{"id":14357,"date":"2024-12-13T15:09:46","date_gmt":"2024-12-13T19:39:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14357"},"modified":"2024-12-13T15:09:59","modified_gmt":"2024-12-13T19:39:59","slug":"historias-de-francisco-y-otras-maravillas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/historias-de-francisco-y-otras-maravillas\/","title":{"rendered":"Historias de Francisco y otras maravillas (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Guillermo Mor\u00f3n<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>TRES HISTORIAS DE FRANCISCO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Teresa Querales est\u00e1 en el patio de la casa de Teresa Querales, altos los hombros, fuertes los brazos aporreadores, dura la madera del pil\u00f3n, ma\u00edz cariaco la cosecha del a\u00f1o. Teresa Querales est\u00e1 en la cocina de la casa de Teresa Querales, sopla el fog\u00f3n, tiende el budare, cuaja el suero de aj\u00ed chirere, cucharea la miel \u00e1spera de avispas, huele ya el tard\u00edo desayuno, arepa, miel, aj\u00ed bravo. Teresa Querales est\u00e1 en la sala de su casa, sentada en la silla de cuero, la \u00fanica silleta con asiento de cuero pelado y respaldar de cuero sin pelar. Teresa Querales escucha los ruidos de la cocina y siente el ritmo del patio. Teresa Querales oy\u00f3, como si viera, cuando El Salvaje tom\u00f3 posesi\u00f3n de Teresa Querales, all\u00ed mismo, sobre las hojas del ma\u00edz, sobre las tusas apiladas, sobre el ma\u00edz desgranado. Llegaba la hora de morir, cuando El Salvaje, silencioso, sal\u00eda del monte, a la hora del desayuno tard\u00edo, a tomar posesi\u00f3n de Teresa Querales. Entonces se repet\u00eda la historia, eternamente, Teresa Querales dejaba la sala, Teresa Querales dejaba la cocina, Teresa Querales dejaba el patio y volv\u00eda a estar cada una en su sitio, quince a\u00f1os, preparadas para cuando volviera El Salvaje desde el monte, a lo suyo.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no miento. La casa de Teresa Querales est\u00e1 en Los Cieguitos, ah\u00ed mismito y la puede ver quien tenga los ojos abiertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Estefan\u00eda Carrasco baja a la quebrada, donde el agua es m\u00e1s limpia que el agua de la pluma p\u00fablica. Estefan\u00eda Carrasco es mujer silenciosa, ni chispa de embuster\u00edas en su boca. Estefan\u00eda Carrasco sube a su casa con la tinaja sobre el rodete de su pelo negro, que cuando se suelta el pelo le llega a los tobillos. La mano derecha de Estefan\u00eda Carrasco est\u00e1 abierta sobre la panza de la tinaja, qu\u00e9 palmera ni qu\u00e9 palmera, un arco iris el brazo. El Silbador silb\u00f3 a Estefan\u00eda Carrasco y sin tocarle una u\u00f1a la dej\u00f3 lista para parir.<br>Yo no miento. Si usted quiere v\u00e1yase en la tardecita a la quebrada, donde Estefan\u00eda Carrasco coge agua limpia y le ver\u00e1 los ojos azules, el pelo de oro y los dientes blancos a su hijo, el hijo de El Silbador.<\/p>\n\n\n\n<p>Ramona Trompetera vive alegremente. En su jard\u00edn, que est\u00e1 en los maceteros, en las paredes, en los techos, hay magnolias. Las palchacas, grandes como ahuyamas, saben a vino crudo, o ser\u00e1 m\u00e1s bien a chicha vieja, no lo s\u00e9. Pero Ramona Trompetera no es mujer de soledades. Vive con mucha gente en su inmensa casa entejada, enladrillada, empuertada y enventanada, de Arenales. Muchos ojos siguen sus sueltos pasos por todas partes. Pero nadie vio al Chivo Negro que en el trapiche de enfrente encontr\u00f3 sola a Ramona Trompetera. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo no miento. Todos los hombres de Arenales respetan a Ramona Trompetera. Porque Ramona Trompetera tiene un hijo con cachos en lugar de orejas. En Arenales murieron, en un solo d\u00eda, todos los chivos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>HAB\u00cdA UN RETRATO EN LA CASA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La maestra de escuela no era todav\u00eda la maestra de escuela. En aquel lejano entonces era solamente la hija. No ve usted, do\u00f1a Rosarito, que la hija no se la pasa sino en eso de leer todo el tiempo. Ya se ley\u00f3 todos los libros que hay en la alacena y tambi\u00e9n los dos que estaban en la repisa. \u00bfC\u00f3mo que estaban, Mar\u00eda Antonia?, sonri\u00f3 con la sonrisa del \u00fanico retrato do\u00f1a Rosarito que ten\u00eda treinta y cinco a\u00f1os como si fueran veinte, y diez muchachos y muchachas como si fuera solamente una, ella, la hija que amaba los libros, que te digo yo, Felipe, que esa ni\u00f1a va a ser por lo menos maestra de escuela, mira t\u00fa que ya escribe versos y todo. Y don Felipe con la barba sin retrato, ah, no, si es verdad, en el \u00e1lbum de 1898 est\u00e1n los dos, ella sentada, con lazo de raso en el cabello, su cabello y sus manos que ya ven\u00edan tan suyas de los aleros.<\/p>\n\n\n\n<p>Con cada muchacho, cinco, con cada muchacha, cinco, volv\u00eda a estar alta m\u00e1s bien por delgada; \u00a1cu\u00e1ndo han sido altas las carore\u00f1as!, dec\u00eda el retrato seriote, angulado el rostro, brillantes los ojos, frente de infinita playa con muchas letras de las <em>Partidas<\/em>. Es que se retrataban para poner el retrato, bien colgado en su clavo, como ese del pap\u00e1 don Pedro, que as\u00ed es como yo le digo a su abuelo, mijita, porque era un hombre muy serio que no se dejaba llamar don Pedrito como quer\u00edan. Y Mar\u00eda Antonia no se atrev\u00eda a tocar la dulce cabeza de la hija que se hab\u00eda quedado en el port\u00f3n cuando do\u00f1a Rosarito, la del retrato \u00fanico, alta, como si estuviera siempre all\u00ed, en aquel lejano entonces, se fue por el camino que caminan los arreos hacia Carache, que es un pueblo cuadrado, con una Iglesia, donde hay vegas de ca\u00f1a, potreros y \u00e1rboles inmensos, donde acamparon las tropas de Bol\u00edvar antes de llegar por esa misma calle, con gran ruido, el ruido que habr\u00eda tumbado de su clavo el gran retrato del abogado don Pedro Montero, si hubiera estado colgado en su clavo, que no estaba todav\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Te digo que as\u00ed era, como en el \u00fanico retrato, alta y delgada, su mech\u00f3n de pelo sobre el ojo derecho, las manos tan blancas de mam\u00e1, el lazo para su cabello que no era muy largo de mi Rosarito que se fue para Carache, Mar\u00eda Antonia, y eres t\u00fa ahora la que tiene que ocuparse de las ni\u00f1as, \u00bfno comprendes?, porque yo debo ir todos los d\u00edas a la pulper\u00eda para atender a la gente porque si no, de qu\u00e9 van a vivir, y yo tan solo, que ella se fue a temperar y ahora volvi\u00f3 Zapata, uno de los Zapata de Carache, con la noticia. Sobre todo por la hija, que ahora s\u00ed tendr\u00e1 que ser maestra de escuela, y tendr\u00e1 que salirse del Colegio La Esperanza, donde don Ram\u00f3n Pompilio la pone, sola, a dos metros de distancia de los varones, al frente, para que d\u00e9 la lecci\u00f3n rosa, rosae, rosarum, y el ejemplo en flor, virtus, y la sonrisa de su madre en el \u00fanico retrato.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LOS ANIMALITOS DE AD\u00c1N P\u00c9REZ<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lo que pasa es que Ad\u00e1n se llama simplemente as\u00ed, puramente Ad\u00e1n. O tal vez no sea tan sencillo. Tal vez que yo me llamo Ad\u00e1n P\u00e9rez porque as\u00ed le dec\u00edan a mi pap\u00e1 cuando ven\u00eda a traer su carguita de carb\u00f3n para la casa de don Felipe. Don Felipe ten\u00eda su pulper\u00eda abajo del todo, cerca del puente, en la calle del Sol que es como se llamaba antes. Pero adem\u00e1s de la pulper\u00eda don Felipe ten\u00eda una gran barba. Cuando ella se march\u00f3, por el camino de la Capilla del Calvario, camino de Carache y de la muerte jam\u00e1s, fue entonces cuando don Felipe dej\u00f3 que la barba creciera, se pusiera blanca y se mojara silenciosamente. No ve que ella era muy joven, delgada, blanca y sonre\u00edda. Ella se fue y yo, hijo m\u00edo, la vi ir desde el port\u00f3n para el ca-mino de Carache y de la muerte jam\u00e1s. <\/p>\n\n\n\n<p>Entonces Ad\u00e1n P\u00e9rez se llama Ad\u00e1n P\u00e9rez porque su pap\u00e1, que le tra\u00eda una carguita de carb\u00f3n cujicero a don Felipe, se llamaba tambi\u00e9n Ad\u00e1n P\u00e9rez. Y no es que don Felipe necesitara la carguita cujicera de carb\u00f3n. Se la compraba porque entonces Ad\u00e1n P\u00e9rez el pap\u00e1 de Ad\u00e1n P\u00e9rez pod\u00eda volver a su casa con este sombrero que yo tengo desde zagalet\u00f3n, con medio papel\u00f3n, un segundo de queso para raspar, medio almud de ma\u00edz, cuatro medidas de caraotas que no sean negras sino gaticas, don Felipe, y un cuartico de cocuy maduro para la tinajita, no ve. Por eso digo que no es tan de caj\u00f3n llamarse con el nombre de Ad\u00e1n P\u00e9rez porque lo que pasa es que su carguita de carb\u00f3n de cuj\u00ed hace milagros en la pulper\u00eda de don Felipe.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n ocurre que Ad\u00e1n P\u00e9rez vive en una casa al otro lado de la Quebrada, m\u00e1s bien por el bando de Aregue, si uno se va por los tuneros del Roble. Hay que pasar, tempranito en la ma\u00f1ana que ser\u00e1n las seis, por enfrente de que Juana la Tatura, que ya comenz\u00f3 a mover sus taturos, a hacer ruidos con los taturos t\u00edo Alfonso, y eso da mucho miedo. La casa de bajareque de Ad\u00e1n P\u00e9rez se llama La Laja por el lajero que hay en el patio, en la culata donde est\u00e1 el corral y en los jag\u00fceyes. Ad\u00e1n P\u00e9rez, hijo y hermano de Flor P\u00e9rez, tiene la manzana suya de su nombre del tama\u00f1o de un almendr\u00f3n grande de los que tumba el viento y la lluvia cuando hay lluvia y viento en la Plaza Bol\u00edvar. Tiene un sombrero de cucurucho, de paja muy bueno; tiene un saco zanc\u00f3n para meter el brazo derecho que es m\u00e1s grande que el brazo izquierdo. Y tambi\u00e9n tiene unos animalitos, adem\u00e1s del burro para el carb\u00f3n. F\u00edjate, tiene un loro grande, aludo, y dos loritos chiquitos; tiene una paloma chueca y una perdiz, c\u00f3mo te parece; tiene seis gallinitas y un gallo que es como una gallina, pero canta. Y tiene chivos en el corral, todos entunados y uno suelto en la casa, con cachos y todo. Y adem\u00e1s Ad\u00e1n P\u00e9rez tiene una matejea en un tronco seco de dividive.<\/p>\n\n\n\n<p>Flor P\u00e9rez es la hermana y la madre de Ad\u00e1n P\u00e9rez. No Ad\u00e1n, no vendas nada le dice. Pero si es que llovi\u00f3 y la quebrada que lleg\u00f3 hasta la casa de Juana la Tatura, se llev\u00f3 hasta la matejea. Y fue porque llor\u00f3, que solamente llueve cada mil a\u00f1os, por lo que no vi m\u00e1s en el zagu\u00e1n de la casa a mi amigo Ad\u00e1n P\u00e9rez, hijo de Ad\u00e1n P\u00e9rez, hermano y tambi\u00e9n hijo de Flor P\u00e9rez. Flor llor\u00f3 toda la noche.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/guillermo-moron\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guillermo Mor\u00f3n TRES HISTORIAS DE FRANCISCO Teresa Querales est\u00e1 en el patio de la casa de Teresa Querales, altos los hombros, fuertes los brazos aporreadores, dura la madera del pil\u00f3n, ma\u00edz cariaco la cosecha del a\u00f1o. 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