{"id":13997,"date":"2024-11-19T16:23:33","date_gmt":"2024-11-19T20:53:33","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13997"},"modified":"2024-11-19T16:23:33","modified_gmt":"2024-11-19T20:53:33","slug":"mi-pana-il-duce","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/mi-pana-il-duce\/","title":{"rendered":"Mi pana Il Duce"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Arnoldo Rosas<\/h4>\n\n\n\n<p><em>A Giovanni. Vaffanculo, vai.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 porque ten\u00edamos el mismo apellido y \u00e9ramos fans de las novelas de Sven Hassel, nos<\/p>\n\n\n\n<p>hicimos panas en la residencia a la que llegamos para estudiar en Caracas.<\/p>\n\n\n\n<p>Una residencia de estudiantes universitarios donde nos fueron encasquetando sobrenombres como si de una guarida de delincuentes se tratara; aunque, siendo todos varones y adolescentes, algo de eso habr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed, por ser de Margarita y pas\u00e1rmela hablando del terru\u00f1o, entre bromas y chistes de doble sentido, me bautizaron Margarito, y a\u00fan, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, alguno de esa \u00e9poca me sigue llamando as\u00ed, con cierto dejo de nostalgia y anacr\u00f3nica picard\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A \u00e9l, con precisi\u00f3n de l\u00e1ser, lo nombraron: Il Duce.<\/p>\n\n\n\n<p>No \u00edbamos a la misma universidad. Como la mayor\u00eda de los residentes, yo estaba en una p\u00fablica, mientras que \u00e9l, y unos pocos otros, estudiaba en una de las privadas, por lo que realmente casi no compart\u00edamos; s\u00f3lo cuando est\u00e1bamos libres, en los espacios de la residencia o, si sal\u00edamos, en alg\u00fan lugar cercano, por las noches. Ni siquiera los fines de semana.<\/p>\n\n\n\n<p>Como cualquiera de los que viv\u00edan en Maracay o Valencia, el viernes por la tarde se marchaba a su casa y no regresaba hasta el domingo, ya fuera porque se juntara con otros y se iba en autob\u00fas o porque alguno de los mayores se lo llevara en su carro para no viajar solo. Aun as\u00ed, el escaso tiempo en el que coincid\u00edamos, disfrut\u00e1bamos un mont\u00f3n ri\u00e9ndonos de todo y de todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para el segundo semestre, cuando ya hab\u00eda cumplido los 18 a\u00f1os, sus pap\u00e1s le regalaron un carro para que fuera a la universidad y los fines de semana hiciera el viaje de ida y vuelta Caracas-Maracay, sin estar corriendo riesgos en el transporte p\u00fablico, \u00abTan malo e inseguro\u00bb, ni estuviera dependiendo de la generosidad de otros, que, adem\u00e1s, \u00abNadie sabe c\u00f3mo manejan esos muchachos tan locos, como esos que hay por all\u00ed\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Un Malib\u00fa o un Nova, me falla la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguro no era un Maverick porque de esos ten\u00edan varios en la residencia y eran muy estrechos e inc\u00f3modos, mientras que el de Il Duce era espacioso y confortable, la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Amaba ese carro. Lo manten\u00eda impoluto, brillante, encerado, sin una mota de polvo en el interior. Lo aspiraba por dentro, asientos, alfombras y tapizados, cada dos d\u00edas, y lo lavaba por fuera cada tres, siempre encer\u00e1ndolo y abrillantando las llantas con silicona en espray. Daba gusto verlo en faena, silbando, y despu\u00e9s contemplando su obra:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es la proyecci\u00f3n de mi imagen. Un soldado debe transmitir limpieza, elegancia y dignidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, en realidad, \u00e9l siempre estaba de punta en blanco: el pelo corto y cuidado, correa de cuero a la cintura, camisas a cuadros bien planchadas, zapatos tambi\u00e9n de cuero, limpios y brillantes. Muy diferente a como yo andaba: con el pelo perfilando un afro que venc\u00eda la Ley de la Gravedad, crecido hasta lo indecible para ahorrarme el costo del barbero, con los bluyines que lavaba cada quince d\u00edas y unos zapatos de goma que nadie pod\u00eda descubrir de qu\u00e9 color hab\u00edan sido, muchas veces calzados sin medias, que seguro las que ten\u00eda estaban sucias y a\u00fan no las hab\u00eda lavado.<\/p>\n\n\n\n<p>El Malib\u00fa o Nova, sigo sin precisar, era su medio de transporte, pero tambi\u00e9n alg\u00fan provecho le sacaba.<\/p>\n\n\n\n<p>A dos compa\u00f1eros de la residencia, que estaban en su universidad y cursaban su misma carrera y semestre, los llevaba a diario, ida y vuelta, cobr\u00e1ndoles la gasolina y los estacionamientos, algo ins\u00f3lito en aquella \u00e9poca cuando a nadie se le ocurr\u00eda eso de compartir gastos y casi todos los que llevaban a otros lo hac\u00edan por compa\u00f1erismo y solidaridad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l dec\u00eda que \u00abSolidaridad un cazzo\u00bb, que ellos se ahorraban el transporte y el tiempo de estar viajando en autob\u00fas, y \u00e9l se ahorraba la gasolina, el estacionamiento, y \u00abTodos salimos ganando\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez a la semana, a la hora de cobrarles, les dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Esclavos, s\u00fabditos, venid! Es hora de honrar los tributos a vuestro rey \u2014y soltaba una risita taimada, como de tah\u00far.<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed no me cobraba.<\/p>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas iniciales del semestre, cuando a\u00fan no hab\u00eda parciales ni trabajos por presentar, tocaba a la puerta de mi cuarto:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Margarito, v\u00e1monos a explorar.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo agarraba mi chaqueta de bluy\u00edn, que seguro afuera hac\u00eda fr\u00edo, que as\u00ed era Caracas en aquel entonces, fr\u00eda y con neblina; mi cajetilla de cigarrillos y mi encendedor desechable, aunque Il Duce ni de bromas me dejaba fumar en su carro que \u00abDespu\u00e9s apesta y se llena todo de cenizas\u00bb, y me montaba de copiloto para irnos a recorrer mundo, conversando de cuanto se nos ocurr\u00eda por aquellas calles y autopistas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00cdbamos a El Hatillo, a Gavil\u00e1n, a San Diego, a Los Teques, a San Antonio, a Guarenas, a Guatire, a Charallave\u2026 Par\u00e1ndonos de vez en cuando a disfrutar del paisaje, de la arquitectura, instruy\u00e9ndome \u00e9l sobre cosas de lo m\u00e1s variadas, que, como hubiera dicho mi mam\u00e1, Il Duce sab\u00eda m\u00e1s que pescado frito. De muchas cosas m\u00e1s que yo, sin duda, en particular del aporte que hab\u00edan hecho los italianos a nuestra cultura y econom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En cada parada yo aprovechaba para dispararme mi cigarrito y \u00e9l me soltaba su monserga de \u00abDeber\u00edas dejar ese vicio, Margarito. Es como suicidarse, una cosa de degenerados. Pero, bueno, t\u00fa eres venezolano, y ya lo dec\u00eda el F\u00fchrer: Los venezolanos son una legi\u00f3n de negros e ind\u00edgenas sifil\u00edticos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo igual fumaba y le dec\u00eda que \u00abDe sifil\u00edtico a\u00fan no, pero de negro e ind\u00edgena s\u00ed ten\u00eda, y por los cuatro costados\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se re\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En alguna de las paradas pod\u00eda caerle hojas al carro o alg\u00fan p\u00e1jaro al vuelo dejarle impresa su gracia, o quiz\u00e1 durante el trayecto batallones de insectos se habr\u00edan estrellados contra el parabrisas; entonces Il Duce se tomaba el tiempo de retirar la hoja, limpiar el parabrisas, comprar un agua para limpiar el excremento de p\u00e1jaro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No hay que dar chance al desorden y al descuido. Despu\u00e9s todo se corrompe y degenera.<\/p>\n\n\n\n<p>De esa manera fuimos conociendo los sembrad\u00edos de hortalizas que desarrollaron los portugueses por las colinas de los altos mirandinos; la f\u00e1brica de Arte Murano donde vimos c\u00f3mo se soplaba el vidrio y se hac\u00edan objetos maravillosos con la misma t\u00e9cnica que los italianos trajeron de la laguna de Venecia; la f\u00e1brica de jam\u00f3n serrano que un empresario espa\u00f1ol fund\u00f3 por la carretera Panamericana, y varios restaurancitos italianos donde me ense\u00f1\u00f3 a comer la aut\u00e9ntica pizza, a reconocer sus diversos sabores y correctos ingredientes, como por ejemplo los de la \u201cMargarita\u201d y la \u201cCuatro Estaciones\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Por cierto, en esos locales no faltaba el mendigo que ven\u00eda a pedirnos dinero. Yo nunca ten\u00eda suficiente y evad\u00eda el compromiso, pero Il Duce, si bien no le daba, siempre le dec\u00eda al mesonero que le sirviera algo de comida, una pasta bolo\u00f1esa o as\u00ed, y que nos lo cargara a la cuenta. Una generosidad que me desconcertaba pensando en c\u00f3mo le cobraba la gasolina y los estacionamientos a sus compa\u00f1eros de universidad, pero \u00e9l dec\u00eda que esto era otra cosa y que una manera de agradecer a Dios el estar como se estaba era compartir lo poco o mucho que se ten\u00eda con quien realmente necesitara.<\/p>\n\n\n\n<p>Varios meses estuvimos as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando ya ten\u00edamos m\u00e1s o menos bien recorrido los suburbios, decidi\u00f3 que deb\u00edamos ir a conocer los clubes \u201c\u00e9tnicos\u201d de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>De ninguno \u00e9ramos socios, excepto \u00e9l que lo era del \u00cdtalo-venezolano de Maracay, lo que le daba derecho a ir al de Caracas, pero ese lo conoc\u00eda e ir all\u00ed no le generaba inter\u00e9s, \u00ab\u00a1La idea es que sea una aventura!\u00bb, por lo que qued\u00f3 proscrito de nuestra ruta. Como a m\u00ed me daba igual ir a cualquiera, con tal de salir y pasear, me dejaba llevar por los antojos de mi compa\u00f1ero.<\/p>\n\n\n\n<p>Al Club L\u00edbano, al Centro Asturiano, a la Hermandad Gallega, al Hogar Canario, al Centro Portugu\u00e9s y al Centro Vasco entramos sin problemas. D\u00eda de semana, poco aflujo de gente, al decirle a los porteros que \u00edbamos al restaurante, nos dieron puerta franca en todos ellos. Para disimular, tal como dec\u00edamos, \u00edbamos directo al restaurante, entrabamos y ped\u00edamos una Pepsi-Cola con hielo, que Il Duce no tomaba alcohol ni fumaba ni beb\u00eda caf\u00e9, y yo, para no desentonar y no gastar una plata que no ten\u00eda, tampoco. Luego pase\u00e1bamos por el resto de las instalaciones ri\u00e9ndonos de lo f\u00e1cil que todo hab\u00eda sido.<\/p>\n\n\n\n<p>En general estos clubes se parec\u00edan mucho entre s\u00ed. Un amplio vest\u00edbulo a la entrada, con alguna \u00e1rea administrativa y muebles para sentarse en grupo a conversar o esperar a ser atendidos: sof\u00e1s, butacas, mesas; luego, cafetines, restaurantes, canchas deportivas, piscinas, jardines bien mantenidos y alg\u00fan anfiteatro. Se diferenciaban en la arquitectura, en el tama\u00f1o, en el tiempo de construcci\u00f3n, en la oferta de comida de los restaurantes y en detalles muy particulares, como la cancha de Jai Alai que hab\u00eda en el Club Vasco.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros no hac\u00edamos gran cosa, m\u00e1s all\u00e1 de tomarnos la Pepsi-Cola y recorrer las instalaciones paseando por las caminer\u00edas. Sin embargo, las argucias para lograr la entrada, y la sensaci\u00f3n de estar haciendo algo prohibido, nos elevaba la adrenalina y nos entusiasmaba mucho el salir victoriosos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Veni, vidi, vici \u2014clamaba exultante Il Duce.<\/p>\n\n\n\n<p>Entrar al Centro Catal\u00e1n s\u00ed tuvo sus dificultades.<\/p>\n\n\n\n<p>El portero dec\u00eda que no; que las instalaciones eran para los socios activos y al d\u00eda con sus pagos; que \u00e9l no pod\u00eda permitirnos el paso porque lo pod\u00edan botar y \u00e9l ten\u00eda familia que mantener; que entendi\u00e9ramos, que por \u00e9l no hab\u00eda problema, pero eran las reglas y no.<\/p>\n\n\n\n<p>Il Duce insist\u00eda que s\u00f3lo era para comer, que el club estaba vac\u00edo, que seguro el concesionario del restaurante se lo agradecer\u00eda y hasta le daba alguna propina, que qu\u00e9 le costaba, que com\u00edamos y nos \u00edbamos con las mismas.<\/p>\n\n\n\n<p>De tanto insistir, y porque uno de los socios, que result\u00f3 ser due\u00f1o del restaurante, escuch\u00f3 la discusi\u00f3n y le dijo al portero que nos diera entrada, que un cliente es un cliente y ellos no le iban a decir que no al dinero, \u00ab\u00a1C\u00f3mo si estuvi\u00e9ramos para desperdiciar una peseta!\u00bb, a rega\u00f1adientes, nos dejaron pasar:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bueno, pero ya saben, no hagan ning\u00fan problema. Cuando terminen el consumo en el restaurante, se van de inmediato. Los vamos a estar vigilando \u2014y nos indic\u00f3 el camino.<br>Igual nos tomamos la Coca-Cola, que no ten\u00edan Pepsi, y haciendo tiempo, y como tonteando para ir al ba\u00f1o, nos paseamos todas las instalaciones del club.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Estos catalanes, tan ro\u00f1osos, \u00a1no dejan escapar ni una peseta! \u2014rio por lo bajo Il Duce, recordando las palabras del socio, y remat\u00f3: \u2014Por cosas como estas es que los italianos en la Guerra Civil Espa\u00f1ola dejamos m\u00e1s hijos que muertos \u2014y solt\u00f3 una carcajada.<\/p>\n\n\n\n<p>Donde s\u00ed nos dimos con una piedra en la cabeza fue en el club de los jud\u00edos, el Hebraica.<\/p>\n\n\n\n<p>El Hebraica estaba en una parte alta y oscura al este de la ciudad. Ocupaba por lo menos una manzana, si no dos, en un \u00e1rea con las calles agrietadas por la irregularidad de la topograf\u00eda, el impacto de las lluvias y las le\u00f1osas ra\u00edces expuestas a flor de asfalto de viejos, grandes y frondosos \u00e1rboles que se ubicaban por doquier. Sin aceras ni caminos empedrados para el peat\u00f3n, solo una banda discontinua de arriates de tierra negra suelta que bordeaba la alt\u00edsima tapia perimetral coronada con un cerco el\u00e9ctrico que proteg\u00eda las instalaciones del club, perpendicularmente a la cual se estacionaban los carros que deb\u00edan ser de los visitantes, seg\u00fan declaraba un gran letrero deste\u00f1ido adosado al muro: \u201cVISITANTES: ESTACIONAR AFUERA\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Primero dimos un par de vueltas alrededor de las instalaciones como para estudiar el terreno, y concluimos que deb\u00edamos ingresar a pie por un gran port\u00f3n de metal pintado de verde que, aunque dec\u00eda: \u201cACCESO. SOLO SOCIOS\u201d, era la \u00fanica entrada visible.<\/p>\n\n\n\n<p>Estacionamos y fuimos caminando de puntillas o de tac\u00f3n para no embarrarnos mucho los zapatos por aquellos arriates de tierra negra habilitados como estacionamiento de visitantes, debiendo salir cada tanto a la pista para evadir los carros estacionados y los postes del tendido el\u00e9ctrico que interrump\u00edan el paso, hasta el port\u00f3n de entrada.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda una c\u00e1mara, como las que entonces solo ten\u00edan para seguridad las entidades bancarias y financieras, justo arriba del dintel, y un aviso en letras negras: \u201cFAVOR TOCAR EL TIMBRE\u201d, con una flecha se\u00f1alando a un intercomunicador.<\/p>\n\n\n\n<p>Apretamos la \u00fanica tecla posible y, de inmediato, a trav\u00e9s de la bocina, nos preguntaron muy amablemente nuestro n\u00famero de socios. Les aclaramos que no \u00e9ramos socios y, como en los anteriores clubes, les dijimos que \u00edbamos al restaurante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Solo para socios \u2014fue la seca respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>No hubo m\u00e1s que hablar, discutir con un aparato es tarea inviable. <\/p>\n\n\n\n<p>Miramos a la c\u00e1mara, hicimos un gesto de s\u00faplica, y volvimos a tocar el intercomunicador.<br>Dos veces.<\/p>\n\n\n\n<p>El persistente silencio era una orden directa para que nos march\u00e1ramos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con cierta frustraci\u00f3n, alica\u00eddos, volvimos por donde hab\u00edamos llegado hasta el carro.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de montarnos, para no ensuciar las alfombras, sacudimos los zapatos en el asfalto para liberarlos de la tierra negra que se hab\u00eda infiltrado en las suelas y, antes de terminar de entrar, nos sentamos con las piernas afuera, quit\u00e1ndonos los zapatos y golpe\u00e1ndolos uno con otro como se hace en la playa para sacudir la arena. Igual las alfombras se ensuciaron con min\u00fasculos terrones negros de tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego enfilamos a la residencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Putos jud\u00edos \u2014dijo Il Duce a mitad de camino, aferrado con ambas manos al volante\u2014. Ya van a ver c\u00f3mo en la pr\u00f3xima entramos \u2014y se rio.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos semanas m\u00e1s tarde volvimos.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda estado planificado. O al menos as\u00ed lo cre\u00ed y a\u00fan lo creo. Hab\u00edamos salido a pasear sin rumbo determinado, a dar una vuelta por Caracas y despejar la mente, como hab\u00edamos hecho en muchas oportunidades. Tonteando por aqu\u00ed y por all\u00e1, terminamos en la Cota Mil, bordeando las monta\u00f1as, rumbo al este de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya que estamos por aqu\u00ed\u2026 \u2014dijo Il Duce.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo sonre\u00ed de medio lado y me encog\u00ed de hombros:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Dijimos por el intercomunicador que nos estaban esperando unos socios. Unos nombres inventados, no s\u00e9: Chocr\u00f3n, Siher, Rosemberg, Stein.<\/p>\n\n\n\n<p>Con un sonido de chicharra, se abri\u00f3 el port\u00f3n y nos permitieron entrar. Sonre\u00edmos.<\/p>\n\n\n\n<p>Accedimos a un largo y ancho corredor cercado por altos muros de concreto, techado, con espacio suficiente como para que pudieran circular al menos dos veh\u00edculos, seg\u00fan las flechas dibujadas en blanco sobre el piso de asfalto, uno de ida y otro de vuelta, que conclu\u00eda en dos barreras levadizas y una casilla en el medio, m\u00e1s all\u00e1 de lo cual se impon\u00eda la m\u00e1s s\u00f3lida oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos dirigimos a la casilla y, a trav\u00e9s de una ventanilla de vidrio polarizado con una m\u00ednima abertura en la base, nos pidieron la c\u00e9dula. Transcurrieron unos pocos minutos, pero nuestras ansias y la sensaci\u00f3n de triunfo pr\u00f3ximo nos lo hicieron largos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la hendidura en la ventana nos pareci\u00f3 ver que revisaban en un list\u00edn mecanografiado en una carpeta manila, o quiz\u00e1 no vimos nada y lo inventamos despu\u00e9s, o lo estoy imaginando ahora, para complementar lo que nos dijeron cuando nos devolvieron las c\u00e9dulas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo lamento. No pueden pasar. Solo socios o personas con invitaci\u00f3n. Ustedes no est\u00e1n en ninguna de las listas de invitados.<\/p>\n\n\n\n<p>Quisimos insistir dici\u00e9ndoles que buscaran bien, que Chocr\u00f3n o Siher o Rosemberg o Stein o cualquiera que hubiese sido el nombre que hab\u00edamos inventado nos estaba esperando y que ten\u00eda que ser un error, que si pod\u00eda verificar de nuevo, pero el tono del \u00abPor favor, ret\u00edrense o tendr\u00e9 que llamar a seguridad\u00bb que nos soltaron a trav\u00e9s de la ventanilla de vidrio polarizado nos disuadi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Igual que la vez anterior, regresamos de vuelta a sacudirnos los zapatos antes de montarnos en el carro sin haber entrado ni visto nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Un mes m\u00e1s tarde volvimos a intentarlo, y a la tercera tampoco fue la vencida.<\/p>\n\n\n\n<p>Supimos que hab\u00eda un campeonato donde la universidad de Il Duce enfrentar\u00eda al club Hebraica y, para el partido de visitante, hab\u00edan autorizado el ingreso del equipo y sus hinchas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esta es la nuestra \u2014me dijo Il Duce\u2014. Va un gent\u00edo \u2014y nos fuimos para all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos entraron menos nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ustedes no est\u00e1n en la lista que nos dio la universidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuevamente sacudirnos los zapatos antes de montarnos en el carro como s\u00edmbolo y ritual de nuestra derrota.<\/p>\n\n\n\n<p>Deliraba de rabia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Putos jud\u00edos. \u00a1Cu\u00e1nta seguridad! \u00bfQu\u00e9 ocultan? Algo malo, sin dudas. \u00bfA qu\u00e9 temen? S\u00f3lo temen los culpables. Por eso son los perseguidos de la historia, y los han matado y han hecho jab\u00f3n y forrado libros con ellos. Unos malditos. Todas las culpas que tienen acumuladas a lo largo de siglos. Son gente mala y lo saben, por eso tienen que cuidarse de la manera que se cuidan. Son peligrosos y en extremo vengativos, no olvidan, no quieren olvidar, todo lo de ellos es venganza. F\u00edjate t\u00fa. Al pobre viejito Eichmann, un exoficial del Tercer Reich, que estaba de lo m\u00e1s tranquilo haciendo patria en Argentina, veintitantos a\u00f1os despu\u00e9s que hab\u00eda pasado la guerra y todo estaba en calma, llegaron esos malditos del Mosad y lo secuestraron, apart\u00e1ndolo de su familia, y se lo llevaron en un avi\u00f3n de h\u00e9lice, un mont\u00f3n de horas de vuelo, hasta Israel, y le hicieron una pantomima de juicio, acus\u00e1ndolo de una barbaridad inveros\u00edmil de cr\u00edmenes y lo mataron. En la horca lo mataron. Muy malos y vengativos, estos jud\u00edos. Ya lo dec\u00eda Streicher: el jud\u00edo es una lacra social insertada en el pueblo y debe ser extirpada como un tumor cancer\u00edgeno. Pero de que vamos a entrar a ese club, vamos a entrar, Margarito. Y si tengo oportunidad, me voy a orinar en su piscina, en las piscinas, si son varias, y en cada fuente, si las hay. Eso s\u00ed, debemos aprender de las derrotas, reconocer nuestros errores y el potencial de fuego del rival. Inventarnos un plan, con objetivos, estrategia y t\u00e1cticas. Preciso. Y ejecutarlo con precisi\u00f3n. Y, otra, para la pr\u00f3xima tienes que venir mejor vestido, Margarito. Con esa facha de negro marginal que tienes nunca nos van a dejar pasar, digamos lo que digamos. Hay que ser y parecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se rio.<\/p>\n\n\n\n<p>Casualmente, por esas fechas, en alg\u00fan rato de ocio en la universidad, me encontr\u00e9 en la biblioteca con una enciclopedia her\u00e1ldica y descubr\u00ed que nuestro apellido era de origen sefard\u00ed, jud\u00edo-espa\u00f1ol, y, cuando a los sefard\u00edes los botaron de Espa\u00f1a, se dispersaron, transmigrando por Europa y el norte de \u00c1frica y por el mundo entero, buscando cobijo, y se establecieron entre otras partes en N\u00e1poles, donde estuvieron ligados al negocio de la banca.<\/p>\n\n\n\n<p>Le saqu\u00e9 una fotocopia y no sin cierta malicia se la llev\u00e9 a Il Duce.<\/p>\n\n\n\n<p>Arrug\u00f3 la boca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Jud\u00edo un cazzo. A lo mejor t\u00fa eres negro, indio y jud\u00edo, pero yo no.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s me habl\u00f3 de las Leyes de N\u00faremberg y la pureza de sangre. Me aclar\u00f3 que para ser ario se ped\u00eda que en la familia ninguno de los cuatro abuelos fuera jud\u00edo. Que en la de \u00e9l no hab\u00eda ninguno por no s\u00e9 cu\u00e1ntas generaciones, lo cual lo ten\u00eda certificado por dem\u00e1s; y si, en el falso supuesto, hubiese habido en su \u00e1rbol geneal\u00f3gico alg\u00fan sefard\u00ed n\u00f3mada, que no lo hab\u00eda, insisti\u00f3, era claro que a \u00e9l esto no lo afectaba. Que cumpl\u00eda la regla de la pureza de sangre en grado sumo y que era ario a toda prueba.<\/p>\n\n\n\n<p>Parec\u00eda serio, hasta que con alegr\u00eda se rio:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1\u00bfJud\u00edo?! Vaffanculo, Margarito, vai.<\/p>\n\n\n\n<p>Deb\u00ed haberle comentado por tel\u00e9fono a pap\u00e1 algo de esto porque recuerdo muy claro que en alg\u00fan momento me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ten mucho cuidado. A ese amigo tuyo le falta un tornillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 adolescente le hace caso a su pap\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p>Estuvo d\u00edas, quiz\u00e1 semanas, maquinando su plan. Descubri\u00f3 que su profesor de estad\u00edstica, claramente jud\u00edo por el apellido y rasgos fison\u00f3micos, era tambi\u00e9n rabino y miembro destacado del Club Hebraica. Seg\u00fan supo, todas las tardes el profesor se instalaba all\u00ed, en el club, a tomar t\u00e9 con leche y galletas en una cafeter\u00eda que estaba pr\u00f3xima a la piscina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Seguro el viejo depravado se deleita viendo el cuerpo en traje de ba\u00f1o de las jovencitas \u2014dec\u00eda, ri\u00e9ndose con malicia\u2014. Vamos a ir llevando un sobre a su nombre. El vigilante no puede negar que exista o que no est\u00e9 all\u00ed, intentar\u00e1 que le entreguemos a \u00e9l el sobre, pero diremos que es imperativo que el rab\u00ed lo reciba en sus propias manos y nos firme el recibo delante de nosotros. Dir\u00e1 que lo llamar\u00e1 o enviar\u00e1 a alguien a buscarlo para que venga a la puerta y le diremos que c\u00f3mo va a molestar a una persona tan mayor e importante como el rabino. Le dir\u00e9 que no tenemos que entrar los dos, que yo puedo ir si me indica d\u00f3nde entregar el sobre y vendr\u00e9 de vuelta en menos de cinco minutos. Si duda, le dir\u00e9 que me acompa\u00f1e. \u00c9l no aceptar\u00e1, por flojera u obligaci\u00f3n, alegando que no puede dejar su puesto. Le insistir\u00e9: si el rabino no recibe de inmediato el sobre, se va a molestar, y cuando se entere de que fue \u00e9l quien se interpuso, reclamar\u00e1 y a lo mejor lo amonestan, lo castigan o hasta lo despidan. Al final ceder\u00e1. Entre el miedo y la flojera me dejar\u00e1 entrar solo. T\u00fa te quedas all\u00ed, calm\u00e1ndolo si se impacienta. Si te hace salir, te vas hasta el carro a esperarme, y te revientas un pulm\u00f3n, cigarrillo tras cigarrillo, si quieres. Yo voy a ir directo a la piscina, y si veo la oportunidad, me orino en ella, delante de todos, y saldr\u00e9 a la carrera. Si no, bueno, inventar\u00e9 algo r\u00e1pido. Escandaloso, eso s\u00ed. Ser\u00e1 mi guerra rel\u00e1mpago.<\/p>\n\n\n\n<p>No era miedo. Digamos que era prudencia, sensatez. La cosa estaba tomando un cariz que no me gustaba y las consecuencias eran imprevisibles. \u00bfQu\u00e9 pasaba si el tal rabino sal\u00eda a ver qui\u00e9nes \u00e9ramos esos que le tra\u00edamos un sobre que no estaba esperando, lo abr\u00eda y no encontraba nada, o nada importante al menos? Nos meter\u00edamos en un problema de lo m\u00e1s grande, con \u00e9l, con la universidad, con la residencia, con las autoridades, y no te digo con nuestras familias. Y si de verdad Il Duce se orinaba en la piscina, no habr\u00eda modo de salir ilesos de all\u00ed. Los de seguridad nos atrapar\u00edan antes de dar dos pasos en la huida. Me inquietaba y me costaba dormir.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan pronto pude abord\u00e9 a Il Duce:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vamos a dejar esto hasta aqu\u00ed, mi pana. Van a tener nuestras c\u00e9dulas en la caseta, nos van a tener identificados, nos podemos meter en un problema may\u00fasculo. No vale la pena, panita. \u00bfQue ellos no nos quieren dejar pasar? \u00a1Gran cosota! Es su derecho, es su propiedad, dejan pasar a los que les da la gana. Y ya. \u00bfQu\u00e9 de bueno o importante puede haber en ese sitio? Nada distinto a lo que ya hemos visto en los otros clubes. D\u00e9moslos por visto o por perdido. Hay que saber perder. Olvid\u00e9monos de eso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No seas cobarde, Margarito. \u00bfQu\u00e9 nos puede pasar? Adem\u00e1s, no podemos dejarnos vencer por los jud\u00edos. Una raza inferior.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfInferior? \u00bfInferior a qui\u00e9n? Por lo visto, a nosotros no. Yo prefiero no ir, mi pana, para qu\u00e9. Y eso de meterte a orinar la piscina, ya eso s\u00ed es verdad que no tiene sentido. Qu\u00e9 va, mi pana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No me puedes dejar solo, Margarito. Vamos a hacer una cosa. Llevamos el sobre, entramos y damos una vuelta y ya, como siempre hemos hecho. Solo la caminata, sin Pepsi-Cola. Olvidado lo de la orinada en la piscina. En eso tienes raz\u00f3n. Somos personas decentes, no podemos caer en vulgaridades. Incluso, si prefieres, entro yo y t\u00fa te quedas fumando y cuidando el carro. Yo te cuento luego.<\/p>\n\n\n\n<p>Acept\u00e9 sus condiciones. No pude dejarlo solo.<\/p>\n\n\n\n<p>Preparamos el sobre con una etiqueta de lo m\u00e1s profesional, con un texto que dec\u00eda entregar en propia mano y un sello de \u201c\u00a1URGENTE!\u201d, que no s\u00e9 d\u00f3nde lo conseguimos. Finalmente le adjuntamos una carta para que el rabino la firmara a modo de recibo.<\/p>\n\n\n\n<p>La tarde que escogimos para ir me ba\u00f1\u00e9, me puse un pantal\u00f3n de gabardina azul marino, zapatos y correa de cuero, una camisa manga larga, el blazer cuatro botones con el que me gradu\u00e9 de bachiller; es decir, lo que ten\u00eda para las ocasiones especiales. Me pein\u00e9 con brillantina y doblegu\u00e9 cuanto pude mi afro y hasta me perfum\u00e9. Si fracas\u00e1bamos de nuevo, Il Duce no podr\u00eda argumentar que mi apariencia deprimente hab\u00eda sido la causa.<\/p>\n\n\n\n<p>Estacionamos a unos cincuenta metros de la puerta del club en la franja de tierra que serv\u00eda de estacionamiento de visitantes, esta vez h\u00fameda, embarrada, con charcos dispersos por recientes lluvias, y caminamos con cierta parsimonia, elegantes como mormones en servicio, con el sobre para el rabino en la mano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Recuerda, Margarito, si solo dejan que pase uno, entro yo; t\u00fa te quedas destruy\u00e9ndote los pulmones y cuidando el carro. Voy a dejar mi huella en este antro.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima frase no me gust\u00f3, pero tragu\u00e9 saliva y sonre\u00ed. Creo que iba rezando para que todo saliera bien y sin consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el intercomunicador, Il Duce dijo que tra\u00eda un sobre para el rabino y que ten\u00eda que entregarlo en propia mano. Que lo estaba esperando en el \u00e1rea de la piscina.<\/p>\n\n\n\n<p>La puerta verde de metal se abri\u00f3 y nos acercamos a la caseta. A trav\u00e9s de la rendija del vidrio polarizado de la ventanilla, Il Duce repiti\u00f3 lo del sobre para el rabino y lo mostr\u00f3 sin entregarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPara el rabino? \u2014corrobor\u00f3 el portero con amabilidad, sin pedirnos la c\u00e9dula esta vez. \u2014Muy bien. Esperen un momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pareci\u00f3 que anot\u00f3 algo en su list\u00edn y llam\u00f3 por el tel\u00e9fono interno. Dijo algo que no escuchamos y colg\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya vienen por ustedes.<\/p>\n\n\n\n<p>Me temblaron las piernas, cruc\u00e9 miradas con Il Duce.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY ahora?<\/p>\n\n\n\n<p>Transcurrieron menos de cinco minutos y unos se\u00f1ores muy educados vinieron a buscarnos: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acomp\u00e1\u00f1ennos, por favor.<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed algo en el est\u00f3mago y no era de felicidad. \u00cdbamos a entrar, s\u00ed; pero \u00bfqu\u00e9 le dir\u00edamos al rabino cuando abriera el sobre y encontrara que estaba vac\u00edo? \u00abNosotros somos unos simples mensajeros. No sabemos nada, s\u00f3lo que\u2026\u00bb \u00bfQu\u00e9 har\u00edan los de seguridad? \u00bfNos tomar\u00edan por las pecheras y nos botar\u00edan del club con una patada en el trasero?<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>aminamos escoltados hacia la oscuridad interior. Il Duce impasible con la frente en alto. Yo con unas ganas inmensas de fumar. En la pared de concreto del gran pasillo de entrada hab\u00eda semioculta una cancela rojiza. La abrieron y pasamos. Atravesamos jardines sembrados de cayenas e ixoras, luego por unas construcciones bajas de concreto con techos de Acerolit color magenta, y, finalmente, nos condujeron a una peque\u00f1a caba\u00f1a de ladrillos de cemento en crudo. No se o\u00eda nada en el entorno. Ninguno de los ruidos tradicionales de un club. Ni m\u00fasica, ni risas. Ni conversaciones lejanas. Abrieron la puerta de metal y entramos a una oficina iluminada con tubos de luz fluorescente, con sillas plegables de metal y un escritorio tambi\u00e9n de metal, todo en gris, con un ventilador de pie en una esquina. Luc\u00eda como las oficinas de gobierno. Nos hicieron sentar frente al escritorio y se quedaron de pie a nuestras espaldas, al lado de la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos se\u00f1ores peque\u00f1os, de no m\u00e1s de un metro sesenta, quiz\u00e1 menos, ambos con lentes de pasta, con camisa blanca manga corta y corbata delgada negra, con acento de vendedor de telas, llegaron con unas carpetas manila tama\u00f1o oficio que depositaron sobre la superficie del escritorio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buenas noches, j\u00f3venes. \u00bfNos permiten sus c\u00e9dulas, por favor?<\/p>\n\n\n\n<p> acamos las billeteras, extrajimos las c\u00e9dulas y las entregamos, manteniendo la cartera en la mano a la espera de que nos devolvieran las identificaciones para guardarlas de nuevo.<br>Ni las vieron. Solo las recibieron y dejaron sobre el escritorio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Las retendremos mientras conversamos \u2014dijo uno de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Asentimos con la cabeza y guardamos las billeteras.<\/p>\n\n\n\n<p>Il Duce balbuce\u00f3 algo acerca del sobre y el rabino. Nadie le prest\u00f3 atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Estimados \u2014dijo el m\u00e1s bajito de los hombres de corbata \u2014tenemos ac\u00e1 algunos reportes sobre ustedes.<\/p>\n\n\n\n<p>Abri\u00f3 la carpeta manila y simul\u00f3 leer un papel mecanografiado. Digo: \u201csimul\u00f3 leer\u201d porque no ve\u00eda las hojas, solo de vez en cuando, como quien da un discurso bien aprendido. Era obvio: conoc\u00eda profundamente lo que all\u00ed estaba escrito:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El d\u00eda tal, del mes cual, a las tantas horas, vinieron y quisieron entrar argumentando que ir\u00edan al restaurante, por no ser socios se les neg\u00f3 la entrada. El d\u00eda equis regresaron, dijeron que ten\u00edan una invitaci\u00f3n de uno de los socios, el cual no existe, y no aparec\u00edan en lista alguna de invitados. Unas semanas despu\u00e9s, el d\u00eda este a tal hora, volvieron tratando de infiltrarse entre los hinchas de la universidad que enfrentaba a nuestro equipo. Fueron detectados y nuevamente se les impidi\u00f3 el acceso. Y en esta ocasi\u00f3n se presentan con un pretendido sobre para el rabino.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo me hund\u00ed de hombros queriendo desaparecer, Il Duce se revolvi\u00f3 en la silla y fue a abrir la boca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No intenten negarlo \u2014ataj\u00f3 el que hab\u00eda estado callado, con cortes\u00eda condescendiente\u2014. Perm\u00edtannos mostrarles algunas gr\u00e1ficas que ilustran lo que afirmamos.<\/p>\n\n\n\n<p> De la carpeta manila fue extrayendo fotos impresas en tama\u00f1o carta, todas con hora y fecha, en secuencia desde que dimos las primeras vueltas en el carro para reconocer el terreno, cuando estacionamos, bajamos y caminamos de puntillas y tac\u00f3n por los arriates de tierra hasta el port\u00f3n de entrada, de nuestros rostros hablando por el intercomunicador, diciendo que \u00edbamos al restaurante; los gestos mudos de s\u00faplica que hicimos para que nos permitieran entrar; de nosotros sacudi\u00e9ndonos los zapatos en el asfalto para no ensuciar la alfombra del carro; de cuando volvimos la segunda vez, juntos y separados, plano detalle de nuestros ojos, boca, orejas frente al intercomunicador, plano general de los dos cruzando el port\u00f3n hacia el pasillo, plano americano al aproximarnos a la caseta, plano medio cuando estamos frente a la ventanilla de vidrios polarizados, la vuelta al carro y planos medios cortos al sacudir los zapatos; fotos en grupo de cuando fuimos con el equipo de la universidad para el partido de visitante, primeros y primer\u00edsimos primeros planos de cuando quedamos solos tras la entrada de todos los dem\u00e1s. Incluso nos mostraron las fotos de ese mismo d\u00eda, cuando lleg\u00e1bamos con el sobre. \u00a1Cu\u00e1n r\u00e1pido hab\u00edan logrado el revelado!<\/p>\n\n\n\n<p>Ellos mostraban las fotos, pero yo ve\u00eda una pel\u00edcula. Estaba en un tribunal, en el banquillo de los acusados, y mi pap\u00e1, mi mam\u00e1, mis t\u00edos, los due\u00f1os y compa\u00f1eros de la residencia, los profesores y autoridades de la universidad eran jueces con peluca y toga, y con un martillo de madera golpeaban y me gritaban: \u00ab\u00a1Culpable, culpable, culpable! Eres culpable de may\u00fascula estupidez. Necio, m\u00e1s que necio.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>A Il Duce creo que le pasaba algo similar; su rostro denotaba ausencia, verg\u00fcenza, temor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9nes son ustedes y qu\u00e9 es lo que realmente buscan? \u00bfPor qu\u00e9 la insistencia? Ese ritual de sacudir los zapatos antes de irse, \u00bfes una ofensa? \u00bfUna forma de desprecio, de decir: \u00abDe estos no queremos ni la tierrita\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas otras preguntas que ya no retengo, pero resonaban persistentes en el escueto espacio de la oficina. \u00bfEra posible explicar la verdad? Sin ponernos de acuerdo concluimos que no.<\/p>\n\n\n\n<p>Callamos. <\/p>\n\n\n\n<p>Insistieron amablemente, luego simularon furia, m\u00e1s tarde asomaron alguna amenaza, hablaron de j\u00f3venes que perd\u00edan el futuro por asociarse con gente equivocada y que est\u00e1bamos a tiempo de rectificar, que, si colabor\u00e1bamos, ser\u00edan piadosos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Mantuvimos el silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo menos un par de horas estuvimos as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Supongo que como no ten\u00edan realmente nada para imputarnos legalmente, terminaron por devolvernos las c\u00e9dulas y dejarnos ir, subrayando claramente que no deb\u00edamos volver nunca m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que hab\u00edan esperado custodiando la puerta nos acompa\u00f1aron de salida hasta el carro. A punto ya de abrir y montarnos, cuando cre\u00edmos que todo hab\u00eda terminado, de la oscuridad del estacionamiento surgieron un par de guardias con sendos perros pastor alem\u00e1n que los jalaban de las cadenas, gru\u00f1\u00edan y babeaban a mares. Se abalanzaron sobre nosotros, olfate\u00e1ndonos, empuj\u00e1ndonos con el hocico, ba\u00f1\u00e1ndonos de una saliva viscosa el rostro y los hombros, pos\u00e1ndonos, en el pecho y las espaldas, las patas pringadas con el barro de los arriates.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta entonces yo desconoc\u00eda de la utilidad de los perros en los procesos de detecci\u00f3n, s\u00f3lo lo que hab\u00eda visto en la tele, cuando sal\u00edan a buscar y perseguir esclavos que subieron en los asientos y lamieron el volante, la palanca de cambio, la c\u00f3nsola y el tablero; metieron los hocicos en la guantera, cenicero\u2026 En fin, no dejaron nada sin recorrer.<\/p>\n\n\n\n<p>Media hora despu\u00e9s pudimos marcharnos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ni se les ocurra volver, ya saben.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros est\u00e1bamos inmundos, pero el carro era una pocilga. Hab\u00eda pelos de perro en todos los asientos y alfombras del carro, suficientes como para armar una jaur\u00eda completa. Se ve\u00edan los lametones y tacos de baba de perro en las tapicer\u00edas y el vinil de la consola, y hab\u00eda huellas de patas con charco por doquier. Y una hediondez implacable.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo lo \u00fanico que quer\u00eda era fumar.<\/p>\n\n\n\n<p>Il Duce, con los ojos inyectados y la quijada tensa, pareci\u00f3 leerme el pensamiento:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014F\u00famate tu vaina, Margarito; el carro ya no puede estar peor \u2014pero me contuve para no amargarlo m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, mudos y como mirando hacia cualquier parte, nos fuimos a toda velocidad hacia la residencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegamos ya tarde en la noche, casi madrugada. Tensos, cansados, a\u00fan con miedo, para qu\u00e9 negarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entramos a la residencia y nos despedimos sin palabras, palme\u00e1ndonos la espalda. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Putos jud\u00edos \u2014le escuch\u00e9 mascullar por el pasillo, cuando ya cada uno hab\u00eda tomado rumbo a su habitaci\u00f3n\u2014. Ma\u00f1ana voy a tener que lavar el carro.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego solt\u00f3 una r\u00e1faga de sus m\u00e1s alegres y sonoras carcajadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo entonces, riendo tambi\u00e9n a mi vez, me atrev\u00ed a encender el cigarrillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora Il Duce anda por Miami, sesent\u00f3n y bien conservado, impecable en el vestir, como siempre, portando guayabera y panam\u00e1, recorriendo las grandes ferreter\u00edas que hay por all\u00ed, seguro preguntando a los dependientes a ver si tienen el tornillo que perdi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/arnoldo-rosas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arnoldo Rosas A Giovanni. Vaffanculo, vai. Quiz\u00e1 porque ten\u00edamos el mismo apellido y \u00e9ramos fans de las novelas de Sven Hassel, nos hicimos panas en la residencia a la que llegamos para estudiar en Caracas. 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