{"id":14369,"date":"2024-12-13T18:02:30","date_gmt":"2024-12-13T22:32:30","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14369"},"modified":"2024-12-13T18:12:56","modified_gmt":"2024-12-13T22:42:56","slug":"trayectoria-ramos-sucre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/trayectoria-ramos-sucre\/","title":{"rendered":"Trayectoria de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>EL POETA Y SU OBRA EN EL TIEMPO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La historia de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre es breve como breves fueron su vida y su obra. Vida y obra intensas, sin embargo, que trascienden del \u00e1mbito hist\u00f3rico que les es propio hacia una m\u00e1s densa confrontaci\u00f3n literaria y humana. Esta ha sido, precisamente, una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s relevantes, que ha encontrado, al correr de los a\u00f1os, una justificaci\u00f3n precisa y elocuente de su poes\u00eda en las nuevas generaciones del pa\u00eds que han ido a su encuentro, fortalecidos en la eficacia y brillo de su palabra. En efecto, los j\u00f3venes escritores agrupados en \u201c Sardio\u201d (1958) se movieron alrededor de la figura y de la obra de Ramos Sucre con exaltada vehemencia e inusitada beligerancia, afortunadamente, bien conducida y mejor concretada en buenos resultados.<\/p>\n\n\n\n<p>Carlos Augusto Le\u00f3n, poeta del 30, de la llamada promoci\u00f3n de \u201c Elite\u201d y del Grupo Cero de \u201c Teor\u00e9ticos\u201d , escribi\u00f3 en 1945 una breve y hermosa biograf\u00eda sobre el poeta: Las piedras m\u00e1gicas la titul\u00f3 y fue el primer ensayo serio, biogr\u00e1fico y cr\u00edtico, para deslindar con certeza los valores de la obra de Ramos Sucre, constituy\u00e9ndose desde entonces en un libro imprescindible para el conocimiento del poeta. Despu\u00e9s han venido otros y otros ensayos sobre el autor actualiz\u00e1ndolo frente al discurrir de la nueva poes\u00eda venezolana; y contribuyendo as\u00ed a rescatar de injusta preterici\u00f3n una poes\u00eda de sostenido y permanente aliento. Hoy d\u00eda Ramos Sucre, revalorizado, alcanza la estatura de un adelantado de la l\u00edrica venezolana contempor\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un hecho innegable que en los j\u00f3venes escritores que se inician a partir de 1950, la admiraci\u00f3n por Ramos Sucre es creciente y en algunos esta admiraci\u00f3n alcanza la jerarqu\u00eda de la influencia. Es \u201c una influencia m\u00e1s que todo formal, mas no por ello menos importante. Formal porque en muchos casos falta el \u201cpathos\u201d de la creaci\u00f3n ramosucreana, y no puede ser de otro modo: su tormento no es com\u00fan a muchos\u201d.<sup>1<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHa atra\u00eddo a nuevas promociones po\u00e9ticas la singularidad de Ramos Sucre, que fui de los primeros en se\u00f1alar. Los ha acercado a \u00e9l su vida intensa y concentrada \u2014\u201c vibraci\u00f3n inm\u00f3vil\u201d , como dec\u00eda Luis Enrique M\u00e1rmol\u2014 que se asfixiaba en el duro ambiente. Los ha acercado aquella expresi\u00f3n que cultiv\u00f3 el poeta y que no era la del com\u00fan de sus contempor\u00e1neos, en cierto aspecto, aunque por otra parte ten\u00eda \u2014 \u00a1y c\u00f3mo no tenerlo!\u2014 el aire de su tiempo\u201d.<sup>2<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>El acercamiento de los j\u00f3venes a la obra de Ramos Sucre cobra mayor importancia a medida que pasa el tiempo. Pareciera \u2014como anota Paz Castillo\u2014 que los a\u00f1os transcurridos desde su muerte han sido, en realidad, \u201c a\u00f1os de reafirmaci\u00f3n de su vida de escritor en la memoria de los hombres y de acercamiento, cada vez con mayor intimidad a su obra\u201d&#8230; Esto explica la afecci\u00f3n expl\u00edcita de los nuevos. Despu\u00e9s de un largo silencio, \u201c resurgi\u00f3 su producci\u00f3n a nueva existencia, sobre todo entre los j\u00f3venes que persiguen, en arte, expresiones, si no parecidas a las suyas, muy cercanas por el esp\u00edritu l\u00edrico, a las formas depuradas de sus poemas en prosas\u201d.<sup>3<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Argenis P\u00e9rez H., uno de los \u00faltimos en referirse a la materia, ha escrito que el poeta venezolano \u201c est\u00e1 siendo objeto casi permanente de una continua revaloraci\u00f3n, en funci\u00f3n de su singularidad art\u00edstica, sustanciada a nivel de un discurso po\u00e9tico nuevo, en la l\u00edrica venezolana contempor\u00e1nea\u201d.<sup>4<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ramos Sucre concilia, con admirable lucidez, el poder fundamental del narrador con la fuerza sugestiva de la poes\u00eda, contenida en un lenguaje de extraordinarias tonalidades discursivas, bajo el amparo de alucinantes manifestaciones de la imaginaci\u00f3n creadora. As\u00ed se hace presente en buena parte de La Torre de Tim\u00f3n y en la totalidad de El cielo de esmalte y Las formas del fuego. El poeta de atormentadas formas, el fabulador constante, el perseguido a diario por los fantasmas invisibles de un pasado que recrea a fondo y a conciencia, ofrece, en \u00faltima instancia, su prosa rica de sensaciones, recuerdos, profec\u00edas y premoniciones, como un fruto macerado en el fondo del m\u00e1s remoto v\u00e9rtigo de una irrealidad amenazante y tr\u00e1gica. Es la desolaci\u00f3n del creador lo que mayormente atrae al lector de nuestros d\u00edas, como un rito inexorable. La singularidad del poeta, su originalidad cenital expresada en un estilo de cortado p\u00e1rrafo, sirve de base a la b\u00fasqueda de que ha sido objeto por parte de las j\u00f3venes generaciones literarias del pa\u00eds. De este modo, Ramos Sucre se convierte, por obra y gracia de su fuerza po\u00e9tica, en el autor de mayor influencia y atracci\u00f3n para las j\u00f3venes generaciones en lo que va de 1950 a esta parte.<br>\u00bfQu\u00e9 sedujo de tal forma a esas nuevas corrientes de expresi\u00f3n literaria en el pa\u00eds? No fue, de cierto, la forma impecable en que el poeta elabora sus cuidados textos, ya oficializada en las m\u00e1s destacadas figuras del modernismo venezolano, obedientes al dominio expansivo de Rub\u00e9n Dar\u00edo. Fue, por el contrario, la parte incontaminada de su materia po\u00e9tica. Es decir, la fuerza incontrastable de aquella desbordada pasi\u00f3n imaginativa, asediada por un devastador destino de atormentado y alucinado ser, enfrentado con impredecible rebeld\u00eda al reto exterminador de un mundo hostil y negador de la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo, Ramos Sucre se convierte en un antecedente sin testigos de la nueva poes\u00eda venezolana, por la trascendencia de una obra que parece surgir, como fruto de alquimia a trav\u00e9s de las misteriosas zonas de un submundo mitologizado, de la m\u00e1s resonante experiencia de un hombre solitario, sometido<br>a las severas pruebas de un desastre emocional, particular y absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p>Ramos Sucre sobresale por la universalidad o cosmopolitismo de su poes\u00eda, sin ataduras visibles a una espec\u00edfica identidad regional o comarcana. <\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la v\u00eda del acercamiento que siguen los j\u00f3venes poetas de \u201c Sardio\u201d , \u201cTabla Redonda\u201d y \u201c El techo de la ballena\u201d . Colocan al poeta en un nivel de especial reconocimiento: es el adelantado o precursor que se\u00f1ala el camino.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed se produce la sacralizaci\u00f3n del autor de La Torre de Tim\u00f3n, estableci\u00e9ndose desde entonces como el poeta venezolano m\u00e1s trascendente de las \u00faltimas d\u00e9cadas, tanto en el \u00e1mbito po\u00e9tico propiamente dicho como en el narrativo. <\/p>\n\n\n\n<p>Al respecto dice Francisco P\u00e9rez Perdomo: \u201c Entre los escritores venezolanos tal vez sea Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre el m\u00e1s admirado por las \u00faltimas promociones po\u00e9ticas del pa\u00eds\u201d.<sup>5<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Y Ludovico Silva recuerda que el contacto con las prosas de Ramos Sucre de los poetas de la generaci\u00f3n de 1958 tuvo un efecto revolucionario: \u201cAl contacto con este gran poeta, los j\u00f3venes creadores sintieron que hab\u00eda, d\u00e9cadas atr\u00e1s, quienes los respaldaran en su empe\u00f1o de transformar los esquemas po\u00e9ticos que, de una u otra manera, pese a la revoluci\u00f3n del grupo \u201cViernes\u201d persist\u00eda en nuestras letras. No solamente se desterr\u00f3 el temor sacramental a los metros y a la rima (desterrados en cuanto a \u201cobligaci\u00f3n\u201d, por supuesto, y no de un modo absoluto), sino que de una vez por todas comenzaron a surgir por doquier libros de poes\u00eda (en prosas), entre los cuales <em>Los cuadernos del destierro<\/em>, de Rafael Cadenas, se destaca como paradigma. Se volvi\u00f3, bajo este impacto, a leer a Rimbaud y a los surrealistas y se asimil\u00f3 en nuestro pa\u00eds de una vez por todas el esp\u00edritu de la l\u00edrica moderna. Corresponde a Ramos Sucre, de este modo, un sitial como gran adelantado, y por ello no debe sorprender a nadie que en su \u00e9poca fuese considerado como un ente extra\u00f1o pose\u00eddo por calenturas y demonios. Lo que hab\u00eda hecho no era otra cosa que incorporar la poes\u00eda venezolana a la modernidad. Su cultura y sus dones po\u00e9ticos le ayudaron, aunque la fragilidad y la cortedad de su existencia \u2014\u201cantes de tiempo y casi en flor cortada\u201d , que dir\u00eda Garcilaso\u2014 le impidieron llevar su revoluci\u00f3n hasta el punto en que s\u00f3lo pudieron llevarla despu\u00e9s grandes poetas como Vallejo y Neruda\u201d.<sup>6<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cUn rasgo positivo de las nuevas generaciones venezolanas \u2014agrega el mismo ensayista\u2014 lo constituye el reconocimiento de la grandeza de Ramos Sucre como poeta. Hoy, s\u00f3lo los rezagados contin\u00faan llam\u00e1ndolo \u201cprosista\u201d , implicando con ello el vergonzante juicio de valor de que Ramos Sucre, a fin de cuentas, no fue poeta porque no escribi\u00f3 versos. Pienso que hubiera podido hacerlos con alto grado de perfecci\u00f3n, y por ello mismo, pienso tambi\u00e9n que en esa misma medida se eleva el valor de sus textos, tal como lo conocemos. Fue perfectamente consciente de su tarea, y tuvo un prop\u00f3sito muy definido, que s\u00f3lo hasta ahora ha venido a ser valorado en su justa dimensi\u00f3n. Ello constituye una lecci\u00f3n para todos nosotros. Con el antecedente de Ramos Sucre, ya no se le podr\u00e1 jam\u00e1s perdonar a ning\u00fan poeta venezolano el no ser perfectamente consciente de los recursos que emplea y de la situaci\u00f3n hist\u00f3rica en que vive\u201d.<sup>7<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre escribi\u00f3 una obra se\u00f1alada por su evidente originalidad en el medio venezolano en que tuvo lugar. En tal virtud es una obra de especiales m\u00e9ritos que sobresale por sobre otras de sus contempor\u00e1neos. De aqu\u00ed surge, inequ\u00edvocamente, la figura del autor como un creador impar, susceptible de ser considerado entre los primeros nombres de la literatura nacional que se inicia en los a\u00f1os fecundos del 900. Su prosa, densa, castigada, enfrentada a todo exceso en busca de la eficacia en la comunicaci\u00f3n escrita, rigurosa en el exacto cumplimiento de su cometido, revela en primeros planos las singularidades de un esp\u00edritu dotado de amplias facultades para el arte literario.<\/p>\n\n\n\n<p>No es, por eso, extra\u00f1o que la generalidad de quienes se han acercado al estudio de su poes\u00eda, destaque, en primer lugar, las excelencias de esa obra literaria como manifestaci\u00f3n de una indiscutible personalidad creadora, revelada en la amplitud generosa de un gran dominio del intelecto y la cultura. Y que por eso mismo se trate de ubicar insistentemente, a largos a\u00f1os distantes de su vida, en un sitio de privilegio y de recordaci\u00f3n en el panorama de las letras nacionales y latinoamericanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa caracter\u00edstica de excepci\u00f3n ya no se pone en duda en nuestros d\u00edas, cuando se ha realizado, a todo lo largo y ancho de estos a\u00f1os, una como especie de revalorizaci\u00f3n del autor y de su prosa po\u00e9tica, conceptuada entre las de mayor brillo y consistencia de las que haya dado muestras la literatura venezolana contempor\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n<p>F\u00e9lix Armando N\u00fa\u00f1ez, autor de un sobrio y ponderado pr\u00f3logo a sus <em>Obras<\/em>, escribe al respecto: \u201cHay en las letras venezolanas y de Hispanoam\u00e9rica una obra aparte: la de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre. Su valor, entrevisto por los mejores de sus compatriotas y contempor\u00e1neos, se estima m\u00e1s cada d\u00eda a partir de su muerte\u201d.<sup>8<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Con similar \u00e9nfasis al de N\u00fa\u00f1ez se pronuncia Francisco P\u00e9rez Perdomo, cuando aborda la peripecia de colocar al estudiado en el sitio de honor que le corresponde. P\u00e9rez Perdomo se refiere a la obra del poeta m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito exclusivamente nacional, consider\u00e1ndolo como creador de una poes\u00eda que trasciende al mundo continental. As\u00ed expresa que Ramos Sucre resulta \u201c uno de los (poetas) m\u00e1s renovadores que haya producido la poes\u00eda latinoamericana\u201d.<sup>9<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Y otro ensayista y poeta de las nuevas promociones literarias del pa\u00eds, Eugenio Montejo, precisando el alcance de la obra de Ramos Sucre, la califica como \u201c una de las tentativas m\u00e1s audaces a que se haya consagrado creador alguno entre nosotros durante el presente siglo\u201d . \u201c Por esto, puede decirse\u201d \u2014a\u00f1ade\u2014 \u201cque en sus p\u00e1ginas se verifica una posibilidad superior raramente alcanzada entre nosotros\u201d . Sin embargo, esa obra, as\u00ed definida, \u201c escap\u00f3 sustancialmente a sus contempor\u00e1neos\u201d.<sup>10<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte \u2014y paralelamente al hecho mencionado\u2014 la pol\u00e9mica en torno a Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre no se ha cerrado a\u00fan entre nosotros. Pareciera, al contrario, que mientras m\u00e1s transcurre el tiempo m\u00e1s se avivan los extremos de un debate que siendo cr\u00edtico y literario a un tiempo invade igualmente<br>el terreno de la vida personal del autor y, a\u00fan m\u00e1s, su intimidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre, pero en mayor raz\u00f3n el hombre de letras, responde inequ\u00edvocamente a las caracter\u00edsticas inherentes a su propia formaci\u00f3n intelectual. El caso de Ramos Sucre es m\u00e1s ilustrativo y elocuente que muchos otros en este sentido. Su formaci\u00f3n human\u00edstica, que arranca de la infancia y se acendra en el curso de sus a\u00f1os mayores, le habr\u00e1 de suplir la m\u00e1s amplia base, hist\u00f3rica y est\u00e9tica, para su af\u00e1n creador.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, Ramos Sucre responde, con seguridad de esforzado que entrev\u00e9 desde su exilio humano otras perspectivas est\u00e9ticas, a aquellas incitaciones particulares de que es objeto por parte del condicionamiento literario de su tiempo. Ramos Sucre es un hombre del modernismo, tal vez de un modernismo tard\u00edo, pero que adelanta el paso suficiente hacia otras mayores conquistas de su trabajo intelectual. Por eso labrar\u00e1 con fervor inusitado la perfecci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica de su estilo. Por eso tender\u00e1 a evadirse sistem\u00e1ticamente del agobio insular de una literatura que poco o nada aportaba a su vehemencia de adelantado.<\/p>\n\n\n\n<p>No fue, en tal sentido, un seguidor inconsistente y sin prestancia de f\u00f3rmulas caducas, que ya anunciaban cansancio y pobreza en la repetici\u00f3n. Aspiraba, por el contrario, a otros aires contagiosos, a otros sucesos de mayor envergadura que lo condujeran a la experiencia solar de la palabra. Su esoterismo, su evasi\u00f3n, su b\u00fasqueda enconada de otra realidad, distinta a la percibida cotidianamente en el tr\u00e1fago de la vecindad caraque\u00f1a de su tiempo, lo acerca al v\u00e9rtice modernista, al ritual parnasiano de la \u201ctorre de marfil\u201d o del \u201carte por el arte\u201d , a la entonaci\u00f3n herm\u00e9tica de los simbolistas; pero, al propio tiempo, le procura ese reconfortante espacio para diluir el ardor indeleble en la fragua del lenguaje, enriquecido en el tr\u00e1fico constante del estudio, y esa inefable condici\u00f3n del esteta que se reconcilia soberanamente con su propia e inexcusable revelaci\u00f3n personal: ese mundo que va por dentro y anima al hombre en su haza\u00f1a constante del vivir y del crear.<\/p>\n\n\n\n<p>Ramos Sucre no se desliga de la praxis de su tiempo, pero tampoco se deja conducir ni limitar por sus expresiones. Por el contrario, aspira a resolver su enfrentamiento con el mundo, en una s\u00f3lida y gallarda manifestaci\u00f3n de individualismo est\u00e9tico tendido hacia el futuro, hacia m\u00e1s abiertas y vastas claridades, buenas para alimentar la fe del hombre en la eficacia y perdurabilidad del arte literario. Lo menos af\u00edn con Ramos Sucre es el nacionalismo, cerrado a los francos aires del exterior. De all\u00ed el car\u00e1cter cosmopolita de su prosa. La cual era una respuesta a un posible mundo \u2014real o ficticio\u2014 a que lo condenaban las experiencias del momento venezolano de comienzos de siglo, cruzado, de una parte, por la vencida est\u00e9tica de un modernismo a la venezolana y de otra por la tentativa criollizante de la m\u00e1s significativa literatura de la \u00e9poca. Pero no se trata de un desligamiento que reniegue del gentilicio: en buena parte de la narraci\u00f3n se percibir\u00e1 un h\u00e1lito de esencias venezolanas que pugnan por manifestar su ascendencia o tradici\u00f3n, s\u00f3lo que la tentativa mayor que apunta hacia lo universal arrastrar\u00e1 inevitablemente, como un torrente poderoso, ese brote insular de la prosa. Buena parte de su libro <em>La Torre de Tim\u00f3n<\/em> alude a la circunstancia venezolana con cierto apego y simpat\u00eda, demostrando que las ra\u00edces del poeta no estaban del todo desasistidas de la nutriente fuerza tel\u00farica que depara la consistencia y perennidad de un esfuerzo que conjuga lo emotivo y racional, lo real y lo irreal, lo cierto y lo imaginario.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n esto tiene que hacer con el ambiente pol\u00edtico que se cierne, como una pesada losa, sobre el quehacer intelectual de aquellos hombres a quienes les toc\u00f3 vivir en carne propia la tremenda experiencia de la dictadura gomecista. Expresi\u00f3n de una juventud literaria marginada, Ramos Sucre tambi\u00e9n, como otros tantos de sus compa\u00f1eros de generaci\u00f3n, tuvo que apelar a un esfuerzo que reh\u00faye el enfrentamiento virtual de la realidad por las v\u00edas de la evasi\u00f3n y la universalidad del contenido de su obra.<\/p>\n\n\n\n<p>La diversidad de los ambientes ex\u00f3ticos reducidos a una reminiscente prosodia de inmediatez o el logro mayor de aquel desfile inusitado de los m\u00e1s extra\u00f1os personajes extra\u00eddos de la historia pasada, que tan a fondo conoc\u00eda en su peregrinaje humanista, son formas de una irrealidad, de una abstracci\u00f3n forzada por el empe\u00f1o multisecular de su desbordada fantas\u00eda, a trav\u00e9s de un desolador espacio, que llena de congojas y amarguras al esp\u00edritu contrito. Con tal de no estar aqu\u00ed, en este momento, la imaginaci\u00f3n del poeta lo hace vagar inconteniblemente por todas partes y por todos los tiempos. Es un cosmopolitismo sustentado en una continua aventura, en un desmesurado viaje que abarca y disemina a capricho en su escritura las m\u00e1s conspicuas edades del mundo y de la historia: Grecia, Roma, Bizancio, la Edad Antigua, la Edad Media, el Renacimiento. Actores son los hombres y los pueblos. Actor es el mismo poeta encarnando distintos personajes. El introvertido se trueca en un extrovertido que asume los m\u00e1s diversos papeles de la escena. La literatura cl\u00e1sica le presta, asimismo, motivos para su acendramiento literario y muchos son los temas recreados por la tenaz y fecunda fantas\u00eda del autor. Apasionadamente se funden en su prosa nombres de poetas y artistas. Pasa insensiblemente de Goethe y Dante a Leopardi y Cervantes, de Leonardo a Tiziano y Durero, de Homero a Plutarco y Ovidio. Los tiempos, los personajes, los paisajes, se confunden animadamente desde el fondo resonante de la prosa castigada a profundidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Parec\u00eda pasar a prop\u00f3sito de un lugar hist\u00f3rico a otro, de la leyenda a la rese\u00f1a circunstanciada de los sucesos m\u00e1s ins\u00f3litos, de la Edad Antigua a la Edad Media y de \u00e9sta al Renacimiento para hacer el se\u00f1alamiento de aquellas figuras inveros\u00edmiles que deambulan con el rigor de los perseguidos en sus p\u00e1ginas veraces. No hay sosiego ni esperanza en sus testimonios. Todo parece regido por el fatum ineluctable de la tragedia. Un soplo de crueldad inexorable domina el amplio espectro documental de la ficci\u00f3n narrativa.<\/p>\n\n\n\n<p>Como un lector culto, m\u00e1s a\u00fan: como un humanista enardecido por la pasi\u00f3n y la porf\u00eda de la alienaci\u00f3n en el tiempo hist\u00f3rico, pleno de resonancias seculares, se nos aparece este poeta venezolano. Esa actitud, es el signo permanente de su evasi\u00f3n hacia el pasado, donde convoca los m\u00e1s extra\u00f1os ritos y sucesos. El s\u00edmbolo preside su expresi\u00f3n literaria, animada por un cierto tono decadentista que es perceptible, de manera inequ\u00edvoca, en el juego crepuscular de sus im\u00e1genes, rescatadas del incendio solar del tr\u00f3pico americano al rememorar edades y paisajes de otras latitudes, donde la niebla y la imprecisa circunstancia de \u201c otra realidad\u201d dan la impresi\u00f3n de sustituir el mundo real por el mundo imaginado. Sin que el autor lo pueda evitar, su estilo tiende a un significativo rebuscamiento de la expresi\u00f3n que lo acerca demasiado al preciosismo modernista. El uso del adjetivo complementario o explicativo, la insistencia en los t\u00e9rminos raros y fuera del tiempo, ya inutilizados a veces por la misma vigencia del pasado, que se da sobre todo en sus dos \u00faltimos libros, es caracter\u00edstico de esta tendencia que, de alguna forma, lo acerca a las huestes rubenianas, ya en franca decadencia a finales de la segunda d\u00e9cada del siglo. Pero de esta tentaci\u00f3n lo salva, finalmente, su conciencia de escritor comprometido con un esfuerzo de mayor envergadura, desasido de la obediencia formal y l\u00f3gica a una determinada escuela. Y ha sido precisamente esta revelaci\u00f3n la que ha llevado a algunos autores \u2014no sin cierta exageraci\u00f3n\u2014 a ubicar al poeta venezolano entre los precursores de la vanguardia y del surrealismo<sup>11<\/sup>. Lo cual s\u00f3lo puede explicarse por la calidad de su poes\u00eda inscrita en los cuadros m\u00e1s rigurosos del hermetismo y del simbolismo en general.<\/p>\n\n\n\n<p>LA UBICACI\u00d3N EST\u00c9TICA<\/p>\n\n\n\n<p>La ubicaci\u00f3n espec\u00edfica de Ramos Sucre en una corriente est\u00e9tica determinada ha sido motivo de duda y discusi\u00f3n por parte de los cr\u00edticos y ensayistas que se han ocupado de su obra. En verdad la ubicaci\u00f3n precisa, el encasillamiento tal vez, no importa tanto, lo que importa es la trascendencia y vigencia de su poes\u00eda. \u00bfRom\u00e1ntico, modernista, parnasiano? De todo eso tendr\u00e1 Ramos Sucre, como esp\u00edritu que fue forjado en m\u00faltiples disciplinas del conocimiento que lo llev\u00f3 a penetrar en mundos tan diversos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSi fu\u00e9ramos a inscribir a Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre en una agrupaci\u00f3n \u2014dice Paz Castillo\u2014, tendr\u00edamos, por fuerza, que hacerlo en la de los parnasianos, por lo que respecta al estilo, no por su concepci\u00f3n po\u00e9tica \u2014amor a los temas medioevales: reminiscencias de Shakespeare y de Dante\u2014 que m\u00e1s bien lo inclina hacia el lado estremecido de los rom\u00e1nticos\u201d.<sup>12<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ya est\u00e1 dicho que la adjetivaci\u00f3n y el lenguaje rec\u00f3ndito en Ramos Sucre forman parte de su original estilo y lo ubican, con las naturales reservas expresadas por algunos estudiosos de su obra, en el campo del modernismo. Pensamos que este car\u00e1cter de su obra lo acerca bastante, aunque tal vez no haya habido conocimiento entre ellos, al mexicano Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde que por la misma \u00e9poca escribe una poes\u00eda de t\u00f3nica parecida al poeta venezolano, en ciertos caracter\u00edsticos pasajes de su obra.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos elementos sobresalen para considerar a Ramos Sucre en el campo del modernismo: su evidente tendencia a la evasi\u00f3n de la realidad y el cuido acendrado que pon\u00eda en la expresi\u00f3n formal de su poes\u00eda en prosa, enmarcada en el preciso campo del simbolismo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA trav\u00e9s de su hermosa y preciosa adjetivaci\u00f3n nos parec\u00eda emprender el caracter\u00edstico viaje simbolista \u201cmuy siglo dieciocho y muy antiguo\u201d; pero la armadura formal, la perfecci\u00f3n estil\u00edstica ha comenzado a dejarnos ver sus hendiduras. Ramos Sucre, a pesar de arrastrar, literariamente, toda una tradici\u00f3n de modernidad francesa y modernismo hispanoamericano, es en realidad un poeta volcado por entero hacia el siglo XX\u201d<sup>13<\/sup>. De este modo Ludovico Silva encuentra a la par, una filiaci\u00f3n francesa (con antecedentes expresos en los parnasianos y muy cerca de Baudelaire y Rimbaud), y un cierto arraigo modernista en la poes\u00eda de Ramos Sucre; pero al propio tiempo descubre que ella est\u00e1 lanzada hacia el futuro, a proyectarse m\u00e1s all\u00e1 de su tiempo hist\u00f3rico. La vigencia actual de esa poes\u00eda, su modernidad contempor\u00e1nea que hace volver cada d\u00eda m\u00e1s los ojos hacia ella, es una prueba indiscutible de la certeza de ese juicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte est\u00e1 la pertenencia de la obra del venezolano, por influencias y por razones propias de su aspiraci\u00f3n universalista para la poes\u00eda, a un estadio netamente europeo. De all\u00ed que \u201cSu genio pudo superar con creces el simple nivel de las influencias literarias, y su obra posee sustantividad propia. No obstante, esa superaci\u00f3n no alcanz\u00f3 el nivel de la total transformaci\u00f3n. Ramos Sucre pertenece, definitivamente, a un panorama europeo de cultura. Ni siquiera pertenece, pese a su limpio y culto castellano, a un horizonte que pudi\u00e9ramos denominar \u201c hisp\u00e1nico\u201d . Sus ra\u00edces, y su obra misma, son tan americanos como pudieran ser uruguayos Les chantes de Maldoror, de Lautr\u00e9amont. Son ra\u00edces afincadas en el centro de Europa. \u00bfEs esto una objeci\u00f3n?\u201d.<sup>14<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s \u2014y consecuente con el criterio expuesto\u2014 Ludovico Silva aclara que \u201cal contrario con los grandes modelos franceses se fragu\u00f3 la poderosa originalidad del lenguaje po\u00e9tico de Ramos Sucre. De haber sido tan s\u00f3lo uno de tantos imitadores, las nuevas generaciones po\u00e9ticas venezolanas (tan exigentes con nuestra tradici\u00f3n) no ver\u00edan en \u00e9l un maestro y un antecesor\u201d.<sup>15<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPor adjetivante \u2014expresa Carlos Augusto Le\u00f3n\u2014 se dir\u00eda cerca del Modernismo elocuente y exuberante. Pero ciertamente se acerca m\u00e1s al simbolismo y al cuidado formal de los Parnasianos\u201d.<sup>16<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ludovico Silva conviene en se\u00f1alar que \u201cRamos Sucre debe ser considerado como un poeta de vanguardia. Sin duda, el poeta m\u00e1s avanzado de su generaci\u00f3n. Su poes\u00eda puede leerse hoy con delicia, sin tener la sensaci\u00f3n de estar estudiando a un poeta pret\u00e9rico\u201d<sup>17<\/sup>. Es decir, es un contempor\u00e1neo, actual por la consistencia de su poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El uso y el manejo del adjetivo ins\u00f3lito \u2014que es una herencia inestimable del modernismo, inicialmente\u2014 sirve a \u00c1ngel Rama para ubicar a Ramos Sucre en el campo de la vanguardia. De all\u00ed que sea \u201c esta b\u00fasqueda del adjetivo la que le confiere a Ramos Sucre su lugar vanguardista y su excepcional intensidad\u201d<sup>18<\/sup>. De modo que lo que para unos es signo del modernismo en el poeta, para Rama constituye connotaci\u00f3n de vanguardismo. De all\u00ed que insista en se\u00f1alar que Ramos Sucre busca el \u201cvalor impersonal\u201d de la escritura \u201c al posponer el uso del adjetivo al sustantivo, en lugar de anteponerlo con su carga emocional y subjetiva\u201d . Por lo cual \u201cHay aqu\u00ed un vuelco sensible respecto a la est\u00e9tica modernista, lo que aproxima al autor a la est\u00e9tica del vanguardismo. Pero como tal vuelco se hace utilizando los mismos recursos del modernismo, se instauran ambig\u00fcedades en la recepci\u00f3n del mensaje\u201d.<sup>19<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Oponiendo las formas po\u00e9ticas de Ramos Sucre a los dictados del surrealismo, Ludovico Silva tiene esta importante advertencia: \u201cPara \u00e9l la labor literaria implica un arduo trabajo consciente. En este sentido, su temperamento es cl\u00e1sico\u201d.<sup>20<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, ya Carlos Augusto Le\u00f3n hab\u00eda advertido: \u201cCuando los escritores j\u00f3venes abrieron la \u201cV\u00e1lvula\u201d, por donde escapar\u00eda, a trazar remolinos y extra\u00f1as formas en el aire, la contenida inquietud de las nuevas generaciones, Ramos Sucre les dio muestras de est\u00edmulos y simpat\u00eda. En el primer n\u00famero de la revista v\u00e1lvula, primero y \u00fanico, hay un poema suyo. Fue \u00e9l quien inst\u00f3 a los j\u00f3venes a fundar una religi\u00f3n sin sacrificio, sin clero y sin altar. Esa suerte de llamado ten\u00eda en sus labios sonido de clarines\u201d.<sup>21<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Tres ensayistas \u2014Gustavo Luis Carrera, Oswaldo Larraz\u00e1bal Henr\u00edquez y Argenis P\u00e9rez H.\u2014 est\u00e1n de acuerdo, por su parte en reconocer la ascendencia rom\u00e1ntica del sistema po\u00e9tico de Ramos Sucre. Para Gustavo Luis Carrera el simbolismo de Ramos Sucre es de clara estirpe rom\u00e1ntica. As\u00ed, al profundizar en las vinculaciones simb\u00f3licas del poeta, como una forma de expresi\u00f3n rom\u00e1ntica, observa que en sus textos sobresale \u201cla importancia b\u00e1sica del s\u00edmbolo como sustento an\u00edmico e instrumental\u201d, y que no se trata solamente \u201cdel recurso simb\u00f3lico como parte constitutiva de un modo de creaci\u00f3n caracterizado en su producto final\u201d<sup>22<\/sup>. Para lo cual ayuda, en toda tentativa \u201cde acercamiento conceptual a la obra po\u00e9tica de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre: sus propias entregas, dispersas y no pocas veces oblicuas, de autocaracterizaci\u00f3n espiritual y sensible en funci\u00f3n de la escritura\u201d.<sup>23<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ese s\u00edmbolo, caracterizador del discurso po\u00e9tico, afirma su expresi\u00f3n en fundamentales ra\u00edces de tipo rom\u00e1ntico. Se trata, en definitiva, de un evidente \u201ccuadro de caracterizada sensibilidad rom\u00e1ntica\u201d que encuentra un \u201cinvalorable refuerzo\u201d en el \u201c auto perfil\u201d del poeta\u201d.<sup>24<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Esta v\u00eda de acercamiento \u201c entre la noci\u00f3n del s\u00edmbolo sostenida por los rom\u00e1nticos y la evidenciada, y hasta declarada, por Ramos Sucre, puede conducir a significativos resultados\u201d<sup>25<\/sup>. Pero se aclara, a este prop\u00f3sito, que \u201caun en la m\u00e1s pura coincidencia espiritual y est\u00e9tica con la postura rom\u00e1ntica, Ramos Sucre no pod\u00eda dejar de ser hombre de su \u00e9poca, curado del espejismo de la ret\u00f3rica y del artificio de la belleza vacua de la palabra por la palabra\u201d.<sup>26<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>A estas alturas el ensayista da por resuelto \u201cun cuadro de evidente conexi\u00f3n doctrinaria y simb\u00f3lica de nuestro poeta con postulados rom\u00e1nticos\u201d ; pero de tales consideraciones tambi\u00e9n se deriva algo que debe subrayarse: \u201cen la producci\u00f3n po\u00e9tica de Ramos Sucre, el s\u00edmbolo llega a ser el \u00fanico verdadero sustento est\u00e9tico definido y suficiente como para servir de columna b\u00e1sica de su obra de quim\u00e9rica huida, como \u00e9l mismo la llam\u00f3 alguna vez\u201d<sup>27<\/sup>. \u201cA fin de cuentas \u2014concluye Carrera\u2014, no debe sorprender la profunda y decisiva correspondencia entre Ramos Sucre y la est\u00e9tica rom\u00e1ntica del sue\u00f1o, de la subjetividad y del s\u00edmbolo\u201d<sup>28<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro del mismo contexto ideol\u00f3gico anteriormente expuesto, se muestra Oswaldo Larraz\u00e1bal Henr\u00edquez en su ensayo titulado \u201cBuscando la huella de la expresi\u00f3n po\u00e9tica de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre\u201d , presentado, lo mismo que el de Carrera, en el III Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana. S\u00f3lo que Larraz\u00e1bal hace hincapi\u00e9 en la vinculaci\u00f3n rom\u00e1ntica de Ramos Sucre con un nutrido grupo de poetas venezolanos que le antecedieron o fueron contempor\u00e1neos. Tal es el caso, entre otros, de Cruz Mar\u00eda Salmer\u00f3n Acosta y Luis Enrique M\u00e1rmol, que junto con Ramos Sucre podr\u00edan ser llamados \u201cpoetas de lo predestinado, poetas de la desgracia vital\u201d<sup>29<\/sup>, que no deja de ser un elemento de connotaci\u00f3n rom\u00e1ntica.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, el mismo Larraz\u00e1bal asienta que no es cierto que Ramos Sucre fuera una especie de isla entre sus compa\u00f1eros de generaci\u00f3n o sea de aquellos que nacen alrededor del 900. \u201cQuiz\u00e1s pueda decirse que fue un diferente en su generaci\u00f3n, pero no debe se\u00f1alarse como caso aislado y hasta curioso dentro de la producci\u00f3n po\u00e9tica nacional. Las ra\u00edces po\u00e9ticas de Ramos Sucre hab\u00edan tenido un profundo arraigo en nuestra poes\u00eda, y sus consecuencias expresivas tambi\u00e9n las han tenido\u201d<sup>30<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo que respecta a su grupo generacional, Ramos Sucre difiere de Jacinto Fombona Pachano, de Andr\u00e9s Eloy Blanco, de Fernando Paz Castillo, de Luis Barrios Cruz, de Enrique Planchart, de Enrique Soublette, de Juan Santaella, de Sergio Medina y de Jos\u00e9 Tadeo Arreaza Calatrava, quienes constituyen el n\u00facleo central de los poetas representativos de aquella generaci\u00f3n. Pero por las mismas razones que se diferencia de los nombrados se asemeja a Luis Enrique M\u00e1rmol y a Cruz Mar\u00eda Salmer\u00f3n Acosta, por razones que son de orden existencial y m\u00e1s de contenido que de forma po\u00e9tica\u201d<sup>31<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Larraz\u00e1bal acude a la forma c\u00f3mo se expresa Ramos Sucre para significar su diferencia con sus compa\u00f1eros; y por ella concluye en que \u201cpodr\u00eda decirse que Ramos Sucre pasa de una esencia rom\u00e1ntica a una expresi\u00f3n decantada modernista que lo lleva a un claro parnasianismo\u201d<sup>32<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCon esto aclarado \u2014contin\u00faa Larraz\u00e1bal\u2014 puede establecerse toda una l\u00ednea de seguimiento en la forma expresiva de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre a partir de textos conocidos y significativos que permiten determinar su presencia expresiva y su angustia existencial en ejemplos hist\u00f3ricos dentro de la poes\u00eda venezolana\u201d<sup>33<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tales huellas se encuentran, seg\u00fan el ensayista, aun en los primeros rom\u00e1nticos, como es el caso de Abiga\u00edl Lozano con su poema \u201cA la noche\u201d. Igual ocurre entre los poetas del llamado segundo romanticismo, con Miguel S\u00e1nchez Pesquera y su poema \u201cLa tumba del marino\u201d. Con mayor precisi\u00f3n se verifica esta vinculaci\u00f3n con una de las grandes figuras parnasianas de Venezuela, Gabriel Mu\u00f1oz y su poema \u201cEn el cementerio\u201d. Hay semejanzas tambi\u00e9n con Alfredo Arvelo Larriva y su poema \u201cEl Guijarro\u201d; \u201cy trat\u00e1ndose de los posteriores el vanguardismo de Otto De Sola tiene una firme base de contenido, de expresi\u00f3n y de intenci\u00f3n con la poes\u00eda de Ramos Sucre\u201d<sup>34<\/sup>. Otros se\u00f1alamientos se hacen con respecto a Juan Antonio P\u00e9rez Bonalde; y entre sus coet\u00e1neos se mencionan a Jacinto Guti\u00e9rrez Coll y Juan Miguel Alarc\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s enf\u00e1tico al respecto en la vinculaci\u00f3n de Ramos Sucre y el romanticismo se muestra Argenis P\u00e9rez H. \u201cLa est\u00e9tica rom\u00e1ntica de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre\u201d titula el ensayo que dedica a la materia. Su visi\u00f3n personal del quehacer po\u00e9tico de Ramos Sucre \u2014dice\u2014 se dirige a intentar demostrar \u201cla funcionalidad est\u00e9tica de los c\u00f3digos rom\u00e1nticos en los signos art\u00edsticos de nuestro poeta, como premisa indispensable para comprender su modernidad\u201d<sup>35<\/sup>. Con lo cual da como un hecho la premisa del contenido rom\u00e1ntico en la poes\u00eda de Ramos Sucre. Por eso habr\u00e1 de afirmar, como conclusi\u00f3n de su estudio, que la escritura del poeta venezolano \u201ctiene su origen en las fuentes de la l\u00edrica moderna de occidente: el romanticismo de ra\u00edz alemana. De all\u00ed arranca, a su vez, el sistema po\u00e9tico y la originalidad imperturbable de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre\u201d<sup>36<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente hay que poner de relieve cierta exageraci\u00f3n cr\u00edtica, no asentada en fundamentos razonables, al se\u00f1alar a Ramos Sucre como un ejemplo del surrealismo venezolano en la d\u00e9cada del 20, seg\u00fan sugiere Stefan Baciu en su <em>Antolog\u00eda de la poes\u00eda surrealista latinoamericana <\/em>(1974). Es una apreciaci\u00f3n inexacta, en efecto, como conviene en se\u00f1alar \u00c1ngel Rama al observar que, de este modo, Ramos Sucre pasa \u201c a la todav\u00eda m\u00e1s equ\u00edvoca categor\u00eda de precursor del surrealismo\u201d<sup>37<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>En todo caso \u2014y es acertado comentarlo\u2014 Ramos Sucre constituye un antecedente de la poes\u00eda de a\u00f1os posteriores que se escribe en Venezuela, no s\u00f3lo por el valor de novedad de su poes\u00eda, no del todo discernida justamente en su momento hist\u00f3rico, sino principalmente por el af\u00e1n de universalidad en su expresi\u00f3n y contenido que lo llev\u00f3 a la b\u00fasqueda de fuentes literarias m\u00e1s all\u00e1 del esquema localista que le brindaban las letras de su propio pa\u00eds; y quiz\u00e1s, tambi\u00e9n, por su cerrado y pertinaz individualismo, de impenetrable soledad \u2014en lo personal\u2014 frente a la indagaci\u00f3n externa. Ya est\u00e1 dicho que su ubicaci\u00f3n encuadra mejor en cierta corriente del simbolismo franc\u00e9s, por entonces no enteramente definida en nuestro medio, y a su tendencia por conseguir una expresi\u00f3n propia, original, que se separara de las formas comunes del modernismo o del postmodernismo entonces en boga entre nosotros, o de la corriente del criollismo que por esos a\u00f1os preconizaran con tanto entusiasmo Urbaneja Achelpohl y sus compa\u00f1eros de contienda literaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, conviene adelantarse en se\u00f1alar que la obra de Ramos Sucre se realiza totalmente en un per\u00edodo caracter\u00edstico de la poes\u00eda venezolana: el que va del modernismo al postmodernismo y de \u00e9ste a las nuevas formas insurgentes de la vanguardia. Pero movido por un intransigente individualismo que lo acompa\u00f1ar\u00e1 toda la vida, la tendencia creadora del poeta no se inscribir\u00e1 definitivamente en ninguna de esas tres corrientes manifiestas, sin dejar por eso de apreciarlas y de brindarles consideraci\u00f3n y cercan\u00eda. Optar\u00e1 por el contrario, intentar el desarrollo singular de una personal manifestaci\u00f3n po\u00e9tica, refractaria a la alineaci\u00f3n de grupos. Buscar\u00e1 ubicarse, as\u00ed, en una l\u00ednea expresiva de muy espec\u00edficas caracter\u00edsticas. El aliento le viene de otra parte, de muy lejos, como ya se ha dicho.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, Ramos Sucre no est\u00e1, tampoco, demasiado distante del modernismo. Cierta percepci\u00f3n de su escritura nos acerca a esa experiencia, especialmente en cuanto al cuido de la forma (derivada igualmente de los parnasianos) como al proceso seguido en el uso de la adjetivaci\u00f3n. Podr\u00eda pensarse que son elementos externos al fondo mismo de la poes\u00eda, pero elementos al fin que juegan un papel fundamental en la factura del poema. En todo caso hay que advertir que el modernismo de Ramos Sucre es, al mismo tiempo, distinto, por ejemplo, del de Arreaza Calatrava y Alfredo Arvelo Larriva. Y expresamente distante del criollismo de Urbaneja Achelpohl. Un ejemplo de similitud entre esta po\u00e9tica y la de otros modernistas, en este caso espa\u00f1oles, que tuvieron tambi\u00e9n su fuente en el simbolismo franc\u00e9s, lo hallamos en el caso de Don Ram\u00f3n del Valle Incl\u00e1n, especialmente en las <em>Sonatas de Oto\u00f1o<\/em>. Valdr\u00eda la pena intentar un esclarecimiento de estas afinidades l\u00edricas. All\u00ed tenemos aguas de la mejor densidad para bucear. Eso significar\u00eda algo nuevo sobre Ramos Sucre. Para lo cual ser\u00eda necesario tomar en cuenta las necesarias variaciones motivadoras, y agregar a ello cualidades de \u201ctempo\u201d , de \u201critmo\u201d, de \u201ctemperamento\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En todo caso, las consecuencias de la actitud y la orientaci\u00f3n del poeta venezolano, s\u00f3lo se ver\u00e1n m\u00e1s tarde con entera y precisa perspectiva. Mientras tanto la voz de Nerval parece o\u00edrse, all\u00e1 en el fondo remoto del mundo po\u00e9tico de Ramos Sucre; lo mismo que suceder\u00e1 en la iniciaci\u00f3n y en algunos rasgos maduros de la poes\u00eda de Enrique Planchart, como ya hemos dicho. Ambos poetas, cada uno en su estilo y por rumbo propio, buscaron en las fuentes de origen franc\u00e9s los fundamentos esenciales de su creaci\u00f3n l\u00edrica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LA SOLEDAD CREADORA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Vida y poes\u00eda se manifiestan con mayor intensidad en el caso de Ramos Sucre. Es imposible tratar de desvincular una cosa de la otra. Para conocer la vida del poeta, la vida entera y verdadera, sobre todo en la tr\u00e1gica dimensi\u00f3n que asumi\u00f3 como desolado y fat\u00eddico testimonio, hay que acudir a sus poemas todos, a sus libros, porque en ellos \u2014y s\u00f3lo en ellos\u2014 encontraremos la palpitaci\u00f3n ver\u00eddica de aquel ser de tan ardida y vibradora poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ramos Sucre, el solitario en permanente exilio, es una constante, desde luego,en los estudios sobre el poeta, como una identificaci\u00f3n entre su vida y su obra. Ya en Trizas de papel, luego recogido en La Torre de Tim\u00f3n, est\u00e1 su \u201cElogio de la soledad\u201d , como punto de partida para enjuiciar este sentimiento persistente de su poes\u00eda. Pero tal vez sea su poema \u201cEl solter\u00f3n\u201d, de <em>La Torre de Tim\u00f3n<\/em>, el que contenga lo que puede considerarse como confesi\u00f3n raigal en torno a la soledad del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte est\u00e1n sus cartas, tan pat\u00e9ticamente descarnadas, que son un clamor, un asidero, para luchar contra la soledad y por donde se siente cruzar, lo mismo que en su poes\u00eda, \u201cla amenaza del tiempo y de la soledad\u201d. Sin embargo, a pesar de todo y pese al insistente rumor que corre sobre esta circunstancia, hay que recordar que desde el punto de vista material y espiritual el poeta no estaba solo, su soledad era de otra especie, y as\u00ed lo demuestra la admiraci\u00f3n, el respeto y el afecto que le tributaban sus compa\u00f1eros de letras, sus contempor\u00e1neos y sus alumnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en otra parte de este pr\u00f3logo nos hemos referido a las amistades que Ramos Sucre tuvo en Caracas, y a que no estaba desligado del ambiente literario de la \u00e9poca, participando en las tertulias y reuniones que hac\u00edan los intelectuales de entonces. Su soledad era una soledad interior. \u201cRamos Sucre no estaba solo, en el sentido de aislado o segregado (&#8230;) En el precario ambiente cultural de entonces (&#8230;) ten\u00eda la admiraci\u00f3n, el cari\u00f1o de sus compa\u00f1eros de letras, de sus amigos, de sus \u201cpaisanos\u201d. Era, por otra parte, cordial y amigo de conversar. Hasta nuestro tiempo llega el eco de sus dichos\u201c. Fue un solitario, pero no hosco ni sombr\u00edo, sino m\u00e1s bien risue\u00f1o y locuaz\u201d , dijo D. Badaraco Berm\u00fadez en julio de 1930, nada menos que ante la tierra de Cuman\u00e1 que se abr\u00eda para recibir los restos del \u201ccuman\u00e9s insigne\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEso coincide con el recuerdo que guardan quienes estuvieron cerca de \u00e9l: Paz Castillo, Sotillo \u2014en El Universal, que \u00e9ste dirig\u00eda, publicaba Ramos Sucre sus poemas\u2014 , Arroyo Lameda, Mijares, sus conterr\u00e1neos los Mart\u00ednez Centeno, Dionisio L\u00f3pez Orihuela. As\u00ed lo quisieron y admiraron R\u00f3mulo Gallegos, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, Julio y Enrique Planchart, Rodolfo Moleiro, Jos\u00e9 Tadeo Arreaza Calatrava, Andr\u00e9s Eloy Blanco, su fraterno Salmer\u00f3n Acosta y otros, ya f\u00edsicamente desaparecidos. As\u00ed lo conocimos. No estaba, pues, \u201csolo\u201d. Solo estaba, sin duda, el \u201cmundo de letras\u201d como tal, isla de tenue luz en medio a la sombr\u00eda represi\u00f3n erigida en sistema. As\u00ed ha estado, por lo dem\u00e1s, casi siempre en nuestra historia\u201d.<sup>38<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSu soledad no acepta explicaciones f\u00e1ciles. No era un solitario \u201csolo\u201d \u2014valga el pleonasmo\u2014 sino rodeado de amigos y familiares. No era un solitario porque su obra no se comprendiese, ni porque \u201cidealizaba\u201d a la mujer, sino aparte de todo eso. (Y esto no niega, sino afirma la presencia del hosco ambiente, su influencia sutil y profunda. \u00bfDe d\u00f3nde vino su soledad impenetrable\u201d? se pregunta Carlos Augusto Le\u00f3n).<sup>39<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ya ha sido anotado que la inmersi\u00f3n de Ramos Sucre en la b\u00fasqueda y el aquilatamiento de su cultura, lo condujo con mayor empe\u00f1o hacia el retraimiento y la soledad, afirm\u00e1ndose cada vez m\u00e1s en su desarraigo y evasi\u00f3n. Fue el alto precio que tuvo que pagar por su conducta de inconforme perenne. Al respecto se manifiesta \u00c1ngel Rama de este modo: \u201cLa corona que rodea a Ramos Sucre insiste en su soledad altiva, en su plural conocimiento de lenguas extranjeras, en su amplia y variada lectura que hizo de \u00e9l uno de los hombres cultos bien equipados intelectualmente (&#8230;) Es sabido que esa devoci\u00f3n la<br>pag\u00f3 con soledad y sufrimiento\u201d.<sup>40<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ya se ha definido, con bastante frecuencia, la poes\u00eda de Ramos Sucre como la de un solitario. Pero \u00bfqu\u00e9 poeta no lo es? Sin embargo en Ramos Sucre la soledad es m\u00e1s entra\u00f1able, m\u00e1s apartadiza, m\u00e1s ensimismada, m\u00e1s doliente y dram\u00e1tica. \u201cSer solitario \u2014expresa Carlos Augusto Le\u00f3n\u2014 es algo m\u00e1s que estar solo. Es tener una soledad donde los otros no pueden penetrar, semejante a la que rodea, en su m\u00e1s hondo sentido, al nacimiento y a la muerte. Es en cierto modo una voluntad de estar solo, agravada \u2014tal es el caso\u2014 por influencias exteriores, pero que no arranca necesaria ni \u00fanicamente de ellas\u201d.<sup>41<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>El poeta define desde el principio, en <em>La Torre de Tim\u00f3n<\/em> el \u00e1mbito de su poes\u00eda. Ya el propio t\u00edtulo del libro alude a esa circunstancia: soledad y evasi\u00f3n en el c\u00edrculo cerrado de la Torre de marfil. Por eso afirma Ludovico Silva: \u201cJos\u00e9 Antonio Ramos Sucre es probablemente el poeta venezolano que mayormente ha experimentado y descrito el sentimiento de la soledad\u201d<sup>42<\/sup>. P\u00e9rez Perdomo, a su turno, hab\u00eda expresado que \u201c Ramos Sucre es un poeta alucinado que sufre en su soledad\u201d.<sup>43<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>A su vez, para Fernando Paz Castillo, gen\u00e9ricamente, Ramos Sucre es \u201cEl solitario de La Torre de Tim\u00f3n\u201d , que en 1925 vive \u201cen su torre, anacr\u00f3nicamente en su torre de libros, ajeno a la vida cotidiana y a la vida moderna\u201d. Para justificar y escudarse en su retraimiento repet\u00eda: \u201cmis maestros vienen de muy lejos\u201d , \u201cpero, cosa rara, este esp\u00edritu recio, esta alma asc\u00e9tica, tiene una emotividad enfermiza de escritor moderno\u201d. Esto dice Paz Castillo situando al poeta en la \u00e9poca tumultuosa y estridente de los comienzos de la vanguardia en Venezuela.<sup>44<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La soledad es as\u00ed uno de los temas fundamentales de la poes\u00eda de Ramos Sucre. De esta forma fue advertido, en vida del poeta, por sus contempor\u00e1neos compa\u00f1eros y cr\u00edticos que se encargaron de estudiar con empe\u00f1o y simpat\u00eda su obra. Asimismo se expresa Carlos Augusto Le\u00f3n en <em>Las Piedras M\u00e1gicas<\/em> (1945), dedic\u00e1ndole un cap\u00edtulo al tratamiento especial del punto, bajo el t\u00edtulo de \u201cLa soledad sin remedio\u201d, en forma esclarecedora y anal\u00edtica. Fernando Paz Castillo retoma el tema, ya insinuado en sus primeros estudios, y completa su visi\u00f3n del mismo en el op\u00fasculo sobre el poeta que titul\u00f3, precisamente, Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, el solitario de \u201cLa Torre de Tim\u00f3n\u201d (1973). <\/p>\n\n\n\n<p>Entre los cr\u00edticos de las \u00faltimas generaciones Ludovico Silva aporta nuevos elementos para la consideraci\u00f3n cr\u00edtica del tema. Al efecto expresa que en el poeta coexist\u00edan dos personajes en tensi\u00f3n galv\u00e1nica. \u201cEran su Yo personal y su Yo hist\u00f3rico. Semejante dicotom\u00eda constituye, a mi juicio, la huella fundamental que aquel gran poeta dej\u00f3 en sus libros. El sentimiento com\u00fan a esos dos personajes era el de la soledad. Porque si el Yo personal, de clara naturaleza f\u00e1ustica, conduc\u00eda lentamente al poeta hacia esas \u201cvac\u00edas tinieblas\u201d de que nos habla desde el Preludio de su primer libro, tambi\u00e9n el otro Yo, el hist\u00f3rico, lo conduc\u00eda insensiblemente al suicidio mental\u201d.<sup>45<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>En parecida t\u00f3nica escribe Carlos Augusto Le\u00f3n en <em>Las Piedras M\u00e1gicas<\/em> (1945): \u201cEn Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre actuaron, en un comienzo, razones de ambiente, influencias externas, las cuales, unidas a su tremenda vocaci\u00f3n de saber, lo llevaron a la soledad\u201d. Por eso, \u201cNos dej\u00f3 en su obra la historia de una soledad sin remedio y del tremendo esfuerzo por evadirse de su lucha contra el tiempo y el espacio, de su ca\u00edda sobre la tierra de donde pensaba alejarse\u201d.<sup>46<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, \u201cno todo en s\u00ed fue evasi\u00f3n\u201d. Porque \u201csu soledad ten\u00eda los ojos abiertos. Abierto al mundo estaba su solitario coraz\u00f3n\u201d<sup>47<\/sup>. De all\u00ed el tormento y el dolor de su vida diaria, frente a un mundo enemigo y extra\u00f1o. Por la v\u00eda del estudio y del conocimiento fue distanci\u00e1ndose y aisl\u00e1ndose en la cerrada noche de su soledad. Ciertamente, como escribe Ludovico Silva, \u201cacumul\u00f3 una suma de saber human\u00edstico que, parad\u00f3jicamente, termin\u00f3 por hacerlo sentirse solo, como una isla abandonada\u201d.<sup>48<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><strong>LA DESOLADA COMPETENCIA: EL DESARRAIGO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El tema de la evasi\u00f3n en los poetas modernistas es la huida de la realidad hacia otro tiempo y otro espacio. Se configura, de esta forma, una especie de irrealidad po\u00e9tica: la creaci\u00f3n misma. El fen\u00f3meno en el caso de Ramos Sucre, tiene otro car\u00e1cter, otras dimensiones y distinta significaci\u00f3n. A este respecto observa Francisco P\u00e9rez Perdomo: \u201cEn el proceso fabulador de Ramos Sucre se establece una extra\u00f1a corriente y reciprocidad entre lo real e imaginario, o viceversa, moviliz\u00e1ndose lo inm\u00f3vil e inmoviliz\u00e1ndose la movible\u201d<sup>49<\/sup>. Con parecida referencia se hab\u00eda pronunciado a su vez Augusto Mijares al decir \u201cAnotemos el poder con que el autor maneja el movimiento y el reposo\u201d<sup>50<\/sup>. Con otra intuici\u00f3n semejante se expresaba el mismo Augusto Mijares al se\u00f1alar que el poeta \u201cconvive con los personajes de Dante, Shakespeare y Homero y quiere afirmar que en ellos tienen una realidad m\u00e1s cierta y m\u00e1s leg\u00edtima que la del transe\u00fante callejero\u201d<sup>51<\/sup>. Y el propio Carlos Augusto Le\u00f3n, hab\u00eda escrito en <em>Las Piedras M\u00e1gicas<\/em>: \u201cuna vasta muchedumbre de desventurados, en inn\u00fameros pa\u00edses de dolor, forman la obra de Ramos Sucre. \u00a1Tantas desventuras juntas no son sino mil rostros de la suya verdadera\u201d<sup>52<\/sup>. <\/p>\n\n\n\n<p>El mismo P\u00e9rez Perdomo, en fecha m\u00e1s reciente a la de Mijares, coincide en se\u00f1alar: \u201cSon las suyas, como hemos visto, figuraciones que corren a menudo en planos reales y paralelamente imaginarios, que se invaden y en \u00faltima instancia se supeditan mientras que en otros casos esas categor\u00edas permanecen inc\u00f3lumes, estables en su existencia, y lo real y lo imaginario se mueven sin subordinarse, no obstante sus intensas oscilaciones y relaciones\u201d.<sup>53<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>De este modo se manifiesta una de las m\u00e1s caracter\u00edsticas, originales y ricas modulaciones expresivas de lo po\u00e9tico en Ramos Sucre, y, al mismo tiempo, una variante de la intensa vibraci\u00f3n interior que lo mov\u00eda a verter en el poema aquella desolada inclinaci\u00f3n a la huida de la \u00e1spera inminencia de la realidad que atormentaba su esp\u00edritu sensible.<\/p>\n\n\n\n<p>De all\u00ed que la evasi\u00f3n y el cosmopolitismo \u2014extremos de una misma y \u00fanica confluencia: el escapismo ante el tormento de la vida cotidiana\u2014 han sido temas constantes en el enjuiciamiento cr\u00edtico de Ramos Sucre. Pero hay que aclarar \u2014si hiciere falta\u2014 que ni evasi\u00f3n ni cosmopolitismo pueden ser un reproche literario en el caso de Ramos Sucre. Simplemente denotan la constataci\u00f3n de un hecho creador, porque, en definitiva, ambas manifestaciones son formas v\u00e1lidas plenamente en el \u00e1mbito de la creaci\u00f3n literaria, como lo es, a su vez, el regionalismo o la tendencia nativista, una de las alternativas presentes en el momento venezolano en que el poeta hace acto de presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Su desarraigo, tan manifiesto y enervante, no es pues, simple met\u00e1fora o mera formulaci\u00f3n est\u00e9tica (como pudo ser en el caso de los modernistas la evasi\u00f3n), sino un sentimiento poderoso que domina desde la propia intimidad del ser, en forma desgarrada y dram\u00e1tica, con luctuoso y sensitivo clamor. Por eso, m\u00e1s que una simple evasi\u00f3n est\u00e9tica, asumida en favor del arte por el arte y el cultivo de la torre de marfil, la manifestaci\u00f3n vital del poeta que trasciende a su arte es la del desarraigo. De all\u00ed lo dicho por Francisco P\u00e9rez Perdomo: \u201c&#8230; la rareza de Ramos Sucre no se manifiesta como en muchos de los parnasianos y simbolistas franceses que seguramente ley\u00f3 con devoci\u00f3n, en alguna se\u00f1alada excentricidad sino en un consciente desarraigo\u201d.<sup>54<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>De ese hecho deriva, precisamente, el drama permanente de su vida, que por igual afect\u00f3 \u2014y trascendi\u00f3\u2014 su conducta existencial y su poes\u00eda. Y el desarraigo es mayor cuando toca al \u00e1mbito de una sensibilidad exacerbada como la suya, v\u00edctima del insomnio y de su enfermiza b\u00fasqueda de soledad. \u201cEn toda la poes\u00eda de Ramos Sucre \u2014se\u00f1ala Osvaldo Larraz\u00e1bal Henr\u00edquez\u2014es posible destacar la manifiesta incompatibilidad entre \u00e9l mismo y el mundo que le toc\u00f3 vivir\u201d. De esta manera Ramos Sucre \u201cser\u00eda un inconforme, pero un inconforme sui g\u00e9neris, ya que no pudo adaptar el mundo a sus ideales\u201d.<sup>55<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Y m\u00e1s concreto a\u00fan, se afirmar\u00e1 con \u00e9nfasis: \u201cTodo lo que Ramos Sucre consigna parece pertenecer a un esquema predeterminado por \u00e9l mismo para trasladar su yo angustiado ante una realidad que no puede condicionar con su modo de vida, pero que necesita expresar como manera de liberaci\u00f3n humana\u201d<sup>56<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Gustavo Luis Carrera, Ramos Sucre es \u201caquel irreductible habitante de reinos distantes, siempre en lo alto y siempre a solas\u201d<sup>57<\/sup>. Sobre este punto observar\u00e1 \u00c1ngel Rama que se trata \u201cde un poeta que busc\u00f3 paisajes ex\u00f3ticos, revisti\u00f3 historias mitol\u00f3gicas, se traslad\u00f3 a culturas distantes\u201d, como v\u00eda para huir de aquella realidad que lo lastimaba tanto, como expresa en el \u201cPreludio\u201d de La Torre de Tim\u00f3n\u201d: \u201cPorque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta<br>amarguras\u201d<sup>58<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo ser\u00eda pertinente estar de acuerdo con F\u00e9lix Armando N\u00fa\u00f1ez, cuando escribe que \u201cNo nos curamos de lo que nos obsesiona sino sublim\u00e1ndolo de alguna manera, o por evasi\u00f3n imaginativa\u201d , como se evidencia en el caso del poeta venezolano, para el cual la violencia cotidiana constitu\u00eda la principal causa de evasi\u00f3n.<sup>59<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Aquel mundo de afuera, en permanente enfrentamiento a su mundo interior, enardec\u00eda su car\u00e1cter y temperamento, con el consiguiente rechazo simult\u00e1neo. Era tambi\u00e9n una manera de acercarse a las formas del misterio que procura la imaginaci\u00f3n creadora. Al mismo tiempo el poeta busca \u2014mediante el juego de la fantas\u00eda\u2014 transformar el mundo exterior en un mundo interior, que se recrea sobre el paisaje de la propia desolaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra era entonces, la proyecci\u00f3n del \u201cyo\u201d personal en la pura realidad literaria. \u201cEn la poes\u00eda, \u2014nos dice Jos\u00e9 Balza\u2014 Ramos Sucre propondr\u00eda un mundo paralelo (pero tramado en cada l\u00ednea que escribiera) sobre concepto y ejecuci\u00f3n de la escritura\u201d.<sup>60<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ya Paz Castillo se hab\u00eda expresado en parecidos t\u00e9rminos en 1930: \u201cPara el autor de <em>La Torre de Tim\u00f3n<\/em> el mundo exterior no existe. La vida para \u00e9l es una serie de cerebraciones m\u00e1s o menos arbitrarias: digo la vida y no el arte, porque su arte es un traslado fiel de su manera de vivir, incomprendida y mani\u00e1tica\u201d.<sup>61<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Sobre su fuga en el tiempo advierte Jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez: \u201cRamos Sucre odia el activismo, el despliegue del yo sobre la masa social y el ambiente contempor\u00e1neo, fluct\u00faa entre la aceptaci\u00f3n hostil de la actualidad y el goce y la infecci\u00f3n de lo remotamente acaecido. Beatriz, Don Quijote, Kligsor, Ulises, Amad\u00eds, Nausicaa o Pen\u00e9lope son sus personajes, su contemporaneidad mitologizada, en vez de Rub\u00e9n Dar\u00edo, Clemenceau, Juan Vicente G\u00f3mez o las hero\u00ednas dannunzianas. Hay en \u00e9l una adhesi\u00f3n vol\u00e1til a la realidad, en atisbo de lo que ya fue y est\u00e1 precipitado y de cuyas cenizas puede componerse una nueva figura, reconstruirse una cr\u00f3nica fabulosa, engrandecer formas ya mutiladas o en exterminio\u201d. No es el presente real sino otro tiempo al que acude el poeta para instaurar sus efusiones po\u00e9ticas, en forma tal que al trav\u00e9s de su prosa \u201cse han juntado idioma y universo en una representaci\u00f3n incompatible con la cruda riqueza de la actualidad y del emplazamento testimonial\u201d.<sup>62<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Refiri\u00e9ndose al contraste entre el poeta y el ambiente hist\u00f3rico que le toca enfrentar, Ludovico Silva se\u00f1ala por su parte que su mundo era \u201cun mundo introyectado y lanzado hacia las paredes del alma, un acorralamiento existencial propio de una mente alucinada. Pero ello no significa que el mundo circundante no haya influido en esa alma atormentada. A veces el rechazo total es tambi\u00e9n la total respuesta (&#8230;) Esa respuesta que, dial\u00e9cticamente, se presenta como un rechazo, constituye uno de los rasgos m\u00e1s genuinos de la poes\u00eda de Ramos Sucre\u201d.<sup>63<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Precisando el alcance de la evasi\u00f3n en Ramos Sucre, Guillermo Sucre observa que su obra \u201cno es ni una elaboraci\u00f3n candorosa, regocijada en s\u00ed misma, ni una elaboraci\u00f3n preciosista\u201d. Advierte que \u201ces cierto que casi todos sus poemas est\u00e1n inspirados en temas del pasado, y de un pasado americano. Pero nada o muy poco hay en ello de recreaci\u00f3n arqueol\u00f3gica, a la manera de muchos modernistas, ni tampoco de b\u00fasqueda de un color local, a la manera de los rom\u00e1nticos. Sus poemas no son \u201chel\u00e9nicos\u201d ni \u201cromanos\u201d, \u201cmedievales\u201d o \u201c renacentistas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Insiste Sucre que \u201c su procedimiento y sus objetivos son distintos: de la historia o de la literatura misma tomaba unos pocos elementos, un pormenor o un detalle todav\u00eda no congelado por la erudici\u00f3n o susceptible de ser visto como una experiencia todav\u00eda viva, y con ellos creaba una situaci\u00f3n nueva. Esta situaci\u00f3n tiene con frecuencia un car\u00e1cter novelesco: hay una cierta trama, una acci\u00f3n y personaje, reconocibles o no en su identidad. La situaci\u00f3n puede ser expl\u00edcita o impl\u00edcitamente discernible en sus fuentes (Homero, Virgilio, Dante, Shakespeare, Cervantes, la literatura caballeresca, la poes\u00eda provenzal, la c\u00e1bala y la alquimia, la historia de Espa\u00f1a, la Edad Media, el Renacimiento, etc.), pero tambi\u00e9n puede ser m\u00e1s ambigua y aun desdibujada, hasta el punto de que el lector no llega a precisar del todo si est\u00e1 en el pasado o en el presente\u201d.<sup>64<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>El principio de la evasi\u00f3n comienza en plena adolescencia, cuando la lectura sustituye todo otro goce de la edad y lo declara un solitario. Busca amparo, sobre todo en la Mitolog\u00eda y en la Historia. La Historia, especialmente, va a brindarle, al principio, un camino propicio para su desasimiento de la realidad for\u00e1nea, y m\u00e1s tarde \u201cuna salida a su tormento\u201d. \u201cLa historia fue para \u00e9l escala de evasi\u00f3n. Se dio a evocar tiempos y pa\u00edses lejanos, para escapar a la tremenda realidad\u201d.<sup>65<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDe otras \u00e9pocas se sent\u00eda \u00e9l. Golpeado por s\u00ed mismo, por el duro ambiente, mir\u00f3 hacia los tiempos idos. Era una forma de evadirse, una forma de olvidar, el pensar en aquellos tiempos, el reconstruir sus hombres y sus cosas\u201d.<sup>66<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Por eso no es dif\u00edcil concluir en que \u201cla imaginaci\u00f3n po\u00e9tica en Ramos Sucre se aparta de lo real, recurriendo (&#8230;) a la nostalgia del pasado y a los espacios est\u00e9ticos que le ofrece la historia literaria para realizar a nivel de coherencia est\u00e9tica la vocaci\u00f3n de su generaci\u00f3n\u201d.67<\/p>\n\n\n\n<p>Sus poemas nos trasladan a otras \u00e9pocas y a otros lugares, de extra\u00f1as sugestiones, a trav\u00e9s del s\u00edmbolo y la imagen de concisos reflejos. El uso del s\u00edmbolo es, sin duda, la manera a trav\u00e9s de la cual el poeta expresa su enmascaramiento de la realidad, o su intenci\u00f3n al menos de eludirla. <\/p>\n\n\n\n<p>Esta es una tentativa visible en Ramos Sucre: forjar otra realidad a expensas de la realidad verdadera mediante un proceso que se apoya en la imaginaci\u00f3n y el mito constante y que tiene en el s\u00edmbolo su exacto veh\u00edculo expresivo. \u201cEl s\u00edmbolo parece sugerir, y en Ramos Sucre se nos muestra con clara evidencia, espacios m\u00e1s vastos, de mayor lontananza en las edades y en las literaturas, cuanto m\u00e1s \u00e1spera sea la cifra de lo real, cuanto m\u00e1s agobiante resulte la cauda del tiempo presente. De ello surge, sin duda, esa dial\u00e9ctica de la evasi\u00f3n, que ser\u00e1 una actitud tan caracter\u00edstica del movimiento simbolista\u201d<sup>68<\/sup>, al cual adhiri\u00f3 con todas sus fuerzas de creador el temperamento atormentado del poeta de <em>Las formas del fuego<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Paz Castillo reafirma este concepto: \u201c&#8230;en \u00e9l se confunden en un plano de elevaci\u00f3n est\u00e9tica su mundo real: su peque\u00f1o mundo real y su vasto mundo de ensue\u00f1os. Nunca lleg\u00f3 a vivir, totalmente, en la realidad&#8230;\u201d<sup>69<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>El ensayista insiste en que el escapismo de Ramos Sucre, lo conduc\u00eda, por sinceridad art\u00edstica, \u201chacia un mundo inactual creado a conciencia: rinc\u00f3n umbroso de escape, vuelta acaso al medroso escondite de los primeros a\u00f1os de su juventud vigilada, retiro fabricado por su propia voluntad enferma (&#8230;) Tanta tensi\u00f3n de pensamiento, ten\u00eda, necesariamente, que estallar. Su sistema nervioso no pod\u00eda resistir, sin crujidas violentas, el m\u00e1ximum de esfuerzo a que lo somet\u00eda\u201d.<sup>70<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda el mismo Paz Castillo que Ramos Sucre sol\u00eda expresar: \u201cYo vivo en el pasado\u201d. \u201cEn un pasado que no tiene tiempo&#8230;\u201d Por eso, \u00e9l, que viv\u00eda en el pasado, all\u00ed encontraba la resonancia necesaria para ser voz de profundos clamores, el escenario o tel\u00f3n de fondo para la expresi\u00f3n virtual de su poes\u00eda. Y algo m\u00e1s: la fuerza de su creaci\u00f3n tan personal y \u00fanica, como expresa el propio Paz Castillo, resaltando esta extemporaneidad como el elemento efectivo de su concepci\u00f3n art\u00edstica.<sup>71<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Por eso el poeta se nos presenta en su obra, \u201cen momentos de su vida, real y sentimental, dentro del ambiente on\u00edrico de su arte. Ambiente creado por la lectura frecuente de Homero, de Dante, de Shakespeare, de Goethe, de Hugo y de Balzac. Por ello en sus imaginaciones abunda una mezcla de pagan\u00eda y de teolog\u00eda, y desfilan personajes que representan una idea de la Edad Media, delRenacimiento y del Romanticismo. Personajes que corresponden a una Divina Comedia, a una Leyenda de Siglos o a una Comedia Humana\u201d. Sin embargo, tampoco este mundo de abstracciones lo hace feliz. Porque el autor \u201cpertenece a la estirpe de los poetas que, como Baudelaire y Nerval, viven con una terrible nostalgia de un pasado que apenas existe en los vagos espacios de la subconsciencia. Reclaman, por ello, el consuelo de una soledad material, que tampoco llega a satisfacerlos, porque el sosiego que necesitan es el del esp\u00edritu\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa poes\u00eda es, por lo tanto, divertimiento de sus congojas y a la vez testimonio de los sufrimientos de una humanidad hermosa, pero triste, en la cual sin embargo, no falta la esperanza\u201d<sup>71<\/sup>. No es hipot\u00e9tico pensar que el poeta fuera acumulando experiencias negativas frente al proceso de acomodaci\u00f3n en el medio venezolano. Una sensibilidad como la suya siempre estaba expuesta a los m\u00e1s contradictorios enfrentamientos a un medio contrario a s\u00ed mismo, que lo negaba o persegu\u00eda, y cuya respuesta no pod\u00eda ser otra que el repliegue hacia el mundo interior, profundo y desolado.<\/p>\n\n\n\n<p>A prop\u00f3sito escribe P\u00e9rez Perdomo: \u201cEl desencanto, la vigilia y la soledad se van apoderando del poeta. Como en su poema \u201cEl extranjero\u201d, fue tambi\u00e9n \u00e9l un extranjero en su propia tierra y, por eso, resolvi\u00f3 \u201cesconderse para el sufrimiento\u201d<sup>72<\/sup>. Pero, por reversi\u00f3n, esta fuga ante la constante aspereza exterior lleva a un proceso que lo conduce en \u00faltima instancia, al robustecimiento de la individualidad. \u201cEl desarraigo y el exilio dentro de su propio pa\u00eds, a que lo condena el medio, van afirmando en Ramos Sucre a uno de los humanistas m\u00e1s s\u00f3lidos de su tiempo. Antes de los cuarenta a\u00f1os ya est\u00e1 en posesi\u00f3n de una cultura prodigiosa, acaso excesiva para su edad, y que no se constituye en peso muerto y \u00e1rido sobre su imaginaci\u00f3n creadora y la ahoga, sino que, al contrario, lo estimula y lo desencadena\u201d.<sup>73<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Como dice Jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez, \u00e9l abordaba la realidad \u201ca trav\u00e9s de lo imaginario o fabuloso, que se mueve en un escenario generalmente brumoso, ceniciento y n\u00f3rdico\u201d, los cuales \u201cson elementos para entender la vida del maldito por la poes\u00eda\u201d.<sup>74<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Esos dos planos, reales e irreales, se funden en una sola materializaci\u00f3n expresiva, donde lo fant\u00e1stico predomina sobre lo objetivo. Para P\u00e9rez Perdomo \u201cRamos Sucre se refiere generalmente a una realidad presunta e hipot\u00e9tica (a algo que por sus caracter\u00edsticas convencionales parece serlo), situada las m\u00e1s de las veces en un tiempo y espacio remotos\u201d<sup>75<\/sup>. Es el signo inequ\u00edvoco de la evasi\u00f3n que predomina en su poes\u00eda. Por lo cual se concluye \u201c que, como en los solipsistas, su realidad parece no encontrarse fuera sino dentro de \u00e9l mismo\u201d. Sin embargo no siempre la fuga imaginaria niega el tiempo o el lugar en el tiempo, ya que \u201cexisten tambi\u00e9n, sin duda, obvias y expl\u00edcitas referencias y espacios geogr\u00e1ficos y tiempos hist\u00f3ricos inmediatos, como innumerables alusiones alegorizadas de los mismos\u201d<sup>76<\/sup>. Precisamente, la alegor\u00eda dota de un atributo de cambio al poema y enmascara, a su vez, en cierta forma a la realidad aludida, o la esconde.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl movimiento, signo molesto de la realidad, perturba a Ramos Sucre\u201d , escribe Carlos Augusto Le\u00f3n. Igual cuenta el poeta cuando expresa \u201cYo quisiera estar entre vac\u00edas tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras\u201d. (Preludio. <em>La Torre de Tim\u00f3n<\/em>). \u201cToda la obra de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre es una terca insistencia en ese sentimiento\u201d, agrega Carlos Augusto Le\u00f3n. De ah\u00ed arranca, ciertamente, el proceso de la evasi\u00f3n en el poeta, porque en \u00e9l est\u00e1 vivo \u201cel odio y el desprecio para la materia, en general, pues el tormento de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, al llevarlo a la evasi\u00f3n, le se\u00f1alaba un rumbo no material, el camino del esp\u00edritu tal como \u00e9l lo conceb\u00eda en su idealismo filos\u00f3fico\u201d.<sup>77<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ramos Sucre \u2014insiste Carlos Augusto Le\u00f3n\u2014 se declar\u00f3 en rebeld\u00eda contra la vida material (&#8230;) Colocado as\u00ed, en el camino del \u201cesp\u00edritu puro\u201d, en lucha contra la materia, fue como realiz\u00f3 su obra&#8230;\u201d Es por lo cual \u201cEn su poes\u00eda (&#8230;) esa lucha asume una forma precisa. A semejanza de Prometeo, empe\u00f1ado en una lucha sobrehumana, se declar\u00f3 en guerra contra el tiempo y el espacio. Como los dioses inflexibles, la materia, de la cual tiempo y espacio son formas, le da su buitre devorador\u201d.<sup>78<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La relaci\u00f3n entre la realidad verdadera y esa \u201cotra realidad\u201d , asistida por la imaginaci\u00f3n se apoya en el proceso fabulador, tan caracter\u00edstico de Ramos Sucre, mediante el cual se establece una suerte de extra\u00f1a corriente y reciprocidad entre lo real y lo imaginario, o viceversa.<sup>79<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ese fue, en todo tiempo, el signo dram\u00e1tico que envolvi\u00f3 la vida y la obra de este poeta excepcional que hoy, a los 50 a\u00f1os de su muerte, se asoma (&#8230;) al conocimiento de un p\u00fablico diverso y m\u00e1s vasto que el que hasta ahora ha constituido su audiencia natural, confinado a los l\u00edmites estrictos de su propio pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Esas visiones tan personales del poeta enfrentadas a la hostilidad de su mundo abrieron el camino de su lancinante evasi\u00f3n. Ser\u00eda as\u00ed al principio. Pero luego ese proceso envolvente lo convertir\u00eda en un ser desprovisto de suelo verdadero y m\u00e1s cercano, en desafiante lucha contra la realidad, a un mundo extra\u00f1o de im\u00e1genes y visiones torturantes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfConsigui\u00f3 al fin el poeta la liberaci\u00f3n que pretend\u00eda a trav\u00e9s de esta huida pertinaz por el tiempo y el espacio? Probablemente no y esto har\u00eda m\u00e1s sensible su incapacidad de adaptaci\u00f3n a una existencia limitada y dram\u00e1tica. El olvido, la muerte, el regreso total a un principio de indefinici\u00f3n personal ser\u00edan en definitiva, los trofeos de aquella desolada competencia. Ciertamente podr\u00edamos respondernos a estas interrogantes con aquellas palabras definitivas de Carlos Augusto Le\u00f3n al comentar el suceso de esta tr\u00e1gica experiencia de Ramos Sucre: al final, \u201cen la lucha contra el tiempo y el espacio ha perdido el hombre\u201d.<sup>80<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Este fue, en efecto, el t\u00e9rmino de una trayectoria alucinante que comprende el tr\u00e1nsito existencial y la creaci\u00f3n po\u00e9tica como una unidad indivisible que sirve para dise\u00f1ar sobre el trasfondo de un ag\u00f3nico enfrentamiento, material y espiritual al propio tiempo, el perfil se\u00f1ero de un poeta excepcional que merece plenamente el homenaje de un reconocimiento mayor que el que hasta ahora se le ha reservado en el mundo intelectual latinoamericano.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 Carlos Augusto Le\u00f3n. \u201cInvitaci\u00f3n a la cr\u00edtica\u201d, Papel Literario de El Nacional, 14-VI-1970.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Idem.<\/p>\n\n\n\n<p>3 Fernando Paz Castillo. Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, el solitario de La Torre de Tim\u00f3n. Editorial Arte, Caracas, 1973, pp. 23-24.<\/p>\n\n\n\n<p>4 Argenis P\u00e9rez H. \u201cLa est\u00e9tica rom\u00e1ntica en Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre\u201d. En Memoria del III Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana. M\u00e9rida, Venezuela, Tomo II, p. 258.<\/p>\n\n\n\n<p>5 Francisco P\u00e9rez Perdomo. Introducci\u00f3n a Antolog\u00eda Po\u00e9tica de J. A. Ramos Sucre. Monte \u00c1vila Editores, C.A., Caracas, 1969, p. 7.<\/p>\n\n\n\n<p>6 Ludovico Silva. \u201cRamos Sucre y nosotros\u201d. Revista Nacional de Cultura, n\u00b0 219, Caracas, marzo-abril, 1975, pp. 64-65.<\/p>\n\n\n\n<p>7 Ibid. p. 70.<\/p>\n\n\n\n<p>8 F\u00e9lix Armando N\u00fa\u00f1ez. Pr\u00f3logo. En Obras de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre. Ediciones del Ministerio de Educaci\u00f3n, Direcci\u00f3n de Cultura y Bellas Artes, Caracas, 1956, p. 7.<\/p>\n\n\n\n<p>9 Francisco P\u00e9rez Perdomo. Op. cit. p. 9.<\/p>\n\n\n\n<p>10 Eugenio Montejo. La ventana oblicua. Ediciones de la Universidad de Carabobo, Valencia, 1974, p. 69.<\/p>\n\n\n\n<p>11 Stefan Baciu. Antolog\u00eda del surrealismo latinoamericano. Editorial Joaqu\u00edn Mortiz, S.A., M\u00e9xico, 1974, p. 138.<\/p>\n\n\n\n<p>12 Fernando Paz Castillo. Op. cit. p. 17.<\/p>\n\n\n\n<p>13 Ludovico Silva. Op. cit. p. 54.<\/p>\n\n\n\n<p>14 Ibid. pp. 55-56.<\/p>\n\n\n\n<p>15 Ibid. pp. 56-57.<\/p>\n\n\n\n<p>16 Carlos Augusto Le\u00f3n. Op. cit. p. 57.<\/p>\n\n\n\n<p>17 Ludovico Silva. Op. cit. p. 50.<\/p>\n\n\n\n<p>18 \u00c1ngel Rama. Op. cit. pp. 44-45.<\/p>\n\n\n\n<p>19 Ibid. pp. 45-46.<\/p>\n\n\n\n<p>20 Ludovico Silva. Op. cit. p. 51.<\/p>\n\n\n\n<p>21 Carlos Augusto Le\u00f3n. Op. cit. p. 52.<\/p>\n\n\n\n<p>22 Gustavo Luis Carrera. El s\u00edmbolo en Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre. (Consideraciones a la luz del cap\u00edtulo \u201cLa crisis rom\u00e1ntica\u201d del texto Teor\u00edas del s\u00edmbolo, de Tzveten Todorov). En Memoria del III Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana. M\u00e9rida, Venezuela, t. II, pp. 268-282. 1978.<\/p>\n\n\n\n<p>23 Idem.<\/p>\n\n\n\n<p>24 Idem.<\/p>\n\n\n\n<p>25 Gustavo Luis Carrera. Op. cit. pp. 268-282.<\/p>\n\n\n\n<p>26 Idem.<\/p>\n\n\n\n<p>27 Idem.<\/p>\n\n\n\n<p>28 Idem.<\/p>\n\n\n\n<p>29 Osvaldo Larraz\u00e1bal Henr\u00edquez. \u201cBuscando la huella de la expresi\u00f3n po\u00e9tica de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre\u201d. En Memoria del III Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana. M\u00e9rida, Venezuela, t. II, p. 251.<\/p>\n\n\n\n<p>30 Ibid. p. 253.<\/p>\n\n\n\n<p>31 Ibid. p. 254.<\/p>\n\n\n\n<p>32 Ibid. p. 254.<\/p>\n\n\n\n<p>33 Ibid. pp. 254-255.<\/p>\n\n\n\n<p>34 Ibid. p. 255.<\/p>\n\n\n\n<p>35 Argenis P\u00e9rez H. Op. cit., pp. 258-267.<\/p>\n\n\n\n<p>36 Idem. p. 267.<\/p>\n\n\n\n<p>37 \u00c1ngel Rama. Op. cit. p. 10.<\/p>\n\n\n\n<p>38 Carlos Augusto Le\u00f3n. Art\u00edculo citado.<\/p>\n\n\n\n<p>39 Idem.<\/p>\n\n\n\n<p>40 \u00c1ngel Rama. Op. cit. p. 31.<\/p>\n\n\n\n<p>41 Carlos Augusto Le\u00f3n. Art\u00edculo citado.<\/p>\n\n\n\n<p>42 Ludovico Silva. Op. cit. p. 45.<\/p>\n\n\n\n<p>43 Francisco P\u00e9rez Perdomo. Op. cit. p. 15.<\/p>\n\n\n\n<p>44 Fernando Paz Castillo. Op. cit. p. 9.<\/p>\n\n\n\n<p>45 Ludovico Silva. Op. cit. pp. 45-46.<\/p>\n\n\n\n<p>46 Carlos Augusto Le\u00f3n. Op. cit. p. 21.<\/p>\n\n\n\n<p>47 Ibid. p. 48.<\/p>\n\n\n\n<p>48 Ludovico Silva. Op. cit. p. 47.<\/p>\n\n\n\n<p>49 Francisco P\u00e9rez Perdomo. Pr\u00f3logo a Antolog\u00eda Po\u00e9tica de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre. p. 12. Citado por Carlos Augusto Le\u00f3n en su art\u00edculo del Papel Literario de El Nacional, titulado \u201c Invitaci\u00f3n a la cr\u00edtica\u201d . 14-VI-70.<\/p>\n\n\n\n<p>50 Citado por Carlos Augusto Le\u00f3n en su art\u00edculo \u201cInvitaci\u00f3n a la cr\u00edtica\u201d. Papel Literario de El Nacional. 14-VI-1970.<\/p>\n\n\n\n<p>51 Idem.<\/p>\n\n\n\n<p>52 Carlos Augusto Le\u00f3n. Op. cit. p. 41.<\/p>\n\n\n\n<p>53 Francisco P\u00e9rez Perdomo. Op. cit. pp. 13 y 14.<\/p>\n\n\n\n<p>54 Francisco P\u00e9rez Perdomo. Op. cit. p. 7.<\/p>\n\n\n\n<p>55 Osvaldo Larraz\u00e1bal Henr\u00edquez. Op. cit. p. 253.<\/p>\n\n\n\n<p>56 Ibid. p. 252.<\/p>\n\n\n\n<p>57 Gustavo Luis Carrera. Op. cit. p. 268.<\/p>\n\n\n\n<p>58 \u00c1ngel Rama. Op. cit. p. 20.<\/p>\n\n\n\n<p>59 F\u00e9lix Armando N\u00fa\u00f1ez. Op. cit. p. 13.<\/p>\n\n\n\n<p>60 Jos\u00e9 Balza. Pr\u00f3logo a Espejos y disfraces de Guillermo Meneses. Volumen in\u00e9dito de la Biblioteca Ayacucho.<\/p>\n\n\n\n<p>61 Fernando Paz Castillo. Op. cit. p. 10.<\/p>\n\n\n\n<p>62 Jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez. \u201cPoeta de otra realidad\u201d. Papel Literario de El Nacional, ll-VI-70.<\/p>\n\n\n\n<p>63 Ludovico Silva. Op. cit. p. 51.<\/p>\n\n\n\n<p>64 Guillermo Sucre. Op. cit. p. 82.<\/p>\n\n\n\n<p>65 Carlos Augusto Le\u00f3n. Op. cit. pp. 31-32-34.<\/p>\n\n\n\n<p>66 Ibid. p. 32.<\/p>\n\n\n\n<p>67 V\u00edctor A. Bravo. Op. cit. p. 102.<\/p>\n\n\n\n<p>67 Eugenio Montejo. Op. cit. p. 81.<\/p>\n\n\n\n<p>68 Fernando Paz Castillo. Op. cit. p. 29.<\/p>\n\n\n\n<p>69 lbid. pp. 18-19.<\/p>\n\n\n\n<p>70 Ibid. p. 27.<\/p>\n\n\n\n<p>71 Ibid. pp. 48-53.<\/p>\n\n\n\n<p>72Francisco P\u00e9rez Perdomo. Op. cit. p. 8.<\/p>\n\n\n\n<p>73 Idem.<\/p>\n\n\n\n<p>74 jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez. \u201cRamos Sucre vuelve a Caracas\u201d . Papel Literario de El Nacional, 18-VII-1976.<\/p>\n\n\n\n<p>75 Francisco P\u00e9rez Perdomo. Op. cit. p. 13.<\/p>\n\n\n\n<p>76 Ibid. pp. 13 y 14.<\/p>\n\n\n\n<p>77 Carlos Augusto Le\u00f3n. Op. cit. pp. 7-25 y 26.<\/p>\n\n\n\n<p>78 Idem. p. 26.<\/p>\n\n\n\n<p>79 Francisco P\u00e9rez Perdomo. Op. cit. pp. 13 y 14.<\/p>\n\n\n\n<p>80 Carlos Augusto Le\u00f3n. Op. cit. p. 29.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-ramon-medina\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina EL POETA Y SU OBRA EN EL TIEMPO La historia de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre es breve como breves fueron su vida y su obra. Vida y obra intensas, sin embargo, que trascienden del \u00e1mbito hist\u00f3rico que les es propio hacia una m\u00e1s densa confrontaci\u00f3n literaria y humana. 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