{"id":14220,"date":"2023-12-03T15:40:00","date_gmt":"2023-12-03T20:10:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14220"},"modified":"2024-12-03T15:53:29","modified_gmt":"2024-12-03T20:23:29","slug":"el-medallon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-medallon\/","title":{"rendered":"El medall\u00f3n (cap\u00edtulo 1)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Lina L\u00f3pez de Aramburu (Zulima)<\/h4>\n\n\n\n<p>LA FAMILIA DEUSDEDIT<\/p>\n\n\n\n<p>ERA UNA TARDE DE VERANO. El sol se ocultaba en el ocaso, y el cielo embellecido por nubes de mil colores, daba a la tarde una luz encantadora.<\/p>\n\n\n\n<p>Las golondrinas piaban alegremente alrededor de sus nidos y parec\u00eda que con su inquieta alegr\u00eda, festejaban con gozo el bello disco de la tarde en el poniente.<\/p>\n\n\n\n<p>Las empinadas colinas del \u00c1vila se iban revistiendo de l\u00f3brega oscuridad. A medida que las nubes perd\u00edan sus colores, el aura se embalsamaba con el aroma de las flores que la exhalaban, libres ya de los<br>rayos del sol.<\/p>\n\n\n\n<p>En una hermosa casa de Caracas, situada en una calle central, estaba una mujer de cuarenta y cinco a\u00f1os hojeando un \u00e1lbum de retratos. A su lado, sentado, un joven ve\u00eda las fotograf\u00edas y hac\u00eda reminiscencias. La<br>mujer era Elena Deusdedit, esposa de Octavio Deusdedit, comerciante acomodado y de conducta intachable. El joven era su hijo Alberto, el cual acababa de recibir, d\u00edas antes, la borla de Doctor en Derecho. Elena ten\u00eda, adem\u00e1s, una hija de dieciocho a\u00f1os llamada Oliva. La se\u00f1ora Deusdedit era hermos\u00edsima y un\u00eda a su belleza un car\u00e1cter suave y dulce, de rectas ideas y s\u00f3lida moral: su casa era el santuario de la virtud donde imperaban los nobles sentimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Elena era idolatrada por su esposo y adorada de sus hijos, porque ella era el \u00e1ngel perfecto de su hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Alberto coloc\u00f3 su mano sobre la fotograf\u00eda que apareci\u00f3 al volver su madre una hoja del \u00e1lbum, la cual representaba una mujer bell\u00edsima, pero l\u00e1nguida y triste. Sus hermosos ojos azules, adornados por largas pesta\u00f1as, revelaban la melancol\u00eda m\u00e1s profunda; y sus rubios y abundosos cabellos, que ca\u00edan extendidos hasta las rodillas, la envolv\u00edan en un manto de oro, haci\u00e9ndola aparecer como la Diosa del dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mam\u00e1 \u2013dijo Alberto\u2013, \u00bfcu\u00e1ndo me dejas leer aquel manuscrito que en un cofre de s\u00e1ndalo te dej\u00f3 tu amiga Melania?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014T\u00fa sabes que fue en dep\u00f3sito que me lo dej\u00f3, y que ni yo ni nadie debe imponerse de secretos que no nos pertenecen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 piensas hacer con \u00e9l, si ella no vuelve?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tenerlo hasta que pueda darlo a la persona para quien me fue confiado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfConoces t\u00fa esa persona? \u00bfSabes d\u00f3nde se halla?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, pero la Providencia me la presentar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sin solicitarla no la encontrar\u00e1s. Dime c\u00f3mo se llama. Yo te ayudar\u00e9 en tus pesquisas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se llama\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, tal vez conozca yo a ese mortal afortunado \u2013dijo Alberto sonriendo con malicia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues bien \u2013contest\u00f3 Elena, sonriendo a su vez\u2013, tiene tu nombre, se llama curioso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, mam\u00e1, no es curiosidad, es que me llama mucho la atenci\u00f3n esta mujer, tan interesante, tan bella, tan triste.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Pobre Melania! Si yo hubiera pasado por las pruebas que ha sufrido, creo que habr\u00eda muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En verdad que su mirada revela un dolor profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Desgraciada amiga m\u00eda!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te aflijas, mam\u00e1, la historia de tu amiga ser\u00e1 como la de otras, que en premio de su amor alcanzan ingratitud, y en su rom\u00e1ntico dolor dejan esos manuscritos, con la esperanza de que alg\u00fan d\u00eda los vean sus infieles pretendientes, \u00bfno es esto?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eres incorregible, y no te detienes en tu modo de hablar y de juzgar a los dem\u00e1s\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mam\u00e1 \u2013dijo Alberto, rodeando a su madre con el brazo\u2013, no te disgustes; las ligerezas de mi car\u00e1cter debes perdonarlas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo no me disgusto, pero como s\u00e9 lo que ha sufrido Melania, y a\u00fan sufre, me desagrada tu modo de juzgarla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bien, pues, no me guardes rencor por mis chanzas, para irme tranquilo a dar mi paseo de costumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Basta, Alberto \u2013dijo Elena con dulzura, present\u00e1ndole la mejilla. <\/p>\n\n\n\n<p>Este deposit\u00f3 en ella un beso y a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Adi\u00f3s, madre m\u00eda, t\u00fa eres demasiado buena.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Que \u00c9l te gu\u00ede.<\/p>\n\n\n\n<p>Momentos despu\u00e9s entr\u00f3 en la sala Oliva Deusdedit. Dif\u00edcil ser\u00eda delinear las perfecciones de aquella ni\u00f1a. Era blanca como la azucena, un ligero sonrosado te\u00f1\u00eda sus mejillas, y la finura de su cutis dejaba ver, trasparentes, sus venas azules; sus labios eran rojos, y sus dientes, blancos como el nardo, hac\u00edan contraste con ellos; sus ojos grandes, dormidos y garzos, estaban adornados de rizadas pesta\u00f1as negras; sus cejas del mismo color y casi unidas, eran finas y bien delineadas; sus abundosos cabellos ca\u00edan en preciosos rizos sobre su cuello y hombros, haciendo contraste con su n\u00edtida frente. Alta, esbelta y de elegantes formas, se pod\u00eda decir que era una mujer perfecta.<\/p>\n\n\n\n<p>Elena contemplaba a su hija con ese arrobamiento, con esa mirada satisfecha y entusiasta que solo poseen las madres. \u00a1Las madres!, \u00a1que todo para ellas es divino y embriagador en sus hijos! \u00a1Las madres!, \u00a1seres designados por Dios para sentir emociones, desconocidas a las que no lo son! \u00a1Benditas sean las madres! M\u00e1rtires desde el instante en que sienten el renuevo en sus entra\u00f1as, y dichosas porque disfrutan del inefable gozo de la maternidad, en sus horas de calma. \u00a1Benditas sean las madres!<\/p>\n\n\n\n<p>Oliva se acerc\u00f3 a su madre y correspondi\u00f3 su tierna mirada con un beso en la boca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabes \u2013dijo Elena\u2013 que ahora vienen el Coronel y Rosina?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDe veras? Cu\u00e1nto me alegro: hace d\u00edas que no ven\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Es verdad!, los achaques del Coronel nos han privado de ese placer; pero hoy me mandan a anunciar su venida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014T\u00fa sabes lo mucho que quiero a Rosina, mam\u00e1, es tan buena\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tienes raz\u00f3n, esa ni\u00f1a es encantadora.<\/p>\n\n\n\n<p>Al terminar Elena estas palabras, llegaron el Coronel y Rosina. Oliva la recibi\u00f3 en sus brazos y las dos amigas se cambiaron un dulce beso. <\/p>\n\n\n\n<p>El padre de Rosina era un coronel retirado, pr\u00f3cer de la Independencia; hab\u00eda recibido en los combates infinidad de heridas, que debilitando su naturaleza, le trajeron una vejez prematura. Pose\u00eda como todos los que quedaron de esa sangrienta cruzada, una m\u00edsera pensi\u00f3n de inv\u00e1lido, pero s\u00ed un rico caudal de honra. Aquel militar pundonoroso y valiente, despu\u00e9s de regar cien veces con su sangre los campos de batalla, dej\u00f3 el servicio de las armas, cubierto de heridas y cargado de desenga\u00f1os. Luis Villareal era noble por su cuna, por su valor y por la elevaci\u00f3n de sus ideas. Nada pod\u00eda enturbiar lo l\u00edmpido de su conciencia, porque no cometi\u00f3 jam\u00e1s una acci\u00f3n que pudiera agitarla. Se enamor\u00f3 de una excelente mujer y se cas\u00f3 con ella: no tuvo m\u00e1s hijos que Rosina, a la cual adoraban ambos; pero cuando la pobre ni\u00f1a contaba diez a\u00f1os, muri\u00f3 su madre, sumiendo aquellas dos almas tiernas en el m\u00e1s profundo dolor. Cuando este se fue debilitando, padre e hija se amaron m\u00e1s; y cuando Rosina fue mujer, ayudaba a su padre con el fruto de sus labores, haci\u00e9ndole m\u00e1s llevadera la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Rosina era de color trigue\u00f1o y sonrosado, ojos negros y brillantes, arrebatadores labios de coral, dientes de marfil; y todo esto, unido a la gracia peculiar de las caraque\u00f1as, hac\u00eda sus movimientos y ademanes divinos y encantadores. Conoci\u00f3 a Oliva en el colegio y estrecharon la m\u00e1s \u00edntima amistad desde entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando las dos j\u00f3venes quedaron solas, le dijo Rosina a Oliva:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabes que s\u00e9 el nombre del joven rubio que te ve con tanta insistencia cuando nos encuentra? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDe veras?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, se llama Brebante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY c\u00f3mo lo supiste?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cuando menos lo esper\u00e9: ven\u00edamos muy de ma\u00f1ana mi padre y yo dando un paseo, cuando al volver una esquina le vimos venir: al ver a mi padre lo salud\u00f3 cort\u00e9smente; luego que se alej\u00f3 le pregunt\u00e9 qui\u00e9n era ese joven y me dijo: es el hijo del ricacho Claudio Brebante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En verdad que fue muy casual.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero no lo sabes todo: al asomarme esta tarde a la ventana lo vi en la esquina de plant\u00f3n. Al verme se dirigi\u00f3 hacia casa, me salud\u00f3 viendo para adentro de una manera imprudente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te felicito por tu conquista.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tonta, era a ti a quien buscaba; quiz\u00e1 crea somos hermanas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tal vez \u2013dijo Oliva, dando un suspiro involuntariamente\u2013; pero vamos a tocar un poco al piano.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, tocaron largo rato con alegre animaci\u00f3n hasta que vino Alberto a interrumpirlas, el cual tendi\u00f3 su mano a Rosina diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 dice la linda trigue\u00f1a?<\/p>\n\n\n\n<p>Rosina se puso encendida como la amapola y contest\u00f3 bajando los ojos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nada, Alberto <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Qu\u00e9 hay de nuevo; he extra\u00f1ado vuestra ausencia y he temido que hubiera habido alguno que cautivase ese coraz\u00f3n de fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya ves que te has equivocado. Los achaques de mi padre son los que me han privado el venir como de costumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Oh!, gracias a Dios que se conserva libre vuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo creo que siempre lo tendr\u00e9 as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSiempre\u2026 Rosina? \u00a1Imposible!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Imposible! \u00bfY por qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Porque sois joven: ten\u00e9is una alma sensible, y d\u00eda llegar\u00e1 en que am\u00e9is\u2026 y mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo no debo amar nunca, Alberto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 dec\u00eds as\u00ed, por Dios?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9? Porque debo cuidar a mi padre, a quien no puedo abandonar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero \u00a1qu\u00e9 ocurrencia! \u00bfEs decir que porque deb\u00e9is cuidar a vuestro padre, ha muerto vuestro coraz\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No ha muerto; pero no queriendo yo que ame, no amar\u00e9 a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No amar\u00e9is \u00a1pobre amiga! \u00a1Estoy convencido que no sab\u00e9is todav\u00eda lo que es amor, y que no hab\u00e9is llegado a ver al que deba inspirarlo!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Dichoso mortal, desear\u00eda estar en su lugar! Rosina nada contest\u00f3; pero lanz\u00f3 un profundo suspiro, inclinando la frente.<\/p>\n\n\n\n<p>Oliva fij\u00f3 en su amiga la mirada y pens\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfAmar\u00e1 Rosina a alguno y me lo oculta?<\/p>\n\n\n\n<p>Poco rato despu\u00e9s se retiraron el Coronel y su hija y la familia qued\u00f3 sola.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Sobre la autora<\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lina L\u00f3pez de Aramburu (Zulima) LA FAMILIA DEUSDEDIT ERA UNA TARDE DE VERANO. El sol se ocultaba en el ocaso, y el cielo embellecido por nubes de mil colores, daba a la tarde una luz encantadora. 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