{"id":14377,"date":"2022-12-14T15:12:00","date_gmt":"2022-12-14T19:42:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14377"},"modified":"2024-12-19T13:52:37","modified_gmt":"2024-12-19T18:22:37","slug":"la-torre-de-timon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-torre-de-timon\/","title":{"rendered":"La torre de Tim\u00f3n (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>PRELUDIO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo quisiera estar entre vac\u00edas tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces me habr\u00e1n abandonado los recuerdos: ahora huyen y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes en la noche que cubre el desierto de nieve.<\/p>\n\n\n\n<p>El movimiento, signo molesto de la realidad, respeta mi fant\u00e1stico asilo; mas yo lo habr\u00e9 escalado de brazo con la muerte. Ella es una blanca Beatriz, y, de pies sobre el creciente de la luna, visitar\u00e1 la mar de mis dolores. Bajo su hechizo reposar\u00e9 eternamente y no lamentar\u00e9 m\u00e1s la ofendida belleza ni el imposible amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>EL FUGITIVO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hu\u00eda ansiosamente, con pies doloridos, por el descampado. La nevisca mojaba el suelo negro.<\/p>\n\n\n\n<p>Esperaba salvarme en el bosque de los abedules, incurvados por la borrasca.<\/p>\n\n\n\n<p>Pude esconderme en el antro causado por el desarraigo de un \u00e1rbol. Compuse las ra\u00edces manifiestas para defenderme del oso pardo, y desped\u00ed los murci\u00e9lagos a gritos y palmadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba atolondrado por el golpe recibido en la cabeza. Padec\u00eda alucinaciones y pesadillas en el escondite. Entend\u00ed escaparlas corriendo m\u00e1s lejos.<\/p>\n\n\n\n<p>Atraves\u00e9 el lodazal cubierto de juncos largos, amplectivos, y sal\u00ed a un segundo desierto. Me absten\u00eda de encender fogata por miedo de ser alcanzado.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acostaba a la intemperie, entumecido por el fr\u00edo. Entreve\u00eda los mandaderos de mis verdugos met\u00f3dicos. Me segu\u00edan a caballo, socorridos de perros negros, de ojos de fuego y ladrido feroz. Los jinetes ostentaban, de penacho, el hopo de una ardita.<\/p>\n\n\n\n<p>Divis\u00e9, al pisar la frontera, la lumbre del asilo, y corr\u00ed a agazaparme a los pies de mi dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Su imagen sedente escucha con los ojos bajos y sonr\u00ede con dulzura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LIED<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los espinos llenan, desde el p\u00f3rtico en minas, la hondonada.<\/p>\n\n\n\n<p>Tejen sus ramas siniestramente, figurando coronas de martirio.<\/p>\n\n\n\n<p>La dama de la corza blanca se entrega a cantar, al sentir en torno la magia lunar.<\/p>\n\n\n\n<p>El eco burlesco augura la muerte desde el matorral.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie podr\u00eda decir el susto de la corza blanca.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta ese momento no se hab\u00eda cantado en la mansi\u00f3n desierta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>ENTONCES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sue\u00f1o que sopla una violenta r\u00e1faga de invierno sobre tus cabellos descubiertos, oh ni\u00f1a, que transitas por la nevada urbe monstruosa, a donde todav\u00eda joven espero llegar, para verte pasar. Te reconocer\u00e9 al punto, no me sorprender\u00e1 tu alma atormentada y exquisita, tu cuerpo endeble ni tu azul mirada; he presentido tus manos delicadas y exang\u00fces, he adivinado tu voz que canta y tu gentil andar. El d\u00eda de nuestro encuentro ser\u00e1 igual a cualquiera de tu vida: te ver\u00e9 buscando paso entre la muchedumbre de transe\u00fantes y carruajes que llena con su tumulto la calle y con su ruido el aire fr\u00edo. La calle ha de ser larga, acabar\u00e1 donde se junten lejanas neblinas; la formar\u00e1 una doble hilera de casas sin ning\u00fan intervalo para viva arboleda; la har\u00e1n m\u00e1s tediosa enormes edificios que niegan a la vista el acceso del cielo. Lejos de la ciudad n\u00f3rdica estar\u00e1n para entonces los p\u00e1jaros que la alegraban con su canto y olvidado estar\u00e1 el<br>sol; para que reine la luz artificial con su l\u00edvido brillo, lo habr\u00e1n sepultado las nubes, cuyo horror aumenta la industria con el negro aliento de sus fauces.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces y all\u00ed ser\u00e1 la \u00faltima hora de esta mi juventud transcurrida sin goces. Habr\u00e9 ido a experimentar en la ciudad extra\u00f1a y septentrional la amargura de su despedida y el desconsuelo de su eterno abandono. Para sufrir el ocaso de la juventud ya estar\u00e9 preparado por la partida de muchas ilusiones y el desvanecimiento de muchas esperanzas. En mi memoria doler\u00e1 el recuerdo de imposibles afectos y en mi esp\u00edritu pesar\u00e1 el cansancio de vencidos anhelos. Y ya no aspirar\u00e9 a m\u00e1s: habr\u00e9 adaptado mis ojos al feo mundo, y cerrado mi puerta a la humanidad enemiga. Mi mansi\u00f3n ser\u00e1 para otros impenetrable roca y para m\u00ed firme c\u00e1rcel. Estoico orgullo, horrenda soledad habr\u00e9 alcanzado. En torno de mi frente flotar\u00e1n los cabellos grises, grises cual la ceniza de hu\u00e9rfanos hogares.<\/p>\n\n\n\n<p>De lejos habr\u00e9 llegado con el eterno, hondo pesar, el que naci\u00f3 conmigo en el tr\u00f3pico ardiente y que me acompa\u00f1a como la conciencia de vivir. Un pesar no calmado con la maravilla de los cielos y de los mares nativos perpetuamente luminosos, ni con el ardor ecuatorial de la vida, que me ha rodeado exuberante y<br>que s\u00f3lo en m\u00ed languidece. Los a\u00f1os habr\u00e1n pasado sin amortiguar esta sensibilidad enfermiza y doliente, tolerable a quien pueda tener la \u00fanica ocupaci\u00f3n de so\u00f1ar, y que desgraciadamente, por el \u00e1spero ataque de la vida, es dentro de m\u00ed como una cuerda a punto de romperse en dolorosa tensi\u00f3n. La sensibilidad que del adverso mundo me hace huir al solitario ensue\u00f1o, se habr\u00e1 hecho m\u00e1s aguda y fr\u00e1gil al alejarse gravemente mi juventud con la pausada melancol\u00eda de la nave en el horizonte vespertino.<\/p>\n\n\n\n<p>Al encontrarte, quedaremos unidos por el convencimiento de nuestro destierro en la ciudad moderna que se atormenta con el af\u00e1n del oro. Ese d\u00eda, demasiado tarde, el \u00faltimo de mi juventud, en que despertar\u00e1n, como fantasmas, recuerdos semi muertos al formar el invierno la mortaja de la tierra, ser\u00e1 el primero de nuestro amor infinito y est\u00e9ril. Unidos en un mismo ensue\u00f1o, huiremos del mundo, cada d\u00eda m\u00e1s b\u00e1rbaro y avaro. Huiremos en un vuelo, porque nuestras vidas terminar\u00e1n sin huellas, de tal modo que \u00e9ste ser\u00e1 el epitafio de nuestro idilio y de nuestra existencia: pasaron como son\u00e1mbulos sobre la tierra maldita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LA ALUCINADA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La selva hab\u00eda crecido sobre las ruinas de una ciudad innominada. Por entre la maleza asomaba, a cada paso, el vestigio de una civilizaci\u00f3n asombrosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Labradores y pescadores viv\u00edan de la tierra aguanosa, aprovechando los aparejos primitivos de su oficio.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s de una sociedad adelantada hab\u00eda sucumbido, de modo imprevisto, en el paraje malsano.<\/p>\n\n\n\n<p>Conoc\u00ed, por una virgen demente, el suceso m\u00e1s extra\u00f1o. Lloraba a ratos, cuando los intervalos de raz\u00f3n suprim\u00edan su locura serena.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dec\u00eda hija de los antiguos se\u00f1ores del lugar. Hab\u00edan despedido de su mansi\u00f3n fastuosa una vieja barbuda, repugnante.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella repulsa motiv\u00f3 sucesivas calamidades, venganza de la harp\u00eda. Circunvino a la hija unig\u00e9nita, casi infantil, y la persuadi\u00f3 a lanzar, con sus manos puras, yerbas cenicientas en el mar canoro.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces juegan en silencio sus olas descolmadas. La prosperidad de la comarca desapareci\u00f3 en medio de un fragor. Arbustos y herbajos nacen de los pantanos y cubren los escombros.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la virgen mira, durante su delirio, una floresta m\u00e1gica, envuelta en una luz azul y temblorosa, originada de una apertura del cielo. Oye el gorjeo insistente de un p\u00e1jaro invisible, y celebra las piruetas de los duendes alados.<\/p>\n\n\n\n<p>La infeliz sonr\u00ede en medio de su desgracia, y se aleja de m\u00ed, diciendo entre dientes una canci\u00f3n desvariada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LA CUITA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La adolescente viste de seda blanca. Reproduce el atav\u00edo y la suavidad del alba. Observa, al caminar, la reminiscencia de una armon\u00eda intuitiva. Se expresa con voz jovial, timbrada para el canto en una fiesta de la primavera.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo escucho las violas y las flautas de los juglares en la sala antigua. Los sones de la m\u00fasica vuelan a zozobrar en la noche encantada, sobre el golfo argentado.<\/p>\n\n\n\n<p>El aventurero de la cota roja y de las trusas pardas arma asechanzas y redes contra la doncella, acerbando mis dolores de proscrito.<\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1a asiente a una se\u00f1al maligna del seductor. Personas de rostro desconocido invaden la sala y estorban mi inter\u00e9s. Los juglares celebran, con una m\u00fasica vehemente, la fuga de los enamorados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DISCURSO DEL CONTEMPLATIVO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Amo la paz y la soledad; aspiro a vivir en una casa espaciosa y antigua donde no haya otro ruido que el de una fuente, cuando yo quiera o\u00edr su chorro abundante. Ocupar\u00e1 el centro del patio, en medio de \u00e1rboles que, para salvar del sol y del viento el sue\u00f1o de sus aguas, enlazar\u00e1n las copas gemebundas. Recibir\u00e9 la \u00fanica visita de los p\u00e1jaros que encontrar\u00e1n descanso en mi refugio silencioso. Ellos divertir\u00e1n mi sosiego con el vuelo arbitrario y el canto natural; su simpleza de inocentes criaturas disipar\u00e1 en mi esp\u00edritu la desaz\u00f3n exasperante del rencor, aliviando m\u00ed frente el refrigerio del olvido.<\/p>\n\n\n\n<p>La devoci\u00f3n y el estudio me ayudar\u00e1n a cultivar la austeridad como un asceta, de modo que ni inter\u00e9s humano ni anhelo terrenal estorbar\u00e1 las alas de mi meditaci\u00f3n, que en la cima solemne del \u00e9xtasis descansar\u00e1n del sostenido vuelo; y desde all\u00ed divisar\u00e1 mi esp\u00edritu el ambiguo deslumbramiento de la verdad inalcanzable.<\/p>\n\n\n\n<p>Las novedades y variaciones del mundo llegar\u00e1n mitigadas al sitio de mi recogimiento, como si las hubiera amortecido una atm\u00f3sfera pesada. No aceptar\u00e9 sentimiento enfadoso ni impresi\u00f3n violenta: la luz llegar\u00e1 hasta m\u00ed despu\u00e9s de perder su fuego en la espesa trama de los \u00e1rboles; en la distancia acabar\u00e1 el ruido antes que invada mi apaciguado recinto; la oscuridad servir\u00e1 de resguardo a mi quietud; las cortinas de la sombra circundar\u00e1n el lago di\u00e1fano e imperturbable del silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo opondr\u00e9 al vario curso del tiempo la serenidad de la esfinge ante el mar de las arenas africanas. No sacudir\u00e1n mi equilibrio los d\u00edas espl\u00e9ndidos de sol, que comunican su ventura de donceles rubios y festivos, ni los opacos d\u00edas de lluvia que ostentan la ceniza de la penitencia. En esa disposici\u00f3n ecu\u00e1nime esperar\u00e9 el momento y afrontar\u00e9 el misterio de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella vendr\u00e1, en lo m\u00e1s callado de una noche, a sorprenderme junto a la muda fuente. Para aumentar la santidad de mi hora \u00faltima, vibrar\u00e1 por el aire un beato rumor, como de alados serafines, y un transparente efluvio de consolaci\u00f3n bajar\u00e1 del altar del encendido cielo. A mi cad\u00e1ver sobrar\u00e1 por tard\u00eda la atenci\u00f3n de los hombres; antes que ellos, habr\u00e1n cumplido el mejor rito de mis sencillos funerales el beso virginal del aura despertada por la aurora y el revuelo de los p\u00e1jaros amigos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>OCASO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mi alma se deleita contemplando el cielo a trechos azul o nublado, al arrullo de un valse delicioso. Imita la quietud del ave que se apresta a descansar durante la noche que avecina. Bendice el avance de la sombra, como el de una virgen t\u00edmida a la cita, al recogerse el d\u00eda y su cohorte de importunos rumores. Crecen silenciosamente sus negros velos, torn\u00e1ndose cada vez m\u00e1s densos, hasta dar por el tinte uniforme y el suave desliz la ilusi\u00f3n de un mar de aguas sedantes y mal\u00e9ficas.<\/p>\n\n\n\n<p>Envuelto en la obscuridad providente, imagino el solaz de yacer olvidado en el seno de un abismo incalculable, emulando la fortuna de aquellos personajes que el desvariado ingenio asi\u00e1tico describe, felizmente cautivos por la fascinaci\u00f3n de alguna divinidad marina en el laberinto de fant\u00e1sticas grutas.<\/p>\n\n\n\n<p>Expiran los sones del valse delicioso cuando el sol difunde sus postreras luces sobre el remanso de la tarde. A favor del ambiente ya callado y obscuro disfrutan mis sentidos su merecida tregua de lebreles alertos. Y a detener sobre mi frente el perezoso giro de su vuelo, surge del seno de la sombra el vampiro de la melancol\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>SUE\u00d1O<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mi vida hab\u00eda cesado en la morada sin luz, un retiro desierto, al cabo de los suburbios. El esplendor d\u00e9bil, polvoso, de las estrellas, m\u00e1s subidas que antes, abocetaba apenas el contorno de la ciudad, sumida en una sombra de tinte horrendo. Yo hab\u00eda muerto al mediar la noche, en trance repentino, a la hora misma designada en el presagio. Viajaba despu\u00e9s en direcci\u00f3n ineluctable, entre figuras tenues, abandonado a las ondulaciones de un aire gozoso, indiferente a los rumores lejanos de la tierra. Llegaba a una costa silenciosa, bruscamente, sin darme cuenta del tiempo veloz. Posaba en el suelo de arena blanca, marginado por montes empinados, de cimas perdidas en la altura infinita. Delante de m\u00ed callaba eternamente un mar inm\u00f3vil y cristalino. Una luz muerta, de aurora boreal, nacida debajo del horizonte, iluminaba con intensidad fija el cielo sereno y sin astros. Aquel paraje estaba fuera del universo y yo lo animaba con mi voz desesperada de confinado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>EL ROMANCE DEL BARDO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo estaba proscrito de la vida. Recataba dentro de m\u00ed un amor reverente, una devoci\u00f3n abnegada, pasiones macerantes, a la dama cort\u00e9s, lejana de mi alcance.<\/p>\n\n\n\n<p>La fatalidad hab\u00eda signado mi frente. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo escapaba a meditar lejos de la ciudad, en medio de ruinas severas, cerca de un mar mon\u00f3tono.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed mismo rondaban, animadas por el dolor, las sombras del pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra naci\u00f3n hab\u00eda perecido resistiendo las correr\u00edas de una horda inculta.<\/p>\n\n\n\n<p>La tradici\u00f3n hab\u00eda vinculado la victoria en la presencia de la mujer ilustre, superviviente de una raza invicta. Deb\u00eda acompa\u00f1arnos espont\u00e1neamente, sin conocer su propia importancia.<\/p>\n\n\n\n<p>La vimos, la vez \u00faltima, v\u00edspera del desastre, cerca de la playa, envuelta por la rueda turbulenta de las aves marinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, solamente el olvido puede enmendar el deshonor de la derrota.<\/p>\n\n\n\n<p>La yerba crece en el campo de batalla, alimentada con la sangre de los h\u00e9roes.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-antonio-ramos-sucre\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre PRELUDIO Yo quisiera estar entre vac\u00edas tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras. 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