{"id":1383,"date":"2021-09-18T19:25:14","date_gmt":"2021-09-18T19:25:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1383"},"modified":"2023-11-24T18:38:14","modified_gmt":"2023-11-24T18:38:14","slug":"las-trampas-de-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/las-trampas-de-la-fe\/","title":{"rendered":"Las trampas de la fe"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Francisco Ardiles<\/h4>\n<p>Mempo Giardinelli en una de las tantas entrevistas que le han hecho en el transcurso de su vida, dec\u00eda que se puede decir que un escritor es aquel sujeto que piensa que debe poner por escrito todo acontecimiento significativo que le haya dejado alguna cicatriz en su vida. Es decir, que si a un escritor le dan un zapatazo en plena mejilla izquierda y a consecuencia de ese encuentro tan exageradamente concreto con la verdad de la violencia, le sacan de su puesto un diente, no va a volver al otro d\u00eda a tomar venganza con una pistola ni a recuperar su dignidad perdida en la golpiza, con molar y todo, con un cuchillo, nada de eso; sino que va a recoger su diente, a tomar con un guante su verg\u00fcenza, su virilidad avergonzada y su orgullo venido a menos, para mirarlo detenidamente por dos, tres, cuatro o cinco d\u00edas, y luego, a escribir un cuento.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pocaterra-jose-rafael\/\">Jos\u00e9 Rafael Pocaterra<\/a> fue, desde este punto de vista un verdadero escritor, porque recibi\u00f3 de todo, golpes, palizas, patadas, demandas, denuncias, injurias condenas de c\u00e1rcel, de cautiverio y grilletes pesados. Esa materia prima vivencial fue la que utiliz\u00f3 para escribir, sobre todo los temas de la vida diaria, y en todos los formatos literarios conocidos. Public\u00f3 art\u00edculos de opini\u00f3n, memorias, cuentos, novelas, pasquines y hasta obituarios. Escribi\u00f3 sobre todo, de la familia, de los desempleados, de los ni\u00f1os de la calle, de los m\u00e1s pendencieros, de los cautivos y de las damas en celo. De todo aquello que circulaba en el rumor de las plazas, de lo que odiaba de sus cong\u00e9neres, de lo que ve\u00eda en los bares, las iglesias y los hospitales de ese peque\u00f1o pa\u00eds que le toco vivir y retratar.<\/p>\n<p>Para demostrar esta aseveraci\u00f3n se puede subir por una escalera bibliogr\u00e1fica que ya han llenado de vol\u00famenes algunas de las autoridades de la cr\u00edtica literaria venezolana moderna. Algunos de los patriarcas del ensayo nacional se tomaron muy en serio la tem\u00e1tica y la estil\u00edstica de su obra. Nuestros m\u00e1s prominentes eruditos se fijaron en la trascendencia de sus relatos dentro del panorama nacional. Juan Liscano, Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina, Oscar Zambrano Urdaneta, Arturo Uslar Pietri, Mariano Pic\u00f3n Salas y Javier Lasarte, abordaron su obra con la intenci\u00f3n de sacarle el jugo a su sentido. Lo hicieron para plantear aquello que pensaron en los ratos de lectura en que tambi\u00e9n tuvieron el honor de ser acompa\u00f1ados por alguno de sus libros.\u00a0 Todos quisieron vislumbrar la intenci\u00f3n del autor, lo que quiso decir y hallar cuando escrib\u00eda un cuento. Todos trataron de definir por qu\u00e9 escribi\u00f3 precisamente de la manera como lo hizo.<\/p>\n<p>Todo escritor es libre de involucrarse en los problemas sociales de su tiempo y en los problemas pol\u00edticos de su pa\u00eds. En algunas ocasiones la necesidad de hacerlo proviene del temperamento y hasta de las circunstancias vitales que los temas y el estilo de su obra. Pocaterra fue uno de esos escritores que puso su vida en el portal de su obra para ironizar sobre lo que han cre\u00edan correcto y necesario sus coet\u00e1neos. Fue la manera en que logr\u00f3 canalizar el acento profundamente \u00e9tico que guiaba la orientaci\u00f3n tem\u00e1tica de su vocaci\u00f3n art\u00edstica.<\/p>\n<p>De alguna manera Pocaterra fue el heredero directo del esp\u00edritu \u00e9tico que sell\u00f3 el destino literario, social y pol\u00edtico de la generaci\u00f3n de escritores que conformaron el <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/una-hipotesis-sobre-el-cierre-de-la-revista-del-grupo-la-alborada\/\">Grupo La Alborada<\/a>: Enrique Soublete, Julio Planchart, Julio Rosales y <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gallegos-romulo\/\">R\u00f3mulo Gallegos<\/a>. Hombres que con esos escasos n\u00fameros de aquella publicaci\u00f3n que circul\u00f3 en el pa\u00eds desde enero hasta marzo de 1909, inscribieron una po\u00e9tica de la escritura basada en el compromiso social, la denuncia pol\u00edtica y la lucha contra la ignorancia, la decrepitud del analfabetismo y la exclusi\u00f3n de los desfavorecidos.<\/p>\n<p>Sus obras luego demostraron ser el desarrollo de esta propuesta inicial. Una que estuvo signada por el conjunto de ideas que podemos encontrar literalmente perfiladas en el contenido del manifiesto pol\u00edtico-literario publicado en el primer n\u00famero de la revista, el 31 de enero. El lema principal del texto se define por frases que alientan a la desobediencia, al compromiso por las causas sociales y la sustituci\u00f3n de la noche por la iluminaci\u00f3n del progreso.<\/p>\n<p>En este documento apelativo se tiende a manifestar el malestar de un grupo de intelectuales reformistas, profundamente influenciados por las teor\u00edas sociales nacientes, que estaban dispuestos a perderlo todo, por lo menos desde lo que anuncia la ret\u00f3rica, antes de entregarse a la tiran\u00eda, ya que para ellos todo era preferible excepto aceptar la pasividad. De alguna manera se sent\u00edan ahogados por la atmosfera generada por la ingente pobreza que asolaba al pa\u00eds, la corrupci\u00f3n de sus gobernantes, la ignorancia de su pueblo y la tiran\u00eda de su mandatario. Todo el proyecto literario \u00a0que llevaron a cabo estos escritores fue el germen que dio sentido a las necesidades expresivas de Pocaterra y casi todos aquellos novelistas que desarrollaron sus obras antes de los a\u00f1os cincuenta.<\/p>\n<p>Entiendo que explicar una obra a partir de una perspectiva literaria fundamentada en la premisa de sacrificar el sentido de un texto en aras del asunto \u00e9tico y no del est\u00e9tico, es de cierta forma justificar la tendencia esteriotipal que ha definido la causa de los personajes fundamentales la literatura venezolana de gran parte del siglo pasado. Esta propuesta se\u00f1ala la causa principal de todas las limitaciones literarias que flotan sobre al trama de gran parte de nuestra literatura. Si nos fijamos en los t\u00edtulos de las novelas que aparecieron por esa \u00e9poca, Todo <em>un Pueblo, Idolos Rotos, El hombre de Hierro, La casa de los Abila,<\/em> podemos distinguir la presencia de una propuesta est\u00e9tica basada en la necesidad de una apuesta por la \u00e9tica y fundada en la denuncia pol\u00edtica y social. Estos principios fundaron nuestra narrativa y se enquistaron en la conciencia del escritor. Esta apuesta por la moral y las buenas costumbres supuso definir un entramado literario desde el llamado de la funci\u00f3n moralizante o formativa de la escritura.<\/p>\n<p>Si uno desea formarse una idea m\u00e1s o menos exacta de los supuestos implicados en la apuesta literaria de esos primeros cincuenta a\u00f1os del siglo pasado solamente tiene que echar un vistazo a los t\u00edtulos de alguna de nuestras obras cumbres. \u00a0Las novelas de Gallegos por ejemplo llevaban su impronta social ya desde el t\u00edtulo. <em><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pobre-negro-cap-1\/\">Pobre Negro<\/a>, Reinaldo Solar, Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em> anticipaban la indefectible lucha de la civilizaci\u00f3n contra los efectos agobiantes de la barbarie y el condicionalismo latifundista. Los cuentos de Pocaterra tambi\u00e9n anticipaban desde el principio su intencionalidad sat\u00edrica y denunciante de la vida citadina. El Bast\u00f3n de <em>Pu\u00f1o de Oro y <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/291-2\/\">Panchito Mandefu\u00e1<\/a><\/em>, develan la influencia y el peso que pudo haber representado el llamado de las circunstancias sociales y pol\u00edticas que afectaban al pa\u00eds.\u00a0 La propuesta \u00e9tica-est\u00e9tica que desarrollaron esos padres del Grupo Alborada defini\u00f3 lo que se convirti\u00f3 en la tesitura de nuestro destino. El pulso de un estilo marcadamente patri\u00f3tico que para bien o para mal dej\u00f3 sus huellas sobre el producto final de nuestra escritura literaria.<\/p>\n<p>La historia de toda literatura nacional parti\u00f3 de la urgencia de este llamado mesi\u00e1nico que sobrepasaba las capacidades del escritor. La literatura la venezolana no ha sido m\u00e1s que el epicentro de un continuo debate, de una necesidad de renovaci\u00f3n continua, de una apuesta constante por la novedad del lenguaje, por dar con una estrategia de afrontar la realidad tan proclive al estatismo.<\/p>\n<p>En esta realidad nuestra donde combaten y conviven en sana guerra fr\u00eda, los espejismos del atraso y el desarrollo, la pol\u00edtica ha funcionado como un catalizador, un desencadenante de formas discursivas. \u00a0Le ha servido algunas veces de inspiraci\u00f3n delirante y otras de conspiradora fiel a esta novela accidentada que hemos tenido a lo largo de nuestra historia, y que han reescrito nuestros novelistas con verdadera fe prof\u00e9tica. Por eso siempre se ha exigido a nuestros escritores cumplir con el rol del Mes\u00edas. Se le ha obligado en ciertos casos a decir lo que supuestamente ten\u00edamos que hacer. Ellos respondieron como pudieron con los instrumentos que ten\u00edan y se dejaron llevar por la inercia de las circunstancias que se les impusieron. Por eso construyeron textos ficcionales con despuntes sociol\u00f3gicos y cargados de una responsabilidad casi \u00e9tica, casi sacerdotal.<\/p>\n<p>Fue tal la seriedad con la que se impuso la trascendencia de ese llamado, que sus objetos narrativos, \u00a0se convirtieron con el paso del tiempo en verdaderas br\u00fajulas, libros de apoyo y sabidur\u00eda que por muchos a\u00f1os (quien ha le\u00eddo do\u00f1a B\u00e1rbara y las Memorias de un venezolano en la decadencia lo sabe) construyeron una conciencia colectiva. Encarnaron las bases de una apuesta identitaria que a veces sufri\u00f3 las consecuencias del ataque innecesario de la cr\u00edtica y en otras del culto incomprensible de la academia. Nuestro mural de identidades narrativas puso de manifiesto la necesidad suprema que hemos tenido de entender lo que somos y la irrevocable obcecaci\u00f3n por darle sentido a nuestros fracasos hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>La imaginaci\u00f3n de nuestros escritores respondi\u00f3 al encargo de la providencia. Estuvo comprometida con la aspiraci\u00f3n de combatir sin armas suficientes los monstruos de la barbarie. Gallegos, <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rufino-blanco-fombona\/\">Blanco Fombona<\/a>, D\u00edaz Rodr\u00edguez, Pocaterra asumieron como un mensaje del m\u00e1s all\u00e1 el compromiso de responder al llamado urgente de Alborada, en la primera mitad del siglo XX.\u00a0 Se propusieron desatar en la dimensi\u00f3n de la ficci\u00f3n las ataduras que impon\u00edan las taras de una minor\u00eda de edad cultural.<\/p>\n<p>Algunos piensan que estos escritores cayeron en la trampa del canto de las sirenas, de las trampas de la fe y otros que sencillamente respondieron al llamado de su momento. Yo considero que simplemente asumieron las responsabilidades morales, sociales y pol\u00edticas de eso que entendieron como un convenio t\u00e1cito de trazos patri\u00f3ticos. Entendieron que la funci\u00f3n m\u00e1s seria y respetable que pod\u00eda tener eso tan bello y noble que era llamado literatura era la de responder al llamado de las necesidades colectivas.<\/p>\n<p>Esa es la raz\u00f3n por la que todos estos escritores antes citados, hijos, padres, abuelos y herederos del esp\u00edritu del grupo de la Alborada, fueron cultores de un estilo que se puede llamar (si se toma prestado el t\u00e9rmino identificatorio que utiliza Vargas Llosa) ideologista y sociol\u00f3gico. Sus novelas se pensaron como tesis explicativas, como documentos comprometidos con la emancipaci\u00f3n y la justicia social, y se asentaron sobre la base de los cimientos te\u00f3ricos sociales de una tendencia que vino a convertirse en una corriente constituida.<\/p>\n<p>Las razones de esta persistencia son muchas, pero lo cierto es que en nuestro desvencijado quehacer literario la falsificaci\u00f3n de los poderes del estado, la presencia ineludible del crimen en todas su manifestaciones, los ensue\u00f1os del progreso, los apegos a la provincia olvidada, removieron las conciencias y\u00a0 forjaron las bases de un concubinato parad\u00f3jico que es, sin lugar a dudas, imprescindible para la compresi\u00f3n de nuestra narrativa. Esta combinaci\u00f3n , que se puede distinguir m\u00e1s all\u00e1 de las diferencias formales que hay entre los autores citados, produjo resultados muy particulares, intensos y hasta graciosos, y determin\u00f3 la noci\u00f3n de calidad, de estilo y pertinencia que se manejo\u00a0 en largos trechos de la historia de la literatura venezolana del siglo XX.<\/p>\n<p>En realidad ca\u00edmos en esta trampa por necesidades materiales. Se present\u00f3 de manera tan contundente y pareci\u00f3 tan evidente que no se pens\u00f3 en otra salida. La misi\u00f3n deb\u00eda remitirse a la construcci\u00f3n de una verdad, a la concreci\u00f3n de un proyecto social, a la postulaci\u00f3n de una cr\u00edtica despiadada contra una situaci\u00f3n pol\u00edtica y cultural desesperante. Vargas Llosa define as\u00ed esta tendencia que no s\u00f3lo ha estado presente en la literatura venezolana sino que ha sido una constante discursiva en mucho de lo que se ha escrito en todo el continente. En nuestro caso ser\u00e1 muy dif\u00edcil\u00a0 de erradicar veamos por qu\u00e9:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00a0\u201cUno puede desinteresarse de la pol\u00edtica pero eso de todas maneras tiene un efecto pol\u00edtico en la vida, sobre todo en los pa\u00edses donde los problemas b\u00e1sicos est\u00e1n sin resolver. La literatura no puede omitir la pol\u00edtica; la pol\u00edtica es una de las experiencias humanas b\u00e1sicas, como el amor. La literatura, sobre todo la novela, es una expresi\u00f3n de la condici\u00f3n humana. C\u00f3mo escamotear ese tipo de actividades que tienen una repercusi\u00f3n tan grande en los destinos individuales y, por supuesto, en los destinos colectivos. Aunque los escritores j\u00f3venes sienten mucha repugnancia por la pol\u00edtica, vista como algo sucio, esquem\u00e1tico y estereotipado, ella forma parte de la experiencia humana y por lo tanto de la literatura. Desde luego, no debemos utilizar la literatura como instrumento de propaganda o veh\u00edculo de difusi\u00f3n de consignas pol\u00edticas. Eso siempre produce muy mala literatura. Pero que la literatura se ocupe del problema b\u00e1sico de las colectividades me parece casi una obligaci\u00f3n moral. Ahora bien, en literatura es muy dif\u00edcil hablar de pol\u00edtica de una manera libre, no esquem\u00e1tica, sin caer en los clich\u00e9s; algo as\u00ed requiere una destreza formal, un rigor a la hora de utilizar el lenguaje, lo que constituye un desaf\u00edo para los escritores.\u201d<\/p>\n<p>Como se puede ver, debemos asumir que el principal problema de nuestros escritores se centr\u00f3 en haber ca\u00eddo en la trampa del esquematismo, de la denuncia alborotada y la propaganda. Cu\u00e1ntos personajes no fueron usados por sus autores como instrumento de difusi\u00f3n, como m\u00e1quinas repetidoras de consignas pol\u00edticas, como portavoces de panfletos, muchos, y la verdad fue que no acomodaron nada, ni siquiera los entuertos de nuestra literatura.<\/p>\n<p>Es cierto que las novelas no se escriben para expresar la felicidad, la satisfacci\u00f3n de la existencia ni la exaltaci\u00f3n ante lo bien hecha que est\u00e1 la vida. Es indudable que las grandes novelas no muestran esa cara tan aburridamente burguesa de la realidad, sino que m\u00e1s bien se concentran en las deficiencias, los sufrimientos, las frustraciones que provoca el oficio de vivir. Sin embargo todo el mundo conoce el peligro que implica confundir este hecho irrevocable, con la apremiante necesidad de convertir las narraciones en documentos de naturaleza restauradora, ideologizante y panfletaria. Este fue el equ\u00edvoco que de continuo sedujo a muchos de nuestros narradores y ensayistas.<\/p>\n<p>Quienes directa o indirectamente siguen en lo mismo, se apoyan de esta situaci\u00f3n para justificar la pobreza est\u00e9tica y la llaneza estil\u00edstica que caracteriza sus textos. Todos esos libros cargados de mitos folcl\u00f3ricos, poblados de fantasmas y esp\u00edritus, todav\u00eda suelen ser confundidos con el ejemplo de un realismo necesario. Y entiendo que\u00a0 ha hecho creer a los lectores que Venezuela es solamente eso.<\/p>\n<p>Al parecer estaba impresa en la conciencia del escritor venezolano la necesidad de aplicar un rigor moral y una responsabilidad \u00e9tica inalienable a todo aquello que se escrib\u00eda, as\u00ed ello estuviera en frontal antagonismo con la\u00a0 pura funci\u00f3n est\u00e9tica de la literatura. As\u00ed fue como la escritura ficcional independiente de su funci\u00f3n pol\u00edtica estuvo ausente por muchos a\u00f1os en la literatura nacional. A veces pienso que a los escritores les pas\u00f3 lo mismo que a esos hombres, que cuando ve\u00edan al General G\u00f3mez, se le acercaban llenos de miedo y admiraci\u00f3n, y a manera de ofrenda, le regalaban a alguna de sus hijas. A veces me atrevo a concluir que algunos de nuestros m\u00e1s grandes novelistas ofrecieron todo su potencial ficcional al supuesto compromiso civil y pol\u00edtico del proyecto nacional.<\/p>\n<p>Esta convenci\u00f3n estuvo vigente hasta hace muy pocos a\u00f1os. Fue desplazada lentamente por una propuesta narrativa absolutamente in\u00e9dita que a\u00f1os despu\u00e9s, iba a ser definida con el nombre de literatura fant\u00e1stica. Todo un acontecimiento formal que en este sentido supuso la liberaci\u00f3n de un atavismo estamental. M\u00e1s all\u00e1 de las implicaciones\u00a0 simb\u00f3licas y de tipo pol\u00edtico que descansa en el fondo salado de toda la literatura escrita en Venezuela, era necesario despojarla de ese humo moral que no paraba de flotar por encima de los relatos. Ese velo incomodo y austero que se\u00f1alaba la necesidad de una ense\u00f1anza civilizadora. Ahora contamos con una literatura que para nada esta signada por las l\u00edneas de fuga de esas marcas at\u00e1vicas de la responsabilidad enciclopedista, que nada tiene de ese sabor a canela, a sorbo de resucitaci\u00f3n. Gracias a Dios hemos entendido que es importante tambi\u00e9n reconocer la gratuidad de los hechos vitales, y la necesidad de asumir con cierto derroche el sentido ir\u00f3nico de la irracionalidad.<\/p>\n<p>En la literatura escrita en Venezuela siempre ha resultado dif\u00edcil pertenecer a algo. Su tradici\u00f3n ha sido la del natural desarraigo y la del predispuesto snobismo. Todo lo que ha llegado por el puerto de la Guaira ha terminado por ser nuestro dogma estil\u00edstico, pero de una u otra manera, m\u00e1s distante o m\u00e1s cerca, la pol\u00edtica ha estado tendida en nuestro hogar dulce hogar, y ha marcado el ritmo de nuestro arte de narrar, ha representado la l\u00ednea f\u00e9rrea de esos rieles tem\u00e1ticos que nos han llevado siempre por la misma v\u00eda y hasta el mismo sitio.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Si bien nuestra novela naci\u00f3 en la p\u00e1ginas de <em>Los m\u00e1rtires<\/em> de\u00a0 Ferm\u00edn Toro y bajo los efectos especiales del ajenjo del Julian de Gil Fourtoul, el principio que la motivo no fue otro que el de la huida hacia delante, que el de la negaci\u00f3n parricida al contexto hist\u00f3rico y pol\u00edtico, mediante el uso recursivo de la prosaica asimilaci\u00f3n de los contenidos de la novela naturalista y realista europea sin adaptaciones ni funcionales. As\u00ed fue como empezamos a cultivar el m\u00e1s importante g\u00e9nero de la modernidad, forzando la adaptaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Borges dice, en una de las tantas entrevistas que le hizo Maria Ester V\u00e1zquez, que qui\u00e9n lee un cuento espera leer algo que lo distraiga de su vida cotidiana, una historia que lo haga entrar en un mundo ligeramente distinto al de las experiencias comunes. Este elemento ligeramente distinto del que habla el maestro Borges es el elemento que sujeta la individualidad del texto literario y ha sido lo que m\u00e1s nos ha costado aprender.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/francisco-javier-ardiles\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francisco Ardiles Mempo Giardinelli en una de las tantas entrevistas que le han hecho en el transcurso de su vida, dec\u00eda que se puede decir que un escritor es aquel sujeto que piensa que debe poner por escrito todo acontecimiento significativo que le haya dejado alguna cicatriz en su vida. 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