{"id":1427,"date":"2021-09-21T12:58:47","date_gmt":"2021-09-21T17:28:47","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1427"},"modified":"2025-07-01T19:37:50","modified_gmt":"2025-07-02T00:07:50","slug":"juan-sanchez-pelaez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-sanchez-pelaez\/","title":{"rendered":"Adi\u00f3s a Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Por: Eugenio Montejo<\/h4>\n\n\n\n<p>No se ha indagado a\u00fan a cabalidad acerca del vasto y contagioso influjo que alcanz\u00f3 el movimiento surrealista en los pa\u00edses hispanoamericanos. Ninguna otra tendencia literaria, si exceptuamos el m\u00e1s explicable culto al modernismo en su momento, ha tenido la proyecci\u00f3n que en las letras y la pl\u00e1stica del continente logr\u00f3 el grupo fundado por Andr\u00e9 Breton. La misma conveniencia de referirnos ahora directamente al nombre castellanizado del movimiento, en vez de superrealismo, que es la denominaci\u00f3n preferida por la Academia, pone de manifiesto el grado de interiorizaci\u00f3n de que ha sido objeto esta tendencia en los medios art\u00edsticos hispanoamericanos. Hay que a\u00f1adir que el t\u00e9rmino, en la m\u00e1s simple acepci\u00f3n de absurdo e il\u00f3gico, ya forma parte del habla cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso es que, de forma casi coet\u00e1nea con los fundadores, despuntaron en Hispanoam\u00e9rica las revistas, las agrupaciones y las propuestas destinadas a difundir los postulados est\u00e9ticos del grupo parisino. No es casual que algunos poetas surrealistas hispanoamericanos adoptaran el franc\u00e9s como lengua a la hora de escribir sus poemas; tampoco lo es que en el campo de la pl\u00e1stica surgieran nombres de tanta significaci\u00f3n como Wilfredo Lam o Roberto Matta. El culto rendido al surrealismo supo marcar su impronta en ciertos giros, entonaciones y adjetivaciones inusuales, y ello aun en las p\u00e1ginas de escritores que no comulgaron de modo expreso con la tendencia. Llego a suponer, dicho sea como mera hip\u00f3tesis esbozada al paso, que en el imaginario de nuestros pa\u00edses el surrealismo tom\u00f3 oportunamente el lugar del romanticismo que nunca tuvimos, y encontr\u00f3 en \u00e9l encarnada la conjunci\u00f3n de arte y vida como una proeza del esp\u00edritu. Acaso ello valga para explicarnos en parte por qu\u00e9 las proposiciones de la escuela francesa no hallaron un campo propicio en el mundo angloamericano. Al contrario, algunos autores de renombre hicieron expl\u00edcito su rechazo: \u201cEl surrealismo inventa sin descubrir\u201d, apostrof\u00f3 Wallace Stevens.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta reflexi\u00f3n se me ocurre al despedir ahora al poeta venezolano Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez (1922-2003), reconocido como una de las figuras representativas del movimiento en el continente. Desde edad temprana, cuando residiera durante algunos a\u00f1os en Chile en tiempos de su adolescencia, S\u00e1nchez Pel\u00e1ez entr\u00f3 en relaci\u00f3n con el surrealismo a trav\u00e9s del grupo&nbsp;<em>Mandr\u00e1gora<\/em>, entre cuyos integrantes figuraba tambi\u00e9n el joven poeta Gonzalo Rojas. A su regreso a Caracas public\u00f3&nbsp;<em>Elena y los elementos <\/em>(1951), un libro que se ci\u00f1e sin ambages a los principios del movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Es verdad que ya antes, a&nbsp; trav\u00e9s de la acci\u00f3n del grupo literario Viernes que encabezaba Vicente Gerbasi, se hab\u00edan divulgado en Venezuela ciertas formas de escritura afines a las defendidas por los surrealistas, pero \u00e9stas proven\u00edan sobre todo de la influencia del Neruda de&nbsp;<em>Residencia en la tierra<\/em>. En el caso de S\u00e1nchez Pel\u00e1ez, su poes\u00eda abraz\u00f3 desde el inicio la ruptura l\u00f3gica de la frase en beneficio de las revelaciones inconscientes, a la vez que hizo suya la celebraci\u00f3n del amor como un estado de revelaci\u00f3n permanente. Son caracter\u00edsticas de su escritura las \u201cs\u00fabitas y azarosas asociaciones de palabras secretamente vinculadas o, por el contrario, relacionadas por sorpresa\u201d, seg\u00fan observara Juan Liscano, as\u00ed como una clara defensa del erotismo en contra de las convenciones sociales del momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el principio, sin embargo, cierto esmero verbal y cierta presentaci\u00f3n de la imagen parecen emparentarlo con Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre. El nombre de este poeta, un contempor\u00e1neo de las vanguardias y autor de una obra insular e inclasificable, ha figurado con frecuencia entre los llamados precursores del surrealismo latinoamericano. La familia espiritual de S\u00e1nchez Pel\u00e1ez se remontaba asimismo a los poetas franceses del siglo XIX, casi todos reivindicados por el grupo surrealista: Baudelaire, Rimbaud y Lautr\u00e9amont.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus inicios po\u00e9ticos tuvieron lugar en momentos en que la llamada poes\u00eda comprometida se beneficiaba de una adhesi\u00f3n creciente, estimulada por el estupor que sigui\u00f3 a la Segunda Guerra Mundial y la inapagable pol\u00e9mica que marc\u00f3 el ambiente moral y art\u00edstico de aquellos a\u00f1os. La primac\u00eda del poema de reclamo social, que deriv\u00f3 no pocas veces en un desembozado canto a Stalin, y la t\u00e1cita certificaci\u00f3n de lo escrito a la luz de tales compromisos, contribu\u00edan a enrarecer el ambiente literario. La apertura surrealista proporcionaba, en cambio, junto a su apasionada osad\u00eda creativa, el despejado horizonte donde pod\u00eda cumplirse una b\u00fasqueda distinta, por lo menos en los casos de aquellos poetas que no trataron de insertar en las propuestas art\u00edsticas del movimiento ninguna alusi\u00f3n partidista.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, al regreso de una larga permanencia en Par\u00eds, S\u00e1nchez Pel\u00e1ez publica&nbsp;<em>Animal de costumbre<\/em>&nbsp;(1959), un poemario en que su franco respaldo a los postulados surrealistas comienza a decantarse. Se aten\u00faa en este libro la ruptura demasiado il\u00f3gica de la frase, as\u00ed como los conocidos efectos formales puestos en boga por la tendencia que derivaron muchas veces en predecibles reiteraciones. Se acent\u00faan, en cambio, el cuidado expresivo, la celebraci\u00f3n er\u00f3tica y la propensi\u00f3n a conjugar en todo instante los datos del poema y los hechos de la vida. Un cierto hermetismo, que parec\u00eda coincidir en casual sinton\u00eda con el de los maestros italianos, o bien con los autores de la que Gadamer defini\u00f3 a\u00f1os m\u00e1s tarde como \u201cpoes\u00eda sem\u00e1ntica\u201d, pasar\u00eda a gobernar el derrotero de esta poes\u00eda a partir de ese libro.<\/p>\n\n\n\n<p>Vinieron despu\u00e9s&nbsp;<em>Filiaci\u00f3n oscura<\/em>&nbsp;(1966),&nbsp;<em>Lo huidizo y permanente<\/em>(1969),&nbsp;<em>Rasgos comunes<\/em>&nbsp;(1975),&nbsp;<em>Por cu\u00e1l causa o nostalgia<\/em>&nbsp;(1981) y&nbsp;<em>Aire sobre el aire<\/em>&nbsp;(1989). S\u00e1nchez Pel\u00e1ez residi\u00f3 entonces durante algunos a\u00f1os en Nueva York, sin contar una breve presencia diplom\u00e1tica que lo llev\u00f3 como agregado cultural a Bogot\u00e1, en la d\u00e9cada de los cincuenta, y a Madrid, a fines de los setenta. En las obras mencionadas es palpable el progresivo adue\u00f1amiento de su propia zona creadora, una zona que si bien en principio comparti\u00f3 muchas de las propuestas del movimiento, guard\u00f3 cada vez mayor distancia del empleo estereotipado que termin\u00f3 por convertir en nueva ret\u00f3rica los principios defendidos por el surrealismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede decirse que, tal como aconteci\u00f3 con Gunnar Ekel\u00f6ff, Octavio Paz o Vladimir Holan, S\u00e1nchez Pel\u00e1ez guard\u00f3 por el surrealismo el fervoroso reconocimiento a una tentativa que no en vano estuvo unida a los sue\u00f1os de la juventud, pero su poes\u00eda apunt\u00f3 progresivamente hacia un norte m\u00e1s personalizado. La depuraci\u00f3n obsesiva del lenguaje, a riesgo de rozar el lado cr\u00edptico de la frase, la expresi\u00f3n del deseo y la ternura, el rechazo sin pacto de todo poder, son rasgos distintivos de esta poes\u00eda. Su entonaci\u00f3n parte a menudo de cierto balbuceo, de un decir quebrado donde se mezclan la ternura y el despojamiento: \u201cMientras todos cavilan, me arrulla, me arrulla mi melod\u00eda pueril.\u201d Mas es el tono amoroso el que retiene con frecuencia sus mejores hallazgos: \u201cLas cartas de amor que escrib\u00ed en mi infancia eran memorias de un futuro para\u00edso perdido.\u201d Pese a ser la suya una obra m\u00e1s bien concentrada y breve, opt\u00f3 siempre por la revisi\u00f3n y las supresiones sin t\u00e9rmino en cada una de las nuevas ediciones de sus poemas.<\/p>\n\n\n\n<p>En Venezuela, sobre todo a partir de la generaci\u00f3n de 1958, ha sido reivindicado como un maestro, tanto por la influencia de su obra en quienes han proseguido sendas cercanas a la suya, como en el aspecto m\u00e1s concreto y definitivo de su fervor por la poes\u00eda, un fervor que supo asumir, sin \u00e9nfasis aparente, como la primordial raz\u00f3n de la existencia. Es aqu\u00ed donde la presencia y la obra de Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez resultan indiscernibles. La proyecci\u00f3n afectiva de su persona, su di\u00e1fana proximidad capaz de otear las cosas por v\u00edas oblicuas o in\u00e9ditas, se juntan para muchos con las palabras de sus poemas y con la forma como alguna vez llegaron a escucharlos de su propia voz. Amigo de \u00c1lvaro Mutis, Enrique Molina, Gonzalo Rojas y Carlos Germ\u00e1n Belli, entre otros, su nombre lleg\u00f3 a volverse en algunos medios literarios de Hispanoam\u00e9rica una especie de santo y se\u00f1a que, a su modo, serv\u00eda de gui\u00f1o para identificarse en secreto.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo conoc\u00ed hace ya cuatro d\u00e9cadas, en la soleada Valencia venezolana, cuando me correspondi\u00f3 trabajar a su lado por un tiempo. De tanto en tanto, sol\u00eda repetir entonces unas palabras de Andr\u00e9 Breton escritas a prop\u00f3sito de su amigo, el poeta Benjamin P\u00e9ret, las mismas que ahora repentinamente vuelven a mi memoria, sin duda como las m\u00e1s apropiadas al momento de despedirlo: \u201cHablo de \u00e9l como de una l\u00e1mpara demasiado pr\u00f3xima que durante cuarenta a\u00f1os, d\u00eda a d\u00eda, ha embellecido mi vida.\u201d<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">(Tomado de: https:\/\/letraslibres.com)<\/h6>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Otros datos<\/h4>\n\n\n\n<p>Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez (Altagracia de Orituco-estado Gu\u00e1rico, 1922 &#8211; Caracas, 2003). Estudi\u00f3 primaria y secundaria en Caracas. Desempe\u00f1\u00f3 la docencia en Matur\u00edn, Maracaibo y el Estado Sucre. Vivi\u00f3 en Chile, donde se relacion\u00f3 con los poetas del grupo \u00a8 Mandr\u00e1gora\u00a8.&nbsp; Fue Agregado Cultural de la Embajada de Venezuela en Colombia. Residi\u00f3 en Par\u00eds durante un largo tiempo. Colaborador de numerosas publicaciones peri\u00f3dicas: Papel Literario de El Nacional, Zona Franca. Eco (Colombia), Poes\u00eda (Valencia), Se\u00f1al (Par\u00eds), Tabla Redonda, etc. Obtuvo el Premio Nacional de Poes\u00eda 1975. Doctor Honoris Causa de la Universidad de Los Andes en 2001.<\/p>\n\n\n\n<p>Libros publicados: <em>Animal de Costumbre<\/em> (1959, poemas); <em>Elena y los elementos<\/em> (1951, poemas);&nbsp; <em>Filiaci\u00f3n oscura<\/em> (1966, poemas); <em>Lo huidizo y lo permanente<\/em> (1969); <em>Un d\u00eda sea<\/em> (1969, poemas); Rasgos comunes (1975); <em>Poes\u00eda<\/em> (1951-1981); <em>Aire sobre el aire<\/em> (1989); <em>Por cu\u00e1l causa o nostalgia<\/em> (1981); <em>Obra Po\u00e9tica<\/em> (2003).<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Poes\u00eda<\/h4>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rasgos-comunes-seleccion\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Rasgos comunes<\/a> (selecci\u00f3n)<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/elena-y-los-elementos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Elena y los elementos<\/a> (selecci\u00f3n)<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/poemas-sanchez-pelaez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Poemas selectos<\/a><\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">En Biblioteca<\/h4>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/antologia-poetica-de-sanchez-pelaez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Antolog\u00eda po\u00e9tica<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a rel=\"noopener\" href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rasgos-elena\/\" target=\"_blank\">Rasgos comunes\/Elena y los elementos<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/por-cual-causa-o-nostalgia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Por cu\u00e1l causa o nostalgia<\/a><\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Fuente: Instituto de investigaciones literarias \u00abGonzalo Pic\u00f3n Febres\u00bb (1987): <em>Diccionario general de la literatura venezolana<\/em><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Eugenio Montejo No se ha indagado a\u00fan a cabalidad acerca del vasto y contagioso influjo que alcanz\u00f3 el movimiento surrealista en los pa\u00edses hispanoamericanos. 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