{"id":14265,"date":"2024-12-05T16:28:44","date_gmt":"2024-12-05T20:58:44","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14265"},"modified":"2024-12-05T16:28:44","modified_gmt":"2024-12-05T20:58:44","slug":"los-ultimos-espectadores-del-acorazado-potemkin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/los-ultimos-espectadores-del-acorazado-potemkin\/","title":{"rendered":"Los \u00faltimos espectadores del acorazado Potemkin"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ana Teresa Torres<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Cap\u00edtulo 1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda escapatoria, yo ser\u00eda el testigo forzoso del despliegue de los escombros de la alegr\u00eda y la tristeza de su vida en aquel bar llamado La Fragata. Acud\u00ed a la cita sabiendo que era absurdo porque ya hab\u00eda perdido el inter\u00e9s, si es que en alg\u00fan momento lo tuve, de escuchar a una desconocida divagar acerca del vago proyecto que seguramente no llevar\u00eda a cabo. Al llegar, dud\u00e9, volv\u00ed sobre mis pasos como quien se ha metido en una calle sin salida o ha equivocado la direcci\u00f3n, y luego regres\u00e9, entr\u00e9 en el bar y busqu\u00e9 la mesa en la que quiz\u00e1 no estar\u00eda. Al fondo, sentada, estaba la mujer que hab\u00eda conocido la noche anterior. Entonces, con gran seguridad en mis gestos, me dirig\u00ed hacia ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Llevaba un impermeable oscuro, de mala calidad, que no recuerdo si ten\u00eda la noche anterior, unos zapatos m\u00e1s bien toscos y un malet\u00edn gastado. No puedo dejar de observar los maletines gastados ni los impermeables de mala calidad. Inmediatamente pienso que llover\u00e1 muy fuerte, que del malet\u00edn se saldr\u00e1n unas hojas que se desparramar\u00e1n y perder\u00e1n para siempre, que los toscos zapatos tropezar\u00e1n bajo la lluvia. Me desanimaba pensar que mientras ella hablase, yo intentar\u00eda reconstruir su probable atractivo de a\u00f1os atr\u00e1s, cuando en verdad no pod\u00eda evitar la descripci\u00f3n que ya hab\u00eda detallado de aquella mujer con malet\u00edn. Por otra parte, detesto la conmiseraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pregunt\u00e9 qu\u00e9 posibles razones me situaban en una obligaci\u00f3n adquirida sin mi consentimiento o cuando menos mi aprobaci\u00f3n. Repasando lo sucedido la noche anterior, recordaba que hab\u00eda salido de una reuni\u00f3n o fiesta o saco de gatos, con algunos tragos de m\u00e1s, lo que es francamente inusual en mi rutina, pero en este caso as\u00ed hab\u00eda ocurrido. Sent\u00eda una mansa tristeza por todos ellos, y por m\u00ed mismo, por todos los que nos desplaz\u00e1bamos solitarios en las calles oscuras y abandonadas, quiz\u00e1 m\u00e1s abandonados que las propias calles, y vuelvo a decir, tristes, para acogernos en nuestras televisiones y nuestras s\u00e1banas. La noche terminada, la fiesta terminada, los ojos abiertos a la noche terminada. <\/p>\n\n\n\n<p>Todo nos hab\u00eda dejado y eso nos un\u00eda, nada nos quedaba, s\u00f3lo la conciencia de nuestro espurio destino. Mir\u00e9 el reloj con un deseo impreciso de seguir la noche, y cuando me acercaba a mi casa, de pronto me vi frente a un bar que nunca hab\u00eda o\u00eddo mencionar ni tampoco frecuentado, pero que permanec\u00eda abierto, y entr\u00e9 en \u00e9l sin mucha esperanza, pensando encontrar unos mesoneros implacables que volteaban las mesas dej\u00e1ndoles las patas hacia arriba como antip\u00e1ticas ara\u00f1as, o bien, enfurecidos, servir un \u00faltimo vaso en la barra, mientras limpiaban afanosamente alrededor para indicar el cierre inmediato. Pero ya los mesoneros no estaban y s\u00f3lo pude distinguir a tres personas: una mujer, con el pelo mal te\u00f1ido de rubio, que acariciaba la m\u00e1quina registradora y revisaba cifras con unos lentes de media luna; parec\u00eda haberse quitado el vestido que colgaba del pomo de una puerta y llevaba ahora una bata como de andar por casa. Un hombre, presumiblemente el marido, que secaba vasos y los colocaba frente a la barra, y al fondo la figura de una mujer sentada en una mesa que conservaba el mantelito rojo, a diferencia del resto, a las que ya el due\u00f1o se los hab\u00eda retirado y cuidadosamente doblado. Me acerqu\u00e9 a \u00e9l con discreci\u00f3n porque no me gusta molestar y le pregunt\u00e9 muy dubitativamente si pod\u00eda servirme algo. A su vez me mir\u00f3 con tono de pregunta y le contest\u00e9, un whisky con agua. Lo sirvi\u00f3 de inmediato mientras yo trataba de percibir el grado de irritaci\u00f3n que mi presencia pudiera ocasionar, y estuve a punto de comunicarle que no buscaba quedarme m\u00e1s de lo razonable ni era un borracho inoportuno, sino s\u00f3lo un hombre solo que quer\u00eda tomarse un \u00faltimo trago de madrugada para olvidar, como lo hace todo el mundo, alg\u00fan fracaso.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy lo que se dice un personaje bastante corriente, que nunca ha querido darle a su vida un sello de particularidad, ni mucho menos pertenezco a la raza de los que cuando beben se hacen locuaces o pendencieros o graciosos o quieren embargar a los dem\u00e1s con historias que consideran ins\u00f3litas, por su grado extremo de desgracia o de humor o de jactancia, sino alguien que se atribuye modestamente el haber recorrido las experiencias comunes de un hombre de mi edad. Mis intenciones no sobrepasaban ese trago que quer\u00eda tomar antes de encaminarme a mi casa con la misma tranquilidad con que hab\u00eda entrado, sin esperar nada del azar ni de la noche, ni mucho menos de \u00e9l, y si hab\u00eda empujado la puerta del bar era para no encerrarme todav\u00eda en la m\u00ednima dimensi\u00f3n del estudio con balc\u00f3n que transitoriamente hab\u00eda alquilado hac\u00eda diecisiete transitorios a\u00f1os. Pero no soy el tipo de persona que lanza sus pensamientos a los dem\u00e1s, aunque s\u00ed es cierto que puedo producirlos con gran rapidez, tanto as\u00ed que me fueron interrumpidos por un gesto del due\u00f1o, algo sorpresivo o que por lo menos no esperaba. El hombre, una vez servido mi vaso, sali\u00f3 del mostrador y lo deposit\u00f3 en la mesa que ocupaba la mujer. El problema de ser discreto es que a uno puede sucederle este tipo de situaciones. Mi hermano, de inmediato y con gran espontaneidad, le hubiera explicado que prefer\u00eda estar solo en la barra. Seguramente el hombre le hubiera dejado el vaso enfrente sin comentarios y sin importancia, como corresponde a esos ademanes triviales que permanentemente realizamos. Pero yo no me parezco a mi hermano, eso es claro; tengo una mansedumbre, una ductilidad que ha permitido a la vida irme colocando en las m\u00e1s diversas posiciones, no del todo deseables, y siempre he sospechado que la vida me ha vivido, en vez de lo contrario, como supongo debe ser. Pero cuando termin\u00e9 estos pensamientos estaba ya sentado en la mesa frente a mi vaso y a la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>En una peque\u00f1a cocina de gas la mujer de la caja registradora fre\u00eda unos huevos, sin prestarme ninguna atenci\u00f3n, lo que me hac\u00eda sentir c\u00f3modo, como si formara parte del mobiliario. Por un momento me cruz\u00f3 una idea vulgar, quiero decir vulgarmente l\u00f3gica, y supuse que el due\u00f1o hab\u00eda cre\u00eddo entender que yo buscaba compa\u00f1\u00eda femenina, y que la mujer sentada en la mesa estaba en el acuerdo. Esta hip\u00f3tesis, que no era totalmente arbitraria, se desvanec\u00eda frente a la mujer que continuaba sin mirarme, y que por su aspecto no parec\u00eda estar relacionada con ning\u00fan tipo de comercio y menos el de su compa\u00f1\u00eda. Pero no soy alguien que se atribuya capacidades que no tiene, y desde luego estoy seguro de no haber adivinado nada en la vida. Soy de los que consultan los horarios de tiendas y transportes porque no dejo a la intuici\u00f3n el m\u00e1s m\u00ednimo detalle, aunque eso tampoco me ha evitado ning\u00fan error. Lo que quiero subrayar es que indago las se\u00f1ales evidentes de las cosas y las personas antes de tomar alguna iniciativa. Por otra parte, si buscaba compa\u00f1\u00eda femenina, no era desde luego la de ella; quiz\u00e1s otra que se me hab\u00eda quedado en alg\u00fan recodo al que era dif\u00edcil volver por razones que no parecen del caso explicar, y desde su ausencia, que no sabr\u00eda si calificar de decisiva, inmotivada, irremediable o torpe, las mujeres que hab\u00eda encontrado me parec\u00edan ap\u00e9ndices muy colaterales de mi existencia, por lo que hab\u00eda dejado de sentir el apremio de incluirlas dentro de mis propios pasos, limit\u00e1ndome a algunos instantes que podr\u00eda llamar placenteros, aunque quiz\u00e1s el placer sea otra cosa, pero creo que es bastante claro lo que quiero decir sin m\u00e1s detalles. Ese tipo de instante no me parec\u00eda que ser\u00eda evocado por la mujer que se sentaba frente a m\u00ed, o mejor dicho, frente a la cual me hab\u00edan sentado, o para ser a\u00fan m\u00e1s exacto, la mujer que, como yo, era sentada. En ese momento pens\u00e9 que la violencia que para m\u00ed constitu\u00eda el hecho de estar all\u00ed contra mi voluntad era igualmente determinante para ella y me surgi\u00f3 un odio callado contra un due\u00f1o de bar que decid\u00eda as\u00ed sobre el destino de nuestras vidas. Pero ya dije que soy de naturaleza tranquila y no ten\u00eda ganas de perderme en una explicaci\u00f3n que no conducir\u00eda a nada; al fin y al cabo mi intenci\u00f3n hab\u00eda sido tomarme otro trago, como en efecto estaba haciendo, y pronto me ir\u00eda a mi apartamento de acuerdo a lo que hab\u00eda previsto.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer me sorprendi\u00f3 con una pregunta. La sensaci\u00f3n de estar sentado al lado de una siniestra mu\u00f1eca de cera (todas las mu\u00f1ecas de cera son siniestras, creo) o de un objeto abandonado all\u00ed, me hab\u00eda hecho olvidar que pod\u00eda hablar. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfVive usted cerca?<\/p>\n\n\n\n<p>La hip\u00f3tesis seg\u00fan la cual la mujer estaba enlazada comercialmente con el negocio cobraba fuerza y eso comprobaba una vez m\u00e1s que mi destino es muy coherente, con desenlaces del tipo cajita de m\u00fasica, de melod\u00eda repetida y eternamente similar.<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed -le contest\u00e9-, a dos cuadras.<\/p>\n\n\n\n<p>Ca\u00ed en cuenta entonces de que, aun estando muy cercano a mi apartamento, nunca hab\u00eda tropezado con el bar porque para dirigirme a mi trabajo sigo la calle de la izquierda y el bar queda hacia la derecha.<\/p>\n\n\n\n<p>-Yo, en cambio, vivo muy lejos.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pareci\u00f3 que lo dec\u00eda para que le preguntara d\u00f3nde pero la verdad es que inquirir sobre direcciones me parece muy aburrido, especialmente una direcci\u00f3n a la que no pensaba ir nunca, y adem\u00e1s, cuando me las explican, siento una ceguera espacial total y no logro imaginarme las izquierdas y derechas o las cuadras m\u00e1s arriba o m\u00e1s abajo, de lo que resulta que prefiero las avenidas principales para cualquier tipo de movilizaci\u00f3n. Observ\u00e9 que no ten\u00eda para nada ese tipo falsamente seductor que podr\u00eda esperarse, si es que estuviera tanteando las posibilidades de un encuentro, que como prospecto resultar\u00eda poco brillante porque daba la impresi\u00f3n de ser una mujer bastante despeinada por los aires de la vida, y yo tampoco puede decirse que luzco como un gal\u00e1n. Tengo, eso s\u00ed, un tono desali\u00f1ado y medio abandonado que evoca en algunas mujeres un maternalismo que las lleva a comprarme camisas m\u00e1s modernas y corbatas m\u00e1s vistosas, y tengo tambi\u00e9n un liger\u00edsimo defecto en la pierna izquierda: cojeo como recuerdo de una polio infantil; es casi imperceptible pero tambi\u00e9n contribuye a ese deseo de prodigarme cuidados.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pareci\u00f3 que hab\u00eda llegado el momento de entablar un falso di\u00e1logo acerca de por qu\u00e9 est\u00e1bamos donde est\u00e1bamos pero no me era f\u00e1cil, sobre todo porque no lo sab\u00eda, y tampoco, para decir la verdad, me importaba mucho. Le dije, sin embargo, que hab\u00eda entrado en el bar no s\u00f3lo por querer tomarme un whisky sino porque el nombre de La Fragata me result\u00f3 atractivo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Yo nunca he conocido una fragata de verdad, o quiz\u00e1 s\u00ed y lo ignoro porque con frecuencia hemos sabido de objetos que no podemos describir por desconocer su nombre, y de esa manera atraviesan ante nosotros como fantasmas vac\u00edos en espera de nominaci\u00f3n. As\u00ed, por ejemplo, lo que verdaderamente constituye una fragata para m\u00ed es la imagen de Errol Flynn y Maureen O&#8217;Hara en una pel\u00edcula de corsarios por los a\u00f1os cincuenta. Veo claramente a Errol Flynn con una camisa blanca desgarrada subi\u00e9ndose al palo mayor con una bella mujer de pelo rojo y largo, tambi\u00e9n falsamente sucia y rota, entre los brazos, y escucho la m\u00fasica de fondo en un acorde triunfal dentro de un t\u00edtulo que pudo ser \u00abEl corsario de los siete mares\u00bb. Veo la silueta esplendorosa del barco desafiando el naufragio, a los corsarios malos, a los tiburones y otros peligros diversos, hasta que finalmente la fragata se hunde en las rocas de un acantilado, que es el final de todas las fragatas que para m\u00ed existen. Son bellos objetos que cruzan el mar<br>para siempre, traspasando los pliegues de la existencia hasta su total desvanecimiento, el colapso estruendoso del que quedar\u00e1n los despojos del viaje en los que un buen observador podr\u00e1 encontrar las se\u00f1ales de la belleza perdida. Contemplar la belleza es siempre contemplar la muerte, dijo alguien, pero no recuerdo qui\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Qued\u00e9 detenido porque no esperaba que la mujer me dirigiera esas palabras, y le contest\u00e9 que me parec\u00eda recordar la pel\u00edcula, aunque en verdad no creo haberla visto.<\/p>\n\n\n\n<p>-Ser la mujer de Errol Flynn en ese momento era la posibilidad de trascender todo lo real. \u00bfUsted se imagina un orgasmo en el palo de una fragata? Era el momento del cl\u00edmax donde los corsarios malos atacaban a los corsarios buenos, y \u00e9l la salvaba a ella del peligro, \u00bfde cu\u00e1l peligro ser\u00eda?, del peligro de<br>desaparecer de la existencia, quiz\u00e1s. \u00c9l la elevaba no s\u00f3lo en el aire sino sobre la vida, la llevaba a la condici\u00f3n de hero\u00edna por encima del mar, a fuerza de la absoluta imposibilidad de que Errol Flynn, con un cuchillo entre los dientes, sostuviese con un brazo a Maureen O&#8217;Hara mientras la fragata se hund\u00eda y reaparec\u00eda, se levantaba por un lado y se ocultaba por el otro. Una fragata debe ser bastante inservible hoy en d\u00eda. \u00bfD\u00f3nde estar\u00e1 la fragata de Errol Flynn? Podr\u00eda quiz\u00e1 verse el cascar\u00f3n, y a su lado los palos reposando sobre una arena blanca, y en su interior con seguridad habr\u00e1 un cofre de joyas, de colores muy rojos y verdes, como son las joyas de los piratas que Errol Flynn nunca encontr\u00f3. Pero ha muerto la fragata, desfragatada para siempre, ha perdido su belleza desarticulada, corro\u00edda, horadada, descolorida, quebrada, ensa\u00f1ada de la vida que se odia en su propio espejo y lo rompe, insatisfecha de su imagen. Nunca m\u00e1s sus velas espl\u00e9ndidas se estremecer\u00e1n en el espacio irreal del mar, nunca m\u00e1s ese momento de belleza destructiva en que la fragata vencida por el oleaje zozobra contra las rocas, ese instante de pasi\u00f3n que es querer vivir irrumpiendo del naufragio, de querer morir contra la vida. La vida como una gran roca contra la cual estamos dispuestos a deshacernos de amor y a dejar en ella las marcas f\u00fatiles de lo que fuimos; morir contra la vida a fuerza de querernos vivir, y que todos los pedazos salten hacia una playa eterna que los recoger\u00e1 en un abrazo infinito y odioso, final de la fragata estallada de su propia vida contra la muerte arenosa y tranquila, que de ah\u00ed en adelante retendr\u00e1 el movimiento que una vez surc\u00f3 los mares del Sur o del Caribe, y quedar\u00e1 as\u00ed en las im\u00e1genes de otros. Siempre, curiosamente, la muerte organiza nuestras vidas pero pertenece a los otros, a aquellos que ser\u00e1n sus espectadores, afectados o indiferentes, pero finalmente due\u00f1os de nuestro acabamiento, como ahora recuerdo yo el final de la pel\u00edcula mientras Errol Flynn descansa en una villa californiana (\u00bfd\u00f3nde se muri\u00f3 Errol Flynn?) y se toma un gin tonic en una silla de extensi\u00f3n frente a una piscina de agua templada, gordo y envejecido, contemplando no s\u00e9 qu\u00e9 porque nunca he estado en una villa en California, ni espero estarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Yo tampoco -le dije con calor-, yo tampoco quiero morirme nunca en California.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos re\u00edmos a la vez.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 habr\u00edamos de morir en California, en la villa de un actor retirado, frente a una piscina de agua templada? Se ha dejado contagiar de mis evocaciones porque no me da usted la impresi\u00f3n de ser alguien con villas ni castillos -se ri\u00f3 de nuevo la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Al hacerlo mostraba las arrugas de su edad incierta pero implacable, mir\u00e1ndome a m\u00ed, que soy poco discernible entre las multitudes, dado mi aspecto bastante com\u00fan, y tuve el desacierto de querer continuar all\u00ed sentado. <\/p>\n\n\n\n<p>-Usted est\u00e1 comprobando ahora la imposibilidad de la fragata, y como nos pasa siempre, quiere recomponerla, recuperar su tensi\u00f3n, el despliegue de sus velas. Quiere encontrar en m\u00ed lo que era antes del naufragio, pero he ah\u00ed precisamente la trampa. Usted tambi\u00e9n habr\u00e1 protagonizado sus escenas que han ido cayendo en las bajadas de tel\u00f3n, dej\u00e1ndonos como actores principal\u00edsimos que somos, en permanente b\u00fasqueda de nuestro autor, pero reencontrarnos en ellas ser\u00eda tan rid\u00edculo como preguntarle a Errol Flynn (en el caso improbable de que estuviese vivo) si sostiene ahora su amor por Maureen O&#8217;Hara (en el caso de que fuera ella), o preguntarle al due\u00f1o de este bar por qu\u00e9 nos sent\u00f3 juntos, o m\u00e1s a\u00fan, preguntarnos a nosotros por qu\u00e9 hemos coincidido esta noche, detalle que en pocos d\u00edas olvidaremos o confundiremos con otros encuentros, parcialidades que nos sit\u00faan como las se\u00f1ales a los barcos en la oscuridad. Usted encuentra la tentaci\u00f3n del tiempo perdido y quiere entrar en mis recuerdos pero yo no puedo permit\u00edrselo porque es lo \u00fanico que verdaderamente poseo, y eso no todos los d\u00edas sino cuando ellos me buscan desde la neblina, como hoy Errol Flynn. En esas piezas esparcidas apenas quedan los escombros de la vida, derribada y alterada, que a veces imprevisiblemente nos asalta.<\/p>\n\n\n\n<p>Decirle que entrar en su tiempo perdido era el m\u00e1s lejano de mis prop\u00f3sitos me pareci\u00f3 una crueldad. Por otra parte, el extra\u00f1o tono de su conversaci\u00f3n me hab\u00eda divertido, puesto que resultaba un claro indicador de que deb\u00eda estar completamente borracha. Lo m\u00e1s prudente era dar por terminada aquella<br>estramb\u00f3tica situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No recuerdo bien si ella sali\u00f3 primero del bar o fui yo. Cuando llegu\u00e9 a mi apartamento hab\u00eda amanecido y me vest\u00ed con ropa limpia para ir al trabajo. No soy de los que se excusan por cualquier cosa ni de los que cambian sus planes al encontrar un imprevisto. Quiero decir que el cansancio o la perplejidad no me resultan m\u00f3viles suficientes para modificar el curso de mis actos y por eso he sido siempre consecuente con mis obligaciones y nunca he dado bandazos ni hecho movimientos en falso; sigo mis pasos como los he predeterminado, por las avenidas rectas sin torcer en los cruces. En este caso, sin embargo, antes de salir de La Fragata, hab\u00eda cedido a la curiosidad y le hab\u00eda preguntado a qu\u00e9 se dedicaba.<\/p>\n\n\n\n<p>-Tengo varios meses trabajando en un proyecto pero no logro la sensaci\u00f3n de algo terminado -me contest\u00f3-. Voy a emprender un viaje y a mi vuelta dar\u00e9 el acabado final. S\u00e9 que falta algo que de alguna manera resuelva el vac\u00edo en que ahora me encuentro, pero no puedo hallarlo dentro de m\u00ed. Pienso que un cambio de ambiente y de ideas podr\u00eda proporcion\u00e1rmelo, necesito encontrar un recurso de cierre para poderle dar un sentido al resto. Busco una imagen perdida, creo que es m\u00e1s o menos eso.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPuedo ayudarla? -dije est\u00fapidamente como si se tratara de buscar unos anteojos que se hubiesen ca\u00eddo de la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>-No, no creo, es decir, no lo s\u00e9. No tengo la menor idea de qu\u00e9 papel ocupa usted en todo esto, salvo la jugarreta que nos hizo el due\u00f1o del bar al sentarnos juntos. \u00bfSe le ocurre por qu\u00e9 lo hizo? Yo lo observ\u00e9 cuando usted entraba, observ\u00e9 detenidamente la situaci\u00f3n y pude ver c\u00f3mo se desarrollaba el breve intercambio de palabras que sostuvo con \u00e9l, y c\u00f3mo sin dudar un momento, hizo que nos sent\u00e1ramos juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>La not\u00e9 no s\u00f3lo sobria sino tan sorprendida como yo de nuestro encuentro y decid\u00ed opinar algo sensato.<\/p>\n\n\n\n<p>-Creo que est\u00e1n cerrando y no quieren que se ensucien m\u00e1s mesas, quiz\u00e1 no es m\u00e1s que eso, el sentido com\u00fan. Pero ya que nos hemos conocido\u2026 -Me interrump\u00ed porque me pareci\u00f3 una tonter\u00eda decir que ya que nos hab\u00edamos conocido deber\u00edamos seguir haci\u00e9ndolo. En verdad no creo que el hecho de haber encontrado a alguien indique la conveniencia de entrar en su vida o permitir que ese alguien lo haga en la nuestra. Ella se dio cuenta de mis dudas y se sonri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>-Hag\u00e1mosle un homenaje al azar, despu\u00e9s de todo, cu\u00e1ntas cosas importantes no nos han sucedido por azar. Es m\u00e1s, pienso que todos nuestros v\u00ednculos no son m\u00e1s que un azar que hemos decidido perpetuar, y que tambi\u00e9n azarosamente otro ha decidido perpetuar con nosotros. Usted, de pronto, sentado en esta mesa podr\u00eda ser la imagen furtiva de una persona a la que nunca volver\u00e9 a ver y que nunca me habr\u00e1 visto, pero podr\u00eda ser tambi\u00e9n alguien significativo, alguien que interviene, que habla en mi vida, cuyas palabras operan alg\u00fan efecto en m\u00ed. Es cuesti\u00f3n a veces de segundos lo que decide que hayamos conocido o no a alguien. Cuando usted entr\u00f3 yo estaba pidiendo la cuenta, el due\u00f1o no vio mi gesto porque en ese momento la puerta se abri\u00f3 y eso llam\u00f3 su atenci\u00f3n. Me obsesiona la idea de un dios insensato que puede decidir tanto sobre nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces cuando me pregunt\u00f3 si estar\u00eda dispuesto a continuar nuestra conversaci\u00f3n, y para mi sorpresa, acced\u00ed. Establecimos una cita para el d\u00eda siguiente, en el mismo sitio, m\u00e1s temprano.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ana-teresa-torres-semblanza\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Teresa Torres Cap\u00edtulo 1 No hab\u00eda escapatoria, yo ser\u00eda el testigo forzoso del despliegue de los escombros de la alegr\u00eda y la tristeza de su vida en aquel bar llamado La Fragata. 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