{"id":14101,"date":"2024-11-22T16:46:51","date_gmt":"2024-11-22T21:16:51","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=14101"},"modified":"2024-11-22T16:46:51","modified_gmt":"2024-11-22T21:16:51","slug":"ysabel-arnaldo-jimenez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ysabel-arnaldo-jimenez\/","title":{"rendered":"\u00abYsabel. El silencio del agua\u00bb, de Arnaldo Jim\u00e9nez"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por: Rafael Victorino Mu\u00f1oz<\/h4>\n\n\n\n<p>Este libro es el n\u00famero \u00bfdoce?, \u00bfquince? \u00bftreinta? Ya suma unos cuantos vol\u00famenes en su haber Arnaldo y cada vez se nota m\u00e1s esa madurez de oficio que dan los a\u00f1os, las p\u00e1ginas escritas y las canas (que ambos ya las lucimos, con orgullo y sin tintes).<\/p>\n\n\n\n<p>Como se\u00f1al\u00e9 en el incierto pr\u00f3logo del libro, el oficio de la escritura, la promoci\u00f3n de la lectura, la pasi\u00f3n por ense\u00f1ar, nos hermanan a Arnaldo y a m\u00ed, como a otros los puede unir el hecho de ser fan\u00e1ticos de un equipo de f\u00fatbol o de b\u00e9isbol. Precisamente, estos temas son los ingredientes con los que el autor amalgama sus relatos, en esta novela-poema o prosema.<\/p>\n\n\n\n<p>Una m\u00e1quina de producir met\u00e1foras e im\u00e1genes sorprendentes es lo que se me revela, a cada momento, en la prosa de Arnaldo, tanto en este como en libros anteriores que tambi\u00e9n he tenido la oportunidad de revisar. S\u00ed, hablo de su prosa, de sus novelas, no de sus versos. Y es que la prosa po\u00e9tica en Venezuela ha encontrado en Arnaldo algunas de sus p\u00e1ginas m\u00e1s luminosas, y en <em>Ysabel. El silencio del agua, <\/em>el autor toca unas notas que no puedo llamar menos que sublimes.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ysabel. El silencio del agua <\/em>es un largo poema a la infancia, tambi\u00e9n una declaraci\u00f3n de amor a la pedagog\u00eda y una invitaci\u00f3n a jugar con la escritura, como si esta fuera un amuleto para conjurar la muerte o el olvido, para anudar los recuerdos, para hablar de lo prohibido, para encontrarnos con nosotros y con los otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Con una capacidad de fantasear digna del mejor Rodari, el autor, el narrador, los personajes, todos escriben, en las clases dialogan de una manera socr\u00e1tica y juegan con las palabras como si fueran plumas o como si fueran agua, que se des\u00adliza entre los dedos o los labios, juguetona, cantarina,<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda decir que <em>Ysabel. El silencio del agua <\/em>adem\u00e1s de una novela sobre la infancia es a la vez una obra pedag\u00f3gica; es como asistir en vivo a un taller de escritura y con esto termino de revisar lo que hice en el pr\u00f3logo y paso ahora a destacar lo que encontr\u00e9 en una segunda lectura (dicho sea de paso, Arnaldo puede considerarse un autor especial; aquellos que han recibido no solo una lectura, sino una relectura de mi parte).<\/p>\n\n\n\n<p>En la primera lectura qued\u00e9 m\u00e1s prendado de la bonita relaci\u00f3n que surge entre Ysabel y su maestro (aunque con respecto a esta relaci\u00f3n y al porqu\u00e9 de su predilecci\u00f3n no puedo adelantar ni aclarar mucho, ya que ser\u00eda como contar el final de la pel\u00edcula). Sin embargo, lo que s\u00ed estoy autorizado a decir es que en esta segunda lectura vengo a caer en cuenta que la escritura se presenta tambi\u00e9n como un personaje. El mismo Arnaldo lo menciona en una suerte de introito que hace, al considerar que pasamos por varios nacimientos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>En el tercer nacimiento empezamos a respirar el aire del saber y volvemos a gritar \u201c\u00a1vida, vida!\u201d: es cuando aprendemos a escribir y entendemos que aquellas luces y aquellas sombras tambi\u00e9n est\u00e1n inscritas en el alma\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Dejando de lado la alusi\u00f3n al mito plat\u00f3nico de la caverna, yo coincido plenamente en la visi\u00f3n que se insin\u00faa o subyace a tales palabras. Considero que la escritura, quiero decir, la escritura propiamente dicha, es tanto expresi\u00f3n del pensamiento o como un instrumento de exploraci\u00f3n, es un medio a trav\u00e9s del cual nos abrimos paso en el mundo, pues nos ayuda a organizar la informaci\u00f3n que nos llega de este, as\u00ed como tambi\u00e9n nos ayuda a entender lo que pensamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Escribo para saber por qu\u00e9 escribo, dijo alguna vez Goytisolo (no me pregunten si fue Jos\u00e9 Agust\u00edn o Juan o Luis). Yo suelo repetirles a mis estudiantes que la escritura, m\u00e1s que un c\u00f3digo, es una forma de pensamiento. Pensamos porque escribimos, pensamos cuando escribimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, cuentan que cuando a Yeats le preguntaron cu\u00e1nto tiempo le hab\u00eda tomado escribir un poema (aquel sobre el ruise\u00f1or), respondi\u00f3 que toda la vida. Y este toda la vida podr\u00eda extenderse m\u00e1s all\u00e1 de la propia de la persona que escribe, quiero decir, de su circunstancia personal, pues esta, como bien se sabe, la vida de cada uno est\u00e1 entretejida con otras, forma parte de una trama m\u00e1s vasta. Y en tal sentido, la escritura nos ayuda a trascender, hacia adelante y hacia atr\u00e1s, y hacia fuera, hacia los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello explicar\u00eda, tal vez, por qu\u00e9 Arnaldo ubica el g\u00e9nesis de su relato no en el momento de nacer Ysabel a la vida o a la escritura, sino un poco m\u00e1s all\u00e1: se remonta a sus ascendientes (abuela, madre), porque las historias de nuestros antepasados se prolongan en nosotros, sus vidas siguen latiendo en las nuestras, el eco de su voz est\u00e1 en nuestras palabras (y esto es algo que pienso cada d\u00eda, cuando recuerdo a mi abuelo).<\/p>\n\n\n\n<p>Yo intuyo que Arnaldo le tiene afecto a este libro, m\u00e1s all\u00e1 de lo que normalmente nos sucede a los autores con casi todo aquello que hemos escrito. Y es que aqu\u00ed est\u00e1 \u00e9l tambi\u00e9n como personaje, con su historia y sus convicciones acerca de la importancia de la lectura y m\u00e1s espec\u00edficamente de la poes\u00eda; est\u00e1 su credo literario y pedag\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo, no es <em>Ysabel\u2026 <\/em>un libro f\u00e1cil de reducir a un esquema o de resumir en un sentido tradicional, circunscribi\u00e9ndolo al tema del que hemos venido hablando o a lo que le pasa a los personajes. Hay una historia, s\u00ed, de una familia, unos ni\u00f1os y un maestro. Pero hay muchas otras cosas m\u00e1s: una buena dosis de humor (recuerdo particularmente, hacia el final, el caso de las morochas clasificando a las personas en <em>gente fo, gente sass, gente con aliento de beb\u00e9<\/em>); hay un poco de imaginer\u00eda popular, un poco bastante de realismo m\u00e1gico, no garciamarqueano sino realismo m\u00e1gico arnaldiano (recuerdo, por ejemplo, el asunto de los pollos con una pata que nadie pod\u00eda atrapar).<\/p>\n\n\n\n<p>Un hecho que me llama la atenci\u00f3n, y\u00e9ndonos por la otra arista tem\u00e1tica, es que el enfoque pedag\u00f3gico del maestro Manuel es aquel que tanto nos preconizaron en las teor\u00edas, acerca de la necesidad de conocer al estudiante, imbuirse de y en su experiencia, no solo en cuanto a lo que sabe, sino tambi\u00e9n en cuanto a lo que es. Ese sujeto que no es \u00fanicamente un nombre en la lista.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, la mirada en la novela no es como la del reflector cenital en el teatro, centrada en los personajes principales; tambi\u00e9n conocemos un poco de todos, de Maritza, de Alejandro y de Trapito\u2026 Y los vemos como lo que son, en su esencia, pura y verdaderamente humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo creo que en Venezuela hay pocos libros as\u00ed. Una mirada m\u00e1s o menos fenomenol\u00f3gica, no del mundo del ni\u00f1o, sino desde el mundo del ni\u00f1o; sin ani\u00f1amientos maniqueos, sin idealizaci\u00f3n, sin edulcorantes, comprendiendo su visi\u00f3n como lo que es, como la de otra persona, solo que un poco m\u00e1s bajita.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez dijo Eugene D\u00b4Ors que vivir era gestar un \u00e1ngel para alumbrarlo en la eternidad. Tal vez escribir sea entonces gestar un \u00e1ngel para alumbrarnos el entendimiento. Y el maestro ayuda en cierto modo en este trance. Volviendo un poco a S\u00f3crates, quien hablaba de la filosof\u00eda, m\u00e1s exactamente de la may\u00e9utica como el arte de partear.<\/p>\n\n\n\n<p>En los primeros momentos cuando el maestro Manuel y sus estudiantes se conocen, entendemos por qu\u00e9 alumbrar es dar a luz, parir, y luces es sin\u00f3nimo de conocimiento. Recuerdo un pasaje en el que se dice que Ysabel ley\u00f3 un papel que le daba el maestro \u201cy los ojos recibieron un fulgor que luego sali\u00f3 con m\u00e1s fuerza\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed puede brillar la mirada cuando se ha encontrado con la luz, en un sentido literal, cuando se ha encontrado con el amor, o cuando recibe de s\u00fabito esa claridad que da el pensamiento, una verdad que m\u00e1s que un producto, una llegada, es una puerta abierta hacia algo nuevo. Y esa puerta se abre gracias a la escritura, a la literatura o a la poes\u00eda. O ambas tres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Rafael Victorino Mu\u00f1oz Este libro es el n\u00famero \u00bfdoce?, \u00bfquince? \u00bftreinta? Ya suma unos cuantos vol\u00famenes en su haber Arnaldo y cada vez se nota m\u00e1s esa madurez de oficio que dan los a\u00f1os, las p\u00e1ginas escritas y las canas (que ambos ya las lucimos, con orgullo y sin tintes). 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