{"id":13834,"date":"2022-12-11T14:52:00","date_gmt":"2022-12-11T19:22:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13834"},"modified":"2024-11-11T14:55:24","modified_gmt":"2024-11-11T19:25:24","slug":"tercera-mano-beleno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/tercera-mano-beleno\/","title":{"rendered":"\u00abLa tercera mano\u00bb de Aminta Bele\u00f1o"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por: Rafael Victorino Mu\u00f1oz<\/h4>\n\n\n\n<p>Antes de hablar de la importancia de la novela en el conocimiento de la historia, hay que empezar por aclarar que en el principio no hubo se hablaba de tal importancia porque no hab\u00eda ninguna separaci\u00f3n entre ambos g\u00e9neros: la novela era la historia y viceversa. Nos estamos refiriendo, por supuesto, a la madre de las literaturas en este lado del planeta, que es la <em>Il\u00edada<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta donde se sabe, al contar esta historia (y n\u00f3tese que uso de manera intencionalmente ambigua esta palabra) se buscaba tanto informar sobre un hecho del pasado (la guerra de Troya, que algunos a\u00fan ponen en duda que haya ocurrido) como entretener al p\u00fablico presente. Este hecho resultar\u00eda, hoy d\u00eda, para nosotros bastante curioso cuando no chocante. Incluso a m\u00ed me costar\u00eda imaginar a mi profesor de historia de Venezuela del bachillerato cant\u00e1ndome lo que sucedi\u00f3 aquel 19 de abril, como si estuviera en un musical de Broadway.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, volviendo a la \u00e9pica griega, es oportuno recordar que Heinrich Schliemann, un aficionado a la literatura y a la historia, se valdr\u00eda de una fuente literaria, no solo para demostrar que en la <em>Il\u00edada<\/em> se narraban hechos hist\u00f3ricos <em>realmente<\/em>, sino que incluso a partir de la lectura de la obra de Homero, lograr\u00eda lo que otros historiadores \u201cprofesionales\u201d no hab\u00edan podido: encontrar los vestigios de Troya, venciendo el escepticismo y las cr\u00edticas de los sabios de la \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de Schliemann, uno no deber\u00eda dudar de la validez del texto literario como fuente del conocimiento hist\u00f3rico, directa o indirectamente; sin embargo&#8230; pero dejemos estas discusiones de lado y consintamos en que los aqu\u00ed presentes estamos medianamente convencidos de tal vinculaci\u00f3n y de tal valor.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos darnos un buen paseo, por algunos siglos, para ver c\u00f3mo esto se ha repetido, una y otra vez es decir, reiterando una vez m\u00e1s nuestro tema, para ver c\u00f3mo los escritores, desde sus obras de ficci\u00f3n, sea en drama, en cuento, en novela, dan cuenta de detalles de su realidad, lo que permite para los que vivimos en otros tiempos conocer parte de la misma. Y si bien muchas veces los autores falsean algunas cosas, a menudo estas se hacen m\u00e1s para dar \u00e9nfasis a los personajes que para cambiar los hechos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, <em>Los<\/em> <em>miserables<\/em>, de Victor Hugo o <em>La guerra y la paz<\/em> de Tolstoi. Los personajes principales pueden haber existido o no, pueden haber sido as\u00ed o no, pero evidentemente Bonaparte no es una invenci\u00f3n, no es una invenci\u00f3n que haya intentado invadir Rusia, ni lo es el hecho de que los campesinos rusos hayan quemado los campos y que los ciudadanos hayan huido de Mosc\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo sumo, el autor de Ana Karenina, de manera particular, a\u00f1ade detalles que no nos dicen los libros de historia: pone a un carretero ocult\u00e1ndose, a un soldado que cae al agua, a otro que pierde un brazo. Pone unas pinceladas de color donde el historiador pone un dato a secas, da un rostro humano a lo que solo se presenta como una cifra: el n\u00famero de bajas de la guerra. \u00bfSon falsas estas descripciones de los novelistas? Nadie podr\u00eda decir que s\u00ed, pero nadie podr\u00eda demostrar que mienten; menos a\u00fan, que lo hagan con la intenci\u00f3n de cambiar la verdad de los hechos.<\/p>\n\n\n\n<p>Debido a ello, hoy d\u00eda, y por suerte, en muchas instituciones del mundo se comienza a dar m\u00e1s valor a lo que los autores dijeron, a veces accidentalmente, dentro de la ficci\u00f3n, como fuente de un conocimiento de la realidad del tiempo que les toc\u00f3 vivir. No son extra\u00f1os los contenidos de literatura en los pensa de carreras como Econom\u00eda, Sociolog\u00eda. No es raro que para conocer c\u00f3mo era el mercado de trabajo en la Inglaterra Victoriana se lea a Dickens.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, llegados este punto, debemos hacer una salvedad. No todas las obras literarias de ficci\u00f3n sirven a estos fines ni todas est\u00e1n concebidas en funci\u00f3n de estos fines. Cabr\u00eda hacer una clasificaci\u00f3n, tan provisional como arbitraria, para entendernos. En primer lugar, podr\u00edamos hablar de las ficciones puras, suponiendo que tal cosa existe o que tal cosa sea posible. Un cuento de hadas, una de esas ficciones de Borges, como la Biblioteca de Babel, tal vez podr\u00edan ser un ejemplo de estas obras las que la realidad objetiva del autor es apenas cognoscible a trav\u00e9s del texto.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque no faltar\u00e1 quien me diga que, por ejemplo, en la Cenicienta se puede percibir que la mujer era v\u00edctima de explotaci\u00f3n, o que su visi\u00f3n del mundo y de la vida estaba concebido en funci\u00f3n de una funci\u00f3n dom\u00e9stico-reproductiva&#8230; Y cosas as\u00ed. Y tendr\u00eda que darles la raz\u00f3n, porque es casi insoslayable la presencia de lo que somos y vivimos en el cuento.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto nos llevar\u00eda a la segunda categor\u00eda, situada en el otro extremo, de los textos que con premeditaci\u00f3n y alevos\u00eda nos tratan de mostrar, describir, explicar la realidad, presente o pasada del autor. Llegando, por fin, a los casos de autores venezolanos, podr\u00edamos tener como ejemplos conspicuos de esto a Arturo Uslar Pietri en <em>Las lanzas coloradas<\/em> o Francisco Herrera Luque, con cualquiera de sus libros.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Ahora, menciono estos dos ejemplos con toda intenci\u00f3n para mostrar que en este extremo, de la obra que premeditadamente no cuenta una historia sino la historia, hay matices. En Herrera Luque, el hecho hist\u00f3rico o el personaje es el tema central, las m\u00e1s de las veces. En La casa del pez que escupe agua y, m\u00e1s a\u00fan, en <em>Boves el Urogallo<\/em>, si habl\u00e1ramos en t\u00e9rminos cinematogr\u00e1ficos podr\u00edamos decir que primero Cipriano Castro y despu\u00e9s G\u00f3mez, en aquella, y Boves, en esta \u00faltima, son los protagonistas de la pel\u00edcula.<\/p>\n\n\n\n<p>No pasa as\u00ed en la novela de Uslar Pietri. La guerra de independencia es un tel\u00f3n de fondo: apenas al final se describe una batalla. Bol\u00edvar es una sombra lejana y difusa (la frase creo que se la le\u00ed a Orlando Araujo). Los protagonistas (Fernando y Presentaci\u00f3n Campos) no son o no fueron personajes principales de los hechos hist\u00f3ricos. Tal vez ni siquiera existieron. Pero s\u00ed deben haber existido personajes como ellos: un mantuano cobarde y lleno de dudas, un pardo que era todo lo contrario. Y s\u00ed ocurri\u00f3, por supuesto, la guerra. S\u00ed hubo saqueo, violaciones, incendios. Fueron as\u00ed o no, qui\u00e9n sabe y a qui\u00e9n le importa.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto y lo valioso de las situaciones descritas, es que los novelistas nos las hacen v\u00edvidas. Dan vida a los hechos, con sus palabras. Leer una novela hist\u00f3rica en lugar un tratado, es el equivalente de preferir el video en Youtube antes que leer el manual de instrucciones, valga la comparaci\u00f3n. Podemos, por supuesto, leer ambos, quiero decir, novela y texto hist\u00f3rico. Conocer los grandes hechos y personajes, imaginar c\u00f3mo fueron los personajes, las peque\u00f1as historias detr\u00e1s de cada eso. Siempre recuerdo, sobre este particular, las v\u00edvidas descripciones y los dramas personales de la peregrinaci\u00f3n a Oriente que le\u00ed en Herrera Luque. Un hecho descrito minuciosamente, con profusi\u00f3n de detalles; en tanto que en algunos manuales se despacha en unos cuantos p\u00e1rrafos.<\/p>\n\n\n\n<p>En tercer lugar, y en el medio de los extremos que hemos mencionado, estar\u00edan las obras literarias cuya intenci\u00f3n no es predominantemente hist\u00f3rica, sino que lo son a su pesar. A menudo, los autores que hacen este tipo de textos hablando de su presente, pero luego esto termina siendo un valioso documento del pasado, cuando lo leemos desde nuestra perspectiva. De estos, hay abundantes ejemplos en nuestra literatura: la mayor parte de la obra narrativa de Pocaterra, incluyendo sus cuentos grotescos y novelas como La casa de los Abila o El doctor Beb\u00e9; tambi\u00e9n me vienen a la mente Todo un pueblo de Miguel Eduardo Pardo, El hombre de hierro de Blanco Fombona, Casas muertas de Otero Silva&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Las respuestas a algunas preguntas que uno tiene sobre su pasado, a veces no las encuentra en los libros de historia, que cuentan la gran historia y no la peque\u00f1a, que habla de los h\u00e9roes y hombres representativos, como dec\u00edan Carlyle y Emerson. Por ejemplo, \u00bfcu\u00e1nto se tardaba el ferrocarril de Valencia a Puerto Cabello? Esa respuesta, si les interesa, est\u00e1 en el <em>Doctor Beb\u00e9<\/em>, de Pocaterra, por si les interesa. Cu\u00e1nto ganaba un oficinista en la \u00e9poca de Cipriano Castro, cu\u00e1les eran sus labores, c\u00f3mo eran las casas, c\u00f3mo era una uni\u00f3n civil, etc\u2026 en <em>El hombre de hierro<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s recientemente, tenemos el libro <em>La tercera mano<\/em> de Aminta Bele\u00f1o, que tan amablemente nos hizo llegar. No hemos hablado de las diversas t\u00e9cnicas y las maneras a las que apelan los autores. Sin embargo, quisiera acotar que en el caso de Aminta, cuya novela no considerar\u00eda hist\u00f3rica en el sentido estricto del t\u00e9rmino, a\u00f1ade algunos elementos interesantes para retratar un momento, que es en parte suyo y creo que el de su familia (aqu\u00ed conjeturando).<\/p>\n\n\n\n<p>En este caso lo interesante es que a la descripci\u00f3n de los hechos, m\u00e1s objetivos, m\u00e1s sociol\u00f3gicos, si cabe el t\u00e9rmino, Aminta incorpora el elemento espiritual o m\u00e1gico-religioso, en el sentido de retratar no solo lo que los personajes hacen, sino tambi\u00e9n lo que creen, mezclando un poco el reino de este mundo con el que no lo es. De igual modo, otro a\u00f1adido, es la visi\u00f3n desde la mujer, que no hab\u00edamos visto en los casos que mencionamos antes de los autores venezolanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Claro, ya con Teresa de la Parra se ha iniciado este contar tanto desde dentro como desde afuera (con un poco m\u00e1s de lo primero que lo segundo), un contar de lo subjetivo y lo que se siente, de lo que ve, y de lo que se piensa acerca de lo que se ve. Termina por ser, entonces, un triple enfoque para un retrato, como si fuera Vel\u00e1squez, quien pinta, se pinta y parece tambi\u00e9n interrogar a quien mira el retrato.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, Aminta, como periodista que es, incorpora elementos de la cr\u00f3nica. En este sentido, <em>La tercera mano<\/em> es una novela que a cualquiera podr\u00eda confundir, pregunt\u00e1ndose de momentos si se trata de un reportaje. Se nota la mano de quien ha practicado estos g\u00e9neros dentro del llamado nuevo periodismo, sin dudas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed detengo un poco mi andar y mi hablar, no vaya a ser que me acusen de estar haciendo un spoiler. Creo que era esto de lo que quer\u00eda hablar: de la novela que nos ayuda a conocer, comprender, o vivir la historia, porque la vemos no desde donde la ver\u00eda un historiador, que parece estar desde lo alto, donde se aprecian menos los detalles; sino desde donde la ver\u00eda un ciudadano com\u00fan, como somos nosotros, quienes d\u00eda a d\u00eda tambi\u00e9n hacemos historia y somos historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Rafael Victorino Mu\u00f1oz Antes de hablar de la importancia de la novela en el conocimiento de la historia, hay que empezar por aclarar que en el principio no hubo se hablaba de tal importancia porque no hab\u00eda ninguna separaci\u00f3n entre ambos g\u00e9neros: la novela era la historia y viceversa. 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