{"id":14217,"date":"2024-12-02T16:36:04","date_gmt":"2024-12-02T21:06:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14217"},"modified":"2024-12-02T16:36:04","modified_gmt":"2024-12-02T21:06:04","slug":"lo-grotesco-como-forma-de-denuncia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/lo-grotesco-como-forma-de-denuncia\/","title":{"rendered":"Lo grotesco como forma de denuncia"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Mar\u00eda Josefina Tejera<\/h4>\n\n\n\n<p>La deformaci\u00f3n grotesca es el rasgo m\u00e1s importante y m\u00e1s revelador de la expresi\u00f3n de Pocaterra. A trav\u00e9s de su concepci\u00f3n de la realidad grotesca se llega verdaderamente a penetrar en su creaci\u00f3n art\u00edstica. Pues en la exageraci\u00f3n de los rasgos rid\u00edculos, extravagantes, crudos o desagradables, busc\u00f3 lo caracter\u00edstico de las situaciones y de los individuos. Al destacar lo particular, lleg\u00f3 a la deformaci\u00f3n caricaturesca, y a ubicarse dentro de una nueva est\u00e9tica: la que rechaza la imitaci\u00f3n o la idealizaci\u00f3n de la naturaleza como \u00fanicas fuentes o principios del arte. De tal manera que lo grotesco en Pocaterra oscila entre la representaci\u00f3n fiel de la naturaleza deforme o la deformaci\u00f3n de los hechos. En cambio, no desarrolla otro aspecto de lo grotesco que es el meramente fant\u00e1stico \u2014como lo utiliz\u00f3 E. A. Poe\u2014, que aprovecha lo sobrenatural y absurdo para crear repugnancia y sorpresa con la osad\u00eda de las creaciones monstruosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo grotesco tiene, para Pocaterra, algo de \u00abverdad\u00bb, porque constitu\u00eda una parte de la realidad tal y como \u00e9l la ve\u00eda. En efecto, dice en La coartada: \u00abUna historia donde lo grotesco y lo tr\u00e1gico entran por partes iguales. Como en la vida\u00bb. Idea que hab\u00edan defendido los rom\u00e1nticos desde que V\u00edctor Hugo la enunci\u00f3 en el pr\u00f3logo de su Cromwell, en 1827: \u00abLo grotesco (&#8230;) est\u00e1 por todos lados; por una parte, crea lo deformado y lo horrible; y por la otra, lo c\u00f3mico y lo bufonesco\u00bb. Pero adem\u00e1s se vale de la deformaci\u00f3n grotesca para destacar, en determinado momento hist\u00f3rico, las desigualdades sociales, con el fin preciso de incitar a un cambio y contribuir al progreso social. Con esa intenci\u00f3n describe los aspectos m\u00e1s s\u00f3rdidos y repulsivos de la vida humana, e intensifica el desequilibrio de la realidad hasta sacudir al lector con lo desagradable, produciendo repugnancia o n\u00e1usea. Con la excepci\u00f3n de las comparaciones con animales o las representaciones de seres monstruosos, esa posici\u00f3n est\u00e1 dentro de la orientaci\u00f3n vital que muchos artistas espa\u00f1oles dieron al realismo grotesco. Frente a esta corriente surgi\u00f3, despu\u00e9s del romanticismo, y debido a la obsesi\u00f3n rom\u00e1ntica por lo fant\u00e1stico y lo siniestro, la est\u00e9tica grotesca que destacaba lo ultraterrenal y lo on\u00edrico. Pocaterra rechaza esta vertiente, porque no se compagina con el aspecto criollista de su obra. El ahondar en el sentido y la finalidad de lo grotesco permite alcanzar una mejor comprensi\u00f3n tanto de las obras de ficci\u00f3n como de las <em>Memorias<\/em>, porque aun cuando la elaboraci\u00f3n art\u00edstica var\u00eda en unas y otras, el estilo y el prop\u00f3sito se mantienen constantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La desvalorizaci\u00f3n o caricatura de la realidad social por medio del absurdo y la descomposici\u00f3n de los \u00f3rdenes naturales, a base de deformaciones o trasmutaciones, es, caracter\u00edstica del siglo XX. Su comienzo se encuentra en las corrientes de la literatura de horror que imperaron en Europa en la segunda d\u00e9cada del siglo, las cuales se propon\u00edan quebrantar las categor\u00edas v\u00e1lidas dentro de la concepci\u00f3n del mundo burgu\u00e9s. Pocaterra participa de esta actitud, acentuando las referencias a la situaci\u00f3n social m\u00e1s que la literatura de \u00abestremecimiento\u00bb del siglo XIX. Se mantiene en la posici\u00f3n objetiva de espectador ajeno a su propia creaci\u00f3n, aunque algunas veces en los cuentos se permite comentarios que, en todo caso, son extra\u00f1os a la trama. Su valorizaci\u00f3n del acontecer se desprende del estilo y de la degradaci\u00f3n grotesca. De tal manera que, si adem\u00e1s, tomamos en cuenta la vena del humorismo sat\u00e1nico, t\u00edpica del grotesco rom\u00e1ntico y tan frecuente en su obra, podemos afirmar que la posici\u00f3n de Pocaterra, en lo que se refiere al tratamiento de lo grotesco, es intermedia entre las corrientes de los dos siglos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo grotesco vital<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El concepto de lo grotesco se ampl\u00eda cuando se abandona la forma externa y se ve en relaci\u00f3n con los hechos. Tradicionalmente, desde el renacimiento se hab\u00eda aplicado en la ornamentaci\u00f3n y en la arquitectura; luego, durante el siglo XIX, es equivalente de rid\u00edculo y extra\u00f1o, pero cuando se refiere a situaciones se le considera como opuesto a sublime y constituye un elemento indispensable de lo objetivo en arte, tal como es desarrollado por los modernos. En la destrucci\u00f3n de la simetr\u00eda o la distorsi\u00f3n de las medidas que alteran el orden natural, los rom\u00e1nticos cre\u00edan que se revelaban los m\u00e1s profundos secretos de la existencia. En esa corriente se sit\u00faa Pocaterra cuando lo utiliza referido a lo rid\u00edculo, deformado o extravagante, como se hab\u00eda usado en Espa\u00f1a desde finales del siglo XVIII<sup>1<\/sup>. En cambio, no lo refiere a la ornamentaci\u00f3n o a la naturaleza, sino a situaciones humanas, bien sea emocionales, como en las relaciones del individuo con su medio o con otros individuos. Su intenci\u00f3n es siempre incisiva y peyorativa; su fin, la deformaci\u00f3n de lo cotidiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocaterra calific\u00f3 de grotescas las actitudes que no se desenvuelven armoniosamente, en las cuales acent\u00faa lo feo, lo demon\u00edaco y lo artificial, o exagera lo rid\u00edculo y lo c\u00f3mico. Cre\u00f3 situaciones a las que se les podr\u00edan aplicar estos calificativos y, adem\u00e1s, otras m\u00e1s complejas donde se establece una tensi\u00f3n entre opuestos, situados en un mismo nivel, como lo elevado y lo procaz, lo c\u00f3mico y lo tr\u00e1gico, lo crudo y lo conmovedor. Estas situaciones rebasan, como es natural, el uso del adjetivo <em>grotesco<\/em>, puesto que implican la creaci\u00f3n de contrastes dram\u00e1ticos, a partir de los cuales se desenvuelve la acci\u00f3n en cuentos y novelas. De este modo los personajes se compenetran con el pensamiento del autor, cuya posici\u00f3n respecto a ellos se desprende precisamente de su concepto de lo grotesco, puesto que son los principales elementos de la desfiguraci\u00f3n social que Pocaterra se impuso. En este aspecto, nuestro autor participa de una actitud com\u00fan al arte espa\u00f1ol que, como afirma Paul Ilie<sup>2<\/sup>, \u00abha producido un grotesco no s\u00f3lo por convencionalismos literarios, sino por realidad cultural\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El impulso primario en nuestro autor es emocional y depende de su apreciaci\u00f3n particular, pero su actitud se mantiene dentro de lo racional, conservando un equilibrio entre lo subjetivo y lo objetivo, que lo sit\u00faa dentro de los l\u00edmites realistas. Es as\u00ed como, en vez de transformar a sus personajes en animales o monstruos, utiliza medios estil\u00edsticos, como las comparaciones, para rebajarlos hasta el nivel animal, sin cambiar su esencia humana. La idea de belleza ha sido suplida por la de la utilidad de la obra de arte, pues el autor pretende influir directamente sobre el lector, no s\u00f3lo cambiando sus opiniones, sino convirti\u00e9ndolo en su c\u00f3mplice, para que se compenetre con su actitud deformadora y desvalorizadora. As\u00ed se explica la violencia de su expresi\u00f3n y la b\u00fasqueda de lo conmovedor, aspectos de una misma actitud emocional que representa una faceta de lo grotesco: el contraste entre la belleza espiritual y el horror de lo real, que es otro modo de exponer el dualismo tradicional entre Dios y el demonio.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo grotesco diab\u00f3lico<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Para lograr una denuncia m\u00e1s pronunciada, Pocaterra desarrolla lo grotesco diab\u00f3lico, que destaca las atm\u00f3sferas m\u00e1s oscuras de la maldad. Es otra forma de \u00abproscribir y conjurar lo demon\u00edaco\u00bb, aunque no se hagan presentes demonios propiamente dichos, ni trasmundos, y, en cambio, s\u00ed aparezcan hombres que hostigan a los dem\u00e1s y que revelan las cualidades malvadas de los humanos. En las <em>Memorias de un venezolano de la decadencia<\/em>, sobresale un personaje que realmente existi\u00f3, pero que est\u00e1 presentado en la obra con caracter\u00edsticas diab\u00f3lico-grotescas. Se trata de Nereo Pacheco, el verdugo de la c\u00e1rcel de La Rotunda, preso com\u00fan que ten\u00eda, a su cargo la vigilancia de los prisioneros pol\u00edticos. Las autoridades lo convierten en el m\u00e1s cruel asesino, con la promesa de perdonarlo si deja morir a aquellos condenados a prisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El protagonista de <em>Los peque\u00f1os monstruos<\/em>, <em>\u00c9l<\/em>, acosado por el sentimiento de culpa encuentra en cada perro la reencarnaci\u00f3n del que hab\u00eda muerto por sus manos<sup>3<\/sup>. La violencia del criminal supera a la de los animales, de modo que hay una comparaci\u00f3n impl\u00edcita entre el hombre que mata de una pu\u00f1alada fr\u00edamente a su rival y la fidelidad del perro que amenaza con provocar la alarma con sus ladridos. Sin recurrir a un mundo sobrenatural, hay una evocaci\u00f3n de lo diab\u00f3lico que se ubica en la mente del asesino, el cual padece de una persecuci\u00f3n imaginaria por parte de los inofensivos animales. La locura constituye un distanciamiento del mundo, provoca una revalorizaci\u00f3n de gentes y actitudes, y permite una dualidad de puntos de vista entre los cuales puede producirse una tensi\u00f3n grotesca, como es, en este caso, la transformaci\u00f3n de un perro en demonio perseguidor. Lo grotesco diab\u00f3lico en Pocaterra difiere del rom\u00e1ntico, porque \u00e9l no busca la belleza sat\u00e1nica de un Baudelaire o de un Poe, sino que destaca lo monstruoso y lo repulsivo, como en la descripci\u00f3n de la muerte del animal. El mismo autor califica la trama de \u00abextravagante, folletinesca, rid\u00edcula, donde la vida pareciera empe\u00f1ada en darle la raz\u00f3n a los burdos relatos de cr\u00edmenes truculentos\u00bb. Los adjetivos revelan su concepto de lo grotesco vital. En este cuento desarrolla una idea: la de descubrir en el alma del hombre m\u00e1s sencillo y mediocre las profundidades sat\u00e1nicas de la existencia, que son \u2014para \u00e9l\u2014las verdaderas.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Los peque\u00f1os monstruos<\/em>, <em>Ella<\/em> no s\u00f3lo la protagonista \u2014una joven de ojos fascinantes\u2014, se transforma en el curso del relato en una fuerza diab\u00f3lica, sino que es ocasi\u00f3n para que el autor presente los horrores de la \u00abc\u00e1mara blanca\u00bb de Sing Sing, sitio de la ejecuci\u00f3n. \u00abEsa manera cient\u00edfica de matar resulta abominable, repugnante, hip\u00f3crita\u00bb. En el ambiente social de este cuento \u2014ajeno al venezolano\u2014, Pocaterra destaca la falsedad y brutalidad de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo fant\u00e1stico. La animalidad<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pocaterra no se deja llevar hacia mundos fant\u00e1sticos o ex\u00f3ticos. En <em>Bast\u00f3n pu\u00f1o de oro<\/em> explica que podr\u00eda hacer un cuento de grandes pasiones a lo Baudelaire, o a lo B\u00e9cquer, ambientado en tierras lejanas o inspirado en las cr\u00f3nicas antiguas americanas. \u00abPero no; \u2014dice\u2014 todo esto quedar\u00eda fuera de la vida peque\u00f1a, grotesca, divertida e insignificante que yo sufro en fijar por alguna de sus alas membranosas; esta existencia nuestra, tiene tambi\u00e9n, como las raposas, un revolotear vacilante y llega hasta los aleros y en veces hasta los campanarios no muy altos&#8230;\u00bb Su objetivo principal es el hombre de clase media que vive entre &nbsp;el ego\u00edsmo de los poderosos y el desamparo de las clases inferiores. Su obra aspira a desenmascarar a ese grupo incoloro que carece de caracter\u00edsticas propias. Las \u00fanicas creaciones fant\u00e1sticas de Pocaterra son las comparaciones entre personajes y animales. Con este recurso estil\u00edstico logra producir el efecto grotesco, sin salirse de la realidad. Sin embargo, al fundir dos elementos en uno solo, la imagen constituye la creaci\u00f3n de un ente nuevo, que resulta por eso extranatural. Si recordamos los grabados de Goya, donde aparecen hombres con rasgos animales o animales en actitudes humanas, podemos comprender que los seres goyescos no son simples hombres que se parecen a animales, sino seres imaginarios nuevos, que constituyen una creaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por este medio se empeque\u00f1ece a los personajes, objeto de la comparaci\u00f3n. Pocaterra lo aplica con frecuencia contra los funcionarios del gobierno gomecista o contra el mismo G\u00f3mez, tal como escribe en las Memorias: \u00ablos Ministros, los pol\u00edticos de Caracas y del interior, los cortesanos, los adherentes, los trepadores, los crust\u00e1ceos; \u00a1la fauna de estos \u00faltimos tiempos! y hasta la flora, porque not\u00e1base all\u00e1 y ac\u00e1 alg\u00fan infeliz chayota\u00bb (<em>Memorias<\/em>, I, 196). Para referirse a G\u00f3mez, que esperaba el momento de tomar el poder por traici\u00f3n al General Castro, dice: \u00abcazurronamente acecha, como los caimanes con la jeta abierta que permite a los cucaracheros limpiarle los colmillos\u00bb (<em>Memorias<\/em> 1, 112). Y habla de un personero del gobierno gomecista, \u00abun tal. Delgado Brice\u00f1o, un pobre diablo aventado a la superficie en aquellos d\u00edas de descomposici\u00f3n, como esos batracios que la creciente arroja a la orilla y engorda de despojos\u00bb (Memorias I, 269).<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Cuentos grotescos<\/em>, a la protagonista de <em>La cerbatana<\/em> se la identifica con ese animal por su voracidad. \u00abSe arrojaba esta hembra admirable sobre el macho de su especie, y con la gracia flexible de su esp\u00edritu y de sus caderas, con la ferocidad terrible de los mantis, de la \u00abcerbatana\u00bb, destru\u00eda, consum\u00eda, aniquilaba, siempre fresca, graciosa, absurda, ocultando la potencia tremenda de su destrucci\u00f3n en un aspecto ligero, delicioso e inofensivo&#8230; Como este insecto, como este animalito verde que usted compadece tanto\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La deformaci\u00f3n obliga al lector a desviarse del objetivo central, pues rompe con la normalidad y produce una sorpresa. En la Edad Media, la desmesura se consideraba jocosa, raz\u00f3n por la cual los bufones eran generalmente personas tullidas. Pero el Arcipreste de Hita, en particular con las serranas montaraces, inicia en la literatura castellana una modalidad art\u00edstica, basada en un infrarrealismo que exagera o degrada las dimensiones de la realidad, quiz\u00e1s con alguna intenci\u00f3n de rechazo de las formas de la sociedad o de la cultura de su tiempo. En los episodios de serranas hay una inversi\u00f3n de las actitudes normales, puesto que en esos casos son ellas las violadoras y el protagonista la v\u00edctima indefensa; y hay tambi\u00e9n un prop\u00f3sito que va m\u00e1s all\u00e1 del af\u00e1n de provocar hilaridad o repulsi\u00f3n. Adem\u00e1s, los rasgos de las serranas del Arcipreste son, a decir de Mar\u00eda Rosa Lida, \u00absimple inversi\u00f3n de los rasgos de la dama ideal\u00bb de la Edad Media<sup>4<\/sup>, por lo cual se puede considerar quiz\u00e1s a las serranas del Arcipreste como deformaciones grotescas de un g\u00e9nero anterior en que se idealizaba a la campesina y el viajero se convert\u00eda en su hu\u00e9sped<sup>5<\/sup>, como se ve en <em>La serranilla de la Zarzuela<\/em><sup>6<\/sup>, \u00fanico vestigio de esos cantos populares. Para lograr la deformaci\u00f3n grotesca en la presentaci\u00f3n de las serranas, el Arcipreste utiliz\u00f3 el recurso de la comparaci\u00f3n con animales que aumentan o desvalorizan las caracter\u00edsticas tradicionales de la belleza:<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-table\"><table><tbody><tr><td>era gran yegua caballar mayor es que de yegua la patada, do pisa Las orejas tama\u00f1as como de a\u00f1al borrico las sobrecejas anchas, e m\u00e1s negras que tordos cabellos: chicos, negros; como corneja, lisa; las narizes: muy gordas, luengas, de \u00e7arapico sus tovillos, mayores que de una a\u00f1al novilla<\/td><td>1010b 1012b 1013a 1014c 1012b 1013c 1016d<\/td><\/tr><\/tbody><\/table><\/figure>\n\n\n\n<p>Si aceptamos textualmente las palabras del autor sobre la finalidad moralizante de su libro, y nos atenemos a la ambig\u00fcedad de los episodios, tal como \u00e9l dice a prop\u00f3sito de las cantigas de serranas (\u00abFasta que el libro entiendas (d\u00e9l) bien non digas nin mal, &#8211; ca t\u00fa entender\u00e1s uno e el libro dize \u00e1l\u00bb. v. 986c-986d), estas mujeres monstruosas representaban no s\u00f3lo la fealdad, la fortaleza y la agresividad de las campesinas, sino otra forma del amor \u00abloco\u00bb o sensual, que constitu\u00eda una fuerza diab\u00f3lica, seg\u00fan la concepci\u00f3n del Medioevo<sup>8<\/sup>. Es posible que en Pocaterra a la deformaci\u00f3n hacia la animalidad responda a una reacci\u00f3n ante la preferencia por la idealizaci\u00f3n que mostr\u00f3 el modernismo, pero \u00e9ste es un recurso que ha sido utilizado en otras \u00e9pocas. Nos hemos referido a los antecedentes espa\u00f1oles para ubicar este rasgo de Pocaterra en una corriente est\u00e9tica muy antigua y genuina de la literatura castellana.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El grotesco rid\u00edculo y lo sublime<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los rom\u00e1nticos trataban de trascender la realidad y llegaban hasta la transfiguraci\u00f3n; los modernos en cambio, buscan rebajar lo elevado, poniendo de manifiesto lo rid\u00edculo en la distorsi\u00f3n de las cosas nobles de la vida y de las ideas. En Espa\u00f1a, durante el romanticismo, se cultiv\u00f3 lo grotesco dentro de una actitud vital, entonces de larga tradici\u00f3n, pero la deformaci\u00f3n o exageraci\u00f3n conduce a B\u00e9cquer hasta m\u00e1s all\u00e1 de lo absurdo<sup>9<\/sup>. Lo grotesco en su obra est\u00e1 logrado en el misterioso l\u00edmite del ensue\u00f1o y de la pesadilla, en una atm\u00f3sfera nocturna similar a la de Hoffman y Poe. Sin embargo, la vena m\u00e1s importante de su est\u00e9tica grotesca depende de la imaginaci\u00f3n; la fantas\u00eda est\u00e1 dominada por la aberraci\u00f3n y la anormalidad. Esta actitud lo conduce al concepto del absurdo, del cual partir\u00e1n dos modalidades o posiciones que se desarrollar\u00e1n en el post-romanticismo. Por una parte, la \u00abimaginaci\u00f3n enferma\u00bb de los modernistas, y por otra, el absurdismo que, dentro del objetivismo, desarrollan los surrealistas. Dentro de esta est\u00e9tica, que domina en el siglo XX, se cultivan simult\u00e1neamente la disonancia y la armon\u00eda, el absurdo y la comprensi\u00f3n, la deformaci\u00f3n y la verosimilitud. Estas s\u00edncopas aplicadas a la vida normal evidencian el principio de una nueva sensibilidad, que distorsiona la realidad para penetrarla y expresar una mejor comprensi\u00f3n de lo aparentemente normal o habitual.<\/p>\n\n\n\n<p>B\u00e9cquer pone la realidad social al servicio de la imaginaci\u00f3n y la desfigura sin transformarla. Al representar otro mundo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la ordinaria realidad, en donde los valores de la vida se han deformado y desvalorizado, predice la ca\u00edda del sublime rom\u00e1ntico hacia lo rid\u00edculo. La vena tr\u00e1gica de su visi\u00f3n l\u00edrica tiene una cualidad destructiva muy conocida, que se refiere a la sociedad. En efecto, la exaltaci\u00f3n de lo rid\u00edculo persigue un fin destructivo que en el caso de Pocaterra, es la destrucci\u00f3n del orden social imperante y, en especial, de los advenedizos adinerados que se defienden a base de actitudes falsas y deshonestas y que rompen as\u00ed con los principios \u00e9ticos. Pocaterra cre\u00eda que su desaparici\u00f3n dejar\u00eda libre paso a las viejas familias latifundistas que defend\u00edan, seg\u00fan \u00e9l, las viejas leyes morales de honradez, virtud, lealtad, etc. Pero he aqu\u00ed que miembros de la vieja oligarqu\u00eda, apoyando al dictador, traicionan el c\u00f3digo moral de sus antepasados. Es lo que Pocaterra llama \u00abla decadencia\u00bb. De ese modo, penetra en los problemas \u00e9ticos e inclusive en la influencia que la religi\u00f3n puede alcanzar para contener la corrupci\u00f3n. Aunque personalmente no practicase el catolicismo, la p\u00e9rdida del respeto religioso, especialmente en las mujeres, es, en su concepto, una de las causas del resquebrajamiento de la moral. As\u00ed se deduce de la actitud de Elisa, el personaje de <em>Vidas oscuras<\/em>, cuando demuestra poco respeto en el templo y concierta un adulterio mientras se desarrolla una ceremonia religiosa. Esta crisis de principios \u00e9ticos est\u00e1 regida por otra fuerza preeminente y arrolladora, que es el dinero. En <em>La casa de los Abila<\/em>, la mansi\u00f3n representa el viejo orden de cosas, pero el lujo de mal gusto que se superpone a lo antiguo demuestra que otros principios dominan la nueva generaci\u00f3n. Juancito, joven pero aferrado a los viejos c\u00e1nones, incapaz de imponer sus ideas en el ambiente social de la ciudad, tiene que cerrar el port\u00f3n de la casa. Las actitudes y el aspecto rid\u00edculo de algunos protagonistas de la decadencia social est\u00e1n exagerados hasta lograr la deformaci\u00f3n grotesca. En <em>Vidas oscuras<\/em>, Mazap\u00e1n o Maza Pantoja es un personaje grotesco por excelencia, como se ve por la descripci\u00f3n de sus rasgos f\u00edsicos; sin embargo, es capaz de desencadenar toda una pasi\u00f3n en Elisa; pasi\u00f3n que provocar\u00e1 la deshonra de la familia.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfQui\u00e9n era aquel sujeto? Ella observ\u00f3 que al pasar por delante de los espejos se contemplaba con el rabo de ojo, vi\u00e9ndose tambi\u00e9n el malabar que llevaba en la solapa del smoking a riesgo de sacarse un ojo con las gu\u00edas del bigote, negr\u00edsimo, aguzado, brillante de pomada&#8230; Y por las tardes, casi siempre, pasaba con un chaquet\u00edn, de cuadritos y un andar aguado, como de persona a quien le estorba la gordura para juntar los muslos&#8230; (Obras, 196).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En la novela rom\u00e1ntica, hombres como Mazap\u00e1n no pueden despertar una pasi\u00f3n amorosa como la que siente Elisa. Pocaterra desvirt\u00faa, ridiculiza la pasi\u00f3n y, por lo tanto, al personaje que la siente. Mientras el sacerdote dirige a los feligreses en sus oraciones, Elisa piensa incoherentemente:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sinti\u00f3se sonre\u00edr; se persign\u00f3, asustada de la impiedad, queriendo arrojar lejos una multitud de sombras conocidas que trataban de hacerse presentes en el limbo de su imaginaci\u00f3n&#8230; y era el bigote en punta de \u00e9l que hac\u00eda cosquillas&#8230; su palidez intensa aquel d\u00eda, la primera vez&#8230; Soto Liendre&#8230; una l\u00e1mina desnuda en la cartera de Gustavo (&#8230;) \u2014\u00a1Dios m\u00edo!&#8230; perd\u00f3name Se\u00f1or&#8230; pero como que ya no viene; y por qu\u00e9 me acuerdo de estas cosas&#8230; Jes\u00fas divina, perd\u00f3name, por el amor de tu Madre Sant\u00edsima&#8230; \u00bfcon qui\u00e9n tendr\u00eda \u00e9l amores&#8230; antes?&#8230; \u00bfPero para qu\u00e9 se acordaba de eso ahora?&#8230; (&#8230;) Un horror pensar, pensar sin querer una multitud de cosas fe\u00edsimas, grotescas, escandalosas. (Obras, 218).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Elisa es la esposa de un ministro del gobierno, Juan Antonio G\u00e1rate, que es adem\u00e1s descendiente de la vieja oligarqu\u00eda. Pero G\u00e1rate, ante la posible ruina del patrimonio familiar, se hab\u00eda integrado a las filas liberales y se prestaba a negocios dudosos, con lo cual alcanza una destacada posici\u00f3n social, pol\u00edtica y tambi\u00e9n econ\u00f3mica. Elisa, fr\u00edvola y superficial, entrega su honor a una persona insignificante, con lo cual demuestra su falta de principios y su vulnerabilidad, como tambi\u00e9n lo fr\u00e1gil de las relaciones matrimoniales. Como Pocaterra se propuso presentar tipos, se sobreentiende que Elisa caracteriza un estado de cosas y que el autor denuncia una conducta que quiere hacer parecer com\u00fan entre las damas prestigiosas de la clase alta caraque\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Aplicado a escenas, gestos y hasta expresiones verbales, se encuentra con frecuencia el adjetivo grotesco para significar algo m\u00e1s que rid\u00edculo y c\u00f3mico a la vez: \u00aby el aire loco, o gentil, o grotesco que forma un torbellino de faldas y de fraques\u00bb (Obras, 63). La llegada de Juan de Abila a su casa durante una fiesta es considerada \u00abgrotesca\u00bb (Obras, 550). Cuando G\u00e1rate amenaza con dar a la luz p\u00fablica ciertos documentos, el Gobernador \u00abbalbuce\u00f3 grotescamente, lleno de miedo: \u2014Pero chico&#8230;\u00bb y m\u00e1s adelante, viendo que es imposible convencer a G\u00e1rate, se despide. \u00abAll\u00ed, casi suspir\u00f3 grotesco, un saludo de lo m\u00e1s absurdo: \u2014Bueno&#8230; ad\u00edo&#8230; ad\u00edo, pues&#8230;\u00bb (Obras, 255). En <em>Tierra del sol amada<\/em>, Gioccondo cree que la protagonista, Marilala lo ama, pero ella \u00abse volte\u00f3 vivamente contrariada, dej\u00e1ndole aturdido, con la cara grotesca\u00bb (Obras, 460). Muy frecuentemente, \u00abgrotesco\u00bb es lo que no concuerda con la realidad, por ficticio o artificial en la conducta de los personajes, como cuando se refiere a Carlos Enrique, el hermano de Juan de Abila, que era un corrompido: \u00abSalt\u00f3 vivamente, sinceramente, lleno de dignidad grotesca\u00bb (Obras, 791). P\u00edo Baroja es uno de los m\u00e1s importantes predecesores espa\u00f1oles de Pocaterra en lo que se refiere a los recursos de lo grotesco con sentido de absurdo y rid\u00edculo. En <em>Las tragedias grotescas<\/em> (1907) \u00bb aparecen oradores como el ciudadano Gagne, \u00abpartidarios de la antropofagia universal y del humanitarismo trascendente\u00bb (p. 91), y un expresidente hispanoamericano, llamado Don Perfecto, que \u00abocultaba su t\u00edtulo pontificio all\u00ed donde pudiera resultar grotesco; pero donde no, lo sacaba a relucir con entusiasmo\u00bb (p. 97). Tambi\u00e9n el hispanoamericano An\u00edbal Orantes es ridiculizado por los otros personajes, principalmente por Yarza, quien, tom\u00e1ndolo como tipo, se expresa sobre sus compatriotas muy despectivamente: \u00ab\u00e9stos \u00bfqu\u00e9 son?&#8230; Un producto h\u00edbrido, mezclado&#8230; Espa\u00f1oles \u00bfmejorados?, \u00bfempeorados? Cuando hablo con ellos me hace el efecto de verme en un espejo defectuoso. Me parece que en ellos han adulterado mi raza\u00bb (p. 29). 0 sea que, para Yarza, el hispanoamericano es una deformaci\u00f3n grotesca del espa\u00f1ol. Pero no s\u00f3lo el personaje, sino el autor, cuando se refiere a Orantes, acent\u00faa la nota ir\u00f3nica, al resaltar sus caracter\u00edsticas rid\u00edculas: \u00absu manera de hablar, suave y l\u00e1nguida, le daban un car\u00e1cter entre apasionado y fiel, propio del perro de aguas de la novela rom\u00e1ntica\u00bb (p. 25). Mingote, un personaje de actitudes rid\u00edculas es calificado de grotesco por el autor. Resulta significativo que Forinaya, en esa novela, lo considere como caracterizaci\u00f3n del per\u00edodo hist\u00f3rico en que se desenvuelve la obra, porque se comprende el rechazo del autor hacia esa realidad. Y tambi\u00e9n hacia la situaci\u00f3n pol\u00edtica y social espa\u00f1ola contempor\u00e1nea a \u00e9l, con la cual est\u00e1 relacionado el Par\u00eds de Napole\u00f3n III, escenario hist\u00f3rico de <em>Las tragedias grotescas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo feo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pocaterra describe situaciones abyectas y desagradables utilizando los recursos naturalistas para producir repulsi\u00f3n en el lector. El horror de las torturas en las <em>Memorias<\/em>, las muertes violentas, las suciedades de algunos lugares y las miserias de las enfermedades, est\u00e1n descritas con detalle. En un rinc\u00f3n oscuro de <em>La casa de la bruja<\/em>, se encontraba el hijo de la pobre mujer:<\/p>\n\n\n\n<p><em>una cosa hinchada, deforme que deb\u00eda ser algo humano, pero tan monstruoso y lleno de escamas y oscuras p\u00fastulas, que m\u00e1s se asemejaba a esos troncos muertos bajo la rolla vegetal. Aquello trat\u00f3 de incorporarse. Y vieron, entonces, en un rostro tumefacto, encuadrado por dos orejas enormes, como dos lonjas de carne fresca, los ojos reventados, que lloraban un pus sanguinolento, el agujero negro, que era boca y nariz donde bailaba la lengua horriblemente, ululando un lamento, una especie de aullido, como el rumor del agua puesta a hervir. \u2014\u00a1Un l\u00e1zaro! \u00a1Un l\u00e1zaro!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En la representaci\u00f3n de lo desagradable no se logra lo grotesco, y s\u00f3lo se llega a esa categor\u00eda cuando se une lo bufonesco a lo horrible o a lo deformado. Curiosamente, lo grotesco va m\u00e1s all\u00e1 de lo feo, puesto que se produce en arte precisamente dentro de un contexto o en relaci\u00f3n con un todo. Como afirma Kayser: \u00abNing\u00fan hecho sublime en s\u00ed y ning\u00fan hecho grotesco en s\u00ed se a\u00fanan en un todo \u00abbello\u00bb o \u00abdram\u00e1tico\u00bb, sino que es grotesco justamente el contraste indisoluble, siniestro, y que no deber\u00eda existir\u00bb. De ese modo, lo grotesco destruye el orden natural y rompe el hilo normal de las cosas. A\u00f1ade Kayser: \u00abEn este punto se evidencia su proximidad a lo c\u00f3mico y la diferencia que existe entre ambos: lo c\u00f3mico anula de un modo inocuo la grandeza y la dignidad y ello preferentemente, cuando est\u00e1n usurpadas y no corresponden. Efect\u00faa esa anulaci\u00f3n coloc\u00e1ndonos sobre el terreno seguro de la realidad. Lo grotesco, en cambio, destruye por principio los \u00f3rdenes existentes, haci\u00e9ndonos perder pie. Es posible imaginarse que el medroso C\u00e9sar en su carro triunfal sea representado en forma c\u00f3mica (y hasta sat\u00edrica) al igual que en forma grotesca. El contraste en s\u00ed es un principio estructural muy vago y puede servir de soporte para cosas muy diferentes\u00bb<sup>11<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>La iron\u00eda y la burla pueden resultar tambi\u00e9n demoledoras, pero en el arte espa\u00f1ol, la sonrisa se vuelve mueca porque se acent\u00faa la nota sombr\u00eda, que en ocasiones encierra un fin moralizante, como sucede en la obra de Quevedo, donde toda la fuerza de lo grotesco est\u00e1 encerrada en el estilo. Quevedo subraya adem\u00e1s, la incongruencia que existe entre las cosas y las palabras que las designan, desenmascarando el verdadero ser de los oficios, de las gentes, de las actitudes humanas. El mundo deformado y exagerado en sus cualidades llega a convertirse en una antesala del infierno. Aunque el humorismo pueda resultar aniquilador, Pocaterra va m\u00e1s all\u00e1 de la burla al constituirse en denunciante y convertir a quienes sufren miseria y dolores en v\u00edctimas inocentes de un estado de cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>La agresividad de las expresiones descarnadas o de las groser\u00edas sacude al lector. Este recurso, t\u00edpico del realismo, no s\u00f3lo persigue la fidelidad con los rasgos del habla, sino que rebaja las situaciones y desv\u00eda la atenci\u00f3n hacia lo s\u00f3rdido. Con ese fin, nuestro autor alude a calzoncillos, bacinillas, muslos, fondillos, etc. A veces estas expresiones tienen un dejo de humorismo: \u00abla vieja Anastasia clav\u00f3 su virgencita de Lourdes en la cabecera de su catre entre un retrato del mocho Hern\u00e1ndez y el daguerrotipo en lat\u00f3n del ni\u00f1o Juan Domingo con el pip\u00ed de caracolito\u00bb (<em>Obras<\/em>, 585). En la ocasi\u00f3n de una despedida, mientras Tot\u00f3n sacud\u00eda su pa\u00f1uelo: \u00ab\u2014Ap\u00e1rtese, se\u00f1or \u00bfno ve que con ese fondillo suyo no pasa el ba\u00fal?\u2014 grit\u00f3 un caletero empuj\u00e1ndolo\u00bb (<em>Obras<\/em>, 623). Por las calles caraque\u00f1as, \u00abCruzaba los grupos un deportista criollo de bufanda crema, el calzado de caucho, las nalgas forradas, la raqueta, juguetona, en la mano&#8230;\u00bb (<em>Obras<\/em>, 580).<\/p>\n\n\n\n<p>La deformaci\u00f3n de las cosas est\u00e1 expresada a trav\u00e9s de un lenguaje a su vez deformado, donde se altera la ortograf\u00eda para transcribir la pronunciaci\u00f3n del habla rural y se utilizan a menudo las formas derivadas. Algunas resultan afectadas y todas en conjunto producen la sensaci\u00f3n del barroquismo y de la b\u00fasqueda grotesca, principalmente los despectivos que expresan de por s\u00ed la desvalorizaci\u00f3n: \u00abEntonces imagin\u00f3 aquellas otras vidas errantes, rudas, lejanas, que ir\u00edan una noche, en la aldea nebulosa del Norte, entre los <em>netezuelos<\/em>, junto al enorme hogar\u00bb (<em>Obras<\/em>, 344). \u00abA los doce a\u00f1os ten\u00eda a\u00fan las <em>pernezuelas<\/em> demasiado largas, los hombros estrechos, la osatura pectoral hundida\u00bb (<em>Obras<\/em>, 304); \u00abHab\u00eda casas pobres, <em>casucos<\/em>, con sus humildes enseres dispuestos\u00bb (<em>Cuentos<\/em>, 103). \u00abS\u00f3lo el viejo coronel Manuel Quevedo excepci\u00f3n entre aquella <em>gentualla<\/em>\u2014\u00bb (<em>Memorias<\/em> I, 113). En las descripciones de ciudades y pueblos venezolanos se encuentran <em>chocejas, (Obras, 738), caminejos (Obras, 823 y 868), ventanucos, (Obras, 92 y 888) callejuelas (Obras 309), patiezuelos (Obras, 660), tenduchos (Obras, 340); aldehuelas (Obras, 410); poblados de mujerucas (Obras, 340); frailucos, (Memorias II, 53), muchachejas (Cuentos, 52), jovenzuelos (Obras, 73); sacristanuchos (Cuentos, 190); papeluchos (Obras, 14), y noveluchas (Memorias I, 33)<\/em>, etc.<sup>12<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Por medio del lenguaje metaf\u00f3rico tambi\u00e9n se produce el efecto grotesco. El tiempo con su cualidad deformadora tiene, para Pocaterra, las caracter\u00edsticas del vitriolo: \u00abUn poco de tiempo como un poco de vitriolo desfigur\u00f3 las formas del asunto\u00bb (<em>Obras<\/em>, 111) y las cosas cambian a su paso: \u00abpor esas avenidas en otras \u00e9pocas han desfilado los generales Fulanos y los doctores Zutanos con sus familias (&#8230;) pasaron, brillaron, deslumbraron, y lentamente fueron diluy\u00e9ndose y borr\u00e1ndose, perdiendo el contorno como esos caramelos que se chupan los ni\u00f1os con la delectaci\u00f3n cruel y sabia de un destino sin misericordia\u00bb (<em>Memorias<\/em> I, 145). Con la penetraci\u00f3n que lo caracteriza, el autor recurre a los t\u00e9rminos de comparaci\u00f3n para hacer resaltar lo artificial, lo feo: \u00absobre el sof\u00e1 estaba una mujer, torcida, ebria, llorando&#8230; El traje vistoso, de mal gusto, el colorete; algo as\u00ed como la faz desencajada de los c\u00f3micos en los ensayos de medio d\u00eda; algo rid\u00edculo y doloroso, profundamente canallesco&#8230;\u00bb (<em>Cuentos<\/em>, 57). Algunas im\u00e1genes se refieren a cosas crudas o realistas: \u00abuna boca ancha, roja como una herida de daga que se hunde y se mueve repetidas veces dejando los bordes dilacerados\u00bb (<em>Cuentos<\/em>, 265). La deformaci\u00f3n se produce algunas veces hacia el gigantismo aumentando las dimensiones o las cualidades generales con fines cr\u00edticos: \u00abpregunt\u00f3 una jamona delicuescente\u00bb (<em>Obras,<\/em> 719). Su af\u00e1n cr\u00edtico abarca tambi\u00e9n objetos que descienden de categor\u00eda cuando son comparados con otras cosas de \u00edndole m\u00e1s baja, como alimentos: \u00abAtravesaron la plaza, asoleada, con un busto de Miranda, plateado como salchich\u00f3n, en el centro\u00bb (<em>Obras<\/em>, 425), igualmente ve una semejanza entre una estatua del Libertador y \u00abun ponqu\u00e9 de mazap\u00e1n\u00bb (<em>Obras<\/em>, 359). La desvalorizaci\u00f3n se logra aludiendo a cosas que est\u00e1n en una categor\u00eda inferior a la que se quiere criticar, por eso compara al Congreso con un embri\u00f3n: \u00abel feto parlamentario\u00bb, o con el fango: \u00ab\u00a1veinticinco postreros nombres que ir\u00e1n a sumergirse para siempre en esta gran charca de nuestro Parlamento, en el fondo de ese pantano que desde hace cinco lustros s\u00f3lo constela su inm\u00f3vil superficie con limo venenoso, con vegetaciones urtificantes, con lotos nefastos que revientan un instante su promesa a flor de agua y arrastran las flotantes ra\u00edces en el fango turbio de las grandes profundidades morales!\u00bb (Memorias I, 21).<\/p>\n\n\n\n<p>En una expresi\u00f3n como \u00abel que a hierro mata, ni que le corten la trompa\u00bb se ha logrado el grotesco art\u00edstico, que resulta a la vez burlesco y par\u00f3dico. En la uni\u00f3n de dos refranes se encuentran mezclados \u00edntimamente el saber popular y la deformaci\u00f3n animal. Hay una desvalorizaci\u00f3n del proverbio castizo y del venezolano (\u00abcochino pollero aunque le quemen la trompa\u00bb), desvirtuado para resaltar la tosquedad de una palabra como trompa. Pocaterra busc\u00f3 reproducir la lengua viva: rechaz\u00f3 el lenguaje libresco, falta de calor de los modernistas y se sumergi\u00f3 en cada uno de sus personajes para reflejar sus modos de expresi\u00f3n. En los di\u00e1logos se indican gritos, frases ocasionales, a veces desprovistas de sentido, o palabras a medio pronunciar. No hay la melod\u00eda de la lengua, sino el deseo de la sacudida violenta, que se expresa en palabras vulgares, dichos y refranes que reflejan fielmente el habla familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>En la utilizaci\u00f3n del castellano, Pocaterra se manifiesta libre y seguro; rechaz\u00f3 los usos manidos y err\u00f3neos, pero transcribi\u00f3 aquellas voces y giros que enriquecen la expresi\u00f3n o que reflejan el habla venezolana, en sus dos facetas m\u00e1s significativas: la expresi\u00f3n de los habitantes de las ciudades y el habla de los campesinos. En la lengua de unos y otros se pone en evidencia el contraste tan grande que existe en Hispanoam\u00e9rica entre la ciudad moderna con influencia extranjera y el campo atrasado y aislado. El lenguaje de los enriquecidos est\u00e1 adulterado con voces inglesas o francesas, lo cual significa la hibridizaci\u00f3n de la cultura y lo artificial de los modales. El af\u00e1n del autor de hacer \u00abhablar a sus personajes en venezolano\u00bb no persigue s\u00f3lo un fin criollista; tambi\u00e9n es un modo de destacar la condici\u00f3n marginal de esa lengua y de presentar la cualidad iletrada o rural de los personajes.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n la deformaci\u00f3n idiom\u00e1tica es el medio m\u00e1s elocuente para Valle Incl\u00e1n de expresar su protesta ante la situaci\u00f3n espa\u00f1ola. En sus \u00abesperpentos\u00bb reacciona ante su prosa preciosista de la \u00e9poca modernista y trata de hacer hablar a sus personajes lo m\u00e1s cerca de la verdad cotidiana\u00bb. De ese modo desarrolla en Luces de Bohemia (1920) una frase significativa: \u00ab\u00a1Espa\u00f1a es una deformaci\u00f3n grotesca de la \u00abcivilizaci\u00f3n\u00bb europea!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p><em>La iron\u00eda y la s\u00e1tira<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s del ataque directo, Pocaterra utiliza a menudo la iron\u00eda y la s\u00e1tira para poner de relieve la orientaci\u00f3n de su cr\u00edtica. Hay iron\u00eda cuando sus palabras quieren decir, en el contexto total de la obra, todo lo contrario de lo que expresan en la frase. Los autores del ciclo de <em>Peon\u00eda<\/em> ya hab\u00edan utilizado estos recursos para censurar a la sociedad de su tiempo, pero Pocaterra es todav\u00eda m\u00e1s mordaz, sus rasgos son m\u00e1s acentuados y su expresi\u00f3n m\u00e1s cruda. La s\u00e1tira revela de modo negativo, por as\u00ed decirlo, lo negativo de una situaci\u00f3n. Est\u00e1 emparentada con lo dram\u00e1tico porque presenta un conflicto al poner en evidencia lo desequilibrado o rid\u00edculo, provocando un tono amargo. Pocaterra la utiliza para aumentar la tensi\u00f3n de su estilo porque adem\u00e1s la iron\u00eda provoca la risa socarrona de la burla.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre la iron\u00eda general de la obra y las m\u00e1s peque\u00f1as de la expresi\u00f3n, se encuentra tambi\u00e9n la estructural, cuando se ironiza toda una situaci\u00f3n o un estado de cosas. Las palabras de Ramoncito tienen un significado contrario al que parecen tener, y todo el sentido no se capta sino despu\u00e9s de haber le\u00eddo el cuento completo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014\u00bfQue aqu\u00ed no hay energ\u00edas? Mire, no diga eso: yo soy de una gente que, no es por alabarme, pero en mi familia, mire vale, ninguno puede decir que ha visto llorando a un Erraz\u00fariz. No crea tonter\u00edas: el porvenir es de nosotros, los venezolanos que somos \u00abgente\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hay tambi\u00e9n situaciones individuales donde las cosas est\u00e1n mencionadas por su opuesto. Es la llamada iron\u00eda formal. Encontramos un ejemplo en <em>Las hijas de In\u00e9s<\/em> cuando el protagonista del cuento dice, que aunque le iban a sacar una muela se puso a leer los versos de la poetisa con \u00abverdadero inter\u00e9s\u00bb, cuando lo que quiere es precisamente decir lo contrario, o sea, que la autora escrib\u00eda versos muy malos. Iron\u00eda y s\u00e1tira se unen en la descripci\u00f3n de uno de los personajes de <em>Pol\u00edtica feminista<\/em>: \u00abEl doctor Beb\u00e9, caderudo y amable, hizo alto graciosamente. Ten\u00eda cierta sensualidad en el andar, debido quiz\u00e1 a sus formas m\u00f3rbidas, poco viriles, compuestas de presas gordas y sanas\u00bb. En la escena de la muerte del padre Ben\u00edtez de esa misma novela (<em>Obras<\/em>, 65 y sig.) satiriza a las mujeres que rodean al padre acentuando su superficialidad y su frivolidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la cr\u00edtica est\u00e1 impl\u00edcita en la conducta misma del personaje y las caracter\u00edsticas exageradas de su personalidad se desprenden de su comportamiento o de sus palabras, el efecto cr\u00edtico estar\u00e1 mejor logrado que cuando el autor interviene con descripciones o adjetivos para expresar de alguna manera adicional su propia opini\u00f3n. Pocaterra utiliza ambos procedimientos. En la escena de la muerte del padre Ben\u00edtez, arriba mencionada, la intenci\u00f3n sat\u00edrica se desprende de la situaci\u00f3n misma, mientras en los ejemplos se\u00f1alados anteriormente, es el narrador quien describe o ironiza. De todas formas, la s\u00e1tira es un recurso que va m\u00e1s all\u00e1 de la simple presentaci\u00f3n de la realidad, puesto que supone una intenci\u00f3n y una posici\u00f3n del autor.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La caricatura<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Con la deformaci\u00f3n ir\u00f3nica de los rasgos f\u00edsicos o espirituales, se llega a la caricatura. En Pocaterra no encontramos una \u00abvinculaci\u00f3n pasiva de lo ingenuo y de lo grotesco\u00bb, como explica Kayser\u00bb. En su obra, la caricatura es grotesca porque no es ingenua; al contrario, contiene impl\u00edcito el rechazo de lo que caricaturiza. El empleo que de ella hace nuestro autor est\u00e1 m\u00e1s dentro de lo tr\u00e1gico que de lo c\u00f3mico.<\/p>\n\n\n\n<p>En la descripci\u00f3n del f\u00edsico del doctor Beb\u00e9, exagera algunos de los rasgos que ponen en duda su masculinidad. Este personaje caracteriza al gobernador del Estado en <em>Pol\u00edtica feminista<\/em>, y constituye el centro de la burgues\u00eda oficial. Pepito, en esa misma novela, se distingue por su falta de educaci\u00f3n y por su docilidad ante el doctor Beb\u00e9, puesto que es su ayudante; por eso, al describirlo, se exagera la expresi\u00f3n de su rostro: \u00abY Pepito tom\u00f3 a despedirse fijando en su novia unos ojos grandes y sin expresi\u00f3n, ojos bovinos, que se mov\u00edan torpe y lentamente como siguiendo el vuelo perezoso de las ideas\u00bb (<em>Obras<\/em>, 9). En estos dos ejemplos caracter\u00edsticos, algunos rasgos se exageran, hasta identificarse con miembros de animales. Pero la caricatura puede dirigirse a las actitudes de las personas, como en la descripci\u00f3n de las fiestas en <em>Tierra del sol amada<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Masticaban las se\u00f1oras con entusiasmo, con energ\u00eda, \u00abrepitiendo\u00bb de la ensalada y atiborr\u00e1ndose de lonjas de jam\u00f3n, de pavo, de raciones de petitpois. [&#8230;] Com\u00edan algunas con el cuchillo, otros limpiaban sus mondadientes en la servilleta y alguno que hab\u00eda terminado de prisa su pitanza se gargarizaba desde su asiento lanzando gallardos buches de agua a los pies de los dem\u00e1s. <\/em>(Obras, 385).<\/p>\n\n\n\n<p>En otras oportunidades, la caricatura deforma a un personaje en su apariencia externa, y al mismo tiempo resalta sus rasgos espirituales para conmover al lector. Es el caso de las Linares, cuyas cejas eran \u00abdos bigotes invertidos, dos montones de pelos negros y r\u00edspidos, en arco de treinta y seis grados hacia las sienes\u00bb. O de la maestra, que era tan flaca como la I latina. En las primeras, el autor destaca la facultad amorosa de las feas, y en la maestra, la dulzura y la resignaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>El ideal de Flor<\/em>, la situaci\u00f3n es inversa, la protagonista se crea una idea elevada de un poeta modernista que la defrauda por completo, tanto por su aspecto f\u00edsico como por su conducta. La caricatura resulta as\u00ed m\u00e1s degradante, puesto que hay un gran contraste entre la imagen que ella hab\u00eda creado y la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Situaciones mixtas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando en una situaci\u00f3n angustiosa o tr\u00e1gica se espera una acci\u00f3n elevada y lo que sucede es c\u00f3mico, rid\u00edculo, ordinario o cotidiano, el resultado es grotesco. Para lograr este efecto, los realistas a menudo mencionaban lo insignificante en los momentos m\u00e1s inesperados e inoportunos. Pocaterra insist\u00eda en que la vida misma ofrec\u00eda numerosas muestras de estas situaciones mixtas, donde se presentan en un mismo plano lo tr\u00e1gico y lo c\u00f3mico, o lo elevado y lo procaz, bien sea entre dos situaciones, dos personajes o dos sentimientos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>porque toda cosa verdaderamente tr\u00e1gica termina con una estupidez desairada. La v\u00edctima de un asesinato bell\u00edsimo con mala ropa interior, una mujer que en un hermoso rapto de celos se le pone la nariz como un tomate y se desti\u00f1e&#8230; O lo m\u00e1s espantoso que vi ahora a\u00f1os: en una admirable escena de hospital, la pierna seccionada estaba bajo la mesa operatoria en una vasija de agua fenicada, con su media puesta; y la media era blanca, de algod\u00f3n con rayitas&#8230; <\/em>(Cuentos, 104).<\/p>\n\n\n\n<p>Una situaci\u00f3n t\u00edpica tiene lugar cuando, en <em>Pol\u00edtica feminista<\/em>, el nuevo gobernador del Estado, el doctor Beb\u00e9, es esperado con solemnidad en la estaci\u00f3n del tren. Pepito, que deb\u00eda pronunciar el discurso, olvida las palabras en el momento culminante:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Verd\u00fa, rojo hasta el blanco de los ojos, le estripaba un callo a un vecino con enorme fuerza nerviosa y apuntaba enronquecido: \u2014&#8230; \u00a1y ungido con \u00e9l voto de los pueblos! \u00a1y ungido con el voto de los pueblos! <\/em>(Obras, 23).<\/p>\n\n\n\n<p>En esa misma novela, mientras el padre Ben\u00edtez agoniza, las mujeres que lo rodean confunden los s\u00edntomas de 1a muerte. Sus expresiones, c\u00f3micas de por s\u00ed, contrastan con lo tr\u00e1gico del momento:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero cuando las rivales se preparaban a combatir, el santo var\u00f3n dio un pujido. La viejecita Juana Paula corri\u00f3 hacia el cuarto. A poco sali\u00f3 angustiada:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014\u00a1Se muere! \u00a1Se muere!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Un torbellino de mujeres invadi\u00f3 la habitaci\u00f3n. El santo var\u00f3n, sobre un catre de copetes, hac\u00eda pucheros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014\u00a1Un viento encajado! \u2014clam\u00f3 Emeterita.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Era la agon\u00eda. La agon\u00eda angustiosa de los hidr\u00f3picos, estertorosa, desesperada. Se encendi\u00f3 la vela del alma.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Emeterita se opon\u00eda:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014Les digo que no, que es un viento encajado \u2014y ahuecando las almohadas, comenz\u00f3 a sobarle las espaldas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Tras de la enorme panza, con esfuerzos de asfixiado, los ojos extraviados, muy abiertos, el borde de los labios amoratado, m\u00e1s oscuro a\u00fan bajo las cerdas de la barba crecida durante la enfermedad, boqueaba y se agarraba a las s\u00e1banas descubriendo una pierna transparente y yelluda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Todos le rodeaban. Misia Justina trataba de hacerle sujetar la vela. Unas ped\u00edan pareg\u00f3rico, otras improvisaban ventosas con un vaso y un algod\u00f3n encendido. El santo var\u00f3n, escondiendo las pupilas dilatad\u00edsimas en el agua amarillenta de la c\u00f3rnea, abri\u00f3 m\u00e1s la boca&#8230; Emeterita exclam\u00f3:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014Es un eructo&#8230; \u00bfya ven?: \u00a1viento encajado, viento encajado!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y cuando cay\u00f3 sobre las almohadas rendido por el esfuerzo, las mechas grises pegadas a las sienes, agreg\u00f3:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014\u00a1Ya lo ech\u00f3! Pero el santo var\u00f3n estaba muerto.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(Obras, 67).<\/p>\n\n\n\n<p>En otra ocasi\u00f3n hay una oposici\u00f3n evidente cuando Josefina, la protagonista de Pol\u00edtica feminista, expresa su pasi\u00f3n amorosa de manera tan pedestre y ordinaria:<\/p>\n\n\n\n<p><em>cuando de mediod\u00eda la sirviente se presentaba a la oficina presidencial portando una jarra de guanabanada o caratillo de arroz con su rajita de canela, entre la servilleta, un papelito rogaba: \u00abMi negro, no dejes a tu amor esperando como anoche\u00bb, o bien: \u00abDime c\u00f3mo sigues del est\u00f3mago; yo estoy muy triste. M\u00e1ndame la otra jarra que est\u00e1 all\u00e1\u00bb.<\/em> (Obras, 43).<\/p>\n\n\n\n<p>La simpleza del \u00abpapelito\u00bb, la continuidad de lo sentimental y lo pr\u00e1ctico, al lado de lo prosaico, producen en este p\u00e1rrafo el efecto de lo grotesco. En <em>Vidas oscuras<\/em>, Chucha sabe que Gustavo est\u00e1 enfermo, pero ignora que se trata de una enfermedad ven\u00e9rea; el autor crea una situaci\u00f3n grotesca al presentar el contraste entre la inocencia de Chucha y la corrupci\u00f3n de Gustavo, entre la generosidad de ella y la enfermedad de \u00e9l:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014Pero mira \u00bfy qu\u00e9 tienes t\u00fa? Ya ves que no le cuentas a una nada. T\u00fa crees que yo no s\u00e9 hacer remedios. Si yo hubiera sabido&#8230; \u00bfes que te da verg\u00fcenza que te curen las mujeres? [&#8230;) Ante aquel candor Gustavo sent\u00eda pena de ser civilizado en una forma tan mezquina, tan grotesca. <\/em>(Obras, 169).<\/p>\n\n\n\n<p>En ciertas expresiones el contraste se realiza entre conceptos de diferentes categor\u00edas que est\u00e1n unidos por conjunciones o recursos ling\u00fc\u00edsticos que se repiten y que generalmente unen vocablos semejantes. Se produce as\u00ed un salto expresivo de una categor\u00eda a otra que resulta c\u00f3mica o, por el contrario, tr\u00e1gica.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La otra morenucha, oxigenada, Pepa de nombre, con catarro y con un lunar en la mejilla. <\/em>(Cuentos, 257).<\/p>\n\n\n\n<p>El hecho de tener catarro no tiene nada que ver con el nombre o con las caracter\u00edsticas f\u00edsicas que se enumeran una tras otra. En el ejemplo siguiente, se mencionan d\u00edas y semanas que pertenecen a la misma categor\u00eda, y luego sorpresivamente se menciona el hambre, que aunque no es de la misma clase de palabras, agudiza su significado al encontrarse relacionada con medidas de tiempo ilimitadas. El recurso expresivo se basa, en este caso, en la ambivalencia del verbo pasar que bien se puede aplicar al tiempo, como al hambre.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pasaron d\u00edas. Pasaron semanas. Pasaron hambre. <\/em>(Cuentos, 236).<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo procedimiento recurre el autor en otra frase, donde el verbo flotar est\u00e1 utilizado metaf\u00f3ricamente en tres categor\u00edas diferentes. La alusi\u00f3n al \u00e1cido f\u00e9nico presta a la frase un dejo de crudeza, de donde resulta un con-traste grotesco: \u00abEn la vasta sala encalada flot\u00f3 un ambiente de dolor, de silencio y de \u00e1cido f\u00e9nico\u00bb (Cuentos, 246).<\/p>\n\n\n\n<p>Varias veces el adjetivo grotesco est\u00e1 referido a una situaci\u00f3n tr\u00e1gica que sorpresivamente se vuelve c\u00f3mica. Cuando Josefina, angustiada, acecha el momento en que su hermana Carmen Teresa le cuente a Pepito que hab\u00eda quedado embarazada, las protestas ambiguas de \u00e9l le hacen pensar que ya las palabras hab\u00edan sido pronunciadas. Su hermana exclamaba:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014\u00a1Pero, Pepe, por Dios! Si ella no tiene la culpa&#8230; \u00a1Si ella no tiene ninguna culpa!&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Josefina corri\u00f3 a la puerta para ir al encuentro de \u00e9l y responder a todos los cargos; ella era la culpable; su hermanita no pod\u00eda sufrir as\u00ed por ella.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014\u00a1No! La tengo yo \u2014exclam\u00f3 Pepito con sarcasmo\u2014. \u00a1No hay un solo calzoncillo que no tenga una tronera atr\u00e1s! Es que lavan con un hueso&#8230; Ya no me quedan interiores&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 grotesco aquello! Hablaban de la lavandera.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(Obras, 99).<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de las citas clandestinas de Marilala y Armando, en Tierra del sol amada, ella sufr\u00eda ante el temor de encuentros inoportunos: \u00abGrotescos sustos que eran o un poste de tel\u00e9fono, o un gato que cruzaba la calle de pronto o un perro que gru\u00f1\u00eda en el hueco de cualquier port\u00f3n&#8230;\u00bb (<em>Obras<\/em>, 462). Si algo feo o desagradable est\u00e1 en contraste con una situaci\u00f3n elevada, resulta adem\u00e1s grotesco:<\/p>\n\n\n\n<p><em>vueltos el cuerpo y la faz, ambos nos vimos cerca, muy cerca, a las caras p\u00e1lidas, a los ojos que cuando se avecinan de amor parecen enormes. Y despu\u00e9s&#8230; la frase grotesca, fea, espont\u00e1nea que cae como una pedrada en un charco:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014\u00a1Cristiano, que por poco jace bot\u00e1 el caf\u00e9!<\/em> (Cuentos, 66).<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Vidas oscuras<\/em>, mientras Gustavo permanece arrodillado ante Chucha y le jura fidelidad, sus pensamientos sobre su propia vida, contrastan con la ingenuidad de ella y la solemnidad del momento:<\/p>\n\n\n\n<p><em>record\u00f3 el incidente del Puente de Hierro. \u00a1Mil bol\u00edvares por aquella criaturita que escond\u00eda todav\u00eda su mu\u00f1eca en el corpi\u00f1o imp\u00faber! \u00a1Mil bol\u00edvares que se cogi\u00f3 la madre, una vieja menguada con zapatos de hombre! \u00a1Era un recuerdo feo, triste, grotesco! <\/em>(Obras, 191).<\/p>\n\n\n\n<p>En cada uno de los ejemplos anteriores, la b\u00fasqueda de lo grotesco procura degradar los momentos culminantes de la vida que la literatura rom\u00e1ntica hab\u00eda explotado y depurado de toda naturalidad.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ternura y crudeza<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Al penetrar en el esp\u00edritu del venezolano, Pocaterra no puede dejar de observar, al lado de su violencia, su sentimentalismo, el cual se traduce en un rasgo de ternura que el autor explota con el prop\u00f3sito de despertar en sus lectores esa misma vena sentimental. La presentaci\u00f3n conjunta de la crudeza y la ternura prestan a la obra de Pocaterra ese rasgo humano que le es peculiar. El autor ha intentado conmover al lector desarrollando sus obras a base de un realismo vital que llega hasta lo sentimental, como en <em>La I latina<\/em>, o a la ternura, como en <em>Panchito Mandefu\u00e1<\/em>, y que ha exagerado en algunas ocasiones hasta caer en el melodrama. A trav\u00e9s del estilo crudo o ir\u00f3nico y de las palabras fuertes que ponen de relieve situaciones tristes, irremediables o crueles, se percibe una sutil delicadeza que se manifiesta en el amor y conmiseraci\u00f3n hacia los seres d\u00e9biles, como ni\u00f1os y mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Los protagonistas de varios cuentos son ni\u00f1os que sufren desgracias o injusticias de parte de los mayores. Ellos miran el mundo con inocencia e ingenuidad y ante la maldad de los hombres, muestran nobleza, amor o piedad. A veces sufren o mueren por persuadir a los dem\u00e1s de sus ideas puras. Intencionalmente el autor los ha utilizado para enternecer al lector y hacerlo reaccionar contra la situaci\u00f3n social en la cual ubica la acci\u00f3n. En <em>De c\u00f3mo Panchito Mandefu\u00e1 cen\u00f3 con el Ni\u00f1o Jes\u00fas<\/em>, hay una cr\u00edtica impl\u00edcita a los personeros gomecistas, porque s\u00f3lo ellos, o los partidarios del gobierno, pod\u00edan circular a grandes velocidades por la calle y cometer atrocidades impunemente. En <em>El chubasco<\/em>, el ni\u00f1o es v\u00edctima de ese regionalismo que tanto critic\u00f3 y puso de relieve Pocaterra. Tanto la maestra, como los ni\u00f1os de <em>La 1 latina<\/em>, viven en un mundo especial donde el mal est\u00e1 personalizado en el hermano de la se\u00f1orita, el se\u00f1or Ram\u00f3n Mar\u00eda, borracho y cruel. La hostilidad hacia el extranjero puede destruirse cuando un ni\u00f1o siente verg\u00fcenza de su propia crueldad como en <em>Los comemuertos y<\/em> las injustas diferencias sociales se ponen m\u00e1s en evidencia cuando la v\u00edctima es un ni\u00f1o como en <em>Las frutas muy altas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres juegan un papel principal\u00edsimo: su labor es a veces destructora; como en el caso de la madre de Gustavo en <em>Vidas oscuras<\/em>; y, otras veces, constructora, como podr\u00eda haber sido Chucha en esa misma novela. Pocaterra ha creado una variedad grande de personajes femeninos en cuentos y novelas: hay la madre, la amante, la solterona, la se\u00f1ora de alta sociedad, la madre soltera, la viejita, la prostituta y las \u00absnobs\u00bb. Ante los hombres, est\u00e1n consideradas como v\u00edctimas de ellos; as\u00ed puede interpretarse a Josefina, la madre soltera de <em>Pol\u00edtica feminista<\/em> que sufre la mala fe del doctor Beb\u00e9, y tambi\u00e9n a Carmen en <em>Tierra del sol amada<\/em>. Algunas se frustran porque no pueden desarrollar una vida propia.<\/p>\n\n\n\n<p>Como madre se destaca la viejecita de <em>La casa de las brujas<\/em>, que es v\u00edctima de la ignorancia y la superstici\u00f3n de sus vecinos y de las pedradas de los muchachos del pueblo. La madre de <em>Pascua de Resurrecci\u00f3n<\/em> era pecadora, pero su hijo sacerdote no la olvida; el perd\u00f3n de la cabrita es un s\u00edmbolo del perd\u00f3n de la madre. En cambio, las madres de los advenedizos y de las burguesas est\u00e1n tratadas con iron\u00eda y tambi\u00e9n ridiculizadas, principalmente misia Justina y la se\u00f1ora Echeand\u00eda, por su cursiler\u00eda. En <em>Vidas oscuras<\/em>, la madre de Gustavo es ad\u00faltera; tambi\u00e9n las protagonistas de otros cuentos corno <em>P\u00e9rez Ospino &amp; Co<\/em>., <em>La coartada, Bast\u00f3n pu\u00f1o de oro, El perro<\/em>, o la tentadora est\u00e9ril de <em>La cerbatana<\/em>. En estos cuentos, la infiel es tratada con picard\u00eda y sorna. Los hombres o se resignan, y entonces adquieren un aspecto deplorable o toman venganza por su propia mano. Si la humanidad no se entera de lo sucedido, se cuenta su historia con despliegue de iron\u00eda, como en <em>La coartada<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su frustraci\u00f3n de madres, las solteronas son personajes preferidos de Pocaterra. Penetrar en su mundo de pureza y de nostalgia parece ser muy de su gusto. Bella es la piadosa que pasa su vida bordando o en horas de adoraci\u00f3n, y que tiene una existencia doblemente est\u00e9ril, puesto que permanece al margen de cualquier otra actividad. En cambio, las hermanas Mijares de <em>Tierra del sol amada<\/em>, tambi\u00e9n piadosas y buenas, participan m\u00e1s en la vida del mundo y condenan con horror los pecados ajenos, mientras permanecen encerradas en su casa solariega. En general, son v\u00edctimas de la indiferencia de los hombres por su fealdad, como aquellas Linares que \u00abya han adquirido esa filosof\u00eda c\u00ednica de las solteronas que \u00abno enganchan\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Las \u00abbachilleras\u00bb son ridiculizadas en varias ocasiones, principalmente en <em>Las hijas de In\u00e9s<\/em> y en <em>Una mujer de mucho m\u00e9rito<\/em>. Para el autor, la sabidur\u00eda de las mujeres es desagradable, no contribuye a la felicidad y se queda siempre en la pose y en la superficialidad. Sin embargo, Pocaterra ten\u00eda fe en la cultura de las venezolanas como lo expres\u00f3 en otras ocasiones (v\u00e9ase p. 43), pero tem\u00eda y condenaba la emancipaci\u00f3n que la educaci\u00f3n de las mujeres traer\u00eda como consecuencia. Ridiculizaba los alardes de conocimientos que no responden a una profundidad ni a la seriedad de una profesi\u00f3n, sino que son actitudes sociales. La prostituta no siempre es considerada culpable. Generalmente es v\u00edctima de un sistema de cosas, de una situaci\u00f3n adversa; as\u00ed explica el autor la vida que se ven obligadas a llevar. Los personajes masculinos se averg\u00fcenzan del mal que pueden hacer y sienten ternura hacia ellas. En <em>Redenci\u00f3n<\/em>; Luc\u00eda es arrastrada al vicio por \u00abmandato de sus antepasados crapulosos y enfermos\u00bb, o, sea, por propensi\u00f3n hereditaria. Comparada con un p\u00e1jaro por su inconsciencia, vuelve, despu\u00e9s de un tiempo, hacia \u00ablo inevitable\u00bb, como si esa vida de vicio no se pudiese remediar. Todo gesto misericordioso es agradecido por ella, \u00abcon gratitud de perro recogido en la calle\u00bb, como \u00abanimal agradecido\u00bb. Con estas im\u00e1genes se subraya su estado degradante y la imposibilidad de la redenci\u00f3n. Sin embargo, al comparar su humildad con la del perro hambriento y abandonado, el autor expresa conmiseraci\u00f3n, m\u00e1s que desprecio.<\/p>\n\n\n\n<p>La posici\u00f3n de Pocaterra, com\u00fan a otros escritores europeos de su momento, consiste en cambiar el punto de vista hacia los peque\u00f1os detalles, puesto que, para \u00e9l, la vida est\u00e1 compuesta de sucesos insignificantes y no de grandes momentos. Al mismo tiempo, en su obra, el hombre se ha convertido en un mu\u00f1eco animado, preso por el ambiente que lo ahoga. Esta concepci\u00f3n corresponde a la visi\u00f3n moderna del hombre solitario y aut\u00f3mata, comprimido por las fuerzas sociales. Al destacar los rasgos grotescos de la realidad, Pocaterra est\u00e1 a un paso de la idea del mundo absurdo que hoy domina en el arte.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1. Grotesco procede del italiano grottesco, a adjetivo que se aplic\u00f3 en Italia, a fines del siglo XV, a las decoraciones murales extra\u00f1as y fantasiosas imitadas de las que hab\u00edan sido descubiertas en las ruinas de la Domus Aurea neroniana, llamadas popularmente grotte \u00abgrutas\u00bb. Esas decoraciones mezclaban vides, arabescos y cuerpos humanos en forma caprichosa, pero el campo sem\u00e1ntico de la palabra se ampli\u00f3 hasta significar toda destrucci\u00f3n de simetr\u00eda, o la distorsi\u00f3n de las medidas que alteraban el orden natural.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Paul Die, \u00abB\u00e9cquer and the Romantic Grotesque\u00bb. PMLA. Vol. 83, N9 2. (1968), pp. 312-331.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Sobre los aspectos grotescos de cada uno de los Cuentos Grotescos, v\u00e9ase: Jos\u00e9 Antonio Castro, \u00abEl sentido de lo grotesco en los cuentos de Pocaterra\u00bb. Anuario de Filolog\u00eda. Universidad del Zulia. Maracaibo. Nos. 6-7 (1967-1968), pp. 211-229.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Mar\u00eda Rosa Lida, \u00abNotas para la interpretaci\u00f3n, influencia, fuentes y texto del Libro de Buen Amor\u00bb, en Revista de Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica, II (1940), p. 123.<\/p>\n\n\n\n<p>5. \u00abLa serranilla castellana que dejarnos adscrita tiene toda apariencia de provenir de una inspiraci\u00f3n directa en la vida real: la serrana, conocedora y due\u00f1a de los pasos de la monta\u00f1a, saltea al pasajero, que va a pie por dif\u00edcil senda: el caballo del noble no figura para nada; todo el aspecto de estas serranillas es el de ser una poes\u00eda sinceramente burguesa o popular, y no un remedo de poes\u00eda cortesana\u00bb. Ram\u00f3n Men\u00e9ndez Pidal, Estudios literarios. Madrid, Sta. edici\u00f3n, 1944, p. 222. Opini\u00f3n que se opone a la de Marcelino Men\u00e9ndez Pelayo, \u00abLas serranillas del Arcipreste de Hita, sus cantigas de escarnio, sus trovas cazurras, tienen sus prototipos, no en la tradici\u00f3n provenzal directa, que el Arcipreste probablemente no conoci\u00f3, sino en la l\u00edrica provenzal imitada y modificada por los trovadores gallegos. Antolog\u00eda de poetas l\u00edricos castellanos. Santander, Consejo Superior de In-vestigaciones Cient\u00edficas, 1944, p. 215.<\/p>\n\n\n\n<p>6. Ram\u00f3n Men\u00e9ndez Pidal, Poes\u00eda arabe y poes\u00eda europea. Madrid, 1955.<\/p>\n\n\n\n<p>7. Qarapico, ave marina de pico largo y corvo.<\/p>\n\n\n\n<p>8. Cf. Leo Spitzer: Ling\u00fc\u00edstica e historia literaria. Madrid. 1961, p. 122, nota 30. Rafael Lapesa, La obra del Marqu\u00e9s de Santillana. Madrid, 1957. (Considera a la serrana violenta, \u00abparodia\u00bb de la idealizada). Esther P\u00e9rez de King, \u00abEl realismo en las &#8216;Cantigas de serrana&#8217; de Juan Ruiz\u00bb. Hispania (California), XXI (1938), pp. 85-104.<\/p>\n\n\n\n<p>9. Cf. Paul Ilie, obra citada.<\/p>\n\n\n\n<p>10. P\u00edo Baroja, Las tragedias grotescas. Buenos Aires-M\u00e9xico. Espasa Calpe. 21 ed. 1952.<\/p>\n\n\n\n<p>11. Wolfgang Kayser, Lo grotesco; su configuraci\u00f3n en pintura y literatura. Buenos Aires, 1964. p. 68. 12. Sobre los despectivos, v\u00e9ase p. 360 y sig. 13. Cf. Alonso Zamora Vicente, Asedio a \u00abLuces de Bohemia\u00bb. Madrid, Real Academia Espa\u00f1ola, 1967, pp. 90 y sig. 14. Wolfgang Kayser, Lo grotesco; su configuraci\u00f3n en pintura y lite-ratura, p. 61.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda Josefina Tejera La deformaci\u00f3n grotesca es el rasgo m\u00e1s importante y m\u00e1s revelador de la expresi\u00f3n de Pocaterra. A trav\u00e9s de su concepci\u00f3n de la realidad grotesca se llega verdaderamente a penetrar en su creaci\u00f3n art\u00edstica. Pues en la exageraci\u00f3n de los rasgos rid\u00edculos, extravagantes, crudos o desagradables, busc\u00f3 lo caracter\u00edstico de las situaciones [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":14218,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14217"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14217"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14217\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14219,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14217\/revisions\/14219"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14218"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14217"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14217"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14217"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}