{"id":1415,"date":"2021-09-19T20:28:10","date_gmt":"2021-09-19T20:28:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1415"},"modified":"2023-11-24T18:38:13","modified_gmt":"2023-11-24T18:38:13","slug":"que-pasa-en-venezuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/que-pasa-en-venezuela\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 pasa en Venezuela?"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Orlando Araujo<\/h4>\n<p>En 1928 \u2014una fecha clave para la historia pol\u00edtica y lite\u00adraria del pa\u00eds\u2014 culminaba, con la publicaci\u00f3n de Do\u00f1a B\u00e1rbara, un ciclo novel\u00edstico iniciado por Peon\u00eda en 1890. Los novelistas m\u00e1s j\u00f3venes, aquellos que de alguna manera se hallaban presentes en el grupo V\u00e1lvula y en el grupo Seremos \u2014dos manifestaciones de vanguardia\u2014, sintieron que la novela criollista tradicional, con toda su carga folkl\u00f3rica de lenguaje simplemente pinto\u00adresco y de psicologismo naturalista o estilizante, no daba ya para m\u00e1s, que se hab\u00edan agotado sus formas y que era necesario renovarlas, incorporando los nuevos contextos de la \u00e9poca en una nueva manera de novelar, es decir, buscando una nueva es\u00adtructura. Hab\u00eda una crisis de la novela venezolana. Y de all\u00ed surge ese movimiento renovador que, entre 1930 y 1940, nos ofrece una media docena de novelas (<em>Las lanzas coloradas, Cubagua, Canci\u00f3n de negros, Mene, Puros hombres, Fiebre<\/em>) que son distintas y que se desprenden y se divorcian del esquema t\u00edpico de la novela criollista, llevado a su m\u00e1ximo esfuerzo, a su expresi\u00f3n cl\u00e1sica perdurable, por <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gallegos-romulo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">R\u00f3mulo Gallegos<\/a>, con quien se cierra.<\/p>\n<p>Si esa novel\u00edstica, abierta hace casi cuarenta a\u00f1os, ha cum\u00adplido su ciclo est\u00e9tico y hoy encontramos una promoci\u00f3n de narradores que, movi\u00e9ndose dentro de nuevos contextos eco\u00adn\u00f3micos, sociales, pol\u00edticos, urban\u00edsticos y de lenguaje, sienten la exigencia de buscar, para expresarlos, nuevas formas y experi\u00admentar con nuevas estructuras, entonces s\u00ed podemos plantearnos con seriedad si este dato de los nuevos contextos, de la incon\u00adformidad y de b\u00fasqueda de nuevas formas obedece a una nece\u00adsidad hist\u00f3rica y, por tanto, a la existencia de aquella \u00abtransici\u00f3n din\u00e1mica\u00bb propia de la crisis; o si se trata de una querella menos trascendente y aislada, explicable dentro del marco literario o pol\u00edtico de un grupo.<\/p>\n<p>Vamos a hacer una r\u00e1pida s\u00edntesis de los antecedentes del debate, tanto m\u00e1s necesaria cuanto que all\u00ed se bosqueja el fondo de la controversia.<\/p>\n<p>No es la primera vez que esto de la crisis se plantea en el campo literario venezolano: varias veces se ha debatido una supuesta crisis de la poes\u00eda, del teatro y del ensayo, y, con in\u00adtermitencias generacionales, se ha venido discutiendo desde el siglo XIX una crisis integral de nuestra literatura. Pero el plan\u00adteamiento no deja de ser ins\u00f3lito en el caso de la novela porque la opini\u00f3n de escritores notables nos hab\u00eda hecho creer que nuestra novela estaba bien y gozaba de buena salud. En <em>Letras y hombres de Venezuela<\/em> (1948), <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/uslar-pietri-arturo\/\">Arturo \u00daslar Pietri<\/a> hace una afirmaci\u00f3n tajante: \u00abLa novela hispanoamericana es hoy la m\u00e1s importante de lengua espa\u00f1ola y, dentro de ella, ninguna aven\u00adtaja a la novela venezolana\u00bb. Mariano Pic\u00f3n Salas, a su vez, en la \u00abCoda final\u00bb (1961) de sus <em>Estudios de Literatura Venezolana<\/em> (1941) ratifica su entusiasmo por el pasado, presente y futuro de nuestra novela y, posteriormente, en un art\u00edculo para la re\u00advista \u00cdnsula de Madrid, afirma que la novela venezolana nunca, como ahora, ha asumido, junto con otros g\u00e9neros, tanta signi\u00adficaci\u00f3n para la literatura venezolana.<\/p>\n<p>La duda, sin embargo, comenz\u00f3 en 1958 cuando el su\u00adplemento literario de El Nacional abre una encuesta entre es\u00adcritores j\u00f3venes, sobre la situaci\u00f3n de la novela venezolana. Guillermo Sucre hace el balance de la encuesta de este modo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Venezuela, pa\u00eds de novelistas y de poderosa continuidad narra\u00adtiva en el criterio de cierta cr\u00edtica nacional e hispanoamericana, se ha convertido, en opini\u00f3n de los j\u00f3venes escritores que de\u00adbatieron sobre el tema, en pa\u00eds de un gran novelista: R\u00f3mulo Gallegos, \u00fanico valor universal y org\u00e1nico de nuestra narrativa.<\/p>\n<p>En la pol\u00e9mica (marzo de 1960) entre Juan Liscano (desde El Nacional) y J.R. Guillent P\u00e9rez (desde La Esfera), se expresan conceptos que ponen de relieve las dos posiciones que debaten el problema. Guillent P\u00e9rez hab\u00eda preguntado a Garmendia: \u00ab\u00bfC\u00f3mo se explica usted que un autor como Kafka est\u00e9 m\u00e1s cerca de las nuevas generaciones de autores venezolanos que es\u00adcritores como <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/otero-silva-miguel\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Otero Silva<\/a>, Pic\u00f3n Salas o Gallegos?\u00bb. Garmendia responde: \u00abEs l\u00f3gico que el novelista se sienta mucho m\u00e1s iden\u00adtificado con una obra de esta naturaleza, profundamente re\u00adnovadora y exigente, que con autores apegados a f\u00f3rmulas tradicionales\u2026\u00bb. \u00abMuy poco tiene que aportar\u2014a\u00f1ade\u2014 esa endeble tradici\u00f3n nacional a los terminantes problemas que se plantea el novelista de esta generaci\u00f3n\u00bb. Liscano refuta: \u00abNo es cierto que Kafka, para escoger un nombre, est\u00e9 necesariamente m\u00e1s cerca de las nuevas generaciones que Gallegos. Puede es\u00adtarlo para unos, no para otros. Por mi parte, hace diez a\u00f1os, cuando ten\u00eda la edad de Garmendia, siempre me carg\u00f3 Kafka y me desesper\u00f3 por cuanto me asfixiaba en su mundo\u00bb.<\/p>\n<p>En 1966, en el n\u00famero 2 de la revista <em>Papeles <\/em>del Ateneo de Caracas, Rodolfo Izaguirre insiste en los planteamientos que ya encontramos en 1958: Venezuela no es un \u00abpa\u00eds de novelistas sino pa\u00eds de un solo novelista (hasta ahora): R\u00f3mulo Gallegos, en el sentido que es el \u00fanico en haber estructurado un s\u00f3lido cuerpo novel\u00edstico\u00bb; y diagnostica:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Para el novelista venezolano de esta d\u00e9cada el malestar puede ser el siguiente: m\u00e1s que buscar \u00abel alma nacional\u00bb en una discu\u00adtible tradici\u00f3n literaria, debe por el contrario tratar de adquirir conciencia del violento paso que cumple el pa\u00eds entre los l\u00edmites del feudalismo y del capitalismo; tomar conciencia del subde\u00adsarrollo cultural que caracteriza las relaciones del escritor y su compleja realidad, tomar conciencia del amasijo de influencias (pol\u00edticas, econ\u00f3micas, culturales) que encuentran su campo entre nosotros y que definen, en fin de cuentas, el eclecticismo y la incoherencia en que navega nuestra accidentada novel\u00edstica.<\/p>\n<p>En el mismo n\u00famero de Papeles, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n dice que algunos cr\u00edticos de cultura parroquiana han agarrado los nombres de Joyce, Kafka, Faulkner, para acusar a la nueva narrativa de ser una simple copia de esos autores. No se han tomado el trabajo de hacer un an\u00e1lisis serio de lo publicado en los \u00faltimos a\u00f1os, dice, porque, de haberlo hecho, \u00abhabr\u00edan llegado a la conclusi\u00f3n de que aqu\u00ed nadie ha utilizado a con\u00adciencia y con resultado efectivo las proposiciones t\u00e9cnicas de Joyce, Kafka o Faulkner en la narraci\u00f3n\u00bb. Y a rengl\u00f3n seguido especifica el alcance de esta afirmaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Si es cierto que ha habido un abandono de los temas manidos\u2026 si tambi\u00e9n es cierto que se ha dejado a un lado la narraci\u00f3n lineal y cl\u00e1sica\u2026 no obstante en ning\u00fan momento han sido afron\u00adtados con coraje el mon\u00f3logo interior, la simultaneidad, la re\u00adestructuraci\u00f3n del tiempo, las audacias sint\u00e1cticas del costado joyceano. As\u00ed como tampoco se ha hecho nada en esa especie de metaf\u00edsica del vac\u00edo y la desorientaci\u00f3n propuesta por Kafka; ni nadie ha ensayado la aglutinaci\u00f3n tem\u00e1tica, la proliferaci\u00f3n tipogr\u00e1fica, el desconyuntamiento verbal, las contradicciones mitosexol\u00f3gicas, culturales-raciales y la energ\u00eda explosiva de Faulkner y la gran novela norteamericana en general.<\/p>\n<p>No tardaron en responder los mayores, y en el n\u00famero 3 de <em>Papeles<\/em> opinaron: Arturo \u00daslar Pietri (\u00abyo no creo que los nuevos escritores deben andar pegados a los faldones de los viejos\u00bb); <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/guillermo-meneses\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Guillermo Meneses<\/a> (\u00abel sentido folkl\u00f3rico que algunos buscan muchas veces es una falsificaci\u00f3n\u00bb); Juan Liscano, Arturo Croce. Miguel Otero Silva se\u00f1ala que, a diferencia de los j\u00f3venes de ahora, que gozan de una universidad moderna y de una informaci\u00f3n al d\u00eda, ellos tuvieron la universidad de G\u00f3mez, una prensa amorda\u00adzada y una informaci\u00f3n literaria y art\u00edstica que les llegaba con diez a\u00f1os de retraso. Aprecia el esfuerzo de los j\u00f3venes pero re\u00adacciona contra lo que \u00e9l considera ciertos extremismos y pone como ejemplo la opini\u00f3n de Rodolfo Izaguirre, ya citada, seg\u00fan la cual Venezuela es pa\u00eds de un solo novelista:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Nombrar\u00e9 a Rodolfo Izaguirre, quien, con motivo de haber escrito su primera novela, arremete\u2026 contra la novel\u00edstica anterior venezolana para negarla de plano, con la excepci\u00f3n intocable del maestro Gallegos. El joven Izaguirre (40 a\u00f1os) declara de ese modo inexistentes como novelistas a <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pocaterra-jose-rafael\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Jos\u00e9 Ra\u00adfael Pocaterra<\/a>, Teresa de la Parra, M. D\u00edaz Rodr\u00edguez, Ru\u00adfino Blanco-Fombona, Luis Urbaneja Achelpohl, E. Bernardo N\u00fa\u00f1ez, M.P. Salas, A. \u00daslar Pietri, Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez, An\u00adtonio Arr\u00e1iz, Guillermo Meneses, Salvador Garmendia, para no nombrar sino doce.<\/p>\n<p>Los incidentes del XIII Congreso Iberoamericano de Literatura y del Premio Gallegos renovaron el tema. Habl\u00f3 nuevamente Izaguirre, ahora menos excluyente: \u00abEs necesario contar, narrar hechos y acontecimientos venezolanos. Buscar en nuestra personal historia\u2026 No otra cosa \u2014concluye\u2014 han hecho los novelistas nuestros, unos con m\u00e1s talento que otros\u00bb (El Nacional, 28-7-67). Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, mismo diario y misma fecha, se muestra menos seguro ahora:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">En nuestra generaci\u00f3n hay, sin duda, algunos excelentes narra\u00addores, pero creo que no hemos logrado un acoplamiento maduro con nuestra realidad. Creo que hemos tenido miedo de nombrar las cosas por su nombre\u2026 El proceso hist\u00f3rico-social de Vene\u00adzuela en los \u00faltimos veinte a\u00f1os ha sido demasiado complejo. Es una complejidad que nos abruma; quiz\u00e1s por ello no hayamos logrado decantar ciertas vivencias\u2026<\/p>\n<p>De nuevo, y finalmente hasta hoy, los mayores inter\u00advienen; tambi\u00e9n ellos se contagian del tono conciliador, y es as\u00ed como Fernando Paz Castillo, poeta y cr\u00edtico (en El Nacional, 29-7-67), expresa confianza en los novelistas j\u00f3venes y los anima a seguir, partiendo de la siguiente teor\u00eda: existe una rica tradici\u00f3n novel\u00edstica llevada a su culminaci\u00f3n por R\u00f3mulo Gallegos, cuya obra, ya cl\u00e1sica, sugiere nuevos caminos. A los \u00abj\u00f3venes\u00bb corres\u00adponde encontrar esos caminos, dentro de una novedosa evolu\u00adci\u00f3n pero sin olvidar lo que ya tienen. Se tratar\u00eda de realizar en la novela lo que el presidente Frei quer\u00eda en la pol\u00edtica: \u00abuna revoluci\u00f3n con libertad\u00bb.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ramon-diaz-sanchez-2\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">D\u00edaz S\u00e1nchez<\/a> \u2014mismo diario, misma fecha\u2014 pone en su lugar el sentido dial\u00e9ctico de crisis y reivindica su condici\u00f3n creadora. Ve en la literatura el reflejo de ciertos desajustes de la vida venezolana. As\u00ed dice:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Respecto a la evidente decadencia de nuestra novel\u00edstica en re\u00adlaci\u00f3n con el vigoroso desarrollo de la novela en otros pa\u00edses de Hispanoam\u00e9rica, se podr\u00edan se\u00f1alar razones concretas: una de ellas es la de las exigencias que impone nuestra vida actual al escritor, a quien apenas deja tiempo y vagar para ocuparse de la creaci\u00f3n literaria. Sin necesidad de citar nombres, es f\u00e1cil observar los casos de nuestros m\u00e1s acreditados novelistas, que han abandonado la literatura de creaci\u00f3n para dedicarse a otras actividades y preferentemente a la de la pol\u00edtica, que es en estos momentos tan absorbente.<\/p>\n<p>D\u00edaz S\u00e1nchez advierte, asimismo, la complejidad de la es\u00adtructura social venezolana como fruto de la yuxtaposici\u00f3n de una econom\u00eda petrolera de alta tecnolog\u00eda sobre una econom\u00eda agr\u00edcola tradicional, y confiesa que ha detenido su trabajo como narrador para dedicar tiempo al estudio de la sociolog\u00eda y de la historia, que son \u2014dice\u2014 \u00abla sustancia de la literatura imaginativa\u00bb.<\/p>\n<p>En agosto de 1967, un acontecimiento ordinario dentro de la rutina literaria de Am\u00e9rica Latina contribuye, indirectamente, a replantear el problema de la crisis novel\u00edstica venezolana: el XIII Congreso Internacional de Literatura Iberoamericana se ce\u00adlebra en Caracas (Universidad Central de Venezuela) y, aunque su temario carece de todo atrevimiento y es bien convencional el contenido de sus deliberaciones, la presencia en Venezuela de in\u00advitados como Vargas Llosa (viene a recibir el premio R\u00f3mulo Ga\u00adllegos por La casa verde), Garc\u00eda M\u00e1rquez, \u00c1ngel Rama, Castellet, Rodr\u00edguez Monegal y Onetti conmueve el ambiente intelectual y, en mesas redondas, entrevistas, conversaciones y conferencias, va poniendo de relieve la intensa actividad literaria que se realiza en el mundo hispanoamericano y que contrasta con la pasividad y el decaimiento de las letras en Venezuela.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como, de un d\u00eda para otro, una veintena de novelistas latinoamericanos, menores de cincuenta a\u00f1os casi todos, tomaron por asalto el inter\u00e9s tard\u00edo de los lectores venezolanos, ocuparon los estantes de las librer\u00edas y monopolizaron las p\u00e1ginas de los es\u00adcasos voceros literarios del pa\u00eds. Nuestros narradores se vieron, de pronto, sentados en el banquilllo de los acusados. R\u00f3mulo Gallegos entre ellos. Pero ni los m\u00e1s j\u00f3venes escaparon a la redada que fue \u2014en el fondo\u2014 cacer\u00eda de corrillos, sacud\u00f3n de cr\u00edticos, es\u00adtupefacci\u00f3n de profesores, comidilla de periodistas y tema obli\u00adgado, no solo para la discusi\u00f3n creadora y el debate de altura sino tambi\u00e9n, para decirlo con Dar\u00edo: blanco para los dientes del can hidr\u00f3fobo y para los garfios del alacr\u00e1n.<\/p>\n<p>A tres a\u00f1os del suceso, el balance es positivo: en 1968, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n obtiene el premio Seix-Barral con su primera novela, Pa\u00eds port\u00e1til, y conquista una difusi\u00f3n inter\u00adnacional que levanta, si se me permite expresarlo as\u00ed, la moral literaria del pa\u00eds. En el mismo a\u00f1o, Salvador Garmendia pu\u00adblica La mala vida, lanzada por la editorial Arca de Monte\u00advideo y bien recibida por la cr\u00edtica nacional y extranjera. Otros narradores dan muestras de un ritmo continuado de trabajo: Jos\u00e9 Balza (Marzo anterior, 1965) suma un t\u00edtulo importante (Largo, 1968) a su labor de novelista; Jos\u00e9 Vicente Abreu a\u00f1ade a su primera novela (Se llamaba S.N., 1963, tres ediciones) los Relatos de Guasina y Las 4 letras, tambi\u00e9n sobre el tema de la violencia pol\u00edtica; Oswaldo Trejo experimenta nuevas f\u00f3rmulas (And\u00e9n lejano); dos novelistas residenciados en Caracas, Baica D\u00e1valos y Mario Schizman, escriben y publican sus novelas in\u00adfluyendo con ellas el clima estimulante que se vive en los \u00fal\u00adtimos tres a\u00f1os. Bajo ese clima aparecen nuevos narradores: Rodolfo Izaguirre (Alacranes, Premio Pocaterra, 1966, publi\u00adcado en 1968), Santos Urriola (La hora m\u00e1s oscura) y Francisco Massiani (Piedra de mar). Este \u00faltimo sorprende a los cr\u00edticos por la maestr\u00eda que demuestra apenas comenzando. Y por el contraste en el tiempo y complemento en el esfuerzo, un nove\u00adlista de generaci\u00f3n anterior, Miguel Otero Silva, resuelve dejar atr\u00e1s su experiencia de treinta a\u00f1os y poner a prueba su condi\u00adci\u00f3n de novelista en la experimentaci\u00f3n con nueva t\u00e9cnicas y en el riesgo de un lenguaje renovado.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n de trabajo creador y de preocupaci\u00f3n por alcanzar una contemporaneidad que nos hab\u00eda dejado atr\u00e1s es lo que lleva al escritor Jos\u00e9 Balza, en una reciente encuesta sobre narrativa venezolana (El Nacional, 24-5-70), a expresar la si\u00adguiente opini\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Aqu\u00ed se escribe y se publica: esto es alentador, forma parte de un entrenamiento que desembocar\u00e1 en verdadera creaci\u00f3n. Asimismo tenemos componentes de la realidad que se im\u00adponen para ser comprendidos por la literatura: la violencia, el desgaste de formas vitales.<\/p>\n<p>Otros entrevistados \u2014David Alizo y Carlos Noguera\u2014 asignan a la poes\u00eda un cultivo m\u00e1s acendrado y un mayor auge que a la narrativa, a pesar de que ellos han trabajado seriamente el cuento. H\u00e9ctor De Lima, en opini\u00f3n m\u00e1s optimista, celebra la nueva narrativa y cita dos novelas: Al sur del Equanil de Renato Rodr\u00edguez y Piedra de mar de Francisco Massiani. Este \u00faltimo, en la misma entrevista, rompe el manique\u00edsmo de las \u00abgeneraciones\u00bb al responder al periodista la pregunta sobre diferencia entre viejas y nuevas generaciones:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u2026imag\u00ednate un viejo que ahora mismo comenzara a escribir cosas que nadie ha so\u00f1ado escribir, que nadie se ha atrevido a contar, empleando un lenguaje completamente distinto, di\u00adgamos una especie de Miller-Cort\u00e1zar, mezclado con Atahualpa, y un poco de Bob Dylan.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">No ser\u00eda viejo \u00bfno?\u2026 Hay cuentos que yo he escrito hace dos a\u00f1os que comparados con uno de Meneses me resultan a m\u00ed mismo espantosamente viejos, pero viejos por inservibles, porque no tienen nada que a\u00f1adir a nada.<\/p>\n<p>Con lo cual, un representante de la m\u00e1s reciente promo\u00adci\u00f3n de narradores, con un trabajo que le confiere autoridad in\u00adtelectual, tiende un lazo entre quienes aparec\u00edan divorciados por t\u00e9cnicas, lenguajes y edades diferentes. El lazo es perdurable: por calidad de las obras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Orlando Araujo En 1928 \u2014una fecha clave para la historia pol\u00edtica y lite\u00adraria del pa\u00eds\u2014 culminaba, con la publicaci\u00f3n de Do\u00f1a B\u00e1rbara, un ciclo novel\u00edstico iniciado por Peon\u00eda en 1890. 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