{"id":13953,"date":"2024-11-18T15:27:55","date_gmt":"2024-11-18T19:57:55","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13953"},"modified":"2024-11-18T15:27:55","modified_gmt":"2024-11-18T19:57:55","slug":"chulapos-mambo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/chulapos-mambo\/","title":{"rendered":"Chulapos mambo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Cap\u00edtulo 1: Gazpacho hervido<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>NO volver\u00e9, pens\u00f3 Henry y contempl\u00f3 el resplandor ambarino de la calle. Se puso de pie, avanz\u00f3 hasta el ba\u00f1o, vomit\u00f3 tres veces utilizando esa t\u00e9cnica silenciosa que hab\u00eda desarrollado para no molestar a sus vecinos y, luego, se cepill\u00f3 los dientes. No volver\u00e9, repiti\u00f3 con voz segura. Encendi\u00f3 el ordenador. Apret\u00f3 sus manos, mir\u00f3 hacia el techo como buscando una iluminaci\u00f3n s\u00fabita y tecle\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s frente al pelot\u00f3n de fusilamiento\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Respir\u00f3 hondo, contempl\u00f3 la frase con tierno orgullo y se dispuso a seguir escribiendo. Sinti\u00f3 un peso en las pupilas. Para espabilarse se empuj\u00f3 dos dedos de vodka y devor\u00f3 un chocolate con almendras que sac\u00f3 del minibar. Bostez\u00f3. El cansancio de noches y noches en vela retumb\u00f3 en sus sienes. Estir\u00f3 los brazos, bebi\u00f3 otro sorbo de vodka; pens\u00f3 que si entrecerraba los p\u00e1rpados descansar\u00eda lo suficiente como para continuar trabajando antes de que Silvio, Morella y Parm\u00e9nides comenzaran a llamarlo por tel\u00e9fono.<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00f3 con tristeza en la noche anterior. Silvio los hab\u00eda invitado a un bonito restaurante por la calle Segovia. \u00c9l se puso una chaqueta verde olivo y una corbata que compr\u00f3 en la calle Serrano. Estuvo media hora intentando hacerle el nudo; al final pag\u00f3 cincuenta euros a un botones del hotel para que lo ayudase. Luego lleg\u00f3 al lugar, vio a Morella y Parm\u00e9nides ojeando la carta. Silvio murmur\u00f3 que hab\u00eda le\u00eddo en un blog que all\u00ed se preparaba un famoso gazpacho. A Henry el nombre le record\u00f3 una pel\u00edcula de Almod\u00f3var. Suspir\u00f3. Quer\u00eda comportarse con normalidad absoluta para que sus compa\u00f1eros no sospechasen que hab\u00eda decidido abandonarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante media hora los cuatro se dedicaron a hablar pestes de Sa\u00fal Junco, un novelista a quien todos odiaban y que ahora sobreviv\u00eda cantando en el metro. Henry se entretuvo imitando una rugosa voz de bar\u00edtono. Luego pidi\u00f3 m\u00e1s vino para acompa\u00f1ar la comida. Apenas hab\u00eda tomado cinco o seis botellas, pero cuando trajeron como primer plato un caldo rojizo y g\u00e9lido no pudo evitar golpear la mesa con furia. Silvio lo mir\u00f3 con complicidad. Henry se puso de pie y rugi\u00f3 que ya eran suficientes humillaciones, que quinientos a\u00f1os despu\u00e9s una raza oprimida exig\u00eda respeto, no hab\u00eda justificaci\u00f3n ninguna para que a unos sudamericanos les sirviesen sopa helada como si fuesen animales. Morella le dio la raz\u00f3n, los camareros ofrecieron explicaciones vacilantes pero \u00e9l exigi\u00f3 que les calentasen el gazpacho de inmediato o pedir\u00eda el libro de reclamaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Se los sirvieron en humeantes tazones de color verde. Cuando Henry sinti\u00f3 que se le quemaba la boca con cada cucharada le llam\u00f3 la atenci\u00f3n que los cocineros y los otros comensales grabasen la escena con sus m\u00f3viles y que un par de se\u00f1oras se colocasen a su lado para realizarse fotograf\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, en su habitaci\u00f3n, quiso olvidar ese momento. LO TUYO ES LA ESCRITURA, HENRY, QUE SE JODAN, QUE SE JODAN, QUE SE JODAN CON SUS RARAS COSTUMBRES. Exhausto, recost\u00f3 su cabeza en el teclado. Se hundi\u00f3 la punta de un bol\u00edgrafo en el abdomen para mantenerse despierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levant\u00f3 del ordenador. Bebi\u00f3 cuatro vodkas seguidos; despu\u00e9s, se moj\u00f3 el rostro en el lavamanos y se propuso permanecer media hora en el ordenador hasta que le doliesen los dedos de tanto escribir. VAMOS, HENRY, LA NOVELA, LA GRAN NOVELA, TU GRAN NOVELA.<\/p>\n\n\n\n<p>Solt\u00f3 muchas frases sin descanso, sin pausa, y cada tanto hac\u00eda g\u00e1rgaras con el vodka helado que ten\u00eda al alcance de la mano. Quer\u00eda quitarse el sabor a tomate que ard\u00eda dentro de su boca.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo era tan reciente, que muchas cosas carec\u00edan de nombre, y para mencionarlas hab\u00eda que se\u00f1alarlas con el dedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tecle\u00f3 con gesto exasperado. Mir\u00f3 el reloj y suspir\u00f3 con tristeza. Ley\u00f3 todo lo escrito. Asinti\u00f3. Escupi\u00f3 en la alfombra y despu\u00e9s borr\u00f3 por entero el archivo. Se asom\u00f3 a la ventana. Los edificios le parecieron de un lujo inaudito. Todos, especialmente el edificio que se encontraba frente a su hotel. Todos, excepto un edificio color ocre que se encontraba a su derecha y que semejaba la piel de un moribundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Henry abri\u00f3 los brazos como para absorber la brisa entera de Madrid y disipar la pesadilla, el rid\u00edculo vivido la noche anterior cuando antes de acostarse comprob\u00f3 en Internet que aquel asqueroso gazpacho deb\u00eda beberse fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un aire espeso vibr\u00f3 dentro de sus pulmones. De nuevo se le revolvi\u00f3 el est\u00f3mago y sinti\u00f3 un gato saltando en sus costillas. Se asom\u00f3 al balc\u00f3n, volvi\u00f3 a vomitar pero con un estilo tan gr\u00e1cil que Henry supuso que si alguien pudiese mirarlo supondr\u00eda que padec\u00eda un ataque de tos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el edificio de enfrente, Alejandro acariciaba la pared de su \u00e1tico; contemplaba su Barcel\u00f3, su T\u00e0pies, pensaba en la rotundidad de ese <em>Ferrari<\/em> que ocupaba su plaza de aparcamiento, palpaba la escultura de Brancusi que hab\u00eda adquirido en una subasta, y poco a poco se iba llenando de una felicidad infinita hasta que descubri\u00f3 a un hombre vomitando en la planta sexta del hotel. Se ech\u00f3 hacia atr\u00e1s, como si a pesar de la distancia temiese salpicarse. Arrug\u00f3 el entrecejo y maldijo apretando las mand\u00edbulas.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen de ese hombre mestizo, barrig\u00f3n, arrojando litros de un l\u00edquido viscoso, le amarg\u00f3 sin remedio el principio del d\u00eda. Imagin\u00f3 que su mano era una pistola y fingi\u00f3 disparar dos veces sobre el rostro del impresentable.<\/p>\n\n\n\n<p>Alejandro ten\u00eda ocasionales fantas\u00edas homicidas. Unas cinco, seis veces a la semana. Con olvidadizos clientes, con conductores lentos, con nacionalistas canarios, con incumplidos textileros, incluso con ese alcalde idiota que cada tanto lo amenazaba por el min\u00fasculo asunto de unos terrenos que \u00e9l se negaba a devolver.<\/p>\n\n\n\n<p>Suspir\u00f3 y se coloc\u00f3 una corbata oscura con un murcielaguito muy peque\u00f1o dibujado en uno de sus bordes.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvi\u00f3 a suspirar.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso de su esposa Candelaria era totalmente distinto. Tan solo alcanzaba a imaginar que ella sufr\u00eda una llamada religiosa y que despu\u00e9s de realizar un voto de pobreza se retiraba a un lejano convento, rodeada de infranqueables monta\u00f1as, r\u00edos, cascadas tumultuosas. As\u00ed, \u00e9l se transformaba finalmente en un hombre pleno, libre. Pero cada amanecer Candelaria abr\u00eda los ojos y repet\u00eda esa frase que Alejandro odiaba con todas sus fuerzas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buenos d\u00edas te d\u00e9 la Virgen, mi ni\u00f1o. \u00bfQuieres que desayunemos gofio con leche?<\/p>\n\n\n\n<p>Y esa ma\u00f1ana, despu\u00e9s de escuchar una vez m\u00e1s la voz de su esposa, de comprobar que nunca se marchar\u00eda a un retiro religioso, Alejandro respir\u00f3 hondo y volvi\u00f3 a tropezar con la imagen de ese tripudo que vomitaba sobre la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el pu\u00f1o aplast\u00f3 una hormiga que caminaba por su terraza. Tengo que hacer algo, tengo que inventar algo para alejar a esta mujer, pens\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>La luz de la ma\u00f1ana salt\u00f3 sobre la habitaci\u00f3n. Simao se frot\u00f3 los ojos. Contempl\u00f3 la ciudad: sinti\u00f3 que desde sus contornos volaba un aire triste, seco, vidrioso. En uno de los edificios que se ve\u00edan desde su ventana contempl\u00f3 a un hombre que daba un pu\u00f1etazo en el balc\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mir\u00f3 la hora. Las ocho. Se le hab\u00eda hecho un poco tarde. Mir\u00f3 a Yasleitzi y le dio un beso. L\u00e1stima no poder desnudarla en ese preciso instante porque en el colch\u00f3n de al lado dorm\u00edan su hermano Eugenio y su cu\u00f1ada y un poco m\u00e1s all\u00e1 roncaban su padre, su mam\u00e1 y hasta el envejecido Tarz\u00e1n, que cada tanto mov\u00eda su cola como si espantase una mosca.<\/p>\n\n\n\n<p>Simao camin\u00f3 hasta el ba\u00f1o y se cepill\u00f3 los dientes mientras silbaba el Concierto para viola de Bart\u00f3k. Lo hizo con prisa; su trabajo se iniciaba en pocos segundos. Lleg\u00f3 al min\u00fasculo sal\u00f3n. Tom\u00f3 el bate de b\u00e9isbol; se concentr\u00f3 y despu\u00e9s de contar hasta diez, comenz\u00f3 a darle feroces golpes al suelo. Uno, dos, tres, cuatro. Descans\u00f3, luego otros cinco golpes. Volvi\u00f3 a descansar. Otros seis golpes. Abajo escuch\u00f3 los alaridos y maldiciones de la se\u00f1ora Mary Carmen. Golpe\u00f3 con m\u00e1s fuerza. El sudor le cay\u00f3 por la frente. La mujer continu\u00f3 gritando y solt\u00f3 un llanto hist\u00e9rico y furioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Simao regres\u00f3 a la ventana. Distingui\u00f3 a un hombre que vomitaba en uno de los balcones del hotel de enfrente. Parec\u00eda llevar un buen rato en ello a juzgar por el rastro que iba dejando en la acera: una isla color ocre que crec\u00eda hacia el asfalto.<\/p>\n\n\n\n<p>Buena idea, no se me hab\u00eda ocurrido, sonri\u00f3 jubiloso. Se asom\u00f3 lo m\u00e1s que pudo en su propia ventana y apunt\u00f3 a las macetas de la se\u00f1ora Mary Carmen. Hundi\u00f3 su dedo en la garganta pero aunque experiment\u00f3 un par de arcadas no pudo vomitar. Anoche no hab\u00eda cenado.<\/p>\n\n\n\n<p>Escupi\u00f3 un par de veces y acert\u00f3 en los girasoles de la vecina. Algo es algo, pens\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-carlos-mendez-guedez\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez Cap\u00edtulo 1: Gazpacho hervido NO volver\u00e9, pens\u00f3 Henry y contempl\u00f3 el resplandor ambarino de la calle. Se puso de pie, avanz\u00f3 hasta el ba\u00f1o, vomit\u00f3 tres veces utilizando esa t\u00e9cnica silenciosa que hab\u00eda desarrollado para no molestar a sus vecinos y, luego, se cepill\u00f3 los dientes. 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