{"id":14354,"date":"2024-12-12T15:27:59","date_gmt":"2024-12-12T19:57:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14354"},"modified":"2024-12-12T15:27:59","modified_gmt":"2024-12-12T19:57:59","slug":"cronicas-literarias-de-jesus-sanoja-hernandez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cronicas-literarias-de-jesus-sanoja-hernandez\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas literarias de Jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Mari\u00f1o-Palacio, el que deb\u00eda morir<\/h3>\n\n\n\n<p>Posiblemente solo, posiblemente entre las cuatro paredes de una cl\u00ednica, posiblemente desprovisto de lucidez durante mucho tiempo, Andr\u00e9s Mari\u00f1o-Palacio, agarrado a aquel gui\u00f3n que tanto amaba Pedro Emilio Coll, ha muerto. Mari\u00f1o-Palacio fue el mayor talento del grupo Contrapunto y uno de esos prematuros que abren camino cuando los rezagados no lo encuentran ni con estrellas polares, br\u00fajulas o gu\u00edas cr\u00edticas. Mari\u00f1o-Palacio apareci\u00f3 de pronto, con menos de veinte a\u00f1os encima, en la cuent\u00edstica. El ojo atento de Pic\u00f3n Salas inmediatamente supo medirlo. No as\u00ed los ag\u00f3nicos del criollismo y los pulidores de versos que, m\u00e1s celosos que recelosos, trataban de clasicizar sonetos bien medidos.<\/p>\n\n\n\n<p>El l\u00edmite del hast\u00edo define una concepci\u00f3n de la existencia. Heredero del spleen de Jos\u00e9 Asunci\u00f3n Silva, el hast\u00edo de Mari\u00f1o-Palacio es casi ya una n\u00e1usea sartriana. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, cumplida la veintena, aquel joven irrump\u00eda con la triste alegr\u00eda, con la trabajada sanidad de Los alegres desahuciados. M\u00e1s que una manera de escribir, una manera de ver diferente tra\u00eda Mari\u00f1o-Palacio. No la repetici\u00f3n del clamor campesino. No el cans\u00f3n tema de caudillos y revueltas, balumbas y sargentos Felipes. No los recuerdos de c\u00e1rceles; la visi\u00f3n de la juventud urbana, demasiado oscura en sus elecciones, agobiada y audaz al mismo tiempo. Mari\u00f1o-Palacio es el primero en presentarnos unos alienados en tenaz pero in\u00fatil funci\u00f3n de establecer relaciones puras, lazos directos. Influencias todav\u00eda no digeridas \u2014Lawrence, Woolf, Huxley\u2014, estilo sin propiedad a\u00fan, en Los alegres desahuciados tropezamos con una juventud que hace frases wildeanas sobre una terrible realidad. Fue Mari\u00f1o-Palacio quien la vio as\u00ed, terrible, veinte a\u00f1os antes de que nosotros comenz\u00e1ramos a transitar por el campo abierto y a hacer el papel de peregrinos de una falsa b\u00fasqueda.<\/p>\n\n\n\n<p>Los alegres desahuciados tiene antecedentes en cuanto al tema, pero no en cuanto al descuartizamiento del tema. O\u2019Brien, en una novela publicada en un diario del siglo pasado, Los abismos de Caracas, intent\u00f3 meterse en el mundo de la juventud desde un punto de vista \u201cpol\u00edtico-social y realista\u201d. D\u00edaz Rodr\u00edguez, despu\u00e9s de Gil Fortoul, se dej\u00f3 arrastrar por el deseo de esbozar los ideales de los \u201cnaevos\u201d, esos c\u00edrculos juveniles que discuten sobre arte, pol\u00edtica, Venezuela, destino. Pero solamente en Los alegres desahuciados se nota el sello de nuestra \u00e9poca, la que habr\u00eda de moverse entre existencialismos y hast\u00edos, entre freudismos y tiempos de desprecio.<\/p>\n\n\n\n<p>Parecido choque de voluntades j\u00f3venes, Batalla hacia la aurora, publicada tard\u00edamente. Mitificaci\u00f3n de lo nuevo, rarificaci\u00f3n intelectualista, escudri\u00f1amiento de lo existencial por v\u00edas demasiado literarias, preconcebidas. Mundo evasivo de todo lo que pudiera conectarlo con lo criollo, con el pasadismo atontado. Los h\u00e9roes se llaman David Holanda, Esbelta Fortique, Oscar Poeta, Australia Jim\u00e9nez. El nombre o apellido de cada uno resulta una referencia simb\u00f3lica: la entrega absorbente en Esbelta, el insularismo sexual de Australia, la oscura brillantez de Estrella, el triunfo delirante en David, lo exaltado y lo irrealizado en Oscar Poeta.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta batalla que dif\u00edcilmente conduce a la aurora, los puntos obsesionantes son el tiempo, la muerte, la soledad, el amor, la est\u00e9tica, echados a volar en un cielo donde casi no esplende la problem\u00e1tica nacional. Es que Mari\u00f1o-Palacio hab\u00eda saltado la valla y se empe\u00f1aba en mostrar a sus compa\u00f1eros de generaci\u00f3n las praderas de lo nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que realiz\u00f3 en la narrativa, lo repiti\u00f3 con excelencia en la cr\u00edtica. Recuerdo una secci\u00f3n suya en El Heraldo \u2014creo se llamaba \u201cCaleidoscopio sumergido\u201d\u2014 y otra en El Pa\u00eds y todo lo que escrib\u00eda en El Nacional. Cr\u00edtica sin concesiones, se propon\u00eda desbrozar, abrir picas. En una de ellas elogiaba la novela de Garc\u00eda Maldonado, desde luego que no por el tema, sino por la forma. Y cuando todos lo cre\u00edamos perdido para siempre en las mansiones azules de un sanatorio, reapareci\u00f3 junto con la bomba at\u00f3mica sovi\u00e9tica y mostr\u00f3 sorprendentes testimonios en la p\u00e1gina literaria de El Nacional. Fue en 1949, por julio o por agosto.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1958, algunos de sus amigos tuvieron la feliz idea de proponerlo para Premio Municipal. Lo gan\u00f3, pero ya no hab\u00eda esperanza. \u201c\u00a1Ah, la esperanza! \u00bfQui\u00e9n anular\u00e1 ese mito que nos embriaga con tanta seducci\u00f3n?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie, nadie. No hay esperanza en los elegidos. El pintor Bolet y el otro, Urosa, murieron en plena juventud. Y el poeta Luis Castro. Y el ensayista L\u00f3pez M\u00e9ndez\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Para ellos, ni paz ni esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Dos cuartillas para Leo<\/h3>\n\n\n\n<p>En un barrio de cuyo nombre alguien se acord\u00f3 para decir que proven\u00eda de dama beata y ejemplar que no entend\u00eda de pintura, naci\u00f3 en 1888 Leoncio Mart\u00ednez, un 22 de diciembre, en casa que hoy estar\u00eda en l\u00ednea recta hacia el Telef\u00e9rico. Un hermano de Leoncio hab\u00eda nacido antes, Rafael, Raf en el oficio caricaturesco, periodista tambi\u00e9n y no bien visto por el castrismo, pues tras molestar aristofanescamente en La Linterna M\u00e1gica, periodiquito que estimul\u00f3 \u201cLa Sacrada\u201d, hubo de dar con sus huesos en el Castillo zuliano y de all\u00ed en libertad bien aprovechada a Panam\u00e1, faja de tierra por donde habr\u00edan de pasar todav\u00eda millares de venezolanos en destierro.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasi\u00f3n literaria, Leoncio se reducir\u00eda a Leo y ser\u00eda acci\u00f3n period\u00edstica. Vivi\u00f3 entonces el casi inevitable drama de los venezolanos que, deseando ser literatos puros, caen, por necesidad econ\u00f3mica o por facilismo pensante, en el ejercicio atroz y a trozos de la dictadura de la imprenta. Siempre record\u00f3 Leo, a veces con amargura, este destierro que habr\u00eda sido tr\u00e1gico con su carga de c\u00e1rceles y privaciones si no hubiere endulzado la vida con la bohemia entre salvadora y asesina. En uno de sus cuentos \u201cEl Atronado\u201d, dibuja con aquel su l\u00e1piz tercamente masoquista la figura de Roberto Vidoza, un come-muerto (\u201ccomerse un muerto\u201d era, en aquellos tiempos, conseguir el dinero de una tarjeta mortuoria llevada al peri\u00f3dico a altas horas de la noche y beb\u00e9rselo), que en una de sus parrandas hubo de agenciarse el pago correspondiente al aviso de entierro de su propia madre. Juerga triste, lucidez que se va haciendo gris con el tiempo y el alcohol, encadenamiento a una miseria de clase media, el periodismo de reportero, caricaturista, corrector de pruebas, linotipista, no dej\u00f3 de dolerle a Leo, preso en esa malla, cerrados los ojos en la b\u00fasqueda de otro camino. Ni en la aparente alegr\u00eda de \u201cMonserga al corrector de pruebas\u201d, poema sat\u00edrico por conveniencia, deja de colarse esa permanente l\u00e1grima. Leo, excusando al corrector, afirmaba que \u00a1\u201cun peri\u00f3dico sin erratas \/ no es peri\u00f3dico, ni chicha \/ ni limonada: es fen\u00f3meno \/ que no se ve en esta vida\u201d! \u00a1No iba a saberlo Leo!<\/p>\n\n\n\n<p>La pintura que no entend\u00eda la Maripere, no la caricatura que lleg\u00f3 hasta el alma de todos, fue otra espina en Leo. Si se excluye el Pocaterra de \u201cPanchito Mandefu\u00e1\u201d casi no podr\u00eda encontrarse una vivencia infantil tan dura como la de Leo en \u201cLa cajita de pinturas\u201d, historia de un ni\u00f1o que no esconde su alcurnia autobiogr\u00e1fica y cuya esencia es la derrota prematura. Esa cajita lo es simb\u00f3lica: la frustrada esperanza de Leo, el no haber podido ser realmente un pintor.<\/p>\n\n\n\n<p>Periodismo y pintura pero falta c\u00e1rcel. Una, otra, otra m\u00e1s. Tres testimonios po\u00e9ticos de primer orden dej\u00f3 Leo en este sentido, el mayor de todos \u201cBalada del preso insomne\u201d. Terrible canto que Pic\u00f3n Salas compar\u00f3 alguna vez con otro de Villon, aunque un tanto al vuelo asociativo porque Leo nunca fue \u201csarc\u00e1stico y c\u00ednico\u201d y si vivi\u00f3 en calabozos y a uno de ellos lleg\u00f3 \u201ccon barbas\u201d, en el 19, no fue para preparar pu\u00f1ales, venenos o alevos\u00edas. Por hablar claro, no por truhaner\u00edas medievales, pis\u00f3 tierras de muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucha miseria debe haber bajo este cielo venezolano para que, desaparecido G\u00f3mez, alg\u00fan periodista camale\u00f3nico, multicolor e imb\u00e9cil dijera que las siglas de LEO significaban L\u00e1piz Eminentemente Oportunista. Maltrata el esp\u00edritu una ofensa as\u00ed. No lo fue Leo cuando en El Constitucional, diario castrista, combati\u00f3 la pol\u00edtica de bloqueos y anexiones a pesar de no contar entonces m\u00e1s que veinte a\u00f1os. Tampoco puede calificarse como oportunista su posici\u00f3n bajo el primer a\u00f1o gomecista, cuando fund\u00f3 El Independiente y el semanario Fr\u00fa-Fr\u00fa, porque en ese 1909 Leo estuvo entre los pocos periodistas, junto con Ar\u00e9valo Gonz\u00e1lez, Flores Cabrera y Rafael Mart\u00ednez, que fueron a prisi\u00f3n por protestar ante el Caso Abreu, defender a Jacinto Figarella y otros estudiantes, pedir libertades. No fue oportunista siquiera entre el 12 y el 15, cuando a ra\u00edz de su autoexilio en Puerto Rico, se mete de lleno en la cr\u00f3nica humor\u00edstica sin alusiones peligrosas, va a los altos del Teatro Calca\u00f1o, colabora en El Universal, traduce el drama de Berstein El Secreto, promueve la fundaci\u00f3n del C\u00edrculo de Bellas Artes o publica poemas al estilo de \u201cLa ni\u00f1a de los canarios\u201d. Y el nacimiento de Pitorreos con Job Pim, Calca\u00f1o Herrera y Pocaterra no constituy\u00f3 un acto desdoroso, antes bien laudable, y no pueden cobrarse en Leo sombras de duda que le pertenecen a la prisi\u00f3n de otro.<\/p>\n\n\n\n<p>De Leo son \u201cClaveles de calip\u00e1n\u201d y \u201cDama anta\u00f1ona\u201d. De Leo tambi\u00e9n el arreglo de la letra popular del corr\u00edo llanero que Pedro El\u00edas Guti\u00e9rrez recopil\u00f3 en Aires Nacionales, con dedicatoria a G\u00f3mez, ese follet\u00f3n l\u00edrico-musical criollo en donde figuran asimismo \u201cEl Mango\u201d, de Michelena Fortoul, y \u201cAlma Llanera\u201d, del loco, semi-b\u00e1rbaro, falsificador y valleinclanesco Rafael Bol\u00edvar Coronado.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo se me ha quedado en tinta in\u00e9dita al intentar tomar por asalto de la evocaci\u00f3n de Leo. Otro d\u00eda ser\u00e1, que no este 22 de diciembre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Luis Enrique M\u00e1rmol<\/h3>\n\n\n\n<p>El 17 de septiembre de 1926 muri\u00f3 Luis Enrique M\u00e1rmol y naci\u00f3 la vanguardia. M\u00e1rmol ven\u00eda de la generaci\u00f3n del 18 y era entra\u00f1able amigo de Andr\u00e9s Eloy. Su poes\u00eda, aunque ciertamente a\u00fan no se liberaba de valores de \u00e9poca como la tristeza y el pesimismo, estaba ya contaminada del nuevo sentimiento, de un cambio hacia lo profundo y removido. Por tanto, en este sentido, no era vanguardista.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es que M\u00e1rmol sorprende a los diecis\u00e9is a\u00f1os. Es que simula ser nuestro Rimbaud desde los d\u00edas en que descubre la poes\u00eda en los bancos universitarios. Son \u00e9l, Ramos Sucre y nadie m\u00e1s las excepciones. Los a\u00f1os: 1912, 1913.<\/p>\n\n\n\n<p>Arreaza Calatrava lo se\u00f1ala: he aqu\u00ed el hombre. Es 18 de mayo de 1915. M\u00e1rmol bosteza sobre el C\u00f3digo que se sabe de memoria. De su poes\u00eda dice entonces Arreaza: la \u201cdeclaro rica en virtud generadora\u201d. Con 18 a\u00f1os apenas sonetiza y acuareliza (\u201cel sol tiene anemia\u201d), madrigaliza, pero no a lo Mata (\u201cLa bruja yergue su lengua de llamas\u201d), le canta a \u201cNuestro se\u00f1or el Tedio\u201d, aunque ya le est\u00e1 diciendo adi\u00f3s al clich\u00e9 modernista: \u201cYo no s\u00e9 la raz\u00f3n, m\u00e1s es un mal tan duro, el sentirse a s\u00ed mismo como un viejo esqueleto\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En el a\u00f1o 19 escribe Iluso ayer. Tiene la edad en que otros ven hacia adelante; \u00e9l, M\u00e1rmol el prematuro, anticipado, largo, ve hacia atr\u00e1s. Es el mismo a\u00f1o en que escribe: \u201cToda mi vida es s\u00f3lo una costumbre; sobre \/ su deslizarse, nada \u00a1ni la emoci\u00f3n m\u00e1s pobre!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Subsiste la rima; la capa de la imitaci\u00f3n que vest\u00eda otros \u00e1rboles, no. Caen envolturas para que la poes\u00eda quede desnuda. La existencia, el h\u00e1bito, los vac\u00edos, todo gira hacia el nuevo mundo de la creaci\u00f3n. No es vanguardia sin embargo, como no lo es la prosa m\u00e1gica de Ramos Sucre, su compa\u00f1ero.<\/p>\n\n\n\n<p>Circula \u00c1spero. El que as\u00ed habla tiene un nombre: es Antonio Arr\u00e1iz. Frente al idioma de planeta de Ramos Sucre, puntuado cablegr\u00e1ficamente, con fobia al pronombre y al \u201cque\u201d, aprendido en seis diccionarios, una lengua \u00e1spera, brutal, seca. Est\u00e1n uni\u00e9ndose las dos aguas que inundan la tierra vanguardista.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 hace M\u00e1rmol? Ah, los pastiches. El pastiche es poes\u00eda o es prosa y, m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites, el juego, la rabiosa renovaci\u00f3n. Ya est\u00e1 aqu\u00ed el que a nada se niega, el que abre todas las puertas. A su casa podr\u00e1n entrar los rom\u00e1nticos chochos, los modernistas y los autores de estampas criollas. Pero tambi\u00e9n los nuevos, tambi\u00e9n lo que deslumbra a unos y a otros repugna. Palabras locas que se pegan a cables surrealistas o que lanzan destellos de ultra\u00edsmo. Vocablos equilibristas de la vanguardia. Piruetas a lo Lindbergh. Haza\u00f1as que dejan florecer espinitos y bucares, morir marquesas y cisnes, para irse hacia los cielos, las m\u00e1quinas, el f\u00fatbol y las torres de petr\u00f3leo.<\/p>\n\n\n\n<p>El pastiche trama un complot en papel carb\u00f3n contra sus mejores amigos: es la develaci\u00f3n del estilo ajeno, y propio, a trav\u00e9s de una asombrosa duplicaci\u00f3n. Es cruel con el que todav\u00eda se adue\u00f1a de las p\u00e1ginas en una delincuente operaci\u00f3n de monopolio; consiente a los m\u00e1s avanzados. A la sociolog\u00eda de Laureano la agota en determinismos, en frases que sufren la mortificaci\u00f3n de la evidencia y de lo positivo. Nimiedades de club rondan las imitaciones de Andr\u00e9s J. Vigas, y el amaneramiento del Arquitecto-Poeta, comentarista del tennis y de jardines imaginados para su casa de gracias y coqueter\u00edas, pasa por el aire como un guante de cr\u00f3nica social. Al de \u00c1spero lo verticaliza, m\u00edmesis y ruido extra\u00f1os, caligrama. Mata se mata en sonetos donde el c\u00e9firo, el idilio y el piano levantan el tri\u00e1ngulo ideal de un Eros de \u00e1lbum; Sergio Medina est\u00e1 vivo y cantando en un patio arag\u00fce\u00f1o; Ud\u00f3n P\u00e9rez da saltos r\u00edtmicos entre boh\u00edos y flechas ind\u00edgenas. Queremel ya est\u00e1 al desnudo en su belleza ultra\u00edsta, regalando cigarros bajo las estrellas, en un modo, en una manera que Semprum, con su carcaj de Sagitario, jam\u00e1s tolerar\u00eda. El bueno de Urbaneja Achelpohl pasea sus zagalejas por la campi\u00f1a, las guarda en ranchos junto al taral en flor. Lino Sutil sutiliza lo pueril. Ramos Sucre, a cuerpo entero, con su zarza de Horeb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y al autopastiche, la fotograf\u00eda de su propio esp\u00edritu: \u201cPadezco una salud sin remedio; mi alegr\u00eda in\u00fatil es una l\u00e1grima en la boca de mis ojos muertos y camino con los pies para arriba para sentir m\u00e1s lejos el coraz\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>No son los pastiches como el breve decir de Arvelo Larriva: \u00e9ste, hai-kai particular y gr\u00e1fico; aqu\u00e9llos, autopsia de los estilos. No son los mu\u00f1ecos de Leo, porque pastiche no es caricatura. Es transparencia. S\u00e1tira, a veces; verdad siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>En el entierro de M\u00e1rmol dio su primer grito la vanguardia organizada, grupista, clamorosa. Era 1926. Un a\u00f1o despu\u00e9s se pod\u00eda escribir v\u00e1lvula con min\u00fascula y sin comillas. Dos a\u00f1os despu\u00e9s el alzamiento era general.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Z\u00e1rraga, el enterrado<\/h3>\n\n\n\n<p>La suerte que no tuvo Z\u00e1rraga dentro de El Nacional le vino fuera de \u00e9l. Z\u00e1rraga, durante largo tiempo, fue trabajador de este diario; pero s\u00f3lo cuando retorn\u00f3 a lo forastero y se troc\u00f3 en un outlander, y se meti\u00f3 en las tierras de Yaracuy, y persisti\u00f3 en el oficio de escribir, logr\u00f3 la recompensa. Esto sucedi\u00f3 en 1959 con el cuento \u201cNubarr\u00f3n\u201d, en unos d\u00edas en que el estilo faulkneriano, que hab\u00eda echado ra\u00edces a partir de El hombre y su verde caballo, sufri\u00f3 una embestida en los concursos de El Nacional. Porque un a\u00f1o antes Izaguirre hab\u00eda impuesto un concretismo urbano, con par\u00e9ntesis que no disimulaban la fluencia interior del pensamiento, pero que manten\u00edan en flotante claridad el tema del cuento. Un tema pol\u00edtico, de hombre tirado en los s\u00f3tanos de la Seguridad Nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de que pueda escap\u00e1rseme la menci\u00f3n al hombre, va alguna. Z\u00e1rraga no es un desterrado, es un enterrado. El escritor, s\u00ed no vive en la capital, se siente como exilado de su patria intelectual: no come, no estudia, no escribe, se ahoga. Venezuela, en las \u00faltimas d\u00e9cadas, hab\u00eda dejado al escritor a la deriva, transform\u00e1ndolo en algo que, para salvarse, deb\u00eda arribar a Caracas. Ciudades como Barquisimeto, Valencia, Maracaibo, un poco San Crist\u00f3bal y Cuman\u00e1, en otros tiempos dispon\u00edan de su peque\u00f1a corte intelectual y no ced\u00edan del todo frente a la metr\u00f3poli. Pero, a partir del 36, Caracas lo succion\u00f3 todo y hacia ac\u00e1 cayeron los n\u00e1ufragos.<\/p>\n\n\n\n<p>De modo que el escritor que vive, act\u00faa y lucha en el interior es hoy un milagro como este Z\u00e1rraga y como Hermann Garmendia. Y eso que con la implantaci\u00f3n de las ciudades universitarias y sus nidos cast\u00e1lidos el panorama ha cambiado en la d\u00e9cada final. Hacia M\u00e9rida, Valencia, Maracaibo, en menor grado hacia Oriente, han emigrado muchos escritores y artistas; pero siempre ser\u00e1n escritores y artistas de paso, en labor peregrina, r\u00e1pida, casi alimenticia, no en la dura y solitaria delicia de enterrarse. Z\u00e1rraga s\u00ed es un enterrado en Yaracuy.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed lo conoc\u00ed en 1963, por los d\u00edas de mayo. Editaba un peque\u00f1o peri\u00f3dico; desde luego, lo menos peri\u00f3dico en sus salidas, de esos que pesta\u00f1ean en la adormilada vida provinciana. No recuerdo con precisi\u00f3n si los versos all\u00ed incluidos, versos de s\u00e1tira menuda y pueblerina, eran suyos; recuerdo, s\u00ed, su inequ\u00edvoco perfil de hombre ganado para siempre por la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta tierra est\u00e1 presente en una serie de estampas y relatos que, con el nombre de La risa qued\u00f3 atr\u00e1s, public\u00f3 en San Felipe en 1959. Sea la verdad dicha esas im\u00e1genes campesinas, r\u00fasticas, costumbristas, fueron escritas entre 1952 y 1957 e insertas en El Cocorote\u00f1o y en el propio El Nacional. Imperfectas, m\u00e1s espont\u00e1neas que trabajadas, esas tentativas le sirvieron a Z\u00e1rraga para el logro expresivo de \u201cNubarr\u00f3n\u201d, cuento sint\u00e9tico, cerrado, muy parecido en estilo a los de D\u00edaz Sol\u00eds, miembro por cierto del jurado de 1959. En \u201cNubarr\u00f3n\u201d, un perro cuenta su tragedia \u00edntima, tal como D\u00edaz Sol\u00eds en sus narraciones of\u00eddicas nos exhibe las sensaciones y pensamientos de los ofidios. Y esto del perro en nuestra cuent\u00edstica ya ten\u00eda cercanos precedentes en los concursos de El Nacional, primero con la escena de una persecuci\u00f3n en un relato de Carpentier y luego con un rastreo que se detiene a orillas del Caron\u00ed, en esbozo narrativo de Cuesta y Cuesta que merec\u00eda el premio que m\u00e1s tarde le dieron por otro cuento. Y si para perros y literatura alguien quisiera m\u00e1s tiempo, consulte a Quinito, sucesivamente experimentado, escarmentado y triunfal en este aspecto.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00eda que las estampas y relatos de La risa qued\u00f3 atr\u00e1s, tal vez por las imperfecciones, fueron un terreno abonado para \u201cNubarr\u00f3n\u201d y no me atrever\u00eda a afirmarlo por no conocerlo, pero baste la suposici\u00f3n para \u201cLa brasa duerme bajo la ceniza\u201d. La materia bruta estaba en aquellas estampas, en aquellos relatos, mas el oficio apareci\u00f3 en \u201cNubarr\u00f3n\u201d. Una trama \u00fanica, circular; un relato simple, ajeno a simbolog\u00edas; un estilo fresco; una atm\u00f3sfera limpia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo la impresi\u00f3n de que el nuevo cuento de Z\u00e1rraga seguir\u00e1 por este camino. Este camino, s\u00ed, se cre\u00eda perdido en medio de los complejos freudianos, el enrevesamiento universalista, el disparo hacia lo po\u00e9tico; y he aqu\u00ed que retorna con el esp\u00edritu de la tierra y el fulgor de los enterrados.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jesus-sanoja-hernandez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mari\u00f1o-Palacio, el que deb\u00eda morir Posiblemente solo, posiblemente entre las cuatro paredes de una cl\u00ednica, posiblemente desprovisto de lucidez durante mucho tiempo, Andr\u00e9s Mari\u00f1o-Palacio, agarrado a aquel gui\u00f3n que tanto amaba Pedro Emilio Coll, ha muerto. 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