devoci\u00f3n desde que tengo memoria. <\/p>\n\n\n\n<p>La compra de la ropa de Marilyn representa el punto \u00e1lgido de mi culto clandestino, porque ya no se trata s\u00f3lo de una fotograf\u00eda, como las que tengo por miles en todas las poses, reflejando todos los aspectos de su vida, ni de art\u00edculos de prensa coleccionados desde que empez\u00f3 a figurar en Hollywood hasta la actualidad, ni de las copias de sus pel\u00edculas, compradas a precio de oro, as\u00ed como los recortes de secuencias desechadas de muchos filmes, un material totalmente in\u00e9dito que observ\u00f3 hasta la saciedad en la sala privada de mi mansi\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo debo aclarar que en mi colecci\u00f3n no hay un s\u00f3lo videocasete, pues la cinta magn\u00e9tica es el m\u00e1s bastardo sistema de reproducci\u00f3n de la imagen, un soporte que no se merece la gloria de Marilyn, hecha s\u00f3lo para el celuloide perforado a raz\u00f3n de 24 fotogramas por segundo. Adem\u00e1s no hay ritual m\u00e1s sublime que el del cine: al colocar con amoroso cuidado los rollos en el proyector, al enfocar y vigilar la proyecci\u00f3n, me aproximo a sensaciones que seguramente tienen algo que ver con el \u00e9xtasis. <\/p>\n\n\n\n<p>Al concluir la sesi\u00f3n reproduzco en la moviola los gestos con los que m\u00e1s me identifico. Luego, todo acaba cuando reintegro la copia a la b\u00f3veda acorazada, protegida por un circuito cerrado de televisi\u00f3n, donde guardo lo que hasta hace poco era mi mayor tesoro. <\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo me faltaba lo que acabo de obtener, porque poseer estas prendas equivale a dar un paso abismal hacia ella. Considero que \u00e9ste es un premio a mi constancia, a mi tes\u00f3n, desvelos y esfuerzos por recopilar cualquier material que pruebe su fugaz tr\u00e1nsito por la vida. Ahora entro en un peque\u00f1\u00edsimo c\u00edrculo de iniciados, los escasos coleccionistas que poseen objetos usados por ella. Pero hasta en esa elite mi privilegio es mayor, pues soy la \u00fanica persona en el mundo que tiene la ropa interior de Marilyn Monroe. Por fin puedo aspirar algo de ella: su perfume, afincado en lo m\u00e1s rec\u00f3ndito del tejido, llega a m\u00ed a pesar de los a\u00f1os transcurridos. Y no s\u00f3lo ese aroma, extra\u00f1o al fin a su olor natural. No, hay algo a\u00fan m\u00e1s exquisito y embriagante: el sudor. Los residuos de esa secreci\u00f3n perduran con m\u00e1s fuerza a\u00fan que los del perfume. Ahora puedo sentir ese casi imperceptible efluvio segrega-do por sus gl\u00e1ndulas Tal vez el \u00faltimo d\u00eda que us\u00f3 estas prendas tuvo una gran sudoraci\u00f3n bajo las luces del set de filmaci\u00f3n, llegando a empaparlas. <\/p>\n\n\n\n<p>Sin poder contenerme me dirig\u00ed hacia el camerino, uno de los escenarios de mi liturgia obsesiva, tom\u00e9 las piezas y, frente al espejo de iluminados bordes, me las puse para ser ella, para traerla desde donde estuviera, ignorando las barreras que nos distanciaban. <\/p>\n\n\n\n<p>Comprend\u00ed de pronto que la muerte fue lo que verdaderamente la salv\u00f3 en mi memoria. Si no hubiera fallecido tendr\u00eda ahora m\u00e1s de sesenta a\u00f1os, y la visi\u00f3n de una Marilyn envejecida actuar\u00eda en m\u00ed como potente revulsivo. Deb\u00eda apropiarme por completo de su recuerdo, donde se hab\u00eda detenido toda mi vida como el instante exacto en que una copa est\u00e1 a punto de estrellarse contra el piso. Al ponerme su ropa asum\u00ed como propia su muerte y el destino que la consumi\u00f3. Un precio para su expiaci\u00f3n, la que le negaron en vida quienes la usaron como un d\u00f3cil animal con labios para todos. Hab\u00eda cambiado mi suerte por la suya, por ese torbellino que la deshizo, esa vor\u00e1gine de la que ya era presa, ese olor a hospital y a v\u00f3mitos que la hab\u00eda acompa\u00f1ado en la frontera de su vida como lo hace ahora conmigo. Marilyn detenida en un gesto provocativo, enfocada desde arriba sobre un fondo de rojo sat\u00e9n, su m\u00f3rbida desnudez, la blancura de su piel que contrastaba con la intensidad escarlata de las s\u00e1banas, de donde parecen surgir sus labios entreabiertos y los endurecidos pezones\u2026 Marilyn agonizando sobre la cama orinada de un s\u00f3rdido motel, un brazo desmadejado colgando tras el movimiento final, el frasco vac\u00edo entre los dedos, las pastillas tiradas sobre la alfombra mojada de ginebra barata, con c\u00edrculos negros por las quemaduras de los cigarrillos\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed debi\u00f3 ser, as\u00ed como ahora que estoy en el m\u00edsero cuarto de este motel de carretera, vistiendo ya no su ropa, sino sus jirones, las piezas del rompecabezas que faltaban por encajar y que, ahora, colocadas sobre mi cuerpo, ofrecen la imagen m\u00e1s grotesca que alguien pueda dar. As\u00ed, con el r\u00edmel corri\u00e9ndose sobre mis mejillas y los labios manchados de un carm\u00edn cualquiera, me dispongo al gesto decisivo para terminar de juntar los restos de Norma Jean Baker, para completar la asunci\u00f3n, el nuevo estadio de una vida que ya no me deja vivir, la necesidad de rendir el homenaje supremo. Ahora ya no falta nada. Ahora, cuando empiezo a conocer los bald\u00edos paisajes que aparecen en esta enso\u00f1aci\u00f3n ponzo\u00f1osa, producida tras una ingesti\u00f3n masiva de barbit\u00faricos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Amigo hasta la muerte<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando vengan a arrestarme no ofrecer\u00e9 resistencia. Ni siquiera me levantar\u00e9 del sill\u00f3n, junto a la mesa del tel\u00e9fono, donde los espero fum\u00e1ndome un cigarro. Al lado del aparato se encuentra el viejo rev\u00f3lver, a\u00fan caliente, con que cumpl\u00ed la \u00faltima voluntad de mi amigo. Su cuerpo yace en el centro de la sala, manan-do sangre en abundancia. Pero ya no es \u00e9l, ya no es el compa\u00f1ero de estudios con quien intim\u00e9 en la Facultad de Derecho hace ya m\u00e1s de treinta a\u00f1os\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>La vida nos llev\u00f3 por caminos diferentes. Mientras \u00e9l conclu\u00eda de manera exitosa sus estudios y se dispon\u00eda a cumplir la brillante carrera que lo convirti\u00f3 en uno de los abogados empresariales m\u00e1s prestigiosos del pa\u00eds, yo me vi obligado a abandonar la universidad y a inscribirme en la polic\u00eda para poder mantener a mi familia. No me quejo: \u00e9l era mucho m\u00e1s inteligente que yo, y adem\u00e1s no ten\u00eda vocaci\u00f3n para el derecho. Los vericuetos jur\u00eddicos siempre me han parecido el recurso de unos cuantos vividores para mantenerse en el tope mientras los dem\u00e1s nos rompemos el culo. <\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que est\u00e1 mal que yo diga esto, despu\u00e9s de todo soy polic\u00eda jubilado, pero precisamente mi condici\u00f3n de ex funcionario me da derecho a opinar. Adem\u00e1s conozco demasiado bien c\u00f3mo se bate el cobre dentro del poder judicial y hace tiempo dej\u00e9 de hacerme ilusiones sobre \u00abel imperio de la justicia\u00bb. Es muy arrecho y verraco ver libre por la calle a un carajo que hace dos d\u00edas estuvo a punto de matarte. En este momento hay menos jueces honestos que balas en el tambor de mi Smith &amp; Wesson 38 recortado, el mismo con el que liquid\u00e9 a mi amigo. <\/p>\n\n\n\n<p>A \u00e9l lo da\u00f1aron su idealismo y su inteligencia. Un hombre nunca debe ser demasiado inteligente. Y si lo es, m\u00e1s le conviene hacerse el pendejo. Yo pens\u00e9 que ya hab\u00eda tenido bastante con todos los chascos que se llev\u00f3 durante la d\u00e9cada de los sesenta, cuando era un cabezacaliente y se empe\u00f1aba en defender a los guerrilleros presos, para que no fueran procesados por la justicia militar, y a dar discursos a favor de los derechos humanos. M\u00e1s de una vez estuvo a punto de amanecer tirado en una zanja, con el mosquero en la boca, pero \u00e9l no le hac\u00eda caso a las amenazas telef\u00f3nicas ni a los papeles intimidatorios an\u00f3nimos. Recuerdo aquella noche, cuando llam\u00f3 por tel\u00e9fono a mi casa, pidiendo ayuda desesperado. Al llegar a su apartamento vi que estaba rodeado por mis compa\u00f1eros del Cuerpo. Yo no sab\u00eda que tambi\u00e9n eran agentes de la Divisi\u00f3n Pol\u00edtica. <\/p>\n\n\n\n<p>La guerrilla fracas\u00f3. La gente no estuvo dispuesta a apoyar a cuatro locos barbudos metidos en el monte, cay\u00e9ndose a tiros con las patrullas militares. A mi amigo le cost\u00f3 mucho asimilar la derrota del movimiento, pero al fin comprendi\u00f3 que la situaci\u00f3n del pa\u00eds era muy distinta a la que hab\u00eda imaginado. La riqueza petrolera, la bonanza econ\u00f3mica hizo que muchos abandonaran sus ideales y se dedicaran a ganar dinero f\u00e1cil. El billete se convirti\u00f3 en el dios de todos en este pa\u00eds. Y mi amigo no escap\u00f3 a eso. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo mismo llam\u00e9 por tel\u00e9fono reportando un homicidio, y di la direcci\u00f3n. Seguramente el jefe del levantamiento ser\u00e1 el comisario Contreras, quien hered\u00f3 mi cargo cuando me jubilaron. Es un buen polic\u00eda, formado por m\u00ed, y seguro se sorprender\u00e1 cuando yo confiese de inmediato la autor\u00eda del crimen. Tendr\u00e1 que esposarme, como manda el reglamento, aunque le de verg\u00fcenza amarrar a su viejo compa\u00f1ero. <\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de graduarse, mi amigo se dedic\u00f3 a asesorar a los sindicatos en materia de contrataci\u00f3n colectiva. Pero cuando se dio cuenta de que los sindicalistas iban a tomar whisky con los abogados patronales y que aceptaban los cheques por debajo de la mesa tuvo un \u00abconflicto de conciencia\u00bb, como sol\u00eda llamarlo. Durante varios meses anduvo bastante deprimido. Fue su primera crisis seria, que yo recuerde. <\/p>\n\n\n\n<p>Luego, moviendo palancas para que obviaran su pasado izquierdista, consigui\u00f3 una beca para Estados Unidos, adonde fue a hacer estudios de posgrado. Al regresar, tres a\u00f1os despu\u00e9s, se asoci\u00f3 con un amigo suyo economista, tambi\u00e9n excomunista, y mont\u00f3 una oficina de asesor\u00eda empresarial. Tuvieron un \u00e9xito inmediato. En menos de dos a\u00f1os ya eran millonarios. <\/p>\n\n\n\n<p>Empez\u00f3 entonces a llevar una vida de lujo y placeres que nunca antes hab\u00eda conocido. Manejaba buenos carros y ten\u00eda hermosas mujeres, sal\u00eda en televisi\u00f3n y asist\u00eda a fiestas y cocteles de la \u00abalta sociedad\u00bb. A veces me invitaba a pasar el fin de semana en alguno de los clubes n\u00e1uticos donde pose\u00eda acciones. Entonces sal\u00edamos a pasear en su yate y record\u00e1bamos los viejos tiempos de la universidad, cada vez con menos frecuencia, pues ya no le gustaba hablar de eso. Yo lo ayudaba en peque\u00f1as faenas, algunas de ellas sucias, como por ejemplo escarmentar a alg\u00fan sindicalista comecandela, o proteger su mansi\u00f3n cuando recib\u00eda amenazas de atentados. Me pagaba muy bien esos trabajos, y me dec\u00eda que yo contribu\u00eda a \u00abconsolidar su reputaci\u00f3n\u00bb. Varias veces me propuso dejar la polic\u00eda y trabajar para \u00e9l, pero yo nunca quise hacerlo. Soy polic\u00eda de coraz\u00f3n, me gusta mi trabajo, y pod\u00eda ayudarlo mejor como asesor, desde mi condici\u00f3n de funcionario. <\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s nunca volvi\u00f3 a meterse en pol\u00edtica y se molestaba conmigo cada vez que le insinuaba que se inscribiera en el partido, que pod\u00eda hacer carrera e incluso salir como diputado. \u00ab\u00bfTe imaginas los contratos que podr\u00edas obtener como parlamentario?\u00bb, le argument\u00e9. Pero a \u00e9l a\u00fan le quedaban resabios de su antigua militancia. O tal vez era un sentimiento de culpa disfrazado. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esc\u00fachame \u2014me dijo una vez\u2014, con la pasant\u00eda que hice en pol\u00edtica ya tuve m\u00e1s que suficiente. En este pa\u00eds todos los partidos son una cueva de ratas, y cada vez que paso frente al Congreso tengo que taparme la nariz para no vomitar. Qu\u00e9 va, prefiero entenderme, pistola en mano, con sindicalistas corruptos que compartir una curul con esa canalla. <\/p>\n\n\n\n<p>Los problemas comenzaron cuando se enamor\u00f3 de esa muchacha que conoci\u00f3 en un restaurante del Este. Desde que la vi por primera vez me di cuenta de que era una cualquiera, una masajista cazafortuna, y adem\u00e1s cocain\u00f3mana. Eso s\u00ed, era un hembr\u00f3n, ten\u00eda un cuerpo fabuloso y mi amigo enloqueci\u00f3 por ella. Comenz\u00f3 regal\u00e1ndole perfumes importados, vestidos y joyas car\u00edsimas, y termin\u00f3 mont\u00e1ndole un <em>penthouse<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda a mi amigo comiendo en su mano. A m\u00ed me molestaba ver c\u00f3mo se dejaba manipular por esa perra, y estaba convencido de que en cualquier momento le echar\u00eda una vaina bien fea. Confirm\u00e9 mis sospechas una vez que fueron de vacaciones a Miami y la descubrieron con unos gramos de coca. A mi amigo, que no sab\u00eda nada del asunto \u2014yo s\u00ed porque tuve acceso a su expediente y conoc\u00eda sus antecedentes\u2014 le cost\u00f3 mucho trabajo y dinero salir del problema. Tuvo que mover todas sus palancas, y muy buenas deb\u00edan ser, para haber podido escapar de los federales. Cuando fui a recibirlos al aeropuerto y la vi a ella con las orejas de Mickey Mouse y carita de \u00abyo no fui\u00bb me convenc\u00ed de que enred\u00e1ndose con ella mi amigo hab\u00eda hecho el peor negocio de su vida. <\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, a pesar de mis advertencias segu\u00eda obcecado por la muchacha. Por mi cuenta, sin decirle nada a \u00e9l, la somet\u00ed a vigilancia. Una tarde por fin la descubr\u00ed. Llam\u00e9 a mi amigo a su oficina, desde un tel\u00e9fono p\u00fablico cercano al edificio. Le cont\u00e9 en qu\u00e9 andaba su novia. A los pocos minutos nos encontramos en la entrada de la residencia. Me ofrec\u00ed a acompa\u00f1arlo pero quiso subir solo. \u00abEsta me acompa\u00f1a\u00bb, dijo abri\u00e9ndose la chaqueta para mostrarme la Desert Eagle.50 que siempre cargaba por recomendaci\u00f3n m\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 en el ascensor, que llegaba directamente al apartamento. Cuando se abrieron las puertas y vio la sala, descubri\u00f3 las primeras pruebas de la traici\u00f3n. Una botella de champ\u00e1n, unas l\u00edneas de coca, sobre la mesa de cristal, ropa tirada sobre el sof\u00e1. Los gemidos sal\u00edan del cuarto y se o\u00edan en toda la casa. Cuando lleg\u00f3 a la habitaci\u00f3n los vio sobre la cama, ella y su socio en la compa\u00f1\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Estuvo a punto de dispararles, pero no se atrevi\u00f3. Tal vez si hubiera sido un desconocido lo habr\u00eda hecho. A su socio lo dej\u00f3 ir y a ella la bot\u00f3 del apartamento medio desnuda. Otro ejemplo del idealismo de mi amigo. Yo los habr\u00eda matado, m\u00e1s a\u00fan siendo un abogado tan respetado como \u00e9l. Sab\u00eda muy bien que la legislaci\u00f3n es ben\u00e9vola en estos casos. Adem\u00e1s, un macho no se puede dejar montar los cuernos. Y menos por su mejor amigo. <\/p>\n\n\n\n<p>La locura le vino desde entonces. Despu\u00e9s del incidente, la disoluci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda y la ruptura con la zorra, mi amigo entr\u00f3 en una crisis de despecho que lo desquici\u00f3 en pocos meses. Desvariaba, ya no se pod\u00eda ni hablar con \u00e9l: o saltaba de un tema a otro a una velocidad sorprendente, o se quedaba callado mirando al techo. A veces me provocaba golpearlo para que reaccionara. Nunca acept\u00f3 buscar ayuda psiqui\u00e1trica. <\/p>\n\n\n\n<p>Empez\u00f3 a vagar por las calles. Me lo encontraba en los peores tugurios cuando sal\u00eda de comisi\u00f3n a practicar alguna redada, y ten\u00eda que llev\u00e1rmelo a casa para que pasara la noche en mi sof\u00e1. Otras veces lo recog\u00eda en las aceras donde se quedaba dormido, borracho y con peligro de que lo asaltaran y acuchillaran. <\/p>\n\n\n\n<p>Llam\u00e9 a la Central hace casi media hora, notificando el suceso, pero no me identifiqu\u00e9. Contreras ya debe saber que es la direcci\u00f3n de mi casa, pues se la di al funcionario de guardia. Ya me parece o\u00edr a lo lejos, aunque acerc\u00e1ndose, el aullido de la sirena. Dentro de poco, la luz intermitente entrar\u00e1 por las ventanas y se proyectar\u00e1 en las paredes. Cuando llegue Contreras con los dem\u00e1s le abrir\u00e9 la puerta y lo invitar\u00e9 a la habitaci\u00f3n para explicarle a solas lo ocurrido. Le contar\u00e9 c\u00f3mo mi amigo acudi\u00f3 a m\u00ed en busca de ayuda, durante uno de sus arrebatos de lucidez. Pero lo que me pidi\u00f3 me dej\u00f3 horrorizado. Quer\u00eda que lo matara. Yo me negu\u00e9, pero me argument\u00f3 con su labia de abogado de tal manera que logr\u00f3 convencerme. Me dijo que era demasiado cobarde para suicidarse. Por eso apelaba a mi amistad, para que yo lo ayudara a acabar con esa angustia que lo consum\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Lo que termin\u00f3 de convencerme fue el argumento de una novela policial que ambos hab\u00edamos le\u00eddo. Yo casi nunca leo libros, s\u00f3lo la secci\u00f3n deportiva del diario y el suplemento h\u00edpico, pero \u00e9l me la prest\u00f3 e insisti\u00f3 tanto que yo la le\u00ed. Y me gust\u00f3. No recuerdo el t\u00edtulo ni el autor, pero s\u00ed el argumento: a los caballos, tal vez los m\u00e1s nobles animales, se les debe ayudar cuando est\u00e1n enfermos o heridos sin posibilidad de sanaci\u00f3n. Entonces los matan de un tiro para ahorrarles sufrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Su petici\u00f3n fue tan dram\u00e1tica que acced\u00ed. A fin de cuentas ya me queda poco tiempo, he vivido lo suficiente. Mi mujer muri\u00f3 hace dos a\u00f1os, mis hijos ya hicieron su propia vida, y tal vez una c\u00e1rcel sea mejor para pasar estos \u00faltimos meses que la soledad que me rodea. <\/p>\n\n\n\n<p>Al final, mi amigo me dio la \u00faltima prueba de su desequilibrio mental, haci\u00e9ndome firmar un contrato que, seg\u00fan \u00e9l, era una fundamentaci\u00f3n jur\u00eddica para eximirme de toda responsabilidad sobre su muerte. Estaba convencido de que era un brillante alegato que sentar\u00eda jurisprudencia en el pa\u00eds. Yo lo le\u00ed sin entenderlo, y cuando alc\u00e9 los ojos del papel vi que en en la mirada de mi amigo brillaba la locura. Sin embargo, lo firm\u00e9, sabiendo que no tendr\u00eda ning\u00fan valor legal, sino como prueba de su profunda perturbaci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Lo dem\u00e1s vino de manera natural, mientra \u00e9l tomaba una taza de caf\u00e9. Un s\u00f3lo disparo en la frente bast\u00f3 y estoy seguro de que, como a los caballos, le evit\u00e9 dolor. Su \u00faltima expresi\u00f3n era casi placentera. <\/p>\n\n\n\n<p>Ya escucho los pasos de la comisi\u00f3n saliendo del ascensor al pasillo y acerc\u00e1ndose a mi puerta. Como un \u00faltimo homenaje a mi amigo, antes de destruir el documento me permit\u00ed copiarlo como un anexo a mi diario personal. Ya que carece de valor legal para una hipot\u00e9tica defensa que no intentar\u00e9, al menos me servir\u00e1 para recordar tras las rejas a mi amigo de toda la vida.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/eloi-yague\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eloi Yag\u00fce Marilyn rojo sat\u00e9n Nueva York me propon\u00eda la noche m\u00e1s excitante de mi vida. 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