{"id":14423,"date":"2023-12-15T16:48:00","date_gmt":"2023-12-15T21:18:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14423"},"modified":"2024-12-15T16:53:30","modified_gmt":"2024-12-15T21:23:30","slug":"tiempo-de-tormentas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/tiempo-de-tormentas\/","title":{"rendered":"Tiempo de tormentas"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><strong>Boris Izaguirre<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p><strong>CAP\u00cdTULO 1: MALABARES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El sal\u00f3n de ensayos de la Academia y Ballet Nena Coronil quedaba en la planta baja de una inmensa casa colonial en lo alto de La Florida, la que hab\u00eda sido una de las mejores urbanizaciones de Caracas. La casa en s\u00ed parec\u00eda una r\u00e9plica tropical del Parten\u00f3n, con frisos calcados a los que se conservan en el Museo Brit\u00e1nico solo que m\u00e1s coloridos, por lo tropical. Esos colores, aun brillantes, ten\u00edan peque\u00f1as marcas del paso del tiempo. No es com\u00fan que un edificio sobreviva en esta ciudad, pero este hab\u00eda conseguido atravesar d\u00e9cadas favorecido por alguna ley patrimonial. All\u00ed ser\u00eda el funeral por Bel\u00e9n Lobo. Mi mam\u00e1. Las dos maneras que a lo largo de cincuenta a\u00f1os tuve para llamarla. Las dos mujeres que hab\u00eda sido para m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Fran, siempre Fran, me acompa\u00f1aba en la subida por el empinado jard\u00edn. Parec\u00edamos los Pet Shop Boys en el funeral de alguna princesa europea. A un lado se arremolinaban los periodistas, gritando mi nombre como si estuviera en una alfombra roja. Fran quiso decirles algo y le sujet\u00e9 fuerte. Me daba igual que para ellos esto no fuera un funeral. \u00abBoris, Boris, t\u00fa como palad\u00edn del saber estar, \u00bfc\u00f3mo se entierra a una madre?\u00bb. Era ins\u00f3lito. \u00abEs el favorito del programa, \u00bfpiensa abandonar?\u00bb. Mir\u00e9, como tantas otras veces, al otro lado. Y all\u00ed me sorprendieron las fragancias de los limoneros de ese jard\u00edn y los peque\u00f1os bulbos de malabares abri\u00e9ndose camino debajo de los ventanales de la mansi\u00f3n. Los olores de mi infancia, cuando llegaba aqu\u00ed junto a mi padre a buscar a Bel\u00e9n despu\u00e9s del colegio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Los malabares \u2014empez\u00f3 Fran, como si le invadiera un cuerpo extra\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>En el resto del mundo estas flores se conocen como gardenias, solo en Caracas, que es tan dada a la exageraci\u00f3n, se les refiere de esa forma, malabares, para tener suficientes vocales para abrir y cerrar la boca creando un chic o glamour extra. Fran parec\u00eda incapaz de contener un llanto melodram\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Con calma, amiga \u2014orden\u00e9\u2014. No vamos a empezar a llorar antes de saludar a mi padre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bel\u00e9n los adoraba \u2014sigui\u00f3 Fran con una nueva voz entrecortada\u2014. Es curioso, esta no es \u00e9poca de malabares \u2014susurr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Fran, es noviembre y ha llovido y los malabares florecen entre octubre y enero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te lo est\u00e1s inventando.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Fran, para. Intentemos un poco de\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Normalidad para nada. \u00a1Est\u00e1s viendo la que est\u00e1 montada, muuujeeer! Detesto la normalidad desde que tengo uso de raz\u00f3n \u2014sentenci\u00f3 como solo \u00e9l sab\u00eda hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy escritor y presentador de televisi\u00f3n y, de momento, finalista de un show de telerrealidad con celebridades en apuros econ\u00f3micos y psicol\u00f3gicos. Fran hab\u00eda bajado a buscarme al aeropuerto Sim\u00f3n Bol\u00edvar, un lugar en el mundo absurdamente blanco. El \u00fanico color lo ponen el mar Caribe, al fondo de las pistas, y los aparatosos retratos de Hugo Ch\u00e1vez abrazando ni\u00f1os, libros o aves de colorido plumaje. Cada retrato lleva una frase que habla mucho de la Revoluci\u00f3n y del Compromiso pero donde jam\u00e1s se lee Bienvenidos.<\/p>\n\n\n\n<p>La aut\u00e9ntica bienvenida te abofetea apenas sales de la aduana, cuando el aire acondicionado deja de existir y te invade la realidad: todos los que esperan a sus familiares parecen un cuadro, mezcla de mercado en Katmand\u00fa con p\u00edcnic improvisado el primer d\u00eda de rebajas. La desigualdad social ofrecida como emblema de la ciudad. La Guardia Nacional parece escoger sus cadetes m\u00e1s desfavorecidos para que sean los primeros venezolanos que veas y entonces desees retroceder y volver al avi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La ventanilla de una importante camioneta, por tama\u00f1o y altura, baj\u00f3 al verme cerca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mujer, deja esa cara de asustada. Acabas de irte hace nada \u2014dijo Fran, con su caracter\u00edstico mote para todo el mundo desde los a\u00f1os ochenta. Fueras hombre o mujer, para \u00e9l eras solo mujer y, adem\u00e1s, muy pronunciado. Muuuuuujeeeer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Frambuesa, estoy muerta. \u2014Siempre que nos reun\u00edamos, adoptaba esa manera de hablar en femenino.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, mi vida, la que est\u00e1 muerta es Bel\u00e9n, libre ya por fin de este injusto dolor. \u2014Puso voz de mando, de Generalesa\u2014: Ponga rumbo a casa de los se\u00f1ores Beracasa, Gerardo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me impresion\u00f3 escuchar, siempre de forma inesperada, ese nombre. Gerardo. Gerardo, un fantasma, un dolor. \u00abGerardo, d\u00e9jalo, ya est\u00e1 bien\u00bb. Fran se dio cuenta de mi asombro ante la coincidencia de nombres. Y el nuevo Gerardo decidi\u00f3 quebrar el hielo dici\u00e9ndome:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mi sentido p\u00e9same por su p\u00e9rdida. Estoy seguro que, desde el cielo, su mamita le va a ayudar a ganar el reality.<\/p>\n\n\n\n<p>Estrech\u00e9 la amplia y fuerte mano de ese Gerardo y observ\u00e9 el grosor de sus antebrazos, parec\u00edan dos llaves inglesas. Seguro que Fran le habr\u00eda hecho un cat\u00e1logo con poqu\u00edsima ropa. Es uno de los fot\u00f3grafos m\u00e1s conocidos de la ciudad. Algunos de sus modelos se han vuelto celebridades, incluso mitos hollywoodenses. Pero \u00e9l permanec\u00eda en Caracas. \u00abNo encontrar\u00e9 esta luz en ninguna otra parte\u00bb, dec\u00eda en sus entrevistas. En mi opini\u00f3n, se ha quedado m\u00e1s por antebrazos como los de este Gerardo.<\/p>\n\n\n\n<p>Superados los malabares, mi hermano mayor, su esposa y su hija, Valentina, se acercaron a nosotros con cara de querer saber qu\u00e9 nos hab\u00eda hecho llegar tarde al funeral de mi madre. Los abrac\u00e9 y al hacerlo observ\u00e9 a mi padre. Hab\u00eda perdido peso. Manten\u00eda su sonrisa y se sujetaba a quienes le daban sus condolencias como si ellos fueran el viudo y no \u00e9l. Sonre\u00ed. Estaba haciendo exactamente lo que mi mam\u00e1 hab\u00eda indicado. \u00abYa no lloro\u00bb, le escuchamos pap\u00e1 y yo decirle a su doctora cuando esta le inform\u00f3 que el tratamiento no hab\u00eda resultado. \u00abAntes lloraba por casi todo. Ahora no\u00bb. Pap\u00e1 y yo, sin decirnos nada, asumimos que ser\u00eda una falta de respeto hacia ella llorar en su despedida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Boris \u2014dijo bajando un poco la voz, como si fuera a compartir un chisme\u2014, igual que dir\u00edas t\u00fa: Est\u00e1 todo el mundo. \u2014Dej\u00f3 escapar una risa\u2014. Irma y Graciella, un poquito operadas. Tus amigas del Miss Venezuela. Todo el mundo dice que Sof\u00eda va a venir. No es un funeral. Parece un c\u00f3ctel \u2014confes\u00f3 escondiendo una sonrisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Fran dej\u00f3 escapar un s\u00ed demasiado sonoro.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas veces he descrito en mis libros a Caracas como la capital internacional de las bodas, porque durante el tiempo que fui caraque\u00f1o no dej\u00e9 de asistir a eventos matrimoniales completamente exagerados en cantidad de invitados, comidas y desaciertos de vestuario. Pero ahora, en el funeral de mi madre, confirmaba que las despedidas a los seres queridos le otorgaban otra segunda capitalidad. El funeral como otra fiesta, un momento en el que la cantidad de dolientes mezclaba deudos aut\u00e9nticos con los que asisten para agregar mayor espect\u00e1culo a esta forma de despedida. Pens\u00e9 que mi madre se sorprender\u00eda, quiz\u00e1s no le agradar\u00eda tanto, pero al final, como en mis fiestas de los ochenta, se quedar\u00eda a observar. Cuantas m\u00e1s personas nos rodeaban a pap\u00e1 y a m\u00ed, cuantos m\u00e1s nombres y figuras importantes de la cultura, la literatura, el ballet y el cine y la televisi\u00f3n venezolanos distingu\u00eda, m\u00e1s consciente me hac\u00eda de la importancia de mi propia madre y m\u00e1s tem\u00eda por que esas dos personas que nunca s\u00e9 c\u00f3mo recibir aparecieran en el tanatorio. Ni siquiera me atrev\u00eda a pensar sus nombres para no soltarlos, pero cre\u00eda que estaban escritos en cada mirada de cada p\u00e9same. Esa madre y ese hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fran insisti\u00f3 en subrayar la relevancia que iba cobrando el evento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mujer, mujer, es que de verdad est\u00e1 \u00a1todo el mundo! Mira tu pap\u00e1 c\u00f3mo les agarra la espalda a las presentadoras del Miss Venezuela \u2014se\u00f1al\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La gente le hac\u00eda lo mismo a mi mam\u00e1 para comprobar si llevaba faja.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es que ni el c\u00e1ncer pudo quitarle su belleza \u2014dijo y de repente contuvo el aliento\u2014. Mi amor, all\u00ed est\u00e1n ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Dios m\u00edo, Fran, \u00bfqui\u00e9nes?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ese ej\u00e9rcito de locas! \u00a1Han venido todas juntas!<\/p>\n\n\n\n<p>Fran llevaba raz\u00f3n. Eran un ej\u00e9rcito, s\u00ed, de hombres desordenados, por tama\u00f1o, conducta y vestuario pero todos muy sonoros, en verdad escandalosos. A veces llam\u00e1ndose por sus nombres de pila. Y otros, por los de guerra. Lucio, Marcos. Bienvenido y Mal Hallado (que eran pareja y llevaban casi treinta a\u00f1os juntos), El\u00edas, la Mata Hari de Barlovento (como llamaban al pobre Fernando, que era muy delgado y negro) y Alexis Carrington del Valle, como tambi\u00e9n llamaban a mi querido Modesto, que de verdad se llamaba as\u00ed y era el \u00faltimo en incorporarse a la banda, dando vueltas sobre s\u00ed mismo y con la mirada fija en lontananza como hace Giselle cuando aparece en el primer acto y sabe que su vida va a cambiar. \u00abNo halla lo que hacer para llamar la atenci\u00f3n\u00bb, dijeron los otros amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acerqu\u00e9 a \u00e9l y le tom\u00e9 las manos como si yo fuera el Pr\u00edncipe Albrecht, el que se enamora de Giselle, y aprovech\u00e9 para revisar su vestuario. Los pantalones negros m\u00e1s ce\u00f1idos de la historia, una apretad\u00edsima camisa negra, con el cuello abierto para ense\u00f1ar todos los collares de oro sobre su torso velludo. Todo en \u00e9l era tan viril menos\u2026 ese gran m\u00e1s que era toda la feminidad que era capaz de generar. Y exagerar. Los otros, que siempre se empe\u00f1aban en ridiculizarle, se detuvieron en seco buscando que, entre sus vueltas y aspavientos, Modesto se viniera al suelo. Pero, ay, no conoc\u00edan de verdad a Alexis Carrington del Valle: antes de caer, lo evit\u00f3 cuadr\u00e1ndose como si fuera una de las Miss Universo venezolanas. Y entonces s\u00ed que hubo aplauso. El funeral de Bel\u00e9n acababa de volverse un programa de tele de alguna cadena muy <em>gay friendly<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Boris, amado nuestro, disculpa a la Presidente que es as\u00ed de fuerte \u2014dijo la Mata Hari de Barlovento. Me re\u00ed, de buena gana, quiz\u00e1s por haber contenido tanto llanto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Dejen de llamarla la Presidente, que ella es y siempre fue Alexis Carrington del Valle \u2014exig\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hijas de puta, que quer\u00edan que me dejara los dientes. Siempre te interesa much\u00edsimo, Mata Hari de Barlovento, recordar mi pasado de portera, ahora que soy presidente de mi compa\u00f1\u00eda de dise\u00f1o de interiores \u2014dijo con el tono m\u00e1s fuerte que pod\u00eda alcanzar\u2014. De todas ustedes, soy la que m\u00e1s alto he llegado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Claro, mi amor, vives en el penthouse m\u00e1s caro\u2026 \u2014sostuvo la Mata Hari.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero todos los domingos voy al Valle a visitar a mi gente \u2014terci\u00f3 Alexis Carrington refiri\u00e9ndose a una de las zonas m\u00e1s densas y socialmente conflictivas de la ciudad, donde hab\u00eda nacido y por eso lo llevaba adscrito a su mote\u2014. Qu\u00e9 maravilla de lugar, Boris, toda mi vida quise entrar aqu\u00ed dentro \u2014solt\u00f3 regresando a ser Modesto, con su voz gruesa de camionero tan contrastante con su vestuario saturado de tendencias masculinas y femeninas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Con todo lo femenina que eres, Alexis Carrington del Valle, nunca aprender\u00e1s que solo se pueden combinar dos tendencias a la vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Frena el carro, Mata Hari de Barlovento. Cada detalle de lo que llevo es para honrar a Bel\u00e9n, que fue una madre para m\u00ed \u2014sentenci\u00f3 mir\u00e1ndome muy fijamente y dejando caer una l\u00e1grima.<\/p>\n\n\n\n<p>Fran intentaba contenerlos \u2014\u00abMujeres, mujeres, es un funeral, no el Orgullo Gay\u00bb\u2014 pero ellos no pod\u00edan evitar elevar sus voces, agudas y graves, hasta esdr\u00fajulas, m\u00e1s que el resto de los presentes. Lanzar Ohs y Ahs cuando ve\u00edan la concurrencia. \u00abQu\u00e9 horror de pelo lleva Marisela Hermoso\u00bb, vocifer\u00f3 Mal Hallado, que seg\u00fan \u00e9l \u00abno filtro, mi amor, y por eso no salgo a la calle, pero es un desastre de pelo. \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3?\u00bb. \u00abSu peluquero huy\u00f3 a Miami, querido\u00bb, remat\u00f3 la Mata Hari de Barlovento. \u00abEn cambio, a Emilia Torresfuertes, que dicen que se est\u00e1 quedando ciega, la visten muy bien. Est\u00e1 impecable\u00bb. \u00abAunque ese Chanel sea del a\u00f1o que naciste, Alexis\u00bb. Risas, silencios, manoteos, palmadas, un amago de imitaci\u00f3n de esa entrada de Alexis Carrington del Valle al funeral y de pronto hab\u00eda que regresar al sal\u00f3n y volv\u00ed a recibir el embrujo de los malabares sum\u00e1ndose a esta ins\u00f3lita celebraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sof\u00eda entr\u00f3 acompa\u00f1ada de su hija, los flashes y un grupo de personas que la aplaud\u00edan y tambi\u00e9n la acariciaban como si fuera una figura milagrosa. Me cogi\u00f3 por los brazos, como siempre hac\u00eda cuando est\u00e1bamos en p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acabo de hablar con Gabriel \u2014dijo con mucha suavidad, midiendo la importancia de sus palabras\u2014. Quiz\u00e1s no sea el momento\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Me asombr\u00f3 su vacilaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Me entreg\u00f3 una carta. De Gabriel, enviada a ella, aqu\u00ed en Caracas. La abr\u00ed. Era una nota firmada por nosotros dos, por \u00e9l y por m\u00ed. \u00abUnidos por el caos\u00bb. Sof\u00eda me miraba con l\u00e1grimas y conserv\u00e9 el papel.<\/p>\n\n\n\n<p>La algarab\u00eda regres\u00f3 a una cierta normalidad f\u00fanebre cuando escuchamos el ruido de unos neum\u00e1ticos rozar la gravilla de la entrada. Fran se puso muy r\u00edgido. Mi pap\u00e1 tambi\u00e9n. Yo me sostuve del brazo velludo de Alexis Carrington del Valle, que muy serio dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es un coche oficial.<\/p>\n\n\n\n<p>Escuch\u00e9 el clic, clic, clic de los fot\u00f3grafos disparando hacia m\u00ed. Me coloqu\u00e9 unas gafas oscuras, aprobadas por la mirada de Alexis. Sent\u00ed el pie que emerg\u00eda del coche como si fuera un golpe. Y el siguiente paso, igual. Y el gesto de abrocharse el \u00fanico bot\u00f3n de la americana, como algo que estallaba en mi interior.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Co\u00f1o \u2014solt\u00f3 Alexis\u2014. Se comporta como si fuera su mam\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No creo que Altagracia se atreva a venir \u2014dije.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues \u00e9l s\u00ed lo ha hecho, amiga.<\/p>\n\n\n\n<p>No me iba a mover de mi sitio junto a Alexis y me di cuenta que casi todo el grupo se reuni\u00f3 junto a m\u00ed, casi como escudo. Mi hermano mayor decidi\u00f3 aproximarse al reci\u00e9n llegado y saludarlo. Y, entonces, \u00e9l se quit\u00f3 sus anteojos oscuros y all\u00ed est\u00e1bamos otra vez todos juntos. Mi hermano, \u00e9l y yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el mundo estaba tenso. El funeral era ahora susurros, murmuraciones. \u00abSu madre le ha conseguido el puesto. Siempre ha sido as\u00ed\u00bb. \u00abVino sin la esposa\u00bb. \u00abPobre Boris\u00bb. El \u00faltimo comentario me alert\u00f3. No, no era pobre Boris. Por eso fui hacia \u00e9l y el resto se apartaba, dej\u00e1ndonos solos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gracias por venir, Gerardo \u2014dije extendiendo mi mano y mir\u00e1ndole a los ojos. Los faros, el azul m\u00e1s intenso, un oc\u00e9ano peligroso.<\/p>\n\n\n\n<p>Intent\u00e9 volver a mi lugar y \u00e9l me sujet\u00f3 con esa fuerza que en todos estos a\u00f1os, todos estos recuerdos, fue un importante ingrediente de los melodramas que escrib\u00ed y tambi\u00e9n de los que nunca escrib\u00ed. Segu\u00edamos solos pero observados. \u00abSon como el pa\u00eds, divididos ideol\u00f3gicamente pero unidos por una madre\u00bb, escuch\u00e9 decir a Alexis Carrington del Valle.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te conozco tan bien \u2014dijo Gerardo\u2014. Rodeado de gente, cualquier tipo de gente, para que nadie se acerque a ti.<\/p>\n\n\n\n<p>No respond\u00ed nada, me qued\u00e9 callado. Era siempre as\u00ed. Prefer\u00eda que esta conversaci\u00f3n sucediera en otro momento. O no sucediera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nunca me has dado un chance \u2014dijo\u2014. Por eso estoy aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Mir\u00e9 hacia delante e insist\u00ed en callar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gerardo, ya est\u00e1 bien \u2014dijo mi hermano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gerardo, d\u00e9jalo, ya est\u00e1 bien \u2014solt\u00e9. Era el orden correcto de la frase. La frase que volv\u00eda, siempre volv\u00eda, cuando \u00e9l aparec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Gerardo baj\u00f3 los ojos. Me alej\u00e9. Delante de nosotros se elevaron las c\u00e1maras y los m\u00f3viles y, con mucha mala suerte, vi en uno de ellos a Gerardo, todav\u00eda a mi espalda, insistiendo en quedarse. Alto, serio, la ofuscaci\u00f3n haci\u00e9ndolo a\u00fan m\u00e1s masculino. El hermano enmascarado de Meteoro.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi padre y yo viajamos juntos en el coche que nos devolv\u00eda hacia la Quinta Nancy. La ciudad empez\u00f3 a desfilar ante nuestros ojos. Los \u00e1rboles en la mitad de la calle, crecidos como si una mano temblorosa arrojara sus semillas sin orden, tamizando la luz del sol y volviendo verde el asfalto. Al otro lado, la cercan\u00eda de las monta\u00f1as, que son en realidad una sierra bajo un mismo nombre, El \u00c1vila. El verde de sus tierras iba poni\u00e9ndose morado a medida que el sol se volv\u00eda m\u00e1s d\u00e9bil. Por encima de sus picos, el cielo inyectado de ese azul, como el de los ojos de Gerardo pero mucho m\u00e1s limpio e infinito. Suspir\u00e9, siempre lo hac\u00eda cuando miraba mi ciudad. Tanta belleza alrededor de cosas tan feas. Los edificios sin valor arquitect\u00f3nico, las favelas creciendo al fondo de la autopista, todos los coches con vidrios tintados, como si fueran un ej\u00e9rcito de veh\u00edculos funerarios, reflejando en sus superficies ese cada vez m\u00e1s extenso paisaje de desigualdad. Esa imposible realidad de naturaleza maravillosa vigilando el oscuro desorden donde la ciudad agita el melodrama y la violencia como si fueran sal y pimienta.<\/p>\n\n\n\n<p>La mano de mi padre estuvo sujeta a la m\u00eda todo el trayecto. Juntos vimos las filas de personas, m\u00e1s o menos bien vestidas, haciendo cola para comprar lo que fuese de alimentos, mendigar cualquier medicina, aunque fuera una aspirina. Alineados delante de establecimientos con sus nombres incompletos por una letra de ne\u00f3n extraviada. Merc do. F rmaci. int re ia. Palabras vaciadas, letras robadas. Delante de un contenedor de basura, una familia, la madre, el padre y dos hijos, se turnaban para rebuscar en su interior comida, medicinas, cartones. O esas letras extraviadas, quise pensar. \u00abNo s\u00e9 en qu\u00e9 momento nos convertimos en esto, Boris\u00bb, hab\u00eda dicho Bel\u00e9n en esa \u00faltima conversaci\u00f3n. Quiz\u00e1s s\u00ed, lo que sucedi\u00f3, su muerte, fue lo mejor. Ella se hab\u00eda ahorrado ver m\u00e1s deterioro en la ciudad donde naci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No voy a dormir aqu\u00ed \u2014dijo mi padre\u2014. Ir\u00e9 a casa de los vecinos, esperan que t\u00fa hagas lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Prefiero quedarme en la Quinta Nancy, pap\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Comprender\u00e1s que no puedo dormir en el mismo cuarto donde vi morir a tu madre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Claro que lo comprendo, pap\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es una enfermedad espantosa, Boris \u2014empez\u00f3 a hablar muy lentamente\u2014. Tardar\u00e9 una vida entera en olvidar las cosas que vi. Por eso no puedo entrar ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo entiendo, pap\u00e1. Pasar\u00e1. Tome el tiempo que tome, pasar\u00e1. Colocamos una buena parte de los arreglos florales sobre la mesa del comedor, para recordar los nombres de quienes los enviaban y agradecer ma\u00f1ana, pasado ma\u00f1ana, la semana que viene. Se ve\u00edan como mis amigos en el funeral: llamativos, exagerados. El comedor siempre fue el coraz\u00f3n de la Quinta Nancy. Centro de discusiones, mesa redonda de grandes verdades. Tres paredes y un jard\u00edn cubierto de helechos mimados por mi padre y tambi\u00e9n por Bel\u00e9n. Un cuadro na\u00edf sobre el mueble auxiliar, en la pared de la izquierda. El aparador setentero, sin puertas, para las vajillas y licores, en la pared de enfrente. Y esa otra pared, la que evit\u00e9 mirar, donde siempre estuvo, colgado, reinando, <em>Tiempo de tormentas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/boris-izaguirre\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Boris Izaguirre CAP\u00cdTULO 1: MALABARES El sal\u00f3n de ensayos de la Academia y Ballet Nena Coronil quedaba en la planta baja de una inmensa casa colonial en lo alto de La Florida, la que hab\u00eda sido una de las mejores urbanizaciones de Caracas. 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